Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a su majestad Rowling, yo sólo me divierto un poco con ellos.
I - EL NÚMERO 12 DE GRIMMAULD PLACE
6
Hermione estaba por completo concentrada en el contenido burbujeante del vaso de cristal frente a ella. La cerveza de mantequilla, dorada y dulce, lucía refrescante y apetitosa. Por un momento, se le hizo agua la boca.
Alzó sus ojos cafés y encontró el rostro de Ron, que le sonreía despreocupado. Él estaba echado de cualquier manera sobre la silla de madera incómoda cerca de la barra del bar donde se encontraban. Aquel lugar era conocido como Lucky Charm y quedaba en el número 28 de Restey Road, una callejuela adoquinada que finalizaba en el Callejón Diagon.
Un murmullo suave se alcanzaba a oír por debajo de la música de las Weird Sisters que retumbaba en todo el recinto repleto de magos y brujas jóvenes. Restey Road se había convertido en el epicentro de la recién retomada vida nocturna del mundo mágico londinense.
Ron se limpió con la lengua un bigote de espuma que le quedó tras terminar su cerveza y ocultó a la perfección sus sentimientos de preocupación por sus dos amigos. Harry estaba mirando a la barra, al tiempo que los ignoraba a ambos y Hermione no había dicho palabra desde que había llegado. Carraspeó su garganta y golpeó la mesa con su vaso vacío, con lo que logró sobresaltarlos a los dos.
—Podemos fingir que la pasamos bien—comentó alzándose de hombros y llamando a una de las meseras que se acercó con un cuaderno de notas y una vuelapluma—. Ya saben, por aquello que es viernes en la noche. Otra cerveza de mantequilla para mí—dijo dirigiéndose a la chica que no parecía tener más de 18 años.
—También podemos fingir que no hubo un ataque de dementores esta mañana y que no me di por enterado hasta que leí los reportes oficiales—murmuró Harry antes de empinar su vaso hasta el fondo. Hermione puso los ojos en blanco.
—Olvida la cerveza de mantequilla—exclamó Ron hacia la mesera y la vuelapluma rasgó sobre el pergamino, tachando la orden—. Que sean dos Whiskeys de Fuego.
Ella asintió y se perdió hasta la barra.
—¿Puedes dejar de sentirte culpable? No tienes por qué hacerlo todo bien—dijo Hermione exasperada. Harry alzó una ceja y también dejó caer su vaso con ruido sobre la mesa de madera rústica. Ron supo enseguida que nada bueno se avecinaba.
—¿Así como tú sí puedes hacerlo todo bien? —replicó Harry y se cruzó de brazos antes de fulminarla con sus ojos verdes brillando de rabia tras los cristales de sus gafas—. Maravilloso trabajo el que hiciste en el tapiz de los Black. Ahora puedes confesarnos que estás tramando y por qué lo ocultaste de nosotros.
Hermione se quedó fría de repente pues había olvidado aquel detalle. Sus amigos habían estado en Grimmauld Place, aun cuando ella había tratado de persuadirlos de lo contrario y Harry, particularmente sensible por su descuido de la mañana, estaba enojado por haber descubierto que trabajaba sola. Aunque sola no era la palabra correcta.
—Dos Whiskeys de Fuego para los héroes—la chica regordeta de cabello negro y corto que los atendía, dejó los vasos en frente de Harry y Ron, sin sentir en lo más mínimo la tensión del ambiente. Hermione tomó su cerveza de mantequilla, desvió los ojos hasta la puerta y los ignoró en breve.
Sin embargo, no demoró en atragantarse con su bebida al ver entrar al abarrotado local la cabeza rubia de Draco Malfoy. Casi que escupió la cerveza y, tras dejar su vaso en la mesa, se limpió con la manga de su camisa sólo para ver a Pansy Parkinson colgar de su brazo, seguida de Theodore Nott y Blaise Zabini. Los guiaron hasta una mesa casi que detrás de la puerta, en un rincón oscuro y algo mal ubicado.
—¿Y bien? —la apuró Ron que también quería escuchar su respuesta. Pero ella no dio para hablar. Se acababa de ver con Malfoy unas horas atrás y la casa le había aceptado como su auténtico heredero. Su objetivo era dedicarse esa noche a investigar qué consecuencias tendría aquello en la herencia legítima de Harry, sin embargo, había cedido a la petición insistente de Ron para ir a relajarse un rato y tomar algo. Tenían meses que no salían a hacer algo normal para variar y ¿Justo tenían que encontrarse a Malfoy y sus amigos? El mundo mágico era un lugar demasiado pequeño.
—¿Qué sucede? —preguntó Harry siguiendo la dirección de su mirada hacia la entrada del bar—. Oh vaya, Malfoy está aquí. Genial.
Fue el turno de Ron para poner los ojos en blanco. Puso el vaso de Whiskey en la mano de su mejor amigo y apuró un brindis entre los tres.
—Creo que estamos demasiado sensibles—los otros dos casi que rieron por sus palabras—. Harry, Hermione es una bruja asombrosa, no tiene por qué extrañarnos que haya comenzado a resolver el problema de esa maldita casa. Hermione, dale un respiro a Harry… esto no es fácil para ninguno de los tres.
Y todos entendieron a lo que se refería. En Lucky Charm todos los miraban de reojo y a veces los señalaban. Algunos seguramente estaban llenándose de valor para pedirles un autógrafo, otros les enviarían tragos gratis dentro de poco. Era incómodo ser el centro de atención, aun cuando Ron sabía lidiar mejor con ello.
—Debo admitir, Ronald, que tienes toda la razón—dijo Hermione antes de reír despreocupada y hacer chocar los cristales de sus vasos, olvidando, la guerra, sus pérdidas y las maldiciones de sangre por primera vez en semanas—. ¡Salud!
—No sé qué estoy haciendo aquí… —Draco hizo el amago de levantarse pero Pansy lo asió fuerte de la manga de su túnica por lo que cayó sentado junto a ella de nuevo. Blaise esbozó media sonrisa y llamó a una mesera—. Todos me miran como si fuera a sacar mi varita para maldecirlos en cualquier momento.
—Nadie nos está mirando, de hecho, estamos prácticamente escondidos—comentó Theodore pasando sus ojos por el lugar agitado y bullicioso—. Lamento desinflar tu ego, pero no eres tan interesante.
Ordenaron vino de elfo a pesar de las protestas de Draco que insistió que en su casa tenía las reservas más finas de Inglaterra. No entendía la insistencia de sus amigos en hacerlo salir de su mansión, el único lugar en el mundo en el que podía sentirse medianamente seguro
—No me gustan los lugares tan… comunes, por decirlo de alguna manera—comentó Pansy recibiendo una mirada amarga de la chica que le entregaba sus copas—. Pero aquí se siente algo de vida, ¿Cuándo fue la última vez que estuviste en un bar, tomando un trago y bailando un poco?
Nunca, pensó Draco haciendo memoria. De hecho, la última vez que estuvo en un lugar así fue cuando hechizó a aquella chica Gryffindor en las Tres Escobas y las cosas no habían terminado nada bien. De ahí para adelante su vida se había sumergido en un espiral descendente que finalizó con la muerte de su padre y la absolución de sus crímenes. A sus veintiún años se sentía menos joven que todos los que le acompañaban en la mesa.
Theo, que le conocía mejor que lo que él mismo sabía, suspiró comprendiendo todo aquello y comentó para alivianar el ambiente:
—¿Despiertas el dragón dormido en mí? ¿Qué clase de canción es esa? —se referiría a la melodía que retumbaba con un solo de guitarra y que al parecer todos tarareaban por lo bajo. Blaise se alzó de hombros pues, de los cuatro, era quien llevaba una vida más pacífica.
—Fue el tema del verano. A las chicas les gusta.
—Pues a mí me parece horrible, no sé con qué clase de chicas te juntas—replicó Pansy arrugando su boca en un gesto de desagrado.
Muy a su pesar, Draco sonrió. Los había extrañado y dos botellas de vino después seguía pensando lo mismo, aunque ahora Pansy abrazada a Blaise cantara Ven quémame con tu amor de fuego. Ven y despierta el dragón dormido en mí, mientras Theodore sentado junto a él sonreía tranquilo y rellenaba sus copas.
Draco miró su reloj de pulsera, recién pasaba la media noche. Se levantó con lentitud, sabiendo que había bebido más de lo que podía considerarse prudente al estar en un lugar público. Caminó hacia la barra y preguntó al dependiente dónde se encontraba el baño. El hombre le miró un par de segundos más de lo necesario, lo reconoció al final y carraspeó. Le señaló una puerta de madera negra al fondo a la izquierda y siguió en sus asuntos, tratando de no preguntarse por qué un mortífago estaba en su bar en lugar de en Azkabán.
Por su parte, Draco sintió el rechazo de parte del hombre pero tenía suficiente alcohol en su sistema como para que aquello le importara un bledo. Se movió en medio de las mesas mientras trataba de pasar desapercibido, odiaba reconocerlo pero los últimos años le habían cambiado más de lo que podía admitir. Empujó la puerta y se encontró en un pequeño callejón interno de ladrillo rústico, apenas había una lámpara de gas iluminando y un par de sillas frente a otras dos puertas cerradas. La música del local quedaba por fuera de ese pequeño espacio y le dio algo de tranquilidad.
Intentó abrir la puerta que indicaba Magos pero estaba cerrada por dentro. Se dejó caer sobre una de las sillas y sostuvo su cabeza entre sus manos. Mataría a Theodore al día siguiente, ese vino barato había sido la peor elección del mundo. De pronto, sintió el correr del agua y levantó la vista, sin embargo, se abrió la portezuela donde se leía Brujas y apenas alcanzó a disimular su sorpresa.
Sus ojos grises se detuvieron en ella y en la misma mancha de café sobre su abrigo. Pensó en aquello como si fuera una mala broma de la vida y se sorprendió a sí mismo sonriendo. De alguna forma que no entendía, Hermione Granger insistía en aparecer en su vida de manera intempestiva y en los momentos menos esperados. Como en el funeral de su padre, o el día de su veredicto de libertad o como entonces, cuando luchaba con su vejiga para no hacerse encima.
—Ni siquiera fuiste capaz de limpiarte— fue lo primero que salió de su boca antes de dejarla helada con una mirada que parecía casi relajada.
—¿Es que no tienes modales? ¿Te molestaría mucho intentar alguna vez con un "buenas noches" u "hola"? —él se alzó de hombros para luego cruzarse de brazos en su silla. Hermione notó que había bebido lo suyo. Su rostro lo delataba.
—Pensé que estarías en una biblioteca buscando nuevos hechizos para aventarme contra las paredes de Grimmauld Place. Llegué a pensar que esa era tu idea de diversión.
—Si quisiera estrellarte contra las paredes, no necesitaría buscar nuevos maleficios, ya sé suficientes— replicó ella molesta de tener que darle explicaciones.
—Claro, olvidé que estoy delante de la sabelotodo Granger— el pasado era una cosa deliciosa cuando aún el Señor Tenebroso no había irrumpido en la vida de su familia. Ahora Draco era si acaso, un poco más que un renegado: Demasiado cobarde para los buenos, todo un traidor para los malos. Estaba condenado a ese limbo incómodo para el resto de su vida y, aun así, ver ese rictus de rabia en sus labios, su cabello castaño ensortijado como un nido de pájaro y su nariz levantada en un gesto de indignación; logró transportarlo a épocas más felices, donde él no era más que un mocoso malcriado y ella, una marisabidilla insufrible.
Él sonrió más abiertamente, ella se crispó de furia y trató en vano de contenerse. ¿Qué se suponía que era todo aquello? ¿Por qué reía de aquella manera? Bufó y se cruzó de brazos. Había olvidado la última vez que él la había llamado así, había olvidado como era no temerle a Draco Malfoy por pensar que en cualquier momento podría atacarla por la espalda.
Hermione tragó espeso, indecisa de reconocer sus sentimientos hacia él como temor. Recordó su mirada gris clavada en ella cuando Bellatrix la torturaba sin piedad sobre aquel piso de piedra. Siempre pensó que sus ojos grises la observaban retorcerse llenos de repulsión y odio, casi que alegre por lo que le pasaba. Pero a medida que pasaba el tiempo, las heridas sanaban y el juicio se asentaba por encima de la emoción de los malos recuerdos, le parecía que su mirada era más bien de pena y dolor. Ella simplemente no sabía cómo sentirse respecto a él y su indiferencia aquel día trágico, mucho menos ahora, que la había insultado y sonreía como si nada; como si no cargaran una pesada historia en sus espaldas, como si él no se hubiese convertido en la única respuesta de un acertijo demasiado complicado incluso para su mente prodigiosa, como si no fueran más que un par de conocidos o, incluso, de compañeros de trabajo que se habían encontrado pasados de copas en el baño de un bar cualquiera un viernes cualquiera.
Hermione parpadeó un par de veces después de ver a Draco Malfoy levantarse de su silla y mirarlo de verdad por primera vez en su vida, tras descubrir que, más allá de lo que ella creía, no lo conocía en lo absoluto. Se sintió nerviosa de repente por su presencia frente a ella que le sacaba casi que una cabeza de diferencia.
—Cuida lo que dices Malfoy, porque no me faltan ganas de hacerte volar contra los muros—él sonrió de medio lado y avanzó hasta ella que se odió al sentir que sus manos temblaron por verlo delante suyo, casi que amenazante. Retrocedió y por inercia alcanzó el bolsillo derecho de su túnica. Sin embargo, no podía apartar sus ojos de los de él, su mirada era clara y algo fría, y a pesar su miedo patológico a Malfoy, algo le hacía creer que no le haría daño.
—Tergeo—Hermione apenas tuvo tiempo de sobresaltarse. Sin ella darse cuenta, la varita de Draco Malfoy había estado apuntando a su estómago todo el rato y la mancha de café que tenía desde el desayuno, cuando la fría presencia de los dementores había hecho fallar sus manos, acababa de desaparecer de su abrigo. Él dio un paso hacia atrás y sonrió con suficiencia. El agua corrió una vez más y Ronald Weasley salió del baño de hombres—. Ahora está mucho mejor.
Y sin ni siquiera dedicar una mirada a un confundido y ebrio Ron, entró al baño y cerró la puerta de golpe, dejando a Hermione con la innegable sensación que si hubiese querido hacerle daño, acababa de desperdiciar una maravillosa oportunidad.
Hermione abrió los ojos con parsimonia, molesta por el repiqueteo contra el cristal de la ventana. Reconoció al instante que esa cama en la que estaba no era suya y se incorporó bostezando. Se levantó y, luego de tomar su varita, convocó un poco de comida para lechuza y salió al balcón abarrotado de aves.
Se las arregló bastante bien para recoger todas las cartas, alimentar a las aves y limpiar el desorden que ellas habían dejado. Caminó hasta dentro y se miró en el espejo con reprobación. Su cabello estaba alborotado como nunca y había dormido con la misma ropa que había vestido el día anterior. Suspiró tratando de aplastar un poco su pelo con un moño pero, al entender que era inútil, salió hasta la cocina.
Sus dos amigos roncaban aún, Ron tirado sobre el sofá y Harry hecho un ovillo sobre la alfombra usando un cojín de la sala como almohada. Sonrió al verlos y agitó su varita para preparar un poco de café. Se giró hasta la alacena al descubrir que los chicos no tenían ni un gramo en el apartamento, así que buscó el té y dejó que el agua comenzara a hervir.
Eran un poco más de las nueve de la mañana del sábado y Molly los había invitado a almorzar a los tres. A pesar de lo mucho que quería a los Weasley, no le apetecía nada ir a La Madriguera aquel día.
Se sentó con una taza de té negro en sus manos en la mesa de la cocina, cerró sus ojos y, sin planearlo, llegó a su mente la mirada profunda y burlona de Draco Malfoy de la noche anterior. Quizás estaba siendo injusta con él, tal vez debía bajar la guardia y escuchar todo aquello que tenían para decirse, pero desechó rápidamente aquel pensamiento: Era tan simple como que él y ella no tenían ningún tema de conversación común, y el silencio reinante entre ellos en sus encuentros en Grimmauld Place era una prueba de eso.
—Buenos días, Hermione—Harry olía a alcohol. La noche anterior se habían permitido divertirse más de lo que usualmente hacían. Dean y Neville habían aparecido después de la media noche, por lo que la fiesta se alargó más de lo que habían planeado. Ella había estado demasiado impactada por su encuentro con Malfoy como para atreverse a tomar si quiera una cerveza de mantequilla más, ni que decir de probar el Whiskey de Fuego.
—¿Quieres una taza de té? —preguntó ella poniéndose de pie rumbo a la estufa—él asintió por respuesta y trató de peinarse su cabello mientras tomaba El Profeta de esa mañana.
—Yo quiero una poción para el dolor de cabeza—murmuró Ron desde el sillón por lo que Hermione sonrió antes de tomar una tercera taza para su otro amigo—. Buenos días.
—Lo hicieron una vez más…—suspiró Harry dejando caer el periódico sobre la mesa. Hermione lo convocó desde la cocina y lo tiró en la basura—. Gracias, es justo ahí donde debe estar.
Uno de los titulares rezaba algo absurdo acerca de ellos tres estando de fiesta en Lucky Charm: Rita Skeeter era una de las razones por la que Harry podría permanecer todos los fines de semana de su vida en La Madriguera alejado del bullicio. Puso los ojos en blanco y recibió de manos de Hermione la taza de té humeante.
—Algún día se aburrirá, Harry. O le lanzaremos una maldición de lengua pegada que le impida hablar el resto de su vida—completó Ron sonriéndole a Hermione que observaba con ternura sus rostros de resaca—. Pero sólo después que vuelva a ponerte como portada de Corazón de Bruja. Muero por darle a George un póster tuyo sin camisa de cuerpo completo para ponerlo en la entrada de la tienda. Estamos seguros que atraeremos muchas más clientas así.
Harry escupió su té que salpicó a los otros dos y no pudieron parar de reír hasta que les dolió el estómago.
Hermione estaba relajada y tranquila por lo que no podía sospechar que Draco acababa de despertar en la cama de su casona en Belgravia, con un fuerte dolor en su brazo derecho. Sentía que la sangre que corría por sus venas le quemaba por dentro y comenzó a sudar mientras se le escapaba un quejido.
Era un ardor sordo dentro de él que se estaba moviendo por todo su sistema hasta su corazón y apenas tuvo tiempo de murmurar el nombre de Walton que apareció preocupado frente suyo. No sabía que le estaba ocurriendo pero sentía una magia ancestral y poderosa corriendo dentro de él, no podía luchar contra fuera lo que fuese que le estaba pasando, sin embargo estaba seguro de quién era la culpable de aquello.
—Busca… busca a Hermione Granger y tráela hasta aquí— alcanzó a decir antes que todas las luces a su alrededor se apagaran hasta que todo quedó negro y en silencio.
N/A: Perdón por este capítulo que subo sin las debidas revisiones. Perdón por el retraso. Responderé los reviews del capítulo anterior mañana en la noche, me encanta leerlas.
N/A 2: Sé que esto va lento, pero si le meto el acelerador podría arruinarlo. Hace mucho que no escribo DrHr.
Besos,
Ldny
