Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a su majestad Rowling, yo sólo me divierto un poco con ellos.


II - EL NÚMERO 59 DE ENDELL STREET

12

Draco abrió los ojos esa mañana y se sintió mejor que nunca. En algún momento durante el transcurso de la semana alcanzó a dudar de las capacidades de Theodore como aprendiz de sanador, pero la sensación de alivio que gozaba en aquel momento era gracias a que finalmente su tratamiento había terminado la noche anterior y tras ese pensamiento llegaron a su mente imágenes de lo que había ocurrido después de su escape fallido.

Se sentó de golpe en la cama y lo primero que vio fue su reflejo en el espejo de plata. Lucía muy bien y, sin duda alguna, mucho mejor que cualquier día de los últimos 3 años. Pudo ver su pecho desnudo y recordó, en medio de la bruma de su memoria, la manera en que Hermione Granger y él se tocaron. No pudo evitar sonrojarse al pensar en cómo él mismo inició el contacto acariciando su cabello y la forma en que ella, temerosa, había caído en ese juego peligroso. Negó con vehemencia con su cabeza y puso ambas manos sobre el colchón, todo aquello debía ser un mal sueño.

—¿Qué rayos fue lo que me pasó…? —murmuró ruborizado.

—Todo se puso muy sexy —le respondió su imagen con media sonrisa lasciva—. Pero llegué a pensar que nos divertiríamos un poco más…

Draco ahogó un grito de rabia y le lanzó una sábana encima para evitar partirlo con un puñetazo. Se levantó y caminó fuera de su habitación, pero le bastó poner un pie en el pasillo y ver la puerta abierta de su estudio para regresar y encerrarse.

¿Por qué se estaba comportando como un adolescente asustadizo?

"No tienes donde dormir". Sus propias palabras retumbaron con eco en su cabeza. Dejó caer su cuerpo en contra de la puerta y golpeó su cabeza con la madera, reprendiéndose. ¿Qué había estado pensando al decir eso? ¿Pretendía acaso que ella pasara la noche en la misma cama con él? Ahora muy seguramente Granger tenía ideas equivocadas y le patearía el trasero por atrevido.

Por un momento pensó en explicarle en detalle lo que sentía cuando ella ponía sus manos sobre él con ese ungüento maldito, así quizás pudiera justificarse por su comportamiento errático, sin embargo, de repente se dio cuenta de lo absurda que era aquella situación: ¿Por qué le importaba a él lo que ella pensara? No eran más que socios con un objetivo común. Ella seguía siendo la amiga de Potter, la chica a la que había humillado sin parar durante 6 años de escuela y que luego se convirtió en la heroína de guerra que fue torturada por su tía en su salón de visitas.

Suspiró girando el pomo de la puerta y llenándose de valentía: las cosas extrañas que habían sucedido entre los dos habían sido detonadas por esa casa, así que entre más pronto terminaran sus asuntos en Grimmauld Place, más rápido podría volver a vivir solo su pacífica vida.

Llegó hasta su estudio con pasos medidos y alzó el mentón antes de recomponer su gesto, todo el maremoto de emociones que había sentido hasta un segundo atrás, seguían agitándose dentro suyo pero su rostro volvía a ser frío y estoico pues no podía demostrarle que, aunque jamás lo dijera en voz alta, había estado más tranquilo durante esa semana en el número 59 de Endell Street que en más de un año de vivir en su mansión en Belgravia.

Sin embargo, sus precauciones fueron en vano, el caótico cuarto estaba vacío, si ignoraba las pilas de libros y cajas amontonadas por todos los rincones. Al parecer el orden no era cualidad que distinguía a los Gryffindors.

Se paseó por el lugar brevemente y se sentó sobre el escritorio. Leyó casi que con descuido los apuntes y anotaciones de sus propiedades en las que ella había estado trabajando.

Al parecer, los abogados del Ministerio estaban decididos a dejarlos sin nada. Suspiró con hastío y siguió pasando sus ojos por el enorme rollo de pergamino oficial que continuaba interminable hasta dentro de una de las gavetas del escritorio. Abrió el cajón y sintió el ruido de cristales agitarse dentro.

Draco observó el interior del mismo, algo extrañado, y encontró múltiples portarretratos apilados al fondo. Sacó uno de ellos y no pudo evitar sonreír burlón al ver la fotografía de una pequeña Hermione de 11 años vestida con su túnica de Hogwarts junto a una pareja que debían ser sus padres. Lucía tal cual él la recordaba, con su cabello oscuro hecho un nido de pájaros y sus grandes dientes frontales adornando su sonrisa estática. Las fotos muggles le daban un poco de miedo.

Siguió hurgando en los cajones y descubrió un par de fotografías más de la familia Granger, al parecer tomadas en el discurrir del tiempo escolar. Ella lucía diferente, más relajada, ahora tenía un semblante más adusto todo el tiempo. Fue entonces cuando en el fondo, sus dedos se toparon con un sobre de papel oscuro con estampas y sellos de Sidney pero sin remitente ni destinatario en él.

Sabía que no era correcto hurgar en sus cosas, pero algo le dio una muy mala espina. Vació el contenido sobre la mesa y una docena de fotos mágicas cayeron desperdigadas sobre la madera: Era la misma pareja de antes, eran los padres de Granger, pero las imágenes se veían extrañas, ajenas, como si hubieran sido tomadas a hurtadillas y sin que ellos se dieran cuenta. Pudo ver en una a ambos en la playa, en otra tomando un café y, la que más le llamó la atención, fue una que había sido tomada a través de un gran ventanal dentro del cual los dos, vestidos con batas blancas, conversaban con niños pequeños y sus padres en una especie de local.

—¿En qué rayos andas metida, Granger? —murmuró volviendo a colocar todo en su lugar para salir de ahí. Podía estar equivocado, pero esas fotos lucían demasiado sospechosas para su gusto.

Draco caminó hasta el salón y se dejó caer encima de una silla del comedor de cualquier manera. Trataba de atar cabos sobre lo que acababa de ver, sin embargo, antes de siquiera pedirlo, un enorme desayuno apareció frente suyo y le hizo poner los ojos en blanco.

—¡Walton! —exclamó sin esperanza y el elfo apareció a su lado con una mirada severa.

—¿Amo?

—Me conoces hace 21 años, ¿Crees posible que me coma este cerro de comida?

El elfo le miró e hizo una reverencia.

—Sé que el amo Draco hará su mejor esfuerzo para alimentarse correctamente y así podamos volver a casa —. Él abrió los ojos sorprendido pues lo único que le faltaba era que su propio sirviente le chantajeara.

En eso, Hermione entró agitada por la puerta principal, miró un segundo a los dos que discutían sobre la comida y procedió a ignorarlos para servirse un vaso de agua.

—Buenos días, Malfoy.

—Llegué a pensar que esa puerta era decorativa. ¿Realmente te lleva a algún lugar? ¿No usas sólo la conexión flú para llegar a tu casa?

Hermione rodó e hizo sonar el vaso al dejarlo caer sobre la mesa.

—Dije "buenos días". En serio, ¿No puedes nunca saludar? —. Draco se alzó de hombros y esbozó media sonrisa. Sacarla de sus casillas con el tema del saludo era casi que un ritual.

Se la quedó mirando un poco más del tiempo necesario, vestía un jersey azul encima de una camisa de cuello blanco y, como era usual, no llevaba nada de maquillaje. Su cabello estaba suelto pero limpio y aceptablemente ordenado, lo que le hizo recordar su tacto suave y cálido de la noche anterior. Carraspeó incómodo y tomó el tenedor para intentar comer uno de los tres huevos fritos que Walton había puesto en su plato.

Hermione se dispuso a irse a su estudio, debía seguir leyendo los borradores de citaciones que le enviarían a Malfoy para el avalúo de sus bienes. Los había conseguido gracias a un par de favores que le debían en el Ministerio y estaba segura de que, tarde o temprano, alguien descubriría lo que estaba haciendo.

Sin embargo, antes de poder seguir pensando en cómo limpiar su rastro en el sabotaje al Plan de Recuperación Económica de la Posguerra, llamas verdes llenaron el salón y la figura elegante y espigada de Theodore Nott hizo su aparición. Su gesto, usualmente tranquilo y neutro, se veía un poco alterado a los ojos de Hermione.

—Buenos días, Granger —. Ella lo miró y asintió como respuesta, pero él estaba concentrado en Malfoy—. Me alarma tu falta de sentido común, Draco —. Su tono era frío y cortante, tanto que hizo que el rubio alzara una ceja y encontrara la excusa perfecta para dejar su comida a un lado—. Fui bastante claro cuando te dije que no podías moverte de aquí y ¿Lo próximo que se te ocurre es tratar de escapar apareciéndote en medio de la noche?

Ahora fue el turno de Draco de lanzar una mirada furibunda a Hermione, al parecer la sabelotodo no podía guardarse nada.

—No pasó nada, Theodore —comenzó él, modulando la ira y arrastrando las palabras—. Aquí estoy y estoy bien. Mejor que nunca, de hecho. Resulta que tus lecciones en San Mungo sí que han servido.

Theodore sonrió ofendido, a veces se preguntaba cómo había hecho para ser amigo de semejante imbécil toda la vida. Caminó hasta la mesa y abrió su maletín, buscó algo dentro y dejó caer una carta junto a Draco.

—Gracias por el cumplido. Pero tenemos que darle crédito también a quien te ha cuidado todo este tiempo—. Miró a Hermione por un segundo que supo de inmediato que debió haberse ido a su cuarto en lugar de permanecer ahí—, y a la calidad de las medicinas. ¿Cómo te fue con la pomada de nervios de dragón? Es un ungüento muy poderoso, supongo que has logrado gozar de sus efectos —. Hermione le miró espantada y Draco alzó ambas cejas antes de cruzarse de brazos a la defensiva. Theodore sonrió satisfecho y cerró su maletín—. Tu madre está muy preocupada, por amor a Merlín, envíale una carta.

Theodore se alzó de hombros, mientras que Draco, aun molesto, se ponía de pie para regresar a su habitación.

Un silencio pesado y molesto cayó entre los tres. Las palabras de Theodore sobre las medicinas aún se sentían en el aire y él podía sentir la incomodidad de ambos. Miró por un momento a Hermione Granger y luego a Draco. Ella lucía sonrojada como una quinceañera y se permitió esbozar media sonrisa burlona.

No sabía qué había pasado entre esos dos durante los días de convivencia, pero recordaba claramente la horrible expresión de preocupación que ella tenía cuando le buscó esa tarde para pedir ayuda. Granger era indiscutiblemente hábil e inteligente, ni siquiera supo cómo se le ocurrió contactarlo justo a él ni mucho menos como sabía que era aprendiz en San Mungo. Sólo la vio llegar al consultorio que compartía con otros estudiantes, temblando y con las lágrimas llenando sus ojos.

"Nott, ven conmigo". Él recordaba haber alzado una ceja y bajar la historia clínica que leía para sorprenderse con su presencia.

"¿Perdona?". Ella dio dos grandes zancadas y le tomó de la mano, él llevó sus ojos hasta su agarre y se espantó al ver sangre seca en ellas. Granger hizo el intento de aparecerse, pero aquello no era permitido dentro del hospital por lo que soltó un bufido exasperado en aquel momento.

"No hay tiempo que perder. Es Malfoy, él está…". Sus palabras sonaban inconexas, su voz temblaba, sus ojos estaban hinchados y sus manos sudaban. Él aún no lo sabía, pero aquello no era más que impotencia: ella, la bruja más brillante de su generación, había acudido a él luego de probar en Draco cuanto hechizo de sanación y contra maldiciones conocía pero nada lo había hecho reaccionar. Iba a morir y sería su culpa.

"Probablemente recuperando la sangre que perdió en sus aventuras contigo. Espero que pronto te animes a contarme qué es lo que pasa en esa casa". Dijo él restándole importancia al asunto. Entonces ella, desesperada, golpeó el escritorio con su puño cerrado mientras otros dos aprendices entraban al lugar y la miraban desconcertados. Theodore recordó que ese fue el momento en el que reaccionó y se puso de pie al instante.

"No hay tiempo que perder". Le repitió ella y en cuestión de minutos estaba en frente de su amigo moribundo en una cama de un apartamento que lucía muggle en cada rincón.

Walton, el anciano elfo que junto con Dobby los habían acompañado durante toda su infancia, no dejó de sollozar ni por un minuto mientras él le suministraba a Draco pociones que el pequeño esclavo robaba de la apoteca de San Mungo de acuerdo a sus instrucciones. Hermione permanecía sentada en una silla al otro extremo del cuarto, llorando en silencio y mordiendo sus uñas hasta hacerlas sangrar.

Theodore recordaba haber atendido muchas emergencias durante esos dos años de aprendizaje, pues los tiempos que siguen a una guerra son igualmente cruentos pero disfrazados de paz. Ninguna, sin embargo, se parecía a esa. Ni siquiera tenía tiempo de pensar en que su mejor amigo, lo más cercano que había tenido a un hermano y lo único parecido a una familia que le quedaba, estaba a punto de morir.

Recitó hasta el final un encantamiento durante los 12 minutos más largos de su vida, la de Hermione y la de Walton. El cuerpo inerte de Draco flotaba sobre la cama mientras él, con su varita le rodeaba de una luz azul. Entonces, él empezó a descender hasta aterrizar suavemente sobre el colchón y, fue en ese momento, cuando su pecho subió y bajó en una lenta exhalación que se normalizó con el pasar de los minutos.

Theodore al fin sonrió y Walton abrazó a Hermione sin dejar de llorar.

"… Son más cuidados de los que puedes darle aquí". Estaba preocupado. Jamás pensó que la restauración de la casa de Potter habría de causar tanto daño, aunque analizó después que, si se basaba en el récord de problemas que Potter, Weasley y Granger habían tenido durante la escuela, debía de haber sabido que alentar a Draco a aliarse con ella era una terrible idea.

Ella miró a Draco de reojo y limpió más lágrimas de sus ojos. Theodore sintió un poco de lástima por ella, parecía como que estaba muy acostumbrada a que todo le saliera bien siempre. "Yo lo cuidaré, esto es… esto es mi culpa". Él trató de interrumpirla para explicarle que un grupo de sanadores expertos debía hacerse cargo pero ella continuó. "¿Lo conoces…? ¿El pliego de acuerdos para su libertad condicional, lo conoces?. Theodore asintió lento cerrando su maletín y tomándola del brazo para salir de la habitación, donde Draco reposaba en un coma del cual él entonces aún no sabía cuánto tiempo tardaría en salir. Una vez en la sala, ella continuó. "¿Crees que si llega a San Mungo bajo ese estado crítico a causa de magia negra, nos darán siquiera la oportunidad de explicar qué sucedió? ¿Crees que contará con la suerte suficiente para un segundo juicio? ¿No piensas que una vez tus profesores firmen el alta, terminará en Azkabán para siempre por uso de artes oscuras?". Theodore tragó en seco, nada de eso se le había ocurrido. Sólo estaba pensando en su bienestar y en los grandes cuidados que necesitaba para sobrevivir. "Yo no puedo… él es inocente. Todo es mi culpa…"

Entonces, Theodore, sin otra alternativa, comenzó a explicarle por horas y en detalle, a ella y a Walton lo que debían hacer cada día para cuidarle. Les especificó una a una las pociones que debían darle, cómo bañarle e hidratarle la piel y cómo controlarle la temperatura para evitar fiebres o hipotermias. Hermione anotaba, como la mejor alumna que siempre fue, cada una de sus palabras.

Al final, Theodore tomó la mano de Hermione y con su varita hizo un leve conjuro que le cortó la palma de su mano. Ella saltó por la sorpresa, pero él sin turbarse en lo más mínimo, hizo que su sangre corriera dentro de un frasco de vidrio negro que había puesto sobre la mesa del comedor. Contó 10 gotas y apartó la herida de Hermione, luego con una floritura ágil, un hilo rojo y brillante, tan delgado como uno de sus cabellos, comenzó a salir por el corte limpiamente, se tornó sobre sí mismo volviéndose un espiral y cayó sobre la mezcla, desapareciendo entre la pócima. Theodore murmuró el contrahechizo y la herida se desvaneció por completo, al igual que el dolor.

Ella, estaba atónita por lo que acababa de suceder, él pudo notarlo, pues se llevó su mano hasta el pecho y la presionó con fuerza. También vio que quiso gritarle pero que se contuvo al ver que Theodore revolvía el contenido del frasco y lo cerraba con cuidado antes de mirarla con esos ojos tan azules como fríos y tendérselo con una sonrisa que no pudo sino clasificar de maliciosa. Ella lo tomó dudosa y él no pudo sino reír más abiertamente.

"Lucharé la magia de sangre con magia de sangre, Granger". Ella le miró confundida y luego posó sus ojos en el ungüento que tenía entre sus manos. "Esa es una poderosa poción. Entre otras cosas, tiene nervios de dragón que es una de las fuentes más potentes de magia blanca". Ella asintió y lo vio a los ojos. Theodore descubrió que ya no quedaban rastros de lágrimas en su rostro. "La maldición que tuvo encima, sea cual sea que haya sido, intentó matarlo y fue la propia magia que habita en su interior la que lo protegió hasta el final. Suerte para él, y no lo digo porque sea mi amigo, que sea un mago bastante poderoso".

"No entiendo cuál es tu punto. ¿Qué es lo que acabas de hacerme?". Le inquirió ella que pareció molesta al escuchar su halago hacia Draco. Theodore sabía el peligro que conllevaba lo que acababa de hacer, pero estaba dispuesto a tomar el riesgo. Se suponía que debía ser preferiblemente un familiar porque el vínculo fraternal ya existía, se suponía que Narcissa Malfoy debía aplicar ese medicamento y así no habría efectos secundarios o negativos, pero no había tiempo para ello y, además, ¿Cómo podría explicarle a esa mujer el estado actual de su hijo?

"Draco está estable, pero no fuera de peligro. Su magia está débil, a tal punto de no poder despertar. Tienes que ayudarlo a que la magia vuelva a fluir. Siempre fuiste la primera de la clase, ¿Sabes qué parte de nuestro cuerpo es una fuente inagotable de magia?". Ella tragó en seco y señaló con su dedo índice su propio corazón. Él continuó con mofa. "5 puntos para Gryffindor. ¿Aún necesitas que te explique qué es lo que acabo de hacerte?". Ella negó con la cabeza entendiéndolo todo. "La conexión se hace normalmente entre familiares, los sanadores evitamos aplicarlo nosotros mismos… Es especial. Ya lo entenderás. Su vida está en peligro, Granger, así que no puedes fallar una dosis, 3 veces al día, a las horas que te indiqué siempre. Borrará los malos recuerdos, limpiará su cuerpo de la maldición y hará que la magia dentro de él vuelva con la misma fuerza de antes. Depende sólo de ti".

Theodore supo, al momento que recibió la lechuza, una semana después, que Draco había despertado y que Hermione Granger lo había conseguido otra vez, como siempre lo hacía.

Sonrió levemente y siguió a Draco, que malhumorado se dirigió hasta su habitación. Ya él sabía lo que tenía qué hacer así que se tumbó en la cama para su chequeo general. Theodore pasó sus manos y su varita por encima de su pecho descubierto y lo miró con detalle: su amigo era todo un veterano de guerra, en cuanto a los que a cicatrices se refería. La huella de su pelea con Potter en sexto año brillaba más blanca que el resto de su piel, la marca tenebrosa lucía como un manchón borroso sobre su antebrazo y si miraba atentamente podía encontrar rastros físicos de los latigazos mágicos que a Amycus Carrow le causaba extremo placer usar sobre él.

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó Draco con malicia a Theodore que bufó sin darle importancia y continuó con su examen.

—El día que me empiecen a gustar los hombres, los prefería un poco menos esqueléticos, pero gracias por el ofrecimiento.

—Tú tampoco eres mi tipo —respondió él mirándolo con los ojos cargados de veneno. Theo le devolvió la mirada y ambos estallaron en una carcajada.

—Tienen mucha confianza, ¿No? —. Draco le miró confundido y Theodore sonrió burlón—. Tú y Granger. Te paseas semidesnudo por este lugar como si fuera tu casa.

Draco puso los ojos en blanco antes de responder. Incluso lo pensó un momento.

—¿Celoso? —siseó irónico. Theodore se alzó de hombros y finalizó su hechizo.

—Granger tiene lindas piernas.

—Imbécil —fue toda la respuesta de Draco que se sonrojó bajo la mirada atenta de Theodore.

—Te dejaré solo la poción revitalizante 3 veces al día. Todos los demás medicamentos quedan suspendidos. Creo que te puedo dar el alta —dijo tendiéndole la mano y ayudándolo a levantarse de la cama. Theodore se dispuso abrir el pomo de la puerta cuando la voz de Draco lo detuvo. Sonó inseguro, casi temeroso. Hizo la pregunta como si supiera que la respuesta no le iba a gustar.

—¿Lo sabes, cierto? Sabes lo que siento cuando ella… cuando ella venía a la habitación a ponerme esa maldita cosa cada noche, ¿Verdad?

Theodore sonrió quedo y le colocó una mano sobre su hombro descubierto. Trató de darle un poco de tranquilidad pero pudo ver que no lo logró. Suspiró antes de hablar y dirigió sus ojos azules hasta la sábana que cubría el espejo.

—Tengo una idea, sí, ¿Por qué? Ya no es importante. Ya no debes usarlo más —. Se volvió hasta él y ocultó la culpa lo mejor que pudo. Draco apartó su mano y su mirada gris le taladró intensamente, dándole a entender que sabía que le estaba ocultando algo.

Draco quería explicarle pero no encontraba las palabras necesarias para hacerlo. Cada noche, cuando se acercaba la hora de la toma, casi que perdía el control de su cuerpo y sus emociones. La ansiedad lo llenaba y ese sentimiento de anticipación lo nublaba. Quería que ella llegara y sentirla justo…

—Dentro de mí, la siento dentro de mí…—murmuró casi inaudible Draco mirando por la ventana al tiempo que apretaba los puños con fuerza—. Cada noche siento su corazón latir cuando está cerca… Es molesto, es agradable, no es normal…

Theodore suspiró nuevamente y habló pausado, tratando que él entendiera lo que le pasaba, pero también que todo ese efecto debería pasar, tarde o temprano.

—El ungüento está hecho, en su mayoría, de nervios de dragón —comenzó su amigo poniendo su dedo índice sobre su corazón. Draco miró el lugar sobre su pecho que Theo señalaba—. Aquí está contenida la mayor parte de tu magia y también es el lugar que atacó la maldición. Para que la crema funcione se requiere un filamento cuya magia en estado puro se acerque un poco al poder de una criatura tal como un dragón. ¿Alguna idea?

—Unicornio, Veela, Fénix… —enumeró Draco sin entender todavía.

—Correcto, todos tan inalcanzables e imposibles de conseguir como un dragón en el momento en el que yacías moribundo hace dos semanas —. Golpeó con la punta de su dedo nuevamente el pecho de Draco—. ¿Se te ocurre alguna otra cosa?

Draco rebuscó en su memoria, pero no se le venía mayor cosa a la cabeza. A veces Theodore podía ser insoportable. Entonces recordó una clase de Encantamientos, Flitwick les había dicho una vez que debían conectarse con su corazón porque era ahí donde la magia se encontraba concentrada…

—¿De dónde sacaste el corazón de un mago? ¿Estás loco? —exclamó Draco espantado ante la idea de que hayan usado el corazón de otra persona para salvarlo. Theodore negó agitando la cabeza con suavidad.

—Fue de una bruja y no necesité todo su corazón, sólo una fibra, como el que se usa para hacer las varitas —se alzó de hombros y sonrió a modo de disculpa—. Lo recomendable es que sea un familiar cercano pues, de uno u otro modo, los corazones ya están conectados. En tu caso, tuve menos opciones…

—Granger…—. Draco finalmente entendió lo que había pasado: su magia se restauraba usando la de ella—. ¿Ella…? Pero yo… Su sangre, su corazón… estas no son artes…

—¿Oscuras? No, no nos enseñan eso en San Mungo, más bien al contrario —. Theodore palmó la espalda de Draco y dijo en un susurro, cómplice, vergonzoso—. Su sangre y un poco de su corazón están dentro de ti ahora, tu cuerpo lo está usando para regenerarse. Cuando estés completamente bien, no deberás sentirla más. Es cuestión de tiempo para que desaparezca esa sensación y todo rastro de ella dentro de ti…

—Pero ella es una… —. Draco no se atrevió a pronunciar la palabra, pero Theo entendió a la perfección lo que él quiso decir. Se alzó de hombros y respondió:

—¿Hija de muggles? —murmuró amargo Theodore que tragó en seco antes de continuar. Una guerra había bastado para ser tolerantes pero no para olvidar 17 años de crianza bajo un estricto régimen purasangre. Él, mejor que nadie, podía entender a Draco totalmente—. Sí y también la bruja más hábil que conocemos. Pensé lo mismo que tú cuando hacía los conjuros y créeme que lo siento —. Theo detuvo su discurso, era incómodo decirlo en voz alta—. Ella es tan… mágica como nosotros, eso ya lo sabemos. Bajo otras circunstancias, me habría gustado darte la opción de elegir, pero tú vida está por encima de todo lo que nos enseñaron y que, también hoy sabemos, está mal y no sólo porque el bando de nuestros padres haya perdido.

Draco quería no sentirse miserable, quería sentirse agradecido pero su cabeza era un mar de confusión. Toda esa basura de la pureza era fácil de renegar estando de pie frente a un estrado que le juzgaba para decidir si debía ir a prisión o no, también era sencillo olvidar que el mundo se divide en sangrepuras, mestizos e hijos de muggles en la comodidad de su casa.

Pero en aquel momento, se sentía terrible y sabía exactamente el por qué: él quería que todo aquello no le importara, quería ignorarlo y saber que realmente no era nada por lo cual preocuparse, pero no. No era tan fácil evitar sentirse sucio, invadido, impuro; no era tan fácil borrar las lecciones aprendidas por su padre desde su más tierna niñez, no era en lo absoluto fácil comprender que, aunque fuera temporal, tenía una parte de Hermione Granger dentro de él y que además le estaba salvando la vida.

Se sentía decepcionado de sí mismo. Era como si el mortífago que llevaba en su subconsciente hubiera ganado la batalla al final. No se lo dijo a Theo pero habría preferido morir antes que reconocer, en aquel momento, que seguía siendo el mismo supremacista, ególatra y racista de siempre.

Draco sintió una opresión en el pecho mientras caminó tras Theodore hasta la sala y se dejó caer en una silla del comedor junto a Hermione que le miró tensa, como era usual.

—Y bien, ¿Cómo está? ¿Mejoró? ¿Funcionó? —. Ella atacó a preguntas mirando a los dos hombres alternativamente.

—Está perfecto. Su progreso fue aún más rápido esta semana y de mi parte tiene el alta, con 3 dosis de poción revitalizante al día. Además, subió 3 kilos. Nada mal —. Hermione sonrió y Draco sintió que algo anduvo mal dentro de él cuando la vio hacerlo. Algo cálido se expandió dentro de su pecho y aceleró sus latidos a un ritmo anormal. Ella se giró a mirarlo y sus ojos cafés, más cálidos que nunca, le sonrieron también. Y él por primera vez le devolvió esa sonrisa sin darse cuenta—. Puedo ayudarte a empacar y hoy mismo puedes volver a Belgravia.

La sonrisa de Hermione perdió un poco de entusiasmo, pero ninguno de los dos lo notó. Se había acostumbrado a su compañía y se lo había confesado a Ginny aquella mañana. No entendía que le pasaba, suponía que tenía que ver con la fibra de su corazón que ahora reposaba dentro de Malfoy, pero de alguna forma que no alcanzaba a comprender, se había encariñado con él y con su elfo doméstico gruñón.

—Puedes irte —. Las palabras salieron de su boca como un disparo y sólo después de ver el rostro de Theodore mirándolo indescifrable entendió lo que acababa de decir. Draco carraspeó y miró la sonrisa burlona que comenzaba a pintarse en el rostro de su amigo y luego la expresión de sorpresa en el rostro de Granger—. Me refiero… quiero decir, ni siquiera me he bañado e interrumpiste mi desayuno. No tengo tanta prisa. Puedo revisar mis cosas hoy y empacar mañana. Además, debemos definir qué haremos con Grimmauld Place ahora que en teoría el lugar es mío. El lunes puedo volver a mi casa, si Granger no tiene problema, claro.

Hermione estaba turbada al escuchar sus palabras, pero se alzó de hombros como si el asunto no fuera con ella. Sonrió quedamente y dijo ocultando, casi a la perfección, un dejo de alegría en su voz:

—Mi casa es tu casa. Puedes quedarte aquí cuanto gustes —. Hermione alzó los ojos hasta Theodore y le invitó a sentarse—. ¿Te provoca una taza de té antes de irte? —. Él asintió como respuesta y al instante, Walton hizo aparecer tres tazas y una tetera sobre la mesa. Theodore tomó una silla y se sentó de frente a ellos, los miró por unos segundos y sonrió de medio lado pues supo de inmediato que no se equivocó al pensar desde un inicio, que definitivamente algo bueno habría de salir de todo aquello.


Hola!

Antes que nada quiero agradecerles los más de 100 cariñosos reviews que tiene esta historia, si escriben aquí en FF saben que ese es el combustible que nos anima a seguir :)

Este cap se me salió de control e incluso debí omitir el otro PoV del segundo personaje que siempre incluyo. Prometo no seguir abusando de los Flashbacks, pero es real cuando les sigo que se me salió de las manos.

Con la buena noticia de Draco recuperado y mi vida asentada y en orden les prometo actualizaciones cada VIERNES: los capítulos no serán así de largos pero avanzaremos semanalmente.

Las quiero montones, mis adoradas lectoras y espero nos sigamos leyendo. Responderé sus reviews en el transcurso de esta semana.

Besos,

Ldny