Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a su majestad Rowling, yo sólo me divierto un poco con ellos.
II - EL NÚMERO 59 DE ENDELL STREET
14
Draco estaba de frente a la entrada de visitantes del Ministerio de Magia y, si debía ser sincero, tenía que confesar que si algún burócrata arribista le insinuaba que habría de perder todos sus bienes por los perjuicios causados en la guerra, no dudaría en lanzarle una maldición para confirmar sus sospechas de que los Malfoy sí eran tan peligrosos como ellos creían.
Vestía un traje oscuro con una túnica gris, su cabello brillaba peinado hacía un lado y había disimulado sus ojeras con un hechizo doble de desvanecimiento. Su atuendo impecable desentonaba con el maletín de cuero viejo desgastado que Granger le había puesto en las manos cuando él comenzaba su lucha diaria por desayunar.
—Esto es todo lo que pude hacer —comenzó ella al sentarse frente a él y servirse un café. Draco abrió la valija y vio una infinidad de pergaminos agrupados por cada propiedad y con notas manuscritas en papeles de colores. Alzó sus ojos hasta ella y la escrutaron casi que con diversión hasta que notó que lo más seguro era que no había dormido nada la noche anterior. Se puso muy serio y contestó:
—¿Sólo esto? —preguntó irónico señalando el contenido de su defensa en derecho mágico inmobiliario. Ella se alzó de hombros y agarró su cabello, hasta ese momento un nido de pájaros inmanejable, en una coleta, convirtiéndolo en un nido de pájaros en inmanejable pero ahora en lo alto de su cabeza. Tuvo que esforzarse para no sonreír.
—Al menos ganaremos un poco de tiempo porque seguramente están esperando que llegues con las manos vacías —. Él asintió mientras cerraba la maleta y la dejaba a un lado para comer una tostada. Walton apareció a su lado y le dejó jugo de naranja fresco antes de desaparecer otra vez—. Hoy no podrán dictar una sentencia y, cuando lo hagan, ya yo estaré lista y apelaré el resultado.
Hermione le dirigió una mirada por encima de su taza de café y se reprendió al darse cuenta que su primer pensamiento había sido lo diferente -atractivo- que él se veía aquella mañana. De una u otra forma se había acostumbrado a verlo pasear por su casa en ropa cómoda y se le había olvidado cómo lucía en traje.
No podía creer hasta donde habían llegado en lo que a convivencia se trataba: si alguien le hubiese dicho un par de años atrás que habría de ver a Draco Malfoy todos los días en pijama de algodón, le habría preguntado qué tipos de hongos venenosos había estado consumiendo para inventar semejante disparate.
—¿Qué haces perdiendo el tiempo en el Departamento de Bichos Mágicos? —. Hermione puso los ojos en blanco y tomó un sorbo de café antes de ignorarlo. Él continuó—. Deberías comenzar tu carrera en leyes para patearle los traseros algunos de esos vejestorios aferrados al poder.
Ella sonrió levemente ante aquella sugerencia, pero de inmediato negó con la cabeza.
—Mis reformas en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas son importantes. El próximo año presentaré un proyecto de ley ante el Wizengamot: éste garantizará el cumplimiento de los derechos de los elfos domésticos y…
Draco extendió su palma hacia ella en un gesto que le indicó que se callara. Hermione resopló molesta y abrió su boca para continuar, pero él se lo impidió:
—Walton —. La criatura apareció a su lado con una reverencia. Draco la miró con media sonrisa maliciosa en la cara—. ¿Eres feliz?
—Sólo sirviendo al noble heredero de los Malfoy puede Walton ser feliz —. Hermione apretó la mandíbula como conteniendo su enojo a la fuerza.
—¿Qué opinas si te regalo un par de medias de navidad? Serías libre al fin… —continuó él sin mirar a su sirviente, cuyos ojos negros y saltones comenzaron a llenarse de lágrimas contenidas. Hermione sintió una pena tremenda, Draco ni siquiera se inmutó y dejó que su sonrisa se ensanchara aún más.
—Pero, Walton ha sido un buen elfo ¿No, amo? Walton ha servido abnegadamente la casa de los Malfoy por 94 años —comenzó la criatura aguantando los sollozos—. ¿Por qué querría el amo Draco semejante desgracia para mí?
Draco, al final, pareció conmoverse de su anciano esclavo y lo volteó a ver sonriendo. Palmeó su cabeza un par de veces y le dijo:
—Has sido el mejor. No sé porque he pensado semejantes tonterías. Ahora ve y tráeme un café —. Walton recompuso su cara y asintió emocionado antes de desaparecer. Draco miró a Hermione con burla y terminó—. Puedes seguir adelante con eso, pero los harás inmensamente desgraciados. A ellos les gusta.
Hermione no dijo nada, sólo dejó su taza sobre la mesa con un ruido seco y se levantó de golpe para irse a su estudio, con un nudo de impotencia cerrando su garganta pues él, que vivía en su casa y dormía en su cama, acababa de asegurar que su trabajo de dos años era una pérdida de tiempo. No le dedicó ni un último vistazo y se perdió por el pasillo.
Draco se alzó de hombros al verla y se sintió sólo un poco mal.
Había hecho varias paradas en el Callejó Diagon antes de llegar al Ministerio esa mañana. Solo una dependienta no lo dejó entrar a su local, murmurando que no quería dinero de mortífagos. Suspiró dentro de la cabina de teléfono roja y marco MAGIC para ingresar. Miró con aprehensión el maletín y entendió que había estado tan ocupado siendo un imbécil durante el desayuno, que ni siquiera tuvo tiempo de agradecerle.
Caminó por el Atrio lo más rápido que pudo y se dirigió a la oficina de Aurores que era donde le había indicado su tarjeta de visitantes se debía dirigir. Se detuvo frente a las puertas de roble pesadas y bufó al recordar la escena que había montado con Granger la última vez que estuvo ahí.
Sin embargo, antes de poder ingresar, un oficial del Ministerio que estaba de pie junto al marco y que parecía estarlo esperando, se dirigió a él:
—Draco Malfoy. Venga conmigo por favor —. El hombre era bajito y calvo, su túnica lucía desgastada y su mente se perdió en pensamientos relacionados a cuánto podría ser el salario de un funcionario de bajo rango y en lo miserable que debía ser vivir la vida preocupándose por el dinero.
Después de seguir bajando pisos en el ascensor, el familiar frío y la humedad del lugar le erizaron los cabellos de la nuca a Draco. Caminaron fuera y se detuvieron frente a la puerta de un lugar del cual él no tenía los mejores recuerdos.
En la placa de bronce se leía claro "Salón de interrogatorios"
—¿Pero qué demonios…? —murmuró Draco que apretó más su agarre en torno al maletín y tragó en seco antes de decidirse a entrar. El hombre que lo acompañó esperó que ingresara y no lo siguió.
Una lámpara colgaba encima de la mesa de metal con dos sillas incómodas de cada lado. La luz amarilla brillaba ópaca y le daba un aire siniestro al lugar. Su respiración se volvió más pesada e irregular, su vista se nubló un momento y pensó que se desmayaría. Esa habitación le traía pésimos recuerdos, era el paso previo a los juicios en el salón del Wizengamot, ahí los aurores exprimían su cerebro con legeremancia a los sospechosos y como él no disimulaba sus habilidades para cerrar su mente, sus sesiones eran especialmente agotadoras. Todos los aurores sentían especial antipatía por él y su don de la oclumancia, así que recurrían a otros métodos para asegurarse que dijera toda la verdad.
Avanzó viendo su reflejo sobre el cristal oscuro, desde donde sabía lo estaban observando y al final arrastró la silla, que chirrió contra el piso de piedra, y se dejó caer tratando de recobrar la tranquilidad. Puso el maletín sobre la mesa y miró la lámpara tratando de calmarse. Metió su mano derecha en el bolsillo de su túnica y palpó su varita, hizo lo mismo con la izquierda y sintió el paquete alargado que acababa de comprar en el callejón Diagon. Su respiración comenzó a ralentizarse mientras sus dedos rozaron el terciopelo del empaque y su mente se alejaba de las sesiones de interrogatorios intensivos en el que lo dejaban hasta 24 horas sin comer y hasta 12 horas sin agua.
La puerta se abrió de un golpe y entonces un enojo que no podía describir con palabras comenzó a llenarle el pecho: Harry Potter acababa de entrar con dos cafés y dejó uno frente a él antes de sentarse.
—Potter —comenzó arrastrando con odio cada sílaba de su apellido. Él clavó sus ojos verdes en él y esbozó media sonrisa. Acercó más el vaso de papel con el café a Draco pero este lo ignoró.
—Gracias por venir, Malfoy —respondió Harry burlón mirando con curiosidad el maletín negro. Él bufó por cualquier respuesta y se cruzó de brazos.
—Como si tuviera alguna opción. Excelente el lugar que escogiste —escupió con odio el rubio mientras le miraba con desdén. Harry se alzó de hombros.
—Aquí nadie nos molestará —continuó y añadió al ver que no se había acercado a su café—. ¿Prefieres té? —. Draco alzó ambas cejas incrédulo y el otro intercambió los vasos y tomó un sorbo de cada uno por separado—. ¿O crees que te voy a dar veritaserum?
—Pensé en veneno, realmente —contestó Draco aceptando el vaso al fin y mirando, primero su cicatriz y después sus ojos. Harry se alzó de hombros y añadió sarcástico:
—No es mi estilo, me gustan más los duelos que las salidas cobardes.
—Si es una invitación, estoy listo cuando quieras —respondió Draco ya furioso ante las provocaciones de Potter. Él lo único que hizo fue tomar otro sorbo de café y mirar la puerta cerrada, antes de suspirar—. Ahora, si no es mucha molestia, te agradecería que me dijeras para que me citaste aquí.
Harry odiaba todo eso. Odiaba a Draco Malfoy y odiaba que Hermione le guardara secretos. Pero lo que más odiaba de toda la situación era que Parkinson había tenido razón.
Él había estado en lo correcto al afirmar que, efectivamente, a Draco Malfoy no le había pasado nada malo, sin embargo, el que se estuviera escondiendo de todos le daba una mala espina y la idea de enviar una citación membreteada del Ministerio, que no podía eludir, había sido ocurrencia de Parkinson.
Habían logrado sacar a Malfoy de su guarida, pero aun necesitaba saber qué era lo que él y Hermione habían estado haciendo que nadie podía enterarse. Devolvió sus ojos al rostro inexpresivo de Malfoy, pero fue capaz de distinguir una mueca de rabia en sus labios y su mandíbula apretada. Miró nuevamente la puerta y esperó de todo corazón que no se abriera, pero la manija dio una vuelta y una melena castaña seguida de un hombre bajito y calvo aparecieron por ella.
Hermione lucía confundida y su corazón dio un brinco al ver a Harry sentado frente a Draco. Este último la miró sin creerlo y su mente comenzaba a deducir que todo había sido una emboscada cuando Harry se dirigió al funcionario.
—Gracias, Reg. Sabía que podía contar contigo —. Reginald Cattermole le sonrió y se despidió con un gesto de la mano. Él era de las pocas personas en las que Harry Potter confiaba en el Ministerio, aunque él no sabía muy bien por qué.
Esa mañana le había pedido que esperara fuera de la oficina aurores a que llegara Draco Malfoy y lo escoltara hasta el salón de interrogatorios. Le dijo también que solicitara ser notificado de cualquier persona preguntando por la audiencia de Malfoy en la recepción y que también la llevara, quien fuera que fuese, a la misma sala.
Así era como Hermione había llegado donde ellos.
—Un placer, Harry —y con el sonido de la puerta cerrándose tras él, quedaron sumidos en el más incómodo silencio. Fueron escrutados por su par de ojos verdes detrás de sus gafas que no dejaban entrever ni una pista de lo que estaba pensando. Draco vio como Hermione removió sus manos, nerviosa, y suspiró llena de ansiedad.
—Y bien, ¿Hay algo que quieras contarme, Hermione?
Draco bufó y respondió antes que ella dijera nada:
—¿Usaste tus recursos y me mandaste a citar sólo porque puedes hacerlo? ¿Dónde puedo interponer una queja por abuso de autoridad? —Harry comenzó a tensarse porque a pesar de tener todas las de perder, Draco Malfoy se atrevía a desafiarlo.
—Tengo un reporte que denuncia tu desaparición —. Draco dejó que la expresión se le desencajara un poco para el disfrute de Harry. Hermione abrió los ojos como platos y negó con la cabeza —. Mi primera opción fue dejar que aparecieras por tu propia voluntad antes de desplegar un operativo, y así ocurrió. ¿Quieren empezar a contarme qué diablos es lo que están tramando ustedes dos juntos?
Y la palabra juntos quedó flotando en el aire entre ellos como una provocación y una revelación, al mismo tiempo.
Hermione se levantó de la silla y miró a Harry antes de hablar. Nunca pensó que semejante artimaña para descubrirla se le habría podido ocurrir a él. Mordió su labio inferior y vio de reojo como Malfoy, cruzado de brazos, llegaba al límite de su paciencia.
—Te dije que me haría cargo y lo hice —exclamó ella sin sentarse—. Te dije que lograría que Draco Malfoy nos ayudara con las reparaciones de Grimmauld Place y lo logré. Finalmente he encontrado la solución para parte del acertijo de esa maldita casa pero…
—Pero —la interrumpió Harry con la furia hirviéndole en las venas—, nos mentiste a todos. ¿Francia? Ni siquiera has salido del país. ¿En qué han estado metidos? Los Black han demostrado ser peligrosos y tú y yo sabemos que esa casa es una trampa mortal. Entonces, ¿Tu solución es irte sola tras Draco Malfoy a hacer todo por tu cuenta?
Draco miró su intercambio y, no supo cuando, su creciente molestia por haber sido embaucado por el imbécil de Potter comenzó a transformarse en una rabia animal y sorda en lo profundo de su pecho. ¿Quién diablos se creía el para hablarle así a Granger? ¿Acaso pensaba que tenía derechos sobre ella? Y lo que más le molestaba eran las palabras de ella, había sido sólo una tarea más que completar, un inconveniente que sortear.
Hermione vio a Draco a los ojos y supo que se avecinaba una tormenta. Harry también estaba fuera de sus cabales y la situación se había salido de control. Se dejó caer sobre la silla y trató de aclarar las cosas:
—Todo está bien, yo estoy a cargo de esto, no ha pasado nada grave —Draco la miró sin poder ocultar la sorpresa, le seguiría mintiendo a Potter con tal de calmarlo. Pues él no estaba de acuerdo en rendirle pleitesía al cararrajada.
—¿Así que omitiremos la parte en la que casi me matas para no molestar al Salvador del Mundo Mágico? —añadió con sorna y fingiendo estar dolido. Ella le miró alarmada y Harry ahogó una risa perpleja.
—¡Hermione! —fue lo único que alcanzó a decir Harry revolviendo su cabello y sin entender nada de lo que estaba pasando. Draco sonrió satisfecho y se puso de pie para retirarse de aquel lugar.
—Te haré un breve resumen, Potter: Logramos romper la maldición de Grimmauld Place, el único inconveniente es que ahora el lugar me pertenece. Si quieres ver cuál es el poder que se me otorgó sobre el lugar podemos vernos allá mañana al mediodía.
—¿Me estás invitando a ir a mi propia casa? —soltó con sorna Harry después de bufar y ponerse de pie para enfrentarlo a su altura. Hermione lo imitó y reprimió sus ganas de ponerse entre los dos para evitar que se comenzaran a maldecir.
—Si por casa entiendes esa apestosa cueva de ratas, sí. Nos vemos allá —le dirigió una mirada llena de desdén a Hermione y tomó el maletín de la mesa—. Ahora, si me disculpan, creo que no tengo más nada que hacer aquí.
Draco caminó dos pasos hasta la salida y la voz burlona de Harry resonó en sus oídos pero, aun así, no se giró:
—Escríbele a tu madre y a Parkinson. Quizás así la próxima vez logres pasar más desapercibido.
La puerta se cerró con estrépito tras él y apretó sus puños mientras avanzaba a la salida: así que había sido ella, mataría a Pansy la próxima vez que la tuviera enfrente.
Hermione sabía que le debía millones de explicaciones a Harry que la seguía mirando con ojos molestos mientras tomaba un sorbo de café. De algún modo sentía que Draco Malfoy estaba demasiado molesto por alguna razón que no alcanzaba a entender, y se preguntaba que habían hablado antes de que ella llegara.
Era importante, él se había vuelto importante y acababa de darse cuenta en aquel momento cuando sintió miedo de llegar a su casa y no encontrarlo ni a él, ni a Walton, ni a sus cosas. Su corazón se aceleraba traicionero cada vez que estaba con Draco y ahora, quería ir tras él y hablar, de cualquier cosa, pero hablar. Advertirle que no podía irse del número 59 de Endell Street, no entonces ni nunca. Decirle que por estúpido que sonara, le gustaba estar con él.
No entendía que había sucedido con ella ni tampoco cuando había empezado a disfrutar ver sus ojos grises y claros cada mañana. Era un misterio el comprender por qué sus latidos sonaban acompasados en sus oídos gracias a la magia de las pociones de Theodore y también el negarse a aceptar esos sentimientos como reales.
Lo que habían vivido los había acercado más de lo que nunca pensaron y ahora no estaba segura de ser capaz de solamente dejarlo ir y listo.
—Harry… —murmuró Hermione clavando sus ojos cafés llenos de lágrimas en él y logrando que por fin el ablandara su expresión—. Sabes que sólo quería ayudar…
Él suspiró sin comprenderla magnitud de su problema y se cambió de silla para quedar a su lado. Ella dejó caer su cabeza sobre su hombro y él acarició su cabello despacio.
—Bueno, qué le vamos a hacer… Es sólo una estúpida casa.
Pero mientras los dos cafés se enfriaban sobre la mesa, Hermione supo que Harry no sospechaba, que Harry no entendía y estuvo segura que lo mejor era que fuera así.
Haré todo lo posible por actualizar el 24/11 y el 01/12 pero no les prometo nada porque mi examen final es el 4/12 y debo prepararme. Intentaré cumplirles al menos uno de los dos. Gracias por entender!
Espero que les haya gustado, dos capítulos más y se acabará este arco. Para las que quieren más Dramione =) No se preocupen, vamos a buen ritmo y en las dos próximas actualizaciones llegará lo esperado.
Gracias por sus hermosos reviews: calientan mi corazón en este frío otoño alemán y me animan a cumplir mi plazo.
Besos,
Londony
