Capítulo con descripciones sexuales y eróticas, abstenerse de leer si esto les molesta. Gracias.
CAPITULO VI
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Deseaba haber podido entrar a las páginas de Jane Austen, abrirle los ojos a la tonta de Marianne Dashwood y decirle que John Willoughby no la amaba ni mucho menos la merecía. Sentía la desesperación de ese amor truncado, imposible. Veía la similitud en la ceguera del personaje de Marianne con mi propio amor irracional y ciego también. De la misma forma alguien había tratado de decirme que mis ojos no debían mirar hacia él y no hice caso. Todo ese tiempo pensándome especial para Terry había sido un cruel engaño que mi mente se había inventado. La falacia más triste que yo misma me había regalado.
No tuve tiempo de platicarle de la Duquesa y lo que había hecho con sus cosas, tampoco de contarle que mis padres y yo habíamos viajado a América o que mis hermanas se habían quedado en Europa esperando por el regreso de sus maridos. Él no tuvo tiempo de preguntar por mí o mi familia... definitivamente no le habría importado de cualquier manera.
Fui a mis clases, de camino pasé junto a la carpa del teatro ambulante y mi estómago se contrajo ligeramente con los nervios, el boletero con la barriga de fuera y sus miradas lascivas me recorrieron con descaro y me sonrió al reconocerme. Miré hacia otro lado dudando en buscarlo, dejarle el paquete con los bocadillos que había preparado para mi almuerzo era una opción, aunque yo podría conseguir algo en el comedor de la escuela, no era tan ingenua para estar segura que llegaría el almuerzo a sus manos. Seguía con esa sensación de que Terry no comía adecuadamente y no podía simplemente dejar de importarme. Pero una voz habló fuerte interrumpiendo mi obsesión por velar por él, el corazón adolorido habló fuerte y claro diciendo: "esta vez no, no es tu asunto, sigue tu camino, ya fue mucho tiempo de esperar, deja de soñar".
Y obedeciendo a mi corazón continué con rumbo a la escuela.
Esa tarde acepté comer más tarde con mis amigas en casa de una de ellas, volvería a la mía antes de que llegara la noche, pasé frente al teatro y me asaltaron otra vez las ansias por buscarlo. Saber que se encontraba bien sería suficiente, estaba determinada a mirarlo desde lejos nada más y salir de ahí por última vez. No pensaba preguntar por él, ni llevarlo de nuevo conmigo. Lo quería mucho, pero ése de ahí no era mi Terry, era un hombre diferente con penas causadas por alguien más y eso era suficiente para mantenerme a distancia. Yo no rogaría un sólo minuto por su presencia en mi vida.
La actriz regordeta que hablaba con el boletero en un callejón, volteó a mirarme después de que éste le hiciese una seña y avanzando lo más veloz que pudo hacia mí, me preguntó qué había sucedido.
-No entiendo por qué me lo pregunta...
-Desde que se fue con usted regresó cambiado, hoy mismo en la función de la tarde parecía como si hubiera visto un fantasma. De buenas a primeras dijo que se iba y se fue... nos dejó aquí botados con el compromiso de las funciones. Usted algo le dijo; algo fue lo que le metió en esa loca cabeza.
Tranquilamente hablé con la señora, trataba de hacerle entender que no había hecho ni dicho nada para que Terry decidiera irse. En mi interior me llenaba de alegría al saber que se había decidido por dejar ese mal intento de teatro y regresar a Broadway. Ya podía imaginarlo en el tren de regreso a Nueva York. Y tal vez, sólo... tal vez fue la mal disimulada sonrisa en mi rostro la que provocó que la furia se encendiera en la decadente actriz, porque por más explicaciones que le daba, me levantó la voz varias veces y las personas que pasaban de lado nos miraban curiosas. Un señor y su esposa se acercaron a mí ofreciéndome su ayuda...
-¿Está usted bien maestra? ¿podemos ayudarla en algo?
Me sentía profundamente avergonzada al estar dando un espectáculo de esa magnitud en medio de la calle. Desconocía los verdaderos motivos de Terry para dejarlo todo. Sabía que tenía la inquietud de marcharse, pero no me había asegurado nada, ni tenía por qué hacerlo. Su vida seguiría siendo un misterio para mí por siempre. La mujer mientras tanto se seguía enfrascando cada vez más en su propia cerrazón, insultando, manoteando frente a mi rostro como si en verdad él hubiese sido de su propiedad y yo se lo hubiera arrebatado. Antes de que se comportara más agresiva me retiré acompañada por los padres de uno de mis alumnos que amablemente me ofrecieron su ayuda minutos antes.
Caminé sola el último tramo hasta mi casa, para no variar sólo pensaba en él, Terry... de nuevo se había ido, sin decir a dónde, ni por qué. Hacía frío y me abracé al abrigo que llevaba puesto. Respiré profundo, el aire fresco de esa tarde de principios de invierno llenaba mis pulmones de aire limpio... de pensamientos que llegaban a mí para tratar de borrar el desagradable altercado con la regordeta mujer. Tenía más cosas buenas que malas que pensar. Había sido el último día de clases en la escuela y las vacaciones comenzaban. Pronto regresaría a casa y disfrutaría de la compañía de mis padres. No poseía mucho, pero lo que tenía era mío: mi vida, mi familia, mi trabajo, mi esperanza y mi alegría... todo eso poseía y era suficiente para sentirme afortunada. Tristemente Terry a pesar de haberlo tenido todo, no había tenido tanto en realidad y su rostro delataba que lo que siempre había considerado suyo también le había sido arrebatado de su vida: Su madre, sus pertenencias en Londres, su trabajo y aunque me costara todavía aceptarlo, ciertamente esa tal Candy también le había sido arrebatada... al leer la determinación en sus palabras en esa nota que me dejó, al decir que dejaría ese teatro de pacotilla, no podía menos que sentir tranquilidad por él. Era algo muy bueno que luchara por recuperar su carrera, su propia vida. Que se alejara de ese ambiente viciado, deprimente y tétrico.
Y ya no quise pensar más en lo que a mí me correspondía hacer para luchar por lo mío, por devolver un poco de calma a mi vida, por volver a tener días llenos de tranquilidad, de trabajo, de lectura, de deliciosa soledad bebiendo un café y pensando en algo más que no fuera él. Añoraba las noches de calma como cuando había sido niña, cuando feliz me asomaba a la ventana para observar las estrellas, aquellas noches que ahora me parecían tan lejanas. Cuando no había en mi corazón sufrimiento ni esperanza por ningún hombre, cuando el tipo de amor que conocía era el fraterno, aquél que sentía por mis padres, por mis hermanas. Y necesitaba urgentemente recuperar todo aquello, pero esta noche disfrutaría mi soledad, sin quebrarme la cabeza, deseaba sólo sentarme junto a la chimenea, quizás tomar una taza de chocolate caliente y leer un buen libro. Sí, el día era perfecto para eso, el trago amargo del alegato con la infame voluptuosa del teatro no daría al traste con mi merecido descanso-
Poco faltaba ya para llegar cuando observé en la casi completa oscuridad de la noche la figura de un hombre en el pequeño pórtico de mi vivienda. Me puse un poco nerviosa, no había mucha luz a excepción de la lámpara que brindaba su amarillenta luz en la farola a lo alto. No sabía que hacía ahí aquel caballero, esperando de pie, caminando un poco ansioso de un lado a otro. Pensé en Jeffrey, pero él no era tan alto ni tan esbelto. No tenía ese porte erguido, ni ese andar que de pronto me podía parecer hasta familiar. A medida que los pasos entre la puerta de mi casa y yo se hacían cada vez menos, mi corazón se agitaba con más y más fuerza hasta dificultarme controlar el aire que llegaba a mis pulmones.
Esto tenía que ser un sueño.
Tenía que estarlo imaginando.
Terry esperaba en la entrada, llevaba un traje oscuro, zapatos de vestir, una capa color vino como la de los caballeros de su familia en aquellas pinturas de Londres cubría su espalda, el cabello lo llevaba sujetado por la nuca en una coleta y junto a él se encontraba su equipaje.
Cuando estaba sólo a unos pasos de llegar, él escuchó mis pisadas en la gravilla y con una sonrisa de lado se apresuró a recibirme tomando mi mano.
Se veía hermoso, como el Terry de siempre, como el Terry que en mi imaginación había salido cientos de veces de entre los árboles del bosque... era verdad lo de los vestuarios limpios que conservaba en el teatro, pues lucía impecable.
Me miró intensamente con sus ojos de un azul precioso, mientras la sonrisa se desvanecía lentamente de sus labios y acariciaba con ternura una de mis mejillas.
A pesar de tener mi necio corazón brincando en el pecho como esos niños emocionados jugando en el tiempo del recreo, mi mente más prudente me exigía mantener la calma, comportarme serena y recordar su trato esquivo, sus frías ausencias, sus constantes partidas. Mi corazón empezaba a echarse para atrás de la muda afirmación que se había hecho esa misma mañana y empezaba a latir sin riendas que lo frenaran... "aun hay tiempo, todavía no es suficiente... vamos inténtalo, si está aquí es por algo"...
Y efectivamente estaba ahí por algo.
Pasamos al interior de la casa y se disculpó porque no se había despedido como era debido al haberse marchado al amanecer.
-Entiendo que no te agraden las despedidas... -dije tratando de sonar tranquila. - después de todo... ¡¿a quién le agradan?! Hoy... te busqué en el teatro, me dijeron que te habías ido después de una de las funciones, la actriz pensó que yo había influenciado tu partida y...
-¿Se atrevió a decirte algo?
Preguntó con esa voz grave y deliciosa que ahora poseía, con el entrecejo ligeramente fruncido esperando por mi respuesta.
-No, me retiré antes de que dijera algo que en verdad me molestara. Además, tendría razón en hacerlo ¿no crees? todo apuntaba a que yo te había convencido de marcharte...
-En todo caso no ha sido culpa tuya... -Dijo interrumpiendo mi torpe diálogo, lo miré atenta, ¿finalmente estaba a punto de contarme lo que pasaba con él? -Si hay algo que me molesta es que se culpe a una persona de algo que no ha cometido. Te ofrezco disculpas si Flavia te ha hecho pasar un mal momento.
-No te corresponde disculparte entonces por algo que no has causado tú.
Y apareció su sonrisa de lado quitándome la cordura una vez más, de nuevo haciéndome atropellar mis pensamientos, las palabras.
-Si de algo sirve te diré que no has sido la responsable de mi decisión de abandonar el teatro. Pienso volver a Nueva York, pero en vista de que no estaré más en Rocktown quise venir a despedirme de ti, como debe ser.
-Bueno... me alegra que te vayas Terry, aunque es obvio que dejaré de verte... comprendo que debes continuar y volver a donde perteneces, en verdad me alegro mucho por ti.
No dejaba de mirarme mientras bebía de la pequeña taza de té y volvía a colocarla junto con el platito en la mesa. Me miró repetir sus movimientos con naturalidad y sonrió satisfecho.
-Veo que recuerdas a la perfección aquellas tardes de té en tu casa.
Y también sonreí al traer al presente aquellas tardes en las que tomaba mi mano para indicarme la manera exacta en cómo tomar la taza, con la inclinación precisa y la posición de cada uno de los dedos. Hasta donde era correcto beber el té para no parecer descortés al terminarlo completo o al apenas probarlo.
-Lo recuerdo todo... con perfecto detalle.
Dije con toda la intención de remover en él lo que había sucedido aquella ocasión en que nos besamos como un par de tontos enamorados bajo la lluvia.
Y no dijo nada, me seguía mirando fijamente a los ojos, pero un estremecimiento delicioso llegó a mi cuerpo cuando su mirada bajó a mis labios, entreabrió los suyos despacio y juro que alcancé a percibir un suspiro salir de su pecho.
-Necesito terminar con todo esto. -Dijo rompiendo el mágico instante con voz firme. -Estuve estancado en ese teatro y debo volver a Stratford. Empezaré desde cero si es necesario... voy a luchar por todo lo que he dejado ir.
Quería creer que esa última aseveración se refería tan sólo a su trabajo, pero la verdad es que la intención con que lo había dicho y esa palabra "todo" decía mucho más de lo que hubiese pretendido. Por eso no pude resistirme y me atreví a indagar...
-¿A quién viste Terry? La actriz aquella me dijo que pareciera que habías visto un fantasma... ¿es eso cierto?
Se quedó callado, su mirada se perdió a través de la ventana.
-En parte es verdad. Creí ver a alguien... pero pensándolo bien, no pudo ser ella. No tendría nada que hacer aquí...
Y hubiera preferido no escucharlo, pero nadie me había pedido que escarbara en las dolorosas verdades para ambos que por algo habían sido sepultadas. Y continuó...
-Esa persona me enseñó alguna vez lo fuerte que puedo llegar a ser. Ella, confió en mí... me ayudó de maneras que no te imaginas... y creo que también pude ayudarla un poco.
Me odié otra vez por indiscreta, recordé a una de mis hermanas llorando desconsolada al enterarse de la vida íntima de su prometido con una mujer anterior a ella. Escuché a mi madre decirle que una mujer no debía preguntar nunca más de lo que quisiese en verdad saber, más de lo que estuviese dispuesta a soportar. Y ahora lo soportaría yo. Por un instante me perdí en mis pensamientos y él seguía hablando...
-Fue importante, lo sigue siendo. Aunque es alguien que pertenece a mi pasado... y aunque tal vez sólo la imaginé esta misma tarde, si hubiese sido ella en verdad, habría muerto de vergüenza de que me hubiera visto en ese lugar...
Y me terminó de pulverizar el alma con esas palabras, le causaba vergüenza el solo imaginar que ella pudiese haberlo visto así, en cambio yo, lo vi así y le parecía tan natural y sin importancia.
-No seas tan duro contigo Terry...
Fue lo último que pude articular antes de sentir el llanto quebrar mi voz, a la vez que recogía el servicio de té. Esa persona... le había dado la fuerza para irse, sin siquiera estar seguro de que en realidad la hubiese visto. No había sido yo quien a pesar de haber hablado con él creí haberle infundido el valor para salir de ahí, a pesar de demostrarle que le quería ver surgir, que sin duda sabía cuan valioso era, lo fuerte que era. También confié en él y le ofrecí lo mejor de lo poco que tenía, pero la gran diferencia entre ella y yo era, que yo no fui importante. Yo le había dado alimento, cuidados, mi casa y él no podía dejar de pensar en ella. Aunque ya no podía quedar más espacio en mi corazón para la tristeza o los celos, de alguna manera se las arreglaban para surgir de algún lugar a borbotones... y me preguntaba ¿cómo podrían existir todavía en mí si estaba por demás claro que lo que había pasado entre nosotros había sido sólo la confusión y la curiosidad de un adolescente?
-¿Sucede algo?
Nerviosa tropecé con la alfombra y en un torpe movimiento no pude evitar que las tazas y la tetera cayeran de la charola directo al suelo. Hice un escandaloso desastre y lo peor fue cuando escuché su voz tan cerca de mí...
-Permíteme ayudarte...
Traté de mostrarme serena aunque todavía me temblaban las manos de celos y de rabia. Temía que notara la humedad en mis ojos y que mi voz saliera cortada a causa del llanto. Demoré más de lo necesario tratando de componer el desastre que había ocasionado.
-Deja que yo lo arregle, podrías lastimarte. -insistió.
Y sin mirarlo seguí en mi tarea de recoger los trocitos de cerámica. Terry se acercó a mí y en un intento por ayudarme, rozó con sus dedos de nuevo los míos creando esas corrientes eléctricas, haciendo vibrar mi alma con el peso de su mirada, con sus palabras y el tono en el que nuevamente habían sido dichas. Pero hay algo que se llama orgullo herido y va de la mano de un corazón roto. Mi voz salió sin conectarse con mi mente. Dije lo que sentía en un impulso por lastimarlo, por demostrarle que estaba harta de que se hiciera el tonto y pretendiera que entre nosotros no había sucedido nada...
-Lo haré yo, este es trabajo de una mucama y no de un caballero como tú Terry.
No podía mirarlo aunque quisiera y sin poder evitarlo más tiempo mis mejillas se incendiaron, mi determinación a mantenerme tranquila se fue al acantilado de las Highlands... porque ahí estaba yo, en cuclillas, bebiendo mis lágrimas, mi resentimiento, mi tristeza. Por tonta, por amar tanto a este hombre que me había enamorado deliberadamente para después desecharme como a algo sin importancia.
Aspiré su delicioso perfume a lavanda y maderas que sutil llegaba hasta mis fosas nasales. Ahí estaba definitivamente yo, sintiendo el choque electrizante de sus dedos que seguían por algún extraño motivo rozando los míos. De su mano que había llegado hasta mi mejilla y comenzaba a humedecerse con mis absurdas lágrimas. Mi corazón estaba cayendo al vacío, se precipitaba mientras mi mente me reprochaba el haber sido tan tonta, tan ilusa. Ahora lo culpaba a él de haberme enamorado cuando la única responsable de ese inútil sentimiento que había nacido y crecido en mí, era sólo yo.
Cerré mis ojos, no deseaba verlo, me hinqué en el suelo y dejé que el llanto me arrastrara por fin. Sentí su cercanía. Su brazo rodeó mis hombros, sus manos se colocaron sobre las mías que cubrían mi rostro y despacio y suavemente las hicieron a un lado. Sus exhalaciones bañaron mis húmedas mejillas y su dulce aliento se acercó a mis labios. Mis ojos permanecían cerrados y sus manos secaban de mi rostro las lágrimas, con sus besos comenzó a recorrer cada espacio. Con roces apenas me devolvía en cada uno un poquito de la fe que ya no tenía.
Seguía sin mirarlo a los ojos, trataba de calmar las potentes olas del mar de Escocia golpeando en mi pecho, salpicando con su fresca brisa mi ilusión de nuevo. Y me aborrecí a mi misma por ello, por permitirle a este hombre desbaratar mi vida y mi tranquilidad en unos segundos, por jugar conmigo con este descaro, por acabar con mi propósito de convertirme en piedra frente a él para que no me lastimaran sus palabras, ni sus engaños. Pues una parte dentro de mí seguía sin creer que esto estuviese pasando.
No me besó en los labios. Pero me abrazó y me mantuvo aferrada a su pecho un buen tiempo. Las piernas y los minutos se me entumecieron por igual ahí entre sus brazos. Si había algo parecido al cielo era eso.
Me recompuse, me preguntó que había sucedido y aunque pensé que lo tenía muy claro, pretendí ser fuerte y sólo respondí...
-No me hagas caso Terruce. De pronto me pongo sentimental, tú sabes... estoy sola, no vivo muy lejos de casa pero el recordar esos tiempos en Londres y tú ahora... te vas y...
-Vamos, no quiero que llores de nuevo.
Recogió los objetos rotos y no me dejó limpiar. Un silencio incómodo reinaba de repente entre nosotros. Lo del caballero y la mucama se había quedado suspendido en el aire. Regresó a mi lado y tomó mis manos entre las suyas. Tuvimos una larga charla nocturna donde más tranquila le conté de la duquesa cara de cerdo y todo lo que le dije a ella esa tarde cuando se deshizo de sus cosas, le di la razón al haber puesto ese sobrenombre a tan infame personaje.
-Espero que no te molestes por referirme así a la esposa de tu padre.
-¿Cómo podría molestarme la sinceridad en una persona?
-Pero es un atrevimiento de mi parte, es una falta de respeto porque es la madre de tus hermanos...
-Viendo las cosas desde ese punto, podría considerarlo una falta de respeto pero... por esta ocasión lo pasaré por alto...
Terry imitó a la perfección la voz de la susodicha, sus gestos, la manera en que abría las fosas nasales cuando estaba enfadada, la forma en que juntaba lo poco que tenía de cuello con esa prominente papada al momento de reclamar furiosa. Reímos a carcajadas, volvimos a ser un poquito como los de antes. Me miraba sonriendo de lado, no parpadeaba, no perdía detalle de todo lo que le contaba y en un momento, noté que me miraba con genuino interés y cariño.
-Todavía no puedo creer que me hayas defendido. Me habría encantado ver su cara de cerdo mientras una mucama le gritoneaba...
Dijo más para sí mismo, negando divertido. Con todo y eso el momento se tornó incómodo, pero lo disimulé con un asentimiento y una sonrisa que trataba de ocultar mi pesar. Nunca me quitaría ese estigma de ser una simple mucama para él, yo misma lo había dicho anteriormente; qué más daba ya.
Su gesto se tornó serio, me ofreció disculpas.
-No quise decirlo de esa manera, discúlpame.
-No es algo que me ofenda Terry, esa es la verdad. Yo era tu mucama.
-¿Mi mucama eh?
-Sí, me encargaba personalmente de mantener tu habitación preparada por si regresabas.
-¿Y como es que no te vi encargarte cuando estaba en casa?
-Bueno, mis padres pensaban... que yo...
La mirada que me dedicó justo en ese momento derrumbó mis barreras. Esto se tornaba una tortura para mí. ¿Por que me miraba así? ¿Por que me sonreía de esa forma? ¿Deseaba volverme loca? ¿Acabarme? ¿Matarme?
-Pensaban que tú y yo podíamos tener un amorío si estabas cerca... tal vez pensaron que el rebelde e irreverente del joven se aprovecharía de la menor y más hermosa de sus hijas.
-No... no lo creo Terry...
-Yo lo habría pensado.
Para aliviar la tensión que se estaba produciendo en la atmósfera le platiqué de mi familia, de mis hermanas y mis sobrinos que ya habían nacido y deseaba conocer muy pronto.
Él me contó de Susanna, una actriz compañera suya, me contó acerca de ese accidente del que sin que él lo confirmara a leguas se notaba que se sentía responsable, me habló de su compromiso con ella... y me limité a escuchar sin opinar. Aunque todo me pareciese un cuento de terror, una infamia y una de las peores injusticias, me guardaría mis juicios para mí.
Guardó silencio, lo noté pensativo un momento y después de un profundo suspiro comenzó a mencionar a alguien más, primero con descuido, después con la clara intención de recordarla y contarme sobre ella. Quise interrumpirle y pedirle que no lo hiciera, que no era necesario que me confiara tanto, más por evitarme el dolor de saberla en su memoria que por la necesidad de enterarme que había sucedido entre ellos. Dijo que era una chica pecosa, alguien que rompía las reglas y que enfrentaba sin miedo a quien fuera cuando lo consideraba justo. Me habló de una madre superiora y esa chica defendiendo una tortuga ante ella. Esa chica saltaba balcones, trepaba árboles, volaba con cuerdas por los árboles del colegio. Esa chica había salido a escondidas una noche para curar sus heridas, se había preocupado por él como nadie y juntos habían sanado dolores del pasado.
-Fue mi novia...
Le escuché decir mordiéndome los labios, imaginando cómo habrían sido los momentos entre ellos, si él había conocido el sabor de sus besos, si la había besado tantas veces y hasta se habría perdido en los brazos de ella. La odiaba, en verdad la odiaba sin conocerla.
¡Y no tenía derecho! porque, también yo había probado otros besos y otros brazos.
No deseaba escuchar más pero él en cambio seguía hablando. ¿Acaso no se daba cuenta de lo que estaba haciendo? ¿de lo doloroso que me resultaba cada pensamiento? le escuché hablar del color de sus ojos, repitió varias veces lo encantadora que resultaba haciendo pucheros y sus pecas... sus malditas pecas.
-Te agradaría si la conocieras...
Al fin detuvo su torturante monólogo y sus ojos se nublaron, perdió la alegría y la mirada perdida con la que me había estado contando todo sobre ella. No necesité ser una sabia para deducirlo, esa chica era Candy; la mujer que había venido a robar lo que tanto tiempo soñé mío.
Me miró extrañado, me había limitado a mitad escucharlo y observarlo para que no me afectara tanto su relato. Decidió que era hora de marcharse cuando me miró a los ojos y quizás suponiendo un cansancio en ellos dijo que ya era muy noche. Pero no era cansancio, era dolor de escucharle hablar y suspirar por ella.
Le pedí que no se fuera, le dije que podría quedarse como la noche anterior.
-No puedo aceptar esta vez, te agradezco en verdad, pero no es correcto.
-Y yo no puedo aceptar que te vayas a estas horas Terry, no hay ningún hospedaje cerca. A menos que...
-¿Que?
-Que desees regresar al teatro ambulante y exponerte a que tu amiga Flavia te robe un beso mientras duermes...
Y lo dije para dos segundos después ruborizarme al recordar que yo misma lo había hecho la noche anterior mientras él dormía.
-Jajajajaja, tienes muy buena memoria al regordar su nombre...
-¿Regordar?
Reímos un buen rato por sus ocurrencias y después de otro silencio, en un movimiento breve acarició mi mentón y se giró para tomar su equipaje.
-Podré arreglármelas. Siempre he podido, por favor no te preocupes más por mí.
Mi corazón se jugó todos sus latidos, apostó por un último intento de convencerle y en un impulso caminé hacia él y me permití abrazarlo por la espalda.
-No quiero que te vayas Terry...
Me escuché decirle sujetándolo fuerte, llenándome de sus latidos acelerados, sintiendo el calor y la tensión en su cuerpo... Tenía miedo de que me rechazara, pero ya era tarde. Ahí estaba aferrada a mi amor por ese hombre, a ese amor que se negaba a morir de una vez por todas. Mojando de nuevo con mis lágrimas su saco. Desnudando mi corazón sin pudor alguno. Ya era tarde para arrepentirme.
-Por favor, quédate ésta noche...
Volví a decir casi en un murmullo, una débil frase suplicante pero lo suficientemente clara para ser escuchada. Terry se inclinó ligeramente para bajar su equipaje, con sus manos y brazos cubrió mis manos un momento y entrelazando sus dedos a los míos las aferró a su cintura. Después se giró despacio para mirarme y ya estando frente a mí, limpió otra vez mis lágrimas con sus manos y se acercó despacio pero también convencido. Cerró sus ojos y besó sin prisa mis mejillas, acunando mi rostro entre sus manos.
Un momento después la vida me regalaba de nuevo la dicha de sentir sus labios tocando los míos; como aquella tarde en medio del bosque de los Granchester, no había neblina ni fría lluvia, pero las paredes de mi pequeña casa nos daban la privacidad necesaria para explorar nuestras bocas con libertad. Ya no era un beso inexperto, él inclinaba hacia un lado o hacia el otro mi rostro con sus manos y daba un delicioso masaje a mis labios con los suyos. La punta de su lengua se encontraba de pronto con la mía, mientras con pequeños y suaves mordiscos sonreía al besarme y me llevaba como aquella vez, otra vez a las nubes.
Abrí mis ojos, quería cerciorarme de que no estaba en un sueño. Y tan cierto como sus manos bajando por mi espalda acariciándome y presionándome contra su pecho, tan real como la dulce exhalación de su boca llenando mis pulmones y mi alma, tan cierto como la humedad de sus besos alimentando la más hermosa esperanza en mí, así de cierta era la pasión que de a poco se encendía con más fuerza cada vez, haciendo a nuestros cuerpos necesitarse con ansias, con fuerza, casi con desesperación. Y no era para nada un sueño...
Después llegamos a un momento en que lo que se ha empezado ya no puede detenerse. Como un tren a toda marcha, como la lluvia que cae del cielo.
Y no nos detuvimos más, y no me importó lo que sentía por ella o lo que pudiera pasar después. Porque aun con todo pronóstico en contra mía, ya no podía ocultar más tiempo lo que sentía por ese hombre. Ya no podía negarme a mí misma que lo necesitaba, que lo amaba y lo deseaba con todas mis fuerzas.
La ropa comenzó a llegar al suelo, sus besos cubrían mi piel y yo lo abrazaba como queriendo fundir su cuerpo en el mío, enredé mis dedos en su cabello, lo besé sin cansarme jamás de beber de su boca, grabándome a fuego cada sensación del contacto de su piel con la mía.
La lámpara de la estancia iluminaba con su tenue luz aquél precioso instante. Pronto nuestras ropas nos servían de alfombra. Sentí pudor todo el tiempo, desde la primera prenda de ropa que se había deslizado al piso, hasta la última que en mi cuerpo había desaparecido. Nunca había estado con nadie, fue ése el momento más delicioso, intenso y erótico de mi existencia, sería inolvidable también al ser la primera vez que entregaría mi cuerpo al hombre de mi vida. Recuerdo mis manos en ese pecho que subía y bajaba agitado. Él me rodeaba posesivo con sus fuertes brazos. Creí desfallecer de placer al disfrutar de la vista de su piel erizándose con mis caricias, de mis senos presionándose en su firme torso, para después recibir sus manos, sus besos.
Sentí su sexo inflamarse entre mis piernas, pero no pensé en más pudores o vergüenzas y sólo me dejé llevar, con osadía me atreví a bajar una de mis manos a aquella zona, mientras con la otra lo aferraba por su espalda a mi cuerpo. Escuché sus jadeos salir de su boca al atreverme a acariciarlo de esa forma, completo. Y eso provocó en mí una serie de respuestas que también eran nuevas. Seguí tocando, acariciando, disfrutando el cosquilleo y humedad que parecían brotar de mi propio cuerpo y me exigían tenerlo mucho más cerca.
Y está de más decir que él lo acaparaba todo. Esa noche así era y no me arrepentía de pensarlo de esa forma. La excitación en nuestras miradas era algo que no podíamos ocultar; despacio me soltó de su agarre para mirarme y dejarse admirar. Lo que vi esa noche fue el más puro amor, el más exorbitante deseo. Aquella piel de un apiñonado claro, me incitaba a besar todo su cuerpo, a probar su piel y saborear en mi boca cada parte de él. Sus músculos torneados y fuertes me levantaron en vilo con facilidad hasta la habitación, me depositó con cuidado en la cama, desde ahí aprecié su imponente estatura; tenía un cuerpo hermoso, varonil, como si hubiese sido esculpido por un artista. Y ese cuerpo sería todo mío, esa noche sería mío... de nadie más, del recuerdo de nadie, ni del fantasma de nadie. La que estaba con él era yo y sólo eso era importante. Deseaba ver más, pero el mismo pudor que sentía al mostrar mi cuerpo sin nada encima, él lo sentía también, pues con sus manos cubría esas partes de su anatomía que aunque ya había tocado; me causaba una tremenda inquietud, curiosidad, deseo y el morbo más delicioso que nunca creí pudiese experimentar.
Me miraba con la misma estupefacción que yo lo miraba a él y me sentí dichosa por despertar sus reacciones de hombre al permitirle ver todo lo que deseaba. Me miró completa una vez más, primero con la seriedad y la duda en sus ojos, como sopesando la situación, como si por un instante deseara dar marcha atrás. Su pecho seguía agitado, su mirada semejaba un mar en plena tormenta, me recorría completa con sus ojos y sus manos. Hasta que noté su respiración relajarse y desviar la mirada hacia otro lado que no fuese mi cuerpo. Fue entonces que me invadió el miedo... a que se marchara, a que pensara que era una locura hacerle el amor a la mucama, a esa mujer que se ofrecía sin pudor alguno frente a él. Como si ya hubiese sabido yo lo que hacía, lo que seguía, aunque no fuera así. Temí que pensara que lo que le ofrecía ya había sido tomado antes. Porque deseaba, necesitaba que estuviera seguro que él sería el primero y el único para mí. Recuerdo bien el frío que comenzó a adueñarse de mi desnudez. Y él seguía pensándolo, mi corazón junto con todo mi cuerpo estaban a punto de caer otra vez por el acantilado. Extendí mi mano hacia él, como aferrándome a ese sueño hermoso que pendía de un hilo... si no la tomaba, me quedaría ahí... irremediablemente sumergida en el fangoso pantano de mi propia miseria.
Pero con una sonrisa tímida tomó mi mano, devolviéndome el alma con esa acción, lo atraje a mi cuerpo y no opuso más resistencia. Volvió a besarme, primero despacio y después devoraba mi boca entera en cada beso. Frotó con su cuerpo mi cuerpo. Se colocó sobre mí y besó cada espacio en mi piel. Lamió, mordió... hizo cosas que jamás imaginé se pudieran hacer los amantes. Me permitió hacer lo mismo en su piel y en cada espacio de su cuerpo. Era inexperta y temblaba, de emoción, de torpeza... pero también de amor.
Cada beso, cada succión de mi boca en su carne lo hacía retorcerse entre las sábanas, quería volverlo loco y lo estaba logrando. Pude ver sus ojos azules mirando a detalle mi cuerpo sobre el suyo, de repente me atraía hacia él sólo para decirme al oído cuanto me deseaba... y eso me hacía también perderme en el abismo de placer y deseo en el que me encontraba, me colocaba encima o debajo de su cuerpo y me dominaba con su peso con cada caricia y cada beso. Con cada palabra que se grababa en mi mente, con cada te necesito, con cada te quiero.
Me besó completa, llegó con sus labios a lugares que imaginé prohibidos para besar y siendo solamente los dos en ese universo nuestro, me di el permiso de disfrutarlo de la misma forma. Llenó con su boca y sus manos todo en mí. Nos perdimos en un juego de caricias de placer torturante, inmenso.
Y no tardó mucho el momento en que al fin me rendí, despacio abrí mi cuerpo y le entregué lo que quedaba. Lo que todavía no se atrevía a tomar por completo. Ansiaba que todo sucediera entre nosotros, respondiendo a los deseos más primitivos y aunque desconocidos todavía para mí, llegaban como un oleaje de fuerte tormenta a azotar mi cuerpo, a llenarlo de esa indescriptible desesperación por sentirme suya... enteramente suya. Por sentirlo llegar hasta el más profundo rincón de mi cuerpo, como si con eso no fuese a dejarlo marcharse nunca más.
Y entonces recibí a Terry. Despacio había entrado en mi vida, a la calidez de mi hogar, llenándolo todo, me dolía amarlo tanto y sin límite. Y exactamente así había sido convertirme en su mujer, lo recibí despacio, poco a poco entró en la calidez de mi cuerpo, abarcándolo todo, presionando, lastimando también, pero al final convirtiéndose en el único dueño de todo cuanto poseía. Lo sentí tan dentro de mi cuerpo como ya lo estaba en mi alma, al fin se daba el contacto más íntimo con mi único y gran amor, al fin lo tenía tan dentro de mi cuerpo como de mi corazón.
Pude realizar el mayor anhelo de mi vida, me creí en el cielo al sentir como se internaba de a poco y por completo en el interior de mi carne. Cómo su cuerpo se movía tierno al principio, para después agitarse vigoroso entre mis piernas, sin soltarme, aferrándome a él... para después tensarse y besarme de nuevo, lo escuché decir mi nombre, le escuché decir que no me dejaría ir, que ya era suya. Su cuerpo entero latió como un corazón entero, vibró entre mis brazos y piernas y después de un rato descansó recostado en mi pecho mientras yo besaba su frente y aspiraba el aroma de su cabello. Lo abracé como queriendo detener el tiempo. Deseando que ese momento fuese eterno. Y tuve la certeza de que era mío entonces y yo suya por igual. Ya nada podía cambiar esa realidad. Se había apropiado de todo en mí... ahora era suya para siempre y no podía creérmelo todavía; mi cuerpo, mi alma, mi vida, toda ya le pertenecían...
Esa noche me sentí dueña de la mayor de las dichas. Lo tenía entre mis brazos... nada podía ser mejor.
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CONTINUARÁ...
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GRACIAS:
Lilit: Gracias a ti por leer este nuevo proyecto. Gracias por tu apoyo con este comentario. Pareciera que es una historia de puro llorar y llorar, incluso buena parte de este capítulo lo ha sido. Pero no siempre todo será penurias para la mujer que ama profundamente a Terry desde mucho antes que cualquier otra pretendienta le amara (en esta historia claro está). En verdad gracias por leer cada una de mis locuras. De repente me da la inspiración y digo... pues vamos a escribir, a ver que pasa! y es muy gratificante que algo que empieza en mi imaginación llegue hasta la de ustedes por medio de las letras. Es mágico todo esto, en serio. Un beso grande para ti y gracias también a ti por tu tiempo para leer y comentar.
RORE: Hermosa RORE! por supuesto que te ubico, si hasta te tengo en mis favoritas! Gracias por ese comentario. Que alguien te diga que escribes fascinante... uffff! no todos los días, así que me has alegrado inmensamente señorita! También espero que al final la mucama encuentre la calma y la alegría que su corazón se ha empeñado en sentir sólo si es con Terry. Saludos hasta Uruguay bonita! Cuídate mucho!
litzie: Gracias en serio por tu comentario! Es muy valiosa una opinión franca y para nada pienses que me molesta la sinceridad. Entiendo tu punto de vista y créeme que al plantearme la idea también me producía cierta inquietud, ese ruido molesto que te hace cuestionarte si valdrá la pena imaginarlo así y escribirlo así. Pero me atreví porque desde el anime, (y aunque me causó un profundo dolor la separación de CyT) muy en mi interior sabía que me había puesto desde siempre en los zapatos de Candy y por eso su dolor al perder a Terry era casi propio. Entonces quise imaginarme una mucama, que en realidad pudieron ser unas cuantas más. Pero quise pensar que una en especial tuvo la suerte de compartir tanto con él, desde niños, acompañándolo un poquito en esa soledad impuesta por el Duque y las ocupaciones y falta de pelea por parte de Eleonor. Entonces me dije... la mucama seré yo, y así me permitiré disfrutar plenamente de imaginarlo conmigo. Y así quise que cada una de nosotras lo imaginara y fuera la mucama, por eso jamás puse un nombre, ni iniciales, ni rasgos físicos. Le dí dos hermanas por simple contexto, no creas que yo tengo dos hermanas y soy la menor de ellas. En realidad soy la mayor de una hermana y un hermano menor. Pero esos detalles son por darle una familia y nada más. En cuanto al parecido de Candy con la mucama, pues no podía ser de otra manera. Aunque también tienen sus diferencias. La que más me gustó es que Candy siempre se hizo a un lado por la felicidad ajena y la mucama no lo hará. Peleará hasta que sus posibilidades se acaben pero no renunciará a Terry tan fácilmente. Lo que importa es lo que se desarrolla entre ellos, una posible continuación sólo si tu quieres ponerte en los zapatos de esta chica que narra su historia, si te animas pronto vas a saberlo pues no será un fic largo. Un beso!
Moon: Ami, miles de gracias porque aunque tu review es platicadito en horas de teléfono, tienes el detalle de regalármelo también por escrito. Y teneis razón! el primer beso siempre de los siempres será el primero, inolvidable por ese simple hecho, mágico e irrepetible. Por eso nuestra mucama se quedó prendada de ese momento y con semejante muñecote imagínate... cualquiera que venga después va a saber a nada. Gracias por hacer el esfuerzo de ponerte en sus zapatos, a mi no me resulta nada difícil... y aunque de pronto pareciera que la mucama está trepada en una montaña rusa de emociones y sube y baja y se enamora y se desencanta, al final habrá algo bueno para ella, una lección importante, aprendizaje y volverá a tener la calma y la paz en su vida que tanto añora y que desde que empezó a pensar de más en Terry ha perdido. Es independiente, es fuerte, y eso le va a ayudar a salir adelante de lo que venga. Gracias amiga y espero te haya gustado este nuevo capítulo.
Stormaw: Si amiga, sigue sufriendo la mucamita y como no! cuando la persona que amas es una constante en tu vida y lo sabes lejos, cuando te hace volar y soñar con una posibilidad para después irse otra vez, cuando regresa pero te das cuenta que ya es otro y que alguien ha ganado ese lugar por el que tanto te has ilusionado. Y así es la vida. La vida sigue para todo el mundo y nada se detiene. Ashhh ya me puse bien filosófica y ya me quiero dormir caray! jajajaja, ni me hagas caso! Gracias por tu apoyo constante. Un beso para ti!
PrincesaFilomena: No sabes cuanto me ha llenado de alegría tu comentario. Miles de miles de gracias por eso! Gracias por meterte en el personaje, por imaginar que eres realmente tú. Prometo no hacerte sufrir tanto, quiero que al final pienses que ha valido la pena leer y disfrutes esta historia, tanto o más que yo al escribirla. GRACIAS enormes, porque comentarios como el tuyo hacen que valga seguir imaginando y escribiendo. Un beso grande para ti bonita!
GRACIAS TAMBIÉN A:
Xiory, BlancaGranchester07, EdbeLL MaNseN
