"La mejor manera de librarse de la tentación, es caer en ella."
—Oscar Wilde.
A veces, es necesario tropezar algunas veces para aprender a caminar en un sendero empinado.
En ocasiones, la tentación es la culpable de hacer trastabillar a cualquiera que la ignore.
Sakura siempre burló el poder de la tentación y aseguraba que jamás permitiría que la doblegara.
Ese fue un gran error.
Sakura había acabado sus estudios en maquillaje y peluquería con las mejores calificaciones y referencias.
Gracias al desarrollo de sus delicadas habilidades, tuvo una mención importante el día que se recibió.
—Sakura, me da mucho gusto anunciarte que tendrás una pasantía en un importante programa de televisión—le comunicó su mentor, sosteniéndola de los hombros y esbozando una gran sonrisa—. Estoy muy orgulloso de vos y todo lo que has logrado a lo largo de este tiempo. Los concursos ganados y tus crecientes exposiciones, han llamado la atención de un importante empresario y quiere que seas parte de su equipo.
La felicidad desbordante que sentía la pelirrosa, era imposible de medir.
Estaba ansiosa y emocionada.
—Mu... —las lágrimas no tardaron en manifestarse—¡Muchas gracias! —abrazó a su mentor.
—Esto te lo ganaste con tu propio esfuerzo, Sakura—respondió el hombre.
La Haruno lo soltó y secó sus lágrimas.
—Mañana deberás presentarte a esta dirección y te darán instrucciones para comenzar tu labor—el hombre le dio un papel y allí estaban anotados una calle con su respectiva altura.
—¡Así será!
Por obvias razones, Sakura no pudo dormir esa noche y al día siguiente se sentía fatal.
Debió maquillarse más de lo habitual para pasar desapercibida y dar una buena imagen de sí misma.
Vestía una elegante camisa azul y una pollera negra.
Se tomó un taxi para llegar hasta el sitio indicado.
Al bajar, le pagó al chófer y éste le ayudó a cargar su valija hasta la acera.
La pelirrosa agradeció y le dio propina por haber sido tan amable.
El estudio parecía un sitio más grande de lo que imaginaba.
Había un amplio recibidor. Sus pisos eran de un negro completamente brillante. Se podía reflejar sus propias imágenes tal como si fueran espejos.
Sakura tragó saliva. El lugar era demasiado elegante para lo que estaba acostumbrada.
Caminó en dirección a la mesa de informes.
Las ruedas de su valija alertaron a las recepcionistas y la miraron de un modo extraño.
Sus aspectos eran claramente diferentes a la de ella.
Esbeltas, de cabellera rubia y larga, curvas envidiables y un maquillaje exagerado al punto de vista de Sakura; ellas se limitaron a preguntarle qué hacía allí.
—Disculpen, tengo que ir a la oficina 9 y... —al mirar rápidamente, notó que había 5 ascensores y 3 escaleras.
Realmente se perdería si tomara el rumbo por sí sola.
Las mujeres se acercaron y murmuraron. La miraron de soslayo y chasquearon la lengua.
Sólo una de ellas fue la que supo responderle.
—Te recomiendo que uses la primer escalera de la derecha. La oficina 9 está en el primer piso, al fondo del pasillo—Sakura agradeció y comenzó a caminar en dirección al sitio indicado.
La recepcionista se acercó a ella y le murmuró:
—Te recomiendo que golpees muy suave la puerta. Él es algo irritable y suele estar de mal humor todo el tiempo—Sakura tragó saliva. La recepcionista regresó a su puesto de trabajo y la pelirrosa prosiguió con su objetivo.
Subió las escaleras con dificultad, ya que su valija era pesada para cargarla.
No obstante, logró llegar al primer piso.
Caminó con nerviosismo. Lo que la recepcionista le había sugerido, la dejó más ansiosa de lo que ya estaba.
Suspiró y se detuvo frente a la oficina. La puerta negra estaba allí.
—Que golpee suave... —susurró y dio tres toques apenas audibles.
Segundos después, esta se abre y un hombre de avanzada edad la recibe.
Su expresión intimidaba. Su ceño fruncido generaba pánico.
Sakura tragó saliva y esperó a que el hombre hiciera su primer movimiento.
—De seguro vos sos Sakura Haruno, ¿Verdad? —espetó con una voz afónica.
—Sí, señor —asintió nerviosamente.
El hombre se adelantó y se ubicó en su lugar, invitando a la joven a sentarse frente a él.
Sakura ingresó y cerró la puerta con cuidado.
Dio media vuelta y se sentó en el único lugar disponible. A su lado, dejó la valija.
—Supongo que mi amigo Jiraiya no te ha mencionado nada acerca de tu pasantía...
—Pues, sólo me dijo que viniera a este lugar y usted me indicaría lo que haré luego—suspiró.
El hombre, de una edad mucho más avanzada que la de su mentor Jiraiya, juntó sus manos y entrelazó los dedos.
—Bueno, Sakura—tosió—. Básicamente, trabajarás para un proyecto que acabo de crear.
Usualmente todos mis emprendimientos se han expandido en la televisión, pero este sólo se enfocará en las revistas. Junto a mí esposa, hemos lanzado una nueva marca de maquillajes y quisiera que las modelos luzcan preciosas para lograr una creciente alza en las ventas.
La Haruno comenzaba a sentir atracción por la propuesta. Sin embargo, eso no quitaba la presión ejercida por los resultados a posteriori.
—Hemos hecho un casting de modelos adecuadas para la campaña publicitaria y también tenemos a la persona que se encargará de las fotografías. Vos y él serán compañeros en esto y deberán explotar ese potencial.
Sakura prestaba atención a todo lo que el hombre le decía.
De hecho, estaba sorprendida por saber que tendría un compañero.
—Por eso...
Cuando golpearon la puerta, el hombre interrumpió su discurso y respondió en voz alta:
—Adelante...
Sakura respiró profundo. Colocó sus manos en las rodillas y bajó la mirada.
—Me dijeron que me necesitabas, Hiruzen... —un tono de voz grave, que denotaba una edad adulta pero una juventud plasmada en su timbre, hizo que la pelirrosa levantara la vista y la dirigiera al muchacho que se encontraba detrás suyo.
Ese hombre de contextura mediana; alto casi a la altura de la puerta; cabello perfectamente peinado y de un color peculiar, estaba con sus manos en los bolsillos.
Él vio sus orbes jade y le dedicó una sonrisa.
—Bien, te llamé porque quería presentarte a la chica que trabajará con vos a partir de este momento... —espetó y se levantó de su asiento para estrechar su mano con Sakura—Bienvenida a la empresa, Sakura Haruno.
La pelirrosa se paró y respondió al gesto del hombre.
—Muchas gracias.
El peliplata se paró junto a Sakura y quitó las manos de los bolsillos. Cruzó sus brazos y la miró directamente a los ojos.
La Haruno percibía su mirada penetrante y la inquietaba, le generaba tales nervios que no sabía cómo actuar al respecto.
—Así que vos serás mi compañera... —espetó en voz baja. Suspiró y sonrió—Soy Kakashi Hatake.
Sakura estaba obnubilada. Si bien era la primera vez que lo veía, para el muchacho no lo era.
Kakashi había estado observando las clases de la institución donde estudiaba la pelirrosa y se interesó en su potencial talento.
Por ese motivo, le sugirió a su jefe para contratarla para su nuevo proyecto, ya que necesitaban aires frescos y una juventud única en sus obras de arte que quedarán plasmadas en las fotografías.
—Sakura Haruno... —la chica estrechó su mano y, de inmediato, el peliplata la sostuvo para besarla con dulzura.
Hiruzen observó la secuencia y esbozó una sonrisa que denotaba haber comprendido la situación.
—Pueden retirarse... —ordenó y Sakura esperó a que Kakashi la guiara.
El peliplata caminó por delante y la chica lo seguía con temor.
Estaba contenta por haber sido contratada para un ambicioso proyecto, pero estaba nerviosa por los resultados.
—Acompañame,yo te enseñaré a trabajar en este ambiente—su voz invitaba al nuevo escenario.
La chica observó su amplia espalda. Era la primera vez que contemplaba a un hombre más alto que ella y con un cuerpo tan trabajado.
Pensaba en su primer novio, un idiota que sólo la abandonó después de haber tenido relaciones en algunas ocasiones y que aprendió a aborrecer después de verlo junto a otra mujer.
No lo comprendía. Odiaba a las personas que jugaban con los sentimientos de los demás.
—Estúpido... —musitó y chasqueó la lengua.
Al levantar la vista, se llevó la sorpresa de toparse con la extraña expresión de Kakashi, quien la veía con curiosidad.
—Quisiera creer que eso no iba dirigido a mí —espetó con ironía —¿O sí?
Sakura abrió sus ojos y tragó saliva. Su corazón latía demasiado rápido como para elaborar una respuesta acorde a lo que Kakashi estaba diciendo.
—Tengo mis propios pensamientos... —aclaró y desvió la mirada.
Kakashi frunció el ceño y continuó caminando.
Ambos se detuvieron ante una puerta que llevaba la inscripción: "Escenario".
—Vamos, necesito aclararte un par de puntos importantes a partir de ahora—Kakashi abrió la puerta y le permitió el paso a la chica.
Luego cerró y encendió las luces.
Era un amplio estudio que estaba dividido en dos secciones:
Del lado izquierdo se encontraba el área de fotografía. Estaba ambientada con una pared desmontable hecho de materiales que Sakura desconocía. También, había una cámara y la luminaria que cubría todos los ángulos.
Del lado derecho, ocupando gran parte del espacio, se ubicaba el camarín.
El tocador era tal como el que utilizaban en el instituto, aunque faltaban las herramientas de trabajo.
Sin embargo, lo que más destacaba era la buena iluminación.
—Bien, aquí es donde comenzarás a trabajar—le señaló el tocador.
—Pues, es hermoso—declaró con admiración.
Kakashi sonrió y suspiró.
—Sakura, conozco perfectamente tus habilidades y la verdad es que por eso sugerí que trabajaras conmigo en esto... —se acercó a la chica y se sentó frente al espejo. La miraba a través del reflejo del mismo—De eso no cabe duda.
—¡Daré lo mejor de mí, lo prometo! —exclamó enérgica.
Kakashi comenzó a reír. Sakura no lo comprendía.
—Tengo una sola condición para que esto salga como Hiruzen lo espera... —su tono de voz cambió drásticamente.
Y no sólo eso, también su expresión.
Kakashi exhaló con pesadez y miró detenidamente a Sakura. Notó su nerviosismo en su cuerpo.
Sus manos temblorosas y cómo humectaba sus labios a cada momento.
—Deberás lograr que la modelo impresione a tal punto—agravó su voz— que logre excitar tanto a nosotros como a aquellos que miren las fotografías.
Sakura frunció el ceño.
¿De qué rayos estaba hablándole?
Ella sólo maquillada por amor a su nueva profesión y para dejar descubierta la belleza de sus clientes.
—No comprendo lo que estás pidiéndome. Es decir... —resopló —¿No es suficiente lo que hago? ¿Cómo podría lograr algo así?
Kakashi se levantó de su asiento y se paró junto a la pelirrosa.
La miró un buen rato, sin decir ni hacer nada.
Sakura estaba cada vez más confundida.
Kakashi era más extraño de lo que parecía.
—Ese trabajo te saldrá de maravilla... —la sujetó de la cintura y la arrinconó contra el tocador— El efecto que deberás despertar es tal como lo hiciste en tus facciones delicadas—Kakashi estaba observándola con lujuria. Sakura se sentía incómoda—Quiero que me exciten tus trabajos y que transformes tu arte perfecto en algo sublime y sólo para mí...
¿Acaso estaba demente? ¿Cómo llegó a ese punto?
Sakura quitó los brazos de Kakashi y tomó su valija para retirarse.
El peliplata se percató de su intención y sujetó su mano antes que abriera la puerta.
Sakura lo miró una vez más y notó un extraño y seductor brillo en su mirada.
—Por favor, Sakura... —expresó—Sólo vos podrás hacerlo.
La pelirrosa analizó detenidamente la propuesta.
Si bien parecía perturbadora, no era descabellada en el sentido de mostrar su talento.
Si quería triunfar en la vida, debía tomar las propuestas casi imposibles como nuevos retos.
¿Pero cómo lograría expresar aquello que Kakashi esperaba?
—Lo haré una vez y si no me sale, dejaré este lugar—exclamó y Kakashi la soltó.
—Sakura... —una vez más, el peliplata modificó su tono de voz para llamarla. Era un seductor nato, eso era seguro y por ese motivo, deseaba demostrarlo en sus trabajos.
Sakura debía demostrar que ella podía ser mejor de lo que era y ese no sería un obstáculo.
—No te arrepentirás... —susurró y acarició su mejilla con lascivia, recorriendo el contorno de sus labios.
Sakura no estaba acostumbrada a ello, pero tampoco le disgustaba.
A ella le gustaba jugar. A él también.
Y ese sólo sería el comienzo del juego.
