Sentía su calor invasivo en cada rincón. Sus palabras cortaban cuán bisturí en su suave piel.
Él era un volcán en erupción. Su cráter despedía lava ardiente que no dejaba quemaduras en su cuerpo.
Sus manos la aprisionaban contra él, tentándola a caer sin pensar.
Ella no podía resistirlo. Él era demasiado intenso.
Su cuerpo se veía débil al lado del suyo. Se fusionaban, se volvían uno...
—Sakura...
Esa voz grave y ronca, mezclada con jadeos que mostraban su inminente deseo.
—Sakura...
Su cuerpo se sentía cada vez más cálido y húmedo. Su intimidad se encendía a cada momento...
—¡¡SAKURA!! —aquel llamado la devolvió a la realidad.
Abrió sus ojos. Kakashi estaba a unos metros lejos suyo, cruzado de brazos y con el ceño fruncido.
— ¿Se puede saber qué rayos te pasaba?
Aquella pregunta la incomodó. Su frustración le mostraba la verdadera realidad.
Al reflejarse en ese mágico espejo, notó que había pintado más allá de sus labios. Sus piernas estaban cruzadas y ella apoyada en el tocador.
Sudaba frío. Aún sentía ese cosquilleo al volver a recordar ese beso y pensar en cuán tonta se veía al imaginarlo.
Esto no le gustaba, comenzaba a sentir las consecuencias de la responsabilidad.
—Yo... —Sakura no sabía cómo justificar lo sucedido. Procedió a buscar los productos pars quitarse el maquillaje.
Kakashi regresó a la escenografía y trató de dejarlo listo para el momento en que llegarían las modelos.
Sakura notó su distancia y se lamentó por ello. No lo comprendía y eso la desconcertaba.
¿De eso se trataba realmente?
El silencio reinaba en el estudio y no volvieron a dirigirse la palabra.
Dos jóvenes que aparentaban menos edad de la que tenían, habían llegado al sitio.
Kakashi se encargó de recibirlas y explicarles el procedimiento de su labor.
—Tomaré una serie de 15 imágenes, en las que evaluaré el perfil que más les favorezca. Por eso, mi compañera se encargará de darle vida a esos rostros bonitos...
Sakura resopló.
Por un instante, se sintió molesta al haber escuchado ese calificativo.
Creía ser especial, pero no se trataba de ella.
Kakashi era así. Su pasión laboral se transformaba en un atractivo único que cautivaba a las personas que no lo conocieran.
¿O eso sentía solamente la pelirrosa?
Ella no podía aseverar esa idea. El peliplata era severo, sus peticiones eran rebuscadas y su proceder era incomprensible.
¿Sería ese el motivo por el cual no podía tener ninguna compañera?
—Sakura... —esta vez, su tono de voz había cambiado. Sonaba autoritario y estaba acorde a su expresión—Comenzá con ella, lucirá las sombras de edición limitada.
Sakura estaba obnubilada, observando los movimientos de los labios del Hatake.
Se sentía como una adolescente en su primer enamoramiento. Era demasiado complicado comprender sus propios sentimientos.
—Hola, me llamo Haki—se presentó la primer chica. La otra se alejó junto al peliplata.
Sakura trató de focalizarse en sus asuntos y olvidar lo sucedido.
—Bienvenida—exclamó con naturalidad y la guió hasta el tocador.
La joven se sentó y se maravillaba de la iluminación que esta tenía.
Sakura se dirigió a su valija y comenzó a buscar los productos que utilizaría.
—Esto es hermoso... —expresaba con emoción y sonreía frente al espejo.
La pelirrosa retornó a su puesto y corrió el cabello de su modelo.
Era sedoso y tan negro como la misma oscuridad.
—Un tono azul te quedaría perfecto—murmuraba.
—Sakura... —la chica musitaba con timidez. Percibía una extraña sensación en las manos de la Haruno.
—¡Lo siento! —la pelirrosa procedió a trabajar en los ojos de la joven.
Se sentía extraña. Algo de sí misma no le agradaba.
Suspiraba.
Cuando maquillaba a la chica, se reflejaba a sí misma.
Su mente la traicionaba.
—Deberás excitar a todos con el maquillaje. De ese modo, el trabajo será excelente—pensaba.
Mordía su labio inferior.
Su cuerpo parecía bailar mientras trabajaba.
Ella estaba completamente concentrada.
Kakashi, al otro lado, la observaba.
Se sorprendía al notar cómo realizaba su labor y esto le robó una ligera sonrisa.
—¿Entonces? —la muchacha lo sacó de sus cavilaciones.
—Bueno... —carraspeó y le dio la espalda a la Haruno —Ella se ubicará del lado izquierdo, aprovechando aquel decorado de tonos tenues y vos, del derecho. En tu caso, representarás la noche y ella el día...
Volteó una vez más hacia Sakura. Estaba intrigado por su trabajo.
En ese instante, notó que ella había comprendido su consigna.
—Ella está dando todo lo mejor y está alcanzando un nivel que nadie más pudo. Sólo es una novata con un gran potencial—cruzó sus brazos y suspiró.
Sakura había acabado con la joven y la acompañó hasta Kakashi.
Él se mostraba fascinado con el maquillaje y la chica estaba feliz por el trabajo de la pelirrosa.
—Bien, es tu turno... —expresó, dirigiéndose a la otra joven—Kakashi...
Él estaba pensativo y no le quitaba la vista de encima.
—Lo siento... —se disculpó ante la desatención— Ella será la noche.
Sakura asintió y ambas mujeres se alejaron hasta su rincón de trabajo.
Kakashi acompañó a la otra modelo y le indicó cómo debía acomodarse.
—La primera será una prueba. Necesito una expresión casual. Esto será para probar el enfoque—la joven asintió y giró su rostro hacia la salida, mordiéndose el labio inferior.
Kakashi no pudo evitar encontrar a Sakura en aquella expresión, lo cual lo desconcertó.
Suspiró y se ubicó detrás de la cámara. Enfocó el fresco y delicado rostro de la jovencita.
Captó su esencia en dos oportunidades y chequeó los resultados.
Estaba estremecido. Jamás había imaginado encontrar aquel eslabón que creía utópico.
Volteó hacia su compañera y notó que ya había terminado con la siguiente modelo.
Él se había atrasado. Sakura estaba junto a él. Le tocaba mostrar su magia en esa labor.
Sakura se quedó a unos metros, observando la sesión.
Kakashi se concentraba por completo. Estaba realmente focalizado en realzar el producto creado por Sakura.
Cuando hubo acabado, las jóvenes se retiraron.
Mientras tanto, Sakura se dirigió a su rincón y comenzó a guardar sus herramientas de trabajo.
Kakashi acomodó la escenografía y fue hasta la pelirrosa.
—¿Qué fue todo eso? —inquirió con desesperación.
Sakura estaba desconcertada. Desvió la mirada y suspiró.
—Creo que me habías dicho que debía excitarte a vos y luego al resto con mis trabajos. Traté de hacerlo y...
Esta vez, no fue su imaginación. Era tal como lo suponía.
Sus besos ahogaban una pasión desenfrenada que desembocaría en un ferviente río de lava.
El volcán había erupcionado, alcanzando a Sakura.
Kakashi la tomó de la cintura y la nuca, intensificando el beso.
Sus lenguas jugueteaban y sus alientos se cruzaban en una intensa batalla.
La pelirrosa estaba atónita. No creía que, al final, Kakashi fuera capaz de hacerlo.
Sentía los nervios y la ansiedad. Sus manos recorrían la espalda del peliplata.
—Jamás creí que fueras capaz de lograrlo... —susurró y bajó lentamente una de sus manos hacia su muslo.
Sakura lo detuvo de inmediato y lo quitó de encima suyo.
Lo enfrentó y sonrió.
—Yo logro todo lo que me propongo... —amenazó.
Kakashi mordió su labio inferior. No soportaba esa agonía.
—¿Sos consciente de tu maldita manera de provocarme? —espetó con un deje de frustración.
—No creí que fueras tan débil, Kakashi—Sakura dio media vuelta para recoger sus pertenencias, pero el peliplata no permitiría que ella le ganara la batalla.
—Quiero verte, Sakura... —espetó en un tono seductor, imponiendo sus propios deseos.
La pelirrosa comenzó a reír. Era evidente que el juego se tornaba aún más interesante.
—Estás haciéndolo... —respondió.
Kakashi sostuvo el rostro de la Haruno y la ubicó a escasos metros de la suya. Sakura notaba los jadeos del joven y sonreía.
—Quiero verte en mi cama, sólo una noche—propuso con descaro, dejando atónita a la Haruno.
¿Sería capaz de aceptar tal propuesta?
