El agua fría no era suficiente. La lluvia no la calmaba en absoluto.
Sus dedos masajeaban el cuero cabelludo, que emanaba un delicioso aroma a coco por el shampoo elegido.
Sakura siempre había tenido un complejo con su cabello. No sólo por su peculiar color, sino por el poco volumen. Este no solía cubrir su frente y esto generaba un complejo de baja autoestima que logró superar poco a poco.
Sin embargo, cuando las crisis solían rebasarla, canalizaba sus problemas en su complejo de inferioridad.
—Debería cortarme el flequillo. Así podré ocultar mis tontas expresiones... —murmuraba mientras quitaba el excedente de shampoo.
Suspiró.
Cerró sus ojos y recordó aquella propuesta indecente.
—Quiero verte en mi cama, sólo una noche...
No fue capaz de responder ni contradecir. Estaba enmudecida, desconcertada ante la súplica de una caricia o, incluso, una noche.
Por mucho tiempo, Kakashi estuvo observándola, desde la lejanía y sin tener oportunidad alguna de acercarse.
Sakura siempre estaba rodeada de sus propios compañeros y estos le pedían ayuda con sus prácticas.
Lo que Sakura nunca supo era que, durante sus exámenes prácticos, Kakashi era uno de los que evaluaba la imagen de las modelos.
Él siempre estuvo allí, observando el crecimiento exponencial de una joven talentosa.
Sin embargo, lo que también notó el peliplata era que Sakura tomaba las consignas al pie de la letra. Jamás se había animado a "jugar" con sus habilidades y despertar sentimientos ocultos en los demás.
Kakashi sabía que un talento como el de la Haruno no se podía desperdiciar entre los maquillajes y la peluquería.
Él deseaba que dejara su huella,es decir, una impronta en el ambiente y que nadie más la igualara.
Él la admiraba hasta ese punto.
No obstante, esa admiración traspasó las barreras. Comenzó a ver en Sakura a una mujer tímida, incapaz de dejar ver su lado apasionado y esa adrenalina lograba que se comportara de una manera diferente con ella.
Sabía que Sakura volvería a cumplir con las reglas a rajatabla, pero este trabajo se convertiría en un desafío completamente diferente para ella.
Inclusive para él, ya que debía lidiar con otro problema que podía llegar a darle jaquecas.
Sakura no dejaba de pensar en aquellas extrañas y tentadoras palabras.
Entendía que no era correcto que los sentimientos se mezclaran en el ámbito laboral. Eso le traería problemas.
Sin embargo, ese juego la intrigaba a tal punto que podría apostar sin tener siquiera alguna ficha.
Sakura solía guardar sus propios pensamientos y sensaciones. Había dejado todo su ser expresivo en su relación fallida con Sasori y no quería que nadie más se volviera a burlar de ella.
Quería aprender y experimentar. La pelirrosa comprendía que Kakashi conocía perfectamente el terreno de la seducción y ese sería un buen punto de partida para explotar su potencial.
Mientras destapaba la crema humectante, Sakura suspiraba. Pensaba cuál sería la respuesta correcta para poder continuar en su trabajo sin mezclar sus pensamientos impuros.
Kakashi era un hombre que atraía desde que se lo miraba, pero su carácter hacía que las mujeres huyeran desde el momento que compartían el trabajo.
No obstante, con Sakura era distinto. Kakashi no tenía ninguna intención que la pelirrosa lo abandonara y por eso trataba de atarla con algún tipo de lazo invisible al resto.
Sakura pasaba crema en sus piernas y, de repente, un escalofrío recorrió su cuerpo.
En su imagen mental, Kakashi nuevamente la besaba con avidez. Él demostraba su deseo y sus claras intenciones de tentarla al inframundo.
La Haruno mordió su labio inferior y recorrió los rincones de su cuerpo húmedo con la punta de sus dedos.
Las uñas dejaban un ligero rastro en sus muslos. Los suspiros eran claramente audibles.
Sentía temor, pero necesitaba comprobarlo.
—Después de tu relación fallida, creo que este será el mejor regalo que te haga... —las palabras de Temari fueron clave para tomar las riendas de sus bajos instintos.
Fue hasta el armario y revisó el cajón de su ropa interior.
Bajo una montaña de brasiers, se encontraba el regalo de su mejor amiga.
—Espero que no te envicies tanto con él. No existe un placer mejor que la de un ser con calor y humedad propia...
Temari sabía cuán candente era Sakura y cómo podría afectarle la falta de sexo.
En un punto, después de haber perdido su virginidad con Sasori, tuvieron algunos encuentros fugaces pero, de algún modo, sentía que la satisfacción no alcanzaba su máximo esplendor.
Ese objeto estaba intacto, ya que Sakura no se sentía preparada para darle un correcto uso.
No obstante, esa sería la primera ocasión.
Cerró los ojos y trató de hacer lo que Temari le había recomendado:
—Si no mentalizas a alguien en particular, te va a costar bastante llegar...
Resopló.
Lo primero que llegó a su mente fue su cabello platinado, su perfume y su tono de voz.
Luego, su manera de caminar, ya que parecía elegante y su pisada era imponente en su ámbito laboral.
Encendió su juguete y se sobresaltó al escuchar por primera vez el vibrador.
Se desconcentró.
Humectó sus labios y suspiró, tratando de focalizarse su mente en Kakashi.
Sentada al borde de la cama, su cuerpo aún permanecía envuelto en la toalla. Su cabello se encontraba mojado y las gotas caían sobre las sábanas.
Con su mano derecha, llevó el consolador hacia sus piernas. Su piel se erizaba y las sensaciones eran extrañas.
La subió lentamente hacia sus caderas. Sus movimientos eran torpes y toscos.
Sin embargo, el sólo hecho de pensar en Kakashi, sentía que el fuego interior se adueñaba de su ser.
Viajó a través de sus muslos, llegando a su abdomen. Aún no se animaba a ir más allá...
Lo llevó más arriba, hasta alcanzar sus pechos.
Estremecida y con sus jadeos en aumento, le dio mayor importancia al descubrimiento.
Sus pezones estaban erectos y denotaban la excitación que se manifestaba de manera implícita.
Abrió sus ojos y dejó caer su cuerpo contra la cama.
Sostenía el vibrador en su mano y jadeaba.
La toalla dejó todo su ser al descubierto.
Tragó saliva y mordió su labio inferior. Con su mano libre, masajeaba sus pechos mientras se armaba de valor.
Abrió sus piernas y llevó el consolador hasta el centro de ellas, despertando una nueva sensación para Sakura.
Ella sonreía y temía, pero quería más.
Lo dirigió hasta la fuente de sus más ocultos deseos. Su cavidad imploraba ser callada de inmediato.
Con unos suaves y vibrantes masajes, el cuerpo de Sakura experimentó una serie de cosquilleo propios del inicio de los orgasmos.
—Sakura...
Su voz y modo de llamarla, ese era su mayor debilidad.
Sus piernas temblaban y pedían más.
Olvidando su inexperiencia, trató de introducirlo y su inminente molestia le demostró que no estaba ejecutándolo correctamente.
Sin embargo, esa sensación tan placentera aún permanecía allí y debía saciarla.
Estimuló sus partes íntimas sólo con sus dedos y notaba que podía llegar fácilmente al orgasmos sin la ayuda del vibrador.
Jadeaba y lo nombraba a cada instante.
Jamás le había pasado tal cosa y ese deseo explotaba en el interior de su ser, dejándolo salir sin oponerse.
Expresó mediante gritos cuán excitada estaba y trataba de regular la respiración.
Fue una experiencia diferente pero muy placentera.
Con una sonrisa imposible de ocultar, Sakura decidió que debía irse a dormir...
Al día siguiente, Sakura fue llamada por Hiruzen.
Era extraño compartir la mayor parte del día con su jefe, ya que era bastante aburrido.
Se la pasaba fumando una elegante pipa y leyendo los periódicos matutinos.
Sakura estaba ocupada observando el catálogo que estaba próximo a lanzarse, cuando Hiruzen le comentó acerca de la presentación:
—Esta noche, serás mi dama de honor para la presentación de los nuevos maquillajes—exclamó en un tono sereno.
Sakura estaba nerviosa. Esa sería su primer evento como la maquilladora oficial de la empresa.
Sus manos hacen brillar a los productos que elaboran y eso favorece al éxito de los Sarutobi.
—¿Y cómo será ese evento? —inquirió Sakura, curiosa al pensar cómo podría vestirse para esa ocasión.
Hiruzen buscó en el cajón de su escritorio y sacó la invitación.
Sakura lo tomó y lo leyó, haciendo hincapié en el sitio donde se llevaría a cabo.
—Hotel Saion— le devolvió la invitación y miró fijo al hombre—. Es un sitio bastante elegante y fino.
Hiruzen notó la inseguridad de la Haruno y le regaló una dulce sonrisa.
—No te preocupes por la vestimenta. Irás junto con una de mis asistentes y te mostrará la amplia lista para poder elegir el que más te guste. Ella sabe más de etiqueta que yo...
Sakura rió ante el comentario y agradeció el gesto.
—No era necesaria tanta molestia.
—Quiero presumirte, Sakura. Los grandes empresarios del rubro estarán presentes y quiero que te conozcan—preparó su pipa y suspiró—. Además, tanto Kakashi como vos son los dos grandes empleados prometedores.
El que sólo le nombrara a Kakashi, Sakura se ruborizaba.
—Por cierto... —la pelirrosa estaba con muchas dudas.
Hiruzen notó la inseguridad de la maquilladora y la observó detenidamente.
—Respecto a Kakashi...
Hiruzen resopló. A menudo, cuando contrataba a las maquilladora, ellas se quejaban de su trato despectivo.
Él sabía cómo era Kakashi, pero no había motivo suficiente para apartarlo de su cargo, ya que sus trabajos eran impecables.
Por mucho tiempo, buscó a una compañera acorde a él, pero todas acababan renunciando por el trato directo con Kakashi.
Con Sakura no sería la excepción, así que esperaba una queja de esa magnitud.
—Bueno, bueno... —el tono de voz desestabilizó a Sakura. Recordó lo sucedido el día anterior y no pudo ocultar sus nervios— No creí verte aquí, Saku.
¿Saku? ¿Por qué motivo la llamaría así?
Ellos no tenían ninguna confianza como para que se tomara tal atrevimiento.
—¡Qué bueno que llegaste, Kakashi! —espetó el jefe, alegre ante la presencia de su empleado predilecto— Estaba por pedirle a Hinoki que la acompañara a la tienda, pero creo que será mejor que vayas vos.
¿Kakashi? ¿Cuál sería la diferencia? Él era un hombre y le costaba trabajo pensar que él tendría mejor gusto que una mujer.
—Si es pars Sakura no tengo ni un solo problema en acompañarla—susurró y miró de soslayo a la pelirrosa, esperando algún tipo de aprobación o rechazo de su parte.
—¿Estás de acuerdo, Sakura? —inquirió Hiruzen, dirigiéndose a la chica.
—Bueno, si eso no ocasiona problemas... —argumentó.
—Por supuesto que no... —respondió y se acercó a Sakura— No existe compromiso alguno que me lo impida.
Hiruzen se levantó e invitó a ambos a que se retiraran de la oficina, ya que debía chequear los últimos detalles para el evento.
—Los espero esta noche, Sakura y Kakashi.
El hombre se despidió, dejándolos a ellos nuevamente a solas en el pasillo.
Sakura cerró sus ojos.
Resoplaba.
Se sentía realmente incómoda.
—No deberíamos perder el tiempo... —espetó Kakashi, dirigiéndose al ascensor y dejando atrás a la pelirrosa.
Sakura estaba enfurecida con sí misma. Era un sentimiento descontrolado.
—¿¡Por qué estás haciendo todo esto!? —gritó Sakura, llamando la atención del peliplata.
Los ojos de la joven estaban acuosos e inyectados en rabia.
Kakashi pensó unos segundos y resopló.
El ascensor abrió sus puertas.
Kakashi sujetó la mano de Sakura y la arrastró al interior. Pulsó el número de piso más alto y arrinconó a la pelirrosa.
—¿Por qué hago qué cosa? —preguntó con desesperación.
El hecho de tenerla tan cerca, lo volvía loco. Su mente traicionera lo orillaba a pecar.
—¡Esto! —reclamaba Sakura, en busca de respuestas a una pregunta inconclusa.
—¿¡Esto!? —besó una vez más aquellos labios que lo habían hipnotizado el día anterior,explorándolo con más intensidad que antes.
Sakura notó que, nuevamente, su cuerpo necesitaba conocer qué ocultaba bajo tanta ropa.
Al llegar al piso indicado, Kakashi tomó la mano de Sakura y ambos corrieron en la dirección impuesta por él.
Ella lo recordaba perfectamente. Era ese estudio que parecía abandonado.
Parecían dos adolescentes desaforados.
Kakashi encendió las luces del tocador y arrojó al suelo todo lo que se encontrara allí.
Subió a la pelirrosa al escritorio y continuó besándola con lascivia.
Las manos de ambos viajaban por el cuerpo del otro, sin tener en cuenta el sitio donde estaban.
Kakashi acarició la espalda de la chica y ella jadeaba sin más. Él sonreía, ya que esto lo excitaba más de lo que imaginaba.
—Estuve pensándolo seriamente... —susurraba ella, entre jadeos— Y acepto el reto, Kakashi.
Sorprendido, él comenzó besando el cuello de la pelirrosa.
Ella ahogaba sus gemidos y él hacia todo lo posible por escucharla.
—Puedo asegurarte que será la mejor decisión que hayas tomado...
¿Cómo pudieron dar a conocer sus deseos ocultos?
Kakashi era un experto en sacar a flote todos los secretos de la gente.
Su elocuencia, generalmente, cautivaba a todas las personas que él se propusiera.
Sin embargo, el hecho de que Sakura trabajara su lado, no era un asunto que podía omitir.
Él siempre la deseó y esta era la única oportunidad de demostrarle cuánta pasión guardaba desde que la conoció.
Tuvo la fortuna de que ella estuviera dispuesta a saberlo, ya que su curiosidad era aún más grande que cualquier otra virtud.
