El deseo ferviente emanado de aquel cuerpo fibroso y una cabellera platinada, le daba la pauta a Sakura de que ese hombre pareció guardarle ese sentimiento desde algún tiempo.
Kakashi la besaba con una pasión desmesurada. Ella sabía de ello y lo había experimentado.
Le seguía el juego. Le gustaba, pero sentía que faltaba algo en el desarrollo que no acababa por convencerla.
Eso sería demasiado sencillo para el peliplata.
Ella debía tenerlo comiendo de su mano, no al revés.
Cuando Kakashi estuvo a punto de quitarle la ropa, Sakura lo detuvo y susurró:
—No es bueno comer el postre antes del plato principal...
El Hatake comenzó a reír. Sus metáforas parecían extrañas, pero bastante acertadas.
—Soy un hombre descuidado que suele saltarse las comidas—se excusó
—¡Qué pena! —la Haruno se apartó de Kakashi y bajó del tocador.
Se acomodó la ropa y el cabello.
—¿Acaso no estabas pidiendo eso? —inquirió Kakashi, inconforme con la actitud de Sakura.
—No me apetece. Te lo agradezco—caminó en dirección a la salida y el peliplata sujetó su muñeca.
Ella volteó a verlo y sus ojos emanaban una llama intensa y profunda. Sus sentimientos eran incomprensibles a simple vista y Sakura no tenía suficiente experiencia para entenderlo.
—¿Por qué lo hacés así? —preguntó.
Sakura frunció el ceño. Realmente no lo entendía.
—¿Por qué tu afán de provocarme, Kakashi? ¿Qué es lo que pretendés? —inquirió con molestia.
Kakashi sentía un profundo anhelo por poseerla y no pensó en el hecho que fue directamente al grano.
Si bien Sakura le siguió el juego hasta cierto punto, eso le dejó en claro que había algo que no iba bien.
—Yo sólo... —espetó, dudoso.
Sakura resopló y se soltó de Kakashi. Caminó hasta la puerta y giró la cabeza para encontrarse con el peliplata.
—Tenemos asuntos más importantes que atender. Hiruzen estará esperándome esta noche y dijo que sería como su dama de honor.
Kakashi levantó la vista y notó la determinación en Sakura.
Su mente estaba situado en el trabajo y sus acciones sólo resultaban invasivas.
Eso sería perjudicial para ambos si no lograba controlarse.
—Lo sé—se acercó hasta la pelirrosa y salió antes que ella—. Te llevaré al mejor local para que luzcas aún más hermosa de lo que ya sos—añadió y se dirigió hasta el ascensor.
Sakura estaba ruborizada y boquiabierta. En ese poco tiempo que estaba junto a Kakashi, él sólo le expresaba palabras en torno al deseo o la pasión.
Sin embargo, ese cumplido logró desconcentrarla.
—Gracias... —susurró y siguió al peliplata.
La noche no era fresca como habían anunciado.
La brisa era cálida y el verano estaba próximo a llegar.
Sakura se encontraba en su casa, ultimando los detalles para la presentación del nuevo producto.
Ya que ella sería una mujer altamente reconocida en ese lugar, debía lucir lo más hermosa y llamativa que de costumbre.
Kakashi la había llevado hasta un shopping de renombre, encontrando el vestido perfecto para la ocasión.
El peliplata se encargó de trasladarla a su casa, pero ese viaje fue mucho más silencioso y no existía ningún rastro de ese hombre sediento de pasión.
Sakura había logrado ondular su cabello y que adquiriera mayor volumen.
Sus labios lucían un rojo intenso, propio del nuevo producto de Hiruzen. Sus ojos, mostraban una sombra negra que hipnotizaba, realzando el color verde de sus orbes.
Para mantener la elegancia, Sakura decidió que era momento de estrenar un viejo regalo que había guardado.
Se trataba de un collar y aros de strass que brillaban de tal modo que, sin saberlo, podrían pensar que se trataba de joyería fina.
Su vestido negro, con hombros descubiertos, un sutil escote en V; alcanzaba el suelo y dejaba a la vista su pierna derecha gracias al corte en ella.
Sus tacos combinaban y la perfección, dejando a la vista que su belleza no sólo se encontraba en su rostro, sino en todo su cuerpo.
Se perfumó y oyó que su celular sonaba.
Lo tenía guardado en su cartera de mano, así que lo sacó de allí y atendió.
—Estoy en la puerta, Sakura.
—Perfecto. Ya estoy lista.
—Bien. Te espero.
Era Hiruzen. El anciano se ofreció a buscar a la joven, pese a que le había dicho que la esperaría en el lugar.
Cuando Sakura salió, vio el auto negro que esperaba en la vereda.
Allí, Hiruzen y su hijo Asuma esperaban por la chica.
El menor de los Sarutobi se bajó y abrió la puerta trasera del auto, permitiéndole que la chica suba sin inconveniente.
—Muchas gracias... —expresó al acomodarse.
Hiruzen, al volante, sonrió a través del espejo retrovisor.
—Mi padre me habló de vos. Un gusto en conocerte, soy Asuma—exclamó el hombre, con un claro tono de voz áspera debido a su adicción al tabaco.
De hecho, su cuerpo emanaba aroma a cigarrillo.
—Gracias, soy Sakura—respondió con amabilidad.
—Como Kakashi se encargó personalmente de mis asuntos, creí que sería correcto pasar a buscarte. Además, algunos medios de comunicación estarán allí presentes y quiero que me vean a tu lado. Que los demás conozcan tu trabajo.
Se sentía presionada. El hecho de asistir por primera vez a un sitio tan elegante, siendo una simple maquilladora, le generaba pánico.
Asuma se percató de ello y volteó su rostro para comprobarlo.
—No te preocupes por nada, Sakura. Mi madre también estará allí, si te preocupan lo que esos estúpidos reporteros digan...
Siendo franca, Sakura no pensaba eso. Su mente divagaba en Kakashi y cómo decidió rechazarlo así.
No quería malos entendidos y, mucho menos, que su jefe se enterase de ello.
—Bueno, Sakura—dijo el anciano cuando estacionó —. Es momento.
—¿Cómo debo actuar de ahora en adelante? —inquirió con temor.
Hiruzen soltó un pesado suspiro y respondió:
—Sé vos misma, Sakura. Los demás no te conocen, así que la primer impresión es lo que cuenta. Este será el primer paso hacia el éxito —guiñó.
Por un lado, la tranquilidad silenciada su mente inquieta.
Por otro, estaba mucho más intrigada por lo que fuera a suceder.
Al bajar del vehículo, Hiruzen le solicitó a la Haruno que tomara su brazo para ingresar al salón.
En la entrada un gran número de reporteros y fotógrafos estaban al tanto de la aparición del presidente de Sarutobi comp.
Sakura esbozó una sonrisa natural y trató de disimular lo mejor posible, pero sus nervios estaban traicionándola.
El hecho de estar bajo tantos flashes, micrófonos y escuchar múltiples preguntas, la mareaban.
Apretaba el brazo del anciano de manera inconsciente. Hiruzen lo notó y palmeó la mano que lo sujetaba.
—No te preocupes. Apenas hagamos esta presentación, podrás ir por ahí y tranquilizarte. Sólo serán unos minutos más.
La pelirrosa respiró profundo y asintió.
Ella siguió los pasos del Sarutobi mayor,quién lucía un elegante traje negro y unos zapatos de charol que impactaban directamente a quien los viera.
Sakura ignoró por completo a la gente, sólo se enfocaba en continuar el camino del brazo de Hiruzen.
Cuando se detuvo, un hombre lo esperaba con un micrófono en mano.
El Sarutobi le sonrió a Sakura y ella lo soltó.
Él fue hasta allí y tomó el micrófono.
—Buenas noches a todos los asistentes. En esta ocasión, sólo me limitaré a ser breve.
Sakura, a escasos metros detrás de Hiruzen, pensaba en cuán tonta podría verse si demostraba sus nervios.
—Durante los últimos años hemos pensado en desarrollar productos dirigidos al público femenino, pero no se trataba de algo simple.
Nuestra empresa desea destacar en el rubro y demostrar que nuestro catálogo es de primera.
Sakura levantó la vista y se dispuso a mirar rápidamente, topándose con la sonrisa del Sarutobi.
—Por favor, Sakura—invitó y se ubicó al lado del anciano.
Allí, notó a las personas que la miraban. Las mujeres, con recelo y los hombres, con admiración y deseo.
Sin embargo, ella deseaba ver a alguien en específico y no se encontraba allí.
—Sakura Haruno es la encargada de mostrarles a todos ustedes cuán perfecta puede lucir un rostro al utilizar nuestros productos. Así que, sin más preámbulos, saldrán a la venta estos nuevos productos. Recuerden que cada pareja llevará un kit de prueba. Muchas gracias— los aplausos no tardaron en llegar.
Sakura caminó detrás de Hiruzen y suspiró.
—Bien hecho, Sakura—exclamó el hombre, palmeando sutilmente su hombro.
—Gracias—sonrió.
—Podrás hacer lo que desees, Sakura. En aquel sitio—señalaba—están los bocadillos y, al lado, las bebidas.
—El baño de mujeres está al fondo de aquel pasillo—indicó Asuma, captando la atención de Sakura.
—Ese será mi primer destino, por el momento—bromeó.
Los hombres sonrieron y se alejaron de la pelirrosa.
Sakura los observó un instante y notó cómo un grupo de ancianos se acercaron a ellos para hablarles.
Suspiró y comenzó el viaje a su siguiente destino.
Caminaba con cuidado, levantando la punta del vestido para no arrastrarlo por el suelo.
Las voces, las copas y el aroma a alcohol predominaba en el sitio.
Las luces eran tenues y eso le generaba tranquilidad.
Cuando llegó al pasillo que Asuma le indicó, Sakura caminó con más tranquilidad.
Sus tacos golpeaban el suelo, dando un estilo único a su andar.
—De todos los lugares que existen en este mundo, jamás creí que te encontraría aquí, Saku—la voz masculina que la nombraba, generó en el cuerpo de la pelirrosa una parálisis imposible de controlar.
Su respiración de agitó y sus manos comenzaron a temblar.
Giró levemente su rostro y se topó con una expresión que lamentaba haberse encontrado.
Aún guardaba su cínica sonrisa y su mirada era despreciable.
—Estoy muy orgulloso de que hayas alcanzado la cima, preciosa—el hombre se acercó a la pelirrosa y la tomó por la cintura, hablándole con mucha más cercanía de la que podía imaginar.
—¿Qué querés, Sasori? —alcanzó a decirle. Su cuerpo estaba inmóvil y ella, impotente.
Por más que deseara hacerlo, Sasori había marcado su espíritu.
Él era el causante de todas las inseguridades de la pelirrosa.
—Ahora que te tengo tan cerca, con besarte no me bastaría...
Su aliento se volvía repugnante. Su cuerpo no la ayudaba.
¿Acaso volvería a caer tan bajo?
—¿Te encontrás bien, Sakura? —la voz que se agregaba a la escena, le dio ese pequeño choque eléctrico que necesitaba para reaccionar.
Al dirigir su mirada a Kakashi, notó el enfado emanado por sus poros.
Las lágrimas comenzaban a manifestarse, al mismo tiempo que el temblor de sus labios.
—Bueno, veo que alguien quiere interrumpirnos, preciosa.
Kakashi, sumido en la rabia, no sabía cómo actuar para ayudar a Sakura.
Sabía que esa expresión no era de complacencia. Estaba en aprietos y él no permitiría tal atropello.
