El ambiente se tornó pesado y oscuro. Kakashi trataba de contener su cólera frente a Sakura, ya que no quería dar una mala impresión.

—Supongo que ella no está a gusto, así que tengo la obligación de intervenir.

La sonrisa cínica de Sasori le daba el pie a Kakashi para acercarse a Sakura e intentar sacarla de ese aprieto.

—Es un asunto entre él y yo, Kakashi. No te entrometa... —exclamó la pelirrosa, con la vista hacia el suelo.

El amarre del hombre que fue, en un pasado cercano, su primer amor era mucho más fuerte de lo que podía suponer.

—Pero, Sakura... —la preocupación del peliplata captaba la atención de Sasori.

—¡Andate! —ordenó y cambió radicalmente su expresión de temor a una de coraje.

Ante el pedido, el Hatake no tuvo otra opción que retroceder y regresar por el mismo camino por el que había venido.

Aunque su cuerpo deseara lo mismo que aquel hombre, eso no le daba derecho a entrometerse en la vida ajena.

Dio media vuelta y caminó de prisa hacia el salón principal, chocando contra varios invitados.

Sakura sentía culpa, ya que él, tarde o temprano, le preguntaría por Sasori y ese era un tema muy difícil para ella.

—Supongo que ese hombre es un pretendiente —posó su mano en la mejilla de la Haruno y trató de llevarla hasta la comisura de sus labios.

La joven lo detuvo y también le quitó la otra que la mantenía en su cintura.

–Eso no te interesa—espetó y caminó en dirección al baño.

—¡Esperá! —Sakura chasqueó la lengua y giró la cabeza.

—¿Qué querés? —inquirió, demostrando su impaciencia y molestia.

—¿Podríamos...? —se desajustó la corbata y carraspeó —Digo, ¿Tomar algo afuera y charlar un poco?

Sakura resopló y se cruzó de brazos.

—Sólo 5 minutos. No tengo tiempo de sobra para perderlo con vos—espetó y continuó su paso.

Sasori, por su parte, sonrió maliciosamente.

Sus intenciones, clamente, nunca fueron buenas para con la pelirrosa.

No obstante, es difícil notarlo para quien no lo conociera.

Cuando sedujo a Sakura en la escuela secundaria, recurrió a sus tácticas más burdas para engañarla y lograr que ella se enamorara perdidamente de él.

Su objetivo siempre fue llevarla a la cama, pero le costaba trabajo que ella accediera a todas las "invitaciones" que él le hacía.

La primera vez que ella aceptó ir a la casa de Sasori, fue por un engaño de él al decirle que había organizado una fiesta por su cumpleaños. Ella se sintió decepcionada de los amigos que no fueron a ese evento y decidió acompañarlo.

Sasori, satisfecho al lograr que la pelirrosa se encontrara a solas con él, la trató de la mejor manera, utilizando palabras bonitas y maniobrando con los típicos cliché de las novelas más empalagosas que había leído en su vida.

Y así fue. Obteniendo su primer gran victoria, Sasori se aprovechó algunas veces más, antes que todo se viniera abajo...

—¿Acaso pretendés quedarte a espiar si salía o no? —la rapidez con la cual había salido, hizo que Sasori saliera de sus cavilaciones.

Asintió y siguió el paso de la pelirrosa, observando a las personas que los vieran salir.

No divisaba a Kakashi, así que se sentía tranquilo.

Al dejar el lugar del evento, Sakura caminó unos metros más lejos de la puerta principal.

Impaciente, Sakura confrontó a su pasado.

Dándole la espalda al sitio que acaban de abandonar, miró con desdén a ese hombre que aún tenía el valor para pedirle una charla.

—¿Qué pretendés? —comenzó diciendo. Resopló, cruzó sus brazos y desvió la mirada.

Con sólo verlo, removía sus recuerdos más dolorosos. Eso, claramente, era un punto en su contra.

Pero no podía seguir huyendo. Sakura quería superarlo y, por ese motivo, aceptó la petición de Sasori.

—Bueno, supongo que estoy contento por tu brutal ascenso en este rubro—espetó con serenidad–. A pesar de todo lo que pasó entre nosotros, debo admitir que te admiro por lograr tus objetivos.

Sakura esbozó una sonrisa ladina que fue captada por el pelirrojo.

Sus tácticas estaban funcionando, una vez más...

—Yo siempre logro lo que deseo—respondió con soberbia.

Sakura sabía que todas las palabras "bonitas" que expresaba Sasori, no tendrían buenas intenciones.

Ella trataba de encontrar el propósito, pero no lograba descifrarlo.

—Vaya... —reía y daba algunos pasos hasta quedar apegado a la pelirrosa—Veo que no sólo creciste en lo laboral, sino como una grandiosa persona.

Sasori enredó uno de sus dedos en el cabello de la Haruno y acercó su rostro hasta la comisura de sus labios, susurrándole con un alto grado de lascivia.

—Estás demasiado sexy esta noche... —susurraba y jadeaba.

Sakura entendió, finalmente, hacia dónde apuntaba su juego.

—Gracias, aunque no necesito que un patán me lo recuerde... —respondió y depositó un sutil beso en la comisura de sus labios,provocando al pelirrojo.

Cuando estuvo dispuesta a volver al salón, Sasori toma de la muñeca,atrayéndola hacia él.

—Pero qué... —sus labios fueron invadidos por los del pelirrojo. Su pasión, desbordante y carente de moral, intentaba llevar a Sakura a un viejo estado de suplicio de su propio cuerpo.

Fueron segundos en los cuales no podía tomar una decisión certera. Su mente estaba bloqueada, los recuerdos volvían a ella.

Una vez más, aquella persona se adueñaba de su débil personalidad.

Cuando regresó en sí, se percató de la presencia de un hombre que no esperaba.

Sus puños habían logrado lastimar a Sasori.

Las lágrimas de Sakura cayeron y despertó de aquel extraño estado de ensoñación.

Atónita, decidió salir corriendo por temor.

Se lamentaba por ser frágil ante Sasori. Él conocía sus puntos débiles y ella aborrecía no poder superarlo.

—¡Sakura! —exclamó Kakashi después de forcejear con Sasori.

—¿Qué mierda te pasa, idiota? —inquirió el ex novio de Sakura, enfurecido con el peliplata.

—¡NO VUELVAS A APROVECHARTE DE ELLA! ¿ME OÍSTE? —señaló el Hatake y fue tras los pasos de Sakura.

Sasori, encolerizado por la presencia de Kakashi, decidió hacerse a un lado por ese momento.

El dolor en su mandíbula resultó mucho más molesto de lo que creía, así que prefirió retirarse, sólo un rato...

Recluida entre los vehículos, Sakura estaba sentada contra una camioneta negra.

Con su rostro hundido entre sus piernas y las lágrimas que no cesaban, la pelirrosa buscó huir de cualquier reclamo.

—Hasta que te encuentro... —exclamó Kakashi, agitado después de correr por el estacionamiento.

Caminó hasta Sakura y se colocó en cuclillas. Acarició su cabello.

—No debiste entrometerte, Kakashi... —musitó con su voz quebrada.

Él sabía que no era correcto, pero no soportaba que ese hombre se aprovechara de Sakura.

Conocía perfectamente las artimañas masculinas y comprendió inmediatamente las intenciones de Sasori.

—Sé que estaba aprovechándose de vos y por eso...

—¡¡NO ERA TU ASUNTO!! —el rostro de Sakura, húmedo y con sus expresiones rígidas, apuntaron directamente al de Kakashi.

Él, con un atisbo de odio residiendo en su corazón, tomó la mano de la pelirrosa y se acercó aún más a ella.

—¿Cuánto tiempo más tengo que soportar no besarte ni acariciarte? —expresó sin miramientos.

Desde el fondo de su alma, en un vago rincón, sus sentimientos acababan de traicionarlo.

Sakura, perpleja ante sus palabras, secó las lágrimas para poder tomar la palabra.

—Este... Yo... —balbuceaba.

Realmente no comprendía la dimensión de aquella confesión, alcanzando un alto grado de incomprensión.

—Lo siento, fui muy desconsiderado... —haciendo marcha atrás a sus palabras, con sus mejillas enrojecida, Kakashi desvió la mirada.

Sin pensarlo dos veces, Sakura se abalanzó hacia él y lo besó con premura. Acarició su rostro con delicadeza y, en un arrebato de agradecimiento, se alejó y lo abrazó.

Kakashi reaccionó de inmediato, rodeando con sus brazos a la pelirrosa y fusionando sus propios aromas.

—¿Podrías llevarme a mi casa, por favor? —inquirió entre lágrimas.

Kakashi suspiró y acarició su cabello.

—Por supuesto.

Se levantó y tomó la mano de la joven.

Su vehículo se encontraba a escasos metros, así que no tuvieron que caminar más de lo debido.

El peliplata abrió la puerta del lado del acompañante y Sakura subió. Luego, Kakashi hizo lo mismo.

Antes de encender el vehículo, miró nuevamente a la chica.

Acarició su mejilla y sonrió cuando ambos cruzaron miradas.

—Todo estará bien...

Sakura estaba tranquila. Kakashi lograba darle esa cuota de paz que había perdido con Sasori.

—Gracias...

El Hatake arrancó el vehículo y esperó a que Sakura le indicara el camino.

Pero, lo que obtuvo a cambio, fue un rotundo e incómodo silencio.

Al detenerse en un semáforo en rojo, miró nuevamente a la joven.

—¿Te sentís bien? —inquirió con preocupación.

Normalmente, la pelirrosa suele mostrarse risueña y coqueta. En ese momento, parecía devastada.

—¿Podrías quedarte conmigo esta noche? —preguntó avergonzada.

Kakashi, ante la inesperada petición, volvió a besar a Sakura. Ella, entre lágrimas, se aferró al rostro del peliplata.

Volver a cruzarse con el pasado la dejó intranquila.

Necesitaba dormir y sentir esa seguridad en sí misma.

—Estaré dispuesto a lo que sea para verte feliz, Saku...

Ella desconfiaba del amor, pero las palabras de Kakashi la convertía en escéptica de sus propios ideales...