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04# Encaje


— ¿No crees que Peter actúa de forma extraña?

— ¿A qué te refieres?

MJ era una chica perceptiva pese a su inmutable gesto de aburrimiento; era sorprendente la cantidad de detalles que podía notar con solo echar un atento vistazo a la situación.

— Tan solo míralo, ¿no notas algo?

— Pues... — tampoco era como si Ned fuese un chico especialmente perspicaz — No lo sé, ¿untó demasiada mantequilla en su pan? — tal comentario le ameritó un golpe en el hombro.

— Estoy hablando en serio — hizo que prestara nuevamente atención — Camina de una forma extraña.

Ned alzó una ceja, ¿caminaba cómo? Por inercia, iba a mirar el cuerpo de su amigo, pero reaccionó a tiempo, ¡hubiese sido demasiado incómodo!

— Acabamos de tener gimnasia, ¿quién no caminaría raro luego de correr por media hora?

Normalmente, MJ habría sostenido su observación pero, quizá, esta vez, Ned tenía razón: para un chico delgado, sin la mínima condición física, correr por tanto tiempo debía ser una razón para caerse por el suelo

— Tal vez tengas razón...

— Claro que sí — luego sonrió con cierta diversión — Debiste mirar mucho tiempo su trasero como para darte cuenta de algo como eso... ¡!

Recibió un nuevo golpe, mientras la chica luchaba para desaparecer el sonrojo de sus mejillas.

Al salir de clase, Peter se disculpó con ellos porque no podría acompañarlos al centro de videojuegos; fingió un dolor de estómago para desviar su camino hasta una zona departamental de Queens, discreta y silenciosa.

Ya lo esperaban.

— Llegaste a las 3, tal como te lo pedí.

James se encontraba sentado en el sillón, con la pierna cruzada y recorriendo su cuerpo con la mirada; vestía un fino traje de color azul oscuro, cuello alto y con aquella irresistible loción invadiendo la habitación.

Peter fue incapaz de contener un jadeo; el cosquilleo entre sus piernas se agravó considerablemente.

— Quítate el pantalón.

Parker no podría asegurar cuándo comenzaron las citas a escondidas, el sexo apasionado; los juegos atrevidos, los retos y las órdenes que lo colocaban de rodillas ante ese maravilloso hombre... pero sí sabía que, desde que James y él se miraron por primera vez, no pudieron apartarse nunca más.

Se deshizo de sus tenis, despacio; desabrochó su cinturón, deslizó el pantalón de mezclilla, alzando la parte inferior de su playera y sosteniéndola con sus labios.

Reveló una pequeña y rosada prenda interior que Bucky le ordenó llevar todo el día; estaba húmeda pues, conforme la hora de su encuentro se acercó, su cuerpo se preparaba para darle la bienvenida.

— La llevé... todo el día — sus mejillas se teñían de cereza— Hice lo que me ordenaste, ¿soy un buen chico?

Barnes se levantó y caminó hasta él; tan solo sentir sus ojos recorrerlo, Peter sintió que caería de excitación. En respuesta, James lo sostuvo de la cintura, estrechándolo contra su cuerpo.

— Eres un buen chico — susurró sobre sus labios — Eres mi buen chico.

Solo suyo.