La noche aún era muy joven para marcharse.

El calor se manifestaba lentamente, tomando posesión de los cuerpos de dos compañeros que se atraían en silencio.

Kakashi comprendía el sentimiento de impotencia de Sakura. Él notaba su rabia e intentaba que volviera en sí para encontrar una solución.

No obstante...

—¿Podrías quedarte conmigo esta noche? —una súplica cargada de inseguridades. Kakashi no podía hacer oídos sordos.

—Estaré dispuesto a lo que sea para verte feliz, Saku... —susurró y besó lentamente su mejilla.

La pelirrosa se aferraba a sus hombros, arrugando su traje.

Ambos, separados por la palanca de cambio, deleitaban su olfato con el perfume de su compañero.

El de Kakashi, aquel intenso aroma que hacía delirar a Sakura. El de ella, el mismo que lograba despertar los sueños más ocultos en él...

El aliento del peliplata, a escasos metros de su lóbulo, la estremecía. Pellizcaba su cuerpo, deseando romper con aquella muralla que los mantenía como simples compañeros de trabajo.

—Sakura... —expresó, jadeando y con una mirada lasciva que devoraba todo a su paso.

Él la miró detenidamente, contemplando el color verde de las orbes de la chica. Acariciaba delicadamente sus labios, delineándolo con paciencia y deseo.

Sakura,por su parte, estaba tan nerviosa y desesperada, que mordía su labio inferior con sensualidad. Kakashi lo vio claramente y ese se había convertido en un movimiento muy atractivo para él.

No lo soportaba. Necesitaba mostrarle cuánto le gustaba desde que la vio por primera vez.

Aquella joven ocultaba un alto nivel de erotismo que, para Kakashi, era peligroso.

La pelirrosa acercó el rostro del Hatake y asaltó su interior con premura.

Estaba claro que ambos se controlaron hasta donde pudieron, pero sus bajos instintos pedían por más...

El semáforo cambiaba sus luces. Nadie se encontraba en la calle en ese momento.

La adrenalina, un factor clave para encender las llamas de la pasión, fue el principal espectador en este show.

Sakura levantó un poco su vestido y trató de sentarse a horcajadas de Kakashi.

Dado la incomodidad y el poco espacio disponible, el peliplata le indicó que se dirigieran al asiento trasero.

Bajaron con prisa, jadeaban sin más.

Al ingresar al siguiente nivel, Sakura logró su cometido, ubicándose de manera estratégica sobre el miembro de Kakashi.

El peliplata la abrazaba con fuerza. Recordaba el rostro del oportunista que acababa de besarla y la rabia le daba el impulso necesario para sacar a su bestia.

—No creo que esto sea nada romántico... —gruñó él, haciendo reír a Sakura.

—¿Quién dijo que yo quería algo así? —musitó y levantó un poco más su vestido. Tomó las manos del hombre y la llevó directamente a sus muslos —El amor no fue hecho para mí.

Kakashi, asombrado por el rotundo cambio de actitud de Sakura, deslizó sus manos por los muslos de la joven. Mordía su labio inferior al escucharla jadear y retorcerse del placer que imploraba recibir.

Con suma cautela, dirigió una de sus manos hacia la intimidad de la chica, notando cuán húmeda estaba. Acarició delicadamente, mientras observaba cómo ella buscaba desesperadamente que él dejara expuesto su miembro.

Kakashi bajó el cierre de su pantalón y se movió apenas para bajarlo y, que de algún modo, no le molestara.

Su erección era realmente exquisita bajo la mirada de Sakura.

Se acercaron nuevamente, besándose con locura y pasión. Ambos deseaban lo mismo y estaban dispuestos a lograrlo...

La pelirrosa se ubicó en el sitio exacto, sintiendo la dureza del miembro de su compañero en su interior.

Quemaba y se fusionaba con torpeza. La desesperación los dejaba en evidencia.

Sin embargo, los movimientos no se hicieron esperar.

Ella danzó con premura sobre él, demostrándole que todo lo que imaginaba no quedaría sólo en su mente.

Él era pasión pura. Ella, una simple pecadora dispuesta a caer en el infierno.

Kakashi abrazó con fiereza a la joven y dio su gran aporte al embestir con firmeza aquel cuerpo insaciable.

Colocó una de sus manos en el cuero cabelludo de la pelirrosa y la otra en su cintura, ampliando el rango de placer recibido por la joven.

Aquel fugaz encuentro, no acabaría allí.

Una vez que su primer batalla culmina a, sus rostros se apegaron. Sus alientos se mezclaban y sus miradas se perdieron en el otro.

—¿Estás segura de que podrás estar tranquila a mi lado? —espetó Kakashi.

—No quería estar tranquila. Con estar con vos me basta y sobra... —respondió en voz baja.

Kakashi se ruborizó. No esperaba oír tal frase de los labios de aquella joven.

—Seré todo lo que quieras. No me importará ser esto o tu compañero de trabajo, si eso significa verte feliz.

Hace algunos meses, Sakura había jurado que no volvería a ilusionarse. El amor no existía y, por ende, no se enamoraría.

Pero, cuando escuchó a Kakashi, un sentimiento de añoranza afloró en su corazón. Las lágrimas brotaron de su ser y esto hizo que se alejara del Hatake.

Desconcertado, el peliplata observó su comportamiento en silencio.

Sakura retornó al lugar del acompañante y acomodó su cabello.

Mientras Kakashi se vestía, ella musitó:

—Cambié de opinión. Necesito estar a solas...

Si bien esto lo enojaba al Hatake, creyó que lo mejor sería respetar su decisión y hablar con ella en otro momento.

—Está bien —respondió frustrado.

Los recuerdos del pasado de Sakura eran lo suficientemente fuertes como para desestabilizarla.

Cuando creía haber superado a Sasori, su encuentro le demostró que eso no fue así.

Después que Kakashi la dejara en su hogar, la pelirrosa decidió bañarse.

En aquel sitio de relajación, reflexionó acerca de lo sucedido esa noche.

Sasori aún tenía intenciones de lastimarla y eso la exasperaba.

Quería cerrar ese libro para siempre y olvidar todo el daño que había tenido por su relación, pero sería complicado si su presencia se tornara molesta.

Necesitaba pensar. Quería saber cómo continuar con su vida amorosa y eso incluía a Kakashi.

¿Acaso el detonante de su encuentro sexual con Kakashi fue el despecho hacia Sasori? ¿O, simplemente, se dejó llevar por sus más bajos y oscuros instintos?

Sakura debía ordenar su corazón...

Al salir de bañarse, fue en busca de su celular que no paraba de sonar.

Era lo suficientemente tarde como para que su jefe la llamara y suponía que Temari estaría durmiendo, lo cual no le daba opciones para imaginar de quién se trataba.

Número desconocido.

Hola— respondió en un tono áspero y con desconfianza.

—¡Qué alegría es comprobar que este es tu número! Sakura, quisiera realmente invitarte a cenar. Tengo muchas cosas que hablar con vos y esta noche no fui muy cortés...

Nuevamente, su fantasma retornaba...

—¿Aceptarías? —el silencio fue testigo de una decisión que cambiaría el rumbo de su corazón.

Sólo bajo mis propias condiciones. Y será la última vez que nos veamos, Sasori.

El infierno la había recibido con los brazos abiertos, pero aún residía la esperanza de ser rescatada.

El ángel caído la arrastraría al sufrimiento, pero su espíritu logrará dar el veredicto final.

¿Qué es lo que tiene en mente?