La noche estaba mucho más activa que de costumbre.

El aroma a diversas comidas se mezclaban entre sí, despertando el apetito.

Las freidoras trabajaban arduamente, notándose en los pedidos del menú del día de los clientes: pollo al spiedo y papas fritas.

La temperatura era ideal. Afuera estaba fresco, pero dentro del restaurante era óptimo.

Los mozos iban y venían. Sakura observaba cómo se repetían las mismas secuencias: Un mozo llevando una bandejas con dos platos del menú recomendado por el lugar. Una pareja a la espera y sonrisas en ambas partes.

La moza, la encargada de llevar la cuenta a los clientes y dejar la mesa, ahora libre, lista para los siguientes comenzales.

—¡Perdón la tardanza! —espetó Sasori, sacando a Sakura de sus cavilaciones. El pelirrojo mostraba un claro indicio de haber corrido, ya que el sudor caía por su frente.

Se sentía hastiada por llegar con varios minutos de anticipación, pero debía cerrar esa historia.

—No te preocupes... —respondió con desinterés, revolviendo lentamente el café que, claramente, parecía haberse enfriado.

Sasori se quitó el saco y lo ubicó en el respaldo de la silla que esperaba por él. Acomodó su corbata y tomó la carta, leyendo rápidamente.

—¿Qué te gustaría cenar, Saku? –exclamó escondido tras el menú. Sakura lo miró de soslayo y rodó los ojos.

—Cuando elijas algo, veré qué pediré... —respondió con desinterés.

Carraspeó y sobaba las manos sobre su vestido.

Había ido elegantemente bonita, tal como le gustaba. Pero ese precio sería muy alto frente a Sasori.

Él era indecoroso y nada discreto con sus pensamientos. Sabría que su plan tendría resultado si le seguía la corriente.

Pero...

—Tomá, yo ya elegí—exclamó nuevamente Sasori, exaltando a la pelirrosa. Sakura recibió la cartilla y observó rápidamente los precios.

Se quejaba de haber elegido ese restaurante, ya que sus precios eran ridículamente altos.

Sin embargo, debía apelar a un viejo truco de su bolsillo.

—Estoy a dieta. Sólo pediré una ensalada... —alegó con seguridad. Cerró la cartilla y llamó al mozo.

El joven asintió y rápidamente se acercó a la mesa.

—Buenas noches, ¿Qué desean encargar? —el joven, de contextura robusta y voz grave, generaba curiosidad en el pelirrojo.

De cierto modo, admiraba tales características en un muchacho tan joven, pero él también poseía otros atributos que las mujeres admiraban de él.

—Ensalada, por favor—encargó la Haruno.

—Lo mismo que la señorita, si no es mucha molestia—agregó el pelirrojo, sorprendiendo a Sakura —. Y un champagne...

—Entendido. En breve estarán sus pedidos. Con su permiso —exclamó respetuosamente y se retiró con prisa.

Sasori esperó a que el joven se alejara lo suficiente para reír sutilmente. Sakura estaba fastidiosa y no lo disimulaba.

—¿Qué pretendés con todo este circo? —espetó y resopló.

El pelirrojo apoyó su codo sobre la mesa y dejó caer su rostro en la palma de la mano. Con una mirada seductora y una sonrisa juguetona, expresó: —Pues, no iba a pedir algo relativamente pesado mientras mi hermosa compañera saborea una insípida ensalada.

Sakura chasqueó la lengua. Había olvidado que Sasori era extremadamente sarcástico cuando deseaba molestarla.

—A lo mejor, cuando te veo, siento tanta repulsión que mi estómago se rehúsa a comer... —respondió, redoblando la apuesta.

El rostro de Sasori mostró un deje de molestia. Punto a favor de la Haruno.

Sakura estaba ansiosa. Quería regresar a su casa y dar por finalizado todo ese asunto.

Los minutos eran eternos y la incomodidad se acrecentaba.

—Señores, disfruten de su cena—exclamó el mozo, dejando prolijamente cada plato en su respectivo sitio.

Luego, destapó el champagne y Sasori agradeció el gesto, advirtiéndole que él serviría la bebida.

El muchacho se retiró y el pelirrojo comenzó a servir el champagne.

—No creí que tuvieras tan buen gusto, Saku —exclamó de un modo molesto.

Sasori le dio su copa y la pelirrosa lo dejó a un costado, lejos de su plato.

No obstante, Sasori estuvo a punto de dar el primer sorbo. Al notar que Sakura no tenía intención de tomar, suspiró.

—Al menos, brindemos. No te obligaré a beber si...

—Prefiero comer antes de tomar lo que sea—justificó y comenzó a degustar su cena. Sasori sonrió, apoyó su copa y copió a su compañera de mesa.

Sakura notó eso y frunció el ceño.

—Si tu rostro se muestra tan rígido, perderás tu belleza, muñeca... —exclamó, enarcando una ceja.

Luego de varios bocados, Sakura estaba preparada para oír a su ex novio.

Tuvo que relajar su mente y acallar sus malos pensamientos para proceder a su siguiente movimiento.

—¿Por qué tu afán de contactarme? —comenzó preguntando Sakura. La impaciencia la dominaba y quería llegar hasta el punto de inflexión de Sasori.

—¿Acaso te parece extraño que tu ex novio te extrañe o quiera verte? —respondió, desviando el tema.

—Teniendo en cuenta cuán complicada fue nuestra ruptura, si. Además, nada de lo que venga de vos podría ser confiable... —espetó, comiendo el último bocado.

Sasori esbozó una sonrisa ladina y suspiró.

—Bueno, un simple desliz con una niña bonita no debió haber sido motivo de tal escándalo, pero no te culpo. El amor suele ser muy traicionero —los dedos de su ex novio acariciaban el cristal de la copa mientras hablaba. Sakura se había perdido en aquel movimiento.

Al ordenar sus propias ideas, trató de tomar la delantera.

—La juventud y la inexperiencia me ganó de mano. Lo siento, pero la ingenuidad ya no reside en mi ser—exclamó y levantó su copa. La acercó a él y sonrió —¿Por qué brindaremos?

El pelirrojo imitó su acción y suspiró.

—Bienvenida al rubro, muñeca. Realmente siento mucha admiración y deseo hacerte una propuesta muy tentadora... —exclamó en tono seductor.

En ese instante, la pelirrosa elaboró muchas teorías, pero la de una segunda vuelta en su relación era la que más pesaba.

¿Podría ser cierto?

—¿De qué se trataría? —inquirió, tratando de buscar alguna pista.

—Bueno, mi jefe está muy interesado en la labor que hiciste para los Sarutobi y desea conocerte, proponerte trabajar con él y ofrecerte el doble de lo que ganás con Hiruzen—guiñó—Tentador, ¿Verdad?

Pensó un momento. Aún no sabía quién podría ser su jefe. Ni el verdadero motivo de la extraña propuesta.

Además, de pensar en aceptarla, tendría que trabajar con el pelirrojo y eso ya le molestaba.

—Supongo que ese vejestorio no querrá dejarte ir... —añadió.

Sakura miraba la hora en el reloj de pared.

Sudaba frío. Realmente quería irse.

—Lo pensaré... —respondió insegura. Sasori lo notó y también quería redoblar su apuesta

—Estaré al pendiente, preciosa. No sólo de eso... —acercó lentamente la mano hacia la de ella —Sino de vos.

Sakura respiró profundo y quitó la mano que tenía cerca de Sasori.

Tomó el contenido de su copa de un sorbo y se levantó.

Buscó en su cartera el dinero y la dejó sobre la mesa.

—Tengo que irme, mañana tendré que trabajar y necesito descansar, adiós—al dar dos pasos, detuvo su cuerpo inmediatamente, volteando hacia el pelirrojo—. En cuanto a la propuesta, olvidame. No abandonaré a Hiruzen para ir con tu estúpido jefe—llevó los dedos índice y mayor a sus labios y lanzó un beso irónico hacia su ex novio.

Enfurecido, Sasori golpeó la mesa. Por dentro, insultaba a todo aquel que apoyaba el plan fallido.

Sakura había cambiado, efectivamente.

La pelirrosa salió del restaurante y se aferró a su abrigo.

El frío se había incrementado y sus piernas sufrían las consecuencias.

Maldecía por haber elegido un vestido y no un pantalón, como le gustaba usar.

—Creí que se irían juntos a casa... —un tono molesto y sarcástico se oía detrás suyo. Lo conocía demasiado bien.

Al voltear, el peliplata había tomado su mano y la guió hasta su vehículo.

Sakura, sin poder entender, siguió los pasos de Kakashi. Subió del lado del acompañante y él se encargó de conducir.

¿Acaso él era un héroe encubierto o por qué siempre aparecía en el momento justo?

—¿Qué es lo que pretendés, Kakashi? —preguntó en voz baja.

El peliplata sonrió y acomodó su cabello.

—Hoy conocerás el paraíso...

Si, el mismo del cual había huido.

Porque Kakashi era, efectivamente, un ángel caído.

—Te llevaré a mi hogar, porque lo de anoche fue un simple bocadillo y yo aún sigo hambriento...—argumentó, adueñandose de los labios de Sakura.

Besando con un potencial deseo de poseerla, la pelirrosa no se quedaría atrás.

Ambos se deseaban y mucho.

A escasos metros, un despechado hombre observaba la escena y la grababa.

Esa sería prueba suficiente para conseguir lo que quería de la pelirrosa.

—Así que ese era el motivo por el cual rechazaste mi oferta, Saku... —espetó Sasori y guardó el video en la memoria de su celular.

Al fin y al cabo, todas las pruebas serán suficientes para usarlas a su favor.