¿Escucharon alguna vez que la manzana representa al pecado?
Sakura sí. De hecho, era su fruta favorita. Siempre que iba a una verdulería autoservicio, su tiempo se desperdiciaba al contemplar el brillo y el color rojo intenso de cada manzana, al punto de mostrarse mañosa al elegirlas.
Jugosas, sin un solo rincón blando, así eran las que más le gustaban.
Kakashi era pecado. Su manzana prohibida y excitantemente deliciosa.
Su cuerpo, delgado y sin una sola marca exagerada en sus músculos, despertaba la curiosidad en la pelirrosa.
Mientras él la besaba con lascivia, dentro de aquella pequeña y acogedora casa, ella espiaba a su compañero.
Recorría su abdomen con la yema de sus dedos, causando una electrizante sensación que llegaba a todo su cuerpo.
Jadeante y desesperado, Kakashi buscaba el delicado y suave cuello de la Haruno. Embriagado por su esencia, él perdía completamente su cabeza al estar con Sakura.
¿Cuándo comenzó todo esto? ¿Desde cuando estos amantes emprendieron un viaje tan peligroso?
Desde que conoció a la pelirrosa, Kakashi tuvo una gran curiosidad por explorar sus pensamientos y sentimientos. Ella se mostraba tímida y eso le permitía pensar que podría ser aún más intrigante e interesante para el Hatake.
Sus labios permanecían unidos, mordisqueando suavemente, denotando su desmesurada pasión desde aquel furtivo encuentro que dejó al peliplata demasiado sediento.
Sakura tenía sus ojos entrecerrados. Era como un sueño del cual no quería despertar.
Su cuerpo tenía un gran dominio sobre su mente y no podía pensar en cómo canalizar sus más bajos instintos.
—Perdón por ser así, es que estoy hipnotizado por tu belleza—susurró y jadeó.
Sakura mordió su labio inferior y luego esbozó una sutil sonrisa. A decir verdad, escuchar a Kakashi tan desesperado le causaba mucha ternura y se aprovechaba de aquella debilidad que él tenía por ella.
—Entonces... —sujetó su rostro y se acercó a su oído. Lamió suavemente el lóbulo de su oreja izquierda y susurró: —Ahora te lanzaré el hechizo más potente que hayas conocido jamás.
Recorrió el cuerpo de su compañero con sus labios y lamía con claras intenciones de provocar aún más a Kakashi. Comenzando desde su cuello, dejando una clara marca por la euforia de degustar su perfume; continuó por su abdomen, quitando la prenda superior del peliplata y revoleándolo al suelo, rasguñó su espalda y él gimió al son de los movimientos de la pelirrosa.
Kakashi comprendió enseguida hasta dónde pretendía llegar. Si bien sentía curiosidad, no era lo que realmente esperaba hacer en ese momento.
Sakura aflojaba su pantalón mientras besaba a su amante, pero fue detenida intempestivamente luego de dejar expuesto el miembro.
El Hatake sintió un gran alivio al liberar de su prisión a su único compañero de vida, testigo de miles de pensamientos pecaminosos llevados a la acción.
Sin más preámbulos, él quitó el vestido de la Haruno, dejando sólo sus prendas interiores que, por cierto, se veían más sexys de lo que imaginó.
No cabía ningún tipo de imaginación. Aquella tela transparente que cubría sus zonas más ocultas, le permitían al peliplata poder imaginar cuánto placer deseaba otorgarle en un plazo menor de lo que calculaba.
Estaba realmente excitado de contemplar aquella belleza sublime y que sólo él podría degustar.
—¿Acaso pretendías algo más con ese tipo? —inquirió, arqueando una ceja y deslizando sus largos dedos por los hombros de la pelirrosa.
—Pues... —cruzó sus brazos, tapando sus pechos y evadiendo una posible respuesta incómoda.
En principio, la idea de Sakura fue sacarle información a Sasori. Fuera como fuera.
Se había preparado mental y físicamente para eso, llevando sus mejores armas seductoras. Su ex novio era un hombre muy fácil en cuestión del amor y sabía que su debilidad era el sexo opuesto.
Por esa razón, trató de organizar su vestimenta, tanto exterior como interior; el maquillaje y su mejor cara, aunque este último no la favoreciera del todo.
—Tenía que tener un as bajo la manga, aunque dudo mucho que él llegara a verlo—aseguró y sonrió.
Kakashi levantó apenas el mentón de su compañera y delineó los labios con su índice.
—¿No querés admitir, mi preciosa hechicera, que podías ver el futuro y todo esto lo estabas haciendo por mí? —preguntó con un deje de deseo que contagio fácilmente a la pelirrosa.
Ella sonrió y siguió su juego. Adoraba esa química que tenía con Kakashi. Nadie más pudo despertar aquel deseo.
—Si respondiera que sí, ¿Cuál sería tu reacción? —Sakura redoblaba la apuesta. Kakashi era un hombre que sabía apostar en el plano amoroso y ella no sería una rival sencilla.
Comenzó a reír y se alejó de Sakura.
Pasó por su lado y quedó detrás de ella. Él era un poco más alto que la Haruno y aprovechaba esa ventaja para llevar a cabo su plan.
Sujetó su cintura y, con su mano libre, enredó sus dedos entre sus finos y sedoso cabellos rosados.
Aquella juguetona mano que se encontraba estratégicamente en su abdomen, fue bajando lentamente hasta su intimidad, rozando sus dedos encima de su prenda interior.
—Podría agradecértelo de una manera muy placentera. Estoy dispuesto a hacerlo de manera sutil o ruda, esa es tu elección—susurró.
Sakura jadeó ante el atrevimiento. Se sentía abrumada ante el apasionado Kakashi que estaba dispuesto a sumergirla al mismísimo infierno.
Sin embargo, esto no impedía que ella se dejase llevar.
Sin responder nada más, tomó la mano del peliplata y la guió hasta su intimidad, esquivando la braga que impedía ver más allá de ella.
La mano de Kakashi se encontraba tocando una fracción de aquel paraíso terrenal que anhelaba poseer.
Su miembro reaccionaba furiosamente ante la acción ejecutada. Kakashi sabía lo que Sakura esperaba y por eso no dejaría que pasara más tiempo.
Masajeó con delicadeza y besó su cuello mientras ella arquea a su espalda al sentir cómo aquellas cosquillas la hacían delirar de placer.
La humedad de su ser empapaba los dedos del peliplata, elevando su temperatura corporal a límites inimaginables.
Desabrochó el brasier y con la yema de sus dedos acarició los brazos al bajar los breteles. Sakura ayudó con el otro, ya que el peliplata se encontraba ocupado.
Ya no quería dejar pasar más tiempo. Él la deseaba mucho más de lo que podía imaginar. Su cuerpo pedía por el de ella. Kakashi pensó muchas noches cómo sería aquel encuentro.
La cargó en sus brazos y la llevó hasta su habitación.
La dejó en su cama y cerró la puerta.
Apagó la luz y encendió el velador para que la iluminación sea más tenue.
Quitó sus prendas restantes, zapatos y pantalón, dejando únicamente su cuerpo a merced de su compañera. Lo mismo hizo con ella, arrebatándole su brasier y quedando expuestos a lo que podría ser el comienzo del fin en sus deseos.
Kakashi se ubicó encima de Sakura y apoyó su firme y candente miembro sobre la intimidad de su compañera, demostrándole aquello que lograba con sólo mirarla.
Se fundieron una vez más en un intenso beso, aferrándose con fiereza a la cabellera de su amante.
Sakura también quería acelerar el proceso. Realmente se sentía muy excitaba al jugar con Kakashi.
Abrazó y lo acercó más a ella, enredando sus piernas alrededor de la cintura del peliplata.
Él revolvió su cajón de la mesa de noche mientras la besaba. Allí lo encontró y se alejó un poco de ella para colocarse el preservativo.
—Siendo franco, me gustaría no usarlo, pero es mejor que seamos precavidos—espetó mientras abría el paquete y se lo colocaba.
—Ese día no dijiste nada por hacerlo así, sin protección. Pero tenés razón... —confirmó la pelirrosa.
Una vez que terminó, se ubicó entre sus piernas, esperando la respuesta a la pregunta que le había hecho anteriormente.
Sakura no le había respondido hasta entonces, pero creyó que ese sería el mejor momento.
—Considerando que ambos estamos hambrientos el uno del otro, me gustaría conocer esa rudeza de la que tanto alardeas...—provocó y Kakashi tomó ese desafío.
Se acercó hasta sus senos y besó cada uno de ellos, deleitando sus oídos con los jadeos de su compañera de cama.
Masajeó sutilmente cada uno de ellos y en el momento que ella más suplicaba por él, cumplió su deseo.
La embistió, en un primer momento, con delicadeza. Probó su cuerpo, lentamente y escuchaba los gemidos de Sakura, provocando que su miembro se endureciera aún más.
Intensificó sus movimientos, llevando sus estocadas a límites desmedidos. Gimiendo al son, disfrutando de sus propios deseos carnales.
Él, prisionero de una cárcel que provenía del infierno más intenso. Ella, presa de un candente deseo y cayendo ante la tentadora manzana, pase directo del paraíso al destierro.
Las embestidas se tornaban cada vez más rudas y veloces. Sakura llevó sus manos hacia los muslos del peliplata y pellizcó con furia, denotando cuánto disfrutaba de aquel encuentro. Él se mostraba aún más incentivado al ver su expresión de placer y continuaba sin más.
Jadeantes, con sus labios sedientos y sus cuerpos temblorosos, ambos comenzaron a sentir el final del encuentro.
Primero ella, sintiendo cómo sus paredes interiores aprisionaban a su compañero. Su éxtasis llegó de inmediato, dejando una pequeña oportunidad a Kakashi para poder terminar su tortura.
Él también cayó bajo las garras del clímax. El alivio de sentirse libre y el cansancio corporal lo habían dejado más que satisfecho.
Besó una vez más los labios de Sakura, antes de salir de su interior.
—Eso estuvo demasiado delicioso, tal como lo imaginé... —susurró la pelirrosa.
Tanto Kakashi como Sakura estaban relativamente felices de haber desquitado su deseo hacia el otro.
Al día siguiente, escuchaba que su celular vibraba.
No recordaba dónde lo había dejado, así que se levantó y fue buscando una a una las prendas que estaban en el suelo.
Encontró sus prendas interiores y después se acordó de su vestido. Fue tras él y lo halló en la sala.
El celular aún continuaba soñando y agudizó su oído para descubrir dónde estaba.
Miró a todos los rincones: muebles, sofá, escritorio...
Pero estaba en la cocina.
Corrió y atendió sin mirar de quién se trataba.
—¿Hola? —espetó jadeante. Aún sentía su cuerpo extasiado.
—Amor... Em, ¿Dónde está Kakashi? ¿Y por qué una mujer atiende el celular de mi novio?
Las manos de la pelirrosa temblaron de inmediato, dejando caer el teléfono al suelo.
Su mirada desorbitada y su cuerpo petrificado, le recordaron que el amor no estaba hecho para ella.
—¿Hola? ¿Hola? —la mujer al otro lado continuaba pidiendo explicaciones.
Sakura no sabía qué decir ni cómo reaccionar.
Escuchó pasos. Volteó y se encontró con el peliplata. Mientras se colocaba una remera, él la abrazó desde atrás y expresó: —¿Por qué estás mirándome así? —ajeno a lo que estaba pasando, Kakashi prosiguió: —¿Acaso no te hice gozar tal como lo pensé?
Sakura volteó y miró los ojos del peliplata. Con lágrimas a punto de salir, le señaló que aquel teléfono, que era igual al suyo, tenía una llamada en curso.
—Tu novia quiere saber porque yo atendí esa llamada.
El rostro del Hatake palideció de inmediato. Fue allí cuando se percató de un detalle que había olvidado por completo: su novia.
Una noche apasionada y un comienzo caótico.
¿Por qué el amor era tan cruel con la Haruno?
