¡Saquen los tambores! Fira actualizó en menos de dos días, así que prepárense, acomódense y disfruten, espero les guste.
Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.
Advertencia: Muerte. Faltas de ortografía que se me hayan escapado.
A través del espejo
La joven que cruzó la barrera del tiempo… de nuevo
Kagome despertó jadeando con las lágrimas corriendo por sus mejillas, se sentía tan mal, tan... horrible; sentía que todo su cuerpo gritaba en agonía, y sólo podía llorar, llorar mientras que intentaba respirar porque no podía moverse, simplemente estaba ahí inmóvil.
¿Qué había estado soñando? ¿Qué tan aterrador había sido para dejarla en esas condiciones?
Cuando, por fin, pudo moverse se reincorporó lentamente, su costado punzo que tuvo que sujetárselo, con sorpresa sus dedos sintieron como su piel ardía al tacto, dolía como si algo la estuviera consumiendo por dentro, intentó levantarse, pero sis piernas le fallaron, colapsó y gruñó al no ser capaz de levantarse; respiró hondamente hasta que gradualmente todo ceso como si sólo hubiese sido un muy mal sueño.
Se levantó, miró alrededor y se limpió las lágrimas, ¿qué era había sido todo eso? Se sentó suavemente en su cama, aferrándose a sus sábanas, a algo que si tenía sentido.
Su hogar.
Su habitación.
Su lugar.
—Maldición —murmuró frotándose la cara con fuerza, eso fue aterrador, completamente aterrador.
Se abrazó a sí misma y su costado izquierdo ya no ardía, ya nada le dolía; solo era un fantasma en sus recuerdos. Sus ojos se dirigieron a la ventana casi por inercia, apreciando la Luna llena, hermosa y brillante; y algo en ella le pareció cálido.
Suspiró y se dejó caer, esperando que el sueño volviera.
Pero no la pesadilla.
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—¿La perla de Shikon?
Kagome miraba el amuleto que su abuelo le entregó momentos atrás, no se veía como algo especial, a decir verdad, sólo era… una perla hecha de cuarzo barato para vender caro, suspiró; y a pesar de que esos eran sus pensamientos algo en la forma y el brillo de ese objeto llamaron su atención, era como un recuerdo; uno vago y borroso. Sacudió esos pensamientos, porque no quería pensar en su horrible despertar en la madrugada.
—Sí, ese amuleto te guiara por el camino de la verdad y te ayudara en los negocios.
—¿Quieres que los venda? —preguntó mientras lo inspeccionaba más cerca; Buyo se acercó para tocarlo, pero ella le apartó con suavidad—. ¿Qué es la perla de Shikon, abuelo?
—Oh. Bueno, esta perla se volverá el símbolo de nuestro templo —empezó hablar, algo sorprendido pues su nieta casi nunca se interesaba por las cosas antiguas—. Su origen se remonta a varias centurias cuando los yōkais caminaban entre nosotros y su maldad era incontrolable, una sacerdotisa luchó 7 días y 7 noches con esos seres, pero al ver que no iba a ser capaz de ganar esa pelea, reunió lo que le quedaba de su fuerza para atraer todas esas almas demoniacas y purificarlas, pero al hacer eso una perla emergió de su pecho, una muestra de su sacrificio. Y de ahí, viene esa perla, querida.
Kagome dejó ir el aire que había estado reteniendo inconscientemente, algo pesado se instaló en la boca de su estómago, la sensación de familiaridad con esa historia le parecía tan terrorífica.
—Ya veo —susurró casi hipnotizada por el brillo de ese cuarzo que tenía en las manos.
—Sí, y era tan poderosa que podía concederte una fuerza inimaginable hasta el deseo que quisieras, por eso las guerras comenzaron, la perla paso de mano a mano hasta perderse entre las páginas del tiempo.
—¿Un deseo?
Desaparece para siempre.
—Uno que venga desde del corazón —apuntó—, pero si no es el deseo correcto nunca esperes nada bueno, porque los deseos, así como el corazón son engañosos, por eso purificar la joya era tan difícil, pues está conformada por las cuatro almas que resuenan en las cuatro cualidades que el alma de una persona debe poseer: valor, amistad, sabiduría y-
—Amor.
—Así es. Amor. Y si el alma de la poseedora de la perla no está en equilibrio, bueno, las cosas malas ocurren —terminó por decir mientras sentía con la cabeza—. Aunque es raro que te encuentres interesada en esto.
—Oh, es sólo… curiosidad…
—Sabes, tengo unos documentos antiguos que hablan sobre eso, espera aquí —se levantó.
—Espera, abuelo, eso no es necesario.
El hombre hizo un movimiento de mano mientras salía de la habitación, dejando a la morena con una sonrisa fácil en el rostro, de vez en cuando debería darle el gusto a su abuelo de que se explayara con sus historias antiguas, él parecía muy feliz con eso.
—¡Hija!, ¿puedes bajar a la casa de la señora Yuriko?, dijo que nos tiene algo de vegetales para la cena.
—¡Voy, mamá!
Kagome se levantó con Buyo en sus brazos antes de dejarla el llavero sobre una de las cajas abiertas, antes de salir de la habitación, pero aún con la sensación de que se estaba perdiendo de algo, algo muy grande.
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La cena transcurrió con calma, la típica tranquilidad de un jueves por la noche con la expectativa de que al día siguiente sólo deberían soportar unas 8 horas de clases y serían libres por dos días para descansar o para los más intensos estudiar hasta desmayarse, lo cual debería estar haciendo la morena pues mañana debería entregar unas tareas, aunque técnicamente ya estaban completas había detalles que no las hacían perfectas; así que al terminar se levantó para lavar sus platos.
—Te puse lo que te dije en tu escritorio, Kagome.
—¡Oh! —la morena se estaba secando las manos—. Te dije que no era necesario, abuelo.
—Ya está hecho —replicó comiendo con calma—. Espero te diviertas, algunos tienen kanjis que se han perdido, pero te deje las traducciones al lado.
Kagome sonrió antes de ir y besar a su abuelo en la mejilla, debía apuntar que debía dejar a su abuelo contarle cosas para hacerlo así de feliz que parecía casi un niño en dulcería.
—Gracias, abuelo. Buenas noches, mamá, Sōta.
Su familia le deseo lo mismo, sonrió al llegar a su habitación y ver los documentos tal y como su abuelo le había dicho, se sentó curiosa y algo aterrorizada; después de un rato se dio cuenta para su sorpresa que todo estaba fechado y bien estructurado como esos documentos históricos que a su maestro le gustaba proyectar en varias clases, lo extraño es que nunca había oído del autor de esos manuscritos, la mayoría era de un tal M y los últimos de LT, hasta donde su conocimiento –lo que apenas estudiaba- llegaba nunca había oído de esas iniciales y casi todo se formaba con nombre completo para preservar su memoria y su lugar en la historia.
Esos historiadores egocéntricos, pero igual ayudaban mucho para saber quién y cuándo había pasado, aunque igual podría haber documentos falsos, sin embargo, esos parecían ser auténticos, olvidándose de la tarea tomo los documentos y las hojas de traducción para llevarlas a su cama.
Todos hablaban de una misma época, aunque no creía en yōkais, monstruos, demonios, personas místicas esos relatos en especial le hacían un eco en su mente, sobretodo la parte sobre una sacerdotisa sellando a un hanyō, la historia de su amor fallido para que luego su atención se centrara en la figura de un yōkai de belleza indescriptible, pero de endurecido corazón por las guerras y la muerte, algo en esa imagen le dio una calma sin igual, era una sensación casi… suave, dulce.
¿Podría pedirte un favor?
Cerró los ojos al tener una punzada de dolor en la cabeza, gimió mientras sobaba con fuerza sus cienes, así que decidió irse a dormir, tomo los documentos de su abuelo para colocarlos con cuidado sobre su escritorio antes de cambiarse, mañana sería un día mejor, porque era su cumpleaños.
Sí, sería un muy buen día.
O eso había pensado, nunca imaginó que despertaría con la sensación de ahogarse es un pozo oscuro y frío, era como si algo se apoderara de su cuerpo, lo más horrible fue el dolor tan agudo que parecía tan real hasta que desapareció en una luz morada. Y entonces, despertó.
Su segundo peor despertar, en dos días seguidos.
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—¡Me voy a la escuela!
Salió corriendo, en realidad, quería ver si la escuela podía adormecerla lo suficiente para que dejara de pensar en todo ese revoltijo de sentimiento que no parecían querer parar, corrió, pero a medio camino se dio cuenta de la figura de su hermano menor parado en la entrada que llevaba al pozo… esperen, ¿pozo? Sacudió la cabeza para cercarse.
—Sōta, ¿qué estás haciendo? —la preocupación por su hermano menor se alzó por encima de esa voz que le susurraba que no se acercará.
—Hermana —él sostenía un plato de comida—. Buyo entró y el abuelo se enoja si alguien entra.
—Entenderá que hayas entrado por Buyo, no creo que se enoje. Anda baja, yo tengo que apresurarme a llegar a la escuela y-
—Pero me da miedo este lugar —replicó mirando hacia adentro.
La morena paso su peso de una pierna a la otra antes de suspirar y acercarse, sintió como su cuerpo se estremecía violentamente al entrar, pero no retrocedió, bajó los escalones poco a poco, ¿de dónde venía todo ese terror?
Sus sentidos se alertaron al escuchar como unos rasguños venían desde dentro del pozo que estaba firmemente sellado, ¿cómo era siquiera posible? ¿Buyo había caído de alguna forma dentro?
—Buyo —llamó con cuidado al llegar al último escalón con los ruidos haciéndose cada vez más intensos, hasta que un toque en su pantorrilla le hizo gritar, haciendo que Sōta se cayera de espaldas con un grito nada varonil.
—¡Hermana!
Ella ignoró el reclamó cuando oyó como Buyo le pedía atención restregándose en sus calcetas, suspiró al agacharse y tomarlo en brazos, su peso le hizo saber que era real y que había algo en el pozo, algo que trataba de salir con desesperación.
—Sōta, toma a Buyo.
El niño frunció el ceño, pero siendo el cumpleaños de su hermana no iba a negarse a nada, así que bajó la mitad de los escalones mientras estiraba sus brazos para tomar al gato y entonces, todo explotó.
Sōta atrapó a su gato y lo apretó contra su pecho, pues algo lo lanzó contra los escalones haciendo que su espalda se golpeará bruscamente, gritó de dolor, pero al abrir sus ojos se congeló, las tablas estaban volando y su hermana estaba siendo arrastrada por un… un espíritu.
—¡Hermana! —se levantó y terminó por bajar los últimos escalones mientras aún sostenía a Buyo, pero al asomarse al pozo ya no había nada… ni nadie—. ¡Hermana!
Pero nadie respondió.
Ella se había ido.
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Kagome quería vomitar, en un momento había estado dándole a Sōta a Buyo cuando fue lanzada hacia adelante antes de ser agarrada por detrás para arrastrarla, intentó sujetarse al pozo, pero apenas y pudo mirar una última vez a su hermanito que se reincorporaba lentamente, la sensación de alivio al verlo no duro mucho pues pronto se vio cara a cara con un monstruo, se estremeció y más al sentir con la lengua de esa mujer ciempiés pasaba por su rostro.
—¡Suéltame!
Al momento de estirar su mano sintió como una energía se transmitía hasta que un brillo bastante fuerte alejó al ser de su cuerpo, pero no sin que antes sus palabras se quedaran en su cabeza como un eco.
No escaparás perla Shikon.
—¿Perla Shikon?
Sus pies tocaron el fondo del pozo antes de ir hacia adelante pues sus piernas ya no pudieron sostenerla, respiró hondamente y al voltear hacia arriba y ver el cielo azul sintió como la sangre se le congelaba, como todos sus músculos se contraría de anticipación.
Ella nunca había visto esa vista.
Y, sin embargo, le parecía tan familiar que sus ojos comenzaron a picar con intensidad, ni siquiera trató de llamar a su hermano, ni pedir ayuda; su cuerpo se levantó y sus brazos se extendieron aferrándose a las enredaderas, su cerebro ni siquiera se preguntó el por qué había esas enredaderas en primer lugar, sólo siguió subiendo y por cada metro más cerca de la salida el nudo en su garganta se había más grande, más fuerte.
Tocó la madera, estiró el brazo y se impulsó.
Y las lágrimas salieron.
Era un hermoso lugar.
Uno que le daba ganas de correr.
Y nunca volver.
FiraLili
23/05/18
