Aquí tienen la continuación, espero les guste que me di de cabezazos para poder traérselas, al parecer estoy perdiendo mi toque, porque necesite varias tazas de chocolate para poder desarrollar este capítulo. ¡Disfruten!

Disclaimer: InuYasha no me pertenece ni ninguno de sus personajes.

A través del espejo

Extrañeza

—¡Mamá! ¡Mamá! ¡Abuelo!

El hombre que venía de barrer las hojas de Goshinboku vio salir a trompicones, de la construcción que guardaba el pozo, a Sōta tenía el rostro contorsionado de miedo mientras trataba de correr a casa con Buyo aferrado a su espalda.

—¡Sōta!

El niño se detuvo tropezando para caer de rodillas, sus manos se rasparon y el dolor se hizo presente, pero su cerebro estaba tan embotado por la escena de su hermana se arrastrada por algo y luego desvaneciéndose como si nunca hubiera estado ahí en primer lugar.

—¡Abuelo! —llamó con la angustia remarcando cada una de las letras, las lágrimas que había estado conteniendo se deslizaron por sus mejillas pálidas, se sintió frustrado de inmediato, no había llorado desde esa vez cuando se burlaron de él por no tener padre y su hermana le había defendido, para después pedirle que nunca volviera a derramar una lágrima porque se iba a convertir en el hombre de la casa y debía ser fuerte; y ahora sentía que no podía parar, pero aún más importante que sentirse mal por romper promesa, su hermana lo necesitaba más que nunca—. Kagome ha… ella…

—¿Qué? ¿Qué ha pasado con Kagome?

Sōta sentía que se ahogaba intentando explicar lo inexplicable, ¿cómo poner en palabras lo que pasó? Había vivido su corta vida en un templo, con las historias de su abuelo como cuentos nocturnos, con el aroma a incienso quemando su nariz y las sombras que desaparecían cuando las mirabas, pero siempre se mantuvo al margen de todo, ignorando lo que no entendía y ahora… ahora…

—El pozo… se cayó… y-

—Espera, ¿Kagome se cayó en el pozo?

Cuando el hombre intentó ir hacia el lugar mencionado las manos de su nieto se aferraron a su ropa, negando con la cabeza.

—No está…

—…¿qué? No te estoy entendiendo, ¿qué paso con Kagome?

—¿Qué sucede?

Naomi se acercó a paso rápido traía las manos húmedas, por lo que era seguro que vino directamente de la cocina al escuchar los gritos de Sōta porque aún llevaba el mandil, su rostro lucía acalorado y preocupado.

—No lo sé, Sōta mencionó al de Kagome y el pozo, pero no es claro.

La mujer se preocupó más, pero antes de hacer nada tenía que calmar a su hijo, por lo que rápidamente le rodeó con sus brazos, frotando su espalda con suavidad y cariño, susurrando palabras tranquilizadoras por varios minutos hasta que la respiración de Sōta se volvió menos errática.

—Eso, eso, ahora cuéntanos, ¿qué es lo que paso? Te escucharemos.

Sōta después de unos segundos de incertidumbre comenzó a relatar lo que paso… o por lo menos, lo que vio, porque aún le costaba procesar todo, sabía que su familia era muy cercana y confiaba en todo lo que les contaba su hermano o él, pero por obvias razones pensó que dudarían de lo que decía, ¿quién le podía creer?

Por eso le tomó desprevenido el rostro tan severo de su abuelo, quien sin esperar un segundo más atravesó los metros que le faltaba para entrar al santuario del pozo, bajó los escalones teniendo cuidado de no tropezar, Naomi y Sōta le siguieron, pero se quedaron en el umbral, viendo como él se agachaba para recoger los trozos de los sellos que aún quedaban enteros antes de levantarse y dar un vistazo dentro del pozo.

—¿Llamamos a la policía? —preguntó Sōta.

—No. Sota, necesito que me ayudes a sacar unas cosas del almacén. Hija, ¿aún recuerdas como purificar?

—Lo recuerdo.

—Bien, ve a purificar tu cuerpo —ordenó subiendo la escalera—. Ven conmigo, Sōta.

El niño siguió a su abuelo sin comprender bien, llegaron en poco tiempo, tuvo que retroceder cuando el polvo se elevó al abrir la puerta tan bruscamente.

—Abuelo, ¿qué estamos haciendo? ¿Y Kagome? —tuvo que preguntar cuando se adentraron a la habitación y su abuelo empezó a pasarle varias cajas.

—El pozo ha estado sellado desde hace mucho tiempo, nuestros ancestros lo hicieron porque decían que tenía un aura extraña, algunos creían que era por los espíritus de monstruos y demonios atrapados ahí después de ser exterminados, por eso creyeron que los más sensato, después de la extinción de estos, era taparlo y sellarlo; aunque nunca pensé que llegaría el día que se romperían las protecciones, algo debió despertar a algún espíritu, por lo que purificaremos el lugar, no sé si servirá para traer de regreso a Kagome, pero mantendrá alejado a cualquier espectro que quiera interferir en el canal abierto.

Sōta se sintió ansioso con la explicación, porque eso no le decía en realidad que su hermana estaría a salvo.

—¿Pero estará bien, Kagome?

—No lo sé, Sōta —replicó con un suspiro cansado—. Mis ojos ya no ven el mundo detrás el velo y nunca he tenido poderes espirituales, sólo puedo usar sellados que requieren oraciones e incienso para repeler malas vibras, tu madre es quien puede purificar hasta cierto grado los lugares, pero su visión no es tan buena como lo era la mía, ella puede ver cuando algo muy poderoso se manifiesta, pero no lo percibe. No somos lo más adecuados para este tipo de tareas, pero haremos todo lo que podamos, Kagome es quien debe hacer el resto, sólo podemos esperar.

El niño apretó los labios, pero asintió mientras seguía a su abuelo de nuevo con dirección al pozo, iba ayudar en todo lo que pudiera y si debía quedarse hacer guardia, lo haría; alzó la vista con un deseo en su alma.

Regresa a salvo, hermana.

.

.

.

Kagome, por fin, pudo ponerse de pie, había pasado los últimos 20 minuto con la mirada perdida, sentada sobre el pozo dejando que la brisa jugara con sus cabellos hasta que su mente se aclaró lo suficiente para empezar a ser consciente de lo que le rodeaba, su mirada cayó inmediatamente en la figura lejana del Goshinboku y al momento en que sus ojos hicieron contacto sintió como algo se retorcía en su interior, sus piernas temblaron y la respiración le falto.

—¿Qué… es est-o? —musitó tapándose la boca, había algo doloroso en ese lugar, una parte la más fuerte y abrumadora le decía que fuera, que fuera y mirara lo que esconde bajo sus ramas; pero una voz, una distante y apenas audible le susurraba que se alejara lo más rápido que pudiera.

Sin percatarse ya había comenzado a caminar hacia el Goshinboku, por cada paso que daba sentía que algo presionaba en su pecho, una advertencia para dar la vuelta, pero no podía detenerse, ya no.

Sin embargo, el sonido del aire siendo cortado le hizo retroceder a tiempo para que la flecha se clavara en la corteza de uno de los árboles y no es un cuerpo, casi instintivamente subió su brazo para tantear su espalda vacía, confundida por su acción no logró escapar antes de ser rodeada por varios hombres que le miraban con cautela y al mismo tiempo, abochornados por la vestimenta de la intrusa.

—Identifícate, mujer de extraño ropaje.

—¡Disculpa! Mi ropa es muy normal —respondió en el acto bastante indignada por esa descripción, su uniforme le encantaba porque le daba mucha libertad de movimiento y nadie iba a venir a criticarlo—. Y si quiere mi nombre, debería dar el suyo primero.

Los hombres se miraron entre sí, pero no bajaron las armas, su aldea estaba alejada de las zonas de guerra, sin embargo, no podían arriesgarse; los espías y ladrones eran muy comunes, lo que menos querían era que sus familias sufrieran el horror y la desesperación de un campo rojo.

—¿Cuáles son tus intenciones en el bosque de InuYasha? ¿De dónde eres? ¿Qué n-

Kagome dejó de escuchar una vez su cerebro registro la palabra InuYasha, algo en ese nombre le produjo un horrible malestar, se tambaleó y trató de agarrarse a algo para no caer, pero la oscuridad rodeó su conciencia antes de siquiera darse cuenta.

Se había desmayado.

.

.

.

Kagome estaba odiando despertarse, porque era la sensación más horrible, abrir sus ojos sintiendo como su cuerpo ardía y el aire se negaba a entrar a sus pulmones; se reincorporó de golpe tratando de conseguir oxígeno y apretando su costado que le punzaba, parpadeó cuando un trapo cayó a su regazo desde su frente.

Miró a su alrededor, estaba en una especie de vivienda, pero era pequeña y muy rústica, antigua en su edificación, así que su mente no estaba jugándole una broma, por alguna extraña razón ella ya no estaba en 1996.

Levantó la vista al oír un jadeo, se encontró con una pequeña que le miraba entre sorprendida y asustada.

—…¿hola?

—¡Despertó! —gritó la niña saliendo del lugar rápidamente.

La morena frunció el ceño, pero no hizo intento alguno por moverse, el dolor en su costado aún punzaba como una señal de advertencia, además aún si quisiera huir no sabía en donde estaba ni mucho menos que era lo que le esperaba fuera. Miró hacia la entrada al oír que los tonos de las voces empezaban a subir de volumen, pero le sorprendió el ver que sólo una persona cruzaba el umbral y en vez de ponerse en guardia, su presencia fue reconfortante entre toda la confusión de su mente.

La mujer le analizó detenidamente al verla sentada tan tranquilamente, ajena a la gran perturbación que su presencia causo entre la gente, cuando la ronda de hombres regreso con ella a cuestas le sorprendió la extraña aura que le rodeaba, por lo que decidió no atarla o amordazarla de ninguna manera, ya fuera amiga o enemiga, era mejor no enfurecerla, por lo que ordeno que la llevaran a su cabaña, aunque hubo protestas su voz prevaleció, era la sacerdotisa del lugar y su estatus era superior; así que una vez logró acomodarla y refrescar su rostro afiebrado le miró largamente. Esa joven era la viva imagen de su hermana fallecida, sin embargo, no pudo hondar mucho en sus pensamientos al oír como requerían su presencia a gritos, por lo que dejo a una pequeña para que le avisara si despertaba, y ahora, estaba ahí.

Esa joven no era Kikyō.

Pero seguía siendo un misterio.

—¿Nos conocemos? —preguntó al ver la suave sonrisa que se formó en ese rostro joven e inexperto.

—Oh —Kagome rápidamente carraspeó—. No, no… es sólo que su presencia es cálida y buena, muy buena.

Kaede aceptó es respuesta sin dudar, no era raro que las personas se sintieran de esa manera a su alrededor, los poderes espirituales tienden a ser confortantes, por lo que quedaba descartado que ella fuera algún demonio que tomó la apariencia de su hermana o lo intento, si fuera un ser maligno estaría debilitándose ante su presencia.

—Y tu ser es una visión para mis ojos cansados.

—¿Eso qué significa?

—Significa que tiene un gran parecido a mi hermana fallecida —sonrió y su cara se transformó completamente para Kagome, lucía más joven y radiante; el amor y el dolor se representaban en esa mujer—. A excepción de sus ojos, claro está, fuiste bendecida por los cielos.

Kagome desvió la vista avergonzada, nadie había descrito el color celeste de sus ojos de esa manera tan hermosa fuera de su madre, que siempre andaba adorándolos en los días más grises; siempre tuvo problemas con sus compañeras que le miraban con envidia y celos, lo bueno es que ese acoso disminuyo mucho al pasar a la preparatoria, aunque las miradas aún le seguían.

—Gracias.

—No hay nada que agradecer, jovencita.

—Kagome. Mi nombre es Kagome —ofreció con sinceridad.

—Es un nombre muy peculiar, pero hermoso. Llámame Kaede. ¿Tienes hambre?

—Mucha —sincerarse con la mujer no le era un problema.

—Es normal, ya está atardeciendo, estuviste inconsciente varias horas —le informó—. Iré al río por algo de agua y con gusto te preparo algo.

—¡Oh! Puedo acompañarla, me sentaría bien estirar las piernas un poco, en realidad, me siento muy rígida y-

—No es necesario las excusas, acompáñame.

Kagome se levantó sin demoras, no le sorprendió el ver al tumulto de gente que se encontraban reunidos fuera de la cabaña, pero después de unas palabras abrieron paso para dejarlas ir, la morena siguió de cerca hasta que su mirada se desvió hacia donde se encontraba el Goshinboku, Kaede se dio cuenta.

—¿Vienes, Kagome?

Ella parpadeó varias veces antes de asentir y darle la espalda; su costado ardía, pero su corazón se sentía ligero.

Extrañamente ligero.

Continuará.

¿Qué pasará? ¿Qué misterio habrá? Espero les haya gustado, mi amor para todas, gracias por sus comentarios y ánimos.

FiraLili

14/01/19