La Copa y su Luto
—¿Y si huyéramos? Es un pensamiento egoísta.
—No quieres eso.
—No...Pero Zouken...¿Y si huyéramos? No más Guerra. No más Grial. No más familias. No más Nagato o Zelretch. Solo nosotros. Empezaríamos otra vez.
—Justeaze...Tienes miedo. Yo también. Pero hemos visto el futuro. Estaremos ahí. Yo sobreviviré y luego te buscaré. Las veces que sean necesarias.
(No había sido así, o tal vez sí, en los jardines de Einzbern, donde sostuvo una roja manzana y él era el gusano aunque se viera como un joven casi lozano, su amada...)
—No me dejarás escapar.
Justeaze sonrió con tristeza y resignación. Lo que Zouken sostenía eran sus brazos.
Era verdad. Él no la dejaría irse.
Ella lloró, quizá. Como una princesa en su jaula de oro.
Pero se repuso.
Justeaze von Einzbern sabía su lugar y qué se esperaba de ella.
—Al menos sé que tú no me echarás en falta. Solo harás unas muecas. Murmurarás "Vae victis", y continuarás solo. Con tus insectos, tus estudios sobre alquimia y necromancia, tus pócimas para jamás envejecer y tus manipulaciones políticas.
—No puedes hacerme elegir entre tú y el futuro que siempre anhelamos.
—No. No puedo. Y quédate tranquilo. Ni siquiera lo intentaré.
Zouken sonrió. Sabía que en los ojos de Justeaze era incluso atractivo, aunque para su propio juicio distaba de serlo.
¿Fue eso de consuelo para Justeaze cuando finalmente entró en la pira del Grial?
La noche siguiente fue el ritual. Luego de que Justeaze se inmolara, Zouken perdió la noción de sí mismo. Se podría decir que despertó cuando el inepto Nagato Tohsaka lo golpeaba entre improperios.
—¿Te estás riendo? Es tu amante la que ha...
Nagato, el moralista. Se creía mejor que cualquiera pero ni siquiera así podía darse cuenta de que aquella era la manera en la que Zouken Makiri (Matou) lloraba.
