Las sirenas y las luces eran ensordecedoras. Todo a su alrededor era lúgubre y su alma se sentía vacía.
La soledad era horrible frente al panorama que tuvo que afrontar Sakura.
Lo que veían sus ojos era el cuerpo de un hombre que se portó de un modo amable y gentil, dándole una gran oportunidad a la Haruno.
La congoja e impotencia ante el hecho era de una magnitud ridículamente grande, quedando claro que se trató de algún tipo de asesinato premeditado.
Los peritos forenses estaban a cargo de investigar los alrededores y Sakura se encontraba sentada en una ambulancia, cubierta por una manta y tomando abundante agua.
Sus manos aún sentían aquella horrible sensación de aferro de Hiruzen, luego de recibir el impacto de bala que se llevó su vida inmediatamente. Las personas a su alrededor estaban absortas, cubiertas de sangre e incertidumbre ante el crimen de uno de los empresarios más importantes del rubro.
Ya habían tomado su declaración y sólo debía esperar a que Asuma pasara a buscarla. Tenía miedo por lo sucedido. Realmente le costaba asimilar que Hiruzen ya no se encontraba entre los vivos, dejándole un horrible sabor amargo en su boca.
Cuando creyó que la vibración de su celular sería su salvación, esta se convirtió en desconcierto.
Un número desconocido y una clara insistencia por parte de la persona al otro lado.
Con recelo y algo perturbada, decidió contestar.
—Hola—respondió de un modo tosco e impaciente.
—Princesa, me alegra volver a escucharte... —su horrible voz resonaba como redoblantes tortuosos.
—¿Qué querés ahora, Sasori? —refunfuñaba. Lo que menos quería en ese momento era que el pelirrojo la molestara nuevamente con su propuesta.
—Apuesto que la conmoción te nubló la memoria, preciosa.—espetó—¿Acaso no recordás lo último que dije cuando nos vimos?
Era verdad. No podía pensar con claridad y aquella tortura estaba volviéndola loca.
—No estoy de humor para tus tonterías.
—El hecho de que el viejito senil esté muerto es gracias a mi fantástica puntería. Sé que llevó tiempo, pero por fin tuve un resultado excelente—exclamó de un modo repulsivamente espantoso.
Las manos de la Haruno comenzaron a temblar, al igual que sus labios. Podía aislar el ruido ambiental y concentrarse en sus latidos, fuertes y con un gran ímpetu, propios del temor creciente.
—De hecho, puedo ver cómo el inútil de su hijo se acerca a vos... —continuó con su manipulación, orillando a Sakura a mover su cabeza hasta divisar a Asuma— Lleva puesto un elegante traje importado de Iwa y su típico cigarro barato.
Con exactitud, Sasori describió a Asuma. El pánico acabó por alterarla y no podía comprender cuál era su verdadero propósito.
—¿Ahora sí vendrás conmigo? Esta vez, no insistiré con que trabajes, sino que hagas un favor muy especial.
Asuma se acercó a Sakura y notó sus lágrimas brotando sin cesar. Su cuerpo tembloroso y atemorizado denotaba cuán desamparada se sentía.
—¿Qué es lo que querés? —inquirió en voz baja, para evitar levantar las sospechas de Asuma.
—Quiero tenerte para mí. Que tus gemidos sean la música que calme mi ira por tu rechazo; que tus manos recorran mi cuerpo desnudo y colmen de pasión a mi espíritu hambriento...
Sakura sintió aquella llamada como un atropello hacia su orgullo. La culpa invadió su mente y su mirada se dirigió hacia la de Asuma, quien estaba a punto de sentarse a su lado.
La Haruno se levantó de inmediato y giró la cabeza. No quería ser descortés con el Sarutobi, pero la conversación con Sasori comenzaba a teñirse de negro.
—Estoy muy cerca, princesa. Si no querés que ese hombre ni el idiota de cabello platinado pasen por el mismo destino, te pido que sólo me regales dos noches y te llevaré al mismísimo...—Al infierno me llevarás—masculló—. De hecho, lo conozco perfectamente, así que sólo aceptaré para evitar más tragedias. No creas que tengo intenciones de regresar con un psicópata obsesivo. Me repugna...—Tus labios emanan un vocabulario muy delicioso, excitando las partes más recónditas de mi cuerpo—jadeó —. No cortes la llamada y seguí mis indicaciones. Estoy esperando tu llegada.
Sakura tapó el micrófono del celular y se acercó a Asuma.
—Tengo un asunto urgente que resolver. Lo siento—espetó avergonzada por haberlo llamado de improvisto.
—¿Segura que estarás bien sola? Puedo pedirle a Kakashi que te acom...
—¡¡NO!! —respondió alterada—Es un asunto personal. Debo hacerlo sola. Lamento haber llamado así.
—Es mi padre. De todos modos tenía que venir. Cuídate mucho, Sakura. Las calles están llenos de delincuentes a la espera de sus víctimas.
Sakura asintió y agradeció la confianza. Sentía culpa por dejarlo solo, él más que nadie necesitaba el apoyo emocional ante el asesinato de su padre. Sin embargo, el hecho de saber que Sasori era el culpable de ello y que no lo ocultase, tenía un cierto grado de incoherencia que debía entender a su manera.
Sakura regresó a la llamada y frunció el ceño.
—¿A dónde debo ir? —inquirió con firmeza.
—Sigue caminando en esa dirección. En breve nos encontraremos, princesa—espetó el pelirrojo y se relamió al ver cómo Sakura se acercaba cada vez más a él.
Desde el punto opuesto, junto a Asuma, Kakashi no quitaba la vista de Sakura. Él conocía todos los movimientos de la pelirrosa y su actitud denotaba nerviosismo ante una situación inesperada. Él sabía que podría tratarse del asesinato de Hiruzen, pero su corazón le decía que algo no marchaba bien.
—¿Sucedió algo con Sakura? —preguntó el peliplata, sin perderla de vista.
—Dijo que tenía que resolver un asunto personalmente. Le dije si necesitaba que la acompañes pero se negó rotundamente—Asuma secaba sus lágrimas y suspiraba.
—Espero no sonar entrometido, pero creo que ella se encuentra en problemas—Kakashi estaba realmente alterado e impotente. Asuma notó que su preocupación podría tornarse aún más complicado y decidió tomar las riendas de las decisiones.
—Si pensás que se encuentra en peligro, buscala. No quiero que a ella le pase algo también, siendo que me comporté como un inmaduro—lamentó. Posó su mano en el hombro del Hatake y lo palmeó—. Apurate, no quiero que sea demasiado tarde.
El peliplata asintió y corrió tras los pasos de Sakura. Su respiración se acortaba y su corazón estaba a punto de explotar de ira.
—Que no sea lo que estoy pensando... —murmuró mientras aceleraba el paso.
Trató de esquivar cuantas personas podía. Su vista panorámica se volvía cada vez más torpe y su nulo razonamiento comenzaba a trastornarlo.
Sin embargo, allí pudo divisarla. Estaba en brazos del hombre que alguna vez se había presentado ante ellos, reclamando por el amor que alguna vez había probado y dejó escapar.
Los dulces labios que hacían delirar al peliplata, ahora le pertenecían a Sasori. Las manos del hombre recorrían su delicada y frágil espalda, exasperando al Hatake.
Sakura sonreía, pero no del mismo modo que lo hacía con él. Esa era fingida y suplicaba la libertad.
¿Por qué regresaste a esos brazos cubiertos de espinas, ahora que sabés el daño que podría causarte?
Kakashi observó cómo ambos subían a un lujoso automóvil, negándose a entender la realidad.
En un recorrido amplio y veloz, Sakura se encontró con la mirada desesperada de Kakashi, quien imploraba respuestas ante una situación incomprensible.
Sakura sabía que el dolor y la decepción eran los sentimientos más crueles que una persona podía vivenciar. Sin embargo, ahora le tocaba asumir sus responsabilidades y encontrar la respuesta a su propia pregunta: ¿La culpa era suya?
Sasori llevó a Sakura hasta un lujoso edificio en las afueras de Konoha.
La pelirrosa no conocía la zona, lo cual le resultó complicado reconocer hacia dónde se dirigían.
Su respiración se acortaba y las pulsaciones aumentaban conforme pasaban los minutos.
El pelirrojo intentaba verse atento y gentil, pero su reciente crimen y su manipulación psicológica para con la joven lo convertían en un vil criminal latente, dispuesto a eliminar a cualquier objetivo que se interponga a sus deseos.
Sasori sostenía la muñeca de la Haruno y caminaron por los pasillos del edificio hasta el ascensor.
Pulsó uno de los botones y esperó a que abriera las puertas.
—Apuesto a que nos divertiremos como en los viejos tiempos—con la mano libre, acarició bruscamente el cabello de Sakura, obteniendo una reacción negativa y una mirada odiosa de su parte.
Al llegar el ascensor, ambos subieron inmediatamente. Sasori pulsó el piso 20 y el viaje se tornó aún más tedioso.
Ese tipo de espacio era bastante incómodo para Sakura, ya que la cercanía con Sasori era aún más evidente.
Al estar a escasos metros, pudo divisar que llevaba un revólver en la cintura, haciendo aún más tensa la situación.
Cuando las puertas se abrieron, Sakura notó que era un pasillo angosto y, al final de ella, había una puerta que sería del departamento del pelirrojo.
Ambos se dirigieron hasta allí y Sasori sacó las llaves de su bolsillo para abrir. Una vez que lo hizo, instó a que Sakura ingresara primero y encendió la luz para no quedar atrapados bajo la completa oscuridad.
Aunque creía que el departamento podría ser distinto, éste se trataba de un amplio monoambiente en el piso superior del edificio.
Divisó la cocina-comedor del lado izquierdo, contando con una pequeña mesa redonda y dos sillas. En la pared estaba colgado un televisor de pantalla plana y el decodificador.
Del lado derecho se encontraba una amplia cama, rodeada de unas lujosas cortinas que parecían de una fila tela importada, color rojo intenso y algunos detalles en dorado.
Pero lo que acabó de perturbarla no fue el llamado de Sasori, ni su confesión acerca del crimen.
Lo que sus ojos estaban viendo en ese instante eran fotografías de ella y Hiruzen, en el evento donde se habían reencontrado. El rostro del Sarutobi estaba completamente rayado por un tipo de fibrón rojo y ella llevaba clavado una navaja en medio de su frente.
Sasori se percató de que Sakura estaba viendo aquello, lo cual hizo que se ubicara detrás de ella y la abrazara con fuerza, recorriendo su abdomen y apretando sutilmente sus senos.
—No puedo permitir que ese viejo me quite lo mío... —mientras masajeaba sus pechos, Sasori besaba y mordía el cuello de la Haruno.
Incómoda ante la situación, dejó caer unas lágrimas de impotencia. Se sentía débil y culpable. Deseaba poder reaccionar de un mejor modo y haber maldecido el día que se reencontró con Sasori, transformando su vida en un completo infierno.
Debía orillarlo a confesarse y tratar de escapar. Su trabajo no podía perderse en un simple impulso.
Se armó de valor y enfocó su mente en la única persona que podía hacerla delirar con sólo suspirar en su oído. Cerró sus ojos y formó la imagen mental de Kakashi, sintiendo cómo trataba de buscar su éxtasis.
Sabía que estaba muy mal aquello, pero prefería la fantasía a una cruenta realidad.
Sakura volteó, quedando de frente a Sasori y lo miró detenidamente. Aquella sonrisa socarrona era la que más aborrecía. No obstante, pudo cubrirlo con el seductor rostro de Kakashi y dejarse llevar por los deseos de Sasori, bajo el encantamiento de un imposible.
Se adentró al mundo de Sasori, bajo la máscara de Kakashi. Sakura lo besaba con lascivia y el pelirrojo se aferraba aún más a ella.
—¿Me dirás por qué lo mataste? —susurró al momento de alejarse de él.
—Porque él era el obstáculo para tenerte conmigo. Él no permitía que te alejaras de su lado y por eso lo quité del camino... —espetó entre jadeos.
Mientras intentaba arrebatarle la ropa a Sakura, ella aprovechó el momento para empujarlo y que cayera al suelo.
En ese instante, la pelirrosa salió corriendo del departamento, sabiendo que Sasori no le había puesto el seguro.
Huyó lo más rápido que pudo, tocando el botón del ascensor que acababa de llegar.
Ingresó a él y vio cómo Sasori se acercaba rápidamente.
Apretó todos los botones hasta que la puerta se cerró por completo, quedando ella sola adentro.
Sacó el celular que guardaba en su escote e hizo una copia del audio con la confesión de Sasori. Se la envió a Kakashi y él respondió de inmediato:
—¿Dónde estás?
—No lo sé. Activaré la ubicación. Logré que Sasori confiese el crimen de Hiruzen, pero ahora está completamente enloquecido.
—No te preocupes, estarás a salvo cuando te encuentre.
Pese a que sus palabras parecían alentadoras, el hecho de que Sasori era un psicópata dispuesto a todo por lograr sus objetivos, le generaba pánico.
Colgó, respiró profundo y esperó a que las puertas se abrieran.
Al salir, notó que no había nadie en recepción y aprovechó para escapar.
Sakura no contaba con el hecho de que el edificio sólo permitía el ingreso y egreso de las personas que vivieran allí. Tampoco sabía de la existencia de un segundo ascensor, hasta que oyó su sonido característico.
Al voltear, notó la furia el rostro de Sasori.
Caminó hasta ella y sonrió. La sujetó del cuello y susurró en su oído:
—Nadie se burlará de mí, ¿Entendiste? —su mejilla recibió un fuerte cachetazo que hizo que la pelirrosa cayera inconsciente.
La situación era aún más problemática e intensa. La muerte de Hiruzen había formado al criminal llamado Sasori, un hombre obsesionado por el amor de una mujer que supo cortar su relación a tiempo.
Algo que jamás podrá superar...
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El siguiente capítulo es el final de esta historia! No se lo pierdan!
