Un ligero aroma invadía su olfato. Le resultaba bastante familiar, embriagante.
Unos jadeos resonaban en su mente y su cuerpo aún no respondía a sus órdenes. Ella conocía ese tono de voz, claramente se trataba de Sasori.
Abrió sus ojos y se encontró envuelta en los brazos del pelirrojo. Levantó su cabeza y notó cuán excitado estaba al oler su cabellera.
Sintió repulsión, era un acto realmente indecoroso e incómodo.
Las manos de Sasori viajaban por el cuerpo de Sakura, deteniéndose estratégicamente en su entrepierna, desesperando a la joven Haruno.
Encerrada en el cuerpo de Sasori, envuelta por sus brazos que la retenían desde su abdomen. Su cabeza ubicada en su cuello, escuchando y sintiendo sus jadeos; sus muslos sintiendo la erección que estaba teniendo y sus ganas de devorarla por completo, eran los condimentos para el temor de Sakura.
Su corazón latía con fuerza y mucho más rápido de lo normal. Sudaba demasiado y sus manos temblaban.
—Tu aroma es delicioso. No te das una idea de cuánto te extrañaba, princesa… —espetó en un tono lascivo. Se acercó a su cuello y lamió intencionalmente—Todavía no sé porqué dejamos de hacer el amor…
—Me usaste, Sasori. De hecho, yo descubrí que me usabas porque estaba en boca de otras mujeres—respondió con resquemor—. De verdad estaba ilusionada, pero creo que se debía a que era muy ingenua para verlo.
Sasori corrió el cabello de Sakura y mordió sutilmente su hombro. Realmente deseaba volver a sentir su cuerpo caliente, fusionado con el suyo.
—Estaba ciego, princesa. Ellas me cegaron con sus encantos y perdí lo más importante que tenía —Sakura apretaba su mandíbula. La impotencia comenzaba a dominarla y eso le daba algo de fuerza.
Comenzó a removerse y trató de escapar de su prisión. Sasori no lo permitiría, así que la abrazó con más fuerza.
—Ahora estás aquí, conmigo y no pretendo absolutamente nada más que esto—soltó un pesado suspiro.
Sakura trataba de calmarse e intentaba elaborar un plan para ganar tiempo. Aunque le molestara, Kakashi sabía lo que estaba sucediendo y confiaba en que podría salir de allí. Mientras tanto, debía mantener entretenido a Sasori para evitar que escapara, dado que tenía grabada la confesión del asesinato a Hiruzen.
Si había algo que Sasori realmente quería, era a ella y aunque le causara repulsión, creía que su plan podría funcionar de algún modo.
El pelirrojo la giró, ubicándola frente a él. Humectaba sus labios y los mordía sutilmente. Jadeaba y se acercaba, con claras intenciones de devorar a su presa.
Él creía ser un león hambriento, dispuesto a arriesgarlo todo por alimentarse de su débil presa.
Sakura no calificaba como tal. Ella sabía que si armaba un buen plan, el león podría ser cazado, sin necesidad de acudir a la violencia.
Sasori acercó sus labios y los apoyó en los de Sakura. Aún sin besarla, continuaba hablando:
—Daría lo que fuera para que lo hagamos una vez más. Estoy desesperado… —espetó con ansiedad.
El pelirrojo era inestable e Incomprensible. Sakura nunca llegó a conocerlo por completo y eso le molestaba al intentar manipular su mente.
Estaba segura de que él querría hacer lo mismo, buscando que cediera y cayera rendida a sus pies, olvidando todo el daño que alguna vez le había hecho.
Sin embargo, ella no perdería en aquel juego.
Imaginó el tiempo transcurrido y eso sería insuficiente para lograr su cometido.
Suspiró, se armó de valor de trató de sonreír.
Cerró sus ojos y enfocó su mente una vez más.
—Sakura… —aquella excitante manera de llamarla era la llave para continuar.
Abrió sus ojos y se lanzó a Sasori, besándolo con desesperación. Él respondió del mismo modo, aprisionando la cintura de la Haruno a la suya, mostrándole cuán loco lo volvía su cuerpo.
Su pantalón era una bomba de tiempo y su miembro deseaba escapar hacia el refugio que estaba en Sakura.
Sin pensarlo, el pelirrojo ejerció toda su fuerza para destrozar la ropa de Sakura, dejándola únicamente en sus prendas interiores.
Estaba realmente enloquecido. Sakura conservaba la misma figura que hacía algunos años atrás. Su conjunto interior negro, de una tela que mostraba la transparencia de su piel, descolocaba a Sasori.
Su hambre crecía, al mismo tiempo que sus deseos carnales.
Desaforado, el pelirrojo se quitó rápidamente sus prendas, arrojándolas al suelo.
A diferencia de Sakura, él quedó completamente desnudo. Su miembro erecto era ridículamente peligroso y su expresión, deseosa de placer, se transformaba conforme pasaban los minutos.
Se abalanzó hacia ella, quedando por encima del cuerpo de la pelirrosa.
La besó nuevamente y acarició su abdomen.
Sakura sabía cuál sería su intención y lo comprobó al sentir su largos dedos acariciando su intimidad con cierta delicadeza.
—Supongo que has de estar muy deliciosa… —espetó en un tono lascivo, intentando introducir dos dedos en la cavidad de Sakura.
Incómoda pero con su teatro en plena función, Sakura soportó aquella escena, disociando la imagen retorcida de Sasori para añadir a Kakashi.
El imaginar que fuera él y no el pelirrojo sí la excitaba, realmente. Esto no pasó desapercibido por Sasori, quien quitó su mano de la intimidad de Sakura y saboreó su esencia oculta.
Enloquecido e impaciente, quitó las bragas de la pelirrosa. Luego, se deshizo del brasier.
Arrojó ambos al suelo y separó las piernas de su prisionera.
Él quería demostrar su poder ante ella y cuán dominante podía llegar a ser.
Se ubicó en el sitio perfecto y cuando el espectáculo estaba a punto de llevarse adelante, la puerta del departamento fue violentamente derribada.
La mirada de Sakura fue hacia ese sitio y notó que un grupo de oficiales habían irrumpido el lugar, apuntando directamente hacia Sasori.
El pelirrojo, encolerizado, dio un cachetazo a la pelirrosa.
—¡Me las pagarás, traidora! —espetaba con resentimiento. Sus ojos emanaban una llama proveniente del mismo infierno.
Sakura, enmudecida y absorta ante lo sucedido, se mantuvo estática en la cama. Su cuerpo desnudo aún recordaba a Sasori y su incomodidad era aún más repulsiva.
Ante la resistencia y los gritos desesperantes del pelirrojo, los oficiales optaron por reducirlo sin efectuar daño físico. Aquel ligero choque eléctrico había dejado fuera de combate a Sasori, permitiendo su traslado.
—¿Te encontrás bien, muchacha? —una policía se sentó a su lado y le devolvió la ropa interior que estaba a escasos metros.
—S… si—respondió con pánico. Aquel tragó amargo aún permanecía en su paladar y le costaría olvidarlo.
Sakura se colocó su ropa interior y miró con tristeza su vestido. Sasori lo había destrozado de tal modo, que no tendría sentido usarlo si, al fin y al cabo, continuaría desnuda.
La oficial comprendió de inmediato la situación y se acercó a uno de sus compañeros. Él asintió a su petición y se retiró.
Ella, volteó a ver a la pelirrosa y dijo:
—Tranquila, al menos conseguiremos algo que te cubra —sonrió genuinamente.
El alivio aún no llegaba, pero la calma intentaba abrazarla. Las lágrimas cayeron sin cesar. Se sentía fatal y lo único que deseaba era acabar con todo la desgracia que pesaba en su espalda.
Al levantar la mirada, la oficial nuevamente estaba a su lado, ofreciéndole una remera oscura y ligeramente grande.
—Es de uno de mis colegas. Sé que no será un vestido lujoso, pero creo que servirá más que estar semidesnuda—espetó y la pelirrosa aceptó, agradecida con el gesto.
—Gracias, de verdad—murmuró entre lágrimas mientras se vestía.
Era cierto. El tamaño era lo suficientemente grande como para cubrir su cuerpo por completo.
Los oficiales esperaron a los peritos para continuar investigando el revolver y buscar más evidencias que lo inculparan a Sasori.
Sakura salió del departamento, acompañada por la oficial y su colega.
Las manos no paraban de temblar. Sus piernas eran débiles y sus pasos, inestables.
Al subir al ascensor, la falta de aire comenzaba a pasarle factura, dejando en evidencia la nueva cicatriz que había dejado Sasori.
El policía la sostuvo de sus hombros, mientras su compañera movía las manos rápidamente para generar una ligera brisa.
—Es un ataque de pánico… —espetó él y su colega asintió—No te preocupes, estaremos afuera.
Y así fue. Las puertas se abrieron nuevamente, permitiéndoles salir al exterior y olvidar, al menos un momento, aquel calvario que tuvo que pasar la pelirrosa.
En la calle, varios patrulleros tenían encendidas sus luces de emergencia. El azul y blanco que titilaba velozmente, mareaba a Sakura.
—En breve te tomaremos la declaración —exclamó el oficial mientras acompañaba a Sakura hasta su vehículo.
Cuando estuvo a punto de subir, la pelirrosa volteó y se encontró con la mirada de Kakashi. Él se mostraba desesperado y preocupado.
Sin dudarlo, corrió hacia ella y la abrazó con fuerza, dejando salir la angustia que lo mantuvo alterado todo el tiempo.
La diferencia de altura y sus largos brazos cubrían por completo el cuerpo de la Haruno, así que tampoco podía huir de él.
A diferencia de Sasori, su aroma era delicado y pasional. Jamás se había sentido tan atraída hacia alguien que no fuera Kakashi, pero también su relación había costado mucho más de la cuenta.
Sakura, en agradecimiento, rodeó la espalda de Kakashi y escondió su rostro en el pecho del peliplata. Dejó salir sus lágrimas y los temblores comenzaron a cesar.
El oficial, ante la escena, se alejó unos metros para no estorbarlos. No obstante, no quería perderlos de vista.
—Gracias, Kakashi… —espetó entre sollozos.
—Jamás te volveré a dejar sola, Sakura —expresó con seguridad. Aquello había devuelto sus pies a la tierra y le recordó el motivo por el cual estaba enojada anteriormente.
—Te lo agradezco, aunque sabemos que no deberías estar aquí. Al menos, no conmigo—espetó con recelo. Su mirada, cargada de dolor, se enfocó en las orbes de Kakashi, quien no ocultaba su angustia—. Ella te necesita.
—Shizune sabe que tenemos una relación. De hecho, alguien le envió una imagen nuestra cuando nos besamos en el auto—respondió avergonzado—. Yo, realmente lo siento.
—Kakashi, sé que este no es el sitio, pero creo que es momento de que aclares lo que te pasa. Yo, por mi parte, ya lo tengo asumido… —bajó la mirada y suspiró—Debemos dejarlo aquí.
El silencio rotundo había contaminado el ambiente que los rodeaba. Las sirenas no se oían, las luces no titilaban.
Sus corazones estaban detenidos, esperando una explicación frente a una realidad que ya no se podía ocultar.
—Ella… —intentó justificar. La mano de Sakura lo detuvo.
—No quiero explicaciones, Kakashi. Creo que tampoco es el momento de hablar de ese asunto—Sakura se alejó de Kakashi, dirigiéndose hacia uno de los patrulleros.
El peliplata no quería dejarla partir. No de ese modo. No después de haber salvado su orgullo y dignidad frente a ese patán.
Mientras observaba cómo la pelirrosa caminaba de manera inestable, el Hatake corrió hacia ella y volvió a abrazarla. La soltó y se ubicó frente a ella, besando nuevamente aquellos labios que guardaban la esencia del pecado.
Sakura, entre lágrimas, respondió efusivamente. Recorrió su interior con lascivia, rogando que el momento no acabara.
Sin embargo, el hecho de recordar que su corazón estaba compartido, al igual que sus labios, la hería.
Alejó su rostro del suyo, suspirando ante la idea de partir de su vida.
Se miraron por última vez, añorando no olvidar aquellos momentos en los cuales habían sido felices.
—No puedo continuar con esto si alguien más está esperándote. No seré la segunda opción, merezco ser la prioridad… —susurró.
Las lágrimas de Kakashi resultaron ser más dolorosas de lo que él imaginó. El rostro afligido de Sakura, una mezcla explosiva de desesperación ante lo que acababa de suceder con Sasori y su decepción al reencontrarse con él, lo lastimaba demasiado.
Su relación con Shizune, su prometida, estaba destinada al fracaso. Sin embargo, su cobardía le impidió cortar con ella, pese a que su atracción hacia Sakura se había transformado conforme pasaba más tiempo a su lado.
Kakashi creyó manejarlo correctamente, pero notó que aquello se había ido de sus manos.
—Creo que sólo quiero estar sola. De verdad agradezco tu intervención, sé que el crimen de Hiruzen se aclarará y Sasori deberá cumplir con su condena… —volteó hacia las orbes de Kakashi—Al igual que vos.
Aquellas palabras estaban cavando una tumba muy profunda del cual no podría salir.
—Que seas muy feliz, Kakashi—susurró con una notable angustia que atravesaba su corazón—. Gracias por todo.
Aquellas simples palabras habían acabado con todos los recuerdos que ambos guardaban el uno del otro.
Sus miradas, sus pensamientos y aromas se desconectarían de inmediato, dando paso a una etapa de dolor en la piel de Sakura.
La pelirrosa subió al patrullero, ubicándose en el asiento trasero. La oficial que la había ayudado se encontraba al volante.
Sakura cedió ante la tristeza, aflorando su angustia en aquel vehículo.
Kakashi, por su parte, notó cuán dura podría ser su realidad de allí en adelante.
Su corazón estaba resquebrajado y las dos mujeres que estaban a su lado acababan de abandonarlo, al mismo tiempo.
Ambas compartían un hombre, un mismo cuerpo, unas palabras lascivas y el calor de su interior.
Lo que Kakashi no calculó, es que ambas estaban en sintonía, poniéndose de acuerdo en cortar su relación.
—Sakura…
"Desde que te vi ese día, danzando tus manos con sutileza, mi cuerpo se estremeció. La electrizante manera de sonreír ante tus habilidades, despertaban el erotismo que creí haber olvidado.
No me equivoqué. Eras la indicada, sólo que había olvidado un detalle: una mujer a la que le había prometido que nos casaríamos en algunos meses.
Aborrezco esta situación. Al mismo tiempo, sé que la merezco. No puedo decir que no me duele tu partida, ni tus ojos a punto de explotar de tristeza.
Sé que esto es aún más fuerte que la atracción y por eso no descansaré hasta encontrarte y reconquistarte, Sakura.
Es una promesa."
"El amor ama burlarse de mí por actuar sin pensar. Me dejé llevar y no medí las consecuencias de mis actos.
Tu aroma me embriagaba. Tu voz me atraía hacia la orilla del mismísimo infierno. Tu calor abrasaba mi débil y apagado cuerpo, devastado después de haber sido lastimada por un violento huracán.
Tus colores me contagiaron, me mostraron las vibrantes ondas que supieron darle vida a mi triste existencia.
Creí que el amor podría ser bonito, pero acabó siendo traicionero.
No estoy preparada para convertirme en la otra. No deseo ser la manzana de la discordia.
Sólo quiero que sepas, a donde quiera que vayas, serás mi pecado, aquel que me tentó a escapar del buen camino y me ofreció su fruta prohibida.
Kakashi, mi pecado. Mi primer y gran pecado, gracias por todo."
