Disclaimer: Este drabble participa en el I Certamen de los Originales del foro Alas Negras, Palabras Negras. En este caso, el universo pertenece a George RR Martin, pero el personaje de Daryn Mormont y la antigua esclava son míos. La condición era escribir un fic que tuviera por tema el amor.
Palabras: 741
Nada más
La encontraron en las orillas de Las Catorce Llamas, estirada en la playa, tan quieta que parecía muerta. Daryn Mormont se acercó a ella, aunque no había nada de valor que robar al supuesto cadáver: su vestido era un pedazo de lana vasta, sus pies estaban descalzos y lo único que adornaba su cuello era la quemadura que cruzaba su piel morena.
Cuando Daryn se agachó a su lado, la chica abrió sus ojos oscuros. Usando las pocas fuerzas que le quedaban lo amenazó con un trozo de hierro, que parecía haber sido afilado para acabar en una punta peligrosa.
Daryn se echó a reír.
La llevó al Viento del Norte, su barco, a pesar de las protestas de la tripulación y de la misma chica, que se debatió con toda la furia que cabía en su diminuto cuerpo. Symon de Astapor, el único entre ellos que sabía cómo tratar heridas, le aplicó un ungüento en la quemadura, mientras el Viento del Norte dejaba atrás esa tierra de volcanes.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó Daryn, usando el poco valyrio que conocía.
La chica no le contestó.
—Se habrá escapado de las minas —intervino Symon, en lengua común—. Nos darían un buen precio por ella en Valyria.
Pero esa mujer se las había arreglado para huir del lugar al que iban los esclavos del Feudo Franco a morir. No concederle la libertad a alguien que había luchado por ella parecía una ofensa a los Dioses, y Daryn pensaba que quizás estos aún lo vigilaban, incluso si en Essos no había arcianos.
—La dejaremos en Valyria —decidió Daryn—. Que se valga por sí misma.
Estaba seguro de que lo lograría. La muchacha era capaz de alejar a todos los que se atrevían a acercarse esgrimiendo ese trozo de hierro, si bien era un espectáculo un tanto lamentable, así que Daryn le entregó una daga para que pudiera protegerse con más dignidad.
No lo hizo porque le produjese inquietud su seguridad. Por los Dioses, no.
Durante el viaje, el viento cuarteó la piel de la antigua esclava y la comida no fue suficiente como para volverla lozana. Daryn se dijo que no era atractiva, aunque a veces se encontrase admirando esos ojos que nunca esquivaban una mirada y esa espalda que se mantenía siempre recta.
Pero a Daryn nunca le habían importado las mujeres. Cuando le compró un vestido nuevo en Tyria, fue porque no quería que enfermase por llevar solo ese harapo de lana. Nada más.
La noche en la que llegaron a Valyria, mientras Daryn contemplaba las luces que arrojaban las altas torres en la distancia, la muchacha se acercó a él.
—¿De ahí venías? —chapurreó Daryn en valyrio, señalando la ciudad.
Ella negó con la cabeza, mientras se aproximaba lo suficiente como para que Daryn notase el roce de su vestido.
Eso no fue lo que le aceleró el corazón. Era la visión de Valyria lo que lo abrumaba, nada más.
—¿Tú? —dijo la chica en valyrio. Su voz sonó afectada por la falta de uso, y sobresaltó un poco a Daryn.
—No. De… muy lejos —respondió él, esforzándose por usar el mismo idioma.
—Yo soy de Lys —contestó ella.
Hablando lentamente y en ocasiones con gestos, la muchacha fue tejiendo su historia: de sangre rhyonar, nacida esclava, vendida a las minas cuando el señor se cansó de ella.
Eso ultimo indignó a Daryn, pero solo porque él creía en recompensar la lealtad. No fue por pensar en las manos que la habían maltratado, y tampoco con el hecho de que la habían mandado a una muerte segura.
—Mi señor tenía una espada —le dijo la chica—. Me acusó de intentar robarla.
—¿Qué tipo… espada? —Eso encendió la curiosidad de Daryn.
—Acero valyrio.
El arma con la que Daryn siempre había soñado.
—Tú… conoces bien la casa —dijo Daryn, luchando por encontrar las palabras—. Entradas y salidas…
—Sí.
Y eso le dio una idea.
—¿Quieres… abajo? —preguntó Daryn, señalando la ciudad.
—¿Desembarcar?
Daryn gruñó, reconociendo su error.
—No deseo estar sola—dijo la chica.
—Entonces dame tu nombre, y serás parte de la tripulación —repuso Daryn, bastante ufano. Una alegría que no tenía nada que ver con la decisión de la chica, en absoluto.
—Elarys —Y la muchacha le sonrió. El gesto le iluminaba el rostro.
Así que lo acompañó a Lys, para ayudarlo a robar una espada de acero valyrio.
Fue por la espada. Nada más.
NA.
Creo que Daryn no es el tipo de hombre que aceptaría estar enamorado así como así, de ahí el fic que he acabado escribiendo. Daryn es un personaje original: lo he imaginado el primer Mormont que se estableció en Isla del Oso, y antes de eso un aventurero empedernido, capaz de viajar hasta Essos y visitar Valyria siglos antes de la Maldición.
Las Catorce Llamas era una tierra de volcanes, al parecer el hogar ancestral de los dragones, y dónde los señores valyrios tenían unas minas que explotaban en búsqueda de oro y plata, usando mano de obra esclava en condiciones infernales.
La espada valyria que se menciona en el fic es Garra. Mi idea es que Daryn se las arregló para robarla empleando los conocimientos de Elarys sobre la casa de su antiguo señor. Ella es otro personaje inventado, y su nombre también: le he dado un toque de dorniense, al no saber realmente cual sería el tipo de nombres que usarían los descendientes de los rhyonar, más allá de Nymeria. En caso de que os lo preguntéis, para mí acabó siendo la primera señora de la Isla del Oso, por poco convencional que suene eso. Y es que unas mujeres de armas tomar como las Mormont quizás se merecen descender de otra mujer que consiguió sobrevivir al peor lugar del mundo.
