Disclaimer: Este fic participa en la actividad «¡Rey de los Siete Reinos!» del foro Alas Negras, Palabras Negras. El personaje sorteado fue Maron Martell.
Todo pertenece a George RR Martin.
Palabras: 491
Soñando con dragones
—¿Myriah? —llamó Maron, entrecerrando los ojos para intentar distinguir a su hermana en la oscuridad—. ¿Estás despierta?
Myriah resopló.
—¿Qué quieres, Maron?
El niño se coló en la estancia. Caminó con cuidado hasta el lecho de su hermana mayor, tanteando en una oscuridad apenas paliada por la luz de la luna, que se colaba entre la celosía de la ventana.
—Myriah, he estado pensado —dijo Maron, mientras subía al lecho. Su hermana gruñó, pero se apartó un poco para permitir que se acomodase—, ¿crees que los Targaryen aún tienen dragones?
—No, el último murió hace años.
—¿Y si los tienen escondidos?
—No lo creo.
—¿Pero, y si los tienen? ¿Y si...?
—¿A qué viene esto, Maron? —Su hermana estiró los brazos y bostezó.
—He soñado que te devoraba un dragón.
Su hermana soltó una carcajada.
—¿De qué te ríes? —Maron enrojeció—, era un dragón enorme. En mi sueño entrabas en el septo para casarte, y el dragón estaba allí, esperándote…
—Por los dioses, espero que ese no sea el caso. No me gustaría casarme con un dragón.
—¡No te casabas con él, te comía!
—Me pregunto qué es peor.
Maron estuvo a punto de marcharse, indignado por la despreocupación de su hermana.
—¿Por qué estás tan tranquila? —replicó Maron, volviéndose de espaldas en el lecho y cruzando los brazos sobre su pecho—. Los Targaryen son malvados y feos.
—No son feos —Su hermana calló durante unos instantes—. Maron… ¿temes por mí?
—Pues… —Un nudo en la garganta, tan abrasador como las mismas arenas de Dorne, le impidó continuar.
Su hermana le pasó los brazos por la cintura. Hacía tiempo que no dejaba que su hermana lo abrazase, ya que a sus ocho días del nombre se consideraba demasiado mayor para los mimos de Myriah; pero esa noche lo permitió.
—Sabes por qué es importante mi enlace, ¿verdad? —le susurró Myriah.
—Para mantener la paz. —Maron trató de no estremecerse al recordar las historias que habían surgido de las guerras entre Dorne y la corona Targaryen. Canciones sobre ciudades arrasadas por el fuego y desiertos cubiertos de cadáveres. «Hemos vencido, pero el dragón duerme a nuestras puertas» solía decir Padre, «necesitamos asegurarnos de que no despierte».
Dragones. Puede que estuvieran todos muertos, pero Maron siempre los había temido.
—Estaré bien, Maron —dijo Myrah—. ¿Recuerdas nuestro emblema?
—Por supuesto: un sol y una lanza.
—Su fuego no puede quemarme y, si intentan comerme, les clavaré la lanza en el ojo.
Eso le sacó una sonrisa a Maron.
—Te echaré de menos cuando me vaya, Maron. —Myriah apoyó la cabeza en su hombro, y Maron intentó no echarse a llorar. Su hermana se marcharía en un par de lunas—. Tal vez deba buscarte una esposa Targaryen.
—¡No!
Myriah se rio.
—Eso ya lo veremos. —Y le hizo cosquillas en el estómago, a pesar de las protestas de Maron—. No quiero ser la única devorada por dragones.
NA.
Para quien no sea muy ducho en este período en particular, Maron acabó casándose con una Targaryen, llamada Daenerys, la hermana del esposo de Myriah. Eso fue lo que unió Dorne a los reinos de los Targaryen.
