Disclaimer: Este drabble participa en el I Certamen de los Originales del foro Alas Negras, Palabras Negras. En este caso, el universo pertenece a George RR Martin, pero el personaje de Daryn Mormont es mío. La condición era escribir un fic con un personaje canon: Rodrik Stark (y también el rey de las Islas del Hierro es canon, aunque yo le he dado el nombre).

Palabras: 744


Hierro


—Atravesadle el corazón con Hielo.

—Daryn…

—¿Preferís cortarle la garganta?

—Esta es una lucha honorable.

—Morirá con honor si le atravesáis el ojo con una flecha.

—Os mandaré de vuelta al mar.

—Permitid que me lleve un par de cabezas antes, alteza.

—Estáis molestando al Rey con vuestras sugerencias.

—En estos instantes, mi Rey parece un borracho de taberna que acaba de pelearse por una fulana.

Al oír esas palabras, el sirviente que traía el odre para Rodrik soltó una exclamación. Debía creer que el Rey en el Norte mandaría ejecutar a Daryn por su insolencia, y probablemente se sintió sorprendido cuando su majestad se limitó a reírse con ganas, antes de coger el odre y echar agua al moretón de su mejilla.

El sirviente era demasiado joven para recordar la época en la que Daryn y Rodrik recorrían alocadamente los bosques, lanzándose pullas mucho peores. La madurez había llevado a Daryn a los mares y a Rodrik al trono, pero la vuelta del primero al Norte había demostrado que algunas amistades son como rocas, capaces de soportar los vientos del tiempo y la distancia sin mostrar la más mínima erosión. La reunión los había llenado de tal alegría que llevaban un par de lunas comportándose de nuevo como los niños que una vez habían sido.

Quizás por eso Rodrik había aceptado la absurda propuesta de jugarse la soberanía de la Isla del Oso en un combate cuerpo a cuerpo.

El Rey de la Madera a la Deriva se encontraba al otro lado del Bosque de Dioses, siendo atendido de sus propias heridas. Daryn lo habría devuelto a su nave antes de que pudiera poner un pie en Invernalia, pero tras tantos conflictos con el Viejo Kracken, Rodrick quería la paz con el Rey que lo había sucedido. Lo había invitado a sus salones y le había comunicado que estaba dispuesto a pactar una tregua, si bien el precio era la Isla.

Aunque los hijos del hierro no entregaban nada por las buenas.

—No se ha rendido —dijo el Rey, chasqueando sus nudillos—. Podríamos pelear de nuevo, pero si lo hiero de gravedad ofenderé a los Dioses, ya que es mi huésped. Creo que debería negociar otra forma de rendir la Isla.

Así que Rodrik se acercó al otro Rey para parlamentar. Habló unos instantes a solas con él, hasta el momento en el que Balon Greyjoy alzó la voz.

—Si os doy Isla del Oso se la entregaréis a uno de vuestros hombres, y ninguno de ellos vale la mitad de un hijo del hierro. —Eso provocó abucheos entre los norteños.

—Os propongo algo —contestó Rodrick—: proponed una prueba y, si alguno de mis banderizos la supera, la isla es mía.

Balon aceptó. Con una sonrisa que no presagiaba nada bueno, llamó a los suyos y les dio instrucciones.

Un par de hombres volvieron al castillo y regresaron poco después transportando consigo una pesada cadena de hierro, más hermosa que cualquier otra que Daryn hubiese visto nunca.

—Si un norteño es capaz de romper esta cadena, Isla del Oso es vuestra —dijo Balon.

El señor de la casa Cerwyn melló su espada en el primer intento. Lord Bolton lo probó con tanto ahínco que rompió la suya. A Lord Umber le resbaló la mano y se cortó a sí mismo, y el joven de los Reed solo negó con la cabeza, sin llegar a acercarse a la cadena.

—No es normal —opinó el chico, y Daryn compartió esa percepción: los Greyjoy habían conseguido, por magia o por suerte, un hierro excepcional.

Cuando le tocó el turno a Daryn, este no pudo ocultar una sonrisa.

Se situó ante la cadena y sacó su espada. La alzó por encima de su cabeza y, con un golpe seco, atravesó la cadena, que cedió a su filo como un hilo ante un cuchillo. Fue tan sencillo que Garra, esa arma de acero valyrio que había robado en Lys tiempo atrás, acabó clavándose en el suelo.

La retiró con un gesto brusco y miró al Rey de las Islas del Hierro, que, con la boca un tanto abierta y el semblante pálido, observaba su preciosa cadena cortada en dos.

La carcajada de Rodrik rompió el silencio.

—Creo que la Isla del Oso os pertenece, Mormont —dijo el Rey.

Y Daryn no pensó discutirlo, ya que en una torre de Invernalia lo aguardaba una mujer lysena a la que deseaba dar tranquilidad y un buen hogar.


NA.

El canon dice que Rodrik o bien ganó la Isla del Oso en un combate cuerpo a cuerpo con el Rey de las Islas del Hierro, o bien lo hizo con palabras. Yo me creo la primera versión (dudo que nadie haya sido capaz de convencer a un hijo del hierro con un sermón XD) pero he querido añadirle algo de mi propia cosecha que explique por qué, con el tiempo, puede haber maestres que crean que lo convenció hablando: que el combate cuerpo a cuerpo acabase en empate y se decidiera por otros medios quién se quedaba con la Isla.

La cadena es invención mía, pero seguramente en Valyria o en cualquier otro rincón del mundo de Martin se podría forjar algo que solo el acero valyrio lograse traspasar.