South Park Copyright © Trey Parker y Matt Stone.
Capítulo VI.
~ Kyle. ~
Estaba del todo informado sobre la popularidad que Stanley poseía en la universidad: Capitán del equipo de fútbol, atractivo y con una facilidad para entablar conversación con cualquiera que es normal que sea considerado alguien popular e incluso admirable. No me molesta, de hecho, no tendría porqué hacerlo, pero tampoco era muy de mi agrado verlo rodeado de cinco chicas que gritaban de emoción; casi mojándose por tenerlo cerca, y lo peor, Stanley sonriendo encantadora mente provocando sonrojos y suspiros en ellas.
Y no le gustaba llamar la atención, según él.
¿Estaba celoso? Sí, lo estaba. No podía hacer nada porque, en primer lugar, ¿qué podría hacer? ¿Ir hasta él y tomarle del brazo mientras miraba a las otras claramente indicando que él era mío y que se alejasen? No, no planeo hacer algo como eso, en primer lugar tengo una imagen que cuidar, en segundo lugar, creo que ya he torturado bastante la mente de Stanley como para hacer eso que, estaba seguro, le molestaría. Además, y, aunque me cueste admitirlo no era pareja del otro ni nada parecido, quedaría como un tonto si actuo de manera impulsiva.
Suspiré levemente, mirando a otro lado mientras me cruzaba de brazos. El azabache había ofrecido tomar un café conmigo después de sus clases, pero pareciese que lo ha olvidado o simplemente estaba ocupado coqueteando con aquellas chicas que aparente mente no planeaban dejarlo ir. No me iba a retirar y perder la oportunidad de salir con él, menos considerando que él fue quien me invitó.
–Ey. –Volteé mi mirada hacia la persona que había hablado, topándome con un chico rubio de ojos azules mirándome con una gran sonrisa y deteniendo su paso frente a mí. – ¿Eres el tutor de Stan, cierto? –Preguntó, guardando ambas manos en los bolsillos de su chaqueta naranja, la cual, si no me equivoco se veía algo desgastada.. Asentí levemente. –Ow, entonces tú eres quién le ha dicho que iba a conquistarlo. Que tierno~
Desvié mi mirada, avergonzado. Lo había dicho tan como si nada, provocando que me avergonzara más de lo que me gustaría mostrar. Escuché como soltaba un risa, por ende, volví a mirarle, con mis mejillas aún sonrosadas.
– ¿Y tú eres? –Cuestioné, alzando una de mis cejas.
–El mejor amigo de Stan. Me llamo Kenny. –Se presentó, alzando sus hombros en una señal de desinterés, me sorprendí un poco, aunque logré disimularlo. – Escucha, Stan suele decir cosas sin pensarlo, es impulsivo, pero estoy seguro de que te aprecia.
– ¿Ah?
–Vale, como me explico. Llevan dos semanas con eso de las tutorías y haz logrado ganarte el cariño de Stan, lo sé porque puedo notarlo. –No negaré que escuchar eso me hizo sonreír levemente, logrando sentir una cálida sensación en el pecho que me hacía sentir como un marica completo. Y estoy consiente de que lo soy, pero odiaba que mi cuerpo me lo recordara de esa manera. –Tienes mi apoyo para conquistarlo.
–Supongo que, gracias pero... ¿Por qué?
–Soy su mejor amigo y sé lo que le conviene. –Volvió a encogerse de hombros. –Y porque... –Algo quería, estoy seguro. –Bueno, ¿conoces a Butters Stoch? –Bingo.
–Sí, lo conozco. –Respondí, con cuidado. Después de todo Butters era mi mejor amigo, junto a Tweek, y al notar la estúpida sonrisa que se había formado en el rostro del ajeno supe que algo quería con él. – ¿Por qué?
–No, por nada. –Aquella sonrisa se borró de su rostro para dar paso a una más pícara. –Bueno, me voy. Y no lo olvides, tienes mi apoyo para con Stan. –Me guiño un ojo, haciendo que mis mejillas se colorearan de un tono rojizo. Solamente me limité a observarle irse, intrigado, tenía que hablar con Butters sobre ese chico, no era desconfianza, para nada, pero conociendo a Leopold que suele ser demasiado inocente, y si mis sospechas son ciertas, tengo que prevenirlo.
–Lamento si te hice esperar. –La voz de cierto azabache me hizo posar la mirada en éste, con el entrecejo fruncido, gesto que al parecer el otro notó porque comenzó a reír nervioso. –Lo siento, en serio.
–Da igual.
–Bueno. ¿Nos vamos? –Y me sonrió, jodido pelinegro que me hace sonrojar con sólo una puta sonrisa. Rápidamente giré sobre mis talones y comencé a caminar, murmurando un «vámonos» Juraría que soltó una risa, pero estaba tan sumergido en mi vergüenza que lo ignoré.
El camino hacia la cafetería, la cual se encontraba a unas cuadras de la universidad, fue en silencio, que en lo personal, no era uno incómodo ni mucho menos, al contrario, fue algo relajante. Ya sentados, una de las meseras se acercó para pedir nuestras órdenes, únicamente pedí un capuchino, no tenía antojo de algún postre ni parecido, así que el café estaba bien, a diferencia de Stan que pidió una rebanada de pastel.
– ¿Cuándo presentas tu examen?
–En una semana. –Respondió, con desgano. Sonreí levemente ante aquello, a veces me sorprendía ser la única persona que disfrutaba los exámenes... bueno, a veces. –Pero no me preocupa, gracias a ti he aprendido bastante bien.
–No eres malo, creo que sólo te faltaba más empeño.
–Sí, seguramente. –Recargó su codo sobre la mesa al igual que su cabeza sobre la palma de su mano. –Gracias.
–N-No hay de qué.
–No, en serio, creo que enseñas mejor que el maestro. –Reí un poco. –Además, no lo sé, te has convertido en un gran amigo para mí. –Terminó de decir. Asentí levemente, esta vez sin muchas ganas. Amigos. Esa palabra seguía siendo una patada para mi estómago, no me gustaba escucharla pero ahora no tenía ánimos para lanzar uno de mis típicos comentarios sobre que supuestamente iba a enamorarlo porque, siendo sincero, ya no estoy seguro de ello.
Quizá, debería rendirme de una vez.
–Sus órdenes. –La mesera se acercó nuevamente, depositando nuestras órdenes en la mesa, fue ahí cuando logré sentir que alguien nos observaba. Una mirada penetrante que me fue fácil adivinar quién era; no es la primera vez que la siento.
"Cartman"
Aprovechando que Stanley se encontraba distraído, giré sobre mi lugar observando hacia unas mesas atrás, y, en efecto, ahí estaba el castaño mirándome con una de sus típicas sonrisas de superiodad. Joder, odiaba sentirme observado y más si era por aquel castaño que lograba sacarme de mis casillas.
– ¿Pasa algo? –Rápidamente regresé mi mirada al azabache, esbozando una sonrisa mientras negaba levemente. – ¿Seguro?
–Sí, todo bien. –Tomé el capuchino y me lo llevé a los labios para darle un sorbo. El más alto me miró intrigado, aunque inmediatamente cambió su expresión.
Luego de una hora, aproximadamente, ya nos encontrábamos saliendo de aquella cafetería. He de admitir que ya no se siente tanto la incomodidad entre ambos, como antes. Puedo decir que, independientemente de mis sentimientos por él, nos hemos convertido en grandes amigos. Y así estaba bien, digo, sé lo que siento por él pero en este momento, su amistad me era más que suficiente, o al menos de eso quería convencerme. Duh, más marica y de seguro no nazco.
– ¿No quieres pasar? Estoy seguro que a mi madre le dará gusto verte.
–Tu mamá me da miedo.
–A todos les da miedo. –Soltó una risa.
–Mejor no, debo volver a casa, es tarde y seguramente mis padres y Pip estén preocupados.
–De acuerdo. ¿Cómo va todo con Pip?
–Bien, supongo. Me dijo que hoy hablaría con Damien. –Asentí levemente, no conocía del todo al rubio, pero por lo que me contó Stanley, sentía un poco de pena por él, mira que saber que la persona que amas está comprometida, debe ser algo duro. –Bueno, me voy. Te veo mañana, ¿no?
–Sí. –Respondí. –Adiós. –Mis ojos se cerraron al sentir como su mano daba leves palmadas sobre mi cabeza, gesto que de días hacia acá acostumbraba a hacer, y que por supuesto, no me molestaba en absoluto. Lo miré retirarse para después girar sobre mis talones y abrir la puerta.
Me adentré a mi casa, esperando no toparme con mi madre. Aún estaba castigado por lo del otro día, y Sheila no dudaba en echarme en cara la irresponsabilidad que, según ella, tuve en esa ocasión, aún cuando prácticamente yo no tenía la culpa de nada, o quizá sí, no lo sé. Afortunadamente no estaba en la sala por lo que me apresuré a dirigirme a mi habitación. Una vez ahí, dejé mi mochila sobre la cama y tomé mi celular para marcarle a cierto chico burlón.
–Mi querido judío, ¿a qué debo el honor de tu llamada?
–No te hagas pendejo, sabes bien porqué te hablo. ¿Se puede saber por qué mierda me seguías?
–Yo, vamos Karl, el que estuviera en esa cafetería no significa que te estuviese siguiendo. Fue una mera coincidencia. – Estaba mintiendo, era claro.
–No jodas.
–Así que ese es el chico que te encantaría que te diera por el culo, vaya gustos tan más raros tienes pelirrojo.
–Mira, Cartman, no es tu asunto, no te metas y dejame en paz, joder.
–No~
–Hijo de puta.
–Te lo había dicho, Kyle, no descansaré hasta que seas mío.
Y aquellas palabras; esas absurdas palabras, provenientes de los labios de quien se supone es mi enemigo, lograron hacer que mis mejillas se tiñeran de un color rojizo, y lo peor, mi corazón se aceleró, haciendo que un mal presentimiento se hiciera presente, confundiendo me.
–... -Abrí los labios para decir algo pero las palabras se quedaron atoradas en mi garganta, incapaces de salir.
–Nos vemos, judío. –Y cortó la llamada. No me jodan, ¿en serio tenía que decir algo tan vergonzoso como eso? Jodido gordo.
[...]
– ¿Cuidarme?
–Sí. Mira, no sé si mis sospechas son ciertas, pero en serio, si un rubio de ojos azules con pinta de mujeriego se te acerca, ten cuidado.
–D-De acuerdo. –Sonreí.
– ¡Gah!
– ¿Pasa algo?
–N-No... Digo, sí, no, gah, presión. –Miré a Tweek, intrigado, desde la mañana ha estado portándose extraño, bueno, más de lo normal. –Ngh.
–Butters.
–S-Salchichas. ¿Recuerdas a aquel chico con el que chocaste en el centro? –Asentí, cómo olvidarlo si era idéntico a cierto chico que conozco. –Ayer lo vimos y... Miraba a Tweek de manera muy insistente.
–Estoy seguro que algo quiere, gah, pero no sé qué. –Lo que faltaba, que Tweek ahora sea acosado por un chico con pinta de matón. Por Moisés.
–Descuida, Tweek, no dejaremos que te haga algo.
–Lo sé. G-Gracias. –Me miró, con sus labios curvados en una pequeña sonrisa, gesto que correspondí.
La voz de la maestra me hizo apartar la mirada del rubio, posandola ahora en la mujer que al parecer jamás venía de ánimos para dar clase. Todos nos dirigimos a nuestros respectivos asientos y así comenzó otro día de clases, entre bostezos, bromas; cortesía de Trent. etc. Para mi desgracia, se me estaba haciendo muy largo este día de clases.
No podía dejar de pensar en las palabras que Cartman me había dicho, la manera en la que lo había pronunciado me tomó de sorpresa, avergonzándome demasiado. Y es que sonaba tan seguro de si mismo que incluso me hizo pensar en qué pasaría si yo... Comenzaba a sentir algo por él.
"¡No! Definitivamente jamás sentiré algo por él, mis sentimientos hacia Stanley son verdaderos, si llego a sentir algo por Cartman será simple... ¿Simple qué?"
Bufé con frustración, odiaba cuando mis pensamientos se revolvían de esta manera. Lo peor, es que no es la primera vez que pienso en sentir algo por el castaño. Ya antes he pensado en qué pasaría si aceptaba salir con él, claro, esto antes de conocer al azabache, y sinceramente no me veía a su lado. Además de que la sola idea me daba repulsión... Antes, ahora no sé ya qué pensar.
–Kyle, ¿te pasa algo? Haz estado muy distraído. –Butters me miró con leve preocupación.
–Estoy bien. –Respondí, cerrando mi casillero después de haber sacado los libros de la siguiente clase. –Sólo que, no dormí bien. –Me miró, sin creerme, pero ya no dijo nada, quizá había notado que no deseaba hablar en ese momento. Y lo agradecía, mi mente se encontraba llena de pensamientos que odiaba tener.
La campana que indica el final de ese día de clases al fin sonó, provocando suspiros de alivio y una que otra exclamación de alegría, mentiría si digo que yo no me alegré por eso.
Después de despedirme de Butters y Tweek, comencé a caminar en dirección a mi casa, como me encontraba castigado no podía ir a ningún lado luego de clases. Tampoco me apetecía salir esta tarde, sólo quería dormir un poco antes de hacer mis tareas.
Suspiré durante el camino.
– ¡Pelirrojo! –Escuché que alguien gritaba, volteé y me sorprendí al ver a Kenny, quien se acercaba con una gran sonrisa de oreja a oreja. –Que gusto verte. –Comentó, al verse a un lado mío.
–Hola. –Saludé, sonriendo. – ¿Qué haces por aquí? Tengo entendido que deberías estar en clases.
–Tú lo has dicho, dude, debería. –Soltó una risa. –Me atraparon haciendo trampa en un examen y me mandaron a casa. –Dijo, como si nada.
–Lo dices como si fuese normal. –Y su risa me hizo pensar que, en efecto, era normal.
–No lo creas, es la primera vez que me atrapan haciendo trampa. –Habló. – ¿Vas a casa? Te acompaño. –Y antes de que yo respondiera, ya se encontraba caminando. Suspiré un poco, antes de seguirle, un poco de compañía no me vendría mal. – ¿Cómo van las cosas con Stanley?
–Bien, ha aprendido bastante y...
–Me refiero a lo otro. –Me cortó.
–A-Ah.
– ¡Que lindo, te sonrojaste!
– ¡Kenny!
–Vale, ya, lo siento. –Desvié la mirada.
–No lo sé. –Respondí, luego de unos segundos en silencio. Kenny me miró, algo confuso. –Me refiero a que, nos hemos vuelto grandes amigos y eso pero... Creo que no llegará a sentir algo por mí, como yo lo siento por él.
– ¿Piensas rendirte? –Aquello me sorprendió. –Mira, pelirrojo, conozco a Stan y porque lo conozco te digo que no te rindas.
Detuve el paso al ya vernos frente a mi casa, Kenny se detuvo también, mirándome con aquella sonrisa que extrañamente me transmitía confianza y me animaba a seguir hablando. Kenny parecía ser de esos chicos que jamás te juzgan, al contrario, te apoyan en todo lo que hagas.
– ¿Por qué me dices esto? Digo, soy un chico que va detrás de tu mejor amigo.
Una risa salió de entre los labios del más alto. –Lo sé, y se me hace bastante extraño que un chico, cuatro años menor que nosotros esté dispuesto a enamorar a Stan, pero, también, estoy seguro que lo que sientes es sincero. –Sonrió. –Así que, si quieres que él te dé por el culo, yo te ayudo.
Ese comentario me hizo avergonzar y molestar pero no dije nada. –Gracias.
–De nada. –Se dio la media vuelta. –Me retiro, pelirrojo, espero verte pronto.
–Claro, adiós.
Lo observé retirarse, y al ya no verle decidí entrar ya a mi casa, no quería obtener una llamada de atención.
–Vaya, así que el pobre te ha ofrecido su ayuda. –Me tensé levemente al escuchar aquella voz, mierda.
– ¿Qué haces aquí? –Pregunté. Cartman sonrió con arrogancia, esa maldita sonrisa que me hace enojar. Por otro lado, ¿pobre?
–Nada, nada, sólo vine a ver a mi rata judía favorita.
–Bien, ya me viste, largate.
–Que carácter. –Rodé los ojos con fastidio. Estaba dispuesto a entrar de no haber sido porque sentí al otro tomarme del brazo y para acabar, se había acercado demasiado. –Te voy a repetir lo que te dije ayer, judío, no dejaré que me quiten lo que es mío.
–Yo no soy tuyo. –Hablé, intentando no mostrarme nervioso aunque por dentro lo estaba.
–Hasta ahora.
"No te sonrojes, no te sonrojes"
–De acuerdo. Sueltame.
–No.
–Cart...
–Lamento interrumpir. –Esa voz. Me solté rápidamente del agarre del otro y miré a Stanley, quien se encontraba de pie, frente a nosotros con una expresión más seria de lo normal.
–S-Stanley.
–Lamento venir sin avisar, salí temprano de clases y pensé que podríamos tener la tutoría, ahora.
–Y-Yo...
–Me voy. –Cartman miraba al azabache de una manera para nada amistosa, estoy seguro de que si las miradas mataran, el mayor ya estaría muerto. –Nos vemos, Karl. –No respondí nada, solamente miraba al más alto que igual miraba al castaño seriamente. Cuando éste se fue, aparté la mirada, rogando porque el otro no haya escuchado nada de mi 'conversación' con el castaño.
– ¿Tienes inconveniente con que la tutoría sea ahora? –Miré nuevamente a Stanley, sintiendo un poco de alivio al ver la manera en la que me sonreía, quizá no había escuchado nada, o eso quería creer.
–Claro que no, adelante.
Al abrir la puerta, me hice a un lado para que entrara, después me adentré yo, cerrando la puerta tras mi espalda. Como era de esperarse, la voz de mi madre se hizo presente.
–Stan, que gusto verte.
–Buenas tardes.
–Buenas tardes. ¿Qué se te ofrece?
–Vino a que le diera tutoría. –Respondí, caminando hacia las escaleras e indicándole al otro con la mirada que me siguiera. –Estaremos en mi habitación.
–Permiso.
–Adelante, les llevaré algo de comer en unos minutos.
Entré a mi cuarto, dejando mi mochila sobre la cama, no quería estar nervioso pero las palabras de Cartman no dejaban de dar vueltas en mi cabeza, mierda, hermano de Scott tenía que ser. Ahora que lo pensaba, no he visto a este último en días, no es que deseara verlo pero, se me hacía bastante raro, considerando que suele seguirme a cada lugar que voy. Entiendo como Stan se sentía cuando lo seguía de esa manera.
– ¿Te ocurre algo? –Sacudí la cabeza con discreción, debo de dejar de pensar en Cartman o quien sea, Stanley estaba aquí y es lo único que debería importarme. –Kyle.
–Estoy bien, sólo algo cansado.
–Podemos dejar la tutoría para mañana.
–No. Estoy bien. –Pronuncié, sentándome en la cama. Stan asintió, sentándose a mi lado y comenzando a sacar las cosas que utilizaría. – ¿Cómo vas con lo de la guerra mundial?
–Bien. Lo he estudiado y ya me sé algunas cosas, aunque sigo teniendo dudas.
– ¿Cómo cuales? –Tomé mi mochila para sacar mi libro de la dichosa materia. – ¿Stanley? –Le miré al no obtener respuesta alguna, sorprendiéndome al ver la manera tan seria en la que me miraba, poniéndome nervioso. – ¿P-Pasa algo?
–Ese chico... ¿Es algo tuyo?
– ¿Ah? No. Es sólo un conocido. –Respondí, intrigado por su pregunta. – ¿Por qué?
–No. Por nada. Como te decía, las dudas son...
Comencé a explicar las dudas que el mayor tenía. Ya no quería pensar en nada, ni en Cartman ni en lo que siento por Stan, estoy llegando a un límite que prefiero evitar.
Hicimos una pausa cuando mi madre nos trajo comida. –Kyle, ¿seguro que estás bien? Te noto demasiado distraído. –Miré al pelo negro.
– ¿Te puedo hacer una pregunta? Aparte de esta, claro.
–Adelante. –Lo dudé, y al parecer, debido a mi silencio, Stan supo qué quería preguntar ya que se puso algo nervioso, al igual que yo. –Kyle.
–Necesito que me des una respuesta. –Desvié la mirada. Entonces recordé las palabras de Kenny, no debería rendirme pero... ¿Cuál era el punto de tratar de enamorar a alguien que realmente no siente nada por mí? Pasaron uno, dos, tres segundos en los que el silencio reinó la habitación, creo que eso era una respuesta demasiado obvia. –Olvidalo, mejor sigamos con esto. –Deposité el vaso de agua que tenía entre mis manos sobre el mueble a mi lado, y tomé el libro. Maldita sea, realmente estaba dispuesto a enamorar a Stan, pero Cartman me estaba confundiendo demasiado, y me odio por comenzar a sentirme de esta manera, es decir, ¿por qué Cartman? Se supone que lo odio y ahora me descubro pensando en él, ¿qué mierda?
–Kyle.
Alcé el rostro para mirarle.
Y pasó rápido.
En ese momento sentí que todo se detenía y que todo silencio existente se apagó, haciendo que lo único que se escuchara fuesen los latidos de mi corazón. Sentía mi rostro arder y no era para menos, Stanley, Stan me estaba besando. Joder. Y gracias a ese beso, a sentir sus labios sobre los míos, me doy cuenta que en verdad lo quiero, no es un simple capricho ni nada cercano a ello, entonces, ¿¡por qué comenzaba a dudar ahora!?
–Kyle, dice mi mamá que... Oh, lamento interrumpir.
Me separé de Stan rápidamente, sonrojado y mirando a Ike molesto.
– ¿No te enseñaron a tocar la puerta?
–Lo siento. Yo que iba a saber que te estarías besando con tu novio.
– ¡Ike! –Stan toció un poco, ya sea para hacer del ambiente algo menos tenso o porque estaba avergonzado. Da igual.
–Vale, ya. Dice mi mamá que si tienen más hambre, bajes por más comida.
–De acuerdo. Largate. –Rió con burla mientras cerraba de nuevo la puerta. Mierda, de sólo pensar que mi madre pudo haber entrado me daba un no-sé-qué de nervios. Capaz y me manda a otro país. Suspiré un poco, sin atreverme a mirar al mayor quien igualmente estaba sonrojado, muchísimo menos que yo, pero ruborizado al fin de cuentas. –Ah, yo...
–Lo lamento.
–N-No, no importa.
–Eh... Kyle, yo creo que, estoy comenzando a sentir algo por ti. –De manera rápida volteé a mirarle, sorprendido. –Y no quiero darte una respuesta sin estar seguro de lo que siento, no sería justo. –Bajé la mirada, tenía razón y yo estoy consciente de ello era sólo que el que Cartman me haya dicho aquello me hizo dudar, sobre lo que siento por él. –Sé que es injusto.
–No lo es. –Inmediatamente respondí. –Al contrario, me parece justo. –Sonreí, con un poco de sinceridad. Y lo era, quizá yo también tenía que aclarar mis dudas.
Seguimos con la tutoría hasta que Stanley tuvo que retirarse. Le acompañé a la salida y luego de despedirlo subí de nuevo a mi cuarto. Vaya día tan más raro que he tenido, me acerqué a la ventana, notando lo tarde que ya era. El sonido de mi celular me hizo tomarle, al mirar el identificador de llamadas, sonreí levemente.
–Tweek.
– ¡Gah!
–Auch. –Me quejé ante su grito. – ¿Qué pasa?
–Ngh. E-Ese chico, una cita. ¡Gah! ¡Mucha presión!
– ¿Cita? –Repetí, sorprendido. Bueno, al parecer Tweek tiene una cita y al parecer con un chico... Que mierda. –Voy para tu casa.
Tomé una sudadera y bajé a la sala donde mi madre se hallaba leyendo un libro.
–Ah, mamá. ¿Puedo salir? –Me sentía como idiota preguntando eso pero tenía qué.
–Estás castigado, buba.
–Lo sé, pero a Tweek se le presentó un problema con la tarea y quiere que le ayudé, personalmente. –Respondí.
–Oh, en ese caso, puedes. Sólo un momento.
–Gracias.
Ignoré por completo la mirada pícara que Ike me estaba mandando y salí de la casa en camino a la de mi paranoico y adorable amigo. ¿Qué? Era adorable y no podía negarse, siempre me ha causado algo de ternura, más cuando se pone a decir sus incoherencias. Tenía bastante curiosidad por saber sobre aquella cita, la verdad no veo a Tweek en una, mucho menos con un chico.
~ Extra. (?) ~
Jesús, esto no podía estarme pasando. ¡Presión! ¿Acaso hice algo para estar en esta situación? Intentaba por todos los medios posibles no mirar al chico que me tenía acorralado en la pared. ¡Gah! Yo sólo quería llegar a mi casa y tomar una o varias tazas de café. ¡No esto! Me pregunto qué querrá, quizá secuestrarme, violarme y luego matarme. ¡Oh dios! No, yo no quiero morir, no ahora. Mi cuerpo temblaba más de lo normal y a pesar de eso sentía los ojos contrarios sobre mí.
– ¡Gah!
–Carajo, deja de temblar. – ¿¡Cómo me pide eso!? Su tono de voz era algo profundo, como el de un asesino en serie. Cielos, debo dejar de ver películas de acción.
– ¡N-No me mates! –Exclamé, atreviéndome por fin a ver al otro y, mierda, sentí mi rostro arder. ¡Era el mismo chico de hace unos días! –Gah, tú. ¿Qué quieres de mí? Te daré lo que sea pero no m-m-me hagas daño. ¡Soy joven para morir! Ngh.
–Callate. –Y eso hice, sus orbes no se apartaban en ningún momento de los míos y eso me ponía aún más nervioso, más que eso, una extraña sensación se hizo presente en mi pecho, lo que me asustó más. –Ahora escuchame. Tú, yo, en una cita mañana en el parque, y más te vale ir sino quieres enfrentar las consecuencias. ¿Entendido?
Parpadee un par de veces, intentando asimilar lo recién dicho por el otro. Una cita. ¿Una cita? ¿¡UNA CITA!?
– ¡Gah! ¿Qué?
–Lo que escuchaste. –Me soltó, y como si nada hubiese pasado se dio la media vuelta y comenzó a caminar. ¿Qué carajo? Mis mejillas se encontraban rojas, ya sea por la vergüenza, el susto o la pequeña rabia que estaba comenzando a sentir debido a la actitud del otro. Presión, demasiada.
Comencé a caminar hacia mi casa a paso rápido. Tenía que hablar con Kyle sobre esto. ¡Jesús! Tengo una cita y con un chico, eso era suficiente para hacerme sentir nervioso, y lo peor es que ese chico parecía matón. ¿Y si todo es una trampa para asesinarme? ¡Gah!
[...]
–Vale, Tweek, calmate. –Kyle se sentó a un lado mío. –Vaya, quién diría que a ese chico le gustarías.
– ¿G-Gustarle?
–Es obvio, por algo te pidió una cita.
–P-Pero yo no puedo g-gustarle.
– ¿Por qué? –Bajé la mirada, ¿por qué? Era obvio, ¿quién se fijaría en alguien como yo? Conozco perfectamente los defectos que tengo. –Oh, vamos Tweek, eres un chico bastante lindo. –Me sonrojé levemente ante ello. –Personalmente, creo que deberías ir, no pierdes nada con hacerlo.
– ¿Y s-si es un asesino?
–Dudo que lo sea.
Le di un sorbo a mi café mientras asentía, Kyle tiene razón, no pierdo nada con ir, además, no sabía porqué pero ese chico, cuyo nombre no lo sé, me causaba bastante curiosidad.
[...]
Ggg. Hola(?)
Se siente bien actualizar después de cinco meses. -Le pegan-. Vale, ya, lamento mucho la tardanza pero la escuela y la flojera de escribir no me permitían hacerlo. Sorry. :v No pienso dejar este fic incompleto, tengo tantas ideas que quiero plasmar y, eso. Si actualicé hoy es porque amanecí con inspiración, la cual no fue mucha porque el capítulo es corto, pero algo es algo. No sé hasta cuando volveré a actualizar, espero que pronto pero la escuela me tiene muy, muy ocupada. Apenas y puedo dormir. :'v
Bien, este capítulo se enfocó más en los sentimientos de Kyle, dije que iba haber Kyman y lo va haber, pero tranquilidad, el fic es Style y se quedará en Style. c: Pero primero haré sufrir tanto al judío como al hippie que de seguro odian por indeciso. :v
Gracias por leer, en verdad lo agradezco. ¡Saludos y hasta la próxima!
