Estoy intentando no tardarme demasiado en actualizar, otra vez. Jajaja. Tengo "escrito" hasta el capítulo 16 y si todo va bien este fic tendrá máximo un total de 20 capítulos. Pero tengo que editar, corregir y demás para que los capítulos no estén mal escritos, aparte las clases en línea ya comenzaron y pues quiero morirme pero trataré de subir un capitulo cada 8 o 10 días.
Por otro lado realmente no esperaba que alguien leyera esto. Jajaja, se los agradezco mucho, este fic lo voy a terminar antes de que se acabe este año, lo prometo, sobretodo porque me está gustando demasiado como va quedando y necesito terminarlo sí o sí. (?)
Kyle.
Acomodé por décima vez el mechón de cabello que caía por mi frente. Llevaba más de diez minutos tratando de mantenerlo quieto pero mi cabello decidió que hoy era un buen día para mantenerse desordenado. O quizás son los nervios que tengo los que no me dejan peinarme de manera tranquila.
Nadie podía culparme. Yo en serio estaba convencido de que Stanley rechazaría la cita que le había pedido por mero impulso y porque quería probar si tenía suerte. El que haya aceptado me tomó bastante por sorpresa pero logré mostrarme lo más tranquilo posible y no tan emocionado como en realidad su aceptación me había hecho sentir.
Estaba tratando de no ilusionarme demasiado con toda la situación, pero me resultaba bastante complejo no hacerlo cuando a mi mente llega la imagen del beso que nos habíamos dado en mi habitación. Aunque después Stanley prácticamente me dijo que no me hiciera ilusiones, no podía evitarlo, ¿cómo quería que no me ilusionara si primero me besa y ahora acepta tener esta cita conmigo? Podría tratar de convencerme a mí mismo de que él aceptó simplemente para no hacerme sentir mal, sin embargo, creo que lo conozco lo suficiente para percatarme de que no lo hacía solamente por eso.
No soy la clase de persona que se deja llevar por sus sentimientos y que cree que el corazón puede tomar decisiones solas, pero en este momento, estando de pie frente al espejo de los baños de la escuela mientras trato de arreglar mi cabello para que no se vea mal durante todo el día, no puedo evitar dejarme llevar por la manera tan errática en la que late mi corazón y tener la esperanza de que si todo sale bien, Stan y yo podemos estar juntos.
Ugh, demasiado cursi tratándose de mi.
Viendo que era imposible acomodar mi cabello, me resigné y decidí salir de una vez no sin antes checar que mi vestimenta estaba en buen estado.
Toda la tarde anterior me la había pasado buscando algo que me hiciera lucir bien pero sin que se notara demasiado que me había comido la cabeza tratando de elegir algo que me hiciera ver bonito frente al más alto. Ike se burló de mí diciéndome que jamás había imaginado verme de esa manera por un chico pero también me ayudó a escoger un outfit decente; al final quedé bastante satisfecho con el pantalón negro roto de las rodillas que me quedaba ligeramente ajustado, la camisa verde militar que se ajustaba perfectamente a mi delgado torso y encima una cazadora negra, todo siendo complementado con unas botas tipo militar de color café oscuro.
Nunca me he interesado demasiado por la vestimenta. Siempre considero que es muchísimo mejor la comodidad que el sentirte totalmente incómodo con el único propósito de usar ropa que está a la moda, sin embargo, ahora vestido de esta forma podía sentir una sensación de satisfacción porque, si siendo demasiado ordinario con la ropa recibía alguna que otra mirada de parte de una chica o chico, hoy estando bastante arreglado recibí el doble de miradas y mentiría si digo que eso no hizo que mi ego aumentara. Todos pecamos de narcisistas en algún momento de nuestras vidas.
Había citado a Stanley para ir a una feria; un lugar sencillo y demasiado cliché pero sabía que era una buena opción para que nos la pasáramos bien y que el mayor no se sintiera tan incómodo por la cita. Le dije también que podíamos vernos en la parada del autobús que nos llevaría hasta la zona donde se encontraba la feria pero él se negó y me dijo que no tenía ningún problema en volver a pasar por mí a la preparatoria y sería demasiado falso de mi parte decir que no me emocioné al escuchar aquello y que no acepté a la primera, porque eso fue exactamente lo que hice, provocando que el otro soltara una risa divertida debido a mi actitud tan entusiasta.
Le mandé un mensaje a Tweek avisando que ya debía de irme y no tardó en responder el mensaje, diciéndome que tuviera cuidado y que si era posible evitara subirme a algún juego mecánico pues éste podría caerse y yo moriría. Sonreí enternecido por sus palabras y después de decirle que todo saldría bien, guardé el celular en el bolsillo de mi pantalón y me apresuré a la salida.
Aún me sentía nervioso pero trataba de mostrarme lo suficientemente tranquilo para que Stanley no se diera cuenta pues estoy seguro de que no dudaría en burlarse de mí. Crucé la entrada y entonces lo vi, estaba recargado en una de las paredes de enfrente y aunque lo quisiera no hubiera podido retener el suspiro que salió de mis labios cuando le miré detenidamente. Stan se veía demasiado atractivo con ese pantalón de mezclilla negro y su sudadera igualmente negra que le quedaba ligeramente grande. Estaba vestido de una manera demasiado casual así que supuse que no se había molestado en matarse la cabeza buscando algo especial para la cita como yo lo había hecho. No me decepcioné por ello, porque aún con sus prendas sencillas lograba verse demasiado bien y el verle recompensaba su falta de interés a la ocasión.
—Hola. —Saludé cuando ya me encontraba parado frente a él. Stan alzó la mirada de su celular y me miró con una sonrisa que tembló cuando su mirada me recorrió de pies a cabeza. Nuevamente la sensación de satisfacción me invadió pues no me fue dificil saber que le había gustado la forma en la que me había arreglado. —Te ves bien.
—Gracias. —Respondí. —Tú igual luces bien. —Quise halagarlo. Soltó una pequeña risa, avergonzado desviando un poco su mirada azulada.
— ¿En serio? Ni siquiera me tomé la molestia de buscar algo decente. —Me hizo una seña para que comenzaramos a caminar en dirección a la parada de autobuses. —Mi padre enfermó y estuvimos ayer cuidándolo, por eso no pude buscar algo mejor para hoy.
—No te preocupes. —Respondí de manera rápida, comprendiendo la situación. — ¿Está bien tu papá? Debiste haberlo dicho y hubiéramos cancelado la salida.
—Oh, no, no. Él ya está mejor, hoy amaneció bastante bien así que no le veía sentido cancelar la cita. —El hecho de que llamara a esto por su nombre y no negara que estábamos realmente en una cita me hacía sentir demasiado feliz, sin embargo no evitaba preocuparme por su papá y una pequeña sensación de culpabilidad me inundó pues seguramente el mayor en este momento quisiera estar en casa con su padre y no aquí conmigo perdiendo el tiempo. Stanley pareció darse cuenta de lo que estaba pensando pues se acercó a mí y me dio un pequeño golpe en la frente. —Ey, está bien, en serio. Además estoy emocionado, tiene mucho que no voy a la feria. —Hice una mueca pero terminé asintiendo.
El autobús no tardó en llegar a la parada y después que pagamos nos dirigimos a los asientos ubicados en la parte trasera. El camión venía prácticamente vacío a excepción de un par de chicos y una señora con un rostro bastante relajado.
—Por lo que veo tú si tomaste el tiempo para elegir tu outfit, ¿cierto? —Me sonrojé al escuchar las palabras que Stan decidió usar para romper el silencio que se había formado entre nosotros. Le miré topandome con la sonrisa divertida en su rostro y le di un pequeño golpe en el hombro, avergonzado.
—Bueno, es una cita, obviamente iba a esforzarme en esto. —Respondí.
—Te esforzaste bien.
Ninguno dijo nada después de eso así que el resto del camino cada uno se mantuvo callado. Yo miraba a través de la ventana entretenido con las casas y calles que iban quedándose atrás y sintiéndome bastante contento de que Stan haya notado el esfuerzo que puse para verme bien para él, y aunque me avergonzaba un poco, me hacía bien el saber que le gustaba como me veía.
Veinte minutos después llegamos a nuestro destino y cuando bajamos del autobús el sonido de las risas y voces de toda la gente se hizo escuchar, hombres, mujeres, adolescentes y niños y niñas iban de un lado a otro completamente emocionados. El lugar se veía bastante lleno lo que no era nada sorprendente al ser un viernes en la tarde. Nos dirigimos a conseguir las entradas y las fichas que nos daría el acceso a los juegos a los que quisiéramos subirnos.
—¿A qué deberíamos subirnos primero? —Me preguntó Stan. Miré detenidamente a mi alrededor en busca del juego que sería perfecto para ser el primero. — ¿No te dan miedo los juegos altos, verdad? —Me preguntó de forma inocente pero no evité mirarle molesto.
—Estoy chico pero eso no quiere decir que le tenga miedo a las alturas, Stanley. —Él soltó una risa, divertido de mi respuesta tan a la defensiva.
—Vale, vale, preguntaba sin intención alguna de burlarme. —Aclaró. —En ese caso vamos a subirnos primero a esos y despues a los menos pesados, ¿te parece?
—De acuerdo.
Dicho y hecho nos dijimos al primer juego que tenía en letras grandes el nombre de "El péndulo". Sé que le dije a Stan que este tipo de juegos no me daba miedo pero no evité estremecerse un poco al observar la forma en la que el juego se movía y giraba mientras se elevaba de manera demasiado alta a la vez que las personas ahí subidas gritaban como si su vida dependiera de ello. Hice un pequeña mueca pero me obligué a no mostrarme nervioso.
Ya en la fila, Stan me sonrió y le regresé la sonrisa, encantado.
Me sostuve con fuerza del tubo que estaba a mi lado una vez que bajamos de ese maldito juego, el mareo que estaba sintiendo era demasiado y tuve que poner todas mis fuerzas para no terminar sacando el licuado de frutas que me había tomado esa mañana. Stan colocó una de sus manos sobre mi espalda y comenzó a dar pequeñas sobradas para ayudarme a controlar el mareo.
— ¿Estás bien? —Si hubiese sido otra persona muy seguramente ya le hubiera respondido de manera tosca diciéndole que claramente no estaba bien y que su pregunta era demasiado estúpida, pero no soy tan idiota y simplemente asentí aunque era más que obvio que estaba todo menos bien. —Creo que el juego fue demasiado, hasta yo me sentí un poco mal.
—Ugh. —Ya más calmado, me enderecé y le mire terriblemente avergonzado. ¡Era el primer juego y ya me sentía morir! Seguramente Stan debe de pensar que soy demasiado patético y sensible.
— ¿Quieres descansar? Podemos ir a sentarnos a una banca.
— ¡No! —Me apresuré a exclamar. —Estoy bien, tiene mucho que no me subía a un juego así, supongo que por eso me mareé pero ya estoy bien.
— ¿Seguro? —Aún me miraba con duda así que me apresuré a decirle que sí. Por Moisés, no podía dejar que esta cita terminará arruinada por culpa de un estúpido mareo, aún faltaban muchos juegos a los cuales subirnos.
—Sí, mira podemos subirnos a los carros chocones que es algo calmado y ya después seguimos con los demás. —No dejé que respondiera, me apresuré a tomarle del brazo y jalarlo para que comenzaramos a caminar a la dichosa atracción. Seguía mirándome inseguro pero al final soltó un suspiro y se resignó a seguirme.
—Lo que tú digas.
Me gustaría decir que durante el resto de la salida había pasado sin ningún percance pero sería mentir. No hubo incomodidad entre nosotros, Stanley parecía estarla pasando bien y las bromas y las risas no hicieron falta. El problema es que justamente este día mi suerte había decidido irse de vacaciones y dejarme abandonado para que me ocurrieran pequeños accidentes que no eran tan graves pero terminaban dejándome bastante avergonzado frente al chico que me gusta.
Los primeros juegos estuvieron bien, el problema comenzó cuando Stanley me insistió para que entraramos a la casa de terror que, como toda buena feria, había en el lugar. Yo me mostré un poco reacio porque las cosas de terror sí me daban algo de miedo, prefería evitarlas. Sin embargo, el mayor parecía realmente emocionado por querer entrar que no me vi con la capacidad de decirle que no.
Stanley debería de comenzar a quererme porque no sabe el poder que tiene sobre mí.
Mientras estábamos en la fila, trataba de calmarme y convencerme de que sea lo que sea que haya adentro de ese jodido lugar no era real y simplemente era una jodida atracción de una jodida feria. Stan me estaba contando acerca de la vez que entró con su hermana y ésta le había dejando abandonado a la mitad haciendo que se orinara en los pantalones porque solamente era un niño de 6 años, pero sinceramente no estaba poniéndole mucha atención pues mis nervios me estaban jodiendo demasiado. Mientas Stan me hablaba de cómo los policías tuvieron que entrar al lugar para sacarlo, llegamos a la entrada. Stanley entregó las dos fichas y la mujer de la entrada nos dijo que nos divirtieramos. Perra.
Obviamente no me divertí.
No llegamos a la mitad del juego cuando yo ya estaba demasiado asustado y a punto de tener un paro cardíaco por culpa de los malditos que estaba vestidos de zombies y que salían de sorpresa para asustarnos. Stan se estaba riendo de mí y yo en serio quise golpearlo pero lo único que pude hacer fue aferrarme a su brazo cuando sentí como un zombie de mierda me tomaba del tobillo.
Seguimos avanzando y cuando nos acercamos a la salida ya ni siquiera me importó quedar en vergüenza, solté al pelinegro y me apuré a salir de ahí dando un suspiro de alivio al estar nuevamente afuera. Marsh seguía riéndose cuando llegó a mi lado y le miré enojado.
—Me hubieras dicho que te daba miedo y no hubiéramos entrado.
—Cállate.
Cuando logré calmarme nos dirigimos a la rueda de la fortuna que ya era la última atracción del día, y ahí sucedió el otro accidente. Iba tan distraído escuchando otra de las anécdotas de Stan y cuando estaba a punto de decirle que yo una vez soñé que unos marcianos me secuestraban tropecé con una piedra que estoy casi seguro el maldito de Dios puso a propósito en mi camino. Y sí, me caí.
El mayor no tardó en arrodillarse a mi lado y a preguntarme si estaba bien mientras me miraba preocupado. Yo quise responder que sí lo estaba pero la verdad era que a esas alturas ya estaba demasiado avergonzado y mi rodilla me dolía mucho, en ese momento me arrepentí de usar estos jodidos pantalones. Negué.
— ¿Te lastimaste? —Stan me tomó de las manos y las apartó de mi rodilla para ver el rasguño que si bien no era nada grave si me ardía mucho. —Vamos a uno de los baños para que puedas limpiarte.
—No quiero.—Dije. —Esos baños son públicos, seguramente están todos sucios. Además es sólo un raspón, no es nada grave. Mejor vámonos antes de que vuelva a quedar en vergüenza frente a ti. —Terminé, enojado y con un puchero en los labios porque mi suerte no podía ser peor en ese instante. Stan me miró por unos segundos hasta que suspiró y me dio una sonrisa.
— ¿Estás avergonzado? —Me preguntó, el muy idiota.
— ¿Tú qué crees, Marsh? Estoy en una maldita cita con el chico que me gusta y me mareo en el primer juego, casi me pongo a llorar en la casa del terror y ahora me caigo frente a ti y ¿todavía preguntas si estoy avergonzado? Por supuesto que lo estoy, idiota. —Le respondí de manera brusca. Me miró sorprendido pero después comenzó a reírse de nuevo. — ¿¡De qué te ríes!?
—Perdón, perdón. —Respondió rápidamente. —Es que te ves demasiado tierno así todo enojado, pareces un chihuahua. —De todos los halagos que me podía dar se le ocurre decir que parezco un maldito perro, en serio.
—Un chihuahua.
—Me gustan mucho los chihuahuas.
—Eres pésimo para dar halagos.
—Me lo han dicho. —Se puso de pie y me extendió una mano para ayudarme. —No deberías sentirte avergonzado, no tiene nada de malo que te hayan pasado esas cosas además, por favor Ky, te he estado contado acerca de la vez que me oriné en los pantalones y sobre cómo fui secuestrado de niño por unos jodidos extraterrestres, ¿no crees que el que debería de estar avergonzado soy yo? —Terminó de decir con una enorme sonrisa. Desvié la mirada, afectado por aquella sonrisa de dientes blancos, y asentí. —Ahí está. Además esto hace que la cita sea más real, no todas las citas tienen que ser perfectas. —Apretó mi mano de manera suave. —Ya es demasiado tarde, deberíamos de ir a comer algo.
—Bien.
Aún sin soltar mi mano, comenzó a caminar hacia la salida así que me vi obligado a seguirle. Durante el trayecto, observé nuestras manos entrelazadas y sentí como mi corazón latía rápidamente ante la emoción que me provocaba sentir la calidez de su mano sobre la mía. Había soñado durante bastante tiempo con poder tomar su mano y ahora que estábamos ahí mis ilusiones se estaban disparando sin que yo pudiera hacer algo para evitarlo.
No quería decir que a estas alturas ya estaba más que ilusionado pero es precisamente lo que estoy diciendo.
Después de caminar un par de calles nos adentramos a una cafetería bastante bonita que se hallaba de paso y en cuanto el aroma a café inundó mi nariz recordé todo el hambre que en ese momento tenía, prácticamente se me hizo agua la boca al mirar los postres que había del otro lado del mostrador.
—Buenas noches, ¿que desean? —Nos saludó la chica, bastante bonita, del otro lado del mostrador. Observé cada uno de los postres y mi hambre me exigía pedir uno de cada uno pero no tengo el suficiente dinero para darme ese lujo, así que me decidí por un croissant relleno de chocolate y un café sin azúcar. La chica asintió y después miro a mi acompañante esperando que le dijera lo que él quería.
—Una rebanada de pastel de tres leches y un café expreso, por favor. —La chica volvió a asentir y se apresuró a servirnos los postres en un plato cada uno y nos pidió que fuéramos a sentarnos ya que las bebidas estarían dentro de unos minutos. Stan soltó mi mano para que cada uno pudiera tomar su respectivo plato y nos dirigimos a una de las mesas que se encontraban a lado del ventanal que daba a la calle.
—Creo que hoy caminé lo suficiente para no hacerlo por una semana. —Reí por las palabras del alto y le miré, encontrándome con los ojos azules que me miraban de manera tranquila.
—Me la pasé bastante bien, después de todo. —Dije curvando mis labios en una sonrisa sincera. El alto asintió.
—Yo también, tenía mucho que no salía de esta manera.
— ¿Ni siquiera con tus amigos?
—Craig es demasiado amargado como para aceptar venir a una feria y Kenny tiene otras prioridades. —Recargó su rostro sobre la palma de sus manos, aburrido. —Además al estar en diferente carreras es un poco complicado que nuestros tiempos libres se crucen.
—Es bueno que estén en la misma universidad, ¿no?
Asintió. —Lo es. Fue algo que planeamos desde que éramos niños e íbamos a la misma primaria. —Una sonrisa adornó sus labios al recordarse a sí mismo y a sus amigos cuando eran unos pequeños de 10 años. —Fue una suerte que las carreras que queríamos se encontraban en la misma universidad.
—Eso es increíble. —Le dije. —Butters, Tweek y yo hemos hablado mucho acerca de ello y queremos irnos a la Universidad Nacional. Ahí se encuentra la carrera de derecho que quiero cursar y está la de literatura y cocina que ellos quieren.
—Vaya, ¿no está algo lejos esa universidad?
—Sí, lo está. Tenemos planeado irnos a vivir cerca de ahí para que no se nos haga tan pesado. —Tomé mi croissant con una mano y le di una pequeña mordida. El sabor a chocolate inundó mis papilas y casi gimo de satisfacción gracias al dulce sabor. —Igual todavía nos faltan dos años y tenemos este tiempo para ahorrar el dinero que necesitamos. —Terminé de decir después de haberme pasado el bocado del postre. —Mi madre me apoya, para ella sería demasiado bueno que entrara en esa universidad.
—Seguramente lo harás, Ky, eres muy inteligente.
En ese momento la chica que nos atendió se acercó a la mesa con el par de cafés que le habíamos pedido, nos sonrió y después de decirnos que disfrutaramos la comida se fue a seguir atendiendo a los demás clientes.
—Sé que soy inteligente.
—También muy modesto. —Reímos y ya después ninguno dijo nada pues nos dedicamos a comer. Ambos estábamos hambrientos así que el silencio que nos rodeaba no era para nada incómodo, todo lo contrario, el silencio era cómodo y bastante relajante gracias a la música de jazz que se reproducía en el lugar.
—Bebe invitó a Kenny a la fiesta que harán en tu prepa. —Me dijo el azabache después de que termináramos de comer. Dejé la taza de mi café sobre la mesa después de haber tomado la última gota y le miré sorprendido.
— ¿En serio?
Asintió. —Kenny nos convenció de ir así que muy seguramente te vea ahí, ¿no?
—Seguramente. —Sonreí ante la idea de ver a Stan en esa fiesta. Saber que él estaría ahí me terminó de convencer para no faltar a esa fiesta de mierda. —Es de disfraces.
—Uh, lo sé, no esperes un gran disfraz de mi parte. —Reí un poco.
—Lo mismo digo.
Cuando terminamos por completo, pagamos la cuenta y comenzamos a caminar hacia la parada de autobuses que nos llevaría a nuestro hogar. La mayor parte de todo el camino fue en silencio. Estábamos bastante cansados como para seguir platicando y lo único que queríamos era llegar a nuestras casas para dormir, en el camión iba bastante adormilado así que dejé caer mi cabeza sobre el hombro del mayor, pude sentir como se sobresaltaba pero no hizo ningún movimiento para separarme, cosa que me hizo sonreír de manera inconsciente.
Al llegar a nuestro destino, Stan se ofreció a llevarme hasta mi casa así que caminamos hacia ésta. La noche ya había caído desde hace un par de horas así que la calles estaban un poco vacías, también se sentía el aire ya un poco frío por lo que me abracé a mi mismo al sentir mi cuerpo temblar ligeramente, debí haber traído una sudadera extra.
Finalmente llegamos a mi casa y nos detuvimos a unos pasos de distancia de ella. Stan me miró y me sonrió, gesto que no tardé en responder con una sonrisa de mis labios.
—Gracias por haber aceptado la cita. —Le dije.
—No agradezcas, me la pasé increíble. —Me respondió, avergonzado. Asentí y desvié un poco la mirada. —Podemos salir otra vez. —Rápidamente le miré sorprendido, el miraba hacia otro lado con un pequeño sonrojo en sus mejillas.
— ¿En serio?
—Claro. —Me miró sonriente.
No supe cómo pasó pero me quedé perdido en su rostro. La luz que provenía del poste que estaba cerca de nosotros le daba directo a su rostro haciéndole ver bastante lindo, su cabello negro caía de manera suave sobre su frente y su piel pálida resaltaba gracias a toda su vestimenta negra. Pero sobretodo me perdí en sus ojos azules, eran grandes y brillosos; eran hermosos.
Stan era completamente hermoso y me gustaba, me gustaba mucho que incluso dolía un poco.
— ¿Kyle?
Decidí dejarme llevar por el impulso que tenía en ese momento así que sin pensarlo demasiado me lancé hacia él para abrazarlo. Mis brazos rodearon su torso y escondí mi rostro ruborizado en su pecho. Stan se sorprendió bastante por ello pero no tardó mucho en corresponderme, sus brazos me rodearon por completo y suspiré de gusto antes la calidez de su cuerpo pegado al mío. Se sentía tan bien que quise llorar ante las sensaciones tan abrumadoras que en ese momento me recorrían.
Nos mantuvimos en esa posición por algunos minutos hasta que decidí que era hora de entrar a mi casa sino quería mi madre saliera y nos viera de esa manera. Me separé y le sonreí, sincero.
—Me tengo que ir. —Stan parecía perdido en su mente pero asintió.
—De acuerdo.
—Avisame cuando llegues a tu casa. —Le pedí, me sonrió y volvió a asentir.
—Cómo tú ordenes.
Estaba a punto de darme vuelta para irme de una vez pero lo siguiente que Stan hizo me detuvo y prácticamente me dejó en un estado de shock.
Sentí sus labios sobre mi frente en un pequeño beso que había decidido darme y esta vez no pude evitar ruborizarme completamente debido a su inesperada acción. Mi corazón nuevamente comenzó a latir con mucha fuerza que temí que Stan lograra escuchar. Cuando se separó, volvió a sonreírme.
—Te mando mensaje. —Fue lo último que dijo antes de darse la vuelta y comenzar a caminar en dirección a su casa. Yo todavía me quedé ahí como estúpido mirando como se alejaba, sintiendo como mis sentimientos revoloteaban dentro de mí estómago.
En ese momento no pude evitar desear que las cosas cambiaran y que Stan finalmente se decidiera por darme una oportunidad. Lo quería, en verdad lo quería.
También, en ese momento me cegué y no pensé que las cosas podrían salir mal.
