Veinte minutos.

Había pasado tiempo desde que dejó de verle, ¿seguiría utilizando el mismo perfume que en aquellos días? ¿Luciría un poco mayor? Tal vez el tiempo no pasaba en él y parecía atrapado en un rostro joven sin importar la edad que tuviera.

Cepilló su cabello más de tres veces, su cuarto de baño era iluminado apenas por unos cuantos apliques colocados a los costados de su espejo. No quería parecer nerviosa o emocionada al volver a encontrarse con él, mas su reflejo le mostraba su semblante neutro siendo traicionado por la emoción que proyectaba su mirada.

Fue inesperada la manera de contactarla, después de tantos años creyó que ya no la recordaría, pero su mensaje fue contundente:

"Necesitamos hablar, te espero en el restaurante de siempre."

A pesar de las crisis económicas que habían hecho cerrar a muchos comercios, el restaurante al que amaban ir cuando eran novios seguía intacto. Por su puesto, tal vez el personal, una que otra cosa del menú, las mesas, los manteles, pudieron cambiar; sin embargo, se mantenía en la misma calle de siempre y abría sus puertas en el horario habitual. El olor de aquel lugar la llevaba por un instante a esa época de felicidad que se rehusaba recordar, a pesar de los momentos llenos de amor, estaban intrínsicamente conectados a todas las peleas, las palabras hirientes, el momento en que cortó todo lazo con quien pensó que era el amor de su vida.

Kotoko volvió a fijar su mirada en el reflejo, indecisa si tomar su celular y cancelar la reunión, o simplemente llamar a un taxi e ir su encuentro. Volvió a cepillarse su cabello, aferrándose aún más a la idea de no salir de esas cuatro paredes.

Al final, resolvió que no ganaba nada escondiéndose en el baño de su casa, había invertido algunas horas valiosas en su arreglo personal como para cancelarlo todo e irse a meter a la cama.

Tomó su celular, miró el mensaje de Naoki que resaltaba en su pantalla: "No vayas a cancelarme". Era como si la conociera tan bien que había adivinado precisamente lo que estaba pensando hacer. Respiró hondo y llamó a un taxi para acudir al lugar y acabar lo más pronto posible.

Al llegar al lugar, le sonrió a la hoster del restaurante que se ocupaba de acomodar a las personas diligentemente en sus respectivas mesas, ella dio el nombre de su ex, pues él había reservado un lugar, amablemente la guió hacia la mesa asignada.

Tenía que ocultar de todas las formas posibles su nerviosismo, sobre todo, porque comenzaba a sospechar que él no llegaría. Inquieta se acomodó un mechón de cabello tras su oreja y miró hacia la puerta para no perder de vista cuando entrara. Después de un par de minutos de soportar en silencio, decidió que solo lo esperaría unos veinte minutos más, si no llegaba, se marcharía de inmediato.

Pidió una Martini para consumir algo y no sentirse incómoda con solo estar esperando a su cita, sentía que las personas la miraban con curiosidad por estar sentada sola en un lugar tan lujoso como ese. Si Naoki no llegaba se sentiría patética, jamás volvería a quedar con él.

Pasaron más de veinte minutos, había querido darle un poco más de tiempo para poder darle el beneficio de la duda, pero estaba claro que la había dejado plantada, pues al llamarle, su teléfono la mandaba directo a buzón, la cual le daba a entender dos cosas, estaba en algún lugar lejano donde no había recepción o tenía apagado el celular, puesto que se encontraban en la ciudad donde había una excelente señal en los celulares; claramente lo tenía apagado.

¿Era una broma de mal gusto? ¿Acaso ella había sido tan cruel con él que la había hecho ir para nada? Estaba molesta, se sentía patética. Pidió a un mesero la cuenta para irse de aquel sitio y jamás volver.

—No te vayas todavía — escuchó.

Siguió su voz para verlo de frente, tenía la misma mirada pícara, los mismos labios que adornaban su rostro con una sonrisa socarrona, su cabello negro lleno de rizos que le hacían querer acariciarlos. Él estaba frente a ella con un ramo de rosas y una caja de bombones, era el típico regalo romántico, todo un cliché, pero él sabía que le encantaba.

—Mi auto se averió, tuve que caminar desde dos calles para llegar antes que te fueras, sabía que no me esperarías más de media hora. Cuando venga el mesero si aun te quieres ir adelante — Naoki sentó frente a ella, Kotoko no podía hablar de lo nerviosa que se sentía — aunque, preferiría que disfrutáramos la velada.

—Como siempre tarde… — Fue lo mucho que salió de sus labios. — mis llamadas no entraban

—Podría parecer que el destino no quería que nos encontráramos hoy, se descargó. Lo siento mucho.

El mesero llegó con su cuenta y ella tras pensarlo un par de segundos, decidió aprovechar su compañía, tratar de por lo menos recobrar una vieja amistad.

No tenía nada que perder.

Ordenaron una rica cena, se pusieron al corriente de todos los años que no se habían visto desde que terminaron, disfrutando lo que quedaba de la noche. A pesar de todos los años, ella jamás lo había dejado de querer y al parecer, él tampoco a ella.

Tal vez en el pasado, ambos eran demasiado tercos para ceder, habían terminado posiblemente en malos términos, más el tiempo es sabio, y siempre pone todo en su lugar.

Puede que en esa noche no se volverían a jurar amor eterno, pero comenzarían desde cero, tratando poco a poco de recuperar ese cariño que creían perdidos. Veinte minutos era suficiente para esperar, después de conversar un poco, Kotoko decidió que había valido la pena.


Hola! espero les guste esta pequeña historia que nació porque estoy tomando un curso de creación literaria y nos dejaron hacer un cuento, el caso es que dije, queda perfecto para Naoki y Kotoko y heme aquí publicando una pequeña historia.

¿Qué les pareció? espero leer sus comentarios. Muchas gracias de antemano por leer mi historia y espero sacar diez en mi cuento jajajajja.

Un abrazo

Melu.