Disclaimer: Ni Evangelion ni sus personajes me pertenecen.
Al otro lado del río
Siempre le había gustado nadar, esa era una de los pocas actividades recreativas donde podía olvidarse de su estricto deber como la representante de la clase y como la encargada de cuidar su hogar; sin embargo, en la mayoría de los casos, Hikari solamente podía hacerlo cuando era el día de visitar la piscina que la escuela poseía. Pero hoy, gracias a Pen Pen, eso cambiará esta noche.
Las últimas semanas fueron muy duras para ella y sus hermanas, haber tenido que mudarse de Tokio-3 de manera apresurada e inesperada fue un golpe que todavía le dolía. En medio de la destrucción, ya no pudiendo vivir más en una ciudad que, con frecuencia, se convertía en un campo de batalla, el sentido común forzó a la familia Horaki a alistar sus maletas para irse de allí.
Pero antes de partir, aún sin saber cómo logró enterarse de su partida, Misato, apareciendo de repente ante ella, le suplicó que se hiciera cargo del inquieto pingüino que ahora hacía de las suyas en las aguas. Si bien por un instante dudó en aceptar, Hikari, habiéndose encariñado del animal en sus visitas a la residencia Katsuragi, no tuvo corazón para rechazarlo.
Así pues, luego de una rápida despedida entre Misato y Pen Pen, Hikari siguió a su hermana mayor quien las condujo hacia la seguridad lejos de Tokio-3. En sus adentros, lamentando no poder despedirse de sus amigos, Hikari abrazó fuertemente a Pen Pen mientras miraba por las ventanas del tren como los inmensos edificios de la urbe se empequeñecían al alejarse de ellos.
El dinero escaseaba, tampoco tenían un destino claro adónde ir; su único pensamiento colectivo era hallar un nuevo lugar donde echar raíces sin que monstruos gigantes ni robots enormes amenazaran con aplastarlas. Y así, al cabo de muchos kilómetros de viaje, hospedándose en un modesto motel al lado de una carretera, tanto ellas como Pen Pen encontraron donde vivir.
– Tal vez no fue buena idea venir aquí en medio de la noche…
Incapaz de comunicarse con Asuka, Shinji o Misato, Hikari, rindiéndose después de haber intentado telefonearles miles de veces, pasaba su tiempo libre aseando la pequeña habitación que compartía con Kodama y Nozomi o leyendo alguno de sus viejos libros escolares, los cuales, por más que intentara evitarlo, terminaban recordándole a sus excompañeros, y en especial, a él.
Conocía a Toji desde sus primeros años en la primaria, por eso no se sorprendió cuando volvieron a encontrarse en la secundaria más adelante. El chico, con su característica actitud desinteresada y holgazana, era un contrapeso perfecto para su reputación de niña estudiosa y responsable, que la llevó, en consecuencia, a ganarse el puesto de honor que sus maestros le asignaron.
Pero más allá de sus malas calificaciones, regaños diarios y tareas sin concluir, Toji, de un modo que sólo ella lograba apreciar, acababa siendo un muchacho amable que haría lo que fuese por cuidar de su hermana menor Sakura. Toji no solía hablar mucho de ella, a duras penas Hikari llegó a oírlo mencionarla en un par de ocasiones cuando él platicaba con Kensuke y Shinji al almorzar.
– Ojalá no me hubiera acobardado tantas veces, nunca tuve el valor de ser honesta con él.
Alzando la mirada, mirando a Pen Pen quien disfrutaba del agua, Hikari le dedicó una tenue sonrisa mientras se preguntaba dónde se encontraría Toji ahora mismo. Seguía sin entender cómo sucedió, al recibir la noticia se negó a creerla; no obstante, al verlo en el hospital aquella vez, Hikari no consiguió ocultar su dolor al ver la magnitud de las secuelas de su accidente.
Si bien en el apartado académico Toji no era nada sobresaliente, en los deportes, sin importar cuál practicase, el joven Suzuhara sacaba a relucir el talento innato que traía en las venas. Y en ese momento, al mirar de las amputaciones que él sufrió, Hikari comprendió que nunca más lo vería correr ni jugar en la cancha de baloncesto como acostumbraba hacer al terminar la escuela.
Para su desdicha, no dándole ni un segundo para terminar de aceptar esa nueva realidad, la más reciente devastación en la ciudad forzó al cierre de prácticamente toda labor en ella. Las clases fueron canceladas, las tiendas y demás lugares también cerraron, Tokio-3 fue convirtiéndose en un pueblo fantasma repleto de destrucción y muerte. Nadie cuerdo podría seguir viviendo allí; nadie.
Kensuke fue el primero en retirarse, pronto su hermana Kodama tomó la misma decisión al observar el éxodo de los últimos pobladores de la metrópoli. En cuanto a Toji, por más que intentó convencer a Kodama de permitirle despedirse de él, ella, negándoselo al no querer quedarse allí ni un segundo más, fue contundente con Hikari al reafirmarle sus intenciones de irse ese mismo día.
Suponía que Rei, Shinji y Asuka se quedarían; a pesar que la curiosidad la tentó en numerosas oportunidades, Hikari, no tendiendo el valor de preguntar, nunca supo todo lo que ellos hacían al trabajar para Nerv. Siempre pensó que era muy extraño que unos niños de su edad formaran parte de una organización militar; aún así, guardándose sus dudas, prefirió no hablar al respecto.
– Espero que todos estén bien…
Sin quitar a Toji de sus pensamientos, Hikari dedujo que él y su hermana Sakura igualmente habían emprendido la retirada de Tokio-3, y al reflexionar sobre aquello, el dolor de no haberle hablado una vez más pisoteó sus esperanzas de reencontrarse con él alguna vez. Toji desconocía su lejana localización actual, ella ignoraba cuál era el paradero de Suzuhara. Quizás no volverían a verse.
Entretanto, ajeno a la tristeza que la embargaba, Pen Pen seguía aleteando con vigor al zambullirse en la serena corriente del riachuelo que fluía detrás del motel que los hospedaba. Era casi la medianoche, no era nada usual que Hikari estuviese fuera de su cama a tan altas horas; empero, no pudiendo dormir al tener insomnio, Pen Pen fue el culpable de traerla hasta allí.
El ave, golpeándola suavemente con su pico, logró ganarse la atención de Hikari quien trató de convencerlo de tranquilizarse. La niña, conociendo lo ruidoso que podía llegar a ser, no quiso despertar a sus hermanas creyendo que al complacer al pingüino ellas seguirían durmiendo. Por ende, poniéndose una bata para abrigarse del frío, Hikari salió del cuarto con Pen Pen guiándola.
– Ya hemos estado aquí por mucho tiempo, tenemos que volver antes que Kodama y Nozomi se den cuenta que no estamos–hablándole a Pen Pen quien no paraba de nadar, Hikari, sintiendo como la suave corriente del agua la mojaba hasta las rodillas, se sorprendió que ésta no estuviese tan helada–te dejé salir como querías, ahora pórtate bien y regresemos al motel.
Sin embargo, sintiéndose demasiado feliz como para volver, Pen Pen no se tardó en sumergirse perdiéndose de la vista de Hikari, quien, viendo su propio reflejo en la superficie del río, se percató de lo brillante que lucía la luna. Olvidándose de sus varias preocupaciones, Hikari, hasta ese momento en particular, apenas se daba cuenta de lo tranquilo del ambiente que la envolvía.
Era inusualmente acogedor y relajante, el viento soplaba con suavidad en tanto el sonido de las cigarras resonaba con menor intensidad que durante el día. Asimismo, las aguas poco profundas del arroyo avanzaban con lentitud como si le prometiesen que no la arrastrarían ni la ahogarían. Ante tales condiciones, Hikari entendió con rapidez porqué Pen Pen se negaba a marcharse.
Sintiendo como sus pies se hundían en el fango del fondo, Hikari, recordando unos meses atrás cuando las cosas parecían ser más "normales", se vio a sí misma en el paseo escolar a Okinawa donde ninguno de los pilotos pudo participar. Sin ellos, teniendo sólo a Kensuke y Toji, Hikari se esforzó en hablar con este último, buscando, sin éxito, el modo de expresarle lo que sentía por él.
Asuka, quien peleaba con Toji casi por cualquier razón, nunca podría comprender que un chico como él lograse que Hikari enmudeciera o se sonrojara hasta el extremo. Suzuhara intentaba a diario lucir como un bravucón con su particular personalidad y desinterés; no obstante, al menos para Hikari, aquello no era más que una fachada para ocultar sus pesares más profundos.
– Me gustaría que estuviese aquí, le diría lo mucho que significa para mí.
A pesar que no traía un traje de baño, Hikari, adentrándose más en el río, le dio la espalda a su otro yo que se apegaba estrictamente a las reglas para hacer lo que Toji hubiera hecho en una situación así: romperlas sin dudarlo. No había mucho espacio para nadar, pero eso no le importó, nadó unos metros en una dirección antes de girar y repetir lo mismo en el sentido opuesto.
No se agobió por volver al motel completamente empapada, ni se preocupó por cómo lograría ocultar el evidente rastro de gotas y humedad que dejarían sus huellas al caminar; únicamente se enfocó en disfrutar de aquellos minutos de genuina paz, sin imaginarse, en lo más mínimo, lo que estaba sucediendo en Tokio-3. Simplemente fueron ella y el afluente; ella y el agua fluyendo.
Ni por asomo imaginó que el fin del mundo se hallaba a escasos segundos de iniciar.
– ¡Pen Pen! –Por más que estuviese divirtiéndose, sin olvidarse de la promesa que le hizo a Misato, Hikari fue buscando al pingüino mientras nadaba– ¡no te escondas de mí, sal a donde pueda verte!
En respuesta, creyendo que se trataba de él, Hikari escuchó un par de chapoteos detrás de ella, a los cuales, con prontitud, se volteó para descubrir que la mascota de Misato no se observaba por ninguna parte. Y para su muy mala fortuna, tomándola con la guardia baja, una violenta sacudida sísmica agitó sin aviso el suelo dándole nacimiento a un terremoto fuera de toda escala racional.
El que fuese un apacible riachuelo, meciéndose como si se tratase de una fierra endemoniada, era golpeado por una leve fracción del sismo que destrozaba Tokio-3 en ese mismo instante. Hikari, quien empezaba a priorizar su propia supervivencia, no sospechaba que aquel cataclismo era provocado por una estructura esférica púrpura que emergía desde las entrañas de la Tierra.
Aunado a eso, habiéndose girado hacia a la derecha, justo donde la luna brillaba en el cielo nocturno, Hikari divisó boquiabierta como una gigantesca figura humana, con un rostro idéntico al de Rei Ayanami, se manifestaba arriba entre las nubes mirando el planeta debajo de ella. Aquella locura repentina, paralizándola por completo, le impidió que reaccionase y huyese de allí.
Pero por más increíble que sonase, no fue aquella Rei gigante quien la asustó, sino el horrible eco de gritos y lamentos que retumbó en sus oídos, al mirar, con gran horror, como incontables destellos rojizos aparecían por doquier para elevarse hasta las estrellas. Fue tal su impresión que Hikari no vio como la silueta de Pen Pen, literalmente, se derretía en un líquido naranja.
– ¿Qué está sucediendo?
– Hikari…
Sobresaltándola aún más en medio de aquel espectáculo dantesco y apocalíptico, una voz; una voz muy familiar y querida por ella, se ganó su atención invitándola a darse la vuelta. Hikari, sin apenarse porque alguien la viera nadando con ropa de dormir en un sitio como ese, se giró a su izquierda quedándose sin habla al confirmar la identidad de aquel que pronunció su nombre.
Toji Suzuhara, parado al otro lado del río, le miraba con una sonrisa cálida y amable que le hizo olvidar el infierno que se manifestaba en sus alrededores. El chico, sin decir nada más, extendió sus brazos invitándola a acercarse a él para ser premiada con un cariñoso abrazo. Hikari, en demasía hipnotizada por su milagrosa aparición, no dudó, ni por un segundo, en caminar hacia él.
¿Cómo pudo llegar Toji hasta allí justamente en ese preciso momento?
¿Cómo fue posible que Toji la encontrase en ese remoto lugar?
¿Cómo logró Toji recuperar el brazo y la pierna que perdió?
Dichas preguntas, por más lógicas y sensatas que fuesen, no pasaron por la mente de Hikari cuando sintió como él la abrazaba con dulzura y la apretaba contra su pecho. No le importó entender ni investigar el cómo y el porqué de su sorprendente llegada, solamente se dejó llevar por la emoción de volver a verlo sano y completo. Nunca antes había sentido tanta alegría.
– Toji, quería tanto volver a verte…
Y allí, al estar con él, sintiendo como las lágrimas corrían por sus mejillas, libre de las cadenas de la timidez y la vergüenza que tantas veces la oprimieron, Hikari le abrió su corazón. Le confesó cuánto lo amaba, le dijo cuánto le encantaba su gentil forma de ser que ocultaba con su máscara de rudeza y le susurró cuánto desearía poder tomarlo de la mano para jamás soltarlo.
Pero de haber abierto los ojos; de haber mirado la imagen que ambos reflejaban en el agua, Hikari hubiese notado que la figura que la consolaba se veía como Rei Ayanami y no como Toji Suzuhara; sin embargo, ya habiendo bajado su Campo AT, Hikari se embriagó de felicidad sin darse cuenta de cómo su cuerpo compartía el mismo destino que el de Pen Pen y que el resto de la raza humana.
Lo siguiente que experimentó le era difícil de describir, era como estar buceando en un inmenso océano carmesí repleto de personas que nadaban en todas direcciones. Le pareció reconocer a sus hermanas no muy lejos de ella, vio a sus compañeros de escuela así como a muchos otros que no conocía; empero, estando junto a ella, el verdadero Toji Suzuhara también se hallaba allí.
Todos estaban ahí, la soledad y el vacío desaparecieron de sus corazones. Para alguien como Hikari Horaki, quien siempre se conformó con hacer lo correcto sin ambicionar nada, poder estar en compañía de sus seres más queridos y amados retribuyó su esfuerzo por cuidar de los suyos. Tal vez no terminaría de comprender jamás cómo pasó, pero se alegraba por estar ahí con ellos.
Pasase lo que pasase después, sin importar lo que sea, al no estar sola, Hikari lo enfrentaría sin temor.
Fin
Hola, les agradezco mucho por haber leído. Desde que empecé a leer fanfics de Evangelion me di cuenta de la poquísima cantidad de historias que hay protagonizadas por Hikari; aunque comprendo que esto sea así por ser ella un personaje secundario del reparto. Pero, tenga o no mucha importancia en la serie, desde que volví a ver Evangelion, ella me cayó muy bien.
Al inicio pensé en escribir el fic desde el punto de vista de ambos, teniendo Toji una participación más directa y no tanto como una mera mención, pero terminé cambiando de opinión al preguntarme qué fue lo que sucedió con Hikari cuando ocurrió el Tercer Impacto. Si bien es lógico suponer que ella también se disolvió en LCL, eso nunca fue mostrado en The End of Evangelion.
Sé que a muchos les parecerá raro que Pen Pen también se convierta en "jugo de naranja", después de todo, se dice que con el Tercer Impacto se realizará el Proyecto de Complementación Humana; pero quise incluir a Pen Pen, aunque no fuese un humano, porque él me simpatiza y no quise que se quedara solo en un planeta desolado y destruido.
Volviendo con Hikari y Toji, ellos son una pareja que me parece muy tierna; aunque no tuvieron la fortuna de canonizarse ni en el animé ni en el manga. En cuanto a Rebuild of Evangelion, allí tampoco han gozado de mucho tiempo en pantalla, ojalá ambos terminen juntos en la última película de la tetralogía, creo que ya se merecen ser felices luego de tantas tragedias.
Muchas gracias por leer y hasta la próxima.
