Ambos enemigos se miraron fijamente, uno con furia y otro con temor, pero a menudo, el miedo resulta ser el mejor estimulante para actuar en situaciones peligrosas. El monstruo se abalanzó contra el muchacho con las patas en alto dispuesto a clavarlo con ellas, pero este las rechazó con un golpe de su espada de forma mecánica, como si hubiera hecho aquello cientos de veces antes.
Claro, en realidad lo había hecho muchas veces, durante sus entrenamientos en la academia de esgrima y en las prácticas que a veces tenía con su padre, pero jamás había rechazado un ataque de un enemigo que fuera en serio. Por fortuna su cuerpo estaba respondiendo de forma instintiva, utilizando todo el conocimiento acumulado durante años.
La skutulla se arrojó contra él con intenciones de morderlo, pero el muchacho realizó un bloqueo con su espada en forma horizontal, lo ideal entonces hubiera sido repelerla para crear una abertura y atacar, pero sus fuerzas de púber no alcanzaban para eso, tuvo que limitarse a inclinar la espada y esquivar el ataque por un costado. Sin embargo aprovechó aquello para rodar por el lado hasta la parte de atrás de la araña y luego brincar para clavarle el arma en el lomo.
El plan era bueno, pero el desconocimiento de la anatomía de ese monstruo le jugó una mala pasada a Wind. El pobre no sabía que las skulltulas tienen una especie de caparazón blindado encima de ellas, donde lucen su característico diseño de calavera.
—¡Las Skulltulas son invulnerables en su lomo! ¡Solo las puedes atacar por abajo! —Gritó la prisionera de la telaraña.
—¿Y cómo se supone que haga eso?
—¡No sé!
Vaya fuente de ayuda era esa hada, le daba una pista cuando lo que necesitaba era una solución, sin embargo no desaprovechó aquel dato. Mientras continuaba bloqueando los ataques de la araña trazó un plan. Tomo una cierta distancia de su enemigo, colocó su espada con la punta hacia el suelo y dando un grito de guerrero corrió hacia él.
Entonces utilizando el impulso acumulado por la carrera, dio un gran salto al tiempo que realizaba un corte ascendente, la fuerza puesta en este logró levantar a la araña lo suficiente como para dejarla con cuatro de sus ocho patas suspendidas en el aire, luego con una fuerte patada consiguió desequilibrar al monstruo y dejarlo con la barriga hacia arriba. Así, con su enemigo agitando sus patas hacia el cielo, Wind procedió a atacar, pero cuál no fue su horror al percatarse de que su espada de madera era incapaz de acabar con el monstruo, pues no tenía filo.
—¡Rayos! ¡Qué hago! —Gritó el chico desesperado, temiendo que la araña lograra darse la vuelta y ponerse de pie para atacar de nuevo.
—¡El pedestal! ¡Ahí hay una espada! —Contestó la esfera de luz.
Aquello era su única esperanza, no sabía si sería capaz de retirar la espada del pedestal, quizás estaría atorada o sencillamente pegada a la tierra, pero debía intentarlo. Corrió con todas sus fuerzas y casi sin aliento llegó hasta su objetivo, arrojó su arma de madera hacia un lado y agarró la empuñadura del filo que estaba preso en la piedra, entonces con toda su fuerza jaló.
El sable se deslizó suavemente de su funda pétrea, liberándose sin dificultad, entonces el muchacho levantó el filo hacia el cielo maravillándose con el tenue brillo que mostraba la hoja. Jamás en su vida había visto una espada tan hermosa, aunque en realidad no había visto tantas tampoco, sólo conocía la de su padre y la del maestro, las demás eran solo espadas de entrenamiento. Embelesado en la belleza del arma, el chico no se percató de que la skulltula había logrado ponerse de pie y con paso silencioso se había acercado a él. Sólo reaccionó cuando sintió un agudo dolor en la pierna y aterrorizado vio los quelíceros de la araña clavados en esta.
Sin dudar un segundo, Wind dejó caer el metal en la cabeza del arácnido, quien ocupado con morder a su presa como estaba, no se molestó en bloquear el ataque. El arma se hundió en el monstruo limpiamente, atravesándolo hasta el suelo. Las 8 patas se retorcieron lentamente hasta cesar de moverse, mientras que la energía oscura que lo componía comenzaba a escapar de su cuerpo, hasta que desapareció por completo y la araña se volvió polvo.
El rubio se levantó a duras penas, respirando dificultosamente por el dolor que sentía en su pierna, entonces apoyándose en el arma a modo de bastón y cojeando, lentamente se dirigió a la telaraña donde estaba atrapada la hada. Levantó el sable y cortó sin dificultad todos los hilos de la red, dejando en libertad a la pequeña esfera de luz.
—¡Soy libre! ¡Libre! —Gritó el ser alado loco de alegría.
—Genial... Me alegro por ti —Dijo Wind cayendo de rodillas.
—¡Humano!
—Wind... Mi nombre es Wind, no humano.
—¡Wind! ¡Resiste!
—Me duele la pierna... Y tengo frío —El muchacho se estremeció en el suelo.
—Ay no, seguro fue la mordida de la araña, debes estar envenenado...
—Tengo miedo —sollozó Wind—. No quiero morir... Quiero ver a mamá y a Abril y a papá...
—Tranquilo Wind, no te vas a morir...
—No debí venir aquí... Debí ir a mi casa... Tal vez me hubieran castigado, pero seguiría vivo... No debí venir a rescatarte...
—Tú seguías órdenes, no podías evitarlo.
—Yo no sabía que eras tú la que estaba en problemas, solo escuché que alguien pedía ayuda y... No podía dejar de ayudar... Porque no puedo dejar a alguien en problemas. —Un par de lágrimas rodaron por las mejillas del muchacho que no paraba de temblar—. Seguro piensas que soy un idiota.
—No... Jamás lo pensaría...
—Hada...
—Talma, mi nombre es Talma.
—Quédate a mi lado por favor... Talma... No quiero morir solo.
—No te dejaré morir solo... Más bien no te dejaré morir.
En ese momento el cuerpo de Talma comenzó a brillar, su luz se expandió casi cegando al muchacho y para cuando este logró recuperar la vista, donde antes estuvo la pequeña bola de luz, ahora se encontraba una hermosa mujer con rostro de muñeca, blanco como la porcelana, con cabello largo, de un suave color lila muy similar al color de la luz que emitía, un cuerpo tan delicado como un retoño de flor y unas enormes alas cristalinas de libélula, donde se reflejaban los colores del arcoiris.
—Tal vez... No sirvo para defenderme a mí misma, no puedo atacar o dañar a nadie, pero tengo otras habilidades, como sanar a aquellos que están enfermos o envenenados.
Talma se acercó a la pierna que había sido mordida, se podía ver un agujero en el pantalón donde se habían introducido los quelíceros del insecto, rasgó un poco la tela dejando al descubierto una fea mancha violeta, donde la carne parecía comenzar a podrirse y que amenazaba con extenderse por el resto del cuerpo. La hada posó su mano sobre la herida y una cálida luz emanó de esta, el frío que atormentaba a Wind comenzó a ceder, mientras que el tono violeta de su piel remitía y el daño comenzaba a ser reparado. No pasaron ni dos minutos cuando todo el veneno fue neutralizado y el muchacho pudo incorporarse sintiéndose perfectamente, solo quedó como prueba del incidente, su pantalón rasgado y una pequeña cicatriz redonda.
Una vez terminada su tarea curativa, el ser mágico se apartó un poco del humano y se le quedó mirando sin decir nada. Intentaba aparentar seguridad, pero en sus ojos destilaba el temor. Por su parte Wind solo demostraba asombro, no podía parar de ver a la hermosa mujer que tenía al frente, no podía creer que hasta hace unos momentos atrás era una pelota brillante, tardó algunos segundos en ser capaz de articular palabra y lo primero que fue capaz de decir fue:
—¡Estás desnuda!
—Eh... ¿Si? ¿Pero, no crees que primero deberías agradecerme por salvarte la vida en lugar de fijarte en eso?
—Ah, lo siento. Muchas gracias por salvarme, ahora sí ¡Estás desnuda!
Talma simplemente rodó los ojos ante esta respuesta.
—Sí, las hadas no usamos ropa, no la necesitamos, a veces decoramos nuestros cuerpos con algunas plantas, pero nada más. Y desde que nos conocimos que voy desnuda ¿Recién te fijas ahora?
—Cuando eras una pelota de luz no se podía ver nada de tu cuerpo, pero ahora estás grande y se ve todo.
En ese momento el rostro de Wind se sonrojó un poco, antes por el asombro no había logrado asumir su situación del todo y lo único que sintió fue sorpresa, pero ahora que ya se había calmado comenzaba a sentir algo de vergüenza. Pero no tardó en apartar esos pensamientos de su mente, Talma era una hada, no una humana, seguramente con ella la desnudez no era un problema, sería como ver un perro o un conejo, ellos tampoco usan ropa. Quizás una persona más adulta no vería las cosas de esa manera, pero Wind era algo atrasado en ese sentido y aún conservaba gran parte de su inocencia, por lo que dejó ese detalle de lado y prefirió centrarse en satisfacer su curiosidad.
—Oye ¿Y todas las hadas pueden hacerse grandes como tú?
—Claro que no, esa es una capacidad que solo poseen... Las grandes hadas de las fuentes...
—¿Entonces eres una Gran hada? Espera ¿Y qué haces tan lejos de tu fuente?
Los puños de Talma se apretaron mientras las lágrimas afloraban de sus ojos.
—Espera no llores —dijo Wind temiendo haber dicho algo malo.
—Yo escapé de mi fuente... Porque soy una cobarde. —Una de sus lágrimas finalmente rodó por su mejilla y al caer al suelo brotó una hermosa flor celeste.
—¿Qué pasó? —Interrogó el rubio una vez más deseando poder hacer algo por ella—. ¿Alguien atacó tu hogar? ¿Algún monstruo maligno está contaminando el lugar?
—No, nada de eso... Mi fuente está bien, todo está tranquilo... Yo solo escapé porque no quería asumir mis responsabilidades.
—¿Responsabilidades? ¿De qué hablas?
La mujer lo miró con los ojos empapados considerando si contarle todo o no. El chico rubio parecía una buena persona, sus ojos eran puros e inocentes, las energías que percibía en él eran nobles y bondadosas, además de que parecía estar abierto a ayudar a los demás. Claro que su problema era algo que difícilmente un humano podría solucionar, pero en ese momento ya estaba tan dolida y desesperada que solo quería desahogarse con alguien, por lo que con un suspiro comenzó a contar su historia.
—La verdad es que yo aún no soy la gran hada de la fuente del bosque, pero no falta mucho para que lo sea, la gran hada actual ya es muy vieja y está perdiendo sus poderes. Fue por eso que hace algunas lunas convocó a todas las hadas del bosque para elegir a su sucesora. Pero de entre las cientos de hadas que habitan el lugar, de todas las candidatas poderosas e inteligentes que podría haber escogido, me tenía que seleccionar a mí, la más débil, pequeña, joven y torpe de todas.
—Parece que no tienes mucha confianza en ti misma.
—¿Y cómo la voy tener si soy un desastre? —El rostro de Talma solo revelaba tristeza y preocupación—. Yo... Siempre era la peor en todo, la más lenta al volar, la más débil al sanar plantas, aquella a la que nadie nunca tomaba en cuenta, la burla de las demás hadas... Y que de pronto la Gran hada me seleccionara a mí para ser su sucesora... Estaba aterrada. ¿Cómo iba a ser capaz yo de asumir una tarea tan importante? Por supuesto las demás hadas tampoco me tenían confianza, me decían que no podría, que nunca manejaría tanta magia, ni mis hermanos mayores me tienen fe... Me sentía tan presionada y tan asustada que... Escapé...
—Eso lo explica todo —comentó Wind pensativo. Guardó silencio por unos momentos tras lo cual levantó la vista hacia la hada—. ¿Y ahora qué piensas hacer?
—Eh... Pues... No sé, lo más sensato sería regresar a casa, pero la verdad no quiero hacerlo, no me siento preparada para enfrentar las miradas acusadoras de todos, que me sigan recriminando que no sirvo para esto, que me pregunten por qué me escapé...
—¿No le puedes ceder el puesto a alguien más?
—No, la gran hada anterior ya me cedió una parte de su poder para adquirir la capacidad de tomar esta forma —dijo mostrando su cuerpo de mujer—, pero hasta que no controle bien mis poderes, no puedo cedérselos a alguien más para que tome el cargo, así que estoy atrapada.
—Oh... Pues tengo una idea ¿Qué tal si te quedas conmigo hasta que controles bien tus poderes y se los puedas traspasar a otra hada?
—¿De verdad?
—Claro, no creo una hada gaste más que un gato, así que dudo que mamá tenga problemas con eso.
Talma no cabía en sí de alegría, fue tanta la emoción que sentía, que olvidándose de todo protocolo se lanzó contra Wind abrazándolo efusivamente. Los colores subieron al rostro del muchacho y solo atinó a decir:
—Talma estás desnuda.
—¿Y?
—Eh... Olvídalo ¿Puedes hacerte bolita?
—Ah, claro.
La hermosa y delicada mujer, compactó su figura hasta regresar a su forma anterior, dio un elegante giro alrededor del rubio y se posó en su gorro verde.
—Bien, entonces vámonos —Exclamó la hada con entusiasmo. .
—Vaya, tienes mucha energía —comentó Wind—. Pero antes de irnos creo que deberíamos devolver esto —dijo mirando la espada que yacía junto a él.
Wind no sabía mucho sobre esa espada, él jamás había escuchado de la leyenda que la acompañaba, por ello no se extrañó de ser capaz de sacarla de su pedestal. Pero esa arma perdida en medio del bosque era la espada maestra, una arma legendaria que solo puede ser portada por los héroes elegidos, aquellos que demostraban ser dignos y tener un corazón puro. Por regla general este artefacto siempre aparecía en la historia cuando un gran mal se avecinaba, y solo volvía a su lugar de descanso eterno cuando la oscuridad era derrotada, pero todo esto Wind no lo sabía.
El muchacho se dirigió al pedestal y con mucho cuidado, trató de introducir el arma en el recoveco que había en la piedra, pero no pudo. En ese momento el chico entró en pánico creyendo que había roto algo, trató de forzar la espada un poco más para enterrarla, pero no hubo caso, por más que empujaba, no se hundía. Finalmente lleno de pavor, comenzó a buscar piedras por alrededor, colocó la espada en el pedestal sin hundirse, pero la afirmó con rocas para que mantuviera su posición vertical.
Supuso que con eso sería suficiente y se dispuso a marcharse seguido de su compañera alada. Pero cuando menos se lo esperaba, el arma comenzó a brillar y con un estallido salió volando y cayó encima de Wind golpeándolo en la cabeza. La espada se negaba a permanecer en su pedestal habiendo un mal que debía ser derrotado, pero el muchacho no podía deducir esto, normalmente los sables no tienen personalidad ni deseos.
—¡Rayos! ¡Lo rompí! —Gritó Wind histérico al recuperarse del golpe y ver el objeto a sus pies.
—La verdad no creo que haya nada roto. Yo creo que la espada quiere ir contigo.
—Pero no puedo llevarla, todavía no tengo permiso en la academia para usar espadas de verdad, y mamá me va a matar si llego con esto a casa, además de que tendría que explicarle de donde la saqué...
—¿Y qué vas a hacer?
—Pues...
De pronto fueron interrumpidos por una melodía que alguien estaba silbando, este alegre sonido pronto fue acompañado por unas suaves pisadas que cada vez sonaban más fuerte. Alguien se estaba acercando. El rubio aterrado no le dio más vueltas al asunto, dejó la espada tirada en la hierba y escapó.
Otra semana, otro capítulo que será ignorando, sinceramente, si no fuera por la persona que me agregó a favoritos, estaría considerando dejar de actualizar este fic que a nadie le interesa.
Ahora hablemos de Talma, ya que la introducimos en este capítulo.
La creación de este fanfic me pilló en mi período de crisis de escritora, tenía dos capítulos listos cuando pasó y estuve en un hiatus de más de 2 años (menos mal que no publiqué ningún capítulo), el personaje que más sufrió en ese lapso fue Talma, pues estaba en plena creación.
Me di bastantes vueltas a la hora de pensar su personalidad, al principio pensé en que fuera una hada gruñona y mandona como Taya, luego pensé una más sumisa y amable como Navi, hasta consideré una personalidad bromista y descarada como Midna, pero finalmente terminé haciendo una hada intrépida, curiosa y entusiasta pero con problemas de autoestima e inseguridad. Por otro lado esta hada tiene un papel importante en la historia, he querido revindicar la participación de las hadas en los fics de Zelda, que siempre les toca ser la vocecita molesta que no sirve para nada, o un personaje destinado a ser un chiste ambulante, pero eso se acabó, Talma es muy útil, la hada más útilque podrán encontrar
Respecto a su nombre, quería hacerle un nombre que estuviera ligado a Taya (Tatl según la versión del juego que tengan) y Tael, las hadas del majora Mask, de hecho hay una situación muy especial que se da con estas hadas pero eso lo verán más adelante. Fue por esto que decidí que su nombre tenía que empezar con "T", pero de forma espontánea se me colaba en la cabeza el nombre Salma, como una vocecilla que me susurraba "ese es su nombre". Pero además de que ya existe un personaje con ese nombre en la franquicia, yo estaba empeñada en ponerle un nombre que empezara con T, y así fue como reemplazando una letra mi chica se llamó Talma.
