Oscuridad, oscuridad, oscuridad.

Eso era todo lo que Wind podía ver a su alrededor, la misma pesadilla de siempre, el mismo terror de siempre y la misma ansiedad que lo ahogaba hasta casi desear morir. Tembló en su lugar esperando lo que se avecinaba, no tardaría en llegar y sería más terrible que la noche anterior, todo empeoraba en la medida que se acercaba la noche de Luna llena. "Él" se hacía cada vez más fuerte y cada vez estaba más cerca, pronto tomaría el control de su ser y se volvería su esclavo. Sintió un fuego atravesarlo y a sus espaladas apareció el temido ser de ojos amarillos. Una siniestra sonrisa torcida adornaba su rostro y su mirada solo mostraba maldad. Unos brazos de oscuridad emergieron de la nada y aprisionaron a Wind, quien solo podía retorcerse en su lugar en un intento inútil por escapar. Comenzaba a sentir que le faltaba el aire y que la desesperación lo invadía, cuando de pronto escuchó una melodiosa voz que lo llamaba.

Wind... Despierta Wind... Despierta...

El ser oscuro cambió su rostro confiado por uno crispado de furia, la presión de los brazos que mantenían cautivo a Wind comenzó a ceder, una cálida luz inundó el ambiente mientras la voz sonaba cada vez con más claridad.

Wind, despierta... Despierta Wind... Vas a llegar tarde a clases...

Las últimas palabras despertaron al muchacho de golpe. Abrió los ojos repentinamente y lo primero que vio, fue el hermoso rostro de porcelana de Talma que lo miraba preocupada. Luego de deleitarse con su hermosa mirada amatista comenzó a contemplar el resto de su cuerpo, fue entonces que se dio cuenta de que la hada otra vez había tomado forma humana. La chica estaba en cuatro patas encima de él, en una pose que podría considerarse bastante sugerente. Pero Wind no pensaba en eso, seguía siendo demasiado inocente, además de que aún se sentía un poco aturdido por haber despertado, solo se le ocurrió que le molestaba tenerla encima.

—Talma... ¿Podrías salir de encima de mí para que me pueda levantar? Además de que esto es muy incómodo... Y ahora que lo pienso, que estés desnuda podría ser un problema, imagina que alguien entre y...

El rubio no terminó de pronunciar estas palabras cuando la puerta de su habitación se abrió, su querida e inoportuna hermanita entró acarreando el balde de agua de siempre, pero no logró aproximarse a la cama, en cuanto vio la escena de su hermano a medio levantar con una chica desnuda encima, se olvidó del agua y salió corriendo a la cocina gritando.

—¡Mamáaaa! ¡Wind metió a una mujer desnuda a su cuarto!

—¿Qué? ¡No Abril! ¡No es lo que tú crees! —Gritó el chico mientras se levantaba presuroso para aclarar el malentendido— ¡Mira lo que causas Talma! ¡Mejor hazte bolita y no te aparezcas desnuda así de la nada!

Era el día siguiente luego del incidente de las Skulltulas. Wind había presentado a Talma con su madre y más o menos le había explicado el drama de la hada, (Eso sí, omitiendo la parte de que tuvo que rescatarla del bosque). Ilia fue muy comprensiva con la situación y no tuvo problemas en permitir que se quedara con ellos.

Por suerte para Wind, pronto se aclaró el malentendido y no hubo mayores inconvenientes. Además, si algo bueno salió de ese lío, es que el rubio se levantó más temprano de lo habitual y así por primera vez en bastante tiempo, tuvo oportunidad de desayunar tranquilamente con su madre y salir con tiempo de casa para dirigirse a la academia de espada. Talma quiso acompañarlo en su día, la pequeña hada era muy curiosa y no quería desperdiciar la oportunidad de observar el comportamiento de los humanos en su habitad natural.

En aquel momento estaban fuera de la casa, Wind buscaba algo en su bolso mientras Talma revoloteaba alrededor de él de forma frenética.

—¡Talma quédate quieta que me pones nervioso!

—Es que estoy muy emocionada, voy a ir a la academia de espada contigo ¡Esto será increíble!

—No sé qué pueda tener de emocionante, solo verás a un montón de chicos agitando espadas que ni siquiera son reales, casi todos usan de madera.

—Pero seguro veré alguna pelea emocionante. Los hombres pelean con espadas, lo dicen todos los relatos. Mi hermana mayor siempre me contaba historias de héroes y guerreros que luchaban contra monstruos, rescataban gente y bailaban en los cabarets.

—¿Cabaret? ¿Pero qué clase de historias te contaba tu hermana?

—Pues las mejores, sobre todo porque en todas ellas aparecían hadas que daban fabulosos consejos de vital importancia para completar los objetivos, pues obviamente sin las hadas ningún héroe lograría nada jamás. Mi hermana una vez viajó con un héroe hace un par de siglos atrás, por eso sabe tanto. Pero nadie recuerda nunca a las hadas en las historias, siempre destacan al héroe, por eso mi hermana me cuenta las historias verdaderas, esas en las que nosotras luchamos y damos el golpe final.

La verdad es que Wind sospechaba que la hermana de Talma le contaba la realidad de forma un tanto distorsionada, si bien es sabido que las hadas ayudan y brindan consejo, tampoco es que tengan un papel fundamental e irremplazable, incluso hay leyendas de héroes que han logrado su cometido sin la ayuda de estos mágicos seres. Pero el muchacho no se iba a poner a pelear con ella, además de que en ese momento, justo encontró lo que tanto buscaba en su bolso. El chico sacó un silbato de madera bastante bonito, entonces sin perder tiempo sopló a través de él.

Un delicado silbido se extendió por el prado, envolviendo con su dulce sonido el ambiente del lugar hasta perderse en la nada. No pasó mucho tiempo cuando otro sonido resonó en las cercanías, como contestando al canto del silbato, unos golpes rítmicos aparecieron sonando cada vez más fuerte, hasta que de la nada, apareció un hermoso caballo negro con una mancha blanca que nacía en su frente y acababa en su nariz. El animal se detuvo frente al rubio mientras hacía cabriolas, para luego cambiar drásticamente su comportamiento por uno bastante extraño, el equino se sentó en el suelo y comenzó a agitar su peluda cola.

—A ver... ¿Quién es el caballo más bonito? —Dijo Wind acariciando la cabeza del animal, a lo que este respondió con un relincho.

—Eh... Wind... tu caballo es un poco raro.

—Claro que no, es solo que está entrenado ¿Cierto Puini? Muéstrale de lo que eres capaz a esta hada incrédula ¡Rueda!

El caballo obedeciendo como si fuera un perro, se tumbó en la hierba e hizo girar su enorme anatomía, quizás no de manera muy graciosa pero si efectiva.

—Muy bien Puini, ahora dame la pata. —El caballo le pasó uno de sus enormes cascos, que Wind tomó como si estuviera saludando— ¿Ves? Mi caballo es muy listo, te apuesto a que no encuentras ninguno como él, además es muy especial, siempre responde al sonido de mi silbato, no importa donde esté, el siempre acudirá a mí.

—Sí... Claro... —Talma dijo aquello con algo de extrañeza, pero Wind interpretó eso como que no le creía.

—Es verdad, una vez toqué el silbato en la sala de clases y Puini entró por la ventana... Luego de eso estuve castigado por una semana... Pero son detalles. Ahora vámonos que se hace tarde.

El chico de verde, de forma hábil montó en su corcel, su pequeña compañera se acomodó en su hombro y se sujetó bien. Luego el jinete espoleó al animal y este partió veloz hacia el pueblo.

Fue un viaje agradable para ambos, al muchacho le encantaba cabalgar, sobre todo si podía hacerlo de forma relajada sin estar luchando por llegar a tiempo. Por su parte Talma estaba maravillada de la velocidad que alcanzaban, era divertido sentir el viento en la cara, aunque tuviera que agarrarse con todas sus fuerzas a las ropas de su compañero para no caer.

Finalmente llegaron a la clase de esgrima con 5 minutos de anticipación, cosa que alegró enormemente a Aquilo.

Wind entró en el dojo de entrenamiento donde fue saludado por sus compañeros, con cortesía pero sin mucho aprecio, pero a él no le importó, ya estaba acostumbrado, sabía que para los demás él solo era un payaso que deshonraba el arte de la espada. Sin embargo había una persona en la sala con la que sabía que siempre podría contar y ese era su amigo Ralph, quien lo esperaba como siempre con una sonrisa agradable y un suave puñetazo en el hombro como saludo.

Talma en ese momento salió de las ropas de Wind donde se encontraba escondida y dio un vuelo rápido por la habitación para conocerla mejor, pero ante su vista todos los estudiantes se mostraron recelosos, temerosos e incluso algunos adoptaron una actitud algo agresiva. Ya se sabía que ver un hada lejos del bosque era un mal presagio.

—¡Que hace esa cosa aquí! —Gritó un muchacho alto y algo escuálido, de cabello rojizo y mejillas gordas.

—Ella es Talma, se está quedando en mi casa un tiempo —dijo Wind de forma cautelosa presintiendo que se acercaban problemas.

—Claro, debí suponerlo, si alguien va a traer problemas ese eres tú ¡Sólo a ti se te ocurre andar con un hada encima! ¿Qué no sabes que solo traen desgracias?

Estas palabras hicieron sentir terrible a la pobre Talma, la pobre voló donde su compañero para ocultarse detrás de él.

—Oye, mira lo que hiciste Mido. No le hables así a Talma, ella no tiene la culpa de nada, además las hadas no traen desgracias, solo aparecen en los momentos en los que ocurren las desgracias.

—¡Es lo mismo!

—¡No lo es!

—Agh, me da igual, no creo que entiendas, aleja a esa cosa de aquí, llévatela, esa hada no se puede quedar en el pueblo, por su culpa ocurrirán cosas horribles ¡Y si tú no quieres botar a ese sucio ser, pues yo te obligaré a hacerlo!

En ese momento Mido tomó una de las armas de entrenamiento que había en el dojo y se abalanzó contra el rubio. Si bien la espada de madera no podría cortar al muchacho, un golpe bien dado podría causarle un gran daño, lamentablemente en ese momento Wind no tenía su arma a mano y aquel ataque a traición le impidió reaccionar de otra forma más que anteponiendo sus brazos para que su cabeza no fuera golpeada.

El muchacho se acercó de forma veloz y justo antes de que su arma impactara contra su objetivo, alguien se interpuso y de un movimiento bloqueó el ataque, para luego, con otro movimiento hacer volar el arma de madera que cayó a varios metros de su dueño.

El pelinaranja quedó aturdido por la impresión, al reaccionar se percató de que la sombra que lo había derrotado era nada menos que Ingus, el hijo de Alquilo y el mejor estudiante de la academia. Ingus levantó su mentón de forma arrogante, un gesto característico de él y clavó sus orbes azules en la asustada cara del atacante, luego con total calma procedió a sermonear a su compañero.

—No es de caballeros el atacar a un oponente que ni siquiera cuenta con un arma para defenderse, además, entre iguales un ataque a traición es algo muy deshonroso.

—Yo... Lo siento Ingus, yo no quería...

—No es a mí a quien debes pedir disculpas, sino a Wind.

Tanto Wind como Mido fruncieron el ceño. A Wind no le gustaba ser defendido por Ingus. No es que le tuviera rechazo a su compañero, pero sentía un cierto dejo de lástima por parte de él, cosa que lo molestaba de sobremanera, pues en el fondo de su corazón, admiraba mucho al chico y su mayor deseo era tener un combate de igual a igual con él y obtener su reconocimiento. Pero aquello solo era un sueño, no debía mostrar sus habilidades, nadie podía conocer su verdadera naturaleza.

—Bueno bueno, pero que ocurre aquí —interrumpió una voz mayor.

En ese momento se presentó la figura robusta del maestro Aquilo, pero no venía solo, a su lado caminaba un hombre sumamente anciano, usaba una larga túnica verde que cubría la mayor parte de su cuerpo, dejando solo sus manos a la vista, además su cabeza estaba coronada con una larga cabellera tan blanca como su larguísima barba. La avanzada edad del anciano al parecer le dificultaba un poco caminar, por lo que avanzaba apoyándose en un largo y retorcido bastón de madera.

—Espero que no estén causando problemas —dijo Aquilo que estaba junto al hombre—, sobre todo ahora que tenemos una visita en el dojo.

—¡Maestro! —Exclamó el muchacho de las mejillas regordetas—. Mire lo que Wind trajo aquí ¡Es un hada! ¡Y ya sabe lo que se dice cuando estos bichos llegan a la ciudad! ¡Esto solo traerá desgracias!

—Perdón que te lo diga muchacho, pero esa afirmación es una total necedad —interrumpió repentinamente el anciano—. Las hadas no traen desgracias, claro, se dice que aparecen cuando hay problemas, pero eso no significa que ellas sean la causa. ¿Acaso si tu casa se quemara y alguien viniera a avisarte, por deshacerte de esa persona tu casa dejaría de quemarse? Claro que no. Con o sin hada, lo que debe pasar pasará, no hay que darle más vueltas al asunto.

Estas palabras fueron suficientes para dejar callado a Mido, quien retomó su posición en silencio, pero aún con algo de recelo. Luego de esa pequeña intervención el maestro Aquilo retomó la palabra.

—Bueno, dejando eso de lado, debo presentarles a la persona que está a mi lado. Este caballero que se encuentra aquí, es ni más ni menos que el viejo mago Ezero.

Un murmullo recorrió el salón, si bien, casi nadie lo había visto, todos habían escuchado hablar de Ezero, un poderoso mago que vivía en los bosques perdidos, se decían que tenía más de 100 años, que conocía toda clase de pociones mágicas y hechizos fabulosos, que había recorrido más de la mitad del mundo y por supuesto, se le conocía como el maestro y tutor de Vaati. Pero a diferencia de este brujo al que se tenía por malvado, a Ezero lo consideraban un protector y una figura de respeto.

—Pero debo dejarles en claro que la visita de Ezero no es solo para saludar —continuó Aquilo—. Tiene un asunto importante que tratar con ustedes. Así que le cedo la palabra a él.

El anciano dio un paso al frente y se aclaró la garganta antes de soltar la palabra.

—Buenos días jovencitos, es agradable estar en un lugar rodeado de tanta juventud jojojo. Pero lamentablemente no estoy aquí para hablar de cosas muy gratas. Resulta que el día de ayer, me encontraba en mi ronda habitual por el bosque para recolectar algunas setas especiales, y quisieron las diosas que mis pasos me guiaran hasta la zona donde debe reposar la espada maestra —ante la duda que el anciano vio en los ojos de sus oyentes procedió a hablar un poco del arma en cuestión—. La espada maestra es un arma legendaria que tiene miles de años, esta siempre la porta un héroe digno de ella, aquel que muestre el valor y la nobleza necesaria para hacerle frente al mal que asola a Hyrule. Solo una persona digna de ella es capaz de sacarla del pedestal donde descansa, y una vez cumplida su misión debe ser devuelta ahí.

"Ahora siguiendo con mi relato, no sé por qué razón decidí darle un vistazo a la espada y cual no fue mi sorpresa cuando al aproximarme al lugar, me encuentro con una pila de rocas encima del pedestal y con la espada maestra tirada a un lado. Al principio me asusté al ver todo eso, casi creí que alguien quiso robarla o destruirla, pero luego me calmé y reconsideré la situación. La espada no puede ser retirada por cualquiera, por lo tanto solo una persona digna de ella puede tomarla, el problema es que esta persona digna la dejó tirada en la hierba y tengo bastantes razones para pensar que esa persona se encuentra en esta sala.

—¿Por qué piensa eso? —Preguntó Ingus interesando.

—Pues porque además de encontrar la espada tirada en la hierba, también encontré esto.

En ese momento el anciano sacó de entre sus ropas una espada de entrenamiento, las típicas armas de madera que usaban en la academia. En ese momento Wind palideció, no se había dado cuenta de que la había olvidado en el bosque. No le llamó la atención la pérdida del objeto porque era tan irresponsable que vivía perdiéndolas, al punto que había tenido que aprender a fabricar sus propias espadas de madera, por lo tanto para él perder una más no significaba nada.

—Pues ¿Esa no es una de las espadas de Wind? —Dijo Ralph. En ese momento su amigo quería molerlo a palos.

—¿Wind? ¿Esto es tuyo? ¿Tú sacaste la espada del pedestal? —Interrogó Ezero.

—Pues...

—Eso es imposible —intervino el Mido, se notaba que le tenía manía al rubio—. Wind es el espadachín más torpe e inútil de la academia, él jamás sería capaz de manejar una espada de verdad, simplemente es imposible que él la haya sacado. Además, este tonto siempre está perdiendo sus espadas, seguro que esa es alguna de las que dejó olvidadas por ahí y el verdadero portador de la espada maestra la estuvo usando.

—Vaya... Pues si no es Wind el portador de esta arma legendaria —preguntó una vez más Ezero— ¿Quién es? Esto es algo importante, la espada se niega a regresar a su pedestal, lo que indica que hay un mal acechándonos, cosa que al parecer se confirma con la presencia de esta hada. Quizás ahora todo es pacífico pero el mal está próximo a atacar y necesitamos contar con un héroe para hacerle frente, así que por favor díganme... ¿El que sacó la espada está entre ustedes?

El silencio reinó en la sala, nadie se adjudicaba la hazaña. Wind estaba muy nervioso con el corazón latiéndole a mil por hora, se debatía entre el terror de asumir un papel de héroe que no quería y su sentido del deber que le obligaba a hacerlo. Los minutos transcurrían sin que nadie dijera nada, cuando el rubio estaba a punto de admitir su responsabilidad, alguien más intervino.

—¿De verdad la persona que buscamos está entre nosotros? –Preguntó Ingus.

—¿Tienes alguna idea hijo? —Dijo Aquilo interesado.

—Es que, si asumimos la teoría de que la espada de madera encontrada es una de las armas que Wind siempre pierde, esta podría haberla encontrado cualquiera, no necesariamente alguien de la academia.

—Ese es buen punto —aprobó Ezero— Pero entonces ¿Cómo vamos a encontrar a la persona que buscamos?

—Pues tal vez con un campeonato, —una sonrisa afloró en el habitualmente serio rostro de Ingus—. Dudo que la espada maestra elija como amo a alguien que no sepa usarla, seguro que quien la sacó es un espadachín muy habilidoso, alguien realmente fuerte y extraordinario y la única forma de encontrar a esta persona sería probándolo en batalla.

—Y para hacer eso... —Prosiguió Aquilo—. Creo que ya veo tu punto Ingus, la única forma de encontrar al mejor espadachín del reino sería en un campeonato.

—¡Pero qué buena idea! —Exclamó Ezero—. El premio puede ser la misma espada, al fin y al cabo el ganador debería ser el legítimo dueño, aunque también se podría ofrecer un premio en rupias para persuadir a este particular héroe a que participe. Me parece bien, podemos hablar con el alcalde para que nos ayuden con la organización.

El rígido cuerpo de Wind se relajó un momento, no lo habían descubierto, nadie siquiera sospechaba que él era la persona que buscaban y seguramente podría sacarse esa responsabilidad perdiendo el torneo, cosa que a nadie le extrañaría en lo más mínimo, al fin y al cabo era lo normal.

—Wind ¿Por qué no dijiste que fuiste tú el que sacó la espada? —Le preguntó Talma en un susurro.

—Yo no quiero ser un héroe —contestó el muchacho en el mismo tono bajo de su amiga—. No quiero tener que luchar contra monstruos otra vez, ni cargar con la responsabilidad de salvar un reino o lo que sea, mejor que lo haga otro más capaz que yo.

—Pero Wind, la espada te eligió a ti, no puedes delegar tu deber de esa forma.

—Cállate, tú no tienes derecho a decirme nada, tu misma escapaste de tu deber como gran hada del bosque.

La hada simplemente no pudo replicar a esas palabras, el rubio tenía razón. En ese momento el mágico ser simplemente se quedó mudo y pensativo, no podía creer lo parecidos que eran ambos.


Esta semana fui un poco menos ignorada que las anteriores, supongo que había que tener paciencia y no desesperarse por no ser muy leída, de todas maneras agradezco su apoyo, en serio valoro que le dediquen unos minutos a esta historia.

¿De quién hablaremos el día de hoy? Pues de un personaje segundario normalmente ignorado: Mido.

La leyenda de Zelda en todos estos años ha acumulado un reparto de personajes segundarios enorme, pero la mayoría son olvidados o ignorados, aún cuando puedan ser personajes bastante interesantes. Recientemente he leído que muchos fanfics que toman en cuenta a Shad y Ashei (Salma segun la versión del juego que juegues), o Anju y Kafei que parecen ser segundarios muy valorados (Sospecho que más que nada por el shipping, como siempre el romance manda acá) aunque no me llaman mucho la tención.

Pero Mido fue un personaje segundario que me impresionó mucho en su tiempo, proviene de la Ocarina del tiempo. Este personaje empieza siendo el típico niño molesto que se dedica a hacerle la vida imposible al protagonista porque le tiene envidia y no pasa de eso, sin embargo, como se sabe, parte de la historia de este juego transcurre 7 años después, entonces al reencontrarnos con Mido este no nos reconoce debido a los cambios que sufrimos y eso duele, porque Mido se lamenta de haber sido tan cruel con Link y desea de todo corazón pedir perdón por lo que hizo, sin embargo estamos ahí, frente a él escuchándolo y no podemos hacer nada, no podemos decirle quien somos, no podemos decirle que lo perdonamos y duele bastante. Ese personaje me enseñó una lección, no le hagas a alguien algo que puedas lamentar, quizás un día no puedas disculparte y vivirás con el remordimiento.

No he leído ningún fanfic donde aparezca Mido, así que me doy el trabajo de darle su pequeño homenaje aquí, no aparecerá mucho, tendrá apenas una o dos frases en la historia pero está presente, sigue siendo el pelmazo que gusta de molestar al protagonista, pero no le tiene tanta maña como en el juego.