Había pasado una semana desde el descubrimiento de la espada maestra en el bosque, la noticia del torneo se había regado como el polvo y era el tema de conversación de todos en Ordon. Habían comenzado a llegar numerosos espadachines de todas partes de Hyrule, las posadas estaban a reventar de huéspedes que venían, ya fuera a participar o ver el gran torneo de esgrima.
Los entrenamientos en la academia de espada se habían intensificado mucho, si bien la mayoría no esperaba ganar y volverse el portador de aquella arma legendaria, esa era una oportunidad grandiosa para demostrar sus habilidades y medirse con rivales de calidad.
El más entusiasmado parecía ser Ingus, el muchacho había doblado sus horas de práctica y trabajaba con ahínco buscando perfeccionar cada una de sus técnicas, además de que últimamente combatía con una fiereza que no se le había visto antes. En contraste con él, Wind parecía más desganado que nunca, aún los ejercicios más básicos le salían mal, casi parecía que era incapaz de mantener una postura correcta, incluso en los últimos días ni siquiera se había dignado a mantener una pelea decente con Ralph, ocupando perpetuamente el último puesto, aunque al azabache esto no le hacía gracia, si iba a tener el penúltimo puesto, quería ganárselo limpiamente.
Wind había manifestado abiertamente su deseo de no participar en la competencia, pero el maestro Aquilo no había aceptado su decisión.
—Siempre te he negado participar en cualquier competencia Wind, quizás es por eso que nunca muestras entusiasmo en las prácticas, pero ahora será diferente. Ya no cometeré los mismos errores contigo, participarás en este torneo igual que todos tus compañeros. Estoy seguro de que cuando te veas en una pelea de verdad, cuando sientas la adrenalina, la emoción del combate, la fuerza del oponente en tu sable, despertará en ti el amor por la batalla y comenzarás a ver las cosas de forma diferente. Así que anímate y no te preocupes por hacerlo mal, solo diviértete. —Dijo el hombre con una sonrisa radiante hacia su discípulo.
Wind dudaba llegar a disfrutar de todo eso, la idea de ganar y verse forzado a ser un héroe que combatía el mal lo aterraba. Ya había tenido oportunidad de escuchar muchas veces los relatos de su padre sobre todos los peligros que tuvo que enfrentar para salvar Hyrule. Link no solía hablar de aquellas batallas con una sonrisa exactamente, narraba aquellos hechos de forma un tanto trágica, resaltando los peligros y los horrores que vivió. En parte a esto se debía el rechazo del muchacho por una vida de guerrero buscador de aventuras y sus aspiraciones a la sencilla vida de granjero.
—¿Por qué tengo que participar en el torneo? No es justo, yo no quiero —se quejaba el joven rubio en el almuerzo familiar.
—Vamos Wind, no será tan malo —replicaba su hermanita—. Tampoco es como que vayas a llegar muy lejos, seguramente te dejarás ganar en el primer round ¿Verdad?
La familia de Wind sí estaba al tanto del talento del muchacho para el combate y más o menos entendían el motivo por el que ocultaba sus habilidades, por eso no lo presionaban y lo dejaban seguir de acuerdo al camino que él había elegido.
Era verdad que el rubio se dejaría ganar, pero era otra su preocupación, él sabía que la espada lo había elegido a él y tenía miedo de que si se acercaba demasiado a esta, reaccionaría de alguna manera delatando este hecho. El arma legendaria estaría presente en el torneo, a la vista de todos bajo la custodia de la princesa. Si hubiera sido por él, ni siquiera habría ido como espectador, pero ahora no tenía opción, iría sí o sí.
—Si papá estuviera aquí él sería el seleccionado por la espada —dijo Wind con pesar.
—Tu padre ya pasó por todo eso WInd —intervino de pronto Ilia—. Ya salvó Hyrule una vez, creo que ya cumplió con su deber, déjenlo descansar. Además ya no es un jovencito, es cierto que sigue en muy buena forma y aún es un guerrero muy habilidoso, pero su época ya pasó, que se hagan cargo las nuevas generaciones.
"Si mamá supiera que yo represento a las nuevas generaciones quizás no estaría tan conforme" pensó Wind. Pero no se podía hacer nada, de momento solo le quedaba soportar su angustia y esforzarse por no ganar, por muy raro que sonara eso.
Así las semanas avanzaron implacables, hasta que el gran día llegó.
Todo Ordon era una vorágine de actividad, se habían abierto toda clase de puestos de comida, juegos y negocios aprovechando la gran cantidad de gente que había llegado a la ciudad, aquello parecía más una especie de festival que un campeonato. De todas formas el alcalde había sabido aprovechar muy bien la situación convirtiendo aquello en un espectáculo digno de ver. Había mandado a construir una arena de combate con gradas para el público, vestidores, bodega e incluso baños, por supuesto para justificar toda esa inversión se cobraba entrada a todo aquel que quisiera ir a ver el torneo. El precio era sumamente barato, apenas 5 rupias por persona y niños menores de 6 años entraban gratis, pero por la cantidad de gente deseosa de asistir y por el hecho de que la competencia duraría varios días, las ganancias eran tremendas.
—5 Rupias la entrada —exclamaba Ingus con molestia en los vestidores—. Se suponía que esto era un torneo para elegir al dueño de la espada maestra, no un evento para que el alcalde se llene los bolsillos.
—No seas tan serio Ingus —contestó Alquilo—. Piensa en esto, el despertar de la espada y la presencia de una hada en territorio humano, son presagios de grandes desgracias, quizás los tiempos futuros sean complicados, si las cosas se ponen así ¿No es mejor aprovechar el ahora y disfrutar mientras se pueda? Deja a la gente ser feliz, esto no le hace daño a nadie, además las cosas ocurrirán como deben ocurrir, un poco de público no afectará el resultado de las batallas o la elección de la espada.
Ingus suspiró admitiendo que su padre tenía razón, no era necesario ser tan estricto, pero su carácter le dificultaba tomarse las cosas con calma. Admiraba esa cualidad de su padre, su capacidad para ser duro cuando se requería y blando cuando no, ojalá él pudiera imitarlo.
—Te doy la razón en lo del público, pero aun así hay algo que no me convence.
—¿Qué cosa hijo?
—¿Por qué tienen que participar también ese par de payasos?
Ingus apuntó hacia el fondo de los vestidores, donde se encontraban Ralph y Wind haciendo de las suyas como siempre. Al parecer estaban teniendo problemas para elegir sus atuendos de batalla. A los espadachines más jóvenes o inexpertos se les permitía usar equipo de seguridad para no salir severamente lastimados, la verdad casi nadie se sentía tan inseguro como para usar esas cosas como este par.
Ralph se había puesto una armadura completa y aparatosa con la que apenas se podía mover, mientras que Wind por su parte, le reclamaba al encargado del equipo que no tuviera ninguna armadura en color verde.
Aquilo sintió que en ese momento lo más apropiado era intervenir, pues sospechaba que de seguir como estaban, los chicos jamás seleccionarían su equipo.
—A ver —dijo el corpulento maestro—. Ralph, quítate esa armadura, nada de equipo especial para nadie, usarán una cota de malla como la mayoría de los guerreros aquí, con eso debería bastar, esto es solo una competencia amistosa, no una guerra.
—Pero ¿Y si me pasa algo? ¡No quiero terminar con una mano menos! —lloriqueó Ralph.
—Las cotas de malla no son verdes —se quejó el rubio.
—Ralph, puedes usar guanteletes si lo deseas, pero dudo que alguien desee causar semejante daño en una pelea de este tipo, hay un estricto código de reglas que seguir y eso incluye no cercenar a tu oponente. Y Wind, puedes usar la cota de malla bajo la túnica, así seguirás vistiendo de verde y estarás protegido.
Ambos chicos asintieron con desgano temiendo la batalla que se aproximaba, aunque cada uno por motivos distintos.
Mientras tanto, en las gradas el público temblaba de emoción por el torneo que estaba a punto de empezar. Hacía muchos años que no se celebraba un evento así, un campeonato que reuniera a los guerreros más talentosos de todo el reino, por supuesto cada quien tenía su favorito, algunos de los participantes gozaban de una cierta popularidad.
—Oye ¿Has escuchado los rumores? —Decía un muchacho joven— ¡El caballero Geo va a participar en el torneo! Seguro que él gana, es el mejor guerrero del reino.
—No sé —contestó otro joven—. El mejor guerrero del reino es Link, él debería estar participando aquí, al fin y al cabo es el antiguo portador de la espada maestra ¿O no?
—Por lo que sé, ya se jubiló de su labor de caballero y de momento se dedica a su familia, a su granja y a una especie de investigación secreta o algo así, por eso viaja mucho. Pero tiene un hijo y él participará en el torneo.
—¿En serio? ¡Wow! ¡La nueva generación! ¡Seguro que es un chico muy talentoso!
—No creas, según he escuchado es un desastre de espadachín y está entre los peores alumnos de la su academia. Supongo que el talento no es heredable, de todos modos es muy bueno en agricultura y se lleva bien con los animales, será un granjero legendario. —Esto último lo dijo con una sonrisa sarcástica.
—No te burles, ser granjero no es malo, ellos producen la mayoría de los alimentos que comemos, tal vez no son tan vistosos, pero su trabajo es importante y si al chico le gusta eso bien por él, lo que no me cuadra es porqué está en una academia de esgrima si es tan malo.
—Eso es lo que todos se preguntan... ¡Oh mira! ¡Es el presentador, ya va a empezar!
En medio de la arena de combate se presentó un hombrecillo delgado de tez morena y cejas tristes, pero con una sonrisa de pillo, iba vestido con un elegante traje de presentador que quizás parecía demasiado ostentoso para la ocasión.
—Buenas tardes damas y caballeros, hoy nos reunimos aquí para presenciar el primer gran torneo de esgrima de Ordon, para esta ocasión contamos la presencia de la ilustre princesa Zelda, futura gobernante del reino de Hyrule.
El presentador mostró con su mano a la princesa que se encontraba en un pequeño pero elegante palco junto a la arena de combate, sin duda era el mejor puesto para observar el espectáculo, pero a pesar de eso, la joven noble no se sentía del todo cómoda en ese lugar. Ella no era la única que se encontraba ahí, a su lado estaba sentado Don Frezno, el alcalde de Ordon, un hombre robusto de gran bigote y sonrisa bonachona, en contraste con él, un asiento después se encontraba Darian, el mercader más rico de Ordon y también el padre de Ralph, un individuo de aspecto agrio y sombrío, cabello negro, bigotes delgados y cejas gruesas.
La gentil princesa suspiraba de aburrimiento sentada en su palco, en lugar de encontrarse allí sola con ese par de hombres que representaban a la autoridad del lugar, y que solo hablaban de negocios y de temas vanos y superficiales, preferiría estar en las gradas con el público general, conversando con sus compañeros y conociéndolos mejor, pues además de venir a Ordon para prevenir un desastre, también quería experimentar un poco lo que era tener una vida normal de plebeyo, cosa que de momento no estaba logrando del todo.
Luego de una solemne presentación y de algunas palabras de aliento de la princesa, los combates dieron inicio. Como en este torneo no hubo límite de edad para inscribirse, pues la espada maestra podía elegir a cualquiera que pudiera empuñarla, la cantidad de participantes fue tremenda, cosa que aseguraba varios días de torneo y muchas rupias para el alcalde.
Las batallas eran bastante distintas unas de otras, debido a que los emparejamientos fueron al azar, se daban caso de guerreros muy talentoso que se batían contra jóvenes inexpertos o poco habilidosos, sin embargo cada uno era tratado con respeto y honor, como exigía el código de un caballero, de esta forma todos se sentían agradecidos de haber dado lo mejor de sí en la arena.
Ingus observaba cada duelo con la emoción a rebosar, si no fuera por su falta de expresividad seguro habría parecido un cachorro emocionado. Él aspiraba a convertirse en el mejor caballero del reino, el más fuerte y el más admirado y la perspectiva de enfrentar a un rival poderoso lo motivaba, casi no podía esperar a que fuera su turno, en contraste a Wind y Ralph, que temblaban de temor ante sus próximos combates y esperaban a un costado de los vestidores tratando de animarse el uno al otro.
A diferencia de sus compañeros de academia, ninguno de ellos quería presenciar los combates que se libraban en ese momento, por ello estaban solos, pero eso no duró mucho, pues pronto llegó un molesto y fornido joven pelirrojo a importunarlos.
—Vaya, pero si no es Ralph, el maravilloso hijo de Don Darian, el hombre más poderoso de Ordon, dime, ¿Qué se siente ser rebajado al nivel de los pobres para participar en este torneo? Seguro que eso te hace sentir indignado, manchar tus delicadas manos de niño rico con toda esta mugre ¡Qué horror!
—Yo... No... Eso... —Ralph se estaba poniendo muy nervioso.
—Lo siento ¿Te ofendí? Oh, cuanto lo lamento, pero ya sabes, tú papá es rico e influyente, siempre puedes hablar con él para que me eche del pueblo... Un momento, ya no puedes hacerlo porque ya nos echó a mi familia y a mí ¿Qué frustrante no? Igual si hablas con él quizás quiera prohibirme la entrada, seguro sería muy fácil para ustedes.
Tristemente lo que decía este muchacho era una cruel realidad, el padre de Ralph era una persona horrible, un poderoso hombre de negocios con grandes influencias en Ordon, que no tenía reparos en abusar de su poder. Así es como se las había arreglado para correr del pueblo a varias familias que habían tenido altercados con él, o que habían contraído alguna deuda importante.
El pobre Ralph poco y nada tenía que ver con los negocios de su padre, de hecho a menudo no estaba de acuerdo con ellos, lo peor es que él a menudo era la víctima principal del resentimiento de la gente.
—¡Ya basta! ¡Ralph no tiene nada que ver con todo esto! —Intervino Wind en defensa de su amigo.
—Miren quien está aquí, el hijo del héroe del reino ¿Crees que porque tu padre sea el valeroso Link tienes derecho a opinar algo? No te cuelgues de su fama, por lo que he escuchado no le llegas ni a los talones, eres un asco con la espada, ni siquiera deberías haber participado en el torneo y te lo voy a demostrar.
Con un movimiento extremadamente hábil y rápido, el corpulento muchacho pelirojo realizó una finta con la que esquivó a Wind, quien estaba delante tratando de proteger a su amigo, pero al mismo tiempo retiró su espada de su funda y la dirigió contra el pelinegro quien aterrado como estaba solo atinó poner sus manos al frente para bloquear el golpe.
Un sonido metálico reverberó en la estancia seguido por el murmullo de una espada hundiéndose en su funda.
—Bueno, creo que me precipité un poco, como dice mi maestro, es malo dejarse llevar por la pasión, hay que mantener la cabeza fría. —El atacante entonces les dio la espalda y se alejó un poco, entonces sin dirigirles la mirada se detuvo un momento—. Sabes, luego de que nos corrieran de Ordon nos mudamos a Kakariko, pero fue difícil, apenas teníamos dinero para comer, instalarse allí y empezar de nuevo un negocio es complicado, si no fuera por la ayuda que nos prestó el maestro Maley y los alumnos de la academia de esgrima de allá, no sé qué hubiéramos hecho. Por eso les estoy tan agradecido y no puedo hacer algo que los deshonre o los meta en problemas. Solo por eso no puedo alzar mi espada contra ti ahora, pero si por casualidad nos toca enfrentarnos tendrás mucho que lamentar. Y eso va también para tu amigo, quizás un par de cortes en su rostro te duelan más que un par de cortes en el tuyo.
Una vez terminado este discurso, el altivo joven se retiró dejando a los dos amigos perplejos y asustados, aunque el más afectado fue Ralph. En cuanto su enemigo jurado se alejó, la tensión que tenía en sus piernas cedió y cayó sentado mientras temblaba, aún sin poder calmarse levantó sus manos cubiertas por sus guanteletes y las observó con cuidado.
—Ese... Tipo... De verdad quería dañarme, si no hubiera sido por mis guanteletes me hubiera cortado... Tengo miedo Wind... Y temo por ti, dijo que iría tras tuyo también, Ay... Porqué... ¡Por qué siempre me tienen que pasar estas cosas! Todo esto es por lo que hace mi padre... Si tan solo pudiera detenerlo...
—¡No te eches la culpa Ralph! Tú no eres responsable de las estupideces que hace tu papá, además ya dejamos claro que cuando te hagas mayor te apoderarás del negocio y podrás hacer las cosas a tu manera ¡Ten paciencia! Todo mejorará.
—Gracias Wind... Ahora de momento solo estoy deseando no nos toque con ese loco con peinado de tenedor.
—Pues yo estoy deseando poder pelear con él.
—¡¿Eh?! ¡Pero qué dices! ¡Por favor Wind no vayas a hacer una locura! Recuerda tú problema con...
—Lo sé... Pero tengo todo bajo control.
Vaya que es caprichoso el destino, como si las diosas hubieran escuchado el deseo del rubio, su primer combate fue justamente contra el pelirrojo musculoso que los había intimidado un rato antes.
Aparentemente el combate anterior al de Wind había sido tremendamente emocionante, pues la adrenalina del público estaba por los aires, la gente gritaba y clamaba por la siguiente pelea con tanta emoción que recordaba el rugir del mar, como una ola de alegría y energía vibrante, dispuesta a verterse sobre los combatientes.
Todos esos clamores intimidaron un poco a Wind, a quien se le encogió el corazón y se sintió pequeño como un gatito en medio de una manada de wolfos. Pero la verdad es que más miedo le causaba su maestro, que gritaba como loco dándole ánimos para la pelea que venía, alcanzó a ver que detrás de él Ingus se cubría la cara algo avergonzado. Lo peor de todo es que Talma parecía seguirle el juego al hacer las mismas ridiculeces que Aquilo, pues se agitaba de un lado a otro junto a él mientras tintineaba como cascabel navideño.
—Se pone así con cada estudiante que sube a la arena —le susurró Mido al oído—. Se nota el entusiasmo que tiene por nosotros, y ahora que tiene a esa hada siguiéndole la corriente no hay quien lo pare.
El rubio solo puso una sonrisa incómoda y subió a la arena donde su enorme oponente lo esperaba con una sonrisa confiada, no era para menos, seguro que el tipo pensaba que sería una victoria sencilla, después de todo Wind tenía la fama de ser un guerrero espantoso, pero por única vez, el muchacho no pensaba dejarse ganar, si era por Ralph se obligaría a obtener la victoria, ya tendría oportunidad de perder en el siguiente encuentro.
El animador del evento presentó a los dos contendientes, el tipo pelirrojo se llamaba Vilan, aparentemente era un alumno bastante aventajado de la academia de Kakariko y tenía un par de medallas en torneos de poca monta, pero eso ya era material suficiente para engrosar su currículum. En cuanto a Wind, a él lo presentaron simplemente como el hijo de Link. Que molesto era que su nombre estuviera ligado al de su padre, era algo complicado obtener reconocimiento propio, aunque tampoco era algo que necesitara.
Ambos contendientes se colocaron a un lado de la arena y sacaron sus espadas tomando una postura básica de ataque, se evaluaron con la mirada y aguardaron la señal para que iniciara el enfrentamiento. El lugar estaba silencioso, nadie esperaba mucho de él y en general se consideraba que ganarle no era la gran cosa, por lo que salvo por los gritos del maestro Aquilo, nadie lanzaba vítores, de hecho más parecía que estaban conversando entre ellos, comentando y haciendo predicciones.
Fue entonces que el réferi dio la señal de inicio, Vilan con la espada en alto inició una rápida carrera para acortar la distancia que los separaba, por su parte Wind aguardó en su sitio y separó las piernas para tener un buen apoyo.
La maniobra fue muy rápida, casi nadie pudo percibir bien cuando fue que todo acabó, dentro de lo poco que se pudo apreciar, se decía que cuando Vilan estaba a punto de golpear a Wind con su arma, este alzó la suya y con un extraño movimiento bloqueó el ataque desviando el arma hacia abajo, esto dejó a su oponente en un breve estado de estupefacción, aprovechando el desconcierto y la cercanía de la espada del pelirrojo con el suelo, Wind levantó su pie y la pisó estampándola en el suelo y de paso arrebatándosela de las manos a su dueño. Luego, para terminar, apuntó el filo de su propio sable a la cabeza de Vilan declarando su derrota.
El público en ese momento enmudeció, todos quedaron estupefactos por el desenlace de la batalla, tan rápida y precisa, ningún combate se había desarrollado de esa forma. Fue tal el impacto que hasta el animador se tardó algunos segundos en anunciar al ganador, entonces antes de que empezaran los tímidos aplausos hacía los participantes, Wind guardó su arma, hizo una cortés reverencia a su oponente y se retiró en silencio sin decir nada a nadie.
En cuanto su maestro reaccionó quiso darle una felicitación pero Wind simplemente lo esquivó y se dirigió a los vestidores, sentía todas las miradas clavadas en él, pero no percibió que la más penetrante de todas era la de Ingus, quien de pronto despertó una gran curiosidad por su usualmente ignorado compañero.
Una vez que Wind llegó a los vestidores, cerró la puerta detrás de sí y suspiró agobiado observando su mano. Siempre que peleaba contra un humano que no era su padre se sentía aterrorizado, pues aquella inofensiva mano podía convertirse en la mano de un asesino, podía volverse cruel, sangrienta y letal. A su mente acudió como un destello aquella horrorosa escena que llevaba tanto tiempo tratando de olvidar, la imagen de su hermana con un horrible corte en el hombro, cubierta de sangre y mirándolo con miedo.
Aquella tragedia no debía volver a repetirse, era por eso que rechazaba la idea de pelear en serio contra un humano, lo aterraba más que enfrentarse a 5 skulltulas gigantes, si fuera por él habría abandonado la esgrima hace mucho tiempo, pero una promesa de su infancia lo mantenía atado al camino de la espada, y el cumplía sus promesas hasta el final, era por esto que vivía agobiado.
—¿Perdido en tus pensamientos compañero? —Dijo de pronto una voz en su cabeza.
Wind conocía aquella voz, lo atormentaba cada noche en sus sueños, sobre todo cuando se acercaba la luna llena. Levantó su vista temeroso y la dirigió al espejo de cuerpo completo que había al fondo de los vestidores. Entonces observó con horror que ahí estaba Él. El ser con su mismo rostro y su mismo cuerpo, sus ojos amarillos repletos de maldad lo escudriñaban con interés mientras una sonrisa sádica se dibujaba en su rostro.
—¿Otra vez tienes miedo de pelear? ¿Tienes miedo de herir a alguno de esos bastardos inútiles que se ríen de ti?
—¡No! ¡Cállate! —El muchacho cerró los ojos y se tapó los oídos.
—Deberías olvidar tu miedo y dejarte llevar, ninguna de esas ratas débiles merece estar viva, deberías agarrar esa bonita espada tuya y enterrarla en el pecho de alguno de esos malnacidos, así te sentirás mejor, créeme.
¡No! ¡No debo escucharte! ¡Tú no existes! —La voz seguía resonando en su cabeza.
—Vamos compañero, tú y yo sabemos que eso es mentira, soy tan real como tú y tú eres tan retorcido como yo. La oscuridad vive en ti, tú deseas muerte y destrucción, es parte de ti ¡Olvida tus remordimientos y acéptate a ti mismo! ¡Déjate tragar por la oscuridad!
—¡No!
En ese momento Talma entró en el cuarto asustada de escuchar el grito de Wind. Ante la presencia de la hada el ser se desvaneció del espejo, luego de eso el chico rubio cayó de rodillas temblando de miedo, mientras su compañera alada revoloteaba al lado suyo preguntándole qué le pasaba, a lo que el muchacho con la mirada empañada solo logra contestar:
—Talma... Tú lo espantaste...
—¿Eh? ¿A quién?
—A mi yo oscuro.
—¿Yo oscuro?
—Por favor... No te apartes de mí... Mientras tenga una espada en mis manos no me dejes.
Talma no entendía qué pasaba, solo atinó a abrazar su cabeza delicadamente y prometerle que estaría a su lado siempre.
Hoy hablaremos de Aquilo, el maestro de la espada. Este personaje proviene de Skyward Sword y es el típico personaje que te da el tutorial para aprender a manejar la espada, fijar el blanco, los cortes horizontales, verticales etc.
Su papel estuvo determinado desde el principio, necesitaba un maestro de la espada y lo elegí a él, además le concedí el honor de ser el papá de Ingus, es un personaje que me agrada bastante, sin embargo su papel en la historia no es particularmente importante. Aunque en el videojuego del que proviene tampoco era muy importante que digamos.
