Ya no soy el más fuerte.

Por décima vez esa mañana, este pensamiento recorrió la mente de Ingus. Desde el día anterior durante el torneo, cuando se había revelado que Wind no era el inútil que se creía y que además era el elegido de la espada, su mente se había vuelto un torbellino de preguntas y dudas.

Desde que tenía memoria, había entrenado buscando la perfección en el arte de la lucha, tratando de superar a cuánto rival tuviera al frente. Esto era necesario, el sueño de su vida era convertirse en un caballero de la guardia real y solo los mejores tenían acceso a ese puesto. Sabía que su camino a la cima era largo y tortuoso, pero al menos creía ser el mejor de su escuela, por eso que de pronto la peor lacra del lugar le arrebatara el estrellato le dolía muchísimo.

Pero ahora que lo pensaba mejor, debería haberlo notado antes. A diferencia de otros alumnos que empiezan siendo débiles y de a poco mejoran, Wind tenía un desempeño muy irregular, habían días que parecía llegar a un nivel decente y otros donde actuaba como un novato recién llegado ¿Acaso siempre había estado fingiendo? ¿Por qué?

De todos modos eso no se quedaría así , ese mismo día retaría a ese chico a un duelo y averiguaría de una vez por todas si realmente era el mejor. Sin embargo, no pudo concretar sus intenciones, Wind faltó a las clases de espada y a las clases regulares también, no se le vio un pelo en todo el día ¿Acaso ese cobarde estaba escondiéndose? ¿No quería enfrentarse a el? ¿Lo veía como un debilucho incapaz de hacerle frente e indigno de su atención?

Hay que decir que todas estas ideas estaban muy lejos de la realidad, pero como Ingus no conocía mucho a su compañero no podía saberlo, sólo se dejaba llevar por la conmoción que sentía y aceptaba lo primero que se le venía a la cabeza como verdadero. Fue tal la rabia que le causaron estos pensamientos, que decidió a hacer algo que jamás había hecho, visitar la casa de Wind.

Apenas terminó la escuela, Ingus se dirigió hacia las afueras de Ordon, donde se encontraban las granjas de la zona y el hogar del elegido por la espada.

Arrugó la nariz al llegar a su destino, el olor de los animales le molestaba mucho, esa era una de las razones por las que nunca iba a las granjas, él no estaba hecho para tener que soportar esa clase de cosas, era un chico de ciudad, amaba tener la ropa limpia, caminar por pisos adoquinados y respirar aire limpio de olores raros o caca de cuco. Cuánto no deseaba que pasara el tiempo para poder convertirse en un caballero de la guardia real, entonces podría ir a vivir a la ciudadela del castillo, el lugar más moderno y urbanizado de todo Hyrule, es cierto que Ordon había avanzado mucho en el último tiempo, pero seguía siendo demasiado rural para su gusto.

El joven iba tan metido en sus pensamientos que casi choca con un par de individuos que parecían estar escapando de la granja, o más bien de la mujer que iba tras de ellos con una escoba en alto.

—Señora, no es necesario llegar a estos niveles de violencia, por favor —se quejaba uno de los hombres que corría.

—¡Voy a ser todo lo violenta que quiera si con eso me deshago de alimañas molestas como ustedes, que sólo quieren venir a chismorrear sobre mi hijo! ¡Fuera de aquí!

—Pero señora es solo una entrevista, la gente tiene derecho a saber sobre el héroe que...

—¡Y mi hijo tiene derecho a que lo dejen en paz! —Gritó la furibunda mujer mientras le daba de escobazos al par de periodistas que estaban ahí.

Finalmente tras un buen castigo con la escoba, los hombres se rindieron y abandonaron la granja.

Ingus estaba admirado, jamás pensó que la mamá de Wind fuera tan agresiva, la había visto antes y parecía tan tranquila, alegre y despreocupada que la creía incapaz de enojarse o de atacar a alguien. De pronto la mujer se giró y clavo sus fieros ojos verdes en él causando un escalofrío.

—¿Tú también vienes a molestar a Wind?

—¿Que? ¡No! Yo solo... Soy compañero de Wind en la escuela y como faltó a clases quería saber cómo estaba.

El rostro de Ilia se suavizó automáticamente al escuchar eso y una radiante y amigable sonrisa apareció transformando la en una persona completamente distinta.

—Vaya, un amigo de Wind, perdón por lo de antes. Lo que pasa es que desde la mañana han aparecido periodistas y otras alimañas molestas a verlo y hacerle preguntas tontas. No sé qué es lo que quieren saber, Wind es un chico común y corriente como cualquier otro, solo que tiene una espada legendaria en el cuarto, nada más, no hace falta que hagan tanto alboroto por él. Y con lo tímido que es tantas atenciones sólo lo alteran. Hoy tanta gente vino a verlo que se espantó y decidió quedarse en casa todo el día. Pero seguro la visita de un amigo lo anima, ven pasa.

Ilia guió a su invitado hasta una linda casita de madera que estaba en el centro de la propiedad. Al entrar Ingus pudo apreciar que tenía un solo piso y que los cuartos eran algo pequeños, sobre todo para la cantidad de cachivaches extraños que había ahí, extrañas máscaras, herramientas, plantas, libros y otros enceres.

—Estas son algunas de las cosas que mi esposo consigue durante sus viajes —explicaba Ilia—. Siempre se trae algún recuerdo exótico, algunos son muy interesantes pero desgraciadamente ocupan espacio, siempre estamos peleando por esa manía suya de acumular cosas, ya le he dicho que tiene hacer un cuarto para guardar sus recuerdos o si no, lo mandaré a él a limpiar todo esto.

La dueña de casa le mostró un pasillo al final de cual había una habitación, acercándose con toda confianza tocó a la puerta.

—Wind, cariño tienes un invitado y no es ninguno de esos molestos metiches, es un amigo de la escuela, se llama Ingus.

—I...I... ¡¿INGUS ESTÁ AQUÍ?! —Gritó el ocupante de la habitación alarmado.

Luego de ese grito comenzaron a escucharse varios sonidos, como movimientos de muebles, cosas que eran arrojadas de un lado a otro y ropa que era sacudida.

—Hijo... ¿Que estás haciendo? —Preguntó Ilia curiosa, aunque luego una idea cruzó por su mente sacándole una sonrisa— ¡Oh! ¿Será posible? ¡Por fin estás limpiando tu cuarto luego de tres semanas que llevo diciéndotelo! Ingus, creo que deberías venir más seguido de visita.

El aludido simplemente lanzó un suspiro y se mantuvo impasible, de alguna manera esa situación parecía irritarlo más de lo que ya estaba ¿Por qué el portador de la espada tenía que ser un mocoso tan irresponsable que ni siquiera era capaz de mantener su cuarto en buen estado? No pasó mucho para que la puerta se abriera y Wind invitara a pasar a su compañero. El chico se veía bastante nervioso, se removía inquieto y a penas era capaz de mirar a Ingus a la cara.

Ilia los dejó solos prometiendo que les traería algunos bocadillos luego, de eso ambos adolescentes se quedaron solos.

Ingus de por sí no era alguien muy hablador a menos que se tratara de un tema de su interés, siempre solía dejar que los demás iniciaran las conversaciones mientras él escuchaba, esta costumbre había hecho que lo etiquetaran como una persona fría y distante, sobre todo las mujeres pues era un tanto tímido con ellas. Pero en este caso no era por timidez que se mantuviera en silencio, solo estaba ordenando sus pensamientos para abordar la situación de forma amistosa, sin que se notara lo molesto que estaba.

Por su parte Wind también guardaba silencio, aunque en su caso era por nervios. Simplemente no podía creer que Ingus estuviera en su casa y en su habitación, ese muchacho era la segunda persona que más admiraba en el mundo (Pues la primera era su padre). Siempre se sintió atraído por aquella forma que tenía de ser, un perfecto alumno en la escuela, un caballero en su día a día, un gran espadachín y un joven admirable a la vista de todo el mundo. El chico de verde entendía porqué Ingus nunca le prestaba atención a un desastre ambulante como él, pero siempre había deseado estar a su altura y sobre todo, soñaba con poder mantener un combate de igual a igual contra él.

—Donde está —dijo de pronto su invitado.

—¿Eh? ¿Quien?

—La espada maestra.

—Ah, claro, la espada. —Había una notoria decepción en el semblante de Wind. Claro, esa espada era lo más importante ahora.

Ingus levantó una ceja no entendiendo del todo la actitud de su compañero, pero no importó, el chico fue hasta un ropero donde al abrirlo, pudo notar que en lugar de ordenar su habitación como correspondía, había arrumbado un montón de cosas ahí para que no se vieran. Algunos juguetes y cuadernos cayeron mientras rebuscaba en el interior mueble. Cuando finalmente encontró el arma, la sacó torpemente, arrastrando algunos calcetines en el proceso, además al salir la punta, esta cayó golpeándose contra el piso, cosa que hizo estallar los nervios de Ingus.

—¡Pero cómo puedes tratar tu espada así!—Gritó el rubio furioso— ¡Es tú arma! ¡Tu herramienta de trabajo! ¡No puedes tenerla en esas condiciones! En primer lugar no tiene funda, si alguien inexperto la toma podría cortarse, además tenerla de esa forma le quita su capa de aceite protector, porque supongo que la aceitaste luego de usarla.

La mirada de desconcierto en los negros ojos de Wind fue todo lo que necesitó como respuesta.

—¡¿No la aceitaste?! ¿Es que acaso no sabes como cuidar un arma de metal? ¡No son como las espadas de madera! Son propensas al óxido, sobre todo en ambientes húmedos como Ordon, el sudor humano también las corroe, por eso antes de guardarlas se les agrega una capa de aceite para protegerlas. Además si le golpeas la punta o los bordes así como ahora, terminarás gastando el filo antes de tiempo.

—Lo siento yo no...

—¡Trae para acá!

Ingus le arrebató la espada maestra a su portador, pero en cuanto esta estuvo en sus manos, aumentó de peso de forma tan repentina que terminó en el suelo haciendo esfuerzos sobrehumanos por soportarlo.

—E... Es muy pesada... ¿De verdad eres capaz de usar esta arma?

—Yo no la siento pesada.

Wind se acercó a su compañero, tomó la espada de la empuñadura, en ese mismo instante esta pareció perder peso y fue fácilmente manipulada por su dueño.

—La verdad la encuentro menos pesada que cualquier arma que hubiera usado antes.

El ojiazul nuevamente tomó la espada maestra para verse una vez más aplastado por su peso.

—Que... Que rayos pasa aquí... ¿Por qué pesa tanto esta cosa? ¿Acaso eres tan fuerte?

—No creo que yo sea tan fuerte... Además, mi hermana también levantó la espada sin problemas, se la presté un momento para que la mirara y bueno... A ella tampoco le pareció tan pesada...

—¿Entonces la espada solo se hace pesada cuando la tomo yo? —Protestó Ingus dejando caer el arma en el suelo.

—Pues... No sabría decirlo... Pero quizás es así. Esta espada en sí es bastante especial, a pesar de los siglos que tiene no muestra ni un signo de óxido, tampoco parece que el uso le quite el filo. Ya de por si tiene atributos mágicos, supongo que cambiar de peso puede ser solo otra cualidad suya.

—¿Y por qué precisamente conmigo se hace pesada? —Ingus trataba de mostrar su habitual calma pero cada vez se sentía más irritado, cosa que se dejaba traslucir a través de su mirada, poniendo a Wind nervioso.

—Qui-quizás no le agradas...

—¿Que no le agrado? —En ese momento expresando toda su molestia Ingus colocó uno de sus pies encima de la hoja— ¿Que acaso esto es una espada o una niña caprichosa? ¿Desde cuando una espada se niega a que la tomen? Porque...

Pero el muchacho no pudo continuar hablando, porque de pronto comenzó a sentir un calor abrazador en su bota hasta el punto que le quemaba, cosa que lo hizo quitar el pie de encima de la espada mientras daba cómicos brinquitos quejándose del dolor.

—¡Quema! ¡Quema! ¿Qué rayos pasa aquí?

—Rayos, parece que de verdad no le agradas —dijo Wind perplejo de la impresión, jamás pensó que su arma tuviera personalidad y gustos propios.

—¿Entonces la espada maestra te eligió solo por que le caes bien? —Resplicó Ingus mientras bajaba su pie tratando de tomar la actitud más digna posible.

—No creo... Sería tonto que me eligiera solo por eso, debe haber visto algo más en mí —trataba de excusarse el ojinegro.

—¿Qué cosa? ¿Tu gran sentido del deber? Por que hasta ahora no lo he visto, siempre llegas tarde a clases y a menudo olvidas tus tareas ¿O quizás es tu gran responsabilidad? Porque ni siquiera eres capaz de limpiar tu cuarto como corresponde ¿Me vas a decir que es por tu honestidad? Porque hasta ahora nos habías tenido a todos engañados creyendo que eras un torpe e inútil indigno de llevar un arma ¿Qué me dices de eso señor héroe?

—Es que... Eso... Tiene una explicación... Lo que pasa es que yo...

Justo en ese momento la puerta del cuarto se abrió, dejando a la vista a Ralph y Talma que venían seguidos por Ilia quien llevaba una bandeja con bocadillos para todos.

—Hola Wind ¿Qué se siente ser la nueva celebridad de Ordon? —Saludó Ralph. De pronto se fijó en el chico que estaba junto a su amigo y sus ojos se abrieron como platos— ¿Ese es Ingus? ¿Qué hace él aquí?

—Yo ya me iba. —Dijo el aludido caminando hacia la salida de la habitación.

—¿De verdad? Pero si a penas habías llegado ¿No quieres al menos un sandwich para el camino?

Antes de que el chico pudiera contestar algo, Ilia había envuelto uno de sus bocadillos y se lo había dado para el camino, luego salió a despedirlo en la puerta.

—Conmigo tu mamá nunca es tan atenta. —Se quejó Ralph.

—Es que es Ingus, no es cualquier persona. —Él se sentó en la cama—. Las vecinas siempre están hablando de lo maravilloso que es Ingus, que es un buen alumno, que es un buen hijo, que siempre ayuda a todos, supongo que mamá esta feliz de que haga amistad con alguien como él, pero yo lo arruiné... —Wind se veía muy abatido en ese momento.

—¿Por qué? ¿Que pasó? —Preguntó Talma preocupada.

—Es que... Prácticamente lo humillé. Resulta que a la espada maestra le cae mal Ingus y cada vez que él quiere tomarla se vuelve tan pesada que no la puede levantar y creo que se tomó eso un poco personal.

—Ingus es algo frío pero no peinso que sea tan odioso, oye deja probar, también quiero tomar la espada, a ver si se me hace pesada.

El pelinegro se acercó al arma y con mucho cuidado la tomó por la empuñadura, si bien tuvo que realizar un cierto esfuerzo para levantarla, pudo lograrlo.

—Pues... Es algo complicado pero puedo levantarla. —Dijo Ralph jadeando— ¿Entonces la espada me quiere pero no tanto?

—Creo que el problema se debe a otra cosa —intervino de pronto Talma.

—¿A que cosa? —Preguntó Wind.

—Pues... A la oscuridad en el corazón de ustedes —sentenció la hada—. La oscuridad es algo que está presente en el corazón de todas las personas, algunos tiene más y otros tienen menos, pero siempre está presente. No hay que avergonzarse de eso, solo hay que tratar de no dejarse dominar por las pasiones y mantenerse siempre del lado de la justicia. La espada maestra ha sido forjada para repeler el mal en todas sus formas, quizás detectó que había mucha oscuridad en el corazón de Ingus y por eso sintió desagrado por él.

—¿Oscuridad en Ingus? ¿Es en serio? Pero si ese chico quiere ser caballero de la guardia real, no puede ser alguien malo —exclamó Wind.

—Que tenga oscuridad no quiere decir que sea malo, solo lo hace algo propenso a ser seducido por la maldad, pero... Esperemos que su corazón sea lo suficientemente fuerte para no dejarse llevar...

Mientras tanto en otro lugar, siguiendo el camino que llevaba desde las granjas hasta la urbe central, iba Ingus expulsando rabia hasta por los oídos ¿Cómo era posible que las cosas terminaran así? La espada lo rechazaba y sólo por eso Wind había sido elegido como su portador ¿Acaso era justo? Él era mejor que ese mocoso revoltoso en todos los aspectos, o al menos eso pensaba.

Pero darle tantas vueltas al asunto no solucionaría nada, de hecho podría resultar hasta contraproducente, de todos modos si probara ser mejor que Wind ¿De qué le serviría? Él seguiría siendo el héroe elegido, aunque de todos modos ¿Acaso necesitaba ser un héroe legendario? Si bien eso le ayudaría a convertirse en un miembro de la guardia real no era necesario, podía escalar hasta ese puesto por sus propios medios. Claro que si Wind de pronto quisiera convertirse en miembro de la guardia real seguro que lo ascenderían inmediatamente a Capitán, cosa que sería muy injusta consideranto todo el empeño y tiempo que dedicaba a su meta, en cambio a ese zoquete le llegaba todo en bandeja de plata, sin casi esforzarse de inmediato pasaba a ser un individio respetable y poderoso ¿Por qué tenía que ser tan injusta la vida? ¿Por qué sus esfuerzos parecían no tener recompensa?

Tan absorto estaba Ingus en sus cavilaciones, que no se percató de que alguien lo observaba, una figura siniestra y enmascarada tenía sus ojos clavados en él, o más bien clavados en la semilla de oscuridad y envidia que brotaba en su corazón.

—Buenas tardes muchacho —Saludó aquel misterioso individuo.

Ingus dio un brinco de la sorpresa cuando sintió que le hablaron. Al voltearse a ver, se encontró con un individuo joven, parecía apenas un par de años mayor que él, era de estatura media, muy delgado, casi se veía algo famélico, de tez morena, cabellos y ojos castaños, rostro huesudo y una sonrisa que por alguna razón lo ponía incómodo. Pero quizás lo que más lo extrañaba es que ese hombre de alguna forma le parecía familiar, pero no sabía de dónde. Normalmente no se molestaba en hablar con desconocidos, pero era tanta la sensación de conocer a ese tipo, que decidió responder a ese saludo por si era alguien a quien no recordaba.

—Buenas tardes... ¿Nos conocemos?

—Yo te conozco a tí, aunque tú a mí no, es lo que pasa cuando eres famoso. Ayer durante el torneo diste una muy buena actuación, tanto durante tu enfrentamiento contra ese caballero, como en la pelea posterior contra ese horrible monstruo. Claro, no te dejaron participar mucho, pero para un chico de cuanto... ¿15 años? esa fue toda una proeza.

Ingus apretó los puños molesto al recordar ese momento, él no logró hacer nada, ni luchó contra las espadas ni salvó a la princesa, pues al final toda la gloria y el reconocimiento se lo llevó Wind.

—No fue nada, si me disculpa... —Hizo el ademán de retirarse pero el extraño intervino.

—No era mi intención incomodarte, solo quería mostrarte mi aprecio y admiración. Luego de lo que vi ayer quedé convencido de que tú eras el mejor espadachín de todos los que estaban ahí, de hecho yo esperaba que ganaras el campeonato. Que ese mocoso vestido de verde lograra controlar la sitaución fue solo suerte... No... Más bien fue gracias a esa espada, estoy seguro de que si tú hubieras llevado esa espada habrías podido solucionarlo todo, cualquiera con una espada legendaria podría haberlo hecho, hasta yo... Jajajaja... Así no tiene mérito.

Ingus no sabía si estas palabras eran ciertas, pero de alguna forma hacían que se sintiera mejor y recuperara la confianza.

—En verdad agradezco sus palabras.

—No es nada, lo que sea con tal de animar a mi candidato a héroe. Y tampoco hace falta que me trates con tanta formalidad, por favor, apenas soy mayor que tú.

—Pues lo siento, me es algo complicado dirigirme a un desconocido como usted... Digo como tú y hablarle... Hablarte...

—Tranquilo, no te preocupes, supongo que con algo de costumbre te saldrá más natural. En verdad eres un chico muy correcto, todo un modelo a seguir, tú deberías haber sido el elegido por la espada.

—Sí, pero no se puede hacer nada —contestó Ingus molesto.

—Sí, esa espada caprichosa no te eligió, pero seguro otra espada te elegiría.

—¿Otra espada? ¿Es que hay otra espada legendaria?

—Jajajaj, pues claro... Bueno, no tanto como legendaria, pero si hay otras espadas con atributos mágicos, auqnue no sean tan famosas. Casualmente tengo conmigo una espada muy particular, su nombre es Nigram, se dice que es una espada solo para gente de corazón fuerte, si alguien débil empuña esta arma, perderá su alma pues Nigram la devorará. Sin embargo, aquellos con la fortaleza suficiente para usarla, verán sus fuerzas aumentadas y serán capaces de realizar proezas increíbles, no habrá rival que les haga frente, hasta los truenos serán sus siervos, o eso es lo que cuenta su historia.

—Vaya, en verdad es una buena historia. —Los ojos de Ingus brillaban de emoción ante aquel relato

—Pues esta es Nigram. —El hombre sacó de debajo de su raído poncho, una espada con una empuñadura negra guardada en una vieja y deteriorada funda de cuero—. La verdad es que yo no soy lo suficientemente fuerte como para usar a Nigram, así que en mis manos es inútil y hasta peligrosa. Tampoco quiero venderla pues temo que caiga en las manos de alguien que pueda resultar dañado, por eso estoy buscando a alguien con la fuerza suficiente para usarla. Luego de ver tu actuación de ayer pensaba que tú serías el indicado.

—¿¡YO!?

—Claro, un joven tan correcto, honorable y poderoso como tú seguro es digno de usar a Nigram, piénsalo, de por sí ya eres fuerte, pero con esta arma sobrepasarás a todos, estarás en la cima, podrás enfrentarte a quien sea, incluso al portador de la espada maestra.

Estas últimas palabras terminaron por seducir a Ingus, quien sin cuestionarse nada, aceptó el maléfico regalo con una sonrisa codiciando su poder y deseando probar su supremacía sobre los demás.


Gracias a Jorge que comentó mi fic, en verdad me animas mucho. Me preocupaba que a nadie le interesara mucho leer esto porque no era una historia de romance y se centraba más en la aventura. Respecto a lo que dices del héroe del tiempo y del crepúsculo, mejor elimino los epitetos, la verdad, aunque hay muchas referencias que parecen situar esta historia como una continuación del twilight princes, más adelante hay algunos detalles que discrepan de ese juego, como la participación de una Gerudo y el hecho de que aquí los Sheikas no están extintos y tienen su propio pueblo. Mejor digamos que esta historia ocurre en un universo alterno muy basado en el Twilight Princess.

Bien, hoy por fin hablaré de mi personaje favorito de todo el fic: Ingus.

En ningún Zelda hay un personaje llamado Ingus, así que se podría decir que es un OC, aunque no del todo.

Resulta que mi método para crear personajes es primero pensar en sus personalidades, luego decidir su aspecto y finalmente darles un nombre. Al crear a Ingus la idea inicial era un tipo muy serio, frío, correcto, un tanto obsesionado con las reglas y la buena conducta, luego para su aspecto me pareció apropiado que fuera un rubio cenizo con ojos azul pardo. Al tener lal imágen completa del personaje, por alguna razón se me hizo familiar, como si no lo hubiera creado yo y lo hubiera visto en algún otro lugar. Le di bastantes vueltas al asunto hasta que recordé de donde me parecía haberlo visto: Final Fantasy III el remake para DS. Claro, el joven caballero que siempre se peleaba con Luneth tenía una actitud y un aspecto muy parecidos a mi personaje, y habiendo tantas semejanzas decidí darle el mismo nombre, Ingus.

Si googlean a Ingus pueden tomar el atuendo de aprendiz que usa como referencia del tipo de ropa que lleva mi Ingus, pero eliminen las hombreras abultadas, porque son horrendas y ni loca dejo a mi personaje vestir con esas ridiculeces.