Una vez más estaba envuelto en aquella profunda oscuridad, era extraño, desde que llegó Talma sus encuentros con él se habían vuelto más escasos, cortos y menos intensos. Pero ahora volvía a sentir esa sensación de ahogo, la desesperación y el miedo. Sabía que en aquel mundo negro estaba a su merced y no podía hacer nada, ni siquiera escapar, solo le quedaba esperar a que todo pasara y rogar porque no lo poseyera.
—¿Que pasa compañero? —Resonó una voz en medio de todo.
Wind no contestó, rogar o llorar solo podía empeorar las cosas, él parecía disfrutar cuando lo veía sufrir y más se empeñaba en atormentarlo, lo mejor era fingir que mantenía la calma, eso no lo alejaba pero lo hacía menos terrible.
De pronto aquellos ojos amarillos se hicieron presentes, un par de bengalas rebosantes de maldad se acercaron a él. El rubio reconoció sus facciones y su mirada, ya sabía lo que vendría. Un tentáculo de oscuridad apareció en la nada, lo atrapó con fuerza y comenzó a apretar. La respiración del muchacho se hizo dificultosa y las lágrimas asomaron en su rostro, no podía luchar, su cuerpo se sentía pesado, el agotamiento lo desbordaba y comenzaba a sentirse somnoliento, cosa muy rara considerando que estaba atrapado en un sueño.
—Vaya... Parece que estás muy cansado para luchar... Pero aún tienes la suficiente fuerza para oponerte a mí... Que desperdicio, pero no importa, el sello se romperá dentro de poco y tendré otra oportunidad para ser libre ¡Jajajaja! Solo espera y verás, nos encontraremos en un par de noches.
Un potente rayo de sol le dio en la cara obligándolo a abrir los ojos. Wind observó la ventana de su habitación abierta de par en par, donde junto con la cálida luz solar entraba una brisa fría, el muchacho se revolvió en su cama somnoliento y luego posó sus ojos negros en la figura que estaba junto a él. Aquel hombre tan parecido a él que parecía ser su yo futuro, su única diferencia eran sus ojos, los cuales en lugar de poseer la oscuridad de la noche, eran dueños del azul del mar.
—¿Papá? ¿Qué hora es? ¿Me desperté tarde y voy atrasado al desayuno?
—En realidad ya es hora de almorzar. Tu mamá piensa que es malo que te saltes dos comidas seguidas y me pidió que viniera a verte —Contestó su padre con tranquilidad.
—¡Ya es hora de almorzar! ¿Cuánto he dormido? ¡Mamá se va a enojar conmigo! —Hizo el esfuerzo de sentarse en la cama pero algunos dolores lo aquejaron—. Aaaaayyy me duele todo...
—Sí, es normal —Link lanzó un suspiro— las primeras veces duele mucho, luego te acostumbras y eres capaz de cruzar un desierto malherido cargando a un tipo inconsciente.
—¿De verdad? —El chico hizo el esfuerzo de ponerse de pie, aunque sentía que le faltaba fuerza en las piernas—. No lo entiendo, se supone que Talma me sanó ayer.
—Las hadas pueden sanar enfermedades, curar envenenamientos y cerrar heridas, pero no pueden quitar la fatiga muscular.
—Esto es un asco...
—Lo sé.
Habia una cierta tristeza en el semblante del hombre, le dolía mucho que su hijo hubiera tenido que pasar por todo eso, pero era aún más doloroso saber que eso no había terminado, seguía estando en peligro.
Lentamente Wind realizó la rutina diaria de tender su cama, asearse y vestirse, luego acudió al comedor de la casa donde estaba toda la familia reunida. Link parecía algo distante y pensativo, Ilia tenía ojeras y se veía algo cansada, al igual que Talma que si bien no sé le podía ver la cara, se notaba su agotamiento pues en lugar de revolotear por ahí, descansaba sobre la cabeza de la mujer. La única que parecía estar bien era Abril, la hermana menor de Wind, quien se balanceaba en la silla y miraba a su padre casi con adoración.
—Abril, si te sigues balanceando así en la silla te vas a caer —le dijo Link.
—Asumiré los riesgos.
—Creo que ya tenemos suficiente con todos los riesgos a los que está sometida esta familia.
—Parece que todos están muy graves hoy. —Bufó la chiquilla.
Abril no podía comprender del todo el peso de la situación en la que estaban, ella sabía que a su hermano le tocaba hacer el papel de héroe, pero no estaba particularmente preocupada por esto. Para ella los héroes eran los que derrotaba el mal, y simplemente no le cabía en la cabeza la posibilidad de que su hermano sufriera algún daño irreparable, al fin y al cabo su propio padre había hecho lo mismo años atrás y estaba de una pieza, por lo tanto no estaba consciente del peligro real de todo. Por otro lado, cuando su familia había vuelto a casa, ella estaba durmiendo siendo cuidada por una vecina, no vio la sangre, ni la ropa destrozada, ni el abatimiento en su hermano, simplemente al día siguiente se levantó y le contaron de forma superficial lo que pasó la noche anterior. Pero en ese momento aquello no le importó demasiado, pues la presencia de su padre luego de tres meses fuera ocupó toda su atención.
—Papi ¿Cómo te fue en tu viaje? ¿Encontraste lo que buscabas?
—No exactamente, pero encontré algunos manuscritos que tenían pistas de donde encontrar lo que buscaba. Pero ya había pasado demasiado tiempo fuera y me pareció que era tiempo de regresar. —Concluyó con una sonrisa.
—¿Y que era lo que buscabas? —Pregunto la niña.
—Son cosas de adultos, no necesitas preocuparte por eso.
Talma, como toda hada era muy perceptiva, tenía la capacidad de detectar las mentiras sin esfuerzo y descubrió que las palabras de Link eran falsas, su primer impulso fue revelar la verdad, pero tras vivir un mes con los humanos había comprendido que tanto las personas buenas como las malas mentían, las malas normalmente lo hacían por motivos egoístas, pero las buenas solían tener otras razones. Quizás había algo que el hombre rubio ocultaba, ya se enteraría más tarde.
El almuerzo continuó en silencio, sinceramente nadie tenía ganas de decir nada, cosa que estaba poniendo muy nerviosa a Abril, ella era del tipo de personas que no le gusta estar sola, o en silencio, por eso era tan sociable y siempre estaba ocupada en algo. Pero ahora verlos a todos con caras tan graves simplemente la ponía mal, así que decidió iniciar una conversación, aunque a la hora de elegir el tema lo hizo con cierta malicia.
—Ahora que papá volvió a casa supongo que ya no tendré que despertar a Wind. —Comentó la niña—. De todos modos él es mejor que yo en eso, al menos con él no llegarás tarde como te pasó durante los últimos 3 meses.
—Ah... Pero ahora lo he estado despertando yo y ya no ha vuelto a llegar tar...—Trató de intervenir Talma.
A mitad de frase la Hada tuvo que guardar silencio, pues unas poderosas ondas de ira fueron detectadas por ella y la dejaron algo aturdida, las hadas son muy perceptivas a las emociones humanas y pueden verse afectadas por las mismas.
—¡Wind! ¡¿Estuviste llegando tarde a clases durante todo el tiempo que me fui?!
—¡No lo hice! ¡Llegué tarde solo los primeros dos meses!
—¡Eso es igual de malo! ¡Quedamos en que ibas a ser responsable y puntual!
—Ahora que lo mencionan —intervino Ilia—. Wind tampoco se ha comportado muy bien estos meses, se ha metido en bastantes líos y me han mandado a llamar desde la escuela, no había querido mencionarlo todavía pero ya que salió el tema...
Lo que siguió de la comida, fue una larga tanda de sermones para el muchacho y el castigo de llenar de agua el estanque de la ducha durante dos semanas, (La granja no contaba con alcantarillado como en el pueblo, para tener agua en el baño debían llenar los estanques todos los días).
Gracias a estos regaños se acabó aquel molesto silencio que incomodaba tanto a Abril, desgraciadamente fue a costa de su hermano, pero no era importante, a él siempre lo regañaban, era lo normal.
Luego de la comida Link le dijo a Ilia que tomara una siesta, pues aunque ella se había desvelado la noche anterior, igual había cumplido con sus labores domésticas y había madrugado como siempre, pero el resultado de eso eran unas enormes ojeras bajo sus ojos y un carácter irritable por la falta de sueño. Link quizás era un hombre valiente pero no era estúpido y no pretendía arriesgar su vida enfrentándose a una Ilia con sueño, por eso la mandó a dormir mientras él se quedaba a limpiar la cocina, era lo mínimo que podía hacer por ella, al fin y al cabo, durante tres meses estuvo trabajando y cuidando la granja sola, obviamente contaba con el apoyo de sus hijos pero aún así era una carga pesada.
Mientras Ilia dormía, Link decidió pasar un rato charlando con su hijo mientras llenaba el estanque de la ducha, el castigo partiría un par de días después, cuando al chico se le pasara el dolor muscular.
—Wind... En serio esta vez metiste la pata, —decía Link mientras cargaba una enorme cubeta con agua.
—Era inevitable, supongo que estaba en mi destino.
—No uses la excusa del destino, tú no tenías ninguna profecía que cumplir. Eso me tocaba a mí, yo tenía mi alma encadenada a una profecía antigua que decía que cada vez que el mal asolara Hyrule debería unir fuerzas con la princesa Zelda y derrotar al temible Ganon. Pero tú... Tú eras un chico normal, no tenías ningún destino que cumplir, podrías haber hecho lo que quisieras con tu vida.
—Pues yo quería salvar el mundo... —Contestó el chico con algo de inseguridad.
—Wind... Seamos sinceros, te conozco, eres mi hijo. Nunca has tenido vocación de guerrero, practicabas el arte de la lucha por hobby y por una promesa que le hiciste a alguien de quien nunca me has querido hablar, ni siquiera te lo tomabas tan en serio. Estoy seguro de que la espada te eligió por un simple error, probablemente producido por culpa tuya.
—¿Culpa mía? ¿Cómo va a ser eso mi culpa?
—Pues si consideramos que está prohibido que todos entren al bosque perdido, que ese es el lugar donde descansa el arma sagrada y que nadie más que el elegido puede sacarla, es obvio que alguien estaba en un lugar en el que no debía estar. Cuando la espada percibió tu presencia quizás te confundió conmigo, al fin y al cabo eres portador de mi sangre.
El chico puso una cara de sorpresa y algo de confusión, tras lo cual enmudeció unos momentos. Estuvo buscando en su mente alguna respuesta ingeniosa que lo librara del castigo por desobedecer las reglas, pero no se le ocurrió nada, así que tras un sentido suspiro aceptó la culpa.
—Está bien, lo acepto, fui al bosque prohibido, pero fue para salvar a Talma. Igual entiendo que no debí hacerlo, o que no debí mentir... Pero debí suponer que me descubrirían, eres muy listo papá.
—No es la gran cosa, todos lo sabíamos.
—¿Qué? ¿De verdad? ¿Incluso mamá?
—Sí, todos.
—¿Y por qué nunca nadie me dijo nada?
—Porque consideramos que tener que luchar contra monstruos y enfrentarte a situaciones peligrosas ya es suficiente castigo. —En ese momento el ojiazul lanzó un suspiro—. Lo lamentable es que tu castigo nos arrastró a todos nosotros también.
—Lo siento papá —dijo con abatimiento.
—No te desanimes tanto, hasta ahora has hecho un buen trabajo por lo que me cuentan, quizás lo de anoche te superó un poco pero no está mal. Fi no parece haber cometido un error muy descabellado al elegirte como su portador.
—¿Fi?
—La espada, su nombre es Fi.
—¿Y cómo sabes eso? Todos la llaman espada maestra y nada más.
—Pues... No lo sé, el día puse mi mano en su empuñadura simplemente lo supe, como si fuera algo tan evidente como que Puini es un caballo, como si su nombre hubiera sido susurrado en mi mente ¿A ti no te pasó algo similar?
—No... Nada de voces místicas ni conocimientos misteriosos.
—Supongo que en mi caso ocurrió por la unión que tiene mi alma con la espada. Se supone que durante muchas reencarnaciones me he encontrado con ella y los recuerdos de esas vidas hacen que sepa su nombre... Pero tú no tienes porqué saber nada de eso, es normal que no puedas escuchar la voz interior de Fi, o que no te hayas dado cuenta de su personalidad.
—Ah, de su personalidad si sé, es muy correcta y honrada, pero un poco cuadrada de pensamiento, terca y no acepta ideas nuevas.
De pronto se escuchó un golpe fuerte, como en ese momento estaban cerca de la casa pudieron darse cuenta de que el sonido venía del cuarto del muchacho.
—Creo que Fi me escuchó y se enojó un poco.
—Conmigo nunca hizo eso. Creo que tienes un talento especial para sacar de quicio a todo el mundo, incluso a una espada mística milenaria. Mira, ya llegamos al estanque.
El estanque en cuestión era una estructura hecha con bastante ingenio y buen gusto. Se trataba de una base de madera cuadrada y muy firme, la cual era poco más alta que la casa, encima de esta había un receptáculo de metal donde se guardaba el agua, de este salían un par de tubos que transportaban el vital elemento hasta la casa para que pudiera ser usada. Para llenar el tanque de agua había que acarrearla con un balde desde el pozo más cercano, lo bueno es que un intrincado sistema de poleas facilitaba el subir el líquido, convirtiendo esto en una tarea sencilla, pero tediosa.
Link acababa de afirmar la cubeta con agua en el gancho que conectaba a la polea, estaba a punto de empezar a jalar la cuerda para subirla, pero algo interrumpió la faena. Se escuchó un grito y un relincho, además del estruendo de un par de cosas cayendo.
—Nos atacan. —Gimoteó el ojinegro nervioso escondiéndose detrás de su padre.
—Tranquilo Wind, no creo que sea nada grave, apostaría a que es alguien que conocemos... Y deja de esconderte detrás mío, menudo héroe que eres.
No pasó mucho tiempo antes de que el autor de ese pequeño escándalo apareciera. Se trataba de Ingus, quien venía corriendo tratando de escapar de Puini, que trataba de morderle la ropa de forma juguetona. El muchacho no estaba muy acostumbrado a tratar con animales grandes como los caballos, mucho menos con uno tan raro como Puini, por lo que estaba bastante asustado y trataba de esquivar cada mordida como si su vida dependiera de ello.
—¡Puini! ¡Ya deja a Ingus! —Le gritó Wind—. Agg... No me hace caso, a ver, dónde está mi silbato.
—Deja, yo me encargo. —Le dijo Link.
El mayor, sin uso de ningún silbato, se llevó un par de dedos a la boca y lanzó un potente chiflido al cuál de inmediato captó la atención del equino. Este, veloz como una flecha corrió hasta el hombre levantando una polvareda a su paso, y justo antes de llegar a él, frenó deslizándose un poco hasta detenerse, entonces se recostó y lo miró con ojos brillantes mientras agitaba su cola.
—Buen chico Puini. —Le dijo Link mientras le acariciaba la cabeza.
—Ese... Animal... Está... Loco. —Balbuceó Ingus casi sin aliento.
—Eh... Tranquilo, respira, hiiiiif, fuuuuu, hiiiiif, fuuuuu —Le indicaba Wind con la mejor de las intenciones.
—¿Que rayos haces? —le gruñó su compañero algo fastidiado— Pareces partera ayudando a parir.
—Eso... No...
—Ejem... Hola Ingus. —Intervino Link.
—Ah... Señor Link... Hola... Yo... Esto... No...
—Tranquilo, no es para que te pongas tan nervioso, estás hablando conmigo, Link, su amigable vecino de la granja Neburi, un hombre común y corriente como cualquier otro.
—Eh... Pero usted no es cualquiera, usted es el héroe que salvó Hyrule hace tiempo atrás, uno de los mejores guerreros que hay y... Y también es quien me salvó la otra noche —Ingus bajó la mirada.
—Eso no es verdad, o al menos no te salvé solo. Si mi hijo no hubiera estado ahí luchando para sacarte la espada, quizás yo no habría llegado a tiempo y estarías condenado.
—Sí... También le agradezco a Wind.
El muchacho seguía mirando al suelo, tratando de ocultar de alguna manera su sonrojo. El sólo pensar en todas las cosas que le dijo la noche anterior, hacía que le hirviera la cara de vergüenza. En realidad no tenía nada de malo, pero Ingus era muy tímido en lo que respecta a demostraciones de afecto de cualquier índole.
—Yo... También quería agradecerle por algo más... Yo... ¡Gracias por las piedras que le dio a mi padre! ¡Gracias a ellas ya tenemos el dinero para reconstruir la academia de espada! —El chico culminó su agradecimiento con una profunda reverencia.
—No es para tanto. —Contestó Link con una sonrisa—. Esas piedras son sólo algunos de los recuerdos que traigo de mis viajes, suponía que tendrían algún valor y por eso las guardé todo este tiempo. Sabía que en algún momento serían útiles, cosa que mi mujer no entiende y siempre quiere deshacerse de mis cosas.
—Entiendo. —En ese momento, el muchacho recordó la visita que había hecho a la casa de su compañero y las quejas de Ilia—. Aún así, sentía el deber de agradecerle apropiadamente.
—Eres una persona muy correcta.
—Eso... No es verdad, Yo... —Le dio una ligera mirada a Wind, parecía que quería decir algo pero luego se arrepintió—. Bueno, no importa, debo irme, con permiso.
Sin decir una palabra más, el muchacho se alejó de los dueños de casa para salir de la granja. Padre e hijo se miraron un momento, Link estaba algo extrañado por la actitud de Ingus, Wind que lo conocía algo mejor lo tomó como algo normal.
—No te preocupes papá, él está bien, Ingus es así, algo frío y tímido.
—Aún así creo que está algo triste, debe sentirse culpable por todo lo que pasó. Aunque fuera en contra de su voluntad, destruyó el negocio de su padre y la escuela donde estudian todos. Quizás fuera culpa de la espada Nigram, pero eso no quita el hecho de que se dejó tentar por ella, eso debe pesarle.
—Supongo que tienes razón. —El ojinegro parecía algo inquieto, como si se estuviera guardando algo que decir.
—¿Quieres decirle algo? Anda, ve con él, quizás tus palabras lo ayuden.
—¿Que? ¿Mis palabras? No no no no, yo no quería decirle nada, además ¿Qué podría decirle? Él tampoco me escucharía porque...
—¡Nada de excusas! ¡Si tienes algo que decir ve y dilo! ¡No quiero cobardes en mi casa! ¡Ahora anda antes de que te tire el balde de agua encima! ¡Muévete!
—¡Si señor!
El joven rubio salió corriendo velozmente para cumplir la tarea encomendada por su padre, este lo observó alejarse satisfecho esperando que las cosas se arreglaran de esa forma, pero de pronto un sonido de agua captó su atención. Al voltearse, se percató de que cierto caballo negro de hocico blanco estaba bebiendo feliz de la cubeta que había traído con tanto esfuerzo.
—¡Puini no! ¡Me llenaste el agua con babas de caballo!
Ingus ya casi abandonaba la propiedad, había disminuido el paso y ahora caminaba lentamente metido en sus pensamientos. Aún sentía mucha vergüenza en su interior, como si hubiera cometido un acto imperdonable. Hubiera preferido recibir un castigo por los destrozos causados en lugar de que le perdonaran todo, quizás sus padres sí lo habían mimado mucho cuando niño, ahora que lo pensaba no podía recordar que lo hubieran castigado alguna vez.
Seguía metido en sus pensamientos cuando fue sorprendido por una tacleada de parte de Wind que lo tumbó en el piso. Cuando se incorporó, se encontró con que el chico de verde encima de él lo miraba intensamente.
—¡No tienes que sentirte culpable por eso! ¡Todos tenemos algo de oscuridad en nuestro interior que puede ser usada para hacernos caer en el mal!
—¿De qué rayos me estás hablando ahora? —Le gritó Ingus con los nervios de punta por el comportamiento inexplicable del muchacho, no tardó en empujarlo para que saliera de encima.
—De que te sientes culpable por haber destrozado la escuela y la academia. Pero no tienes que estar triste por eso —Contestó el chico inmutable.
Ingus se quedó mudo un momento observando al granjero, luego volteó a ver a los lados, no había nadie. Ese tema era algo que lo avergonzaba bastante y no quería hablarlo con otros presentes, quizás ahora podría expresarse apropiadamente.
—Es verdad que me siento algo mal por lo que hice —Comenzó a explicar—, pero en realidad me siento peor por lo que causó todo este problema. Yo te tengo envidia Wind, envidio que tengas tanta habilidad con la espada, que sin esforzarte en clases, sin luchar ninguna batalla en serio, sin entrenar apropiadamente seas el mejor de todos. Me parece injusto que yo que dedico tantas horas a la práctica y que pongo mi alma en esto no sea capaz de superarte. Eso me causó rabia , esa rabia me cegó y pasó todo lo que pasó. Lo siento, yo en verdad me siento mal por todo eso. Alguien como yo no merece todo lo que tiene, nadie me ha culpado de nada y me tratan como una víctima en lugar de como el villano que soy.
—No creo que seas un villano, todos hemos sentido envidia alguna vez, yo mismo envidio las calificaciones que saca Nayru, o que Vaati tiene esos poderes geniales que le permiten hacer cosas fantásticas, o que Malon tiene a ese perro esponjoso...
—Pero tú tienes un caballo que se comporta como perro.
—No es lo mismo—contestó con pesar—. En fin, como decía, todos envidiamos algo de los demás, el problema es que ese sentimiento se salga de control, lo mejor es no pensar en ello y tratar de alejarlo de la cabeza. Además, seguro que tu envidia no era algo tan fuerte, tú no hubieras querido matarme por ser el mejor ¿Cierto?
—¡Claro que no!
—¿Ves? Entonces no tenías el nivel de maldad de un villano, solo un corazón algo débil que aprovecharon para forzarte a hacer cosas que no querías. Pero mejor olvida todo eso y enfocate en ser mejor a partir de ahora.
—Sí... Tienes razón, ya no me dejaré tentar de nuevo por el mal.
—¡Bien! Ahora respecto a que yo no entreno ¿Quién te dijo eso?
—En la academia siempre estás haciendo el payaso.
—Que no entrene en la academia no significa que no lo haga por mi cuenta, por muy talentoso que sea uno, es imposible llegar a mi nivel sin practicar. Cuando papá está en casa siempre lucho contra él, además me da algunos consejos y guías para mejorar. Ahora, tampoco es que tu papá sea mal profesor, lo que pasa es que él es... Menos sádico.
—¿Menos sádico?
—Quizás con el maestro Aquilo se avanza más lento pero se sufre menos, con papá parece que siempre uno está peleando por su vida. A menudo me da unas tundas que me dejan adolorido por varios días, luego mamá se enoja con él y lo deja sin postre una semana. Esa vez que fui a clases lleno de moretones fue culpa de papá, hasta yo creo que exagera a veces, preferiría ir un poco más lento.
—¿Y porqué sigues entrenando con él?
—Por que es la única persona que no temo lastimar —Wind miró sus manos como si fueran algo sumamente peligroso—. Yo no sé porqué pasa esto... Pero a veces cuando uso un arma, pierdo el control, como si alguien más poseyera mi cuerpo y me obligara a hacer cosas horribles, siempre tengo miedo de lastimar a alguien, por eso nunca peleo en serio. Pero con papá no me contengo, por desgracia para mí, él tampoco.
Ingus se quedó pensativo un momento procesando la información recibida, ese día tendría muchas cosas que pensar, lo principal era que ahora tenía una opinión muy diferente de Wind. A pesar de lo infantil que podía ser para algunas cosas, era muy maduro para otras, siempre lo consideró una persona inferior, pero en realidad si tenía cosas valiosas que aportar, no debería subestimar tanto a la gente, trabajaría para quitarse esa mala costumbre.
—¿Ingus?
—Si? —Contestó saliendo de sus pensamientos.
—Ya todo está bien ¿Cierto?
—Sí, todo correcto. Gracias por todo pero... Ahora de verdad debo irme.
—No hay problema, cuídate.
El ojiazul se puso de pie y se sacudió la ropa, luego retomó la marcha ajándose de la granja, pero antes de que la distancia lo separara mucho de chico de verde, se detuvo y lo miró.
—Wind... Sobre lo que dijiste anoche —Un leve sonrojo cubrió el rostro de Ingus— Creo que... En realidad no me molestaría ser tu amigo.
Una radiante sonrisa cubrió el rostro del granjero, quien corrió hasta su nuevo amigo de forma efusiva con intenciones de darle un abrazo (Tal como lo hizo con Zelda en el torneo), pero antes de concretar sus deseos, Ingus lo detuvo con su mano.
—Pero hay un par de cosas que quiero dejar en claro. No quiero estar peleando ni revolcándome en el piso contigo como lo haces con Ralph, tampoco me interesan las competencias de comida, ni las cacerías de insectos, ni ninguna de esas asquerosidades.
—No hace falta que lo digas, si hago esas cosas con Ralph es porque... Bueno, es Ralph. No trato a todos mis amigos de la misma manera, con Malón nunca me he peleado así.
—Ella es una chica, te pasarías de bruto si la trataras así. En fin, sólo quería aclararlo, no me gusta ensuciarme.
—Ingus, he notado que eres bastante escrupuloso ¿Estás seguro de que ser guardia real es tu profesión ideal? Piensa que si un día alguien ataca a la princesa o algo, quizás te veas obligado a atravesarlo con tu arma, el atravesado comenzará a sangrar, quizás esta sangre te manche no sólo la armadura, también tu cara y tu pelo, la sangre se seca y se pone negra, luego se convierte en una asquerosa gelatina oscura con olor a óxido y estarás cubierta de ella, quizás eso nunca pase, pero es una posibilidad ¿Serás capaz de soportarlo?
Ingus se puso pálido al escuchar eso, curiosamente jamás lo había pensado. Los siguientes días se estuvo replanteando seriamente sus aspiraciones a futuro, pero al final su sueño fue más fuerte, a pesar de todo seria guardia real, redimiría sus pecados protegiendo a la familiar real y a todo aquel que estuviera en necesidad.
Saben... Cuando releí la escena donde Ingus y Wind conversan cierto pensamiento cruzó mi cabeza "Si una fujoshi lee esta escena seguro termina shippeando a este par" luego me reí de forma maliciosa. De todos modos no los shipeen, o terminarán con el corazón roto.
Hoy hablaremos de la espada maestra.
Esta historia fue concebida originalmente cuando jugaba el Skyward Sword, en ese juego se establece que dentro de la espada maestra habita un espíritu llamado Fi, mismo que al final de la historia queda sellado en el arma para siempre por lo que jamás podemos volver a hablar con ella. Si recuerdan al principio de la historia, la espada fue capaz de salir sola de su pedestal al rehusarse a seguir enfundada, mi idea era que el deseo del espíritu de la espada fue el que hizo eso, pero luego no haría mayor uso de ese recurso.
Sin embargo en la medida que escribía los capítulos se me ocurrió aquello de darle una personalidad a la espada, si bien para ser fiel al videojuego el espíritu de Fi debe permanecer sellado y no verse nunca más, nada impide que manifieste sus intenciones o deseos de vez en cuando, así que esta espada, si le apetece puede cambiar de peso, emitir luz, ponerse fría o caliente, incluso vibrar, convirtiéndose en un personaje más dentro de la historia.
Pero cuando escribía el arco de la espada Nigram pensé que era una lástima que la espada maestra no tuviera nombre, como dijo un herrero una vez, toda espada que valga la pena debe poseer un nombre, ¿Cuál sería el nombre ideal para esta arma? Pues me pareció lógico nombrarla como el espíritu que habita en ella: Fi.
