El sonido del metal chocando resonó en las lejanías, acompañado de briosos gritos de batalla que las féminas lanzaban cada vez que atacaban. Pero quien quisiera ver el origen de estos sonidos no podría lograrlo, la ardiente batalla se llevaba a cabo en un pequeño prado cubierto de hierba verde, rodeado por la vegetación más densa y agresiva que se pudiera encontrar en Hyrule. Frondosos árboles y arbustos crecían en tal número, que hacían imposible el paso hasta aquel espacio, que parecía haber sido creado de forma artificial por algún capricho de la naturaleza, o quizás por el capricho de una diosa.

Dentro de aquel santuario natural, dos guerreras se evaluaban con la mirada, ambas de piel morena, pero una con los cabellos tan rojos como el atardecer en el desierto, la otra de cabellos tan blancos como la nieve en las montañas. Frío y calor enfrentadas en una batalla de mujeres.

La que parecía más aproblemada en aquel momento era la joven gerudo, el sudor resbalaba por su frente, sus brazos y su abdomen, mientras cortos jadeos denotaban su agotamiento, sin duda Impa era una adversaria de temer. Esta la observaba tranquilamente esperando a que ella se moviera primero, al parecer le estaba dando un alto para respirar y recuperarse.

Pero que insolente era la sheika, subestimar al enemigo puede ser fatal, pero no era arrogancia ni nada parecido, Impa solo quería ser amable, pues tenía más que claro que Din aún no estaba a su altura.

Din se acercó realizando maniobras de floreo, haciendo girar sus espadas dobles en una táctica que buscaba confundir a su adversaria, para que no supiera en qué momento atacaría. Pero Impa con una habilidad extraordinaria parecía predecir sus movimientos, bloqueó cada uno de sus estoques con su naginata dispuesta en forma horizontal, manteniendo una distancia segura, sin embargo, no solo se defendía de los veloces ataques, también aguardaba pacientemente el momento oportuno. Fue entonces, cuando detectó una ligera abertura, un pequeño intervalo de tiempo entre estocadas, que cambió su arma a una forma ofensiva.

Din reaccionó de forma inmediata retrocediendo sin dejar de girar sus armas, pero ahora era el turno de la sheika para atacar. Avanzó un par de pasos mientras "picaba" con su naginata usándola al estilo de una lanza, cada embestida era veloz y breve, apenas dándole tiempo a su contrincante para esquivar o bloquear, pero la muchacha reaccionaba a cada ataque de forma perfecta, contoneándose como si estuviera bailando de una forma muy especial, que recordaba las ondulaciones de las arenas del desierto.

De pronto, Din se las arregló para bloquear con la espada derecha y saltar hacia un lado, luego con algunas maniobras de floreo se dispuso a atacar a la mayor por el costado que estaba desprotegido, sin embargo antes de que pudiera acercarse a su objetivo, este se agachó y giró con todo su cuerpo como un remolino, golpeando las piernas de la pelirroja haciéndola caer. Luego de eso, Impa recuperó su postura de ataque, hizo algunos molinetes con su arma para culminar apuntando al cuello de su oponente que yacía en el piso, dando la batalla por concluida.

—No está mal, nada mal —dijo Impa ayudando a la morena a ponerse de pie.

—Por favor Impa, estoy cubierta de sudor y agotada, mientras que tú estás como si nada, soy un asco. —Contestó Din algo frustrada.

—Claro que no, no es que seas mala, es que yo soy demasiado buena. —Dijo con una sonrisa socarrona.

Din se limitó a lanzar un gruñido, a lo que Impa la abrazó mientras le revolvía el cabello.

—Sabes que solo estaba bromeando, no te pongas así. —Soltó a la gerudo y la miró de forma gentil—. Tengo 10 años más de experiencia que tú en combate y ya he tenido un par de batallas a muerte, es normal que no me cueste tanto ganarte. Por otro lado, he peleado con gerudos antes, conozco sus movimientos, en cambio tú, ni siquiera sabías como se llamaba mi arma.

—Supongo que tienes razón —dijo Din suspirando—. Era mi primera vez luchando contra una gintana.

—Se llama Naginata.

—Lo que sea —desvió la mirada algo enojada.

—¡Hey Zelda, ven aquí a animar a tu amiga! —Gritó la sheika.

Cerca de donde antes estaban peleando las mujeres, la princesa estaba sentada en una curiosa banca hecha de arbustos, ramas y flores, pero esta parecía haber sido hecha con tal perfección, que la parte donde apoyaba su cuerpo carecía de vegetación, de tal forma que su ropa no se humedeciera. Aquel curioso mueble era demasiado natural para haber sido hecho por manos humanas, pero demasiado bien pensado para ser un capricho de la naturaleza.

La joven noble se levantó y en cuanto lo hizo, el banco se deshizo como si se lo hubiera tragado la tierra, pero ella vio esto como si fuera lo más normal del mundo, se limitó a caminar hasta donde estaban sus dos amigas.

—No te pongas pesada con ella Impa, estás dañando su orgullo de Gerudo. Además, esto sólo era un duelo de práctica.

—Te conseguiste una guardiana bastante irritante Zelda —se quejó Din cruzándose de brazos.

—Eso no es verdad, Impa es un amor cuando la conoces mejor, aunque si te soy sincera tampoco me agradaba mucho cuando la conocí.

—El sentimiento era mutuo princesa. —Dijo Impa de forma risueña.

—¿De verdad? —Preguntó Din sorprendida—. Eso no me lo esperaba, en tus cartas siempre me hablabas de lo buena amiga que era Impa y de lo mucho que te ayudaba y apoyaba en todo ¿Cómo fueron sus inicios?

—A Impa la asignaron como mi guardiana por decisión de mi madre, ya te había contado que desde tiempos antiguos la tribu de los sheika se ha encargado de proteger a la familia real ¿Cierto? Pues cuando cumplí 10 años, mamá decidió que ya era hora de que tuviera mi propia guarda espadas personal, y de todos los candidatos que le presentaron, eligió a la más joven de todas, Impa que en ese entonces solo tenía 30 años (Era realmente joven si consideramos que los sheikas viven más de dos siglos), pero era considerada una genio dentro de los suyos, muy adelantada para su edad. Al consejo de sabios no le gustó mucho que eligiera a una guardiana tan joven, pero mamá empezó con sus cosas místicas de vidas pasadas y terminó por convencerlos.

—Cuando conocí a la reina Zelda fue un momento bastante especial, —continuó narrando Impa—, creo que yo también sentí algo de sus cosas místicas como les dice Zelda. Al verla tuve la extraña sensación de que la conocía desde antes, además sentí el deseo irrefrenable de protegerla hasta dar mi vida por ella. Fue muy raro, pero de alguna forma supe que amaría estar a su servicio. A mí se me había dicho que iba a proteger a un miembro de la familia real, pero nunca se me dijo a quien. En ese momento la idea de ser la guardiana de la reina me ilusionaba mucho, pero cuando me pusieron a cargo de una mocosa malcriada de 10 años me decepcioné bastante, supongo que eso fue lo que me hizo ser algo hosca con la pequeña Zelda al principio.

—A mí no me gustaba la idea de tener a alguien pendiente de mí todo el tiempo, prohibiéndome hacer cosas para "mantenerme a salvo", por eso me comporté de forma odiosa con ella al principio, tenía la esperanza de que renunciara al trabajo.

—Pero renunciar era algo que yo simplemente no podía hacer, fallar en un trabajo tan importante como cuidar a la princesa heredera hubiera significado mi destierro del clan.

—Pero yo no sabía eso, simplemente la veía como una intrusa molesta, además de que Impa era tan seria y correcta que hasta me costaba verla como humana, nunca sonreía ni era amable. Pero mi opinión de ella cambió cuando vi lo torpe que era para tratar con los hombres y lo mucho que sufría por ello.

—¿Torpe con los hombres? —Dijo Din divertida.

—¡Zelda no hace falta que hables de eso!

—¿Y de qué te sirve ocultarlo? Cuando empiece a ver que todos los hombres huyen de ti o se ponen nerviosos al hablarte se enterará igual.

—¿Le causas miedo a los hombres? —Preguntó Din interesada.

—Es que todos estos hylianos son unos cobardes ¿Porqué les cuesta tanto aceptar a una mujer guerrera?

—Tú también tienes culpa de eso —Espetó Zelda—. Eres la única mujer que conozco que va a una cita con una Naginata encima.

—Pero es que no me siento segura cuando estoy sin ella, además, en el poblado oculto no es tan raro ir a las citas con las armas encima.

—Por eso los sheikas se emparejan solo con sheikas, creo que al final esa será tu mejor opción si quieres tener novio algún día.

—Pero yo no quiero un novio sheika, me gustaría un novio hyliano rubio. Esa fue una de las razones por las que me apunté para ser candidata a guardia de la familia real, quería salir del poblado para conocer a otros chicos, pero soy un asco consiguiendo pareja. Bueno, al menos creo hacer un buen trabajo cuidando de Zelda.

—Por supuesto Impa, y cuando seas una vieja solterona me aseguraré de cuidarte bien yo a ti.

—¡Zelda!

—Jajajaja —Reía Din divertida—. Tal vez Impa sea mejor guerrera que yo, pero seguro que a mí me irá mejor consiguiendo novio.

—Bueno, todos somos mejores en unas cosas que en otras. A todo esto, Zelda me dijo que tú y ella son amigas de la infancia ¿Como fue que se conocieron?

—Pues... Creo que también fue por "las cosas místicas de la reina" —contestó la pelirroja con una sonrisa—. Como seguramente sabrás, soy la oráculo de las estaciones, la persona encargada de velar por el correcto cambio de las estaciones y el equilibrio de la naturaleza.

—Sí, lo tengo claro, por algo tienes esos poderes sobre la naturaleza, como cambiar el clima de un entorno o estación a voluntad, o hacer que las plantas crezcan de forma veloz y con formas curiosas, como lo que hiciste con el banco de pasto en el que Zelda estaba sentada hace un rato, o con los árboles y arbustos para crear este pequeño santuario.

—Exacto. La oráculo cuenta con todos esos poderes y tiene la gran responsabilidad de usarlos correctamente, siempre debe haber una oráculo en algún lugar de mundo para poder cumplir con su deber. Soy la primera oráculo en mucho tiempo que nace en Hyrule, si no me equivoco las últimas 4 habían sido habitantes de Holodrum, además de que es la primera vez que una oráculo reencarna en una Gerudo, una habitante del desierto, un lugar donde los cambios de estaciones no son tan notorios.

—Y en el desierto Din no podía hacer crecer plantas —agregó Zelda.

—Eso es verdad, para poder invocar el poder de la naturaleza, al menos debo cumplir el requisito de hacerlo en terreno fértil, de lo contrario las plantas durarán apenas unos pocos segundos.

—Bueno, era obvio que poderes tan extraordinarios debían tener sus limitaciones —comentó Impa.

—Y todas esas limitaciones estaban presentes en el desierto. Si no me hubieran traído a Hyrule a una edad temprana, quizás no hubiera descubierto mis poderes hasta los 18 años, cuando a las Gerudo nos toca salir del desierto paraa recorrer el mundo, aprender, ganar experiencia y buscar un padre para nuestras posibles hijas. Pero la reina Zelda tuvo una visión en la que vio que yo era la portadora del poder de la naturaleza, por eso cuando cumplí 5 años, me mandó llamar al castillo para iniciar mi educación como oráculo.

—Debió ser muy duro abandonar a tu familia —dijo Impa compasiva.

—Al menos tenía la promesa de que volvería a casa en tres meses. Así era el trato que había ofrecido la reina, pasaba tres meses al año estudiando y entrenando en Hyrule, el resto del año regresaba con mis hermanas. Pero aún cuando era por un período limitado y me acompañaba una tía, fue difícil. Tenía solo 5 años, pero mi tía me decía que no debía llorar, porque éramos Gerudo, un raza de guerreras fuertes que no mostraban debilidad. Pero aún así cuando no me veía me iba a esconder en algún lugar del castillo para soltar mis lágrimas.

—Y era entonces cuando yo la encontraba y la animaba —intervino Zelda.

—Sí, Zelda fue un gran poyo para mí, se convirtió en mi compañera y mi mejor amiga, gracias a ella la vida en el castillo se hizo más llevadera en los primeros meses, además de convertirse en una de las razones por las que me terminaron gustando estos viajes educativos. Así mantuvimos nuestra amistad durante 5 años.

—¿Que pasó entonces?—Impa ya estaba muy interesada en la historia.

Zelda y Din se miraron sin saber muy bien que contestar, pues esa parte de la historia ninguna la tenía muy clara.

—No sabemos que pasó exactamente —contestó Zelda—. Algo pasó, una especie de atentado en el castillo, el mismo que hizo que mamá perdiera un ojo. La situación fue muy delicada, luego de eso aumentó la seguridad del castillo y a Din dejaron de educarla ahí. Además creo que por eso fue que me asignaron una guarda espalda personal y limitaron mis salidas al exterior, tú sabes.

—Sí...

—Sin embargo nunca perdí contacto con Din, iniciamos la costumbre de intercambiar cartas regularmente, lo malo es que cuando a ella le tocaba estar en el desierto, las cartas tardaban demasiado tiempo en llegar, pero... Al menos cuando cumplió 12 años y empezó a ejercer su tarea de oráculo como tal, se quedó a vivir aquí en Ordon.

—Así es, ahora mis tiempos se han invertido, paso 9 meses aquí en Ordon y 3 en el desierto. Pero a pesar de eso me aseguro de no perder mis raíces, sigo practicando el arte de las espadas dobles y el culto a la diosa de la arena. Pero a pesar de todo me gusta esta vida, estar en contacto con la naturaleza me hace sentir como en casa y la tía Telma es muy agradable. Ah sí, la tía Telma es una Gerudo que renunció al culto de la diosa de la arena y se quedó a vivir aquí, ya no se le considera parte de la tribu pero aún así confían en ella y le encargaron que fuera mi tutora.

—Ya veo ¿También quieres seguir los pasos de tu tía Telma?

—La verdad no, estoy orgullosa de ser una Gerudo y mantendré sus costumbres, jamás le entregaré mi corazón a ningún hombre y solo estaré con uno cuando sea el momento de concebir a mis hijas, ya sabes, las Gerudo solo tenemos hijas.

—Sí, ya se, ustedes desprecian a los hombres y los consideran seres débiles.

—Solo las extremistas piensan así, mi opinión de ellos no es tan mala. Son personas interesantes con una forma muy particular de ver la vida, la verdad me gustan bastante, pueden llegar a ser buenos amigos. Lo malo es que hay que ser cuidadosas con ellos para no enamorarlos, aún no estoy en edad de ser madre y ya me ha tocado romper corazones, lo peor es que buscan relaciones serias y estables ¿Por qué no buscan a alguien que sí esté interesada en esas cosas? En serio que pueden... Impa ¿por qué me miras así?

—Deja de restregarme en la cara tu éxito con los hombres —gruñó la sheika desviando la mirada.

—Yo no... Ups lo siento, jejeje, pero no te preocupes, estoy segura de que algún día aparecerá alguien lo suficientemente valiente como para quedarse a tu lado.

—¿Valiente? Pero si yo no doy miedo... ¿O si?

—Pues... La verdad Impa es que a veces si asustas un poco —dijo Zelda—. Conmigo eres amable y sonríes mucho, pero con todos los demás pues... Eres muy seria, correcta y fría, además de que como no dejas esa Naginata nunca, pareciera que asesinarás a todos los que se acerquen. Por otro lado tienes maneras muy formales para dirigirte a los demás, entonces siempre mantienes la distancia.

—Debes estar bromeando...

—Bueno, olvidémonos de eso por ahora —Zelda estaba tratando de cambiar de tema y animar a su amiga—. Ya fue suficiente entrenamiento por hoy, ya pasamos mucho rato en el santuario de Din, ya tengo hambre y ya es hora de irnos.

—Sí, supongo que es verdad.

En ese momento Impa tomó su arma y de inmediato su rostro adquirió su actitud seria y amenazante de siempre.

—¡Eso! —Gritó Din—. Esa cara y esa postura, es muy agresiva para los demás, por eso nadie quiere acercarse a ti, hace un momento eras una chica cualquiera, agradable y divertida y ahora eres la guerrera seria con cara de asesina.

—Pero es algo inconsciente, este santuario es un lugar seguro, aquí me siento tranquila y relajada, afuera están los peligros que pueden amenazar la vida de Zelda, no puedo evitar ponerme tensa y en guardia.

—¿Entonces se trata de eso?—. Din parecía muy curiosa—. Este santuario es un lugar seguro para protegernos de mirones, monstruos pequeños y gente normal, pero no sirve mucho contra una amenaza peligrosa, la única garantía que hay es que me permite detectar cualquier tipo de intruso antes de que este se acerque...

En ese momento Din percibió algo extraño, cerró los ojos para afinar sus sentidos, apoyó los pies en la tierra conectándose con ella, de pronto podía percibir en su interior cada planta de los alrededores, sentía el soplo del viento en la hierba, los animales en los árboles, el sol sobre su corona, los insectos que caminaban sobre cada hoja. Cada sensación reverberaba en su cuerpo, como una corriente fresca que le brindaba sensaciones únicas e inigualables. Pero entre toda esa energía había algo fuera de lugar, un ser vivo que no tendría porqué estar ahí.

La chica abrió los ojos repentinamente y miró a sus acompañantes, entonces levantó una mano y parte de los árboles que rodeaban aquel claro se movieron de su lugar, mostrando un trocito de tierra expedito que servía como salida del santuario.

—¿Pasó algo Din? —Preguntó Zelda preocupada por la inusual reacción silenciosa de su amiga.

—Nada, solo recordé algo que tengo que hacer antes de irme, por favor adelántense, las alcanzo luego.

La sheika y la princesa se miraron algo extrañadas, pero decidieron obedecer y se retiraron del lugar. Entones la oráculo caminó hacia el extremo opuesto de la salida y al alcanzar la línea de árboles se detuvo frente a ella, levantó una mano y de entre la espesura se asomó una rama, la cual llevaba enredada en ella a una extraña criatura, la cual era un ojo cubierto de negro con un par de alas de murciélago y cuernos. Este ser al ver a la pelirroja se asustó mucho y trató de escapar volando, pero las ramas de la planta lo tenían bien sujeto.

—¿Y qué se supone que haces tú aquí? ¿Es que acaso no te han dicho que espiar las conversaciones de chicas es de mala educación?

La pequeña bestia no contestó ni la miró siquiera, solo trató de volar para alejarse de ahí.

—¿Me estás ignorando? Como dije, no tengo problemas con los hombres, pero sí me molestan mucho los que no me prestan atención cuando hablo ¡Mírame!

Ante el grito de la chica, la rama cambió de forma y giró dejando a la bestia sin poder mirar hacia otro lado que no fuera hacia ella.

—Así está mejor. Mira, nunca he tenido problemas contigo ni te he visto hacer algo que se pueda considerar una amenaza, pero esta conducta tuya de espiarnos es muy sospechosa, si tienes alguna intención en contra de la princesa te aseguro que lo pasarás muy mal.

Al escuchar esas amenazas el ojo se puso muy nervioso y trató de negar todas sus sospechas infundadas y asegurar que no tenía nada en contra de la princesa, lamentablemente su forma de monstruo le impedía hablar, por lo que trataba de parecer convincente agitando sus alas como si fueran manos en un gesto de negación.

—¿Entonces no pretendes lastimar a la princesa? Y por qué nos estabas espian... Oh, ya veo. Ya que éramos un grupo de chicas solas reunidas en este claro, tenías curiosidad sobre qué haríamos todas juntas ¿Que acaso esperabas que nos desvistiéramos o algo? Vaati, no sabía que eras tan travieso, si Farone se entera de esto se va a enojar mucho...

Solo debido a que su piel era negra, el brujito no se sonrojó, pero se agitó mucho tratando de negar todas las acusaciones, por su parte la pelirroja solo reía.

—¿Quizás estás buscando formas de conquistar chicas? no esperaba que un brujo fuera un mujeriego, jajajaja. Bueno, te aviso que con la princesa no tienes posibilidad alguna, además de que sería un tanto peligroso para ti. Impa, ya ves que está desesperada por conseguir novio, aunque dijo que quería un hyliano rubio, no creo que tu piel blanca y tu cabello morado le sean muy atractivos, en cuanto a mí pues... Digamos que no eres mi tipo, pero supongo que podría tenerte en consideración para ser alguno de los padres de mis futuras hijas.

Estas declaraciones agitaron a un más al brujo quien no podía más de la vergüenza y solo quería escapar de allí. A pesar de la falta de expresividad de la forma de monstruo de Vaati, Din entendía perfectamente lo que estaba sintiendo, por eso decidió dejar de molestarlo y con un pase de su mano lo liberó de su rama. El brujo se quedó un momento volando en el sitio algo confuso por la repentina acción de la pelirroja.

—Solo estaba bromeando, no te agites. Por esta vez te dejaré ir, pero no quiero saber que estés escuchando conversaciones de chicas sin permiso otra vez ¿De acuerdo?

El ojo volador asintió como pudo y se alejó volando velozmente.

Din vio a la criatura empequeñecer en la distancia hasta volverse un punto y perderse de vista, sinceramente no creía que Vaati tuviera alguna mala intención, pues había escuchado que había ayudado en el incidente con Ingus, pero no estaba de más ser precavida, le avisaría a Impa de aquella conversación para que estuviera atenta.


Necesitaba desarrollar un poco a estas chicas, pero no encontraba la forma de hacerlo así que les dediqué un capítulo para que las conozcan mejor, en la trama en sí pareciera ser un capítulo de relleno, sin embargo se dan ciertos datos que tendrán una cierta importancia a futuro.

Y en otras noticias, la elegida para el tema de hoy es: Impa.

Impa es uno de los personajes que más aparece en los juegos de Zelda, siendo apenas superada por Link Zelda y Ganon. Sin embargo a diferencia de ellos es de los personajes que más cambia en su aspecto, en algunas entregas le ha tocado ser una ancianita de cabello violeta, en otros una señora gordinflona de aspecto maternal, la más famosa es la musculosa mujer madura de la ocarina del tiempo, y una de las más bonitas es la elegante morena de Skyward Sword. Sin embargo su papel siempre es el de la dama que imparte el conocimiento y de alguna forma guía ya sea al héroe o a la princesa, una mujer abnegada que vive y muere por su labor como la representante de la raza Sheika, sirvientes de la familia real.

En los fanfics, regularmente a Impa le suele tocar el papel de mejor amiga/madre sustituta, que apaña a Zelda en cada ocurrencia que tiene y entrega todo por ella sin pensar en sí misma. Siempre pensé la verdad que la vida de los Sheika y sobre todo de Impa es algo triste, viven por alguien más olvidándose de sí mismos, por eso me alegró bastante en Breath of the Wild ver una aldea con sheikas que viven vidas normales y una Impa anciana con una nieta, o sea esta impa si llegó a tener una vida propia, con alguien habrá tenido a sus hijos o hijas digo yo.

Y bueno, como este fanfic lo estoy haciendo a mi gusto, quise poner a una Impa algo más preocupada de sí misma, obviamente sin descuidar jamás su papel de guardiana. Por eso tenemos a esta muchacha que se preocupa de mantener su femeneidad (Por ello algunos detalles de su indumentaria) y además le gustaría tener un novio Hyliano, además, como Zelda Junior si tiene mamá, no necesita ser mamá sustituta y puede mantener su actitud juvenil y risueña, ya me gustaría ver alguna vez en algún juego a una Impa más alegre.