Luego de la conversación reciente y de la declaración de Zelda, Vaati se mostraba nuevamente bastante educado con ella, pero ya no la trataba de usted, la princesa simplemente había perdido su respeto, cosa que tampoco le iba a reprochar, estaba en total desventaja contra él, si quisiera podría matarla. No lo creía capaz de eso pero mejor ser prudente, al fin y al cabo, la había secuestrado y todavía no hacía mención al hecho de devolverla, si fuera más experimentada en magia al menos podría dar pelea.

Ahora ambos se encontraban tomando el té de hierbas que había preparado el brujo aparentando que nada había pasado, se mantenían en silencio meditando sus siguientes palabras, como jugadores de ajedrez planeando su jugada. Sin embargo quien decidió mover ficha primero fue la dama de la habitación.

—Hasta ahora no había querido importunarte con esta pregunta, pero considero que es necesario que respondas ahora. ¿Por qué me secuestraste? No creo que haya sido solo para charlar un rato.

—Pues... La verdad es que sí quería hablar contigo y por eso te traje aquí.

La cara que puso la princesa al escuchar esa respuesta era indescriptible.

—¡Me secuestraste a riesgo de pudrirte en la cárcel por atentar contra un miembro de la familia real solo porque querías conversar!? ¿¡En qué rayos estabas pensando!?

—En que Impa da miedo —contestó con un hilo de voz queriendo que se lo tragara la tierra.

Zelda no alcanzó a replicar a esto porque un curioso sonido la interrumpió.

Encima de sus cabezas, colgando del techo habían unos curiosos pimientos amarillos con rallas café, que se agitaban solos emitiendo un sonido similar al de una sonaja.

—¿Qué es eso? —Preguntó la joven.

—¡Intrusos! —Exclamó el brujo poniéndose de pie de golpe y corriendo hacia un mueble para sacar una pesada bola de cristal.

—Seguro que es Impa que viene a salvarme. —Dijo la rubia entusiasmada.

—Lo dudo, si te traje aquí fue para que no nos encontraran. Este lugar está en una zona muy laberíntica de los bosques perdidos, si no conoces el camino exacto eres regresado a la entrada por la magia del lugar, a menos que pudieran rastrearnos no nos encontrarían.

—¿Y porque no podrían rastrearnos? ¿Qué otro intruso podría venir aquí?

—Ladrones de hierbas.

—¿Qué?

—Este es el huerto secreto donde Ezero y yo cultivamos las plantas especiales que utilizamos para nuestras pociones. Algunas de ellas son muy raras y nos tomo años lograr criarlas, además de que son muy valiosas, algunas pueden costar 500 rupias el manojo.

—¡Con esa cantidad te puedes hacer rico!

—Exacto, y algunos ladrones buscan obtener este dinero fácil robando nuestras plantas, esas que nos costó tanto hacer crecer. Algunas están en peligro de extinción y no podemos permitir que sean arrancadas sin que semillen. Estos tipos llevan años siguiendo al maestro buscando su huerto secreto, al final lo encontraron, pero no podemos trasladar todas las plantas y mudarnos, así que solo nos queda defender lo que tenemos.

—¿Por eso hay tantas dekubabas?

—Exacto, ahora debo ubicar donde están esos malnacidos.

Vaati comenzó frotar sus manos sobre la esfera de cristal que había sacado mientras susurraba palabras mágicas, pronto comenzaron a vislumbrar unas figuras humanas borrosas, no se lograban distinguir detalles de ellas, no se sabía si eran hombres o mujeres, solo se veía que eran tres y algo que brillaba con una luz lila. El brujo pensó que sería algún tipo de lámpara, por lo que no cuestionó ese detalle.

—Tenemos tres intrusos —Declaró Vaati.

—Quizás sea Impa con unos acompañantes, una de las figuras parece tener el pelo blanco, aunque es difícil decirlo, está muy borroso.

—Todavía no logro manejar bien la bola de cristal y mis imágenes salen así, pero de todos modos no creo que sea Impa, como te dije ellos no podrían encontrar este lugar.

—Pero...

—Silencio, estoy buscando la zona exacta en la que están.

Vaati paseaba sus manos por sobre la bola generando extraños cambios de imágenes de colores que solo él parecía entender.

—¡Ya los ubiqué! Perfecto, ahora procederé al ataque.

Vaati posicionó su mano en la parte superior de la bola y comenzó a emitir unos rayos oscuros que la esfera parecía absorber.

—Lo mejor de todo es que como el viejo Ezero no está aquí, tengo la libertad de espantar a los ladrones se la forma que yo quiera, esto será muy divertido. —Dijo el brujo con una sonrisa siniestra que le dio escalofríos a Zelda.

Los intrusos, tal como sospechaba Zelda, eran Impa, Din y Wind quienes se adentraba en la espesura siendo guiados por Talma. Hasta el momento el viaje había sido tranquilo, casi no se habían topado con monstruos, a penas unos pocos wolfos de pequeño tamaño que Impa eliminó de un par de tajos sin dejar que alguno de sus compañeros levantara un dedo.

De forma graciosa, la peli blanca junto a la dama del desierto mostraban una actitud segura y confiada, ambas, cada una a su manera, habían sido criadas para ser guerreras, por lo que para ellas el peligro era algo normal. En cambio Wind que solo practicaba el arte de la espada como pasatiempo, temblaba de miedo y se le cortaba la respiración ante cada crujido o gruñido que escuchaba, cosa que parecía poner a Impa de peor humor.

—¿En serio eres el elegido por la espada? Se supone que deberías ser más valiente, casi parece que vas a llorar.

—No voy a llorar. —Dijo el rubio desviando la mirada y parpadeando rápidamente para desvanecer el exceso de lágrimas—. Además yo fui elegido por la espada maestra, no por la Trifuerza del valor, esa la tiene papá. Y en el último caso, papá dice que el valor es la capacidad de enfrentar los miedos, puedo estar algo asustado, pero si no salgo corriendo entonces estoy demostrando valor.

—Pero seguro igual quisieras salir corriendo —comentó Din de forma juguetona.

—Esa ya es otra historia —Wind parecía irritado con aquellas mujeres.

De pronto Talma se detuvo y comenzó a mirar a su alrededor como si buscara algo.

—¿Qué pasa Talma? ¿Perdiste el rastro?

—No, no es eso... Es que... Siento que la energía oscura que estaba siguiendo se acerca, algo viene hacia nosotros.

—¿Será que ese maldito brujo ha decidido venir a pelear con nosotras? —Exclamó la guerrera del desierto sacando sus espadas gemelas y preparándose para la batalla.

—Pues por mí está bien, gustosa le romperé la cara, no le perdonaré el hacerme quedar en ridículo con ese hechizo de inmovilización. —Declaró la sheika con una gélida calma.

—No creo que Vaati pelee directamente con nosotros, no es su estilo —dijo Wind desganado desenvainando a Fi—. Probablemente nos mande algunos monstruos o algo así.

Sin duda Wind conocía muy bien a su compañero, tal como supuso fue un escuadrón de monstruos el que llegó a su encuentro, aunque para su fortuna no eran de los más fuertes ni los más rápidos. Se trataban de unos bubbles, un tipo de monstruo con forma de cráneo, del cual salen un par de alas de murciélago.

Las criaturas llegaron aleteando vertiginosamente, aunque no por eso avanzaban rápido, era realmente fácil seguir sus movimientos y esquivarlos. Impa suspiró molesta ante esta pequeña amenaza, esperaba algo más de reto, quizás los bubbles serían suficientes para asustar a unos ladrones comunes, pero no a un guerrero con un mínimo de experiencia. Impa una vez más no dejó que sus compañeros pelearan, dio un paso al frente y con rápidos movimientos hizo que su Naginata atravesara cada monstruo, quebrando sus cuerpos como si fueran jarrones de porcelana, cosa sumamente fácil gracias al largo alcance de su arma.

—¿Qué? ¡Pero cómo! —Gritó Vaati sorprendido desde su cabaña observando su bola de cristal.

El brujo seguía sin poder ver nada más que imágenes borrosas, pero le bastaba ver las siluetas de pie, y haber sentido la presencia de sus monstruos desaparecer, para deducir que los intrusos los habían derrotado.

—Que extraño, normalmente cuando les envío unos monstruos los ladrones salen corriendo sin dar pelea —comentó el brujo pensativo.

—Quizás sí son Impa y Din —dijo Zelda—. Ellas son guerreras, si les toca enfrentarse a un monstruo sin duda lucharán.

—¡Guerreras! ¡Eso es! Seguramente esos bastardos contrataron a un mercenario para enfrentarse a mis súbditos, esos canallas. Rayos, no quería tener que gastar tanta magia en unos insectos como ellos, pero supongo que habrá que hacerlo. —Vaati chasqueó los dedos y más niebla oscura rodeó la bola de cristal que tenía al frente.

El grupo de rescatistas logró avanzar otro buen trecho antes de toparse con el siguiente obstáculo invocado por Vaati. Al igual que la vez anterior, fueron alertados de la amenaza por Talma y se pusieron en alerta. Para su sorpresa, nuevamente tuvieron que enfrentar a un escuadrón de Bubbles, aunque esta vez, estos tenían una pequeña diferencia respecto a los anteriores, que en aquel momento no podían notar y que estaba oculta en el hecho de que ahora Vaati había enviado un número mucho mayor de enemigos.

—¿Otra vez esto? ¿Es que acaso ese brujo de pacotilla no tiene más imaginación? —Clamó la peliblanca indignada— No tengo tiempo para luchar contra estas molestias, quédense atrás chicos, yo me encargo de todo.

La sheika nuevamente usó su naginata para destrozar a los monstruos que la rodeaban, aunque debía admitir que la gran cantidad de estos le dificultaba un poco la tarea, quizás no era buena idea pelear sola contra ellos. Por sobre todas las cosas, Impa era una mujer prudente que sabía reconocer sus limitaciones, estaba a punto de pedir ayuda a sus compañeros, cuando los cráneos que la rodeaban se cubrieron de un extraño fuego azul.

—¡Son bubbles azules! —Gritó Din sabiendo el peligro que representaban y sacando sus espadas para ayudar.

Fue demasiado tarde para impedir que uno de los monstruos tocara a Impa. Si bien aquel roce no causó daño, sí hizo algo mucho peor, la dejó hechizada. Se trataba de magia de restricción, en resumen, el cuerpo de la guerrera se vio paralizado, cosa que la dejó imposibilitada de atacar, a duras penas era capaz de moverse, pero a un ritmo tan lento que ni siquiera podía escapar. Din entró a la batalla queriendo ayudar a su compañera, pero estaba teniendo bastantes problemas para defenderse a sí misma, las espadas gemelas que usaba eran armas de muy corto alcance, tomando en cuenta que debía evitar a toda costa tocar a los bubbles, no eran armas muy ventajosas, se limitaba a esquivar y atacar cuando podía.

Sin embargo la joven Gerudo no estaba dando una buena pelea, el estrés de ver a Impa en tan mala situación le impedía actuar apropiadamente, jamás vivió una situación similar, sobre todo cuando comenzó a oír los gritos de sheika.

Estando la mayor paralizada, los bubbles tuvieron la vía libre para atacarla sin peligro, por lo que comenzaron a morder a la mujer sin piedad. Los calavéricos dientes se enterraron en su carne con facilidad causando dolor, pero sin llegar a arrancar ningún pedazo, aquella era una retorcida idea del brujo para disuadir a los supuestos ladrones de regresar algún día.

La situación era muy complicada para las mujeres, quienes necesitaban en ese momento ayuda de forma desesperada. Por fortuna esta llegó en forma de un torbellino verde. Wind saltó al campo de batalla de forma veloz y precisa en una abertura que logró divisar, entonces sin perder tiempo, usó la técnica más famosa de su padre, el ataque giratorio. Tomó su arma con ambas manos y usando toda la fuerza de sus piernas, giró obteniendo un impulso extra de parte de la magia de su espada, convirtiéndose en un remolino cortante que con su poder destrozó a todos los monstruos que aquejaban a sus compañeras.

—Lo-Lo hice —dijo Wind tambaleándose por el mareo que le causó aquella técnica.

—Vaya... Eso si fue una sorpresa. —Exclamó Impa incorporándose aún con algo de dificultad para moverse—. Sé que no debería quejarme con quien me ha salvado, pero me hubiera gustado que actuaras antes, creo que esto me dejará marca —esto último lo dijo con tristeza mirando las marcas de los dientes que tenía en su piel, además del horrendo color morado que las rodeaba.

—Lo siento. —El muchacho parecía algo culpable—. Dudé mucho antes de atacar, si Vaati hubiera querido matarnos, seguro lo hubiera logrado.

—¿Me estás diciendo que no quería matarnos? —Gritó Din indignada—. Nos mandó a un ejército de calaveras voladoras a atacarnos a mordiscos y aún así crees que no quería hacernos daños?

—No dije que no quisiera hacernos daño, dije que no quería matarnos, esto... Se que suena parecido pero es distinto. En sí los bubbles no son tan letales, a menos que estés caminando en un lugar con lava debajo, o hayan otros enemigos cerca, al menos eso es lo que solía decir mi padre. Si Vaati hubiera querido matarnos o atacarnos en serio, habría usado algo como un Stalfos.

En cuanto Wind terminó de pronunciar estas palabras, se escucho un crujido y un pequeño montículo de tierra comenzó a elevarse, de este lentamente asomaron unos huesos y algo metálico, hasta que quedó frente a ellos un guerrero esquelético portador de una cimitara.

—De acuerdo, ahora sí creo que nos quiere hacer daño. —Masculló el rubio con miedo.

—¿No crees que estás exagerando al mandarles un stalfos? —Gritó la princesa a su pálido anfitrión.

—Pudieron contra mis bubbles y mis bubbles malditos, estos tipos son buenos, no puedo escatimar en gastos de magia.

Vaati se veía bastante agitado, algo de sudor corría por sufrente y jadeaba ligeramente, a pesar de que no se había movido de la casa parecía como si hubiera corrido una carrera.

—Vaati ¿Estás bien? Luces muy cansado ¿Qué te pasa?

—El gasto de magia para invocar y controlar esos monstruos es demasiado, jamás había usado tanta en un día. El maestro Ezero siempre me detiene antes de llegar a este estado, dice que el abuso de la magia puede causar secuelas a largo plazo, como daño renal o problemas respiratorios.

—¿¡Que!? ¡Pues detente ahora mismo! ¡Eso es muy peligroso!

—No puedo, las plantas de este lugar son demasiado importantes, no puedo abandonarlas ni dejar que las roben, el maestro invirtió gran parte de su vida en reunirlas, son su tesoro. Algo tan valioso para él, estoy dispuesto a protegerlo con todo lo que tengo.

—Vaati...

—Quizás pienses que es una estupidez arriesgar mi salud por esto pero... Por el maestro daría mi vida... Después de todo, si no fuera por él ni sisquiera habría podido llegar a los 15 años.

La espada maestra se agitó con velocidad y precisión golpeando la rodilla del esqueleto causando su colapso, los huesos que componían aquel tétrico cuerpo quedaron desperdigados por el suelo, agitándose cada uno buscando reunirse con los demás. El craneo fue el que quedó más alejado de todos, sin embargo esta pieza podía invocar al resto, un fuego carmesí brilló en sus vacías cuencas mientras atraía lo que antes fue su cuerpo, pero el certero golpe del metal contra su ser apagó su brillo para siempre, junto a toda posibilidad de regreso.

—Así nos evitamos problemas —clamó la Gerudo quien había dado el golpe final.

Lamentablemente para los guerreros, no hubo tiempo de celebrar, ni siquiera de recuperar el aliento, pues dos montículos de tierra más, dieron paso a dos nuevos stalfos dispuestos a atacar.

El grupo optó por ahorrar fuerzas y trató de escapar de sus atacantes, pero en todo el camino por el que los guió Talma, fueron encontrando stalfos blandiendo toda clase de armas: Espadas, lanzas, ballestas, hachas y terroríficas sartenes. Sin embargo, uniéndo sus habilidades fueron capaces de superar cada prueba, hasta que finalmente pudieron alcanzar la cabaña.

El contemplar aquel pintorezco jardín les causó la misma impresión que a la princesa Zelda cuando lo vio por primera vez, era imposible no quedarse admirando aquellas maravillas de la naturaleza.

Aquel lugar parecía seguro, era lo más inofensivo que habían visto desde que llegaron al bosque, nada de calaveras, ni monstruos de ningún tipo, fue por esto que Wind, quien en todo el viaje se había mantenido en la parte de atrás del grupo, se adelantó para acercarse a las plantes y observarlas mejor, sin embargo no contaba con que una deku baba le saldría la paso.

La monstruosa flor brotó del suelo y extendió su grotesco bulbo plagado de dientes carnívoros escurriendo baba, se precipitó contra el rubio deseando masticar su apetitosa cabeza, pero este reaccionó de forma violenta rebanando su tallo, con lo que la planta se secó al instante cesando su existencia.

—Creo que este jardín no es tan bonito como parece —gimoteó Wind aún temblando de la impresión.

—Je, después de todo lo que hemos pasado, creo que esto es lo de menos —dijo Impa con seriedad.

No les tomó demasiado tiempo exterminar a todas las Deku babas y abrirse paso hasta la cabaña.

—¿Es aquí Talma? —Preguntó una última vez la mayor.

—Sí, es aquí, siento la presencia de Vaati y de la princesa —contestó el pequeño ser.

—Bien, entonces no me contendré.

Impa pateó la puerta con toda su fuerza, esperando romperla para poder entrar, pero para su sorpresa esta estaba abierta, no había ningún tipo de seguro, ni cierre, ni magia, la puerta salió expelida y rebotó contra la pared resquebrajándose un poco y descuadrándose, ya no podría cerrarse después.

—¡Pero mira lo que hiciste bruta!—Gritó Vaati indignado, para luego abrir los ojos con sorpresa al ver quienes eran sus invasores— Ustedes ¿¡Que rayos hacen aquí!? ¡No se suponía que me seguirían! ¡Ni siquiera deberían ser capaces de encontrar este lugar!

—¡Te dije que eran ellos! —Le dijo la princesa cruzándose de brazos molesta.

De pronto el brujo cayó sobre sus rodillas jadeando por el esfuerzo, mientras un hilillo de sangre escurría por su nariz y un mareo se apoderaba de su cabeza.

—¡Vaati! —Gritó Zelda asustada.

— ¡Con esto ahora eres mío! ¡Estás acabado! ¡Ahora pagarás por atentar contra la familia real! —Gritó la sheika furibunda.

La mujer se abalanzó contra el pelimorado con su Naginata al frente, no habían dudass en su mente, no lamentaba lo que iba a hacer, los brujos oscuros eran seres peligrosos, en muchos lugares se les eliminaba en cuanto se detectaban sus podres, era una rareza que este hubiera vivido tanto, pero ya se podía adivinar su naturaleza retorcida y cruel, fue un error permitirle existir, pero ella lo solucionaría. No habrían juicios para él.

Sin embargo, ocurrió algo que la peliblanca jamás esperó, Zelda se interpuso y extendió las manos hacia adelante buscando proteger al brujo, pero ya era demasiado tarde para detener su embiste. Fue en un abrir y cerrar de ojos que ocurrió todo, una barrera de luz azul rodeó a la princesa y la naginata de Impa se estrelló contra ella, sin embargo el impacto pareció dañar esta estructura mágica, cosa que repercutió en la anatomía de la joven noble, pues sus manos comenzaron a sangrar.

Nadie murió, pero la princesa quedó herida, aunque no de gravedad, sin embargo la sangre escurriendo por sus brazos y manchando su vestido aterrorizó a Zelda, quien empezó a llorar desconsolada.

—Princesa... Pero qué he hecho... —Susurró Impa cayendo de rodillas.

La joven rubia lloraba con las manos tiesas por el dolor y con la sangre aún goteando, pero un ligero toque en su hombro la distrajo de esto. Al voltear a ver, se encontró con los ojos carmesí del brujo que la miraban con compasión, entonces le pasó una extraña papa azul y le ordenó que la sujetara. La chica obedeció sin chistar y en cuanto la tomó comenzó a sentir un cierto alivio en sus palmas al tiempo que la sangre dejaba de fluir.

—Gracias Vaati.

Impa miró la escena sin comprender nada ¿No se suponía que el brujo era el malo? ¿El que secuestró a su protegida para torturarla?

—¿Alguien me explica que pasa aquí? ¿Por qué Zelda te protegió? ¿Por qué la estás ayudando?

—¿Prefieres que siga llorando? —Contestó Vaati de forma seca sentándose en el piso aún cansado.

—¡Claro que no! ¡Pero se supone que la secuestraste! ¡Eres el villano aquí!

—¡Vaati no me secuestró!... Bueno, sí lo hizo, pero no fue porque quisiera hacer algo malo, él no pretendía dañarme, solo quería hablar conmigo.

—¿¡Hablar contigo!? ¿Y tenía que secuestrarte para eso? ¿Por qué no lo hizo en la escuela como una persona normal?

Todos miraron al aludido esperando una respuesta, a lo que este bajó la mirada avergonzado mientras sus pálidas mejillas se teñian de rosa.

—Me... Me daba miedo Impa... mmm... ¡Maldita mujer monstruo, nadie se va a querer casar contigo nunca! —Chilló molesto.

Esta respuesta dejó a la guerrera sin palabras y con una profunda frustración, en ese momento Din decidió entrar en escena y participar de la conversación.

—Ya no importa, lo importante es que estás bien. —La morena se acercó a su amiga y la abrazó con afecto—. No te imaginas lo mucho que me asustaste cuando te pusiste frente al ataque de Impa, no vuelvas a hacer algo así hasta que domines bien tu escudo... Aunque... Me sorprendió mucho que pudieras hacer uno, pensé que tu única magia era esa bolita luminosa.

—Sé hacer algunas otras magias, pero no están bien aprendidas o son muy débiles, ya viste cómo mi escudo no fue capaz de repeler a Impa y terminé dañada, —dijo levantando sus manos que aún sujetaban la papa azul.

—Eso es porque no has practicado magia —dijo Talma acercándose—. Los magos aumentan su nivel de poder mágico en la medida que más practican, mientras más usan la magia, más pueden manejar. Apuesto a que si durante tu vida hubieras practicado tanto como Vaati, ya serías igual de poderosa que él... Aunque aún así eso no es demasiado fuerte tampoco, los magos son más poderosos mientras más viejos son, un retoño de 15 años no es un gran rival. Probablemtne no será un mago decente hasta que pase de los 20.

—¿Entonces para ser bueno en magia solo hay que practicar? —Dijo Zelda algo sorprendida.

—Para ser bueno en cualquier cosa hay que practicar querida —dijo Din con una sonrisa.

La rubia se quedó meditando unos momentos comprendiendo mejor su situación, hasta entonces siempre había pensado que era mala en magia porque no mejoraba rápido, pero en realidad en aquella disciplina era imposible mejorar rápido. Si lo hubiera intentado con ganas habría logrado algo, al menos sería capaz de hacer un escudo que protegiera a quienes le importaban.

—Yo... Volveré a practicar magia —dijo la futura regenta con determinación—. Vaati ¿Me podrías ayudar?

—No —dijo de forma seca desviando la mirada.

—¡Oye! ¡La princesa te pidió algo con educación! ¡No hace falta que le contestes así! —Se quejó Din.

—No soy un maestro —se explicó mejor—. Ezero podría ayudar.

—Ya veo... ¡Explícate mejor, que así solo causas malos entendidos!

—como el malentendido que causaste ahora —interrumpió Impa reintegrándose a la conversación—. Bueno, ahora me queda claro que nunca quisiste dañar a la princesa y solo querías hablar de algo con ella, si no es mucha molestia ¿Nos podrías decir de qué se trata?

En ese momento Vaati procedió a explicar todos los sucesos referentes al brujo maligno, todos sus encuentros y lo poco que sabía de él, cómo se propuso en un inicio detenerlo él solo y como fue incapaz de hacerlo, tomando la desición de pedir ayuda. El muchacho relató todo de forma rápida y algo nerviosa, seguía teniendo miedo de que no le creyeran y lo culparan de los incidentes, como siempre su paranoia lo atacaba, pero para sorpresa suya no le cuestionaron nada y aceptaron sus palabras como verdaderas.

—Ya veo, con que de eso se trata —Impa parecía pensativa—. Esto es algo bastante grave, ese brujo podría atacar de nuevo en cualquier momento, —Le dio vistazo a Wind—. El elegido por la espada es bastante competente pero muy joven, quizás no sea capaz de manejar la situación apropiadamente, lo mejor será pedir ayuda a la reina.

—Entonces me creen.

—No veo porque no, saldrías más perjudicado si mintieras, considerando que ya estás en problemas, no veo necesidad de empeorar tu situación.

—¿Vaati está en problemas? —Preguntó Zelda ingenuamente.

—Obvio, aunque tuviera sus razones te secuestró, eso es un delito por el que debe pagar, sin mencionar que nos atacó, mira estas marcas —dijo señalando las mordidas que cubrían sus brazos—. A la reina esto no le hará gracia.

—¿No podríamos evitar mencionarle esto a mamá? ¡Por favor!

—¿Qué? ¡Claro que no! Cometió un delito y debe pagar por ello. A ver si así escarmienta y evitamos que siga el camino del mal.

—¡Por favor Impa! Vaati no es malo, no hace falta ser tan duras con el.

—¿Por qué lo defiendes?

—Yo estoy con Zel... Digo la princesa —interrumpio Wind—. Vaati no la dañó, sus intenciones nunca fueron malas.

—¿Y tú desde cuándo defiendes a Vaati? —Interrogo la mujer—. Que yo sepa ustedes no son tan amigos ni nada.

—Quizas no, pero aún así confío en él, porque Farone cree en él.

Algo cambió en el semblante del brujo al escuchar el nombre de la peli verde de labios de Wind, su mirada adquirió una cierta agresividad y desafío. No pensó mucho en lo que hacía, simplemente se dirigió hacia un perchero desde el que extrajo una enorme hoja verde de bordes dentados, una hoja kolog. Agitó el implemento causando una terrible ventisca que obligó a todos a cerrar los ojos.

—¡Fuera de la cabaña ahora! —Gritó el pelivioleta sin dejar de agitar su hoja.

Todos los presentes no tuvieron más alternativa que escapar del lugar, por suerte la puerta estaba abierta y salieron por allí. Una vez que estuvieron fuera, escucharon el azote de la madera, delatando que el brujo había cerrado la puerta, esta no quedó muy bien, estaba algo descuadrada, pero al menos no se veía el interior de la casa.

—¿Pero qué rayos le pasa a ese tipo? —Reclamó Impa.

—Dejalo, él es así —contestó Din con cierto pesar—. De hecho, habló con nosotros más de lo habitual. Mejor dejemos todo así y no nos hagamos más problemas con él, de todos modos en parte esto fue culpa de Impa por dar tanto miedo.

—¿¡Qué!? Tú... ¡Cómo te atreves! Yo...

Impa no encontró palabras para defenderse y se limitó a balbucear. Mientras tanto por otro lado, Wind observaba la cabaña con rostro serio y algo agrio, cosa que por supuesto extrañó a Talma, el chico solía ser alegre y efusivo, era raro verlo tan callado, además de que había percibido ciertas emociones complejas de parte de él y del brujo.

—Oye Wind, cuando mencionaste a Farone percibí un cierto odio viniendo de Vaati, ¿Pasó algo entre ustedes?

—¡Eso no es asunto tuyo! ¡No te metas en esto! —Le gritó el hylian como respuesta.

Talma se vio afectada por aquellas palabras, Wind nunca la había tratado con tanta rudeza, sintió pena por esto y se prometió no mencionar de nuevo aquel tema tan delicado.

—Volvamos a casa —dijo la princesa con una sonrisa ligera— hoy ha sido un día largo y es tarde.

—Tienes razón, vamos a casa —aceptó Din.

El grupo se movilizó rápidamente para salir de ese espeluznante bosque, por supuesto guiados por Talma, que conocía el lugar de forma perfecta, al fin y al cabo, hasta hace poco más de un mes ese era su hogar.

Lo que ellos no sabían, era que en ese momento estaban siendo observados. Dos pequeñas hadas contemplaban la escena llenas de sorpresa, una de ellas emitía un bonito brillo amarillo y la otra en lugar de brillar, parecía que absorbía la luz dándole un aspecto oscuro.

—¿Viste eso hermana? ¿Acaso esa no era Talma? —Exclamó la hada oscura emocionada.

—Si hermano, era ella. Esa mal agradecida por fin aparece.

—Que bueno que está bien, tenía miedo de que le hubiera pasado algo.

—Si no fuera la próxima gran hada te juro que la mataría.

—No digas eso Taya, Talma es nuestra hermana menor.

—¡Eso no quita que hizo algo horrible! Se fue cuando esa gran carga de energía asola el bosque, cuando el árbol deku está enfermo y la gran hada cerca de su final. ¿Y para qué? Para venir a jugar con los humanos.

—Tal vez tuvo sus razones...

—No la defiendas Tael, esa pequeñaja me las va a pagar, la haremos regresar como sea, aunque sea a la fuerza.

—Esta bien, lo que tú digas hermana... Lo que tú digas.


Y hoy me toca hablar de Vaati (grito fangirl).

He sido fan del brujito desde que lo conocí años atrás jugando Minish cap, ese diseño tan sofisticado y adorable captó mi atención, además de parecerme un villano bastante más interesante que Ganon, es elegante por todos lados, tiene una gama de poderes variada, como transformarse en otras personas, convertir a la gente en piedra, arrojar rayos y todo eso. Tristemente luego de minish cap, en sus siguientes apariciones se volvió más genérico y menos sutil en su forma de actuar, además de perder su aspecto elegante.

Tal vez no sea un personaje tan popular, más que nada porque el videojuego en el que apareció fue uno de los Zelda que menos han vendido, pero aún así creo que deberían darle más cariño, tenía la esperanza de verlo aparecer en Hyrule warrios ¿Y a quien meten en cambio? ¡A Maripola! Los odio, eso me dolió. Aún así todavía tengo esperanzas de que aparezca en algún Smash Bross algún día.

En fin, como se habrán dado cuenta, el Vaati de esta historia es algo antipático pero no es realmente una mala persona, ahora, esto no es porque se me dio la gana de hacer una historia donde Vaati no es malo (bueno, originalmente sí pero con los años cambié de idea), hay una razón argumental por la que no está del lado de la oscuridad, pero eso lo verán más adelante.