Los bosques perdidos constaban de una extensión de terreno enorme, repleta de árboles de todos tipos, formas y tamaños, sin embargo se podían apreciar distintos sectores determinados por el tipo de vegetación que crecía y por las criaturas que decidían habitar ahí.
Por ejemplo, Vaati vivía en una de las zonas más seguras del bosque, donde crecían sobre todo manzanos y dónde la cantidad de monstruos era mínima, el mayor peligro ahí eran los osos y de vez en cuando la presencia de lobos. En cambio, donde solía yacer la espada maestra, era un lugar peligroso, lleno de monstruos y de árboles gruesos y retorcidos.
Sin embargo, la zona a la que Talma llevaba a Abril era uno de los lugares más mágicos y ocultos del bosque, una zona que rara vez un humano llegaba a pisar y dónde se encontraban algunas maravillas tan extraordinarias que sería difícil creer en su existencia.
La niña, la hada y el caballo avanzaban lentamente por estos parajes, cada uno tratando de no emitir ningún sonido, como si el burdo ruido de sus pisadas fuera a quebrar el encanto del lugar.
Talma guiaba la comitiva en silencio, observando con cuidado cada señal del camino. Por su parte Abril y Puini solo se dedicaban a contemplar el paisaje de ensueño. Las flores que crecían en el piso parecían caramelos, algunos árboles tenían hojas afelpadas como motas de algodón y las enredadera que vestían los troncos tenían hojas de formas extrañas y artísticas.
De pronto una curiosa fruta violeta con rayas amarillas captó la atención de la niña, era tan hermosa que con solo observarla se sentía satisfecha, sin embargo su curiosidad innata la obligaba a tomarla y quizás a probarla.
—Ni se te ocurra comerte eso—le gritó la bolita de luz—. Es muy peligroso, esa es la fruta de la doncella, si te la comes te harás la mujer más hermosa de todas.
—Lo siento. —Se disculpó la pequeña, aunque luego de meditarlo un rato dijo—¿Y que tiene de malo ser bonita?
—Ser bonita no es malo, pero ser la mujer más bella del mundo sí, es... Algo que no entenderías, serías demasiado hermosa, tan bella que no podrías salir de casa para no robar el corazón de los hombres. Hay una leyenda que habla de una chica que comió esa fruta y terminó sola para siempre, porque los hombres se mataban entre ellos deseando poseerla.
—Es triste... Y bastante escalofriante, mejor no como nada.
—Bien dicho, sigamos, ya casi llegamos.
—Briiiiiii brrrrrr —relinchó Puini.
El animal piafó llamando la atención de las chicas y con su hocico señaló al frente donde se encontraba una extraña criatura, se podría decir que era una mezcla entre un muñeco de madera y un arbusto, tenía los ojos de un color rojo brillante y una especie de trompa corta a modo de boca.
—Wah, un deku, que mal, justo ando sin rupias —se lamentó la rubia.
—Retrocede Abril, es peligroso.
—¿Qué? ¿Por qué?
Cómo respuesta el deku se infló un poco y expulsó una semilla que salió con tanta fuerza que al chocar contra el hombro de Abril la lastimó.
—¡Auch! ¿Por qué me atacas? Yo no te hice nada —le gritó la niña.
La criatura no respondió y se infló para atacar de nuevo, pero esta vez la hada se interpuso y creó un pequeño escudo mágico que hizo rebotar la semilla y devolvió contra su creador.
El golpe que recibió el deku fue bastante fuerte, tanto que esté luego de recuperarse escapó asustado.
—Talma... ¿Por que ese deku me atacó? Los dekus que he visto antes eran pacíficos, no le hacían daño a nadie, solo se ponían en el mercado a vender sus productos raros.
—Los dekus son criaturas buenas —explicó Talma—, pero son muy susceptibles a la magia oscura o a las fuerzas malignas. Cuando se exponen a estas enloquecen y se vuelven agresivos. Una buena forma de saber qué tan mal están las cosas es observar el comportamiento de los deku.
—Pues parece que las cosas están muy mal entonces— dijo una voz a espaldas de las chicas.
Ambas voltearon y se encontraron con unas criatura bastante curiosa, se podría definir como una niña árbol, aparentaba uno años, tenía la piel leñosa, muy similar a la corteza de un árbol, su cabello parecía hierba larga y lacia que caía como cascada por su espalda y de su cabeza brotaban un par de cuernos semejantes a ramas, que tenían algunas hojas brotando, al igual que en su cuerpo, pero estas se veían un tanto marchitas.
—Gracias por espantar a ese deku —dijo la chica con rostro somnoliento—. Llevaba más de una hora esperando a que se fuera para poder pasar. Últimamente transitar por aquí es complicado, nunca sabes cuándo aparecerá un deku malvado o algún monstruo a atacarte.
Abril miraba a la criatura perpleja, jamás había visto algo así, era difícil decir si era una planta o un animal, simplemente no podía apartar sus ojos de ella, cosa que al parecer comenzó a incomodar a la muchacha.
—No me mires tanto —dijo cubriéndose el rostro avergonzada.
—¡Lo siento! Es que eres rara... Digo inusual... Osea, yo nunca había visto a alguien como tú y... —balbuceó la chica a toda velocidad.
—No hables tan rápido, me está costando entenderte... Y me siento cansada, me voy a sentar un rato.
La pequeña se sentó junto a un árbol y se abrazó las rodillas mientras cabeceaba de sueño, hasta que finalmente se quedó dormida.
—Es pleno día y esa kokorog a duras penas puede estar despierta —exclamó la hada con preocupación—. Por las diosas, parece que Taya y Tael tenían razón, las cosas están muy mal.
—¿Ella es una kokorog? ¿Qué son ellos? ¿Qué le pasa?
—Los kokorog son los retoños del árbol Deku, el guardián de toda la naturaleza del bosque. Dicen que antaño los kokorog tenían otro nombre y una forma más humana, hecha para que en caso de que un extraño entrara al bosque se sintiera más cómodo con ellos, pero luego de que el gran arbol Deku sufriera una gran pena por un humano del que se encariñó y que perdió en trágicas circunstancias, decidió darle a sus retoños formas más semejantes a plantas.
Los kokorog se encargan de ayudar al gran árbol a mantener en buen estado la vegetación del lugar. Como pueden moverse libremente a cualquier lugar del bosque, reparten semillas, nutrientes o realizan cualquier encargo que les de su guardián. Pero estas criaturas dependen de la energía del gran árbol Deku, si el árbol está mal, ellos están mal. Umm... La verdad las plantas se ven algo marchitas e incluso parece que la densidad de magia ha bajado... Tengo un mal presentimiento... ¡Abril sígueme! ¡Y Puini no intentes comerte las hojas que crecen encima de esa kokorog!
Efectivamente esas eran las intenciones del caballo, luego de un buen regaño por parte de la hada, el grupo se dirigió a otra zona que si era posible estaba aún más profunda. Este lugar era extraordinario, pues en sus cercanías crecían curiosas plantas de hojas azules y rosas, además de flores que parecían hechas de cristal y brillaban en la oscuridad, a pesar de que todo esto era bello, las hojas parecían algo marchitas y alicaídas, como si la magia que las sustentara estuviera siendo drenada, este hecho no hacía más que empeorar la ansiedad de Talma.
Pronto llegaron a una especie de túnel que estaba oculto detrás de una cortina de lianas, un lugar extremadamente sagrado para las hadas según les advirtió Talma mientras los conducía a través de él.
—El lugar al que estamos a punto de llegar es muy especial, es un lugar puro al que ningún humano debería ser capaz de llegar, si te estoy permitiendo venir aquí es sólo porque eres una niña.
—¿Y que tiene que sea una niña?
—Eres pura e inocente, aún no hay malicia en ti, los adultos por muy buenos que sean algo de oscuridad tienen, todos la adquieren al crecer a menos que sigan el camino de los monjes. La energía negativa que producen podría perjudicar a las plantas de aquí que son muy delicadas y eso sería nefasto para nosotras las hadas.
—¿Y eso porqué?
—Porque aquí es donde nosotras nacemos.
Justo cuando se pronunciaron aquellas palabras, llegaron a un majestuoso jardín, en el cual crecían unos curiosos arbustos pequeños con hojas en forma de lágrima, estos venían en todos los colores imaginables y algunos presentaban unas lindas flores blancas con forma de campanilla, sin embargo al igual que mucha de la vegetación que había ahí, estaban un tanto marchitos, aún había vida en ellos pero parecía que las plantas se esforzaban por subsistir. Para una persona normal esto podría ser algo preocupante, pero para Talma era algo tan horrible, tan espantoso que la pobre no pudo evitar caer al piso y echarse a llorar.
—¿Que pasa Talma? ¿Que tienes?
—Todas van a morir... Todas desaparecerán — lloraba la mágica criatura desconsolada.
—¿Quiénes?
—¡Las hadas! Estas... Estas plantas... Nosotras nacemos de aquí... Cada tantos siglos estos arbustos florecen y del interior de cada flor emerge una hada, las hadas que venimos de la misma planta nos consideramos hermanas... Y... Y nuestra vida... Dura tanto como las flores de la planta... Y... Si se marchitan la hada nacida de ellas muere... Waaaaaa...
Sí, definitivamente aquella era una situación crítica para las hadas, una situación tan horrible y desesperada que las medidas drásticas tomadas por Taya y Tael comenzaban a ser comprensibles.
—Entonces tus hermanos...
—¡Cierto! ¡Mis hermanos!
Talma levantó el vuelo y recorrió los arbustos de forma frenéticas buscando uno en particular, uno especial y único para ella, la planta de la que ella misma venía. Abril la siguió de cerca junto a Puini quien al parecer comprendía la situación a la perfección pues ni siquiera hizo algún intento por masticar algún hierbajo de lugar. Pronto llegaron a la planta objetivo, era un arbusto pequeño, estaba débil como el resto de las plantas pero aún había color en sus hojas, aunque las puntas estuviera resecas, además contaba con tres flores, dos blancas y una negra, las cuales aún estaban vivas pero apuntaban sus cabezas hacia abajo.
—Aún aguantarán un poco más... Pero de seguir así ellos... —En ese momento a Talma se le quebró al voz.
—¿Tú también morirás? —Preguntó Abril preocupada.
—No, yo no. La gran hada me cedió sus poderes, ellos me permitirán vivir unos mil años más luego de que mi planta haya muerto... De hecho... Yo podría haber seguido viviendo con ustedes y ni siquiera enterarme de toda esta situación... Podría haber dejado a mis hermanos morir sin mover ni un dedo... Todo porque soy una cobarde incapaz de enfrentar sus responsabilidades...
—¿Ahora lo entiendes? —Dijo una voz cercana.
Los tres individuos voltearon a ver y se encontraron con las dos esferas luminosas que los habían motivado a alcanzar ese lugar.
—Por favor hermana... Ayúdanos —Suplicó Tael.
—¡Es tu deber hacerlo! —Demandó Taya.
—Yo... Yo... —Balbuceó Talma— Yo las ayudaré... Haré lo que pueda... Aunque no sea valiente, ni habilidosa... Yo... Ojalá Wind estuviera aquí.
—¡Oye! ¡Pero ahora estoy yo aquí! —Reclamó Abril indignada—. Que el estúpido de mi hermano sepa blandir una espada no lo hace lo más especial del mundo, yo sé manejar bien el arco y las flechas, también puedo ser útil ¡No es justo que toda la atención se la lleve Wind! Ya es bastante con papá y mamá y ahora tú... ¡Aaaaaahh!
Al ver la pataleta de la pequeña Puini decidió calmarla, por lo que le agarró el cabello con su hocico y tironeó suavemente de él, obviamente eso no le hizo daño pero si la asustó.
—¡Está bien me calmo pero no hagas eso!
—Brrrr, briii brrrrr, puiiiii brrrr prrrrfff puiiii brrrf —dijo el caballo.
—Esto... —Comentó Taya—. Tengo la sensación de que dijo algo grandioso y profundo pero no estoy segura.
El caballo se limitó a bufar y sentarse de espaldas a ellos mostrando su descontento.
—Bueno... Dejando de lado el discurso de Puni... —Dijo Talma— ¿Qué es lo que está causando todo este desastre?
— Vengan, les mostraremos.
El grupo se movilizó a una zona cercana, esta era un tanto más normal, nada de flores extravagantes ni arbustos de colores imposibles, aunque si se podía decir que la vegetación era bastante exuberante, todo era gigantesco, desde el pasto que llegaba hasta la cintura, hasta las manzanas que pendían de los árboles, las cuales eran del tamaño de una pelota de futbol. Pero nada se comparaba con el grandioso árbol que fueron a visitar, era tan grande y tan colosal que Abril quedó con la boca abierta al verlo, pero no era solo su tamaño lo que lo hacía especial, los distintos nudos y rugosidades de la madera parecían formar un rostro en su corteza, uno que mostraba un gran sufrimiento, aunque no era para menos.
Tanto en el árbol como en sus alrededores habían unas extrañas masas negras, como gelatina oscura que contaminaba la vegetación y absorbía la vida. El árbol estaba rodeada de todas ellas, además de que de algunas de estas putrefactas viscosidades emergían cosas extrañas y desagradables, como bocas llenas de dientes chuecos que olían a diablos, ojos colgantes, tan negros como la noche, con espeluznantes iris amarillos, o dedos retorcidos de uñas filosas que con su limitado movimientos se agitaban y arañaban a quien osara acercarse.
—¿Qué es todo esto? —Preguntó Talma asustada.
—No lo sabemos bien —contestó Tael—. Al poco tiempo que te fuiste, esa especie de infección asquerosa comenzó a cubrir al árbol Deku y sus alrededores, lo único que sabemos es que esa cosa se roba la vida de las plantas y que los ojos son sus puntos débiles, pero es difícil atacarlos, porque cuando nos acercamos las bocas comienzan a escupir ácido y los dedos se agitan tratando de arañarnos.
—Tampoco es que eso sea una defensa tan complicada de atravesar —dijo Taya—. El problema es que no hay quien se acerque para solucionar este lío, los kokorog están muy débiles y lentos, por lo que contar con ellos es inútil, ese de allá por ejemplo terminó muy mal.
La hada dorada señaló hacia un lado donde estaba una de esas masas negras de las que sobresalía una boca, pero esta no estaba vacía, de su interior sobresalía un cuerpo leñoso humanoide, solo se podían ver la parte inferior de este, pues el resto ya había sido devorado por la boca que tenía sus dientes rodeando la cintura del cadáver. Esta nauseabunda imagen le revolvió el estómago a la pobre Abril, que tuvo que voltear la mirada y respirar profundo para superar su asco.
—Y eso que esa no es la peor muerte que nos ha tocado ver —dijo Taya sin inmutarse—. Los dekus hubieran sido ideales para atacar a esos ojos desde la distancia, pero por desgracia las influencias malignas que hay sobre el bosque los tiene locos y no se puede contar con ellos. Finalmente nosotras las hadas tampoco podemos hacer nada, las energías negativas que expulsan esas masas negras nos debilitan, ni siquiera Tael que por ser un hada oscura tiene más resistencia ha podido acercarse mucho.
—¿Y ustedes creen que yo podré hacerlo?
—Bueno, tienes los poderes de la gran hada, eso en algo te tiene que ayudar...
—Pero la gran hada no...
—Ella está algo débil últimamente, ya sabes que su tiempo de vida se está agotando —explicó Tael—. Además, ahora está ocupada tratando de mantener el bosque vivo lo más posible, no puede arriesgarse a venir aquí para luchar contra la plaga, por eso te lo pedimos hermana ¡Ayúdanos! ¡Eres nuestra última esperanza!
Talma miró a su hermano conmovida, a él no podía negarle nada, él siempre había sido su hermano dulce, el que la consolaba de los regaños de Taya, el que siempre la animaba cuando estaba triste y verlo afligido la entristecía mucho.
Estaba aterrada y se sentía insegura de luchar contra la infección, además de que ahora no contaba con la compañía de Wind, pero era la futura gran hada del bosque. Así que como su amigo había tenido que aceptar su papel de héroe, ella aceptaría su papel de guardiana. Tratando de darse ánimos, tomó aire y se dirigió hacia el gran árbol.
El inicio del trayecto fue más o menos sencillo, voló a una altura considerable evitando las masas negras y las garras, además, si los ojos no captaban su presencia ninguna boca le arrojaría ácido. Su objetivo era la masa principal que se erguía sobre la frente del árbol y presentaba prolongaciones que al parecer daban vida a las otras masas, supuso que si acababa con esa, podría eliminarlas a todas. Sin embargo, a poco andar las cosas se complicaron, comenzó a sentir mareos, su vista se tornó doble, y una sensación de ahogo la embargó, pronto sus alas perdieron fuerza y comenzó a decaer.
Talma pronto se quedó sin fuerzas y se precipitó hacía el suelo donde aterrizó levantando una pequeña nube de polvo. Al parecer las energías negativas eras muy fuertes aún para el poder de la gran hada, o quizás ella simplemente era demasiado débil. Una vez más había demostrado su inutilidad, no había dado el talle, simplemente como guardiana valía nada.
De pronto sintió algo frío y espeluznante, algo que la tomaba y la arrastraba. Uno de los dedos había entrado en contacto con ella y la estaba llevando hacía una de las bocas, la cual se había abierto liberando su putrefacto olor. La pobre hada sintió nauseas, mientras la desesperación la embargaba, sería devorada y todo acabaría. Quiso gritar y llorar pero ni eso era capaz de hacer. Su luz se fue apagando mientras un frío invernal la invadía.
Ya había perdido toda esperanza cuando un grito infantil la sorprendió al tiempo que unas cálidas manos la tomaban.
Abril había corrido al rescate y la había tomado entre sus brazos arrebatándola de la garra que la tenía presa. La niña corrió con la pequeña criatura luminosa en sus manos mientras las garras se agitaban tratando de detenerla, gritó de dolor mientras los cortes se abrían en sus piernas y la sangre brotaba de ellos, pero la adrenalina del peligro la mantenía andando, a pesar del dolor no dejaba de correr mientras seguía gritando para darse fuerza. Sin embargo, en un fatídico movimiento, una de las garras se incrustó en su rodilla causándole tal dolor y arrebatando la fuerza de su extremidad con lo que calló al suelo.
Abril aterrada como estaba solo atinó a abrazar a Talma mientras lloraba, sintió una segunda garra apuñalarla, no había ninguna boca cerca por lo que no sería devorada, pero en cambio podría perecer desangrada, sin embargo, un milagro equino apareció para salvarlas. Puini se acercó y mostrando una fuerza impensada, agarró a Abril por la ropa y la arrastró hasta un lugar seguro, la velocidad con la que hizo esto, evitó que sufriera demasiados daños a penas un par de rasguños menores.
Una vez lejos de la infección y de su influencia negativa, Talma recuperó el conocimiento. Al elevar el vuelo y recuperar su vista, se encontró con la horrorosa imagen de Abril recostada llorando con sus piernas ensangrentadas y muchas heridas. Se apresuró a usar sus poderes curativos y sanar a la niña, que se recuperó rápidamente pero continuó llorando, más que nada por el susto que por el dolor. Una vez cumplida su tarea se posó sobre el regazo de la rubia y le susurró.
—Gracias Abril, gracias... sin ti... Yo... No sé que hubiera hecho, ahora estaría muerta...
Sobrecogida por sus emociones, la hada guardó silencio mientras su compañera se calmaba y secaba sus lágrimas, sin embargo, esta incipiente tranquilidad pronto fue rota por la hada de luz dorada.
—Y eso... ¿Eso fue todo? ¡Eso es todo lo que eres capaz de hacer! —Gritó Taya histérica y asustada— ¡No fuiste capaz de hacer nada! ¡Nada! ¿¡No se supone que eres la futura gran hada!? ¿La más poderosa de nosotros? ¡Tú tenías que detener a esa cosa! ¡Tenías que salvarnos! Ahora... Ahora... —En ese momento la impetuosa criatura ya no pudo más y se quebró— Estamos condenados... ¡Todos moriremos! ¡El bosque morirá! ¡Hyrule se sumirá en la oscuridad! ¡Tú nunca debiste ser la gran hada! ¡Si no te hubieran elegido, si no te hubieras marchado... ¡Si no fueras tan inútil todo estaría bien! ¡Te odio!
Y tras soltar este discurso Taya salió volando mientras lloraba, pronto fue seguida por su hermano Tael que estaba preocupado por ella.
Luego de eso solo siguió un silencio incómodo y triste, nadie sabía que decir para romper aquel ambiente lúgubre, que solo era el prologo de los horrores que se venían a futuro si no hacían algo ahora. Sin embargo, de manera inesperada fue Puini quien decidió animar a las chicas.
—Briiiiii Puiiiii Puiiiii brrrrrr Puiiiii berrrffff —Declaró el animal con decisión.
—Tengo la sensación de que quisiste decir algo muy épico y motivante pero no podemos entenderte Puini —dijo Talma para frustración del caballo, quien relinchó al cielo mostrando su frustración.
—Bueno ¿Ahora que hacemos? —Dijo Talma aún alicaída—. No puede ser que esto sea el fin, hasta ahora siempre ha habido un salida, quizás la espada maestra podría cortar a través de esas cosas, si tan solo Wind...
—Ya Basta de hablar de mi hermano —Gritó Abril molesta—. No... No lo entiendo... Él nunca fue valiente ni intrépido, ni arriesgado y aún así la espada maestra lo eligió, ser héroe debería ser algo fácil entonces ¿Por qué no podemos hacer nada nosotros y tenemos que depender de él?
—Abril... Ser héroe no es algo fácil, se está constantemente arriesgando la vida.
—Pero Wind siempre regresa a salvo.
— ¡Porque yo lo sano! Así como te sané a ti ahora, de hecho tus heridas no son nada comparado a lo que ha tenido que soportar Wind. Quizás creas que tu hermano es un tonto, pero aún así lo que hace tiene mucho mérito, reconozco que es bastante cobarde, pero hace a un lado sus miedos para cumplir su deber, esto no es un juego y espero que ahora entiendas toda la presión a la que se tiene que someter diariamente.
—Supongo que es por esto que papá está tan preocupado de entrenarlo —La niña suspiró resignada—. En fin, ahora entiendo un poco más todo esto. ¿Y ahora qué hacemos?
—¿Se supone que yo debo saberlo?
—No debes saberlo, tú lo sabes, pareces algo inquieta, como si quisieras decir algo y no te atrevieras.
—¿Estás segura de que no eres una hada? Eres muy perceptiva. La verdad si tengo una idea pero no creía que fuera buena, mis hermanas siempre decían que mis ideas eran tontas.
—No te hagas de rogar y cuenta, ahora como estamos cualquier cosa sirve.
—Pues... Ya que acercarse es tan peligroso para todos, si atacáramos de lejos al ojo central con flechas podríamos acabar con él.
—Mmmm... Suena posible, yo podría ayudar, soy buena en arquería pero... —La niña se asomó para observar el largo camino plagado de infección que los separaba del árbol—. El blanco está bastante lejos, hay que darle en un ángulo recto al ojo... El arco que tengo en casa no creo que tenga la fuerza suficiente para realizar un tiro así. Y los arcos de largo alcance son algo caros, conseguir uno de esos...
—¿Entonces estamos perdidas?
—Quizás puedan probar con el arco minish —dijo una voz a sus espaldas.
Parecía que en el bosque todos tenían la costumbre de aparecerse y hablar por detrás. En esta ocasión la criatura que les habló era un kokorog, aunque por el tono de su voz y el largo de su cabello parecía tratarse de un chico. No lo habían logrado ver porque estaba sentado junto a un árbol descansando con los ojos cerrados, si no te fijas en el parecía ser un simple nudo de árbol, aunque uno de forma curiosa.
—¿De qué hablas pequeño kokorog? —Cuestiono Talma.
—He escuchado historias de que los minish son artesanos fabulosos con muchas cosas maravillosas entres sus manos, entre ellas se habla de un arco mágico cuyo alcance es mayor al de cualquier arco humano, si los minish les prestaran su arco podrían dispararle a esa cosa.
—Los minish... Mmm...
—¿Los minish no son esas criaturas pequeñas de los cuentos para niños?— Preguntó Abril—. Esas que supuestamente solo pueden ver los niños.
—Es verdad que solo los ven los niños —contestó la hada—. Pero no son sólo fantasía, ellos de verdad existen, viven en los bosques, en la ciudad, en las montañas, donde hayan humanos a quienes hacer felices, ellos estarán, porque cuando los humanos son felices, los minish prosperan.
—Pues a mí me haría muy feliz que me ayudarán a salvar a mi hermano.
—Entonces da por hecho que te ayudarán.
—Entonces vamos a buscarlos!
Puini y Abril siguieron a Talma entre los recovecos del bosque mientras la criatura de luz buscaba algo entre la vegetación, quisieron preguntarle qué buscaba con tanto desenfreno pero ella se limitó a contestar que era algo difícil de describir así que solo les quedaba seguirla.
Finalmente, luego de una media hora lo encontraron, un tocón de un árbol. La verdad la niña y el caballo no le veían nada de especial a este madero, parecía igual a cualquier otro, aunque llamaba la atención el agujero en forma de flor que tenía al centro y el hecho de que sonaba hueco al golpearlo.
—Muy bien chicos, necesito que hagan lo siguiente: Abril, párate encima del tocón, Puini, quédate junto a ella y sujétala bien, no quiero que se separen y se pierdan, eso, muy bien,justo así, quédense quietos. Perfecto, voy a comenzar.
Ninguno de ellos tenia idea alguna de que haría la hada, pero confiaban en ella , así que la dejaron hacer su encantamiento.
La bolita de luz voló sobre sus cabezas y comenzó a cantar una extraña y graciosa canción al tiempo que les arrojaba un polvo brillante color lila. Todo parecía normal y no se apreciaba ningún cambio raro, hasta que de pronto todo comenzó a crecer, los arboles, la hierba, incluso del tocón del árbol que estaba bajo ellos, hasta que esté fue tan grande que cayeron por el agujero en forma de flor.
La caída no resultó incómoda ni peligrosa, pues, como si este portal hubiera sido acondicionado para este propósito, en su interior crecían numerosos hongos de colores, que amortiguaron su caída y los hicieron rebotar hasta aterrizar sanos y salvos, aunque quizás algo mareados.
—Chicos ¿Está bien? —Preguntó Talama bajando por el agujero volando, aunque ahora se veía en su forma crecida, como eran todos más pequeños podían apreciar con mayor claridad el aspecto de la criatura sin que su luz interfiriera.
—Eh... Sí, estamos bien, aunque la cabeza me da vueltas, y parece que a Puini también —Contestó la pequeña viendo al caballo tambalearse—. Esto... ¿Dónde estamos?
—En el mismo lugar en el que estábamos, solo que ahora en lugar de estar sobre el tocón del árbol, estamos en su interior.
—¿Adentro? O sea que... ¡Nos encogimos! bueno, tú no, porque ya eres pequeña, pero Puini y yo sí.
—Exacto, solo así podremos contactar con los minish para que nos ayuden con... Ay... Abril... No quiero asustarte pero detrás de ti... No te muevas...
La niña rubia sin entener el repentino nerviosismo de la hada se volteó a ver y se topó con un enorme escarabajo cornudo que la miraba con sus brillantes ojos negros.
— ¡Que lindo! —Gritó encaramándose en el insecto que parecía bastante dócil y tranquilo.
—¿Eh? ¿No que le tenías miedo a los insectos? Hace poco estabas aterrada de sacarle una araña a una flor.
—Le tengo miedo a las arañas, pero ellas no son insectos, son arácnidos, los insectos me gustan mucho, sobre todo los escarabajos, mira este pequeñin azul, es precioso. —Tocó suavemente una de las pequeñas antenas del animal y este comenzó a girar lentamente—. Hey, parece que pillé cómo manejarlo ¡Arre Jaime!
—¿Jaime? ¿Ya le pusiste nombre? Oye, espera, los escarabajos no son domésticos, es peligroso, no te vayas montada en él, esperaaaa...
Abril ignoró a Talma y salió del interior del tocón montada en el escarabajo a través de una pequeña abertura que había en lo que alguna vez fueron sus raíces. El insecto avanzaba en calma, seguido de cerca por el corcel negro y la hada lila, aunque esta última no estaba muy conforme, llevaba toda su vida enfrentando los peligros del bosque y sabía lo peligroso que podía ser un escarabajo cornudo.
De pronto pasó lo que la hada temía, el escarabajo dejó de obedecer a Abril y levantó el vuelo llevándose a la niña con él, aunque para su sorpresa la niña tenía más entereza de la que aparentaba, se agarró con todas sus fuerzas a la cabeza del insecto y le gritó que la ayudara. Obviamente Talma no la iba a abandonar, levantó también el vuelo y recogió a su amiga del lomo del insecto, por fortuna los escarabajos no son muy rápidos volando. Tomó a la niña con delicadeza y aleteando suavemente comenzó a descender, sin embargo sus intenciones de tocar tierra firme no pudieron concretarse debido a cierto hallazgo.
—¡Talma mira eso! —Gritó Abril emocionada apuntando hacia las raíces de un árbol.
—¿Qué cosa?
—Eso, ahí bajo ese manzano, veo unas casitas diminutas.
—Ah, esa debe ser la ciudad central del bosque, es la colonia de Minish más grande del lugar, a ese lugar pensaba llevarlos para preguntar por el arco minish.
—¡Vamos ahora! ¡Vuela hacia allá!
—Pero Puini...
—No te preocupes por él, si lo llamamos vendrá a nosotros, está entrenado para eso.
—Sí pero...
—Hazme caso, vuela hacia allá.
El tono de voz tan confiado con el que Abril hablaba terminó por convencer a la Hada, total, Wind había mencionado algo similar hacía tiempo atrás, así que olvidándose momentáneamente de Puini, arribaron a la ciudad Minish.
Aquí ya se nota a que me refería con que esto se ponía siniestro debido a mi estado de ánimo.
Ya habrá quedado claro que en este fic he querido poner todas aquellas cosas que me gustan y que según yo se les debería dar más oportunidad en otros fic, entre ellas son algunas razas algo olvidadas, como son los deku, o los minish. Los Deku originalmente son solo enemigos, pero en algunos juegos no son realmente malos, solo hay que domesticarlos a golpes y luego puedes hablar tranquilamente con ellos. Por otro lado los minish sí que son una raza olvidada, siendo del porte de un dedo, estos duendecillos supuestamente son los responsables de que al cortar la hierba encuentres rupias y objetos tirados por ahí, a mi parecer una idea encantadora ¿No sería genial un fanfic que hablara del día a día de un minish mientras ayuda a los hylianos sin ser descubierto? Siempre me gustaron mucho estas razas y por eso debía hacerles un homenaje aunque fuera pequeño en el fic.
Ahora respecto a los kokorog, estos tienen su origen en los kokiri y los kolog. Los kokiri son algo así como espíritus del bosque a cargo del gran árbol deku y tienen la forma de niños que jamás crecen, esto se ve en The Ocarina of Time. Posterioremente en Wind Waker aparecen los kolog, pequeños arbolitos también a cargo del gran árbol Deku, según nos cuentan, antes tuvieron aspecto humano, por lo tanto se establece que los Kolog son la forma evolucionada de los kokiri, pero entre una raza y la otra, yo supongo que hubo algo entremedio, de ahí nace esta raza de los kokorog, la cual también está puesta a modo de homenaje, no lo olviden, Hyrule es un mundo fantástico lleno de criaturas increíbles, el mundo no se limita a solo Zoras y Gorones.
