En el poblado minish hubieron dos cosas que llamaron mucho la atención de Abril: La primera, era que cualquier cosa podía convertirse en una casa, pues todas las viviendas más que construcciones, eran artefactos de uso común adecuadas para ser habitadas. Cualquier olla, zapato, concha, maceta que llegaba al poder de los minish, era transformada en una hermosa casita, cosa que le daba al lugar un aspecto bastante pintoresco. La segunda cosa que llamó la atención de Abril, fueron los mismos habitantes del lugar. Estos se podrían describir como ratoncitos humanoides de orejas puntiagudas, todos usando un gorrito rojo y un traje de hojas del cual salía una curiosa colita con forma de pluma.
Los minish se acercaron a ellas de forma curiosa, principalmente por Abril, no era raro que una hada los visitara de vez en cuando, pero que un humano pisara la ciudad si era algo extraño, él último del que se tuvo registro estuvo allí muchos siglos atrás, quizás milenios y ya era una leyenda. Y aunque Abril se moría de ganas por conversar con esos seres, desgraciadamente no podía entender una palabra de lo que decían, fue por eso que Talma la tuvo que dejar sola algunos minutos mientras iba a buscar un baya que la haría hablar el idioma minish. Se espantó un poco cuando la hada llegó con una baya que le llegaba hasta la cintura, pero lo bueno es que bastó una mordida para solucionar la barrera de idioma.
Abril se sentía como una estrella de rock con todos los minish a su alrededor queriendo mirarla y preguntarle cosas, la situación le parecía muy divertida pero no tenían tiempo para eso. Lo bueno es en general, estos pequeños eran criaturas pacíficas y muy amistosas, que adoraban a los humanos y se desvivían por hacerlos felices, pues según se decía, la felicidad de los humanos ayudaba a los minish a prosperar. Fue por eso que en cuanto las chicas expusieron su problema, los lugareños se apresuraron en ayudarlas, la sonrisa de una niña estaba en juego.
Tras una corta investigación que en realidad no les tomó más de media hora, se les informó que el artefacto buscado estaba en manos de Petri, un remilgado y altanero muchacho que vivía un tanto apartado del resto, en las afueras de la ciudad y que descendía de todo un linaje de artesanos que habían creado toda clase de objetos especiales para ayudar a los humanos, entre ellos el arco minish.
Y ahí es donde empezaron sus problemas, el arco estaba custodiado por el único minish del mundo que no sentía ni amor ni admiración por los humanos, pero Abril y Talma no sabían de esto, por ello se dirigieron a Petri sin ningún cuidado ni cautela, confiadas de que sería tan complaciente como sus compañeros de la ciudad.
—¿En serio creen que les voy a dar el arco minish tan fácil? —Dijo Petri indignado mirando despectivamente a sus visitantes luego de escuchar su petición.
—Por favor —suplicaba Abril—. Necesitamos ese arco para acabar con la infección que tiene al árbol Deku y al bosque al borde del colapso, esto no es sólo por nosotros, es por todos.
—¿Y crees que le voy a confiar este preciado tesoro traspasado de generación en generación a una niña y a una mosca brillante?
—¡Oye! ¡Eso fue grosero! —Se quejó Talma—. Más respeto por favor, estás frente a la gran hada del bosque.
—Oh, la gran hada guardiana ¿Pues si usted es la graaan hada que debe proteger el bosque, por qué no ha hecho nada por este?
Obviamente esta pregunta incomodó mucho a Talma, pero antes de que pudiera replicar cualquier cosa Abril salió en su defensa.
—¿Y por qué tú no has hecho nada por el bosque? Tienes el arco que es necesario para solucionar todo este lío y no lo usas.
—Pues te aseguro que lo habría hecho si hubiera sabido que tenía que hacer eso. —Contestó el minish con desprecio.
—Pues ahora lo sabes —continuó Abril—. Y como lo sabes y tienes el arco, entonces vas a ir a derrotar a la infección.
—¿¡Que!?
—¡Es verdad! —Dijo Talma con un tono malicioso—. Ya que no nos prestarás el arco, tendrás que usarlo tú para detener la infección.
—¡Claro que no! Alguien de mi categoría no puede ir a luchar contra esa cosa, por favor, no soy un guerrero —contestó tratando de esconder el miedo que le causaba semejante idea, aunque no podía evitar que la cola le temblara.
—¡Entonces nos vas a dar el arco para que nosotras nos encarguemos! Te lo devolveremos en cuanto terminemos de usarlo.
—¡No! ¡Por eso odio a los humanos! ¿Por qué son tan arrogantes que creen que todos deben rendirles pleitesía?
—¿Qué es pleitesía? —Preguntó la niña ante el desconocimiento de esa palabra.
—Ve a buscar la palabra al diccionario, yo no pienso estar a tu servicio.
—Definitivamente tú tienes alguna especie de problema personal contra los humanos —dijo Talma—. Veo mucho resentimiento en tus energías. Además no actúas como un minish debería hacerlo, se supone que ustedes están para ayudar, porque cuando los humanos son felices, a los minish les pasan cosas buenas.
—No me digas como debo actuar ¿Es que acaso te crees mi madre? ¿Por qué todos se empeñan en decirme como debo ser? Yo quiero tener la libertad de ser como yo quiera ser, simplemente yo no nací para estar al servicio de nadie, soy un minish distinto, sofisticado, elegante, no seré siervo de nadie y viviré como yo quiera.
—¡Petriiiiiii! ¡A comeeeeeer! —Se escuchó una voz algo chillona.
Detrás de Petri, a un par de decímetros estaba su casa, una glamorosa bota arreglada con mucho estilo. Del interior de la vivienda salió una minish de edad avanzada, era algo más robusta que los promedio, su cabello era blanco y su cola estaba algo estropeada.
—Petri, no me hagas repetirlo, a comer jovencito, o si no te quedas sin cenar.
—Viviré como quiera sin obedecer a nadie —dijo Talma en tono burlón escondiendo su risa detrás de su mano.
—¡Cállate! —Petri estaba muy enojado— ¡Mamá, no me trates como un niño! ¡Ya soy un adulto! ¡Yo sabré a qué hora como!
—¡A mí no me levantes la voz! Y de adulto tienes lo que yo tengo de gato. Un mocoso irresponsable como tú no se puede llamar adulto, cuando dejes esas estupideces de "yo vivo a mí manera" y dejes de creerte tan especial podrás considerarte uno. Ya deberías entender que el mundo no gira alrededor tuyo y eres uno más como el resto, deberías dignarte a hacer lo que un minish debe hacer y buscar a algún humano en problemas para hacerlo feliz, a ver si así pasa por fin tu racha de mala suerte, ya te he dicho que los minish solo pueden prosperar con la felicidad de los humanos...
Por supuesto el sermón era mucho más largo, pero fue hasta esa parte que las chicas pusieron atención, pues luego de esas palabras una idea cruzó por sus mentes, intercambiaron miradas y sin mediar palabra ambas asintieron sabiendo que habían llegado a la misma conclusión.
Abril dio algunos pasos hacia la señora minish y componiendo la cara de tristeza más convincente que pudo habló.
—Por favor, ayúdenos —dijo la niña soltando un par de lágrimas, Abril era una gran actriz en potencia—. Petri no nos quiere prestar el arco minish, lo necesitamos para pelear contra la infección del gran árbol Deku, es muy importante para el bosque y también para mí, tengo amigos y un hermano en peligro, no quiero que se mueran, waaaaaaa... Snif, snif, pero Petri es malo, no nos quiere ayudar y ahora estoy muy triste...
—Por las diosas ¡Que horrible! ¡Petri, como puedes ser tan desconsiderado! ¡Te ordeno prestarle el arco minish a esta adorable niñita ahora mismo!
—¡Pero mamá!
—¡Es una orden! ¡O ni te molestes en venir a comer a casa!
Ante semejante amenaza a Petri no le quedó más que obedecer. A regañadientes entró en la bota que habitaba y tras un rato salió llevando consigo un bonito arco de madera bastante sencillo pero con una hoja saliendo de su punta superior, el cual le tendió a la rubia sin mirarla a la cara.
—Toma, cuídalo bien, es un tesoro de mi familia, ni se te ocurra perderlo. —Luego de eso miró a su madre, pero esta seguía teniendo una expresión severa en su rostro— ¿Qué? Ya le pasé el arco ¿Cuál es el problema ahora?
—Es una niña ¿En serio piensas dejarla ir a enfrentar esos peligros sola? ¡Tienes que acompañarla! Solo así podrás hacerla realmente feliz.
—Pero...
—Nos vemos Petri, no regrese hasta que hayas hecho a esa niñita feliz, espero que eso te ayude a madurar —dijo la mujer regresando a la bota y cerrando la puerta.
Aunque Petri gritó, suplicó y pateó la puerta esperando que le abrieran no hubo caso, no le quedaba más remedio que hacer lo que le ordenaban. Y así fue como el joven minish se vio forzado a ir a una peligrosa aventura junto a Abril y Talma. A ellas tampoco les hacía mucha gracia su compañía pero lo toleraban bastante mejor que él, que no dejaba de lanzar insultos al aire quejándose de su injusta vida. Cuando finalmente se calmó comenzaron a trazar su siguiente plan de acción.
—Bien, ahora debemos buscar a Puini y un portal minish para que ustedes regresen a su tamaño normal, —comentó la hada—. Luego iremos donde el árbol Deku y...
—¿Para qué quieren hacerse grandes? —Interrogó el minish—. El arco no crecerá con ustedes, fue hecho por y para minish, con su tamaño normal no podrán usarlo.
—¿¡Qué!? —Exclamó Abril—. Rayos ¿Y ahora como vamos a dispararle al ojo maestro de la infección? Por mucho alcance que tenga este arco, este se verá reducido por nuestro tamaño.
—Eso es porque estás pensando en un arco normal, nuestro arco minish obviamente no se puede comparar a ninguno fabricado por humanos y te lo voy a probar. — Dijo el minish de forma arrogante.
El chiquillo levantó la mirada hasta localizar algo de interés en las alturas.
—Ya lo tengo, mira ese fruto que cuelga allá arriba, ese de color azul, está muy alto ¿Cierto? Trata de dispararle una flecha, si es que puedes claro, está algo lejos y hay que tener buena puntería.
Abril solo frunció el ceño y se limitó a sacar una flecha y a apuntar. Tras unos instantes y luego de una respiración profunda, liberó el proyectil el cual para su sorpresa, salió despedido con una velocidad inesperada, en un parpadeo recorrió la distancia que lo separaba del fruto en una trayectoria recta casi perfecta, incluso tal como había apuntado Abril, la flecha le dio al palito que mantenía al fruto sujeto a su árbol, la fuerza del impacto fue capaz de quebrar las fibras vegetales y hacerlo caer. Todos quedaron sorprendidos ante la hazaña, aunque cada uno por sus propios motivos.
Talma y Abril estaba impresionadas por la potencia y el alcance del arco y Petri por su parte, estaba estupefacto porque fuera capaz de atinarle al pedúnculo del fruto, él esperaba que apuntara al cuerpo de la fruta que era mucho más accesible. Miró a la humana y una ligera admiración nació en su interior, por supuesto no lo admitiría en voz alta y se limitó a hablar con su arrogancia habitual.
—Espero que con esto te quede clara la supremacía de un arco minish, no es cualquier cosa.
Las chicas no replicaron nada y se limitaron a seguirlo en silencio.
Con el tamaño que tenían llegar hasta el árbol Deku representaba todo un desafío, tanto por la enorme distancia que había que recorrer, como por todos los peligros que los acechaban, la realidad es que la existencia de los minish podía ser bastante complicada, si bien la ciudad era un lugar seguro para ellos, fuera de esta todo era un desafío.
Quizás no habían monstruos de su tamaño, pero a cambio debían lidiar con arañas, avispas, alacranes y toda clase de insectos carnívoros, además de que tampoco contaban con la fuerza de estas criaturas, por lo que si les caía algo encima como una hoja o una rama, dependían de la ayuda de alguien más para salir del problema, por ello era que siempre iban en grupos y seguramente era por eso que la madre de Petri estaba tan preocupada de que la niña anduviera sola por el bosque.
La realidad es que llegar al árbol Deku podría haber sido bastante sencillo si hubieran dejado a Talma tomar su tamaño humano y cargarlos hasta su destino, pero el orgullo y la testarudez de Petri simplemente no los dejó, había que decir que en cierta forma este chico aún les tenía algo de resentimiento y a su manera trataba de complicarles el viaje lo más posible, para desesperación de las chicas que estaban muy apuradas.
Así fue como los tres diminutos viajeros tuvieron que recorrer un largo trecho enfrentando toda clase de peripecias, como rebotar a través de una campo de hongos para ahorrar camino, cruzar un río de hormigas, esquivar frutas que caían etc. Finalmente luego de que Talma y Abril lo amenazaran con un ataque de cosquillas (Hay que decirlo, eran demasiado inocentes como para pensar en un castigo peor) terminaron por tomar un conejo taxi y se ahorraron bastante tiempo.
—¿Qué es un conejo taxi? Preguntó la niña luego de que le mencionaran aquel curioso medio de transporte.
—Lo verás cuando llegue —dijo Petri con una sonrisa maliciosa que a Abril le causó un mal presentimiento.
Se quedaron unos momentos esperando en la parada de conejo taxi que consistía en una banquita tallada en una rama, junto a la cual había una señal construida con una cáscara de nuez, a la cuál le habían clavado un par de orejas hechas con ramitas de paja. Finalmente se escuchó el crujir de las hojas en la lejanía, con un ritmo irregular y rápido, como el de alguien que salta.
Entonces vieron aparecer entre los arbustos el conejo taxi, que como habrá de suponerse, era un conejo sobre el cuál habían instalado una estructura de madera con butacas y un asiento en su parte delantera, donde un minish llevaba las riendas del roedor.
Cuando el animal se detuvo, unos cuántos minish se bajaron y corrieron a una zona escondida en un costado para vomitar. Los brincos del conejo causaban un bamboleo a los pasajeros que los dejaba muy mareados, sobre todo a aquellos que no estaban acostumbrados, porque el conductor parecía fresco como una lechuga.
La hada, la humana y el minish subieron al conejo y se acomodaron en las butacas de atrás, por supuesto luego de que le cobraran el pasaje a Petri.
—27 piconedas —se quejaba el minish—. Me han hecho gastar una fortuna, espero que me agradezcan lo que estoy haciendo por ustedes, la mesada que me da mi madre no es mucha.
—¿No se supone que eres adulto? —Cuestionó Abril— ¿Y todavía dependes de lo que te den tus padres?
— ¡Cállate! Eso no es asunto tuyo —Contestó ocultando su rostro sonrojado.
Hay que decir que aquella fue otra de las tretas de Petri para fastidiar a sus compañeras, aunque él mismo tuviera que sufrir las consecuencias de esta. El viaje en conejo taxi fue muy agitado y los dejó a todos tiritando y con nauseas, al menos ninguno vomitó y luego de tomarse un respiro una vez llegaron, quedaron en condiciones de continuar con su misión.
Finalmente llegaron al límite donde anidaba la infección que estaba consumiendo al árbol, con su diminuto tamaño ahora las masas negras tenían un tamaño aterrador y se veían más nocivas que nunca, pero aquello teóricamente no debería suponer ningún problema.
Abril respiró profundamente tratando de calmarse, estaba a una distancia segura, no le llegaría ácido de las bocas, tampoco la arañaría ninguna mano, todo estaba bien, todo lo que tenía que hacer era apuntar, disparar y salvar el bosque. Pero las cosas nunca podían ser fáciles, porque cuando menos se lo esperaban un grito de Petri la interrumpió.
—¡Chuchu!
Detrás de los pequeños había una enorme masa gelatinosa con unos ojos amarillos desorbitados y una siniestra sonrisa. Era un chuchu verde, uno de los monstruos más inofensivos que existen, hasta Abril había eliminado alguno con una ramita alguna vez, pero con el tamaño que tenían ahora, esa bestia podía matarlos fácilmente.
Talma emprendió el vuelo colocándose a salvo fácilmente, cosa que no se podía decir de sus acompañantes, que con dificultad podían escapar de la gelatina que los perseguía, ninguno de ellos era lo suficientemente rápido. Fue entonces que Abril decidió sacar su haz bajo la manga, llevándose los dedos a la boca lanzó un potente chiflido que resonó en el lugar y fue tragado por el verde del follaje.
El minish iba a preguntar qué había sido eso, ese molesto ruido le había hecho doler sus delicadas orejitas, sin embargo la razón del actuar de la niña no tardó en llegar. Un rítmico sonido comenzó a escucharse, algo que le parecía familiar pero le costaba reconocer, entonces de la nada apareció un caballo negro de nariz blanca, tan pequeño como para ser montado por ellos. La niña se apresuró a subirse en él y luego le extendió la mano a Petri para que hiciera lo mismo.
Una vez que ambos estuvieron a bordo, emprendieron la huida a lomos del corcel. Sus cascos resonaron en la tierra, en un murmullo que solo seres de su tamaño podrían percibir, la adrenalina recorría sus cuerpos mientras el viento los golpeaba en la cara y la amenaza que los perseguía quedaba atrás. Sin embargo el peligro no había pasado y las cosas estaban a punto de empeorar. Frente a ellos habían dos chuchus más, esta vez de color rojo, parecían demonios de jalea, grandes viscosos y siniestros, prestos a aplastarlos con su sabor frutal.
Abril era tenaz y hasta el momento había mantenido su temple, sin perder la compostura ni desesperarse, podía parecer irónico, pero el valor de su padre corría más por sus venas que por las de su hermano. Cuando vio la situación en la que estaban no dudó en proteger al minish que llevaba consigo en el caballo.
—Petri, escapa en Puini, yo distraeré a los chuchus.
—Pero... Pero...
—¡No te preocupes! Talma está cerca pero no nos puede llevar, ni hacerse grande por la influencia de la infección que está demasiado cerca y la tiene debilitada, por eso yo distraeré a los monstruos mientras te pones a salvo y luego Puini vendrá por mí.
Este gesto conmovió de sobremanera al joven minish, quien jamás pensó que un humano sería capaz de arriesgar su vida por él, una gratitud inmensa creció en su interior, radiante como un sol, activando aquel instinto de todos los minish, ayudar a los humanos. Fue entonces que apeándose del caballo corrió hacia los chuchus gritando.
—¡Yo distraeré a los chuchus! ¡Ponte tú a una distancia segura para que Talma tenga la fuerza para elevarte y dispararle al ojo maestro de la infección!
—¡Petri espera!
Abril quiso detenerlo pero mientras Puini seguía corriendo, la distancia que los separaba crecía cada vez más. Estuvo a un paso de bajarse del caballo e ir en ayuda de su compañero, pero un par de brazos en su cintura la detuvieron mientras perdía contacto con su montura y era elevada rápidamente.
—¡Hazle caso! —Hizo una pequeña pausa para tomar aliento pues la debilidad que le provocaba la influencia negativa de la infección la tenía al borde del colapso— ¡Debemos salvar el bosque!
En ese mismo instante los chuchus comenzaron a aumentar atraídos por la ruidosa presa. Pronto le cerraron el paso al valiente minish, quien se vio atrapado sin tener a donde huir de las gelatinas que se acercaban cada vez más a él, dispuestas a asfixiarlo y a disolver su cuerpo con sus ácidos. Abril gritó horrorizada ante la escena que se avecinaba, estando ella tan lejos e incapaz de ayudar solo le quedó soltar un par de lágrimas silenciosas y voltear el rostro para no ver la horrorosa escena.
Talma cargando a la niña con todas las fuerzas que le quedaban a su debilitado cuerpo, intentó elevarse lo más posible con tal de quedar cerca del árbol y facilitar el disparo de la flecha, pero simplemente estaba a su límite, se dio cuenta cuando empezó a tener visión doble.
—¡Abril ya no puedo acercarme más! ¡Dispara tu flecha!
Sujeta de la cintura era algo complicado apuntar bien, pero no tenía de otra, era ahora o nunca. Sin embargo, un último obstáculo se interpondría entre la salvación y la destrucción. Uno de los ojos menores percibió la presencia de la hada flotando, este lanzó la señal y una de las bocas lanzó un escupitajo de ácido hacia las chicas. Talma no teniendo más opción para esquivar, optó por arrojar a Abril y alejarse ella misma, rezando a las diosas porque no ocurriera nada grave.
La niña se sintió caer en el vacío, mientras miles de pensamientos recorrían su mente, no hubo miedo, ni desesperación, en aquel instante no podía pensar, solo podía apuntar su flecha hacia aquel ojo amarillo que dominaba al árbol y le robaba la vida. Una inspiración liberó sus dudas y una espiración liberó su flecha, la cual en un instante voló desde las manos de la niña hasta el orbe del mal, enterrándose hasta su centro de forma limpia y letal.
Las decenas de bocas gritaron con horror, lanzando aterradores gruñidos semejantes al hierro frotado, mientras las garras se retorcían y los ojos se secaban, todas las masas de oscuridad comenzaron a empequeñecer mientras que la oscuridad que las componía se desvanecía en el aire en forma de polvo liberando por fin a un cansado árbol, que tan exhausto quedó de su batalla por subsistir que cayó dormido, respirando por fin tranquilo luego de una tortura de semanas.
Es el turno de hablar de Abril.
Abril o Aryll según la versión de juego que tengas, es la hermana pequeña de Link en Wind Waker y el motor original de la historia, pues todo comienza cuando un gran pájaro secuestra a la niña y Link parte de viaje para encontrarla. En el juego Abril es tierna y al parecer bastante madura para su edad, además de que se preocupa mucho por su hermano, quizás parezca diametralmente opuesta a la de mi fic pero tengo mis excusa... Digo explicaciones.
El Link de Wind Waker tiene exactamente 10 años, y su hermana es algo menor, le echo uno años nada más, en general los niños pequeños si están bien criados son tiernos y adorables, mi hermano por ejemplo fue un amor de niño hasta que cumplió los 7, entonces se volvió odioso, enojón y amargado y sigue con ese carácter hasta el día de hoy que es adulto.
Abril de niña puede haber sido una chica tranquila y sumisa, pero al crecer sacó bastante carácter, es hija de Ilia después de todo.
