En medio de la oscuridad que se cernía sobre aquel desolado campo, una pareja avanzaba lentamente, arrastrando los pasos y el alma en aquella infructuosa caminata que no les llevaría a ninún lugar. Ellos lo sabían, pero no podían detenerse, algo en su interior los obligaba a seguir.
Ambos, hombre y mujer, vestían harapos, los cuáles a duras penas ocultaban los cuerpos raquíticos y llenos de cicatrices que poseían, sus cabezas llevaban una maraña de pelo sin brillo ni vida, sucio y maloliente, que coronaban un par de rostros demacrados, hundidos, ojerosos y sin un ápice de esperanza.
De pronto el hombre cayó de rodillas superado por el cansancio y el pesar. La mujer se devolvió a ayudarlo, le tendió la mano para que se apoyara y se pusiera de pie, pero él simplemente negó con la cabeza, ya se había resignado, no tenía fuerza ni espíritu para seguir avanzando. La mujer entonces se arrodilló a su lado y comenzó a llorar, lo abrazó contra su cuerpo mientras temblaba de impotencia. El hombre a su vez comenzó a soltar gruesas lágrimas y levantó la vista, le mostró una patética sonrisa con los pocos dientes que le quedaban, pero eso solo empeoró el llanto de la dama, entonces en un acto desesperado la mujer lo besó con pasión, con tristeza y con desesperanza, sabiendo que esa sería la última vez que lo vería con vida.
Un par de ojos se abrieron en medio de la oscuridad de la noche, mientras su dueña respiraba conmocionada por la tormenta de emociones que había provocado en ella aquel extraño sueño, había sido tan vívido, tan trágico, tan asqueroso, que solo quería borrarlo de su cabeza, la escena del beso entre ese par de viejos sucios sin dientes le causaba mucha repulsión.
Nayru percatándose de que ya no se podría dormir en un rato, optó por ponerse de pie, abrir la ventana de su cuarto y correr las pesadas cortinas, para dejar entrar un poco de la luz lunar junto a la brisa nocturna, nada como un viento helado para enfriar la cabeza. La iluminación natural del satélite reveló el rostro de la muchacha, era una chica alta y delgada, sin muchas curvas pero con una elegancia especial que la hacía destacar entre el común de la gente, tenía un abundante cabello azul ondulado, que enmarcaba un rostro redondeado donde ostentaba unos enormes ojos azules de aspecto felino, que de alguna manera parecían encajar bien con el resto de sus facciones pequeñas y delicadas.
La jovencita dio un vistazo a su cuarto medio engullido por la oscuridad y suspiró, no importaba cuanto tiempo pasara, esa enorme mansión jamás se sentiría como su hogar, daba lo mismo cuantos lujos tuviera, o lo amable que fuera Ralph con ella, simplemente no pertenecía ese lugar... Aunque jamás había sentido que perteneciera a lugar alguno, ni siquiera a la mansión de su padre cuando vivía con él... Antes de que la regalara a ese mercader para que se casara con su hijo.
Un regalo, una molestia de la que se deshacía, así era como se sentía, sabía que no tenía el aprecio de su padre, pero jamás pensó que la abandonaría así, de hecho desde que había llegado a Ordon hacía 7 años atrás, jamás lo había vuelto a ver. Para empeorar su situación, el dueño de casa, Don Darian no era precisamente una persona muy afectiva, la veía con el mismo desprecio que veía a todos los demás. Por las diosas, se supone que se iba a casar con Ralph, algún día serían familia ¿No debería ser un poco más cercano? ¿¡Qué clase de futuro le esperaba en esta familia rota!? Eso era algo que le aterraba.
A veces sentía el deseo de usar sus poderes de oráculo del tiempo y fisgonear su futuro, o mejor aún, cambiar su pasado para mejorar su presente, pero luego recordaba que era algo que no debía hacer o enfrentaría horribles consecuencias, al menos eso era lo que le había dicho su antecesora, quien un día cualquiera cuando tenía 6 años, se le había aparecido en sus últimos minutos de vida para explicarle de forma rápida el tipo de poder que poseía, su labor y sus responsabilidades. Lamentablemente no pudo preguntarle mucho pues la anciana contaba con poco tiempo para transmitir su mensaje, además de que la Nayru de 6 años no era muy ocurrente en lo que respectaba a preguntar cosas, se limitaba a aceptar lo que le decían como verdad y no cuestionar nada.
Así que aún teniendo en sus manos el poder de cambiar su vida y el destino del mundo, debía resignarse y aceptar lo que le tocaba y vivir con el miedo de que Ralph dejara de amarla, pues aunque ella no albergaba sentimientos por él, su estancia en aquella casa dependía de su compromiso matrimonial. Si el mocoso de pronto se encaprichaba con otra mujer y la abandonaba ¿Qué sería de ella? Seguramente la echaría de ahí, con el desprecio que le tenía Don Darian no dudaría en ello ¿Entonces regresaría con su padre? ¿Con ese hombre que en 7 años ni siquiera se dignó a enviarle una miserable carta? Estaba tan sola y desamparada en el mundo... Y era por esa razón que odiaba desvelarse, siempre se ponía a pensar en las miserias de su vida.
Chasqueó la lengua sintiendo la boca seca, tenía sed. Decidió que iría a la cocina por un vaso de agua y luego regresaría a la cama a intentar dormir lo que quedaba de noche, que parecía ser bastante, no podía ser más de media noche.
La peliazul salió al largo pasillo del segundo piso que conectaba todos los dormitorios, en aquel momento estaba sumido en las penumbras dándole un aspecto bastante tétrico, pero eso no disuadió a Nayru de sus intenciones. Ella sabía que no estaba sola, detrás de cada una de las puertas que tenía a la vista, había una sirvienta dispuesta a ayudarla.
Sí, ella dormía en la zona de las sirvientas, ni siquiera en un cuarto para invitados, era la misma habitación que tendría una mucama, a ella en realidad eso no le importaba, su cuarto era cómodo, pero el hecho de que le designaran un dormitorio de ese tipo denotaba la poca estima que le tenía Darian.
Aunque la excusa que le habían dado para esto, era que el señor de la casa quería prevenir algún encuentro cercano pre matrimonial con su hijo, por eso se aseguraba que durmieran lo más lejos posible. Vaya estupidez, si quisieran intimar definitivamente un detalle como ese no los detendría, estaba segura de eso.
El encuentro con el final del pasillo la despertó de sus pensamientos, fue en ese momento que se percató de que algo inusual ocurría en el recibidor de la mansión, habían unas pocas luces encendidas y un murmullo le indicaba que habían personas conversando. Curiosa y dudosa de si tendría autorización para estar presente en esa reunión optó por fisgonear, en caso de que la descubrieran tenía algunos recursos para escapar.
El recibidor tenía un pasillo descubierto en el segundo piso, del cual caían dos escaleras que daban acceso a la primera planta. Ahí, oculta detrás de la madera tallada de la baranda, Nayru decidió colocarse tratando de acercarse lo más posible. Asomando sus ojos a través de los barrotes, pudo dar un vistazo a la situación.
Habían varias personas presentes en la escena, en primer lugar destacaba la presencia de la princesa Zelda, la nueva inquilina de la mansión. Era frustrante pensar que Don Darian trataba mucho mejor a esa extraña que a su futura nuera. Pero bueno, era entendible, ese hombre era un arribista y que su hogar hubiera sido elegido para albergar a la princesa del reino durante toda su estancia en Ordon era un honor, pero eso no evitaba que le tuviera cierta maña a esa rubia despistada, aunque nunca lo demostraba, como siempre hacía, se limitaba a guardarse sus sentimientos para ella misma.
Por supuesto junto a la joven rubia estaba Impa, esa molesta sombra que la seguía a todas partes. Si la princesa era irritante Impa podía serlo aún más. Esa mujer la ponía muy nerviosa, siempre tan seria, con esa mirada penetrante y ese silencio perturbador, en serio no sabía como Din podía soportarla, bueno, Din era amiga íntima de Zelda, seguro le aguantaba todo. Esa era otra razón más para tenerle manía. Antes de que la princesa llegara Din era SU amiga, aquella que la escuchaba y la consolaba en sus penas, pero ahora había sido desplazada y la relación ya no era la misma.
Mejor no pensar en eso.
Continuó observando la estancia y vio un rostro conocido, un hombre alto, cabello rubio algo desordenado, buen físico, rostro maduro impecablemente afeitado, ojos azules y una mirada fiera aunque algo somnolienta, era Link. ¿Qué hacía él ahí? Pobrecito, seguro se caía de sueño, la gente de las granjas se acuesta temprano. Quizás lo habrían convocado por motivos de seguridad, nada mejor que un héroe nacional como protección.
Y tal parece que sus pensamientos eran bastante acertados, porque en la habitación ademas de Link habían muchos otros guardias envueltos en sus armaduras, dejando sus rostros cubiertos.
Pero había una presencia más en la habitación que era el motivo de toda esa seguridad. Los ojos de Nayru se abrieron de la sorpresa al darse cuenta de que en aquella sala estaba nada menos que la mismísima reina Zelda ¿Qué hacía ella allí? ¿Cuándo había llegado? Esto sin duda era algo muy interesante, con su curiosidad despierta agusó sus oídos tratando de escuchar de qué hablaban.
—¿Tan empeñada estás en no regresar al castillo? —Dijo la reina con preocupación—. Debes estar consciente de lo complicada que se ha vuelto la situación Zelda. Hay un brujo peligroso en Ordon, no sabemos cuales son sus intenciones pero está claro que eres uno de sus objetivos, por algo te atacó en el torneo de espada.
—Lo sé mamá, pero yo no quiero escapar y esconderme en el palacio, yo quiero luchar junto a mis amigos, además, tampoco se puede decir que el castillo sea el lugar más seguro del mundo, por algo pasó lo que pasó hace 5 años.
—Eso es distinto —gruñó la reina llevándose inconscientemente la mano al parche que cubría el lugar donde antaño solía estar su ojo izquierdo—. En esa época estábamos convencidos de que vivíamos tiempos de paz, jamás se nos pasó por la mente que alguien atentaría contra nosotros, luego de eso mejoramos la seguridad, un incidente como ese jamás volverá suceder.
—Entonces debo quedarme en el castillo a salvo mientras a mis amigos los matan.
—No se trata de eso Zelda.
—¿Entonces de qué se trata? Además tampoco puedes reprocharme nada, recuerda que en tus tiempos cuando el mal atacó, tú también te negaste a esconderte y preferiste luchar junto a tu pueblo, yo solo quiero seguir tus pasos, quiero convertirme en una reina tan buena como tú.
Esta réplica plagada de inocencia y buenas intenciones dejó a la reina sin palabras ¿Qué podía decir contra algo como eso?
—Pero Zelda... Yo era mayor que tú en ese tiempo, además de que era una practicante de magia y de esgrima, tenía medios para luchar.
—Pues yo soy una buena arquera y estoy retomando la magia, mira.
La joven princesa extendió sus brazos creando un campo de energía color zafiro que lucía bastante firme, a diferencia del que usó para proteger a Vaati un par de semanas atrás.
—Ezero dice que voy bastante bien y que si sigo mejorando pronto me enseñará algunos hechizos ofensivos. Estoy dando todo de mi parte para unirme a la lucha, además no estoy sola, Impa y Din están conmigo, tenemos a Wind y seguro que el señor Link aquí presente también nos puede prestar una mano amiga.
El aludido se estaba quedando dormido de pie, pero al escuchar su nombre reaccionó asintiendo sin saber muy bien a qué estaba diciendo que sí.
—Ay Zelda... —Suspiró la monarca derrotada— ¿Por qué me tienes que causar tantas preocupaciones? No me dejas opción. Ven aquí hija, te voy a dar algo.
La joven noble se acercó a su madre preguntándose qué era aquello que le entregarían, extendió su mano como se lo indicó la reina, mientras que esta a su vez colocaba la suya encima. La mujer cerró los ojos y vació sus pulmones de aire buscando concentrarse, al parecer lo que iba a hacer era algo muy complicado, pues le tomó varios minutos lograrlo, pero cuando a la pequeña Zelda ya se le estaba cansando el brazo, una luz dorada comenzó a surgir de la mano de su madre.
La princesa sintió una curiosa calidez que poco a poco se fue concentrando en un punto hasta que comenzó a sentir algo sólido en su mano, como si le hubiera depositado un objeto metálico tibio.
Cuando la reina retiró su mano, en la palma de la princesa había un pequeño triángulo dorado que emitía un brillo tenue, el cual se iba apagando en la medida que su anterior dueña se retiraba.
—Ma... Mamá... ¿Acaso esto es lo que creo que es? —Balbuceó la princesa impresionada— ¿Me has dado la trifuerza de la sabiduría? Uno de los tres triángulos dorados entregados por las diosas a los humanos ¿Esos que la leyenda dice que si juntas los tres te cumplen un deseo?
—Sí hija —La mujer puso una expresión grave—. Tienes habilidades de arquería pulidas, pero en magia necesitarías al menos un año de práctica para ser una hechicera decente, eso sin considerar que tu nivel de magia es muy bajo debido a que eres una principiante. Por eso, para tu protección te entrego mi trifuerza, es cierto que la historia más conocida de esta reliquia es la que dice al juntar los tres triángulos se te cumple un deseo, sin embargo las tres piezas por su cuenta también tienen valor, cada una le otorga poderes a su portador, en el caso de la trifuerza de la sabiduría, aporta conocimientos y habilidades de magia. A ti te otorgará más poder mágico, el mismo que tendría un mago de mi edad o incluso más, con ese poder y la ayuda de tus aliados espero que seas capaz de defenderte de la adversidad.
—Madre... ¡Gracias! ¡Haré un buen uso de esta reliquia sagrada!
—Claro que sí cariño, pero úsala con responsabilidad, el uso prolongado agota su poder y tarda un rato en recuperarse, así que no estés presumiendo ni jugando con ella, tampoco la uses en tus prácticas o tus poderes propios no se desarrollarán. Procura aprender la mayor cantidad de hechizos que puedas, la trifuerza se encargará de reforzar tu poder ¿Alguna duda?
—Pues... Sí, tengo una... Tú... solías llevar la trifuerza imbuida en tu mano ¿Por qué yo la tengo separada de mi cuerpo aquí en mi palma? —La reina colocó una sonrisa lastimera en su rostro.
—Lo siento Zelda, pero la trifuerza no te considera alguien digna de ella, por eso no se ha integrado a ti. Pero no te preocupes, aún así puedes usarla en esa forma.
—Bueno, tendré que resignarme supongo. —La chica se cruzó de brazos haciendo un mohín de molestia.
—Vaya cosas —dijo la reina un tanto pensativa—. Venía aquí para llevarte de vuelta a casa y termino dándote la trifuerza. De todos modos Zeda, en caso de cualquier problema contacta conmigo, le pediré a Ezero que te ayude a aprender a mandar mensajes telepáticos cosa de no depender de cartas ni mensajeros para comunicarnos. En verdad lamento no poder quedarme a tu lado, pero no puedo dejar el trono tanto tiempo solo, tu padre es un muy buen administrador pero su timidez y falta de carácter le quitan autoridad.
—Lo entiendo mamá, no te preocupes, ve a ayudar a papá él te necesita.
—Bien, partiremos en la mañana a primera hora, antes de que los caminos se llenen de carretas, esta visita debe mantenerse en absoluto secreto y Zelda, también mantén en secreto que ahora tú tienes la trifuerza, mientras menos personas lo sepan mejor.
Nayru contuvo el aliento algo preocupada, se había enterado de algo que no debía saber, aunque no imaginaba si eso tendría importancia, al menos ella no pensaba decir nada a nadie, la cabeza hueca de Zelda le caía mal, pero tampoco le deseaba ninguna desgracia.
Las personas en la habitación se movilizaron un poco, la princesa parecía estar siendo escoltada por su guardiana hacia algún lugar apartado, mientras que la reina mantenía una conversación privada con Link. Nayru ya pensaba retirarse hacia su cuarto, pero justamente la pareja de adultos se colocó junto al lugar donde ella estaba sin notar su presencia. Estando tan cerca podrían descubrir a Nayru si se movía, así que no le quedó más que aguardar allí un rato mientras esperaba el momento oportuno para escapar.
—Jamás pensé que le darías algo como la trifuerza —comentó Link en un tono casual como el que usan los amigos.
—No era el plan, pero viendo su determinación, creo que sería capaz de escaparse de casa para cumplir sus intenciones —contestó la reina en el mismo tono familiar—. Y tampoco quiero darle tantas molestias a Impa, sé que sería capaz de detenerla, pero en la medida que mejore en magia, cada vez será más difícil para su guardiana.
—Es una chica valiente, quizás debería haber recibido la trifuerza del valor en lugar de la de la sabiduría. —Dijo Link medio en broma.
—No le serviría de mucho, la trifuerza del valor mejora las capacidades físicas, la fuerza, la velocidad y la reacción de su portador, mi niña es muy hábil pero no muy atlética. Quizás deberías darle la trifuerza del valor que portas a tu hijo, él podría hacer un buen uso de ella.
—No estoy muy seguro de si Wind sería capaz de sacar todo su potencial, por carácter es bastante asustadizo, no creo que sea muy compatible con ella, aunque últimamente me sorprenden las cosas que es capaz de lograr. De todos modos, a diferencia de ti que no puedes quedarte con tu hija, yo si puedo estar presente, mientras pueda hacerlo lo protegeré, así que no hace falta que le entregue la reliquia.
—Es grandioso que puedas estar con tu hijo de esa forma... Pero yo... — En ese momento Zelda tomó la mano de su acompañante y la apretó con fuerza.
—Comprendo. —Dijo apretando la mano de la reina de forma reconfortante—. También la cuidaré a ella, como si fuera mi propia hija.
Nayru miraba aquella escena con sorpresa, no sabía que ese par fuera tan cercano, si parecían amigos de toda la vida, quizás el salvar un reino juntos los unía en más de un sentido.
—Su majestad ¿Puedo retirarme? —Dijo Link con un bostezo.
—¿Su majestad? —Dijo la reina con una sonrisa divertida— ¿Quieres hacerme sentir mal por tenerte levantado tan tarde? Recuerda que yo no usé mi autoridad para hacerte venir aquí, te lo pedí como un favor de amigos, tienes responsabilidad en tu desvelo.
—Por favor, sabes que jamás te negaría un favor... Aunque Ilia se enoje un poco por eso.
—Vaya... Espero que esto no te traiga problemas.
—Tranquila, nada que una caja de chocolates y un par de "noches cariñosas" no arregle, dudo que mi matrimonio peligre.
Esta conversación amena podría haber durado un rato más, si no fuera porque un grito masculino retumbó en toda la mansión poniendo en alerta a todos los presentes.
La reina se puso en guardia levantando su mano derecha en la que un pequeño pero brillante fuego azul se había encendido, mientras que Link a su vez sacaba a Fi, que había decidido traer con él esa noche. Por su parte, los guardias en armadura se habían replegado alrededor de la monarca buscando cualquier atisbo de peligro. Sin embargo no había enemigo alguno cerca, la amenaza estaba en otro lado y seguía atacando a su víctima, pues se escuchó un segundo grito masculino, luego del estallido de algo quebrándose, pero lo que hizo a los guardias reaccionar realmente fue la voz de Ralph pidiendo ayuda.
—¡Ayuda! ¡Alguien está atacando a mi padre!
Este grito fue suficiente para convencerlos de que la víctima de este ataque era Don Darian y que nadie tenía interés en la reina. Todos corrieron hacia el lugar donde se había producido el ataque dejando el recibidor desolado. Aprovechando ese momento Nayru optó por escapar y recluirse en su cuarto, había alguien peligroso suelto en la casa y lo que menos quería era toparse con él.
Subió a toda prisa la escalera y recorrió el largo y oscuro pasillo hasta donde estaba su cuarto, lo abrió y se encerró presurosa poniendo pestillo a la puerta, luego se sentó respirando agitada, con mucho miedo sobre lo que podría ocurrir a continuación, si antes no había podido dormir, ahora menos podría hacerlo.
Pero la joven no sabía que su cuarto ya estaba ocupado por alguien más. Observó la ventana que había dejado abierta por donde se filtraba la luz de la luna y pudo percibir una silueta agachada a contraluz. Su rostro se llenó de terror y estaba a punto de gritar por ayuda cuando en un instante la sombra desapareció de su vista y reapareció a su lado tapándole la boca e inmovilizándola para que guardara silencio.
—No digas nada, te lo suplico, no me delates. Yo no te haré daño, estoy aquí para evitar un horrible desastre, por favor ayúdame.
Quizás a alguien le llame la atención que mamá Zelda le haya dado la trifuerza a su hija, sobre todo la forma en la que se la entregó, pues en los últimos juegos estos triángulos casi nunca se ven libres, suelen estar alojados dentro de las manos de sus elegidos para birndarle poder, sin embargo me aproveché del recuerso que usaron en Wind Waker, en ese juego la trifuerza parecía un simple colgante con forma de triángulo dorado que Tetra llevaba colgando del cuello y que era un recuerdo de su madre, hago lo mismo en este fic.
Pero de todo, seguramente lo que más llama la atención es que Zelda Jr no es digna de su trifuerza, pues justamente esa el a gracia de esta historia, aquí no hay héroes predestinados ni tampoco profecías, y nadie parece ser digno del puesto que le corresponde ocupar, esto hace que todo lo que sigue, sea impredecible, cosa que se nota muchísimo en este arco en particular.
