La noticia del ataque contra Don Darian se había esparcido como polvo en el viento y era el tema de conversación en todo el mercado de Ordon. Las teorías respecto al atacante eran muchas y muy variadas, no era un misterio para nadie la enorme cantidad de enemigos que tenía este hombre, cualquiera podría ser el culpable. De hecho eran tantos los sospechosos, que el equipo de investigación estaba teniendo bastantes problemas para recabar información.
Sin embargo, no eran pocos los que se alegraban con las desgracias del mercader, bastantes personas le tenían odio y otros tantos miedo. Prácticamente el único que lamentaba el incidente era Ralph, quien desde ese momento no se separaba del lado de su padre, temiendo que el asesino regresara en cualquier momento. Él era el único que había logrado ver al atacante, sin embargo la oscuridad de la noche y la capucha que este llevaba encima, le impidieron ver detalles, lo único que podía recordar era una mirada azul y una velocidad abismal, al punto de que el individuo literalmente desapareció de su vista. Daba la impresión de que podía teletransportarse por cortos trechos, fue por eso que nadie pudo detenerlo.
La naturaleza extraña del atacante había ayudado a mitificar el relato, al punto que toda clase de teorías raras corrían alrededor de este, desde que un enviado de las diosas había llegado para castigar a este hombre, hasta que unos poes con los que había hecho un trato extraño habían llegado para recoger su alma. Todos querían saber más detalles del chisme de la semana y en cuanto se supo que Link había estado presente en la escena, muchos ojos y oídos curiosos se dirigieron hacia él ¿Pero qué podía decir el pobre granjero? Él tampoco había visto la gran cosa, solo llegó a socorrer al hombre moribundo, al cuál pudieron salvar gracias a los maravillosos poderes curativos de la reina.
Pero nadie iba a aceptar esa versión de la historia como definitiva de buenas a primeras, por lo que aquel domingo, el puesto de verduras y huevos de Link se vio más abarrotado que de costumbre, lamentablemente no por clientes, sino por gente chismosa que trataba de sacarle alguna información al hombre. Para desgracia de ellos el carácter templado del rubio impedía que mostrara irritación, molestia o filtrara más información de la necesaria.
Link no estaba dispuesto a perder la calma en ningún momento, sobre todo aquella mañana que había acudido al mercado a vender sus productos junto a su hijo, procuraba en todo momento mantener un ambiente grato y amigable para él, de tal forma que su cuerpo y su espíritu estuvieran descansados en caso de que le tocara enfrentar cualquier desgracia.
Afortunadamente Wind no parecía muy preocupado, atendía a los clientes con su entusiasmo habitual, ajeno a los chismes de la gente. Era verdad que estaba algo preocupado por su amigo Ralph, pero su inmadurez hacía que no le tomara el peso real a la situación. Habían atacado a Don Darian, pero se salvó, así que todo estaba bien, al menos así eran la cosa en su mente. Por otro lado, de momento eran otras cosas las que ocupaban su atención, como la linda chica peliroja que estaba comprando manzanas en el puesto de fruta de al frente.
El muchacho paseaba su vista por la grácil figura de la doncella, admirando cada curva de su anatomía, el contoneo de sus caderas y su gracioso caminar, pero el pobre no se daba cuenta de que sus contemplaciones molestaban a alguien.
—¡Auch! —Se quejó el rubio al sentir un golpe en su cabeza— ¡Qué te pasa hada loca!
—¡Deja de mirar a esa chica de esa forma!
—¿De qué forma? Yo no la miro de ninguna forma especial.
—¡Sí lo haces! Te la quedaste viendo fijamente.
—Es bonita ¿Qué tiene de malo que la mire?
—Antes no mirabas a nadie así.
—Bueno... Ahora las cosas son algo diferentes supongo... No sé... Al menos antes no me interesaba mucho mirar chicas.
Y era verdad, desde que Zelda lo había besado hace algunos días atrás, algo dentro suyo había cambiado, manifestándose en nuevo interés por las mujeres. Su padre por otro lado escuchaba la conversación que su hijo tenía con el hada de forma divertida, casi parecía que esa bolita de luz estaba celosa. De todas formas le pareció apropiado intervenir en la charla.
—Wind, algunas personas se pueden sentir incómodas si se las quedan mirando fijamente. Si vas a contemplar a alguien, al menos trata de ser disimulado.
—De- de acuerdo —contestó el chico algo avergonzado.
De pronto una extraña pesadez se instaló en el ambiente, el bullicio habitual del mercado se silenció repentinamente mientras las personas se alejaban lentamente de las cercanías del puesto de Link, este se puso tenso mientras observaba al individuo que se aproximaba hacía él.
Cabello negro, mentón pronunciado, bigotes largos, nariz afilada, cejas gruesas y una expresión de desprecio que parecía impregnar su rostro, aquel hombre era inconfundible. Don Darian se aproximaba hasta él rengueando pero manteniendo su postura altiva y orgullosa, a pesar del cabestrillo que sujetaba su brazo izquierdo. A su lado, su hijo Ralph caminaba con su habitual expresión de miedo y tristeza, aunque ahora una cierta preocupación se sumaba a su semblante.
El azabache se colocó frente a Link quien lo miraba de forma serena y seria, sin alterarse, sabía lo influyente que era este hombre y lo cuidadoso que debía ser. Bajo ningún motivo debía molestarlo o usaría sus influencias para complicar su existencia en Ordon, claro, él también tenía sus propias influencias, pero no le apetecía iniciar un conflicto con Darian si podía evitarlo.
—Buenos días Don Darian —saludó el rubio con mucha cortesía y seriedad— ¿Qué lo trae por estos lados?
—Cosas muy importantes, pues créeme que si no lo fueran no me metería en esta pocilga.
—Entiendo. Asumo que el hecho de que esté frente a mí ahora, significa que esos asuntos importantes tienen que ver conmigo.
—Exacto. Iré al grano, te quiero como guardaespaldas, luego de ese atentado que tuve hace cinco noches atrás, ya no me siento seguro. Ayer casi me cae una maceta en la cabeza y otra serie de accidentes me han estado rodeando, a pesar de que he aumentado la seguridad, estas cosas siguen pasando y el culpable parece esfumarse como el humo. He visto una especie de sombra encapuchada que se desvanece en el aire cuando parpadeo y nadie logra ver nada de nada. Se supone que eres un guerrero muy hábil y durante un tiempo fuiste un buen guardián en el castillo de Hyrule, por lo que debes ser el mejor guardaespaldas disponible en esta cochina ciudad y yo siempre debo tener lo mejor, así que te quiero en mi mansión ahora.
Link lo miró sin variar su expresión, a pesar de que por dentro se le retorcía el estómago de los nervios. Hacía tiempo que abandonó sus labores de guardián y no le apetecía retomar esa vida, aquella etapa había quedado atrás. Estaba buscando las palabras para rechazar la petición de Don Darian cuando este lo interrumpió.
—Supongo que está claro que rechazar mi propuesta está fuera de discusión. —Dijo de forma arrogante—. No me interesan los problemas o excusas que pongas, te quiero como mi guardián sí o sí, o de lo contrario las cosas se pueden... Complicar un poco.
Un par de hombres corpulentos que acompañaban a Don Darian se acercaron al puesto de verduras de Link con bastante agresividad, en posición para destrozarlo todo ante la primera orden de su maestro. Wind miraba a aquellos altísimos individuos con temor, mientras apachurraba a su hada contra su pecho tratando de buscar tranquilidad en ella. De pronto lanzó una mirada suplicante hacia Ralph buscando ayuda, pero este simplemente negó impotente y sumiso, sabiendo que nada podría hacer. Fue la visión de su hijo asustado lo que impulsó a Link a tomar una decisión rápida.
—De acuerdo, acepto el trabajo. —Dijo ocultando su frustración—. Wind, cierra el puesto y ve a decirle a tu madre que estaré trabajando en la mansión de Don Darian.
—¡Fabuloso! —Exclamó el azabache con una amplia sonrisa—. Le aseguro que no se arrepentirá de su decisión, además de que se le dará una excelente paga, mucho más de lo que podría ganar en este mugroso...
De pronto todo se congeló en el sitio, Darian quedó con la boca abierta a mitad de la oración, Link y su mirada de frustración contemplaban al hombre sin parpadear en posición estática, al igual que todos los curiosos que observaban la escena sin mover un solo músculo. Decenas de conversaciones inconclusos estaban atoradas en las gargantas de sus creadores, la gente que caminaba ya no se movía, incluso las aves estaban estáticas en el cielo sin avanzar ni caer, todo se había detenido, excepto para una persona.
Wind miraba a su alrededor atónito sin comprender lo que ocurría, mientras el miedo lo embargaba. Soltó la hada que llevaba en sus brazos y esta quedó suspendida en el aire sin hacer un solo aleteo, todo era muy extraño. El muchacho corrió hasta su padre y lo sacudió tratando de hacerlo reaccionar.
—Papá... Papá... ¿Qué está pasando aquí? ¡Responde!
Pero por más que empujaba o tironeaba a su padre este no reaccionaba, era un tronco congelado.
El ojinegro ya estaba respirando asustado por el miedo que sentía, cuando se percató de que había otra persona además de él que se estaba moviendo. Se giró a ver de quien se trataba y se encontró con un ser que usaba una larguísima túnica negra, de la cual solo se podía ver un mechón de cabello azul opaco y reseco, que sobresalía de la capucha que usaba y una huesuda mano que asomaba de una de sus mangas, pero lo más preocupante era que esta mano llevaba un cuchillo, el cual se acercaba peligrosamente a Don Darian.
—¡Detente! —Gritó el rubio corriendo hacia la figura encapuchada y empujándola hacía un lado.
El misterioso ser del cuchillo cayó estrepitosamente sin soltar su arma, dio una ligera vuelta en el suelo para luego incorporarse y lanzar una mirada de odio hacia el chico, la cual se convirtió en una de sorpresa al verlo moviéndose cuando todos los demás estaban congelados.
—¿Cómo? —Dijo una voz rasposa— ¿Cómo es que te mueves? ¡Deberías estar congelado como todos los demás! No me digas que... ¿Cómo es posible? ¿Acaso eres un cronodesplazado?
—¿Que?
—No importa, tú debes permanecer a salvo, aléjate de mí y déjame cumplir mi misión.
—¡Querías matar a Don Darian! ¡Tú eres el asesino que lo persigue! Pero... ¡No te dejaré! ¡No permitiré que lastimes al padre de mi mejor amigo! —Gritó el muchacho sacando valor de su deseo de protección.
El encapuchado dudó un momento y tembló en su lugar, sin embargo se recuperó rápidamente y tomando una posición más segura encaró al chico de verde.
—Esto... Esto es por él también... Porque... Así nos salvaremos todos... No importa el costo debo hacerlo, pero a ti no te puedo dañar... No importa, aún hay tiempo.
Y tras decir eso la figura echó a correr desapareciendo en aquel bosque de gente congelada. Por supuesto el muchacho no iba a dejar escapar a esa persona por lo que fue tras ella. No tuvo muchas dificultades para seguir al supuesto asesino, su atuendo negro destacaba mucho en las habitualmente claras ropas hylianas, sin embargo le estaba costando mucho darle alcance, si bien Wind era sumamente veloz corriendo en línea recta, no lo era tanto cuando tenía que doblar y describir curvas, a diferencia de esta persona que se escabullía entre la gente con la gracia de un ciervo en primavera, sin embargo tenía la ventaja de poseer un mejor estado físico, según pasaba el tiempo comenzaba a notar que su objetivo comenzaba a fatigarse, ya no avanzaba tan rápido como antes y parecía trastabillar por momentos.
De pronto llegaron a una de las zonas del mercado más atestadas de gente, donde avanzar se hacía demasiado difícil, aún con la gente quieta en sus lugares. Al parecer había sido una mala decisión para el encapuchado meterse entre aquel gentío, pues carecía de las fuerzas necesarias para empujar a quienes obstruían su avance, de tal forma que Wind le estaba dando alcance.
El espacio que los separaba se acortaba cada vez más, mientras el chico se olvidaba de los modales y empujaba a todos a su alrededor, podía ver a la negra figura a pocos metros, ya casi lo tenía, estiró su brazo a punto de agarrar la tela negra que vestía cuando de pronto, el individuo que perseguía se giró hacia él y pudo ver en las sombras que formaban su rostro un par de luceros azules que destellaron tan solo un instante, luego del cual, como por arte de magia todos comenzaron a moverse de nuevo.
El bullicio retornó a la ciudad, los pájaros volvieron a volar, la brisa a soplar y la gente a caminar, nadie parecía haberse dado cuenta de lo sucedido, como si todo hubiera sido nada más que un sueño, sin embargo aquello había sido real y Wind lo tenía más que claro, tanto por el largo trecho que había recorrido lejos del puesto de verduras de su padre, como por las consecuencias que había dejado su larga carrera.
Todas las personas que había empujado al abrirse paso en la multitud, cuando retornaron a la movilidad sufrieron de pérdidas de equilibrio o incluso caídas, como si las hubieran cambiado de posición en un instante. Buena parte de la multitud quedó extrañada ante este fenómeno, aunque no le dieron importancia y pasó como una anécdota curiosa que contar ese día.
El chico de ropas verdes se quedó un momento congelado en su sitio, aunque esta vez no era por la acción de ningún hechizo ni nada, era por su propio estupor, pues a su cerebro le estaba costando un poco procesar lo ocurrido, pero a pesar de todo fue capaz de sacar algunas conclusiones. El individuo encapuchado podía congelar a la gente sin que esta recordara nada luego de liberarse del hechizo, por lo tanto si alguien lo veía, solo tenía que congelar a esta persona y escapar, para el testigo del hecho aquello parecería una desaparición o quizás teletransporte si es que no había desaparecido de su campo de visión para cuando la persona se descongelaba.
Este hechicero parecía ser alguien muy poderoso, ambos recorrieron un largo trecho en la persecución y en todo el trayecto nadie quedó inmune al encantamiento, seguro que este tipo era aún mejor que Vaati, dudaba que el joven brujo fuera capaz de realizar un hechizo que abarcara más de 30 metros a la redonda. Pero todo esto dejaba una duda ¿Por qué él era el único que no había sido afectado por su magia? El tipo parecía saber algo al respecto pues lo había nombrado de una forma especial, había dicho que era una persona...
— ¡Wind! ¿Estás ahí? —Se escuchó el grito de Talma en las cercanías— ¡Ahí estás! ¿Cómo llegaste ahí? Estabas en el puesto de verduras y de pronto desapareciste ¿Hiciste algún tipo de magia? — Cuestionó la hada mientras se acercaba.
El chico quedó observando a la esfera luminosa en silencio, con ojos escrutadores y una seriedad muy atípica en él.
—Oye... Me estás poniendo nerviosa ¿Pasó algo?
—Nada. — Contestó el muchacho con simpleza—. Vamos, papá debe estar preocupado por mi desaparición.
Luego de regresar con su padre, trató de dar una explicación medianamente decente a su repentina desaparición, la verdad esta no dejó muy convencido al hombre, pero no tenía tiempo de indagar por la verdad, por lo que dejó ir a su hijo luego de un ligero sermón por desaparecer de forma repentina y pidiéndole que tuviera cuidado.
Luego de eso, rubio regresó a casa seguido de su fiel compañera alada, pero contrario a su comportamiento usual no dijo ni una palabra en todo el camino, sin embargo la hada tampoco buscó conversación, estaba muy ocupada tratando de interpretar los sentimientos que percibía en el muchacho, los cuales eran fuertes y cambiantes, una extraña mezcla entre tristeza, preocupación, emoción e impaciencia.
Finalmente llegaron a casa, como era de suponer a Ilia no le hizo mucha gracia que su esposo tuviera que trabajar para Darian, pero sabiendo lo delicado de la situación aceptó la decisión de él. posteriormente la familia tuvo un almuerzo tranquilo sin mayores inconvenientes.
Luego de la comida Wind se dirigió a su cuarto y comenzó a buscar algo entre sus cosas. No parecía estar muy seguro de donde se encontraba, pero por la seriedad y el empeño que ponía en su búsqueda era algo importante.
Tras algunos minutos una pequeña expresión de triunfo asomó en su semblante mientras extraía de una vieja caja un grueso palo con forma de Y que tenía atado una banda de goma en sus ramas superiores.
—¿Qué es eso Wind? —Preguntó la hada que había contemplado al muchacho en silencio hasta ahora.
—Esto es una resortera, es un tipo de arma ligera que usan los niños, colocas una piedra en esta banda de goma, jalas hacia atrás y ¡Pum! Sale disparada la piedra —explicó haciendo la mímica correspondiente.
—Ya veo, una flecha parece más mortal pero seguro que un piedrazo de esos puede doler bastante.
—Bueno, si te pegan en la cabeza con esto puede ser peligroso, igual sé que algunos chicos han matado gatos o pájaros con estas cosas.
—Ya... ¿Y para qué quieres esa resortera? ¿Pretendes ir a cazar pajaritos?
—No... Ya hace unos cuántos años que dejé esas costumbres y que no uso mi resortera, pero aún así la conservo porque tiene un significado muy especial para mí.
—¿Eh? ¿Por qué?
— Esta resortera me la dio una persona muy especial que conocí cuando era un niño. La tercera persona que más admiro en el mundo, un chico muy genial que me salvó y que me dijo que yo podía convertirme en alguien tan genial como él.
—Vaya, esa historia no te la conocía ¿Y cómo se llamaba esa persona?
—No sé, yo tenía como 6 años y hay bastantes detalles de ese episodio que no recuerdo bien, no sé si no me acuerdo de su nombre o nunca me lo dijo, pero me gustaría volver a ver a ese chico. Solo recuerdo que me dijo que si quería volver a verlo debía conservar esta resortera y usarla cuando fuera el momento apropiado, y sabría que era el momento apropiado cuando escuchara la palabra "cronodesplazado".
—Cronodesplazado ¿Dónde escuchaste eso?
—Hoy en la plaza, sin que nadie se diera cuenta un tipo raro arrojó un hechizo que congeló a toda la ciudad y los afectó a todos menos a mí. Cuando el tipo vio que no me afectaba su magia me llamó cronodesplazado.
—¿Eeeehhh? ¿Eso pasó? Pero yo no recuerdo nada.
—Obvio que no, estabas congelada, era imposible que recordaras algo. De todos modos lo importante de todo esto que esta persona que puede congelar a la gente es la que trata de asesinar al papá de Ralph, y si tiene esa clase de poderes raros, me tomo que ni siquiera mi papá va a poder hacerle frente, por muy hábil que sea.
—Entonces...
—Sí, como soy inmune a ese tipo yo seré quien tenga que ir a luchar y proteger a Don Darian, además... Tengo que confiar en el chico genial que me ayudó cuando era un niño, él dijo que cuando escuchar la palabra cronodesplazado tendría que usar su resortera, porque esta me ayudaría a solucionar todos mis problemas, quiero pensar que él tenía razón y de alguna manera esta cosa me ayudará.
—Um... No sé, a mí me parece algo muy raro ¿Cómo un chico que conociste cuando eras un niño podía ayudarte para algo que ocurre ahora?
—No lo sé, pero de alguna forma me emociona pensar en esto, seguro será una gran aventura.
—Wind... ¿Estás emocionado por ir a una aventura? Eso es inusual en ti.
—Bueno, el tipo este dijo que no me podía dañar, así que... Si no voy a salir lastimado no tengo por qué tener miedo de hacer lo que tengo que hacer.
—Buf, debí imaginarlo, pero de todas maneras me parece lógico. En todo caso, sea peligroso o seguro, te apoyaré y estaré ahí para ayudarte.
Perdón por no subir ayer, la razón fue... Bastante tonta, estaba convencida de que ayer era miércoles y hoy jueves, y resulta que es viernes, así que me atrasé ¿No les pasa que en verano se pierden un poco en los días de la semana?
Este es el punto donde la historia se me fue de las manos. El primer fanfic que alguna vez escribí fue una historia de pokemon de corte siniestro y oscuro, todo muy creepy, luego de eso pasé a una comedia romántica y ahora con este proyecto mi idea era hacer una historia de aventura y magia, llena de acción y bastante ligera, pero creo que las influencias de mi primera historia alcanzaron a esta convirtiendo al relato en algo oscuro, aunque no era la idea, si recuerdan el inicio era bien ligero y cómico, de hecho creo que este arco es la cosa más cruel y siniestra que alguna vez he escrito, incluso superando la región Zero. Al final fue por esta parte que decidí cambiar la categoría de edad de K+ a T. En fin, digo todo esto para que se preparen para lo peor. Hasta la próxima.
