Aquel era un día cálido y agradable, la brisa fría que había estado soplando los últimos días había sido cambiada por la suave luz solar que llenaba todo de vida y color. Como celebrando el cambio de estación, gran cantidad de aves reposaban en los frondosos árboles que crecían en las calles y jardines de Ordon piando incesantemente.
Pero de todas las edificaciones, sin duda la que tenía el jardín más frondoso y hermoso era la mansión de Don Darian, que contaba con un extenso terreno donde numerosas flores, sobre todo rosas, decoraban el lugar. Por supuesto tenía un jardinero exclusivo que mantenía todo en orden, incluso se encargaba de podar los árboles, en particular tenía mucho cuidado de dejar presentable un hermoso ejemplar que crecía cerca de la ventana del estudio de Darian.
Al mercader le gustaba mucho relajarse observando este árbol cuando se tomaba un descanso de su trabajo en la oficina, pero ahora no tenía ni tiempo ni ganas de relajarse.
El hombre se encontraba en su lujosa oficina timbrando papeles y sacando cuentas de sus negocios, ajeno a la belleza del día ¿Pero cómo podría pensar en algo bonito si tenía a un asesino detrás de su cabeza? Alguien que en cualquier momento podía cortar su aliento cegando su existencia para siempre, definitivamente no habían razones para estar contento ese día, sobre todo con ese molesto guardaespaldas que había contratado.
La verdad, esperaba que el famoso Link fuera alguien impresionante, que con su sola presencia fuera capaz de espantar cualquier amenaza, sin embargo era un tipo de lo más normal, claro, ya lo había visto antes atendiendo su negocio o acompañado de su familia y en esos momentos tampoco era alguien muy destacable, pero pensaba que sería una de esas personas que cambian drásticamente al momento de pelear.
Todavía no lo había visto combatir, pero la actitud desganada con la que se presentaba al trabajo comenzaba a decepcionarlo, es cierto que lo había contratado a la fuerza, pero aun así esperaba algo de compromiso de parte suya, en vez de un guardia atento y capaz que estuviera de pie en la puerta cuidándolo, tenía a un rubio somnoliento sentado en un rincón de su despacho leyendo el diario de la mañana. Pero qué desperdicio de dinero, estaba rodeado de inútiles, desde la policía de Ordon, hasta las sirvientas, sobre todo las sirvientas, estúpidas mujeres, eran un mal necesario, pero sumamente molesto...
De pronto el sonido escandaloso del papel captó la atención de Don Darian, en la esquina donde se encontraba Link, este ya no tenía su perpetua expresión de sueño, había bajado el diario y miraba por la ventana del despacho con mucha atención, todo su cuerpo estaba en tensión y denotaba un estado de alerta, mientras su mirada azul estaba clavada en el árbol que se podía ver desde la ventana. Había tal seriedad en su rostro y tal crudeza en su mirada, que parecía que mataría a cualquiera que se apareciera por ahí ¿Acaso había captado algo que él no podía? ¿Acaso este hombre era como los gatos que aparentaban tranquilidad pero estaban atentos a todo? Quizás no había sido tan mala inversión como había pensado.
Era verdad que Link había captado la presencia de alguien inusual en el árbol que estaba frente a la ventana de la oficina, pero como no podía precisar si se trataba de una amenaza, se había puesto en guardia y esperaba alguna acción hostil, pero esta no parecía efectuarse.
Mientras tanto en el árbol, yacía sentada una ancianita flaca y arrugada de cabello azul pálido a la cual parecían faltarle demasiados dientes y demasiada alegría en su corazón. A través de su rostro podía adivinarse mucho dolor, sobre todo en su penosa mirada azul, la cual carecía de brillo, pero en la cual aún ardía el fuego de la esperanza, era una mujer que a simple vista parecía una pordiosera cualquiera, pero en su actitud se adivinaba una cierta nobleza.
La mujer vigilaba atentamente al hombre que se encontraba en el escritorio de la oficina haciendo papeleo, ella no había notado la presencia de Link, pues desde el ángulo en el que se encontraba este no quedaba expuesto a su vista, por ello estaba tan relajada comiendo una manzana, aunque debido a su falta de dientes no podía morderla, pero al menos tenía un daga con la que cortaba trozos pequeños que luego introducía en su boca para masticar, por suerte aún le quedaban casi todas las muelas.
—¡Nanaaaa! —Se escuchó un grito en las cercanías, una muchacha delgada de cabello azul parecía estar buscando a alguien.
Cuando la jovencita de acercó al árbol de la anciana, esta dejó caer una manzana delatando su presencia. Nayru observó la copa del árbol y vio a quien estaba buscando mirarla con una sonrisa traviesa, la chica frunció el ceño fastidiada, no era muy adicta a la actividad física y tener que escalar ese árbol no le hacía ninguna gracia, podría dañar el hermoso vestido azul que estaba usando, pero del tiempo que conocía a la anciana sabía que hacerla bajar sería imposible, aquella mujer parecía tener una obsesión por la naturaleza, al punto que había rechazado dormir con ella bajo techo en su habitación, prefiriendo pasar sus noches en algún pastizal, vaya con esta vieja loca.
Suspiró profundamente, se sacó los zapatos, amarró vestido para que no le estorbara y comenzó a escalar por el árbol. En la copa la anciana le ofreció una manzana de forma amistosa, que la chica rechazó en silencio, estaba despeinada y desarreglada por culpa de Nana y ella pensaba arreglar todo con una miserable manzana que podía obtener en cualquier lado.
—Ay cariño, no te enfades así, te van a salir arrugas en tu lindo rostro.
—¡Nana! ¿Por qué siempre me haces escalar árboles y meterme entre los pastizales? ¡Me quieres convertir en una salvaje!
—Jajjaaja, claro que no mi niña — dijo la anciana con una sonrisa—. Solo quiero que aprecies la naturaleza que te rodea, no sabes lo afortunada que eres de tener toda esta belleza natural, si supieras como es el lugar del que yo vengo...
—Si lo sé Nana, ya me lo has dicho montones de veces, vienes de un reino lejano devastado por una plaga donde nada crece, y estás aquí para que esas desgracias no se repitan aquí en Hyrule.
—Eso mismo. No sabes cuanta ilusión me ha hecho volver a comer manzanas, las extrañaba mucho.
—¿Y qué haces aquí además de comer manzanas? —Nayru miró a su alrededor y se fijó en que tenía una muy buena vista de la oficina de Don Darian— ¿Estás vigilando a ese viejo molesto otra vez? El futuro es algo ciertamente extraño, sé que eres una vidente poderosa pero aun así tus profecías me confunden ¿Cómo evitar la muerte de Don Darian va a detener una plaga?
Nayru esperó pacientemente la respuesta de Nana, pero esta parecía ignorarla y estar muy ocupada observando un nido de pajaritos que se apreciaba un poco más arriba.
—¡Nana deja de ignorarme!
—Lo siento, pero no hace falta que te preocupes por estas cosas, es mi deber como vidente evitar un futuro funesto, tú puedes seguir haciendo tu vida normal, no sé, salir con tus amigas o tener una cita con tu novio...
Nayru desvió la mirada y se mostró algo incómoda ante los comentarios de la mujer, esta se percató de que aparentemente había tocado un punto sensible.
—¿Que pasa mi niña? ¿Acaso estás peleada con Ralph? Sé que puede ser algo molesto pero es un buen chico...
—¡Ya no quiero hablar de eso por favor!
— Nayru...
—Es... Es tan frustrante... Estoy condenada a casarme con ese estúpido que... Aaggg... Reconozco que no es una mala persona pero no lo amo, además, es molesto que mi único valor como persona sea el "Ser la futura esposa de Ralph". Si de pronto el ya no me quiere entonces... No sé qué será de mí, odio a los hombres... Solo te ven como una mercancía o algo que ocupar.
—No todos son así Nayru.
—Mi papá fue así, solo usó a mi mamá y en cuanto a mí, nunca me quiso ni le importé, para él todo lo que valía era el fabuloso hijo varón que tuvo después, y ahora en esta casa Don Darian es igual, me desprecia... Y le está enseñando todo eso a su hijo...
—Ya ya mi niña, no te pongas así — Dijo Nana abrazando a la muchacha con ternura—. Te aseguro que no todos los hombres son así, seguro has visto muchas parejas de esposos que se aman, además yo misma tuve en mi juventud a un hombre que me amaba y me cuidaba mucho, hay hombres buenos, solo ten fe en ellos y no te preocupes tanto por tu futuro, aún si te corrieran de esta casa te aseguro que podrías arreglártelas sola, eres una mujercita fuerte y muy capaz, podrías lograr lo que quisieras.
—Gracias Nana —dijo Nayru con la cabeza enterrada el hombro de la anciana mientras se aguantaba las lágrimas—. Eres la única persona que me quiere y se preocupa por mí.
—No digas eso, a pesar de todo estoy segura de que Ralph te quiere y además están tus amigas...
—No me hables de esas zorras, Luego de que Vaati llegó Farone ya no me presta atención y ahora que llegó Zelda, tampoco lo hace Din.
—¿De verdad? ¿Te ignoran? ¿No te toman en cuenta para nada?
—Bueno... Farone me saluda y a veces me busca conversación pero ella es del grupo de Vaati y él es un brujo oscuro, no quiero tener nada que ver con él, los brujos oscuros son peligrosos. Y Din... No es que me ignore tampoco, pero pasa todo su tiempo con Zelda y ella me cae mal, no la quiero cerca.
—Nayru, estás actuando como una niña caprichosa. Primero, no debes ser prejuiciosa, que Vaati sea un brujo oscuro no significa que sea malo, y segundo, los problemas se pueden arreglar conversando, seguro si les pides salir un rato solas a Din o a Farone pueden pasar un tiempo agradable juntas.
—Pero antes SIEMPRE estábamos juntas, no un rato.
—Ya no seas egoísta, ellas pueden ser tus amigas, pero también tienen derecho a hacer otros amigos por su cuenta, así como tú puedes hacer nuevos amigos, de hecho sería genial tener muchos amigos distintos para distintas ocasiones. Algunos amigos son ideales para las fiestas, otros para conversar los problemas y otros para hacer actividades juntos, no te limites Nayru.
—Está bien, trataré de arreglar las cosas con ellas, —accedió la joven peliazul con un suspiro.
—Fabuloso, ahora bajemos de aquí que se me están entumeciendo los huesos —dijo la anciana moviéndose lentamente para bajar del árbol.
—¿Eh? ¿Ya te vas? ¿No que tenías que vigilar que nada le pase a Don Darian?
—No, ya no, hoy no pasará nada —contestó Nana—. Además de que necesito recuperarme del incidente anterior y contigo aquí no puedo hacer bien mi trabajo —agregó en voz baja para ella misma.
—¿Dijiste algo?
—No, nada cariño. Bueno, me voy a pasear un rato, nos vemos luego.
Nayru bajó del árbol y deambuló un rato por los jardines pensando en las palabras de Nana, en algún momento se animaría a poner en práctica sus consejos, aunque no todavía, necesitaba ordenar sus pensamientos.
Era genial poder contar con Nana, desde que había llegado a su casa hacía algunos días atrás se sentía querida y comprendida, aquella anciana era muy cariñosa y escuchaba atentamente todos sus problemas, le daba el apoyo y comprensión que siempre quiso. A menudo se preguntaba cómo sería tener una madre, seguro sería algo muy parecido a tener a alguien como Nana, era por eso que le perdonaba todas sus locuras y corría los riesgos de llevarle comida a escondidas, a pesar de que a veces la señora decía que ya había comido, sospechaba que aquella mujer cazaba conejos o lagartijas para alimentarse, tenía varias costumbres muy salvajes, pero ya se encargaría de corregirla con el tiempo.
De pronto Nayru se percató de la presencia de alguien ajeno a la mansión que deambulaba por los jardines, aquel cabello rubio, las ropas verdes y la bola de luz lila que lo acompañaba eran inconfundibles ¿Que estaban haciendo Wind y Talma ahí con aquella actitud tan sospechosa? No era raro encontrarlos en la mansión, pero normalmente andaban acompañados de Ralph y no se quedaban mucho, el temor de toparse con Don Darian los espantaba rápido.
Pero aquí estaban los dos, caminando por los jardines de la mansión realizando una especie de... ¿Ritual con una resortera? Era difícil decirlo pero el chico caminaba de un lugar a otro con una resortera en lo alto, como si se la mostrara a los cielos, tampoco parecía que estuviera apuntando o buscando algún objetivo al cual golpear, aunque llevaba municiones consigo, la muchacha notó el saquito de piedras que llevaba colgando de su cinturón. No eran de su incumbencia los asuntos del rubio, pero la curiosidad la obligó a acercarse y preguntar qué estaba haciendo ahí.
—¿Que haces Wind? ¿Estás ofreciendo esa resortera como tributo a las diosas? No digo que sea un mal presente pero creo que preferirían otro tipo de obsequios —Nayru trató de empezar la conversación con una broma, nunca había tenido mucho trato con Wind y no sabía exactamente como dirigirse a él.
—Ah ¡Hola Nayru! ¿Cómo estás? Te ves bien —la saludó el chico con una sonrisa amable.
Wind era amistoso y abierto con todo el mundo, por lo que hablar con él era algo bastante fácil, incluso para alguien tan cerrada como Nayru.
—Si... Bueno... Gracias —contestó la chica con un leve sonrojo— ¿Y qué estás haciendo?
—Pues... La verdad no lo sé muy bien —Sí, aquí empezaban otra vez las rarezas del rubio.
—¿Cómo no vas a saber qué estás haciendo?
—Es que... Ay, es algo complicado de explicar.
—Un amigo de la infancia de Wind le dio esa resortera cuando era pequeño —comenzó a relatar Talma—. Le dijo que la guardara y la cuidara mucho porque un día le sería útil para detener un gran desastre, pero sabría que sería el momento apropiado para usarla cuando escuchara la palabra cronodesplazado. El problema es que el amigo nunca le dijo a Wind como usar la resortera o cuál era el problema que había que solucionar.
—Ya veo... ¿Y dónde escuchaste la palabra cronodesplazado?
—Pues... Hace un par de días un brujo trató de asesinar a Don Darian —contestó wind con un rostro preocupado—. Supongo que ese tipo es el que lo ha estado atacando últimamente. Este tipo tiene la capacidad de congelar a la gente, congeló toda la ciudad, pero por alguna razón yo no me vi afectado por el hechizo. Estaba sorprendido por esto, pero él parecía aún más sorprendido que yo... Y entonces dijo algo muy confuso, que el hechizo no me había afectado porque yo era un cronodesplazado.
—¿¡Queeeee!? —El grito de la peliazul casi deja sordo al muchacho.
—Parece que Nayru sabe el significado de esa palabra —comentó Talma.
—¡Déjame verte bien! —Gritó Nayru agarrando a Wind por las orejas y acercando su rostro a él.
—Que-que- ¿¡Qué haces!? —Preguntó el rubio nervioso por la cercanía de su compañera, mientras un tono carmesí cubría sus mejillas.
—Estoy tratando de ver si realmente eres un cronodespalzado y no lo voy a poder lograr si no te quedas quieto y dejas parpadear, necesito ver tus ojos.
Wind suspiró y se tranquilizó tratando de no cerrar los ojos a pesar del ardor que comenzaba a sentir en ellos. Nayru inspeccionó cuidadosamente los iris negros buscando una señal en particular que solo ella y los de su clase podían ver. Tras algunos segundos fue capaz de ver la señal, una pequeña circunferencia mágica rodeaba las pupilas, eso era lo que necesitaba confirmar.
—Efectivamente Wind, eres un cronodesplazado.
—Ajá ¿Y eso que significa? ¿Es algo bueno? ¿Malo?
—No es ni bueno ni malo, significa que eres una persona que ha viajado a través del tiempo.
—¿¡Quee!?
Mientras Wind y Nayru mantenían esta conversación, cerca de ellos alguien contemplaba la escena interpretando todo de la peor manera posible.
Una de las sirvientas le había avisado a Ralph de la presencia de su amigo en los alrededores de la mansión, algo extrañado de que Wind hubiera aparecido y no hubiera pedido verlo, se dirigió a los jardines donde le habían dicho que estaba. Fue entonces que al acercarse vio aquello que le destrozó el corazón, Wind y su amada Nayru con sus rostros a escasos centímetros, mirándose fijamente a los ojos, como dos fogosos amantes a punto de culminar su amor en un apasionado beso.
Fue apenas un instante el que Ralph permaneció perplejo observando la situación, pues el dolor que invadió su pecho lo hizo huir de la escena aguantándose las lágrimas. Corrió con desesperación, sin querer ver el desenlace del encuentro de aquellos que creía amantes, no lo aguantaría, no soportaría ver a la mujer de su vida besando a aquel que creía su mejor amigo.
El jovenzuelo de pronto tropezó cayendo estrepitosamente y manchando sus finas ropas con tierra, pero al diablo con la etiqueta, los modales ¡Todo! Su dolor era tanto que le costaba respirar, sentía sus ojos calientes y las lágrimas acudieron a ellos mientras una triste mueca de sufrimiento se dibujaba en su rostro, lloró como jamás creyó que lo haría, se mordía los labios tratando de ahogar sus alaridos, le ardía el alma, como si su espíritu se quemara, y todo ello no era solo por el dolor de perder a la mujer que amó desde la primera vez que la vio, también era por la traición de su mejor amigo.
Ralph amaba a Nayru con todo su corazón y durante años había tratado de ganarse su amor, pero aun cuando aquella chica se mostraba tan cerrada, no perdía la esperanza de que se abriera a él, haría lo que fuera por ella, por ver su sonrisa y ser correspondido, pero ahora todos sus sueños y esperanzas deberían ser enterrados y pisoteados, esto no se lo perdonaría a Wind. Aunque doliera, sería capaz de aceptar que Nayru estuviera con alguien más, pero que le ocultaran su relación y no le hablaran de frente era imperdonable.
El resto de aquel funesto día, Ralph lo pasó masticando su pena y tratando de calmarse, no era muy dado a demostrar sus emociones, no quería que nadie lo viera en su momento de debilidad, por ello se encerró en la soledad de su cuarto donde permaneció en silencio hasta que la luna se colgó en el cielo.
Don Darian luego de una ardua jornada de trabajo y de soportar a su guardaespaldas todo el día, por fin se retiraba a descansar, al menos de noche podía estar seguro y prescindir de sus servicios, había notado que salvo por el primer ataque, estos nunca ocurrían después de la media noche, al parecer su asesino se acostaba temprano. Se dirigió al gran comedor donde esperaba tener una agradable cena, pero se sorprendió de encontrar nada más un puesto preparado para servir la comida.
—Oye tú —Dijo dirigiéndose a una sirvienta con su prepotencia habitual—. Dime por qué no está puesto el servicio para Ralph.
—El joven amo dijo que no se sentía bien —contestó la sirvienta con timidez—, por lo que dijo que no bajaría a cenar, no ha salido de su cuarto en toda la tarde, pero se negó a que se le llevara algo de comer.
Esto si era algo preocupante para Don Darian, quizás era un maldito egoísta a quien no le importaban los demás y que no tenía reparos en tratar a la gente como basura, pero con su hijo aún podía ser amable y atento, por eso luego de cenar se dirigió a verlo.
Tocó la puerta del cuarto de Ralph con suavidad esperando que le contestara, pero este le gritó que quería estar solo. Fue el tono de su voz, rasposo y quebrado lo que más preocupó a Don Darian, de tal forma que aún sin permiso, sacó una llave del manojo que llevaba consigo y abrió la puerta, al entrar se encontró a su hijo sentado sobre su cama abrazando sus rodillas con el rostro oculto.
—Ralph ¿Qué te pasa?
—¡Déjame! No quiero verte... No quiero ver a nadie...
—Ralph mírame.
—¡No!
—¡Te digo que me mires! —Le gritó el hombre.
El muchacho levantó la vista mostrando sus ojos hinchados y en aquel momento ya sin lágrimas de tanto llorar, la expresión triste y miserable que había en su rostro hizo que el padre frunciera el ceño, no sabía qué había pasado pero haría todo lo posible por solucionar el problema de su hijo y hacer pagar al culpable si es que había alguno.
—¿Que te pasó?
—Nada.
—No me mientas, esa cara que tienes no es por nada.
—No quiero hablar de eso.
—No te puedo ayudar si no me cuentas qué te pasó.
—No es algo que tú puedas solucionar... Y... No hay nada que hacer tampoco, solo déjalo.
—No, tú me dirás ahora mismo qué es lo que te pasó, no voy a permitir que mi hijo sufra sin yo saber por qué.
—Papá... No-no hace falta que te pre-preocupes... En serio. —Un cierto nerviosismo comenzaba a invadir a Ralph.
—¿Por qué no quieres que te ayude? ¿Acaso alguien te amenazó para que no me digas nada? —El rostro del hombre se endureció—. Si hay alguien que te esté causando problemas solo dímelo, yo me encargaré de él.
—No- No Nadie, Nada nadie. —Ralph hablaba nervioso y parpadeaba mucho.
—Me estás mintiendo, te conozco, siempre parpadeas de esa manera cuando me ocultas la verdad.
—No papá... No... No hagas nada, por favor...
Un silencio invadió la habitación mientras ambos se miraban a los ojos. Ralph temía que Darian tomara represalias contra Nayru, aun habiendo sido engañado por ella, no quería que su padre la expulsara de la casa, sabía que la chica no tenía nada ni a nadie, estaría sola y a su suerte.
—Fue ella ¿Cierto?
El muchacho lo miró sorprendido de que hubiera adivinado tan rápido la causa de su pena.
—Fue ella, por eso no quieres que me involucre ¿Te engañó?
— ¿¡Que!? No... Yo...
Ralph comenzó a temblar nervioso viéndose ya descubierto, a su padre no podía mentirle, a él le bastó ver su cuerpo tembloroso y sus parpadeos nerviosos para saber la verdad. Fue entonces que estalló en furia golpeando unos adornos de porcelana que descansaban sobre una pequeña mesita que había en el cuarto, el estruendo de la loza quebrada y los gritos del hombre alertaron a la servidumbre de que su amo tenía uno de sus famosos ataques de rabia, hacía tiempo que no le daba uno, pero todos conocían sus efectos devastadores, por lo que corrieron a ocultarse en algún lugar donde la furia no los alcanzara.
—¡ESA ZORRA MALAGRADECIDA! ¡Luego de todo lo que hicimos por ella así es como nos paga!
—Papá... No.
—¡Jamás debí aceptar que viviera con nosotros! ¡Y no la defiendas Ralph! ¡Esa mocosa te engañó! ¡Te traicionó! ¡Es una maldita ramera, igual que tu madre que nos abandonó para irse con otro hombre! ¡No llores por ella que no vale la pena! ¡Ninguna mujer vale la pena, todas son iguales!
Al dolor de la traición reciente, también se le sumaba el dolor de las palabras de Don Darian, para Ralph el recuerdo de su madre siempre había sido un tema delicado, aún con el paso de los años le costaba asumir que su madre no lo quisiera y se hubiera ido sin siquiera despedirse, además abandonándolo en aquel infierno, pues esta mujer era la causa de que Darian llevara una existencia tan amargada.
—Ahora pondremos fin a todo este circo. —Dijo el hombre más tranquilo pero con sus puños aun temblando de la rabia.
—Papá... ¿Qué vas a hacer?
—¿Qué no es obvio? Voy a correr a esa zorra de aquí.
Ni las súplicas de su hijo disuadieron al mercader de sus intenciones, recorrió a Zancadas el trecho que lo separaba de la habitación de la servidumbre, donde la mayoría estaban recluidos en sus cuartos por temor al arranque de ira del amo. Este pateó la puerta y se introdujo en la habitación de la peliazul que estaba recogida en su cama temblando de miedo por todo lo que había escuchado.
—Yo... Yo no hice nada... ¿Qué me va a hacer? —Gimoteó la niña asustada.
—¿¡Y te atreves a negarlo!? ¿Niegas que engañaste a mi hijo cuando él te vio con sus propios ojos?
El rostro de terror que puso Nayru fue la confirmación que necesitó Darian para culpar por completo a la chica, sin saber que aquella expresión se debía a otras causas. Nayru pensó que Ralph había mentido para correrla de la casa, de forma abrupta y sin miramientos. Su peor temor se había cumplido, el chico ya no la quería y ahora era un estorbo, sin embargo jamás pensó le haría algo tan horrible como inventar semejante mentira sobre ella.
La pobre muchacha trató de defenderse alegando su inocencia, pero sus palabras parecían rebotar en los oídos del hombre, ni sus llantos ni las súplicas de Ralph lo disuadieron de su propósito. La mansión completa escuchó como Nayru era arrastrada por los pasillos hasta el exterior de la casa, para luego continuar por los jardines hasta el exterior de los terrenos de la mansión, donde tras una rápida orden al portero, este abrió la reja.
Entonces la peliazul fue arrojada a la calle como si fuera un animal pestilente, allí sin nada más que vestir que su ligero pijama se recogió de frío y miró al que antaño fue su benefactor.
—Lárgate basura, vete de aquí y no regreses —le dijo el hombre aún con la furia brillando en sus ojos—. Y agradece que mi decencia impide que te tire a la calle desnuda, porque ni de la ropa que usas eres dueña ¡Ahora largo!
Tras decir esto, Darian retornó a la mansión, su hijo que lo había seguido todo el trayecto se dispuso a seguirle el paso, no sin antes dar una última mirada a la que fue el gran a mor de su vida, pero entonces lamentó haberlo hecho, la gran tristeza que vio en los ojos de la doncella y sobre todo el gran odio que comenzaba a brotar le dolieron como una daga en el corazón. Quiso decirle que todo estaba bien, que él la ayudaría, que todo se arreglaría pero el dolor lo abrumó y huyó dentro de su hogar.
Allí se quedó la pobre muchacha, temblando de frío y llorando de desesperación ¿Qué haría ahora? ¿A quién acudiría? No podía ir con su padre, a él no le interesaba y aunque lo hiciera, estaba a varios de días de viaje ¿Podría contar con que alguna de sus amigas la acogiera? ¿Aquellas con las que ya hacía tanto tiempo que no podía mantener una conversación decente? No se sentía segura de confiar en ellas, a pesar de que Nana decía que aún con la distancia seguían manteniendo su amistad.
Paralizada por la incertidumbre y el miedo no notó que alguien se acercó a ella y solo se dio cuenta cuando escuchó su cálida y gastada voz.
—¿Qué haces aquí afuera llorando? ¿Qué pasó mi niña? —Dijo Nana.
—¡Nana me botaron de casa! —Gritó Nayru llorando y corriendo a los brazos de la anciana, quien la acogió tratando de calmarla y abrigarla.
—Ya ya, tranquila, todo está bien, pronto arreglaremos este lío, yo te cuidaré, no estás sola cariño, superaremos esto juntas.
Dramas y más dramas, sobre todo para la pobre de Nayru, de quien hablaremos hoy.
Nayru es un personaje que proviene del juego Oráculo del tiempo, que es un juego vinculado otro llamado oráculo de las estaciones, había un sistema de claves que se obtenían en un juego y se pasaban al otro para desbloquear escenas y objetos. Pero dejando de lado eso, Nayru era justamente la oráculo del tiempo, la mujer con habilidades mágicas que le permitían viajar en el tiempo y cambiar la historia y que en el juego era controlada por una malvada bruja llamada Veran, que usaba sus poderes para causar toda clase de horrores en el flujo temporal, por supuesto, como siempre, nuestro deber era salvarla.
Nayru era de esos personajes buenos y genéricos, chica encantadora, dulce, guapa y amable destinada a ser rescatada de algún peligro, no habían muchos datos importantes sobre su personalidad que me sirvieran para construir el personaje, el único dato extra de ella es que le gusta cantar, fue por eso que me tomé muchas libertades con ella buscando convertirla en una persona interesante, un poco envidiosa, un poco amargada, un poco celosa, desconfiada, cerrada, humana. Pero las experiencias que uno tiene en la vida condicionan mucho la conducta de la gente, quizás si Nayru hubiera tenido una infancia feliz, sería más parecida a la Nayru del videojuego, dulce y amable con todo el mundo.
