Aviso antes de leer. Para los lectores que no hayan visto la serie de Good Omnes, lo mas seguro es que se lleven una gran cantidad de spoilers y de paso que no entiendan el transcurso del fic. Por ello, los invito verla para que puedan entender de mejor manera el oneshot.

Sin tener mas que decir.¡Que lo disfruten!


25 de Octubre de 1940

Cuando Dios creó el amor siempre se creyó que este correspondía netamente para los humanos. O eso pensaba Aziraphale.

Y qué manera de darse cuenta de ello mirándolo con sus propios ojos.

A su vista lo podía ver a él. Al mismísimo demonio Crowley frente a sus narices. Sin embargo, este no venía solo. Una mujer lo acompañaba y no solo se conformaba con su presencia. Las manos traviesas del demonio se pasaban en el voluptuoso trasero de la mujer. Ella no protestaba en absoluto, es más lo incitaba a continuar tocándole la entrepierna de manera fogosa con las manos.

Crowley se veía complacido ante la insistente atención que le proporcionaba Norma Jeane Baker o mejor conocida como Marilyn Monroe. Sin embargo, aún no era llamada de esa forma, no dentro de diez años más. Quien diría que la mujer que Crowley tenía entre sus brazos seria consideradas como una de las celebridades más icónicas de la época.

Oh Dios Santo, pensó el ángel mirándolo de manera reprobatoria. Y más encima en plena calle. ¿Acaso no tenia un poco de recato? Y por sobre todas las cosas. ¿Es que acaso los demonios, al igual que los ángeles, no tenían permitido establecer relaciones amorosas con seres humanos?

Frunció los labios con fuerza. Y sin poder seguir presenciando dicha escena, Aziraphale abandonó la calle en penumbra. Se sintió un idiota, y no por pensar que lo que estaba haciendo Crowley era indecoroso y fuera de lugar. Sino lo que sus acciones provocaban en él.

Gracias a un milagro, llegó en menos de un segundo a su librería ubicada en la esquina. Rápidamente abrió la puerta de entrada y con apuro la cerró para dar un agobiante suspiro. Ya podía sentir el nudo instalarse en su garganta y como los ojos comenzaban a arderle copiosamente. Trató de respirar hondo para reprimir todos sentimientos que le generaban ver al demonio con otra persona.

-Libérame de este pecado, señor- Dijo Aziraphale con pesadez.

Dejo caer su peso en el sofá acolchado, frotándose nerviosamente sus manos intentando de serenarse y poner todas sus ideas en orden. Sin embargo, no podía hacer mucho al respecto. Nunca pensó que estar casi seis mil años en compañía del demonio Crowley podía causar estragos en él y su amistad.

Amistad. ¿En qué momento la amistad que sentía por el demonio dejó de serlo? Sinceramente, ya ni él se acordaba. Había pasado tantos años desde que se dio cuenta de ello que ya había perdido la cuenta. Sin embargo, había sensaciones pequeñas de las que si se acordaba. La manera en que su sola presencia fue ganando poco a poco su corazón. Sintiéndose cálido cada vez que se encontraba con él en las distintas circunstancias que originaba la historia.

Lo quería tanto que lo hacia sentir pecaminoso.

Alejó sus ideas antinaturales. Si tan solo alguien se enterara de lo que sentía por Crowley estaría condenado por sus hermanos celestiales. Sería su ruina. No, simplemente nadie podía saberlo. Ni siquiera el mismísimo demonio.

Si tan solo él se enterara, pensó Aziraphale en aquella posibilidad. Sin embargo, ¿Qué conseguía con ello? ¿Qué el demonio correspondiera sus sentimientos? Se sintió estúpido en pensar un acontecimiento tan poco probable. El demonio Crowley jamás podría tener sentimientos afectivos que fueran más allá de los de una amistad. El amor no estaba dentro de su diccionario. De hecho, desconocía lo que Crowley sentía por su persona. ¿Lo consideraría su amigo? No lo sabía.

Se apretó la cara queriendo dejar de pensar esas tontas preguntas sin respuesta. Intentó despejar su mente en otra cosa, pero fue imposible. Preguntas que se repetían constantemente dentro de su cabeza volvían a evocarse sin ser llamadas. ¿Qué más podía esperar de él o mejor dicho que era lo que él quería recibir de Crowley? ¿Amor?

-No empieces con esto de nuevo, Aziraphale- dijo el ángel para si mismo- es ridículo esperar amor proveniente de él.

Los demonios no sienten amor, ellos sienten otro tipo de cosas, como la lujuria, por ejemplo. Se sintió hipócrita en juzgar a su amigo de esa manera. Solo Dios tenia el derecho de hacerlo. Pese a que sus hermanos celestiales lo hacían sin ningún remordimiento.

Cerró los ojos y dejó divagar su mente en pequeños escenarios imposibles. Queriendo sentir los largos dedos de Crowley sobre su rubio cabello. Su respiración rozándole suavemente la mejilla. Sus fríos labios comiéndoselo a besos.

Pensar en tales ideas, hizo que se su rostro se tornara de mil colores. Abrió los ojos de golpe y se dirigió velozmente para ir al baño a restregarse cuantas veces fuera necesario el rostro. Tenia que calmar el frenético latido que generaba su corazón, así que luego de salir buscó alguna actividad que mantuviera su mente ocupada.

Durante la madrugada del día siguiente, la calma de la librería fue interrumpida por Crowley, quien pese a que no eran horarios de atención, se adentró a la guarida del ángel.

-¿Qué se supone que estas haciendo? -preguntó el demonio al ver al ángel tan concentrado con unos palillos.

La blanca bufanda tenía por lo menos diez metros de largo. Aziraphale no se había percatado de cuanto había avanzado en unas cuantas horas.

El demonio tomó la suave bufanda entre sus manos, rozando sus ásperas manos con la delicada lana de la prenda echa a mano. Sus ojos de reptil observaron los lindos detalles de esta. No era una sorpresa encontrarse algo como esto hecho por las manos del ángel.

-Si hubiera sabido antes que te dedicabas a estas cosas, hubiera considerado la idea de pedirte una bufanda como obsequio.

Pese al elogio que dijo Crowley, el ángel no dijo nada en absoluto. Y eso no pasó inadvertido para el pelirrojo.

- ¿Sucede algo?

- ¿Por qué debería suceder algo? - preguntó el ángel sin quitar su vista del tejido.

- No lo sé-refutó el demonio cruzándose de brazos- tú dime.

- No tengo nada de que hablarte, si eso te calma un poco- dijo Aziraphale dejando los palillos a un lado y levantándose para prepararse una taza de té.

Crowley lo siguió y se apoyó en el marco de la puerta para mirar como el ángel tomaba la tetera y la llenaba de agua para después ponerla sobre el fogón. Sacó dos tazas de porcelana y las puso sobre la mesa redonda Los ojos dorados de Crowley miraron como el ángel sirvió con delicadeza ambas tazas. Entonces preguntó:

-¿Qué hacías ayer en Brentwood Heights?

Esa pregunta lo tomó desprevenido y sin querer tiró un poco de té a la mesa, el cual manchó el hermoso mantel bordado.

-No se te vaya a caer toda la tetera-dijo Crowley chasqueando los dedos para dejar el mantel sin ningún rastro de té.

-Muy gracioso- dijo Aziraphale sentándose en la silla y ofreciéndole asiento al pelirrojo, quien negó con una mano manteniendo fija su postura.

- ¿Y bien? -preguntó el demonio insistiendo con el tema.

-Mi trabajo como servidor del señor es vigilar que todo en la tierra marche como debe ser.

- ¿Y en un lugar tan lejano? -preguntó el demonio -no sueles alejar mucho tu presencia de Londres, ángel.

-Tengo que cubrir todos los lugares que se encuentren en mi poder. Sin importar lo lejos que tenga que ir. Es parte de mi tarea.

- Ya veo ¿Y tu tarea también contempla que me vigiles?

El ángel se atragantó al ser descubierto. Sin embargo, intentó no demostrarlo. Sus manos temblorosas dejaron la taza de té sobre el pulcro platito y fingiendo demencia dijo:

-No sé de qué hablas.

-Por favor, ángel, tú sabes perfectamente que a ti no se te da bien mentir-dijo el demonio tomando la silla para quedar a la misma altura que el ser celestial- me viste ahí y te consta.

Se sintió de lo peor al ser descubierto por un demonio. Y más aún si se trataba de Crowley.

-Bien, me atrapaste. Aun así, no le veo el problema. O mejor dicho sí. Ahora que lo pienso si hay un problema. Nunca pensé que a los demonios se les tuviera permitido fraternizar con los humanos. Pensé que estábamos regidos por las mismas reglas.

Crowley sonrió complacido. Sus largos dedos tomaron la taza de porcelana y antes de darle un buen sorbo al contenido de ella dijo:

-Independiente de las reglas que tengamos, no es de tu incumbencia lo que haga o no, Aziraphale.

Esas palabras definitivamente dañaron su corazón. Y Crowley se percató de ello ante la mirada triste que el ángel le dedicó. Se mordió el labio arrepintiéndose casi inmediatamente de lo dicho.

-Yo no quise...

-No, esta bien- dijo el ángel levantándose de la mesa y dejando su taza en el fregadero- tienes toda la razón después de todo. Es solo que me causa extrañeza que un demonio se fije en cosas tan ínfimas como los seres humanos, es decir, uno esperaría que buscaran otra cosa ¿no?

-¿Otra cosa?

-Así es, alguien que fuera tu semejante-dijo Aziraphale sin pensar en cada una de sus palabras.

-En alguien como tú.- dedujo el demonio.

Aziraphale pudo jurar que la atmosfera se había congelado apenas Crowley dijo esas palabras. Se giró para mirar al demonio. Sin embargo, este no tenia ni un gramo de diversión en su rostro, es más, se veía tan serio que no podría creer que estuviera hablando en serio.

-¿Acaso te caíste mientras venias hacia aquí? Lo que estas diciendo es una desfachatez.

-¿Por qué lo sería?- preguntó el pelirrojo acercándose peligrosamente al ángel.

- Por favor, no juegues conmigo- dijo Aziraphale sintiéndose arrinconado por el cuerpo de Crowley y por sus palabras- estas diciendo tonterías.

- ¿Y si te digo que lo que siento no son tonterías? -insinuó el demonio. Esas palabras generaron gran preocupación en el ángel.

-Desconozco a lo que te refieres.

-Me refiero a esto- dijo el demonio tomando la mano de Aziraphale entre las suyas y la guió hacia hacia su pecho. Los nervios afloraron el cuerpo del ángel al sentir los fuertes latidos provenientes del pecho de Crowley- ¿Lo sientes verdad? Me he sentido de esta manera hace centenares de años, ángel. Lo hago desde la vez en que me ofreciste tu ala ante la lluvia. Un ángel, ofreciéndole cobijo a un ser tan pernicioso como yo. Nadie antes lo había hecho antes.

Aziraphale se quedó petrificado ante las palabras de Crowley. Y su corazón, al igual que el de su contra parte latía desenfrenado. Su mente le repetía mil veces que esto no podía ser. Sin embargo, su corazón estaba tan feliz que estaba seguro que se le podría salir del pecho.

- Te amo, Aziraphale. Por favor, déjame demostrártelo.

Crowley eliminó cualquier distancia que hubiera entre ellos dos y selló los labios del ángel con los suyos. Los guantes negros tomaron el rostro del otro y lo acercaron para profundizar aun más el beso. Mientras tanto, Aziraphale se encontraba en estado de shock. Sin embargo, no pudo mas que dejarse llevar por los labios del demonio. Inconscientemente llevo sus manos temblorosas hacia el rostro del Crowley, e inocentemente comenzaron a acariciar su frio rostro. El pelirrojo se sentía genuinamente feliz de que el ángel correspondiera su muestra de afecto.

Sin embargo, lo bueno no duró mucho.

La estricta conciencia del ángel actuó enseguida y separándose bruscamente del beso anhelado después de tantos milenios. Aziraphale lo vio con terror y se apartó. Crowley se sintió desfallecer ante ese acto.

Observó a Aziraphale caminar nervioso por la cocina, sujetándose sus cabellos rubios. Su mente trataba de procesar todo lo que acaba de pasar.

-Ángel...

-Estas equivocado.

-No lo estoy, Ángel. Estoy completamente seguro de lo que siento. Te amo. Y tú también lo haces. Lo puedo sentir.

-¿Qué?-preguntó consternado el ángel- ¿Cómo fue que te diste cuenta?

-Antes tenia una pequeña noción de tus sentimientos hacia mi, pero ayer pude corroborarlo por completo. Tú me amas.

Sintiéndose descubierto por el demonio, Aziraphale se cubrió la boca con su mano izquierda. Se sintió expuesto y vulnerable. Crowley se había dado cuenta de lo que estuvo ocultando durante tantos milenios. Ahora que este sabia sus sentimientos se encontraba a su merced. A diestra y siniestra, Crowley podría manipularlo a su antojo.

-No- espetó el Aziraphale rotundo- Lo que tú acabas de hacer no tiene perdón, Crowley. ¿Cómo puedes ser tan cruel?

-¿De qué hablas?-preguntó el demonio confundido- no te entiendo.

-No te atrevas de hablarme de algo tan hermoso como el amor. Tú no me amas. Nunca lo has hecho.

-Eso es mentira, ángel. Te amo desde tiempos remotos. Desde mucho antes de que el hijo de tu Dios fuera crucificado.

-No, eso no es verdad. Mientes.

-No miento, ángel -dijo el demonio tomando las manos pálidas del ser celestial y las cubrió entre las suyas- Yo jamas podría mentirte a ti, Aziraphale. ¿Por qué mi amor por ti es tan difícil de creer?

-No te creo. Si me amaras tanto como dices no habrías besado a esa mujer.

-¿Acaso estas celoso, ángel?

-No tergiverses mis palabras, Crowley-dijo el ángel seriamente.

Crowley observó como los ojos de Aziraphale comenzaron a cristalizarse. El ángel estaba hablando desde lo mas profundo de su corazón.

-No te atrevas a jugar conmigo. Puede que te hayas enterado de alguna forma de mis sentimientos por ti. Soy lo suficientemente transparente como para que te hayas dado cuenta. Sin embargo, eso no es justificación para que juegues con mis sentimientos. No tienes el derecho de hacerlo.

Sintiéndose igual de herido que el ángel, Crowley se acercó a este lo suficiente para quedar frente a frente. Sus ojos de reptil lo miraban serios, cosa que hizo estremecer al hombre de cabellos rubios.

-Puede que me estés metiendo dentro del mismo saco con los demás demonios. Entiendo que te dejes llevar por lo que dicen tus hermanos acerca de mi bando. Sin embargo, no puedo concordar contigo esta vez. ¿Cómo es posible que un hombre tan brillante como tu pueda ser tan ciego? ¿Que no te das cuenta? Te amo, Aziraphale. No sabes la dicha que me ha surgido cada vez que el universo logra volvernos a reunir. Cada momento, cada fracción de segundo que he compartido a tu lado me ha otorgado una dicha indescriptible. ¿De qué manera puedo interpretar esto sin que suene a que estoy completamente rendido a tus pies?

Aziraphale lo miraba queriendo creer en sus palabras. Su corazón le rogaba por creerle y dejarse llevar por el amor que Crowley le profesaba. Sin embargo, su lado racional le decía que tuviera cuidado y que no se entregara a las mentiras que el demonio decía.

-Lo que pasó ayer con esa mujer no tiene ningún grado de comparación por lo que siento por ti. Mis sentimientos por ti son genuinos. ¿No te bastan los casi seis mil años que pasamos juntos? ¿No son los suficientes para que confíes en mi?

El ángel Aziraphale no contestó. La desconfianza y el prejuicio parecían ser mas grandes que la sinceridad que le ofrecía Crowley. Y eso el demonio pudo entender a la perfección.

-Me temo que no, ¿Verdad?

Con sus sentimientos heridos, Crowley tomó su sombrero negro y abandonó la cocina. No podía criticar al ángel por juzgarlo. Después de todo los seres del inframundo no tenían buena reputación.

Una vez que sonó la campanilla de la puerta indicando que el demonio se había marchado, Aziraphale se sentó lentamente en la silla de la pequeña cocina. Respiró hondo tratando de asimilar todo lo que había pasado durante los pasados minutos.

-Fue bastante razonable de tu parte rechazarlo de esa manera, Aziraphale.

Sintiendo la presencia del arcángel a su espalda, Aziraphale se giró para encontrarse con la vista amatista de Gabriel. Su rostro mostraba una sonrisa altanera y petulante.

-Hiciste bien en ponerlo en su lugar-dijo el castaño sentándose en una de las esquinas de la mesa- No es bueno creer en seres tan despreciables como los demonios. Uno nunca esta seguro de que tan confiables pueden llegar a ser. Aunque debo admitir que su manera de tentarte fue bastante ingenua. ¿Un demonio sentir amor? Eso nunca se ha visto en la historia de la humanidad. ¿Acaso no pudo encontrar una excusa menos tonta?

El ángel reparaba en todo el veneno que Gabriel escupía desde su boca. ¿Tan cierto era lo que el arcángel decía?

-¿Tan imposible es? Digo... que un demonio pueda amar.

Gabriel se le quedo mirando con ojos acusadores, como que si lo que hubiera dicho se tratase de una barbaridad.

-¿No me digas que en el fondo le creíste, Aziraphale? -preguntó el arcángel de manera retorica- Me sorprendería que tan lejos podría llegar tu inocencia. Sin embargo, en caso de creerle este supuesto enamoramiento. ¿Qué cosa o atributo habría visto en ti para profesarte amor eterno? No tienes nada bueno que ofrecerle. Ni siquiera tu rango de principado es tentador.

Luego de sentir como su orgullo fue pulverizado por las palabras del arcángel, observó como este se levantó de la mesa y limpiándose las manos dio por terminada su tarea de vigilar que todo en cuanto al ángel estuviera en perfectas condiciones.

-En fin, terminemos de pensar en ridiculeces. Pese al pequeño incidente de hace unos momentos, veo que todo en tu sector se encuentra en orden. Puedes estar tranquilo, Aziraphale. Omitiré este degradante acontecimiento en mi informe. Solo espero que juegues bien tus cartas de ahora en adelante. Porque créeme que el castigo que te esperaría o que le espera a ese demonio es peor del que te puedes imaginar.

El arcángel Gabriel chasqueó los dedos y se desvaneció dejando un resplandor luminoso en donde antes estaba su figura. Luego de que el ultimo rastro de luz desapareciera, el ángel cerró los ojos y entrelazó sus manos para encontrar un poco de serenidad.

15 de Noviembre 1941

Sintiéndose acorralado por grandes influencias del bando de los del eje, Aziraphale estaba asustado. Nunca pensó que esto se trataría de una emboscada hacia su persona. Miro como el gatillo que Rose Montgomery apuntaba hacia él y respiró hondo. Ya nadie podría salvarlo de lo que su destino le tenia deparado. Fue entonces cuando sintió una quinta presencia dentro de la iglesia. Se quedó perplejo al ver que era nada mas ni nada menos que Crowley, quien parecía incomodo pisando un lugar sagrado.

Su corazón latió desfrenado. Habia pasado un poco mas de un año desde la última vez que lo había vuelto a ver. Pese a que había estado largos periodos sin verlo, esta vez fue diferente. Desde el pleito que tuvieron aquella madrugada, no intercambiaron contacto alguno. La ausencia del demonio había sido pesada durante cada día en que no lo vio. Y ahora verlo ahí, en el lugar menos cómodo para un ser del inframundo no hacia mas que hacerlo tiritar.

Luego del bombardeo que Crowley advirtió, Aziraphale se encontraba entre los escombros de lo que alguna vez fue una iglesia. El demonio se encontraba frente a él apoyado en un pedazo de columna. El ángel apretó las manos nervioso. No sabia como agradecerle el hecho de haberlo salvado una vez más.

-¿Cómo has estado? -preguntó Crowley con indudable interés.

El ángel miro hacia abajo y contestó:

-He estado mejor. Te agradezco mucho por lo de ahora.

De pronto lo recordó la razón por la que estaba ahí. Los libros.

-¡Dios santo, los libros! Los he perdido por completo- dijo Aziraphale con arrepentimiento.

Crowley se acerco a él y tomó el maletín que se encontraba fuertemente por la mano muerta de Rose Montgomery. Finalmente se la tendió al ángel, quien miro el maletín maravillado e impresionado. No sabía como agradecer aquel detalle. Entonces, Crowley se adelantó a contestar.

-Un milagro demoníaco de mi parte. No hay de que- dijo el demonio negando con la cabeza- me alegro de que estés bien.

Cuanto deseó permanecer un rato más con Aziraphale, pero lo mejor era retirarse del lugar. Ya había cumplido con salvarlo y su corazón ya podía descansar tranquilo. El ángel observó como los pies del demonio se alejaban de él, quiso detenerlo. ¿Cómo debía tomarse la acción que había hecho Crowley? El hecho de haberlo salvado era sin lugar a dudas una gran prueba de amor. Él pudo haberlo dejado morir en manos de esos nazis. Sin embargo, cambió su desenlace interponiéndose una vez más. Quería pensar en ello como un acto de amor, pero parte de él le decía que podía estar equivocado ante su interpretación. Quitó esos prejuicios de su cabeza.

Basta de tanta tontería, pensó Aziraphale. No le importaba cual fue la finalidad de su rescate, lo único que quería en ese momento era decirle a Crowley cuanta falta le había hecho en el último año.

Grande fue su tristeza cuando se percató que estaba completamente solo.

15 de agosto de 1967

Ni siquiera sabia que demonios hacia allí, pero tenia una clara idea de por qué. La necesidad de Crowley por tener agua bendita no podía pasar desapercibida. Y más aún cuando sabia de buena fuente que el demonio iba a exponer su propia integridad con tal de obtenerla.

Sentado en el Bentley del demonio, esperó inquietamente que este marcara su presencia. Sus manos tiritaban afirmando lo que era un maletín beige. El solo saber que Crowley aparecía en cualquier momento lo hacia ponerse nervioso. Tuvo que dejar su miedo de lado cuando divisó al hombre delgado cruzar la calle dirigiéndose hacia el auto. Se había dejado crecer el cabello, luciendo un look parecido al de John Lennon. No le gustaba mucho ese cambio en su apariencia. Le gustaba mas cuando tenia el cabello largo y risado.

Dejando de lado el aspecto que más consideraba atractivo en Crowley, Aziraphale respiró hondo y cuando este abrió la puerta del copiloto se hizo visible ante el ser del inframundo.

Crowley sintió un ataque en el pecho al ver al ángel de golpe y sin esperar mucho preguntó:

-¿Qué se supone que estas haciendo aquí?

Observó a Aziraphale intentar entablar una oración, pero sus nervios le dificultaban dicha labor. Al cabo de unos segundos dijo:

-Necesito hablar contigo.

-¿De qué quieres hablar?

-Sé lo que tramas y considero que es una barbaridad lo que vas a hacer-dijo el ángel preocupado- ¡Lo que harás es peligroso Crowley! ¡Tu vida esta en riesgo!

-No necesito saber lo que piensas, Aziraphale. Ya me lo dejaste bastante claro hace 105 años. Independiente de lo vaya a hacer, no es de tu incumbencia.

-¡Por supuesto que lo es! ¡Es tu cuerpo el que expones!

-¿Desde cuando mi bienestar es prioridad para ti?

El ángel se quedo mudo ante la manera en que Crowley se dirigía a él. Su tono era frió y desinteresado. Sin embargo, no se dejaría atormentar por ello. No esta vez.

-Desde el momento en que me di cuenta de mis sentimientos por ti.

Lo dicho hizo que el demonio pusiera toda su atención en el ángel. Sus ojos dorados lo miraron atónito, incrédulo de lo que Aziraphale acaba de decir.

-No estarás hablando en serio. No después de todo lo que dijiste aquella vez.

-Estoy hablando en serio, Crowley-dijo el ángel sin una pizca de mentira en sus palabras- Que Dios me perdone, pero te amo tanto que no quiero que nada malo te suceda. Extrañé tanto tu compañía en estos últimos años que no podría vivir con la posibilidad de que algo malo te pase y más aun con lo peligroso que es tu plan.

Crowley se le quedó mirando por unos segundos. Cuan feliz se había sentido por escuchar esas palabras por parte del ángel.

-Aziraphale, yo...-quiso seguir hablando pero el ángel no lo dejó continuar.

-Así que quiero que canceles el robo-dijo el ángel otorgándole el termo -solo ten cuidado con ella, por favor.

El fúnebre corazón de Crowley latía sin control y no solo porque por fin tendría posesión del agua bendita. ¡Al demonio con el agua bendita! Aziraphale había dicho que lo amaba e incluso estuvo dispuesto a arriesgarse a lo que sus superiores le tendrían destinado por obsequiarle el tan sagrado liquido.

-Muchas gracias- dijo Crowley tomando el termo y dejándolo en el portavasos del auto- de verdad valoro mucho esto, pero no lo digo por el agua bendita.

Aziraphale se quedó tieso al sentir la áspera mano del demonio tocar su rostro. Suspiró nervioso ante el tacto. Podía sentir como los vellos de su cuello se le erizaban y como sus orejas comenzaban a ponerse rojas.

-Mis sentimientos por ti no han cambiado, ángel. Tus años de ausencia no me harán cambiar de parecer. Te amo Aziraphale.

La mano desocupada el demonio, se posó en la tibia y regordeta mano del ángel, y la acarició con vehemencia. De pronto, Crowley sintió temor al ver como esta comenzó a alejarse con temor. Rapidamente, llevó su vista dorada hacia los ojos tristes de Aziraphale. Entonces lo siguiente que escuchó le destrozó su corazón.

-Lo siento, pero no puedo-dijo el ángel completamente arrepentido- no puedo ir a tu ritmo.

-Espera-dijo el demonio intentando alcanzar al ángel. Sin embargo, este con un milagro desapareció del auto.

Devastado, Crowley apoyó su cabeza en el respaldo del auto intentado calmarse para evitar cometer una atrocidad.

Un día para el fin del mundo

Aziraphale observaba nervioso como el demonio Crowley se paseaba desenfrenado. Esta nervioso, asustado y completamente furioso de que el dichoso plan inefable del todo poderoso se haya ido al caño por su propio desempeño. Sabia que cometería errores a lo largo de su existencia, pero nunca imaginó que su ineficiencia llegaría a tal magnitud de estropear el plan que hace once años se le fue encomendado.

-Es el fin- dijo Crowley enloquecido- ¡El plan se fue al carajo!

-Por favor, tranquilízate.

-¿Cómo quieres que me tranquilice? Estropeé todo, Aziraphale. Lo estropeé desde el momento en que sujeté la canasta del anticristo. Debemos hacer algo.

Una vez más el demonio emprendió el paseo, tomando esta vez la mano del ángel. Consternado por no saber a donde Crowley lo llevaba le preguntó:

-¿Qué haremos?

-Huir

-¿Qué? ¿estas loco? -preguntó el ángel deteniendo su caminar y de paso el del demonio.

-¿Por qué no? Es una magnifica idea.

-¿Dónde quieres escondernos? No hay lugar en el planeta para escaparnos de Dios.

-El universo es bastante grande, ángel. Encontraremos la manera de escapar de sus ojos.

-No es buena idea, Crowley.

-¿No te lo imaginas? Podremos huir juntos, sin que nadie se interponga en nuestro camino- dijo el demonio tomando gentilmente la mano de Aziraphale- podremos escapar juntos y empezar lo que tanto hemos anhelado. Estar juntos hasta el fin de los días, mi ángel.

-¿Escapar juntos? ¿Acaso escuchas lo que dices? No tenemos ningún futuro juntos, Crowley. Simplemente no podemos.

-¿Por qué no? Nos conocemos hace seis mil años. Y de alguna forma el universo siempre se las ha empeñado en unirnos. Estamos destinados a estarlo, Aziraphale. ¿Qué es lo que te da tanto miedo? ¿Tu bando? ¿Tus hermanos los ángeles? ¿Dios? ¡Dime que quien mierda te da tanto miedo y lo pulverizaré con mis propias manos!

-No hagas esto más difícil ¿Has pensado en algún momento de tu eterna existencia qué es lo que somos? Yo soy un ángel y tú eres un demonio-dijo Aziraphale con el dolor de su alma- Lo nuestro nunca podrá funcionar. No estamos hecho para estar juntos.

-Pero nos amamos.

De pronto algo retumbo en el pecho de Aziraphale. Lo sentía, podía sentir la presencia de Gabriel con otros dos arcángeles. Miro al demonio, quien todavía seguía a su lado. No, definitivamente tenia que sacarlo de ahí. A toda costa.

-Yo no te amo-dijo el ángel fríamente.

El aire pareció congelarse cuando Aziraphale dijo aquello. Sin embargo, todo el silencio quedó de lado cuando Crowley comenzó a reírse tenazmente. El angel se le quedo mirando sin entender el motivo de su risa. Cuando por fin dejo de reír, se quitó los lentes y se secó las lagrimas que amenazaban con salir de sus ojos.

-Por supuesto que me amas. Recuerdas que hace 52 años me dijiste que me amabas. ¿Acaso se te olvidó? He sido paciente, Aziraphale. Y puedo seguir siéndolo por un centenar de años más si eso significa poder estar contigo. ¡Huyamos por lo que mas quieras! Es nuestra oportunidad de estar el último tiempo que nos queda juntos.

-Eso fue hace mucho, Crowley. Tienes una idea completamente errada de mi. No te amo, y aunque tuviera la elección de irme a tu lado, no lo haría. Somos de bandos contrarios.

-Desde el momento en que nuestros sentimientos fueron correspondidos pertenecemos al mismo bando, Aziraphale- dijo el demonio sujetándole ambas manos- nuestro bando.

El ángel separó sus manos de las de Crowley de manera brusca y retrocedió unos pasos alejándose de la presencia del demonio. Esto le dolía mucho más de lo que imaginaba. Sin embargo, no desistió. Con tal de proteger al demonio, seria capaz de romperle el corazón.

-¡No existe nuestro bando, Crowley! Se acabó. Ya no más. ¡Entiéndelo por favor! Yo no podría amar a un ser como tú.

El demonio se mordió el labio inferior y tratando de ocultar su pena se puso nuevamente los lentes negros. Con los sentimientos igual de heridos que aquella vez, Crowley asintió con la cabeza resignado.

-Perfecto. Si es lo que quieres. Para que conste...lo intenté.

El sonido de los pies de Crowley pisando las hojas a su paso fue todo lo que escuchó Aziraphale. No lo vio marchar. No podía hacerlo. Si veía su silueta alejarse de él, lo más seguro es que se arrepentiría y rogaría que no se fuera. Inhaló fuertemente, tragándose las ganas de llorar. Todo lo hacia únicamente por el bienestar de Crowley. No quería ver lo que su bando era capaz de hacer con él por el mero hecho de amar a un ángel.

Cuando llegó a la librería, buscó el libro de Agnes para ver si alguna profesía podía ayudarlo a saber lo que vendría dentro de unas horas. Sin embargo, no le dio tiempo de hacer nada. Ante sus ojos, apareció el arcángel Gabriel junto con a Uriel y Miguel a sus costados.

-¿Qué fue lo que escuché, Aziraphale? -preguntó Gabriel- ¿Ese demonio dijo que tú lo amabas? ¿Es eso cierto?

Uriel y Miguel sujetaron al ángel uno en cada brazo. Pese a que Aziraphale las tenia todas de perder, ya que, eran tres contra uno, no tuvo miedo.

-Es cierto.

Los otros dos arcángeles se impresionaron ante la afirmación y rápidamente se pusieron nerviosos. Miraron a Gabriel quien no tenia la mejor cara.

-¿Qué dijiste? -preguntó Gabriel con enfado ante la osadía del ángel en afirmar tal acción.

-Lo que escuchaste, Gabriel- dijo el ángel con una sonrisa en los labios- Amo al demonio. Amo a Crowley con cada fibra de mi ser.

-¿Cómo es posible que un ángel pueda sentir algo tan banal como el amor? ¡Y por un demonio! Eso solo corresponde a los humanos, Aziraphale. ¡Recapacita antes de que el señor todo poderoso te castigue!- comentó Miguel histérico.

-¿Por que no debería sentirlo? ¡Soy un ángel por el amor de dios! Yo siento amor para cada una de las creaciones que Dios. Y no existe ninguna excepción.

-¿Hasta con un demonio? -preguntó Uriel mirándolo acusadoramente.

Aziraphale se quedó callado por unos segundos. Sin embargo en ningún momento vaciló, así que con toda la valentía que poseía contestó:

-Por sobretodo por él.

Los tres arcángeles abrieron los ojos impresionados ante las herejías mencionadas por el ángel.

-¿Cómo te atreves?-preguntó el arcángel tomando las solapas de la camisa de Aziraphale y lo empujó bruscamente hacia la pared-¿Cómo te atreves a decir semejante blasfemia? ¡No eres más que una oveja descarriada!

Aziraphale cerró los ojos esperando cualquier impacto que Gabriel le proporcionara. Sin embargo, en lugar de recibir algún golpe sintió como los manos de este comenzaron a aflojar el agarre. Cuando abrió los ojos, vio las brillantes amatistas que tenia el arcángel por ojos. Entonces lo escuchó:

-Veo que tienes ganas de sentir las llamas del infierno. Bueno, te daré una pequeña probada de lo que te esperará más adelante.

Gabriel hizo un milagro y un demonio apareció detrás de él.

-¿Él que hace aquí?

-Él se encargará del trabajo sucio- dijo Gabriel con una sonrisa- quémalo todo.

El demonio asintió y una ráfaga de fuego atacó toda la estancia. Los estantes con los libros se estaban consumiendo por las llamas. Todo el lugar se quemaba ante los ojos de Aziraphale.

-Deténganse.

-Oh, por supuesto que no. Ademas, tú vendrás con nosotros. Recuerda que debes servirnos para la gran guerra.

De pronto una luz enceguecedora cubrió la estancia, y Aziraphale puedo sentir como su alma fue desincorporándose de su apariencia humana.

Por otro lado, Crowley manejaba el Bentley con extrema rapidez. Aunque se lo negara a todo el mundo, él no podía vivir sin el ángel. Antes muerto que escaparse y resignarse a vivir una eternidad sin él. Es por eso mismo que en este preciso instante iba a buscarlo a la librería y de alguna forma iba a persuadirlo para escaparse con él. Sin embargo, sus planes se fueron abajo cuando escuchó las sirenas a su lado izquierdo. Temiendo lo peor, pisó el acelerador rogando que no fueran a la dirección que se sabía de memoria.

En cuanto llegó la librería acertó al encontrarla en llamas. Pudo sentir como su vida se caía al piso al ver como el hogar de su amado ángel ardía entre el fuego. Sin escuchar los avisos de los bomberos, Crowley se adentró a la librería y buscó a Aziraphale por cada rincón. Sin embargo, el lugar era inhabitable.

-¿Dónde estas, Aziraphale? -gritó el demonio a todo pulmón- ¡Aziraphale!

De pronto, su vista se posó en una esquina de la librería. Se acercó lo suficiente para fijarse que había una pequeña montaña de plumas blancas que no se habían consumido por el fuego. Las tomó delicadamente con sus manos, sintiendo la suavidad tan características de ellas. Esas plumas pertenecían a Aziraphale. Las lagrimas se adueñaron de sus ojos dorados y entonces sollozó.

-Los malditos bastardos se lo llevaron- dijo colérico- ¡Bastardos hijos de puta! ¡Se han llevado a mi ángel! ¡No se los perdonaré!

Horas más tarde, Crowley yacía sentado en el cómodo asiento del Bentley. Lo primero que hizo para descargar sus penas fue comprar una cantidad exagerada de alcohol. Necesitaba distraer su mente respecto a lo que había pasado en las ultimas horas. Tomó la botella de ron más cercana a él y la bebió de la boca. Poco le importaba que la gente lo viera consumiéndose en el alcohol.

¿Qué es lo que voy a hacer ahora? se preguntó Crowley sin tener la menor idea de que hacer. El Armagedón se acercaba a pasos acrecentados. Sin embargo, eso no le importaba en lo más mínimo. Aziraphale ya no estaba ahí. ¿Qué caso importaba preocuparse de algo si la persona que ocupaba su corazón ya no estaba?

-Beber no evitará el curso del Armagedón.

Como si se tratase de un fantasma, la presencia de Aziraphale se encontraba al lado de la de Crowley. Los ojos dorados de reptil lo miraron con anhelo.

-¿Aziraphale? ¿Eres tú?

-Así es, querido.

Sin embargo, eso no bastó para el demonio y siguió con lo suyo.

-No estoy lo suficientemente ebrio para esto- dijo tomando otro sorbo de la botella.

-¡Crowley!

El grito asustó al demonio, quien derramó un poco de alcohol hacia todas partes.

-¿Eres tú? Estas vivo, gracias a Satanás estas vivo- dijo Crowley sintiendo como su cuerpo se iba llenando de alegría- ¿Qué fue lo que te ocurrió?

-Gabriel me desincorporó para llevarme al cielo y unirme al ejercito. Sin embargo, hallé una manera de llegar aquí. Ahora necesito encontrar un cuerpo cuanto antes.

-Siento que lo que te pasó es en parte culpa mía-Dijo Crowley con la cabeza gacha- Aziraphale, cuanto lo siento. Por mi culpa estas así y tu librería fue quemada.

-Eso no importa ahora- dijo el ángel tratando de consolar al demonio- lo que realmente importa es detener de alguna manera todo esto. Necesito que vayas a Tadfield.

-¿Para qué? ¿De qué serviría? Tú ya no estas aquí.

-Buscaré la forma de volver, pero necesito que hagas lo que te pido por favor. Tenemos que terminar esto juntos.

Crowley descendió su vista para ver las fantasmales manos de Aziraphale. Suspiró anhelando haberlas acariciado una vez más. Entonces, el demonio dijo:

-No me siento capaz de hacerlo.

-Yo creo en ti, Crowley. Sé que eres capaz de hacer esto y más.

La presencia de Aziraphale fue desvaneciéndose poco a poco y Crowley temió de perderlo de nuevo.

-Encuentrame en el aeropuerto de Tadfield. Te esperaré ahí.

-Lo prometo- dijo Crowley antes de que el espíritu del ángel se fuera por completo.

La sonrisa de Aziraphale fue lo ultimo que alcanzo a presenciar. Así que teniendo en mente de que se encontraría con él, emprendió el rumbo hacia el fin del mundo.

Tres horas después de haber ocurrido el Armagedón.

La noche hizo su aparición y en un banco cerca del aeropuerto se encontraban un ángel y un demonio. El Armagedón había terminado para sorpresa suya y todo siguió su curso. Sin embargo, pese a que lo habían logrado, aún se encontraban atónitos con lo que había ocurrido. Crowley y Aziraphale se miraron y luego de unos segundos estallaron en carcajadas por la manera en que ambos se veían. Los dos tenían sus ropas rasgadas y sus caras llenas de tierra y rasmillones.

-Estamos hechos un desastre- dijo Aziraphale riendo después de muchos años que no lo hacia.

-Concuerdo contigo, ángel.

Aziraphale suspiró y se relajó en el incomodo asiento de madera, entonces dijo:

-Después de la tormenta viene la calma. Solo espero que no tengamos mucha acción por ahora.

-Tú sabes lo que nos espera después, ángel.

Reparó en las palabras del demonio. Él tenia toda la razón. Lo más seguro es que tanto el reino del cielo como el reino del inframundo se encargaría de juzgarlos por haber confraternizado durante seis mil años y más por haber estropeado el transcurso del plan inefable.

Ni siquiera los tormentos alcanzar a atacar su mente cuando Crowley habló:

-Y bien ¿Qué harás ahora?

El ángel lo miró sin saber como responder. No había pensado cuales serian sus siguientes movimientos. Ni siquiera pensó en la posibilidad de sobrevivir al Armagedón y a la furia de Lucifer.

-Supongo que ducharme y dormir en mi casa.

-Ángel, la librería ya no existe.

Nuevamente el demonio tenia razón, ya no tenia un lugar al cual llegar. Todo lo que había considerado su hogar se había ido. De pronto Crowley continuó:

-Pero tengo una solución para aquello, puedes venir conmigo y dormir en mi departamento.

-¿En tu departamento? Nuestros superiores se enfurecerán si llegan a saber que un ángel y un demonio están durmiendo bajo el mismo techo.

-Ninguno de los dos tenemos bandos, ángel- dijo Crowley quitándose las gafas -ya no más. Ahora somos tú y yo contra ellos.

Aziraphale meditó las palabras dichas por el ser del inframundo. Tenia que admitir que el "tú y yo" sonaba tan melodioso con la voz de Crowley. En eso una luz comenzó a acercarse a ellos y no era nada más ni nada menos que el autobús que iba llegando.

-¿Y bien? ¿Qué dices? Tú decides esta vez.

El autobús se estacionó frente a los pies del ángel. Una vez las puertas se abrieron, el demonio ingresó al transporte. No supo si fue parte de su imaginación o parte del cansancio, pero en cuanto Crowley ascendió hacia el autobús, una luz pareció iluminarlo, una luz que lo guiaba hacia el nuevo camino que el destino le tenia deparado. Entonces, sin dudar más de sus decisiones, Aziraphale se levantó y tomó el autobús sentándose al lado de Crowley.

-¿Hace cuanto que no tomas el transporte publico?

-Hace varias décadas. Cuando tenia a Bentley no tenia necesidad de usarlo.

Bentley, el auto de Crowley había sido consumido con las ráfagas de fuego al igual que su librería. Podía entender a la perfección el hecho de tener que desprenderse de algo que le perteneció por tantos años.

-Lamento tu pérdida.

-No es para tanto-dijo Crowley tratando de no darle importancia al asunto pese que le afectaba en sobremanera el haber perdido el Bentley- solo hay que seguir, no nos queda de otra.

Por tercera vez, el demonio tenia razón. Pese a todos los conflictos de por medio, la vida tenia que continuar.

En cuanto llegaron al moderno departamento de Crowley, lo primero que ambos hicieron fue bañarse. Primero fue el turno del ángel, ya que, se trataba de un invitado. Y cuando fue el turno del demonio, el hombre de cabellos rubios se dedicó a observar las lindas plantas que poseía el pelirrojo. En cuanto a la ropa, Aziraphale hizo un milagro y pronto ya tenia puesta su ropa de vestir sobre su robusta figura. Cuando ambos ya estaban aseados y cómodos, tomaron un poco de té y unos cuantos pastelillos que el demonio tenia guardados.

Al finalizar con la pequeña merienda en silencio, ambos lavaron los platos y ordenaron la mesa. Entonces, Crowley dijo:

-Tengo una habitación de invitados, así que ahí puedes alojarte esta noche. O bien, puedes quedarte el tiempo que creas necesario.

-Muchas gracias, Crowley. De verdad aprecio lo que haces por mi.

-No es nada, de verdad-dijo el demonio tocándose la nuca con nerviosismo- Yo iré a mi cuarto. Estoy muerto.

-Adelante. Que tengas buenas noches.

-Buenas noches.

Escuchó la puerta de la habitación de Crowley cerrarse, y el silencio del departamento lo atacó. Se sentía intranquilo. Y el no poder conversar con nadie no lo ayudaba mucho. Siempre que cuando quería hablar con alguien, el demonio estaba ahí para él. Sin embargo, ahora su amigo parecía tan impenetrable de pronto. Tal vez, lo mejor en estos momentos era relajar la mente e irse a dormir.

Los ojos azules del ángel se pasearon en la oscuridad de la habitación de huéspedes. Miró por décimo cuarta vez el reloj que se encontraba en la mesa de noche y exhaló aburrido. Llevaba dos horas y el sueño no parecía llegar. Cerró fuertemente los ojos, estaba nervioso, acongojado, ansioso y no sabía por qué. Finalmente decidió levantarse de la cama y pasear por la habitación, pero eso tampoco funcionó.

-Dios, por favor, ayúdame a encontrar serenidad en mi mente atormentada- aclamó Aziraphale.

Se sentó nuevamente en la cama y suspiró. Deseaba hablar con Crowley. Sin embargo, no sabía como hacerlo. Quería sincerarse, pedirle disculpas por todo lo que había dicho y hecho durante el día. O más bien por todo lo que hizo durante el último siglo. Se sentía tan cobarde.

De pronto pensó en todo lo vivido durante el día. Casi pudieron haber perdido la vida. Pensar en no ver jamas a ese demonio le causaba una profunda pena. Ahora, el ser todo poderoso les había dado una oportunidad para empezar de nuevo, y no podía desaprovecharla sintiendo miedo o cobardía. Así que, con toda la fuerza de voluntad que surgió por arte de magia, Aziraphale se levantó de la cama y emprendió viaje hacia la habitación de Crowley. Sin embargo, en cuanto llego a la puerta, no pensó en la posibilidad de que el demonio pudiese estar durmiendo. Con el fin de no molestar, quiso devolverse por donde había venido. Eso iba a hacer hasta que vio a luz bajo el borde inferior de la puerta. El demonio debía estar despierto como para tener la luz encendida.

-Vamos, Aziraphale. Ya llegaste hasta aquí, no puedes echarte para atrás-susurró el ángel dándose fuerzas a si mismo

Tomó el pomo de la puerta y con toda la determinación que había tenido en la vida, la giró. Grande fue su sorpresa cuando vio el rostro de Crowley frente suyo.

-¿Aziraphale?

-¿Crowley?

Ambos se encontraban en sus pijamas y con los cabellos desordenados.

-¿Qué sucede?-preguntó el demonio con los ojos preocupados- ¿No puedes dormir?

-No, se me hace imposible hacerlo.

-Yo sabia que tenia que comprar un colchón mas blando- dijo el demonio pensando en la razón por la cual el ángel no podía dormir- esto es lo que me pasa por tacaño.

-Dudo que sea eso- dijo el ángel nervioso.

-Si quieres intercambio mi cama con la tuya. Yo puedo dormir en la habitación de huéspedes. No tengo problema.

-No, no es necesario.

-Tranquilo, descansa.

Dicho eso, el demonio se alejó unos cuantos centímetros del ángel. Sin embargo, no pudo avanzar mucho más, ya que, sintió una mano tomar la suya. Se giró para encontrarse con Aziraphale quien tenia firme el agarre de su mano.

-¿Ángel?

-Sé que es una locura pedirte esto, pero ¿Puedo dormir contigo esta noche?

Sabía que no era una buena idea, con eso Crowley no podría pegar ojo en toda la noche. Sin embargo ahí yacían ambos. Acostados en la cama de dos plazas separados por una distancia prudente. El ángel de espaldas mirando el techo, mientras que el demonio se encontraba de lado hacia la pared. Aziraphale suspiró sintiéndose una molestia. A lo mejor Crowley no tenia ánimos de hablar. Sin embargo, si se quedaba callado, la ansiedad no lo dejaría tranquilo jamás. Era ahora o nunca.

-¿Estas dormido? -preguntó Aziraphale rogando por no incomodar más el sueño de su anfitrión.

-No puedo dormir- dijo el demonio girándose para mirarlo de frente- ¿tú también?

El ángel asintió con la cabeza y se sentó en la cama. El demonio observó como los dedos del ángel jugaban consigo mismos. Eso era una clara idea de que el ángel se encontraba nervioso.

-Yo necesito decirte algo.

-Ángel...

-Por favor, déjame hablar- dijo el ángel interrumpiéndolo- no sabes lo agotador que se siente el guardar tantas cosas que llevo escondidas hace años.

El demonio se quedó callado y al igual que el ángel también se sentó apoyando su espalda en el respaldo de la cama.

-Quiero disculparme por todo lo que te hice pasar hoy. Y también por lo que dije. Por dios, te dije cosas tan horribles, que creo que pasaré al menos dos centenares de años arrepintiéndome. Sin embargo, tenia tanto miedo de lo que te llegara a pasar o de lo que podrían hacerte los de mi bando por lo que no me importó hacer lo que hice. Siempre se puede encontrar una mejor manera de hacer las cosas y esta fue la mía, pero veo que me equivoque una vez más.

Ante los ojos del demonio, Aziraphale se veía arrepentido, tanto que podía sentir su voz temblar y quebrarse ante el sollozo que quería salir de sus labios.

-Hay muchas cosas de las que me arrepiento del día de hoy. Tantas que no tendría dedos de las manos para enumerarlas. Sin embargo, todas se resumen en una, la cual es la más importante.

Aziraphale se giró para encontrarse con los ojos de Crowley, quienes lo veían expectantes y de forma bondadosa.

-Lamento el haberte dicho que no te amaba, porque si digo eso estoy pecando. No quiero seguir mintiendo y mintiéndome. Te amo, Crowley. Y eso es puramente la verdad. Te amo tanto que siento que es incorrecto el amar de la manera en que lo hago. Me enamoré de ti desde el primer momento en que te vi convertido en serpiente y tuvieron que pasar seis mil años para darme cuenta de mis sentimientos hacia ti. Hasta el día de hoy no sé que fue lo que me embrujó de ti. No sé si fue tu gracia para decir las cosas, o tu amabilidad, o tu gran disposición y devoción hacia mi cada vez que lo necesité. Crowley, te amo tanto que ya nada me importa. No me importa lo que sucederá de aquí en adelante. El Armagedón me sirvió para reflexionar que solo tenemos esta vida para disfrutarla y que debemos hacerlo con la persona que mas amamos. Y yo te amo a ti, Crowley. Y quiero pasar los últimos momentos que me quedan a tu lado.

El demonio se le quedó escuchando atentamente cada una de las palabras que le profesaba el ángel, quien no podía tener el rostro y las orejas mas sonrojadas.

-No me siento merecedor de tu amor, ni siquiera de tu amistad. Te hecho sufrir tanto, querido. Y entenderé que ya no quieras estar conmigo. Sin embargo, te suplico, te imploro que me perdones. No creo poder vivir un día sin tu perdón.

Las lagrimas de Aziraphale no demoraron en salir. Por fin podía respirar en paz, su alma y cuerpo se sentían aliviados luego de decir todo lo que tenia guardado. Sin embargo, pese a ello aún tenia miedo de la reacción que tuviera Crowley con todo lo dicho. De hecho, le daba vergüenza tener que mirarlo a la cara. Simplemente no podía hacerlo.

De pronto, sintió como la mano áspera y fría del demonio comenzó a secar las lagrimas que recorrían por sus mejillas. Subió la mirada para encontrarse con los ojos llorosos del demonio, quien también hacían el esfuerzo en vano de no derramar lagrimas.

-Ángel-dijo Crowley apartando las lagrimas que no paraban de decender de los ojos azules del ser celestial- mi precioso y amado ángel. Lamento ser yo la razón de tus lagrimas, pero déjame decirte que no tienes porque pedir perdón. No podría vivir si no lo hiciera. Oh, Aziraphale, puede que me hagas hecho sufrir inconscientemente estos seis mil años. Sin embargo, este momento repara cualquier sufrimiento o pena que haya experimentado. Mi alegría es tan grande en este instante que tengo miedo de que esto se trate de un sueño. Un sueño del cual no quiero despertar.

Las lágrimas de Aziraphale de nuevo afloraron de sus ojos. A pesar de todo, Crowley seguía siendo bondadoso con él.

-Pero ahora eres real, ¿Cierto? El momento que he estado anhelando con tanto esmero por fin esta pasando. Pensé que esto pasaría únicamente en mis sueños. No sabes la dicha que me proporcionas al decirme que me amas. Oh, mi Aziraphale, te amo más que a mi propia existencia. Y yo al igual que tú no me imagino una vida sin ti. Cuando vi tu librería completamente en llamas y vi que no había ningún indicio tuyo, sentí que podría morir. Mis razones para vivir ya no existían. Me sentí tan aliviado cuando supe que estabas bien. Me acostumbré a estar seis mil años contigo que no podría imaginarme una eternidad sin ti. Te amo, Aziraphale.

Las manos de Crowley tomaron las manos del ángel y las acercó a sus labios para besarlas con vehemencia. Aziraphale suspiró llenándose del amor del demonio. Sintiéndose feliz después de mucho tiempo. Tímidamente, llevó sus manos inexpertas hacia el rostro de Crowley, acariciando suavemente su piel. Por dios, deseaba tanto besarlo, pero no se sentía con la experiencia suficiente. La ultima vez fue hace un poco menos de ochenta años. Sin embargo, dejo su pudor de lado, y acercó sus labios a los de Crowley con un beso de lo mas casto e inocente. Esto para el demonio fue la gloria misma. Llevó sus manos hacia los rizados cabellos rubios del ángel y los acarició con cariño, intensificandolo aún más. Este beso no era nada comparado con el que se dieron aquella vez. Este era completamente correspondido. Añorado con el pasar de los años. Los brazos del demonio descendieron para abrazar el suave cuerpo de Aziraphale. Lo quería todo para él. Lo más cerca que fuese posible.

Cuando el beso concluyó, el ángel se sintió cohibido con el acto. Ambos estaba igual de sonrojados, pero las sonrisas nerviosas y felices no se las quitó nadie. No tenían palabras para describir la dicha que desbordaba por sus pechos.

Crowley se acomodó en la cama y Aziraphale se apoyó en el pecho del demonio, sintiendo como los brazos de este rodeaban firmemente su cuerpo. Podía sentir el acelerado latido en el pecho del demonio. Y para él fue la sinfonía más tranquilizadora que hubo en ese rió para sus adentros al sentir como los dedos de Crowley se divertían jugando con su esponjo cabello rubio.

No pasaron más de cinco minutos cuando se dio cuenta de que la respiración del demonio se había relajado, siendo este un indicio de que se había quedado profundamente dormido. Movió su cabeza para verificarlo y tenia razón. El rostro del demonio lucía relajado y sereno. Aziraphale se le quedó contemplando por un rato. Era agradable verlo tan pacifico, tanto que su paz llegaba a ser contagiosa. Aun así, no pudo quedarse tranquilo, tarde o temprano, a ambos los juzgarían por lo dos errores que habían cometido. El primero era por haber impedido el transcurso del Armagedón, y el segundo era por el simple hecho de haberse enamorado del otro. Sin embargo, no se arrepintió en lo mas mínimo. Amaba a Crowley y si eso significaba tener que cruzar por las llamas del infierno lo haría sin pensarlo dos veces.

Miró a Crowley una vez más. Si quería seguir disfrutando de la compañía del ser del inframundo, ambos debían salir vivos de sus respectivos juicios.

Domingo, un día y cinco horas del restos de sus vidas.

Crowley y Aziraphale se hallaban sentados en la banca de madera frente al lago de los patos. Lo habían logrado. El plan que le había propuesto el ángel antes de que lo secuestraran funcionó a la perfección. El demonio miraba orgulloso a su contraparte, considerándolo un pequeño revolucionario.

-Funcionó- dijo el ángel finalmente- quien diría que tu gran plan funcionaria, mi ángel.

El demonio se giró para mirarlo. Gracias a dios había funcionado. Temió por el cuerpo de Crowley una vez que se sumergió en el agua bendita. Y por otro lado, estaba Crowley, quien rogó a cualquier ser sobrenatural que velara por el cuerpo de Aziraphale no fuera consumido por las llamas del infierno. Sin esperar más, los dedos de Aziraphale chasquearon deteniendo el tiempo a su alrededor, y estrechando la mano de Crowley, ambos volvieron a sus cuerpos originales.

-Hubieras visto la cara de Gabriel, ángel-dijo el demonio riéndose a carcajadas- te veía como si fueras un mismísimo demonio. - Miguel comenzó a tartamudear cuando vio que no te pasaba nada. ¿Qué tal estuve del otro lado?

-Estuviste maravilloso, aunque debo admitir que el agua bendita estaba bastante fría. La hubieran entibiado por lo menos.

-Fuiste brillante, mi ángel-dijo el Crowley con cariño, cosa que hizo sonrojar al ángel- y no sé si te fijaste, pero elegí mi mejor ropa interior para la ocasión.

-Creo que no me percaté de ese detalle- dijo el ángel sintiendo como el rubor subía por sus mejillas al recordar el cuerpo de Crowley hundido en la bañera.

-Cariño, recuerda que mentir no se te da bien- dijo el demonio levantándose de la banca- Vamos, te invito a almorzar.

-¿De verdad? ¿A dónde me llevarás?

- Al Ritz.

-Me honras al llevarme a un lugar tan caro.

-Hay que celebrar este día a lo grande ¿no?

La sonrisa de Aziraphale se ensanchó. El demonio tenia razón, hoy no era un día cualquiera. Hoy iba ser el día que daba inicio al resto de sus vidas.

Un año después del Armagedón.

Aziraphale diviso a una señorita que observaba un libro que tenia entre sus manos. La mujer castaña con rizos lo encontró y preguntó:

-¿Cuanto cuesta?

-Diez dolares, querida.

-Me lo llevo. He buscado este libro por años y por fin lo encuentro-dijo la mujer con emoción.

-Debe sentirse muy dichosa-comentó Aziraphale con una sonrisa.

-Por supuesto que si-dijo la mujer entregándoselo- es posible envolverlo para regalo. Es para mi hermana.

-No hay problema- contestó el ángel con cordialidad.

Mientras el hombre de cabellos rubios envolvía el libro, se percató de la mirada curiosa de la chica, quien miraba cada detalle del ambiente de la tienda. De pronto los ojos cafés de la chica se quedaron estáticos.

-¿Tiene una serpiente de mascota?

Aziraphale desvió la mirada del papel de regalo y observó hacia donde la chica apuntaba. La serpiente negra se encontraba enrollada en si misma sobre el asiento acolchado de cuero. El ángel sonrió y contestó:

-Así es, le encanta hacerme compañía.

-¿No le da miedo?

-Por supuesto que no, es completamente inofensiva-dijo Aziraphale entregándole el bonito obsequio- aquí tiene.

-Quedo fantástico. Muchas gracias, de verdad.

La chica se despidió mirando por ultima vez al dueño de la librería y a su serpiente, luego abrió la puerta y desapareció entre la multitud que se encontraba en las calles. Aziraphale dejó el dinero en la caja y entonces se acercó a la serpiente quien lo miraba fijamente con sus ojos dorados.

-¿Cuantas veces te he dicho que evites transformarte en serpiente cuando la tienda esta abierta? Espantas a los clientes.

La serpiente le sacó la lengua y Crowley comenzó a tomar forma. Luego el pelirrojo contestó:

-Ella no se veía atemorizada, es más pensó que era tu mascota. Una fiel y mansa mascota.

-Prefiero que te haya visto de esa manera antes de perderla como cliente.

La luz del medio día comenzó a atravesar suavemente las ventanas. La tienda estaba silenciosa y solamente ellos dos se encontraban en ella. En eso Crowley se levantó del asiento de cuero y se dirigió hacia la entrada principal. Aziraphale lo siguió con la mirada y preguntó:

-¿A donde vas?

-Yo no voy a ninguna parte, ángel-dijo el demonio colocando el letrero de cerrado en la puerta- ambos nos iremos de aquí.

-¿Irnos? yo estoy trabajando, Crowley.

-Tomate el día libre y ven conmigo ¿Si? -dijo el demonio acercándose a él y rodeando su mentón con sus manos- Quiero darte algo.

El ángel alzó la ceja y sin refutarle asintió con la cabeza. No podía resistirse a las peticiones del demonio cuando le hablaba de esa forma. Crowley sonrió complacido y le ofreció la mano para abandonar la tienda. Cuando ambos llegaron al Bentley, Aziraphale preguntó:

-¿A dónde nos llevaras? ¿Será el Ritz otra vez?

-Sera un lugar distinto, mi ángel. Claro, si no te importa.

-Por supuesto que no, cualquier lugar me parece estupendo, pero ¿me puedes dar algún indicio de él?

-Arruinaría la sorpresa si lo hago.

Los ojos azules del ángel lo miraron de reojo. Algo tramaba el demonio y no parecía dispuesto a decir algo más. Bueno, eso no importaba. Lo mejor era dejarse llevar y ver hacia donde Crowley lo llevaría.

Durante ese año las cosas cambiaron para ellos dos. Con todo lo ocurrido con el Armagedón, ninguno quería pasar mas tiempo separado del otro. Sin embargo, estaban tan acostumbrados a sus respectivas vidas que les costó mucho en llegar a un acuerdo. Así que lo más beneficioso para ambos fue ir turnando sus hogares. Cada dos semanas, Crowley se quedaba en la tienda de Aziraphale y lo mismo para el ángel, pero con el departamento del demonio. De esa manera experimentarían lo que era vivir con el otro. Al principio ambos habían tenido sus conflictos, pero nada que no pudieran arreglar, con el transcurso de los meses la convivencia de ambos se afianzó.

-Llevamos media hora en el auto- dijo Aziraphale observando el abandono de la ciudad en el espejo retrovisor- ¿Me vas a decir donde nos llevas?

-No-dijo Crowley sonriendo.

-Eres terco, querido-dijo el ángel cerrando los ojos.

De pronto el sueño lo venció, quedándose únicamente con la sonrisa de Crowley quien mantenía la mirada fija en el camino.

Despertó porque un rayo de sol le llegó directo al rostro. Abrió sus ojos de manera perezosa pero el lugar que observaba era lejos el mismo lugar en donde se había dormido. Giró su cabeza para encontrarse que las gafas de sol del demonio lo miraban desde arriba. La boca de Crowley se curvó.

-Buenos tardes, mi bello durmiente. ¿Qué tal estuvo la siesta?

El ángel se irguió alejando su cabeza de las piernas del demonio, observó el lugar en donde estaban. El cielo estaba despejado, no había ningún rastro de nube en ningún sector. El lugar en donde se encontraban tenia metros y metros de pasto verde. Frente a ellos se encontraba una laguna, cuya agua era de lo mas cristalina. También habían arboles, de hecho estaban sentados bajo uno. La sombra de este refrescaba sus pieles con suavidad.

-¿Dónde estamos?-preguntó Aziraphale impresionado de lo hermoso que era el paisaje que los rodeaba-Es precioso.

-Estamos muy lejos de Londres, ángel. Créeme que tuve que investigar mucho para dar con este lugar.

Los ojos azules del ángel descendieron para encontrarse que ambos se encontraban sentados bajo una manta cuadrilles roja. Ademas, habían pequeños aperitivos acompañándoles. Pequeños pasteles, bizcochos, y muchas variedades de galletitas. De la canasta de mimbre que se encontraba atrás de ellos, Crowley sacó un termo.

-¿Te apetece un poco de té?

-¿De dónde sacaste todo esto?

-¿Pues de donde más lo sacaría? Yo mismo lo preparé.

-¿De verdad?-preguntó impresionado el ángel.

-¿Acaso olvidaste quien era la persona que te preparó todos los postres mientras vivías en mi departamento?-preguntó fingiendo estar ofendido.

-No estoy dudando de tus habilidades culinarias, querido. Es solo que pudiste pedirme ayuda para preparar todo esto- dijo Aziraphale tomando una taza de plástico para que el demonio le sirviera un poco de té.

-Quería sorprenderte-dijo el demonio sirviendole un poco de agua caliente.

-Esto...¿es una especie de picnic?- dijo el ángel tomando una taza de la canasta.

-Recuerdo que una vez mencionaste que querías algo como esto. Solo espero que de verdad te haya gustado.

-¿Gustarme? Creo que esa palabra se me queda corta, querido Crowley- dijo el ángel con una sonrisa en los labios- Me siento maravillado. Que bonita forma de recordar lo que pasó hace un año.

El corazón del demonio brincó ante lo que había dicho el ángel. De pronto se sintió molesto al percatarse de que el calor se le estaba subiendo a la cabeza.

-Pensé que lo habías olvidado.

-¿Cómo podría hacerlo, Crowley? -dijo Aziraphale acercándose al demonio para apoyar su cabeza en su hombro.

La mano fría del pelirrojo se sintió bañada por una calidez que podría reconocer en cualquier parte. Descendió la mirada para ver como la mano del ángel se encontraba sobre la suya. Las leves y suaves caricias de Aziraphale. Como le gustaría sentir el precioso tacto de su contraparte en cada momento. Este gesto lo relajaba en sobremanera. Sintió como sus gafas fueron retiradas, de modo que pudo ver el real color de todo el paisaje y del ángel que tenia a su lado. Los ojos de Aziraphale brillaban como si se trataran de estrellas.

-¿Cómo podría olvidar el día en que decidí estar contigo el resto de la eternidad? -preguntó el ángel - Te amo, Crowley. Y me siento privilegiado de pasar todo lo que me resta de vida contigo.

Crowley lo miró mostrando una sincera sonrisa y lo besó.

Al igual que Aziraphale, Crowley también se sentía privilegiado de estar al lado del ángel que había llegado a cubrir cada espacio de su mente. Convirtiéndose en el ser que había cautivado su corazón y alma. Quien se había convertido en su calma y tormento. En alguien completamente indispensable para él y para su eterna existencia.

Se dejó llevar por el beso y fantaseó con los venideros recuerdos que crearían desde hoy hasta el final de sus días.

Fin.


Hola a todos, aquí les entregó algo completamente fresco, distinto y recién salido del horno.

Nunca en mi vida me había obsesionado tanto con serie en tan poco tiempo. Pensar que empecé a verla gracias a un fanart que vi en Facebook. Desde ese momento comencé a indagar y me puse al día con Good Omens.

Mi mente fantaseo con el final de la serie, y por eso mismo escribí mi propia versión del final. Obviamente esto es un complemento de lo que ocurrió realmente en la serie. Ojala para las personas que hayan leído esto, les haya gustado. Intentaré seguir escribiendo sobre ellos. Sin embargo, no tengo muchas ideas aún. Aun así, no se me quitan las ganas de escribir sobre esta pareja. Espero que en futuro me venga un rayo de inspiración.

¡Nos leemos pronto!