Luego de la lenta caminata que Wind y Malon dieron, llegaron al rancho Lon Lon.

El Rancho Lon Lon a diferencia de la granja Neburi, tenía muy pocos terrenos dedicados al cultivo de hortalizas, pues los principales ingresos los obtenían de la crianza y venta de caballos, seguida de la venta de leche, producto que se había hecho muy popular en todo el pueblo gracias a su gran calidad y sabor.

Ambos muchachos caminaron rodeando la reja que limitaba los terrenos del rancho, a lo lejos se podían observar un gran número de caballos pastando tranquilamente, eran ejemplares excelentes, hermosos y fuertes. Wind suspiró al verlos, los caballos eran sus animales favoritos, quizás la única cosa que envidiaba de su amiga Malon eran los caballos que criaba y el hecho de que le dejaban tener perros, y hablando de canes, no tardaron en escucharse en las lejanías un par de ladridos.

Pronto se vislumbraron a lo lejos a un par de perros lanudos que se acercaban corriendo hacia los recién llegados como si sus vidas dependieran de ello. Ambos animales se abalanzaron sobre Wind con tanto entusiasmo que terminaron botándolo al piso, donde luego lo cubrieron de lamidas cariñosas causando las carcajadas del rubio. No hay nada mejor que un poco de amor perruno para combatir la depresión.

Malon miró a su amigo con una sonrisa, aliviada de verlo alegre de nuevo, para ella Wind siempre había sido una pequeña luz, capaz de iluminar hasta la situación más desesperada. Nunca supo bien si era su optimismo o la falta de seriedad con la que se tomaba las cosas lo que hacía que rara vez estuviera deprimido o preocupado, pero ahora sabía que le gustaba que fuera así y estaba feliz de haber contribuido a que su chispa de vida no se apagara.

Los perros seguían lamiendo con entusiasmo al muchacho, pero Malon decidió que era suficiente, así que apartó un poco a los canes y se agachó para ayudar a su amigo a ponerse de pie, sin embargo cuando este estuvo incorporado ambos terminaron frente a frente, a una distancia bastante cercana y por alguna curiosa razón se quedaron estáticos en su sitio mirándose fijamente.

Wind miraba a la chica como si nunca la hubiera visto antes y aquellas curiosas sensaciones que recientemente lo asaltaban de vez en cuando se hicieron presentes, sumado a un nerviosismo y un extraño calor en las mejillas. Estaba a punto de decir algo pero la granjera se le adelantó.

— Wind... Sabes... Creo que deberías tomar un baño, comienzas a apestar.

Las mejillas del chico se encendieron de vergüenza mientras soltaba la mano de la pelirroja y trataba de olerse disimuladamente.

— Yo... Esto... Es que estaba entrenando y luego salí corriendo y sudé mucho pero... Ug... Creo que debí hacerle caso a papá. Pero ya me voy, no ofenderé más tu nariz con olores molestos y pues... Gracias por todo Malon.

La muchacha trató de contener la risa, su amigo parecía muy avergonzado por su comentario y era curioso que de pronto le preocupara tanto, no era la primera vez que lo recibía sudado luego de un entrenamiento o de realizar alguna actividad física, pero quizás por fin comenzaba a tener más conciencia de sí mismo y a preocuparse por su persona. La verdad valía la pena reconocer sus esfuerzos así que pensaba ayudarlo un poco.

— Wind espera. Creo que sería mejor evitáramos que tu olor ofendiera las narices de otras personas así que... ¿Qué te parece si te bañas aquí? Tengo algo de ropa por ahí que te puede servir para que tengas algo con qué regresar a casa, me la puedes devolver después.

— ¿Eh? ¿De verdad? ¿Estás segura?

— Claro, no hay problema.

Ambos chicos recorrieron lo poco que les faltaba para llegar a la casa de Malon, ubicada en el centro de la propiedad. Los perros los siguieron detrás agitando sus colas, pero ya no haciendo ningún escándalo como al principio y se quedaron fuera cuando ellos entraron.

El interior del hogar de Malon era bastante acogedor, era una casa de aspecto rústico, siguiendo el mismo estilo del hogar de Wind, pero a diferencia de este, no tenía tantos artefactos curiosos (e inútiles según Ilia) decorándolo, de forma que se veía algo más ordenado, a la pelirroja le gustaba tener todo bien organizado.

—Adelante Wind, ya sabes donde está el baño, voy a buscarte una toalla y ver que ropa te puede quedar bien.

— Malon ¿De dónde sacas ropa para ofrecerme?

— Ay ¿Ya se te olvidó que soy voluntaria de la iglesia? Entre otras cosas juntamos ropa para la gente pobre, por eso tengo un poco guardada aquí.

— Oh, ya veo... Oye y crees que...

— No sé si tenga ropa verde Wind — dijo la chica de forma cortante— Te tendrás que conformar con lo que haya.

— De acuerdo.

— En serio, no sé porqué insistes en mantener esa tonta promesa de vestir de verde, ya llevas dos años con eso y no ha habido ningún cambio. Deberías dejar de huir del problema e ir a hablar directamente con Farone para que arreglen las cosas.

— ¡Eso no es asunto tuyo! — Respondió Wind con un dejo de molestia— Farone no quiere nada conmigo, ya intenté acercarme pero huyó y mejor dejemos este tema hasta aquí ¿Quieres?

La chica se encogió de hombros sin decir nada más, entonces entró a una habitación de la casa en la que estuvo algunos momentos para luego salir llevando una toalla que arrojó al rostro de su amigo.

— Ahí tienes tu toalla, luego dejaré la ropa en la ducha. Trata de que tu baño no dure demasiado para no tener que llenar tanto el tanque de agua.

— Si tienes problemas después yo mismo te ayudo a llenarlo de nuevo.

— De acuerdo. Mientras te bañas creo que prepararé algo de comer, asegúrate de lavarte bien ya sabes donde.

— ¡Malon! — Gritó con el rostro colorado.

— ¡Jajajaja! Es broma.

Wind procedió a pasar al baño, se desvistió, entró a la ducha y abrió la llave del agua dejando caer el refrescante chorro de agua encima suyo, de alguna forma el líquido frío recorriendo su cuerpo le producía un gran alivio y disipaba su preocupaciones, cerró el agua para no gastar mientras se enjabonaba, ajeno a todo el jaleo que estaba quedando en la cocina. En aquel momento Wind tenía la mente algo saturada y necesitaba relajarse, por lo tanto no estaba al pendiente de ciertos detalles que en otras circunstancias hubiera tomado muy en cuenta.

Era bien sabido por todos que Malon era una chica con muchos talentos y habilidades, sin embargo, había una única cosa que hasta el momento nunca le había resultado bien, y esa era cocinar. El problema no era que sus comidas quedaran malas, el problema era que siempre terminaba de alguna forma accidentada, ya fuera con una fogata dentro de la olla, con un feo corte en la mano o con un guiso tapizando el suelo. Era tal el problema que su padre le había prohibido cocinar cuando él no estaba en la casa.

Por esto, si Wind hubiera estado más despierto, hubiera replicado o puesto algo de oposición cuando Malon dijo "Mientras te bañas prepararé algo de comer".

Recién se percató de su error cuando escuchó una especie de explosión y el grito de su amiga, en aquel momento no pensó en nada, solo en la idea de que Malon estuviera lastimada de alguna forma, por lo que sin preocuparse de que estuviera mojado o con jabón encima, salió de la ducha, se amarró la toalla a la cintura y corrió hasta la cocina.

— ¡Malon! ¿Estás bien? ¡Aaaaah!

Bastó con que pusiera un pie en la cocina para que se resbalara con un poco de guiso que estaba tirado en el suelo. Por desgracia el brusco movimiento provocó que la toalla que llevaba amarrada a la cintura también cayera dejándolo completamente desnudo frente a la muchacha.

El grito que dio Malon al verlo fue aún más fuerte que el anterior, tan alto que los perros de fuera corrieron a esconderse, los caballos se encabritaron y los cucos pusieron huevos. Pero aún así eso no suponía un problema realmente, la complicación era que cierto hombre gordo y narigón andaba cerca, y este escuchó el grito claramente. El individuo era nada menos de Talon, el padre de Malon, quien por supuesto tras escuchar un grito de su hija entró en pánico ante la idea de que le hubiera ocurrido algo.

—¡Malon! ¡Aguanta hija! ¡Papá va a ayudarte!

Gritó para luego salir corriendo hasta la casita, afortunadamente no estaba muy lejos de ella, porque con su pésima condición física llegó casi sin aliento, pero aún así la adrenalina del momento impidió que se detuviera. Considerando la idea de que algún atacante podría estar dentro de la morada, buscó en los alrededores una pala para usarla de arma y defender a su niña.

Pronto los chicos que estaban dentro fueron sorprendidos por un gran estruendo, la puerta fue golpeada con tal potencia que se abrió abruptamente hasta el punto de rebotar contra la pared, y en el umbral pudieron ver a un corpulento hombre calvo, gordo, con una gran nariz y con un prominente bigote que se unía con lo poco que tenía de cabello. Entró con resolución y fuego en su mirada blandiendo su pala.

—¡Aléjate de mi niña maldita rata o te moleré a palos!... ¿Wind?

El aludido se encontraba pálido, no entendía bien lo que pasaba pero ver al hombre amenazarlo con la pala lo tenía aterrorizado, ya se estaba acostumbrando a tratar con monstruos letales, pero no tenía mucha experiencia lidiando con padres furiosos. Presuroso se puso de pie y recogió la toalla tratando de cubrirse lo más posible y corrió al baño gritando.

— ¡Lo sientooooo!

Eso fue algo inesperado. Talon se quedó algunos segundos en blanco tratando de procesar lo que había ocurrido, su pequeña Malon estaba en la cocina con su amigo de la infancia totalmente desnudo frente a ella ¿Qué significaba esto? Hasta ahora tenía la opinión de que Wind era un chico tranquilo, bueno e inocente ¿Que pretendía? Dirigió la mirada hacia su hija y la encontró poniéndose de pie en completo silencio, observó que tenía su vestido manchado con comida, misma que estaba repartida en parte por el piso en varios lugares... Sin duda era uno de sus accidentes de cocina, lo mejor era preguntar.

— Malon ¿Que pasó aquí?

— Na-nada, No hace fa-falta que te pre-preocupes, todo está bajo control.

— ¿Bajo control? ¡Tienes a Wind desnudo en la casa y la cocina llena de comida! ¿¡Qué rayos pasó aquí!?

— Fue un accidente... Wind se estaba bañando y yo quería preparar algo de comer, pero la olla se puso rara y de pronto estalló, Wind se asustó con el ruido y con mi grito y salió de la ducha para ver si yo estaba bien... Pero...

— Ya, ya, está bien, ya entendí lo que pasó. Malon ¿Cuantas veces tengo que decirte que no trates de cocinar cuando no estoy en la casa? ¡Es peligroso para ti!

Este comentario aparentemente ofendió a la pelirroja de alguna forma, pues adquirió una actitud más atrevida al dirigirse a su padre.

—¿Y si te da por llegar a la media noche a esa hora tengo que cocinar? ¡No me digas que exagero porque ya pasó alguna vez! ¡Te sueles quedar dormido por ahí y para cuando te das cuenta ya se te hizo tarde con tus deberes!

— Bueno si pero... — Ahora era él quien parecía intimidado.

— En serio ¿Cuándo vas a aprender? Si no fuera por mí este rancho no se mantendría en pie, se supone que tú eres el adulto responsable aquí, si tengo que cocinar cuando tú estés al menos dígnate a pasar por aquí a una hora decente, si no, me veo obligada a hacer lo que pueda porque...

Y así el sermón duró algunos minutos, mientras el hombre se encogía en su lugar intimidado por la furia de su hija. Cuando Malon empezaba con sus regaños no había quien la detuviera, aunque en esta ocasión, si hubo alguien que fue capaz de detenerla.

— ¡Malon! ¿Dónde está mi ropa? — Gritó Wind desde el baño.

— ¡Oh cierto! La puse a lavar, ya voy Wind, te buscaré algo que usar.

La granjera salió de la cocina y se metió en un cuarto específico donde se puso a revolver buscando las prendas prometidas, pero grande fue su sorpresa al no encontrar nada.

— Papá ¿Cambiaste de lugar la ropa para la gente pobre de la iglesia?

— ¿La ropa? La fui a dejar ayer, te estabas quejando mucho de lo pesado que se te hacía cargar los bultos sola y quise hacerte el favor... ¿Malon?

No hay palabras para describir la furia de la muchacha en aquel momento, casi parecía que arrojaba fuego por los ojos.

— ¡Papá te voy a matar!

El pobre muchacho tuvo que esperar un rato en el baño desnudo y mojado tratando de abrigarse como podía con la toalla, por los gritos que escuchaba decidió que era peligroso salir de su lugar seguro. Para cuando finalmente terminó el escándalo, padre e hija se dispusieron a buscar algo con que vestirlo, pero desgraciadamente la ropa de Talon era demasiado grande para Wind y él tampoco iba a salir afuera usando un vestido de Malon. Al final terminaron prestándole un camisón blanco mientras trataban de secar su ropa lo más rápido que pudieran con un brasero, quizás terminaría con olor a humo, pero era mejor que cualquiera de las otras opciones.

— Buuuuuu, soy un fantasmaaaaaa — decía juguetonamente Wind.

— ¿Y porqué dices que eres un fantasma?

— Esta ropa ridícula que me prestaste parece el tipo de cosas que usaría un fantasma.

— ¿Disculpa? — Malon se veía algo ofendida— Ese camisón es el que yo uso para dormir ¿Insinúas que parezco un espectro aterrador?

— Eh... Creo que iré a ver si tu papá ya terminó de secar mi ropa.

— ¡No huyas cobarde!

Ambos chiquillos salieron de la casa entre risas y persecuciones hasta el exterior, donde Talon había montado un fuego suave en el suelo, sobre el cual colgaban algunas piezas de carne, salchichas y las prendas de Wind. Cuando Malon vio esto empezó otro regaño para le hombre.

— ¡Papá! ¡Cómo se te ocurre poner a secar la ropa con la carne!

— Pero es que me parecía una lástima encender este hermoso fuego solo por esas prendas.

— Pero ahora la ropa de Wind además de oler a humo también tendrá olor a carne, lo van a perseguir todos los perros de la zona.

— ¡Genial! — Dijo el chiquillo con ojos brillantes.

— No, eso no es genial, entiendo que te gusten los perros pero a tu mamá no y no puedes llegar a tu casa con un ejército de perros detrás tuyo. —Wind le mostró una sonrisa bastante sugerente en ese momento— ¡Wind en qué rayos estás pensando!

— Jajajajja, en nada, nada.

Así entre bromas y jugueteos transcurrió el tiempo hasta que la ropa de Wind estuvo seca y efectivamente, tal como había dicho Malon, esta tenía una extraña mezcla de olor a carne y humo. Los dueños del rancho tuvieron que amarrar a sus dos perros para que no se lanzaran contra el muchacho o lo siguieran a su casa.

La tarde en casa de su amiga había sido muy provechosa, había conseguido calmarse un poco y descansar, siento honesto aún no se sentía totalmente recuperado y todavía había una pena que le pesaba en el corazón, pero ahora se sentía más fuerte y dispuesto a superarla, debía lograrlo, se había hecho la promesa a sí mismo de que se convertiría en un mejor guerrero y en un héroe digno.

También entre sus metas estaba ser más prudente y tomarse las cosas con más seriedad. Y ahora que lo pensaba, quizás cierta cosa que había dicho debería haberla tomado más en serio, lo mejor era disculparse apropiadamente y demostrar su nuevo cambio de actitud frente a la vida.

— Malon, gracias por todo — dijo el chico.

— No hay de qué, para eso están los amigos, además de que no podía dejarte ahí tirado en el piso deprimido. Ahora no me decepciones y se el maravilloso héroe que yo sé que puedes ser.

— Dalo por hecho, estarás orgullosa de mí.

— Claro.

— Y... Antes de irme yo... Quería pedirte disculpas.

— ¿Disculpas por? Ah, por aparecer desnudo frente a mí — Se sonrojó un poco al recordarlo— Descuida, en parte fue mi culpa también y yo...

— No era por eso, era por decir que parecías un espectro con el camisón. Solo estaba bromeando y no lo decía en serio, además alguien como tú se vería bonita incluso usando un camisón horrible como ese.

El color se le subió al rostro a Malon cuando escuchó estas palabras y era tal la vergüenza que sintió en ese momento y que quiso ocultar que terminó gritando.

— ¡Idiota! ¡No ofendas mi camisón! ¡Lárgate de aquí!

El chico obedeció a su amiga aunque se fue algo preocupado preguntándose si había dicho algo muy malo, y tal parecía que sí porque la pelirroja no quería verlo a la cara. Que lástima, lo que menos quería era molestarla luego de todo lo que hizo por él, pero ya no tenía tiempo para hablar con ella, el ocaso comenzaba a pintar el cielo y luego de desaparecer de su casa de forma tan repentina durante todo el día, seguro le esperaban bastantes problemas, así que agitando su mano en forma de despedida y susurrando algunas palabras de agradecimiento se fue.

Malón miró ligeramente la figura de su amigo que se iba empequeñeciendo en la medida que se alejaba, aún sentía calor en el rostro pero ya estaba más tranquila, por desgracia no por mucho.

—Vaya, pero que comentario tan galante — Dijo Talon mirando a su hija con una sonrisa que luego cambió por un suspiro—. Mira, sé que Wind es un buen chico pero aún estás muy pequeña para estar pensando en chicos.

— Pe-Pe-¡Pero qué cosas dices! — Gritó la chica con el rostro nuevamente teñido de carmesí— ¡Y tampoco soy una niña!

— Solo tienes 15 años.

— ¡Ya basta papá! ¡No molestes!

Ya había anochecido cuando Wind llegó a la granja Neburi, podría haber llegado más rápido si hubiera estado en mejores condiciones, pero su gran cansancio le hacía sentir el cuerpo pesado y le faltaban energías para correr, además no había llevado consigo el silbato de Puini, por lo que no pudo llamarlo, no tuvo opción más que llegar tarde. La única cosa con la que sus padres eran realmente estrictos era la hora de llegada a casa, seguro estarían furiosos.

Pero a pesar de la urgencia alcanzar su destino, Wind hizo un pequeño desvío, pues encontró por el camino algo que llamó mucho su atención, una bonita flor celeste que brillaba en la oscuridad.

Era una flor muy poco común, quizás incluso más rara aún que la princesa de la calma, no recordaba haberla visto en los campos y praderas, pero de alguna forma se le hacía familiar ¿Dónde la había visto? Tuvo que forzar su memoria y arrugar la frente para recordarlo, aquello había sido ya hace unos meses. El día que conoció a Talma la joven hada había soltado una lágrima y esta al caer había creado una flor celeste idéntica a la que ahora tenía enfrente, por lo tanto eso significaba que su amiga había llorado... O quizás aún lloraba.

No tardó en darse cuenta de que esa no era la única flor, habían varias y crecían en línea recta dirigiéndose hacia algún lugar. Wind no lo dudó, siguió el rastro de flores que lo guiaron hasta el campo donde se cultivaban las calabazas, allí sentada en un ejemplar de enormes proporciones se encontraba la hada en su forma crecida llorando desconsolada, a su alrededor había un ejército de flores brillantes, dando a entender que llevaba ya un rato soltando lágrimas.

Ver a su amiga llorar lo hacía sentir tremendamente incómodo, durante algunos instantes dudó si cercarse ella, nunca había sido muy bueno para tratar con los sentimientos de las chicas, usualmente terminaba haciéndolas enfadar, pero la tristeza que presentaba Talma lo conmovía al punto que sentía la necesidad de calmarla, por eso se acercó a la criatura, lentamente y casi sin hacer ruido la abrazó.

Ante el contacto de sus brazos Talma pareció reaccionar, pues su sollozo se detuvo de golpe, pero en cambio comenzó a temblar en su lugar tratando de calmarse, aunque los resultados no era muy buenos pues su voz sonaba entrecortada e insegura.

— Wind... Yo...

— Ya Talma, tranquila, todo está bien, no llores ¿Que pasó? Cuéntamelo todo.

— Que... ¿Qué pasó? Es que... Es que acaso no te das cuenta... Yo... tú... No... ¿No estás enfadado conmigo?

— ¿Enojado? No, ¿Por qué lo estaría?

— Pero... Es que... Hace rato me gritaste y te sentí muy enfadado... Y yo...

— Ah si, hace rato estaba enojado, pero no era contigo y de todos modos ya se me pasó, así que no llores ¿Quieres?

— Que... Esto... ¡¿O sea que estuve aquí sentada llorando toda la tarde por nada!? — Si, definitivamente Wind tenía un talento especial para hacer enfadar a las mujeres.

— Pues... Parece que sí pero...

Una cachetada resonó en el silencio de la noche. Fue más la sorpresa que el dolor lo que remeció a Wind, quien se llevó la mano al rostro incapaz de creer lo que había pasado. Pero la tormenta que debía enfrentar aún no había pasado, pues la pobre hada aún tenía muchas cosas que decirle.

— Por qué... ¡Por qué tienes que ser tan insensible! ¡Y tan egoísta! Todos estábamos enfermos de preocupados por como estabas ¡Tu padre, tu madre, tu hermana y tu caballo ya no sabían que hacer para animarte! ¡Teníamos miedo de que tu corazón se hubiera roto tanto que ya no pudiera sanar! No se trata solo de ti ¡Hay mucha gente a tu alrededor a la que le preocupas! Y luego tú... Tú... Llegas aquí muy ufano como si nada hubiera pasado... Pero tú... Tú eres así... Nunca le tomas la importancia a las cosas y vives como un pajarillo... Sin darte cuenta de que tu falta de conciencia puede terminar lastimando a los demás...

Esta pequeña rabieta bastó para que Talma descargara toda su ira. La criatura alada ya exhausta por todas las emociones vividas ese día, se dejó caer sobre sus rodillas y apoyando sus manos en el suelo comenzó a jadear demostrando su agotamiento, entonces Wind se arrodilló junto a ella y la abrazó con cuidado.

— Lo siento Talma, perdón, soy un idiota, pero... Estoy tratando de cambiar... Quiero... Dejar de ser tan idiota... Creo que hay una forma mejor de decirlo pero no se me ocurre ahora. De todos modos nunca quise lastimarte... O lastimar a los demás... Es solo que me vi abrumado por mis sentimientos al punto que ya no sabía que hacer con ellos, pero de ahora trataré de controlarme, mantener la cabeza fría y pensar antes de actuar.

— Está bien... Siento que tus disculpas son sinceras, no sé si logres lo que te propones pero al menos sé que lo intentarás.

Ambos se separaron de su abrazo y se quedaron en silencio un momento, Talma se esforzaba por secarse los restos de lágrimas que ya había parado de salir de sus ojos y Wind la observaba tranquilamente esperando a que se calmara, en verdad se sentía mal por haberla hecho sufrirasí y en un impulso protector llevó su mano a la cabeza de la hada y comenzó a acariciarla dulcemente. El mágico ser sintió una gran calidez en aquel contacto, además de una curiosa sensación en su pecho.

Observó a su amigo con atención y un calor le subió a las mejillas, era una sensación rara e inexplicable para ella, pero de alguna forma era agradable y la hacía feliz, tan feliz que quisiera que durara por siempre. Quiso compartir con él un poquito de su felicidad, era una lástima que los humanos no pudieran sentir las emociones de los demás, no estaba segura de poder expresarle su alegría con palabras y decirle lo mucho que lo quería, pero lo iba a intentar. Ya había abierto la boca para hablar, pero ninguna palabra alcanzó a salir de su boca porque fue interrumpida por el grito de una mujer.

— ¡Wind! —Exclamó Ilia con lágrimas en los ojos cuando vio a su hijo sentado en la hierba frente a la hada.

Sin decir nada más la mujer corrió hasta su retoño y se arrodilló en la hierba para abrazarlo desesperadamente, como si creyera que era un sueño que se esfumaría de un momento a otro. Apretó al muchacho hasta casi dejarlo sin aliento, pero este no se quejó y dejó a su madre hacer lo que quisiera, se lo debía luego de tantas angustias que le hizo pasar.

Cuando Ilia se calmó un poco, liberó al muchacho de sus brazos y se quedó observándolo tanto como pudo en medio de la oscuridad de la noche, aunque todo estaba en penumbras el ligero resplandor que emitía Talma le permitió examinar a su hijo, este se veía bien, no tenía heridas, ni ningún problema aparente, incluso estaba limpio, aunque con curioso olor a carne asada ¿Dónde habría estado todo el día?

— Wind, estoy tan feliz de que estés vivo — Dijo la mujer con una sonrisa de alivio— ¡Por que te voy a matar! — continuó cambiando repentinamente a una expresión de furia— ¡Cómo se te ocurre desaparecer toda la tarde y volver a esta hora! ¡Ya te hemos dicho muchas veces que no debes andar por ahí de noche! Es la hora en la que los monstruos están más activos, y los Stalfos se levantan de la tierra para atacar a todo el que pasee por allí, es muy peligroso y ni siquiera te llevaste un arma contigo para defenderte, no me vuelvas a hacer esto jovencito.

— Sí... Lo siento mamá.

— ¿Comiste algo por ahí? ¿Tienes hambre?

— Ah, si, comí algo hace un rato en la casa de Malon.

— Ah ¿Qué estuviste haciendo allá? ¿Acaso bailaste encima del brasero que hueles a carne asada? —Preguntó la mujer de forma juguetona queriendo aliviar un poco el ambiente.

— No, solo fue mi ropa la que se estuvo secando encima del fuego, querían secar la ropa rápido y por eso lo hicieron, pero el señor Talon se le ocurrió poner algo de carne junto con mi ropa, es muy descuidado ¿Cierto? Pero de todas formas es una buena persona, fue muy comprensivo conmigo luego de verme desnudo con Malon y no hizo demasiados comentarios al respecto, aunque quizás lo hizo para no avergonzar a su hija... O para no hacerla enojar, ya sabes como es Malon.

— Wind — Ilia se había puesto pálida al escuchar a su hijo decir que estuvo desnudo junto a la granjera, pero por la oscuridad no se notaba mucho, sin embargo el tono de su voz le indicó al chiquillo que algo malo pasaba.

— ¿Que pasa mamá?

— ¿¡Qué rayos estuviste haciendo en la casa de Malon!? ¿¡Cómo es eso de que estuviste desnudo con ella!?

El chico se dio cuenta de que había hablado de forma demasiado descuidada y se dispuso a aclarar el malentendido, pero la intimidante presencia de su padre que apareció entre las sombras junto a su hermanita lo dejó mudo. Link lo miraba furioso, parecía un lobo a punto de atacar a su presa, pero claro, él nunca le haría daño a su hijo, por muy enfadado que estuviera. Pero Wind sabía que esa mirada auguraba malas noticias, no recibiría un regaño, ni tampoco gritos, lo que se venía era algo mucho peor.

— Wind... Estás castigado.


Talon también es un personaje Zelda, siempre donde aparece Malon, está Talon y tradicionalmente en todos los juegos, el caballero se duerme en el trabajo y su hija se enfada con él, de hecho en un par de juegos tu misión es despertarlo. Y por otro lado, así como Malon está basada en Marin, Talon está basado en Tarin, el padre de marin. Más referencias al personaje no pueden haber ¿Verdad?

Bien, el siguiente capítulo es uno que fue borrado y reescrito casi por completo y es que cuando uno se da cuenta que las cosas no van bien, pues tiene cambiarlas aunque duela (Había una pelea genial que tuve que eliminar), el hiatus que me tomé me sirvió para replantearme algunas cosas y siento que la recuperación de Wind ahora va más suave y creíble, por fin va a terminar la tormenta de sentimentalismo y podremos volver a los capítulos alegres y llenos de aventuras que me gusta escribir.