—¡Wind! ¡Entiende cabeza de stalfo! Al aplicar signo negativo todos estos números cambian —Ralph trataba con toda su paciencia (la cual no era mucha), de enseñarle matemáticas al rubio.

—Tú eres el cerebro de deku que no sabe explicar bien, si fueras profesor te morirás de hambre.

—Cállate excremento de Octorok, con alumnos como tú claro que me muero de hambre.

—¿¡Quieren callarse de una vez!? —Les gritó Malon perdiendo los estribos.

—Malon da miedo —Susurró Talma escondiéndose en las ropas de Wind.

Finalmente luego de varios días, el estado anímico de los muchachos por fin parecía haber vuelto a la normalidad, Wind y Ralph volvían a tener sus habituales peleas tontas, y Malón, tal como hacía antaño, retomaba su deber autoimpuesto de controlarlos. A simple vista nadie podría suponer la tragedia que habían vivido los chicos, pero la realidad era que ambos a su manera habían sido afectados, todavía cargaban pena encima, pero ya era más soportable y con el tiempo lograrían superar el problema.

Aunque viéndolos así de animados, Nayru casi llegaba a pensar que no había ninguna secuela en sus corazones y está situación solo la deprimía. ¿Acaso ella era la única que todavía lloraba por las noches antes de dormir? La única que necesitaba ser consolada. Casi se avergonzaba de su actitud depresiva y su constante necesidad de consuelo.

Afortunadamente Ralph estaba resultando ser un gran apoyo, no le reprochó ninguna de las lágrimas derramadas y jamás le negó un abrazo, de hecho ahora casi no la dejaba sola, quizás temía que se escapara de nuevo y se perdiera, pero eso ya no estaba en sus planes, ya no quería hundirse más en su tristeza, quería salir adelante, ser fuerte, como ellos...

—Nayruuuuu galletaaaas.

La peliazul despertó de sus pensamientos de forma repentina ante aquella voz aguda que le dirigió la palabra. Estaba tan ensimismada que tardó algunos segundos en descifrar quien le hablaba, pero cuando lo hizo, la sorpresa la dejó muda. Su vieja amiga Farone la miraba con su radiante sonrisa que tanto admiraba.

—Fa-fa-Farone...

—Eh... ¿Por qué tanta sorpresa? ¿Acaso viste un Poe? —La peliverde parecía restarle importancia al desconcierto de Nayru.

—Es que... Tú... Digo... Tanto tiempo...

—Sí, hace tiempo que no hablamos ¿Verdad? Pero parecías tan distante que no me sentía segura de acercarme. Igual, espero que mi presencia no te incomode.

—No-no ¡Claro que no! Es decir... Me alegra volver a hablar contigo luego de tanto tiempo...

Estas palabras parecieron encender una chispa de alegría en Farone, sus ojos brillaban como luceros, mientras un río de entusiasmo manaba de ella. Ese era el talento de Farone, alegrar hasta el más oscuro día, la muchacha reía de forma musical, como un canto que apaciguaba el alma y Nayru no pudo evitar sentirse contagiada por sus ánimos.

—Que bien que bien, creo que deberíamos salir un día de estos, veré cuando tengo tiempo, jeje. Toma —de forma repentina le tendió un paquete de galletas a su amiga.

—¿Y esto? — La chica miró el paquete con sorpresa.

—Son galletas.

—¿Para mí? ¿Las hiciste tú?

—¿Yo? Ojalá supiera hacerlas, las horneó Vaati.

A Nayru casi se le calló la bolsita de las manos cuando escuchó eso, incluso un escalofrío le recorrió la espalda ante la idea.

—E-e... ¿El brujo las hizo? —Farone hizo una mueca de disgusto al oírla.

—¿Podrías evitar llamarlo así? Vamos, que las haya hecho él no las hace malas, no tienen veneno ni nada ¿Cierto amor? —Gritó dirigiéndose a Vaati.

—¡Farone! ¿¡Que haces regalando mis galletas!? —Le gritó el brujo desde la parte de atrás de la sala de clases con expresión indignada.

—Eh... Creo que no deberías haberme regalado tus galletas... —Nayru parecía insegura.

—¿Por qué rechazas mis galletas? —Ahora el brujo lucía muy enfadado.

—Eh... ¿Entonces me las quedo?

—¿Acaso he dicho que puedes quedártelas?

—Aagg... Mejor ignora a Vaati —Farone lucía algo fastidiada— Iré a calmar a este muchachito gruñón, disfruta las galletas, nos vemos después.

Esta conversación dejó a Nayru perpleja. Vaati era muy raro. Soltó un suspiro y miró la bolsita con galletas que tenía entre las manos, entonces procedió a abrirla con lentitud y delicadeza, tal como ejecutaba cada aspecto de su existencia.

Cuando finalmente alcanzó el contenido de la bolsa, tuvo que admitir que este tenía muy buen aspecto, casi parecían galletas compradas en una tienda. Iba a probar una pero una cierta incomodidad la detuvo cuando se dio cuenta de que tres pares ojos la miraban.

—¿Quieren? —Atinó a ofrecerles a sus amigos.

—¡Claro! —Wind respondió por todos.

Cada quien tomó una galleta y sin ninguna de las dudas que presentaba la peliazul comieron.

—Mmm ¡Están muy buenas! —Dijo Malón con deleite.

—Es cierto, parece que el brujito tiene algunos talentos ocultos —agregó Ralph.

—Esto está demasiado bueno. —Wind no pudiendo contener su entusiasmo y con una broma en mente, se puso de pie y le gritó a Vaati— ¡Estas galletas son lo mejor que he probado! ¡Vaati cásate conmigo!

—¡Ya quisieras maldito! —Le contestó el brujo con el rostro rojo por el papelón que le hizo pasar el granjero— Rubio imbécil...

Nunca lo admitiría en voz alta, per lo alegraba un poco que otras personas además de Rumpel y Farone apreciaran sus golosinas, incluso si era el rubio odioso. Dirigió su vista preocupado hacia su amiga peliverde y tal como lo suponía, su chispa de alegría había mermado. Cada vez que tenía que tratar con Wind la melancolía afloraba en ella ¡Era por eso que odiaba tanto a ese tipo!

—Eh, Farone, oye...

—¿Eh? ¿Qué pasa?

—Arriba esos ánimos, no me gusta verte así, no vale la pena que te deprimas por ese idiota.

—Yo no estoy deprimida, tú estás deprimido. —Dijo bromeando y retomando su sonrisa habitual.

Vaati se cruzó de brazos y levantó una ceja demostrando su escepticismo, aunque luego optó por no decir nada. Ella era el tipo de personas que no solían compartir sus penas y se guardaba todo, a veces hacía demasiado honor a su título de oráculo de los secretos, pues era una experta en ocultar información. De todos modos el salón de clases no era el lugar ideal para tener una conversación de ese tipo.

—Oye Farone ¿Me quieres acompañar hoy después de clases al río? Necesito encontrar una hierba especial.

—Suena genial, vamos ¿Tú también vienes Rumpel?

Vaati suspiró decepcionado, la verdad es que quería pasar un rato a solas con ella, pero por alguna razón ella siempre lo evitaba y de alguna manera enredaba a Rumpel en sus planes, no es que le molestara tanto, le tenía mucho aprecio a su amigo, pero en verdad le gustaría tener un momento agradable para ellos dos. Aunque suponía que esa era una de las tácticas de la chica para mantener su relación en secreto, pues los padres de la chica no estaban de acuerdo con la relación aunque... ¿Acaso habría en ese miserable pueblo alguien interesado en tenerlo como yerno?

A veces también se preguntaba si a Rumpel no le molestaría ser el tercer elemento sobrante de la relación, la verdad no demostraba disgusto alguno, pero él era aún más cerrado que Farone... Al menos en lo que respectaba a palabras, todo su sentir lo expresaba a través de su música y solo con eso sabían cuando estaba contento o triste. Aunque últimamente no había tocado mucho.

El brujo parpadeó al pensar en este hecho e inmediatamente las alarmas se encendieron en su mente ¿Por qué no había tocado nada últimamente? En su tiempo libre lo hacía siempre.

—Vamos Rumpel, di que sí, ven con nosotros —Farone mecía suavemente a su amigo mientras insistentemente le pedía una y otra vez que los acompañara.

—No —contestó secamente, tras lo cual se cruzó de brazos y se recostó sobre su pupitre, esta acción dejó en claro que no habría más conversación.

Vaati frunció el ceño, esta conducta no era normal en él, al parecer tenía algún problema, uno tan grande que ni siquiera se atrevía a exteriorizar su sentir a través de la música. Él no era del tipo de persona que se inmiscuía en los asuntos de los demás, pero quizás por esta vez sería bueno intervenir.

Las clases transcurrieron con normalidad, excepto por Rumpel que parecía estar demasiado distraído, varias veces le llamaron la atención, aunque la maestra ya estaba algo harta de hacerlo, durante toda la semana había tenido aquel comportamiento extraño y arisco. Había considerado mandar a llamar a su tutor pero... No le gustaba mucho tratar con el excéntrico tío del muchacho, ese hombre le ponía los pelos de punta. Sin embargo si las calificaciones del muchacho se veían afectadas tendría que hacerlo.

Cuando finalmente terminó la sesión educativa, el violinista se levantó de su asiento, murmuró un tímido adiós a sus amigos y salió de la escuela absolutamente solo. Necesitaba pensar, aunque parecía que eso no le ayudaba mucho, por más que le daba vueltas en la cabeza a su problema, no veía una solución a este.

Decidió salir a dar una vuelta en las praderas que habían en los alrededores del pueblo, el clima estaba agradable, soplaba una brisa cálida muy reconfortante, y aunque el día estaba gris y nublado, en realidad no le molestaba, pues calzaba perfectamente con su estado de ánimo lúgubre. Tenía demasiadas preocupaciones en la cabeza y no tenía a nadie con quien compartirlas, por eso la sensación de abandono y angustia lo agobiaba de sobremanera.

Soltando mil suspiros que se llevaba el viento, Rumpel finalmente optó por sentarse a descansar a la sombra de un pequeño árbol que crecía solitario en aquel paraje, entonces levantó la mirada y observó los tenues rayos de sol que se filtraban a través de su tupido ramaje. Siempre le gustó observar ese fenómeno, pero ahora ni siquiera eso lo animaba, simplemente era incapaz de alegrarse, quizás tocar un poco de música sería bueno, normalmente era su única forma de desahogo.

Tomó el estuche de su violín del que jamás se desprendía, listo para abrirlo y extraer su instrumento, pero antes de hacerlo se detuvo y observó la máscara que estaba colgada en la tapa. Habían dos cosas que Rumpel siempre llevaba encima, su violín y al menos una máscara. Lo del violín podía entenderse por su alma de músico, pero lo de las máscaras se consideraba una costumbre más extraña, ni siquiera el que su tío fabricara máscaras justificaba esa conducta ¿Para qué llevar consigo una máscara cuando no había carnaval?

Pero Rumpel sabía que las máscaras eran más que solo eso, ocultaban secretos, escondían el alma, pero no era algo de lo que pudiera hablar con cualquier persona, al igual que su problema. Sus ojos melancólicos recorrieron la superficie de la careta Keaton, luego posó sus dedos sobre ella sintiendo su poder, aquel artefacto le traía tantas memorias, algunas buenas y otras horribles.

—Dazel... —Susurró con tristeza.

—¿Quién es Dazel? —Dijo una voz sorprendiéndolo repentinamente.

Rumpel gritó aterrado por la sorpresa y sin pensar mucho en lo que hacía tomó la máscara de Keaton y se la colocó, inmediatamente se transformó en un hermoso zorro amarillo con tres colas de puntas negras. Hasta ese minuto aún no había visto quien le había hablado, simplemente se dejó llevar por el instinto animal de la máscara y brincó sobre esta persona con sus fauces abiertas.

Pero antes de que pudiera alcanzar a su presa un viento huracanado sopló de forma tan terrible que lo empujó en el aire junto a una maraña de hierba y polvo. El zorro aterrizó algunos metros más allá mareado y desorientado, pero sobre todo asustado, jamás había presenciado un fenómeno así salvo en la presencia de...

Levantó la vista y esta vez sí se dio el tiempo de mirar con cuidado a las personas que tenía al frente, entonces se dio cuenta de que eran Farone, quien lucía sumamente asustada detrás de Vaati, quien lo miraba de forma severa y agresiva, con sus manos en alto listo para lanzar un hechizo ante la más mínima provocación.

—¡Pero qué rayos te pasa Rumpel! —Le gritó Vaati furioso— ¿Por qué atacaste a Farone? Y... ¿Por qué eres un zorro ahora?

Al animal se le erizó el pelo del terror, habían descubierto su secreto, el arte oculto de las máscaras encantadas había salido a la luz, ahora tendría que matarlos para que no revelaran nada de...

—Eres un mascarero mágico ¿Verdad? —Dijo Farone con una expresión tranquilizadora— no te preocupes, no se lo diremos a nadie. Hace tiempo que tenía mis sospechas pero nunca te había querido preguntar —Rumpel la miró de forma interrogante—. Recuerda que soy la oráculo de los secretos, todos los misterios del mundo llegan a mi mente y es mi deber velar porque la información no llegue a los oídos equivocados, no le diré de esto a nadie y me aseguraré de que Vaati tampoco lo haga.

—¿Qué se supone que es lo que no debo decir? —El brujo lucía molesto— ¿Y por qué nunca me mencionaste esto?

—No tengo porqué contarte todo lo que sé, sobre todo cuando son secretos concernientes a otras personas, son ellas mismas las que deben dar autorización para revelarlos, esas son...

—Las reglas de honor de la oráculo de los secretos, sí, ya me lo habías dicho antes —Vaati bufó molesto— Bueno ¿Y de qué se trata todo esto Rumpel? ¿Por qué de pronto eres un zorro? Nunca me dijiste que fueras un mago.

El animal la verdad lucía sumamente inseguro y pasaba su vista de uno hacia otro, estaba aterrado sin saber qué hacer, su secreto era demasiado importante, demasiado peligroso, no podía confiárselo a nadie.

—Rumpel... Somos amigos —Esta vez Vaati mostraba una expresión apenada— ¿Por qué es tan difícil confiar en nosotros? ¿Crees que sería capaz de traicionarte?

—Cuando... Incluso tu familia te ha traicionado... Es difícil confiar en cualquiera —contestó Rumpel con voz sombría— Y yo... No los quiero meter en problemas.

—Rumpel... —Farone lucía muy triste por aquellas palabras.

—Si es por eso no te preocupes —Vaati esbozó una sonrisa cínica— Yo estoy en problemas desde el día en que nací —hasta el mismo zorro terminó sonriendo frente a semejante declaración—. Y considerando el problema que últimamente aqueja a todo Ordon, no creo que lo tuyo sea peor.

—No hables con tanta confianza sobre aquello que desconoces —Rumpel metió sus garras debajo de su cuello y comenzó a quitarse la máscara— el desconocimiento fue el origen de muchas tragedias.

—Bueno, iluminarme, dime lo que debo saber

—Es que... No creo que debas saberlo...

—¡Ya basta de rodeos Rumpel! ¡Quiero ayudarte y no me iré de aquí sin saber lo que te atormenta! —esta vez el brujo tomó una actitud firme y decidida.

Rumpel Ahora en su forma humana lo miró con pena mientras se debatía consigo mismo sobre si hablar o no, pues estaba rompiendo un juramento sagrado, el secreto de su clan, e iba a revelar información muy peligrosa, una magia muy antigua que si caía en malas manos podía traer consecuencias devastadoras, no era algo que pudiera entregar a cualquiera, mucho menos a un brujo...

Rumpel se abofeteó mentalmente ¿Pero qué clase de amigo era? Conocía a Vaati desde casi dos años y este chico cínico y gruñón en todo ese tiempo le había demostrado que todo lo que se decía de estos individuos era una vil mentira. Él era una persona como cualquier otra, no pasaba sus noches pensando en planes de genocidio, ni tramando maldiciones extrañas, sus preocupaciones eran terminar las tareas a tiempo y pensar en qué cocinar al día siguiente, alguien como él no usaría mal la información que poseía... O al menos quería creerlo. Aunque si lo consideraba bien, los secretos de su clan ya estaban en malas manos, en realidad la situación no podía ser peor.

Suspiró derrotado. Ya no tenía sentido tratar de ocultarle sus problemas a sus amigos, de hecho probablemente sería mejor compartirlos con ellos, al menos así ya no se sentiría tan acongojado.

—De acuerdo, se los contaré, pero me tienen que prometer que no le dirán nada de esto a nadie ¡Nadie! ¿Entendido?

—No te preocupes Rumpel, como oráculo de los secretos lo que mejor sé hacer es guardar secretos —La chica le dedicó una sonrisa que transmitía confianza.

—Tú jamás has revelado mis secretos, yo jamás revelaré los tuyos —dijo Vaati.

—Bien, pues entonces... —Miró hacia su alrededor— vamos a sentarnos por ahí, esto será largo...

El grupo se dirigió hacia el árbol donde previamente había estado descansando Rumpel. Aunque era un grupo de confianza, se podía percibir el ambiente tenso, sobre todo por la actitud alterada de Rumpel, era como si el moreno estuviera luchando consigo mismo para extraer las palabras de su interior, ninguno de sus amigos podía siquiera imaginar lo complicado que era para él hablar de este tema, aquel era un dolor que llevaba en corazón desde hacía años y por primera vez iba a exponer su corazón ante alguien, la angustia que lo ahogaba ya lo superaban y estaba a punto de reventar.

—Esto... Esto es... Difícil... Yo nunca pensé que... Terminaría hablándole de esto a alguien pero... Yo... —Suspiró profundamente— Bueno, supongo que para empezar a explicar todo esto primero debería aclarar qué es un mascarero mágico, Farone probablemente ya lo sabe pero tú no Vaati.

—Si quieres yo se lo explico —se ofreció la peliverde a lo que Rumpel accedió con un silencioso asentimiento— Mira cariño, los mascareros mágicos son un clan antiguo que se dedican a preservar una rarísima y peligrosa magia oscura. Es un tipo de hechizo que permite encerrar el espíritu de una persona o monstruo dentro de una máscara.

—... ¿Qué?

—Lo que oíste, son gente que tiene una magia que...

—¡Ya escuché! No te pongas odiosa. Es solo que... ¿Acaso las diosas permitirían una aberración como esta? Es decir... Están encerrando espíritus dentro de máscaras —Vaati parecía horrorizado ante la idea—. Eso va en contra del orden del mundo, un espíritu encerrado no puede reencarnar ni unirse al flujo de energía del mundo ¿De qué rayos se trata todo esto?

—Es una magia horrible —dijo Rumpel con melancolía— Pero es necesaria...

—¿Y para qué es necesaria semejante horripilancia?

—¿Para qué es necesaria tu magia Vaati? —contestó mordaz el castaño.

—El manejar la magia oscura ayuda a controlarla, a veces las energías se desequilibran y alguien debe ponerlas en orden, además nuestros poderes también permiten un cierto control sobre los monstruos, esto puede ser útil para mantenerlos alejados de las poblaciones y...

—Ya entendimos Vaati, no nos recites el primer capítulo del manual del mago oscuro —lo interrumpió Farone.

—Bueno, así como tu magia tiene una utilidad en el mundo Vaati, la mía también la tiene. Nosotros no encerramos a cualquiera en una máscara, solo reducimos a los espíritus que están causando problemas, seres tan terribles y poderosos que deben ser suprimidos a toda costa. También a veces podemos crear máscaras con los arrepentimientos y pesares de las personas, de forma que en lugar de encerrar un espíritu, lo liberamos y le permitimos partir en paz. Nuestra magia no necesariamente es algo malo si la usamos bien.

—Ya entiendo, y creo que también comprendo porqué estabas tan reticente a compartir esto.

—Sí, si esta magia cae en malas manos puede ser usada de forma horrible —Rumpel agachó la mirada con tristeza— Y cayó en malas manos.

—¿Rumpel? —Farone lo miró con algo de miedo.

—Nosotros los mascareros antes éramos más, vivíamos en una comunidad cerrada que no tenía demasiado contacto con otros. Aunque todos éramos parte del clan, los conocimientos de nuestra magia no se le traspasaban a todos, nadie quiere que un loco desquiciado tenga este poder, por eso el patriarca del clan nos evaluaba para ver quiénes eran emocionalmente más estables para tener esta responsabilidad. Yo... Fui uno de los elegidos.

—¿Entonces esta historia trata de como el patriarca se equivocó al elegir a alguien? —Se aventuró a preguntar Vaati.

—No, claro que no, el patriarca nunca se equivocaba. Curiosamente uno de los requisitos para ser mascarero es tener la sabiduría para decidir quien más debe serlo. Como solían decir, un mascarero debe tener la suficiente habilidad para ver debajo de las máscaras de otras personas sin dejar caer la propia. Supuestamente yo tengo esa... Sabiduría innata para adivinar como es una persona solo observándola un rato. Quizás fue por eso que los elegí como mis amigos.

—No es para tanto —Un ligero sonrojo se apoderó del rostro de Vaati.

—Rumpel, eres muy tierno —dijo Farone con una risita.

—Pero quien no era apto para ser un mascarero era mi hermano Dazel... De hecho él era algo raro... No, la palabra no sería raro, él era obsesivo. Sí, esa sería la manera correcta de definirlo. Era un maldito obsesivo que no podía tolerar que su hermano menor tuviera el honor de ser un mascarero y él no. Él... Cuando me eligieron cambió su actitud radicalmente conmigo, antes era una persona amable y cariñosa, pero luego se volvió fría y distante, incluso a veces hasta cruel... Trató de extorsionarme, de obligarme a revelarle los secretos de las máscaras, pero eso era algo que no me iban a enseñar hasta que cumpliera los 10 años, él... Incluso me golpeó tratando de obtener lo que quería...

Dazel era extremadamente orgulloso y anhelaba el poder, de hecho quería llegar a ser patriarca algún día, pero su ambición desmedida jamás le permitiría logarlo, el patriarca fue capaz de ver esa mancha en su alma e inmediatamente lo descartó como mascarero. Aquella fue una decisión sabia, el problema fue que no tomó medidas extras, al parecer no dimensionó el hambre de poder de Dazel, jamás imaginó lo que sería capaz de hacer por poder.

Un corazón como el suyo... Era un nido perfecto para la maldad y para convertirse en el esclavo de la máscara más peligrosa que alguna vez se haya creado... La máscara de Majora.

—No... Era lo que me temía —Sollozó Farone.

—Creo que me mencionaste esa dichosa máscara alguna vez —dijo Vaati.

—Farone debe conocerla muy bien —Rumpel retomó la palabra— La máscara de Majora no se sabe de donde proviene, se desconoce que espíritu es el que guarda en su interior, solo se sabe que es muy peligroso, tanto que se prohibió su uso y se ocultó su presencia para todos. Sin embargo, este objeto parece tener vida y voluntad propia, e incluso ser capaz de contactar a otros seres receptivos desde la distancia. La ambición de Dazel era el nido perfecto para su influencia maligna y... Dazel comenzó a escuchar su voz... Al menos al inicio, antes de que todo se saliera de control, él solía decir que a veces escuchaba una voz muy graciosa que le hablaba. Nuestros padres pensaban que eran cosas de niños, yo sentía que había algo más, pero era un niño, no le daba la importancia debida.

Dazel comenzó a aislarse y a volverse agresivo con los demás, esto sí fue algo que preocupó a nuestros padres, pero cuando se dispusieron a tomar cartas en el asunto, ya fue demasiado tarde. No sé cómo lo hizo, pero mi hermano logró encontrar la máscara y apoderarse de ella. Se suponía que estaba protegida, que nadie podía tener acceso a ella, pero él la obtuvo... Y se la puso... Y Majora... Tomó... Posesión de él... Y... —En ese momento la voz de Rumpel se quebró— Y mató... A nuestros padres... Mató a papá y a mamá... Y a los vecinos... Y al patriarca... Yo... También me quiso matar... También me rajó el estómago con sus tentáculos —Rumpel lloraba desconsolado sin hacer ningún esfuerzo por contener las lágrimas— Me salvé porque fingí que con el primer golpe me había matado... Y me quedé quieto... Aterrado desangrándome... Hasta que mi tío me encontró...

El tío Felix justo había salido de viaje fuera del pueblo, él no estuvo para contemplar la masacre... Solo llegó y encontró todo destruido... Buscó sobrevivientes... Y me encontró a mí... Me curó, me cuidó, y me crió hasta ahora —Poco a poco Rumpel se fue tranquilizando— Mi tío también era un mascarero mágico, así que él terminó de entrenarme en este arte. Me trajo a vivir aquí a Ordon porque era un lugar tranquilo bajo la protección de los reyes de Hyrule. Supuestamente aquí estaríamos a salvo...

—¿Qué pasó con Dazel? —Preguntó Vaati temeroso.

—Nunca más supimos de él, y mi tío tampoco se atrevió a buscarlo. En realidad debería haberlo hecho, pero tenía miedo y yo también. Simplemente huimos buscando un lugar seguro. Pero parece que no hay lugar seguro en este mundo, Dazel ha regresado... Encontré pistas de su presencia y tengo miedo de que se repita una tragedia como la que le ocurrió a mi familia.

En ese momento Rumpel guardó silencio, abrazó sus rodillas y escondió su cabeza mientras temblaba ligeramente. Sus oyentes por su lado, respetuosamente le dieron su espacio para que se recuperara, era notorio lo complicado que era para él hablar de ese tema. Además, su relato los dejó meditando bastante, sobre todo a Vaati, quien tenía una leve sospecha.

—Rumpel... ¿Cómo es esta máscara de Majora? ¿Qué aspecto tiene?

—¿Aspecto? Oh, es espantosa. Tiene forma de corazón y le salen unas púas por la parte de abajo, además tiene pintados unos grotescos ojos amarillos en su superficie...

—¡El brujo!

—¿El brujo?

—¡Es el brujo que ha estado causando problemas en Ordon!

—¿El mismo que habías mencionado antes? Nunca me dijiste que llevaba una máscara.

—No me pareció importante, lo siento Rumpel. Por Din, el brujo y Dazel son el mismo. Esto significa que este tipo es peor de lo que esperaba ¡Hay que detenerlo! Rumpel, dime ¿Cuál es el objetivo de Dazel? Si logramos pensar como él quizás podamos...

—Caos y destrucción.

—¿Eh?

—Dazel está siendo controlado por Majora, sus objetivos son los de la máscara, y esta máscara solo busca el caos y la destrucción, ella no quiere poder, no desea revivir a los muertos, no quiere vengarse de nadie, no quiere obtener a una chica, solo quiere matar y destruir. Eso es lo que la hace tan terrible.

—Ay no...

—¿Entonces qué haremos? —Farone lucía muy preocupada.

—¿A tí no se te ocurre nada? Se supone que eres la oráculo de los secretos —dijo Rumpel algo desesperado.

—Eso es cierto, soy una biblioteca con patas, tengo información de todo tipo, pero no tengo la sabiduría para usarla... Tampoco soy tan lista realmente.

—Que no cunda el pánico —dijo Vaati con voz autoritaria—. Saldremos de esto, derrotaremos a Dazel, encontraremos la forma de hacerlo... Quizás nosotros solos no pero... Alguien nos ayudará, todo estará bien... Debe estarlo.