Por alguna extraña casualidad del destino, aquel bonito día Zelda se había levantado de madrugada, cosa extraña considerando que se había quedado jugando cartas hasta tarde con Impa, por esa misma razón su guardiana dormía profundamente en la cama que estaba al lado de la suya.
La princesa era del tipo de personas que no podía quedarse acostada en la cama mirando el techo o meditando, por eso en cuanto se despertaba lo primero que hacía era levantarse de la cama y en esta ocasión fue justamente eso lo que hizo.
Tras vivir lejos del castillo había desarrollado una independencia que antes no tenía, ahora se vestía, peinaba y maquillaba sola, pues su guardiana era un desastre en aquellas materias femeninas, de hecho la misma Zelda solía peinar y arreglar a Impa.
Una vez estuvo lista su primer impulso fue despertar a la sheika, pero tras verla dormir tan a gusto decidió que mejor no lo hacía. Suspiró apesadumbrada al encontrase sola y despierta tan temprano en la mañana, a esa hora no había mucho qué hacer, al menos para ella, la servidumbre ya estaría ocupada con sus quehaceres matutinos y probablemente nadie estaría dispuesto a gastar su tiempo con ella, la princesa lo tenía claro, este no era su castillo, si bien todos la atendían y la trataban bien no era tan adorada como en casa.
Se acercó a la ventana y observó el hermoso día que hacía afuera, que ganas de salir, el día era tan bonito que pensó sería lindo salir a desayunar a alguna de las encantadoras cafeterías que había en el pueblo, aunque claro, para eso primero tenía que esperar a que Impa despertara, pues nadie la dejaría salir sola, era muy peligroso para ella.
Fue entonces que aquella idea cruzó su mente ¿Y si saliera sola? Era verdad que le había prometido a su madre que sería cuidadosa, pero era molesto tener que depender de otros para salir, además, ya había aprendido unos cuantos hechizos mágicos, podía invocar escudos, estaba aprendiendo a crear flechas de luz y además Ezero le había enseñado un hechizo bastante útil que le permitía ocultar su presencia. Con todo eso debería poder defenderse sola, además tampoco iba a ir a luchar una guerra, solo iba a dar un paseo y a desayunar a una cafetería.
En el fondo seguía siendo una chica imprudente y poco juiciosa, pero al menos tuvo la consideración de dejarle una nota a Impa, sin embargo, lo que hacía seguía estando incorrecto y ella misma lo sabía, por algo se veía obligada a usar su hechizo de invisibilidad para salir de la mansión. Desgraciadamente su plan resultó a la perfección, aprovechó un momento en el que una sirvienta salió al patio exterior a recolectar flores y dejó la puerta abierta para salir, y se dio la coincidencia de que justo la reja que cercaba la propiedad fue abierta para recibir a un individuo que venía a dejar algunas mercaderías a la propiedad.
Pero hubo un detalle que Zelda debió haber tomado en cuenta, algo que pasó por alto que hubiera sido un indicador de que ese día era mala idea salir. El hombre que venía a dejar la mercadería lucía algo agitado y asustado, además de que pidió permiso para permanecer en la mansión hasta después de la hora de almuerzo, no le importaba si no lo atendían, solo quería quedarse resguardado en la propiedad. Pero todo esto Zelda lo ignoró y llena de ilusión salió al pueblo.
A medida que Zelda recorría las calles comenzó a notar que había algo extraño en el lugar, es cierto que era muy temprano, pero aún así las calles estaban demasiado vacías, al menos esperaría encontrar a algunas personas dirigiéndose hacia sus respectivos trabajos, pero no había nada, ni un alma vagaba por el lugar, en ese momento la princesa comenzó a sentirse algo asustada, casi sintió la tentación de devolverse, pero su curiosidad la llevó a dirigirse a la plaza central, esperaba encontrar ahí al menos a una persona que le dijera qué estaba pasando.
Una vez llegó al centro del pueblo, descubrió que este estaba tan vacío como todo lo demás, entonces confundida y asustada se dirigió a la pileta que decoraba el sitió y se sentó en el borde, no le importaba salpicarse de agua, en ese momento tenía otras preocupaciones. Se entretuvo un rato mirando los alrededores donde todo estaba quieto, como petrificado en el tiempo, si no fuera por el agua corriendo casi pensaría que de nuevo habían congelado el flujo temporal. Así como iban las cosas, ni siquiera podría desayunar.
Se puso de pie dispuesta a regresar a la mansión y pedir ayuda, pero justo en ese instante el ruido de unas pisadas captó su atención. Se giró a ver al individuo que venía corriendo con una expresión de alegría y alivio, había gente, quizás esta persona pudiera explicarle que estaba pasando.
Para su sorpresa quien venía corriendo era Ingus, pero no se veía tranquilo, de hecho puso una mueca de espanto en cuanto la vio. Zelda estaba a punto de abrir la boca para pedir una explicación, pero Ingus la ignoró, la tomó de la mano y la arrastró con ella hasta un callejón estrecho entre dos casas, donde la acorraló contra una pared y la cubrió con su cuerpo de forma protectora, bueno, al menos esa era la intención de Ingus, Zelda lo interpretó como una invasión de su espacio personal y un aprovechamiento, por eso chasqueó los dedos y le dio una ligera descarga eléctrica al muchacho.
—¡AAagg! ¡Pero qué rayos te pasa! —Dijo Ingus enfadado,aunque luego recordó con quien estaba hablando y tomó una actitud más respetuosa—. Me disculpo por mi impertinencia ¿Pero a qué se debe su agresión?
—Por favor, no me hables con formalismos, no estoy de humor para eso, además, somos compañeros de clases ¿No deberíamos ser más cercanos?
—Pero usted es la princesa.
—Sí lo sé, y ahora acabas de faltarle el respeto a la princesa.
—Mis disculpas su majestad —Dijo arrodillándose.
—Ay Ingus —Zelda suspiró ante la conducta del joven, odiaba esa forma tan correcta de ser de él, en ese sentido prefería al descuidado e irrespetuoso Wind, por eso casi ni se hablaba con Ingus—. Ponte de pie, olvida esto, necesito que me expliques que está pasando aquí ¿Por qué no hay nadie en las calles?
—Es el día de Mapple.
—¿El día de Mapple? ¿Es acaso algún tipo de festividad de la que no estoy enterada?
—Ojalá lo fuera.
en ese momento se escuchó una explosión fuera del callejón. Zelda pudo ver un destello de luz verde que reventó en medio de la avenida cegándola por un momento, pero en cuanto recuperó la visión, encontró a una muchacha bajita y menuda, como la mayoría de los practicantes de magia, de cabello negro fino color negro, no se distinguía bien pero tenía una frente amplia y rostro redondo, con unos expresivos ojos castaños, iba vestida de negro con un sombrero puntiagudo coronando su cabeza.
—Ella es Mapple.
—Ya veo... ¿Y cuál es el problema con Mapple?
—El problema con Mapple es Vaati.
En ese momento Mapple levantó un bastón que llevaba en las manos y apuntó al cielo un rayo de luz que reventó cerca de los dejados de una casa, se alcanzó a vislumbrar una sombra que voló lejos escapando de ese ataque. Zelda agusó la mirada y con algo de esfuerzo fue capaz de distinguir a una criatura algo rara, un ojo con cuernos y alas de murciélago que revoloteaba escapando de las explosiones de luz. De pronto el ojo se esfumó en un estallido de niebla dejando a la vista a un joven pelivioleta, quien tomó una posición ofensiva y disparó un orbe morado contra la bruja, pero ella logró esquivarlo con facilidad.
—¿Qué está pasando aquí? —Zelda lucía muy confundida— ¿Están peleando? ¿Por qué?
—Ellos siempre pelean —contestó Ingus con fastidio—. Resulta que en este pueblo hay una tienda dirigida por dos viejas brujas retiradas, Koume y Kotake, ellas tienen el surtido más grande de especias de todo el lugar, pero además también venden otras cosas raras como ingredientes para pociones y artículos propios de los magos y brujos. Cada tres meses más o menos, Mapple viene temprano en la mañana a hacer sus compras y Vaati todos los días también viene a lo mismo, como es de suponer, suelen encontrarse, y como este par de estúpidos se llevan muy mal, siempre terminan peleando. Pero claro, no pueden pelear como dos personas normales discutiendo, no, ellos siempre terminan en un duelo de magia que vuelve el lugar muy peligroso, por eso cuando se sabe que Mapple va a venir, todos se ocultan en sus casas y no salen hasta después del medio día que es cuando la bruja se va.
—Ya veo... —La princesa estaba estupefacta— ¡Hey! Pero si todos se esconden en sus casas ¿Qué haces tú afuera?
—Pues... —Ingus puso una expresión muy triste— Se me perdió mi gato y lo estoy buscando.
—Oh...
Eso fue una respuesta inesperada, Zelda veía al rubio como una persona seria y fría, del tipo que solo se preocupaban por cosas "importantes", no imaginó que un gatito sería algo que lo descompondría tanto, hasta cierto punto eso lo parecía lindo.
—No te preocupes Ingus, seguro que lo encontrarás.
—Es lo que todos dicen para tranquilizarlo a uno, pero la realidad es que encontrarlo no es seguro ¿Verdad?
—Sí... Bueno, pero si empiezas a buscarlo pensando que no lograrás nada eso baja mucho las posibilidades de éxito. Vamos. —Zelda comenzó a caminar fuera del callejón.
—Princesa ¡Espere! ¿A donde va?
—¿Pues a donde más? A detener a esos dos.
—¡Pero es peligroso!
—Yo también soy peligrosa —dijo con una sonrisa traviesa. Ingus no supo que responder a eso.
Vaati y Mapple ya se preparaban para un segundo asalto luego de una pausa dramática, ambos estaban con sus manos en alto acumulando magia para su siguiente ataque espectacular, pero entonces Zelda se interpuso entre ellos y se cruzó de brazos mirándolos con severidad.
—Apártate niña —gruñó Vaati.
—No lo haré hasta que dejen de pelear y de perturbar la paz de este pueblo —declaró la princesa con total firmeza.
—A nosotros no nos importa la paz de este pueblo, —dijo la bruja de forma descarada.
—Pero a mí sí, y como princesa de Hyrule tengo el deber de detenerlos.
—Inténtalo si quieres, solo saldrás lastimada, apártate.
—¡No lo haré!
Ingus miraba la escena horrorizado ¡La princesa estaba en peligro! Le parecía admirable que tuviera el valor de presentarse frente a ese par de individuos sin armas ni nada con qué defenderse y esperara detenerlo, pero también era una insensatez ¡La matarían! Pero él como aspirante a caballero de la guardia real debía defenderla, era su deber. Observó que las esferas de energía en las manos de los los brujos estaban a punto de estallar, no había tiempo que perder.
Salió corriendo del callejón donde se mantenía oculto y gritó con todas sus fuerzas tratando de llamar la atención de los hechiceros con tal de que lo atacaran a él y no a la princesa, pero estos parecían ignorarlo. No había salvación, no había opción, tendría que interponerse y recibir el ataque en lugar de la princesa, por eso corrió con todas sus fuerzas y brincó hacía ella.
—No tientes tu suerte princesa, en verdad te atacaremos si insistes en interponerte —probó una vez más Vaati.
—Por favor, los tres sabemos que son incapaces de hacerlo —contestó la chica con simpleza.
—¡Princesaaaaaaa! —Gritó Ingus desesperado cayendo hacia Zelda para empujarla lejos del peligro.
Zelda se limitó a dar un paso atrás y esquivarlo, con lo que Ingus pasó de largo y cayó al piso de forma bastante vergonzosa, pero no dejó que eso lo detuviera, inmediatamente se puso de pie listo para defender a la noble con su propio cuerpo de ser necesario, pero para su sorpresa los brujos habían bajado los brazos y no había rastro de las esferas de magia que tenían antes y ahora todos lo miraban con una expresión de incomodidad.
—Eh... ¿Que pasó? —Preguntó el rubio sorprendido.
—Oye ¿Esto de tirarte al piso es una costumbre tuya? —Preguntó Mapple sin reservas.
—Esto... No... Es solo que... —Ingus comenzaba a ponerse nervioso, su rostro se había teñido de carmesí.
—Quizás estaba practicando sus capacidades de vuelo —dijo Vaati con un claro tono de burla.
—¡Oigan ya basta! —Los reprendió Zelda—. Él solo quería salvarme, el pobre no sabía que yo no estaba en peligro, no se burlen de él.
—¿No estaba en peligro? —Ingus miró el rostro de cada uno con confusión— ¿Acaso esto es algún tipo de broma concertada? ¿Qué es eso de que no estaba en peligro?
—Pues no lo estaba, ellos no serían capaces de hacerme daño.
—¿Pero cómo puede estar tan segura?
—No tienen ninguna razón para dañarme, o sea, ellos son personas normales, y la gente normal no anda lastimando ni matando gente porque sí.
—¡Pero son brujos!
—¿Y?
—¡Son criaturas del mal! Ellos... ¡Aggghh!
—¡Yo te voy a mostrar lo que es una criatura del mal!
—¡Princesa!
Zelda había agarrado a Ingus y haciendo gala de una fuerza y por sobre todo habilidad que nadie esperó que tuviera, le agarró uno de los brazos y le hizo una llave a la espalda, dejando al muchacho absolutamente inmovilizado.
—¡Cómo puedes decir esas cosas tan crueles! ¡Discúlpate ahora!
—Ay ay ay ¡Lo siento!
Mientras esta curiosa escena se llevaba a cabo, ambos brujos los miraban con absoluto desconcierto, una "delicada" princesa sometiendo a un chico alto y fornido no era algo que se viera todos los días.
—Oye Vaati ¿Estás seguro de que esta chica es la princesa? ¿No será alguien que se le parece mucho?
—Es ella, créeme, cuando la conoces bien descubres que estas cosas son normales en ella.
Zelda finalmente soltó a Ingus y este de mala gana les hizo una reverencia a los practicantes de magia quien lucían más perturbados que complacidos, no era normal para ellos que se les dedicaran este tipo de gestos. Luego el rubio miró a la futura monarca con algo de miedo y dijo:
—¿Dónde aprendió eso?
—Es entrenamiento Sheika básico. Es cierto que tengo una guardiana personal y todo un ejército de caballeros dispuestos a defenderme, pero a las princesas también se nos da una formación militar básica en caso de ser necesario, no soy particularmente buena en esas materias pero al menos sé algunas maniobras sencillas.
¿No era particularmente buena en esto? ¿Era en serio? Ingus se sentía sumamente humillado, si quería aspirar a ser caballero de la guardia real, al menos debía ser mejor que su protegida en combate cuerpo a cuerpo, tenía mucho que aprender y entrenar, ahora sabía que no todo se limitaba al uso de una espada.
—Bueno ¿Y qué hacen aquí? —De pronto Mapple habló—. Deberían estar en sus casas seguros y escondidos.
—¿Por qué? Dudo que un montón de explosiones de luz hagan daño —Ambos la miraron sorprendidos y asustados, habían descubierto su secreto—. Por favor Vaati, recuerda que también estoy estudiando magia con tu maestro, obviamente puedo distinguir una explosión de luz de una de verdad.
—Si... Bueno... Pero aún así no deberías haber salido de casa porque... —Vaati lucía nervioso.
—Soy nueva en el pueblo y nadie me dijo que debía permanecer en casa hoy.
—¿Pero has salido sola? ¿No está tu sombra contigo? —El brujo miró a su alrededor temiendo que la sheika le saltara encima en cualquier momento.
—Es que... Me escapé. Jeje.
—Oye... ¿En serio eres una princesa? —Le cuestionó Mapple—. No calzas mucho con la idea que tengo de una princesa ¿No deberías ser linda, tranquila y obediente?
—Tú tampoco calzas con la idea general que hay de las brujas, si nos vamos por las historias que se cuentan, tú deberías estar tratando de matarme para robar mi belleza o algo así.
—Por favor ¿Robar tu belleza? Claro que no, con lo guapa que soy no necesito de ninguna princesa rubia y desabrida, mírame, soy divina. —Vaati trató de reprimir una risa ante los comentarios de su amiga, pero esta se dio cuenta— ¿Que? ¿Acaso dudas de mí? Oh claro, tú estás enamorado, para ti la más bonita es...
—¡Cállate!
Vaati inmediatamente le puso una mano en la boca a la pequeña bruja para callar sus palabras, sin embargo Mapple no era tan fácil de silenciar, le babeó la mano y el pelivioleta tuvo que soltarla asqueado, todo esto los llevó a una discusión bastante animada. Mientras tanto Ingus los observaba incrédulo, se suponía que eran brujos, seres con magia maligna que solo hacía daño, si incluso llevaban casi dos años aterrorizando al pueblo con sus peleas ridículas, pero ahora se comportaban como un par de chiquillos de su edad, como gente normal.
Al parecer el rubio los miró con demasiada intensidad, pues de pronto ambos desviaron su mirada hacia él. Ingus se turbó un poco y esperó algún ataque repentino del cual no podría defenderse, sin embargo lo que recibió fue una pregunta.
—¿Y tú qué haces aquí?
Era algo simple, pero difícil a la vez. Quizás sería una estupidez pero a Ingus le importaba la imagen que proyectaba en los demás, él quería que lo vieran como un tipo serio, frío y fuerte, sobre todo sus "enemigos", por eso no podía decir que estaba preocupado por un gatito perdido, se lo confesó a la princesa por la necesidad que sentía de justificarse ante su superior, pero no era algo que quisiera que supieran todos, sin embargo Zelda ajena a todo esto, no se guardó nada.
—Ingus está buscando a su gatito que se perdió.
Y lo había dicho. Ahora el rubio esperaba las burlas de los hechiceros, una humillación absoluta ante tal signo de debilidad, sin embargo su actitud fue todo lo contrario.
—¿¡Un gato perdido!? Ay no —Mapple lucía sumamente preocupada.
—Hay que encontrarlo, esto es grave —Y Vaati también.
—¿Dónde fue la última vez que lo viste? ¿Tu gato acostumbra salir de casa?
—¿Se comportó de alguna forma extraña en el último tiempo?
—¿Es macho o hembra? ¿Qué edad tiene? ¿Cómo se llama? ¿Cómo es?
Algo saturado por tanta pregunta y por la sorpresa de la reacción de los brujos Ingus contestó como pudo.
—Mi gato se llama Chito... Es de color blanco con manchas grises y... No creo que tenga más de 5 meses, lo adopté hace poco y hasta ahora nunca había salido, es su primera vez fuera de casa, salió ayer mientras estaba en la escuela y todavía no regresa.
Vaati y Mapple se miraron y asintieron en común acuerdo ¡Había que encontrar a ese gato perdido! Ambos salieron volando, cada uno a su manera, Mapple hizo aparecer una escoba en la cual se montó y se elevó lista para recorrer los tejados de Ordon, por lado, Vaati se transformó en su característica forma de ojo con alas de murciélago y se dispuso a recorrer cada callejón y escondrijo de gatos que logró pillar.
Ingus se quedó algunos segundos procesando lo que acababa de suceder antes de que Zelda le tomara la mano y lo sacara de su estupor.
—Vamos, ya que ellos nos están ayudando a encontrar a tu gato, nosotros también debemos dar nuestro mejor esfuerzo.
El aprendiz de caballero asintió y siguió a la muchacha.
Las siguientes dos horas el grupo de chicos se dedicó a buscar a la mascota perdida, recorrieron todos los lugares probables e incluso los improbables, pero ni la vista aérea de Mapple ni la capacidad de Vaati para buscar por lugares imposibles les ayudó en su misión. Finalmente el grupo se detuvo a descansar debajo de un árbol en una pequeña plaza que había frente a la casa de Ingus. Todos lucían muy desanimados por los pocos resultados que habían obtenido, sin embargo a Ingus le extrañaba que los usuarios de magia eran los que parecían más preocupados, por eso, aunque no les había dirigido la palabra en todo el tiempo que llevaban trabajando juntos se atrevió a hacerlo.
—Disculpen que lo pregunte pero ¿Por qué les preocupa tanto mi gato?
—Es triste no tener un hogar al cual regresar, y también es triste esperar por alguien que nunca llega —dijo Mapple con melancolía.
—Además, los gatos son muy importantes, son guardianes espirituales que protegen contra el mal de ojo y los infartos —agregó Vaati.
—Entonces... Esto lo hacer por el gato ¿Verdad? —Hasta el momento Ingus se negaba a creer en la bondad de los brujos y buscaba por todos los medios justificar su pensamiento.
Pero Zelda no estaba de acuerdo con su actitud y nuevamente le hizo una llave.
—¡Ah! ¡Princesa! ¡No por favor! ¡Lo siento lo siento!
—Ingus ¿Podrías dejar de actuar como si ellos fueran lo peor del mundo?
—¿En serio espera que confíe en unos practicantes de magia oscura? ¡Me niego! ¿Cómo podría confiar en ellos cuando llevan años aterrorizando nuestro pueblo?
—Pero seguro ellos tienen una razón para hacerlo —Trató de justificarlos Zelda
—¿Razones? ¿Qué razones puede tener alguien para sembrar el terror y obligar a que todos se encierren en sus casas? Ellos son...
—¿Protección te parece una razón suficiente? —Dijo Vaati casi gritando de indignación.
—¿Protección? ¿De qué? —Ingus también lucía molesto—. Ustedes usan una magia mortífera y peligrosa ¿En serio necesitan defenderse de alguien?
—A ver, entiendo tu punto, podríamos matar a cualquiera fácilmente ¿Pero qué pasa si no queremos hacerlo y solo tenemos ganas de pasear por ahí?
—Tú deambulas libremente por el pueblo y nadie te hace nada.
—Soy un brujo, pero para las brujas es más complicado. A ellas ni siquiera las dejan presentarse en público y el odio contra ellas parece ser mayor. Mapple ya ha pasado por mucho, no quiero que nadie la dañe más —La aludida lucía sumamente nerviosa y afectada por el tema y se encontraba recogida agarrando sus rodillas—. Y si tengo que hacer que todos se queden encerrados en sus casas para que ella pueda pasear sin que le tiren piedras, pues lo voy a hacer.
—¿Entonces todo este asunto de las peligrosas batallas mágicas que tienen ustedes dos es un montaje? —Preguntó Zelda.
—Pues sí... ¿Nunca les llamó la atención que ninguna casa resultaba dañada?
Y ahora que Ingus lo pensaba, era verdad, de hecho si el pueblo sufriera daños seguro el alcalde haría algo para expulsar a esa bruja para siempre pero... En realidad nadie hacía nada ¿Acaso todos sabían que era un montaje y aparentaban el terror y la opresión?
—Seguro que muchos saben que todo es falso, —dijo Zelda pensativa, ella había llegado a la misma conclusión que el espadachín—. Pero aún así se encierran en sus casas...
—Porque nadie quiere que lo vean hablando con la bruja o siquiera mirándola —dijo Mapple con un dejo de rabia—. Solo por eso fingen miedo, y así es como todos seguimos con esta tonta obra de teatro.
Y ahora Ingus se sentía como un estúpido. En realidad todo eso era estúpido. Suspiró y meneó la cabeza pensando en todo eso, quizás debería considerar cambiar la idea de ser caballero de la guardia real y convertirse en alcalde, así podría hacer bastantes modificaciones que parecían muy necesarias en Ordon. Aún se encontraba considerando sus opciones cuando el maullido de un gato los distrajo.
Todos miraron hacia la copa del árbol bajo el cual estaban sentados y vieron a un gato joven de color blanco con manchas grises que los miraba con miedo.
—¡Chito! —Gritó Ingus reconociendo a su mascota.
—¿Ese es Chito? —La bruja inmediatamente hizo aparecer su escoba— No te preocupes, yo lo bajaré.
Con mucha facilidad Mapple se elevó hasta la cima del árbol y rescató al animal perdido, el cual prontamente fue devuelto sano y salvo en las manos de su dueño.
—Chito, no te vuelvas a ir así —el felino se limitó a cerrar los ojos en actitud relajada.
—Mira, recuperaste a tu mascota —Zelda estaba sumamente feliz por el final de todo ese problema.
—Gra... Gracias —contestó Ingus con un sonrojo, siempre tenía problemas con toda expresión emocional.
—Bien, el gato perdido está con su dueño, nuestro trabajo está terminado —dijo Vaati restándole importancia a la vergüenza de Ingus, creo que también es hora de que partas Mapple, te acompaño al bosque.
—Claro, vámonos —entonces se dirigió hacia la princesa—. Gracias por tu fe en nosotros, eso significa mucho.
—No hay problema.
Luego de la despedida, Vaati tomó su forma de monstruo, Mapple montó en su escoba y ambos se alejaron volando. Tanto la princesa como el espadachín se les quedaron mirando durante algunos momentos antes de que este último decidiera romper el silencio.
—Creo que ya es hora de que regrese a la mansión princesa, todos deben estar muy preocupados por usted.
—Sí, tienes razón, Impa va a estar histérica, bueno, creo que me voy entonces.
—Espere, voy a dejar a Chito a mi casa y luego la acompaño.
—No es necesario, puedo ir sola.
—Pero no debería deambular sola por las... ¡Ah!
Ingus esquivó a tiempo a la princesa antes de que otra vez le aplicara una llave, al parecer ni siquiera le importaba que llevara un gato en los brazos.
—Está bien, está bien, como desee.
Zelda solo le dedicó una sonrisa traviesa y con una gesto de la mano se despidió de él, entonces se dio la vuelta y emprendió su camino hacia la mansión. Ingus suspiró pensando en lo particular que era la princesa de su reino, incluso para ser una chica era bastante especial, aunque gracias a ella ahora tenía una nueva meta, además de superar a Wind en el uso de la espada, debía ganarle a Zelda en combate cuerpo a cuerpo.
Cuando Zelda regresó al hogar de Ralph le esperaba un abrazo desesperado de parte de su guardiana y por supuesto, un regaño legendario. Sin embargo, a pesar de las molestias, Zelda sentía que había valido la pena.
Capítulo Relleno/homenaje, el cual por supuesto está dedicado a Mapple, otro personaje olvidado de la franquicia.
Mapple aparece en Zelda oráculo de las estaciones/tiempo. Aparece de forma aleatoria volando por allí y a menudo choca con nosotros, esto provoca que ambos caigamos al piso tirando parte de nuestras pertenencias, entonces ella enojada nos echa la culpa de la colisión y dice que va a recoger sus cosas y las nuestras también por las molestias, entonces se viene una competencia por obtener la mayor cantidad de objetos. Hay algunos anillos exclusivos que solo se pueden obtener robándoselos a Mapple. En general es una chica infantil del tipo que nunca asumen sus culpas y no es sincera con sus sentimientos, incluso en el manga la representaron así. Como dato extra, ella es la aprendiz de la bruja Syrope (También aparece en el juego), juntas hacen el juego de palabras "syrope de Mapple"
Y bueno, siento que cada vez esto se vuelve más original y menos un fanfic, quizás a futuro cuando ya haya acabado el fanfic lo reescriba con algunos cambios como historia original, hay muy buenas ideas aquí. Gracias por leer!
