El ambiente en el grupo seguía tenso, ni un comentario era soltado por descuido, ningún comentario amable o tranquilizador opacaba aquel silencio asfixiante. Cada uno tenía sus propias razones para guardar sus palabras, salvo por Wind, que no entendía nada de lo que ocurría y trataba de ser amable con los demás dándoles su espacio, suponiendo que estaban demasiado tensos por la situación. No se le pasaba por la cabeza que toda la situación estaba gatillada por problemas personales, ni que en el grupo alguien pudiera tener algo en contra suya.
Suspiró sonoramente y notó que su aliento se condensaba en una efímera nube blanca, la temperatura volvía a bajar, se acercaba el invierno una vez más y por ello miró con compasión a Din que se abrazaba a sí misma.
-Din, hace algo de frío ¿Te paso otra vez el abrigo? -Dijo deteniéndose para sacar algo del equipaje que cargaba su caballo.
-¿Para que? Es una perdida de tiempo, dentro de un rato volverá a hacer calor. Ahórrate tu ayuda -el tono de voz usado por la pelirroja dejaba muy en claro que estaba molesta.
-Din ¿Cuál es tu problema conmigo? - Wind ya se había cansado de ser amable y comprensivo.
-¿Mi problema contigo? El problema es que no te das cuenta de nada, nunca entiendes a los demás... -En ese momento su voz bajó hasta volverse casi un susurro- si no fueras tan despistado las cosas con Farone habrían sido distintas...
-¿Podrías decirme qué es lo que no entiendo? Por favor.
La Gerudo le dedicó una mirada feroz y escuchó un ligero quejido soltado por Farone. Maldijo la cobardía de su amiga al ser incapaz de enfrentar el problema que tenía con el rubio, y ella no podía intervenir, le prometió guardar silencio sobre el asunto, así que luego de respirar hondo y calmarse buscó alguna excusa para salir del paso.
-Soy una Gerudo, y como tal soy una guerrera, para mí es humillante estar en la posición de tener que ser protegida. Además, el no tener mis espadas gemelas me hace sentir desnuda.
-¿Ese es todo el problema? - Preguntó Vaati-. Si querías algo con que defenderte podrías haber preguntado.
Antes de que la morena pudiera replicar algo, Vaati empuñó su mano y generó una esfera oscura que arrojó contra la chica, ella colocó sus brazos en frente buscando defenderse y cerró los ojos esperando el impacto, pero nada ocurrió. Entonces con algo de temor abrió sus ojos lentamente y bajó los brazos, luego de un momento de confusión se dio cuenta de que enfrente de ella habían dos espadas gemelas de color negro flotando en medio del aire.
-Esto... Esto es...
-Un par de armas para que te defiendas, este bosque es peligroso y es mejor contar con una guerrera antes que con una damisela indefensa.
Din frunció el ceño ante la forma despectiva en que le hablaba, pero no dijo nada, no le convenía ser desagradecida con el brujo, así que cogió ambas espadas de en medio del aire y comenzó a examinarlas, notando el impecable filo que tenía cada una, no podía creer lo firmes y peligrosas que se veían.
-¿Son de verdad? ¿Has creado armas de la nada?
-Son temporales -aclaró inmediatamente el brujo-. El trabajo de un brujo nunca podría igualar al de un herrero, la magia es una energía potente pero efímera, en cambio el metal está hecho para perdurar -Vaati estaba recitando de memoria sus textos de estudio- Probablemente durarán hasta el final del día, luego se disolverán en el aire.
-Bueno, con que me duren un par de horas basta. -Sonrió con confianza.
-Que bien, entonces ya puedes tomarte las cosas con más calma -dijo Wind con una sincera alegría.
Wind hizo aquel comentario con la mejor de las intenciones, pero Din no correspondió su gesto de buena fe, en cambio le dedicó una mirada glacial en la cual el muchacho pudo leer una palabra.
Desafío.
El muchacho no acostumbraba a competir contra mujeres, ya que la mayoría de las competencias en las que participaba eran de resistencia física, cosa en la que la biología le daría ventaja, pero si Din quería desafiarlo a un duelo no se lo iba a negar, además de que ya lo tenía hasta la coronilla con su actitud resentida y despectiva, quizás tenía un carácter suave y complaciente, pero eso no significaba que siempre pudieran pasarlo a llevar.
-Wind ¿Qué haces? -Preguntó Talma preocupada cuando vio a su amigo desenfundar su espada.
Para pesar del hada, la Gerudo había tomado sus espadas y parecía dispuesta a corresponder sus intenciones de combate, era obvio que lo que se venía era inevitable, esa panda de mocosos irresponsables tenían al mundo al borde del colapso y aún así encontraban tiempo para peleas tontas.
Farone y Vaati retrocedieron un poco dando espacio al enfrentamiento, ninguno hizo nada para detenerlos, ella porque conocía el carácter ardiente y decidido de su amiga y sabía que no tenía el poder para detenerla. Él porque simplemente le gustaba ver el mundo arder y no creía que el encuentro tomara mucho tiempo o acabara de forma peligrosa.
-Vaati haz algo -suplicó la peliverde.
-¿Para qué? Deja que se diviertan un rato, seguro la pelea los ayudará.
-Para mí que tú estás disfrutando de esto.
-Nah, como se te ocurre -había una ligera nota de sarcasmo en su voz.
-¡Qué rayos te pasa hoy Vaati! Estás actuando más desagradable que nunca.
El rubio miró fijamente a la mujer del desierto, tomó postura de combate, se alistó para realizar su primer movimiento, y tropezó.
Aunque aquello no fue culpa suya, más bien era la voluntad de Fi que se negaba a pelear. La espada tenía consciencia propia pero la manifestaba tan rara vez que a veces se olvidaban de que la tenía, y esta batalla infantil la enfureció mucho, por lo que antes de que Wind pudiera hacer cualquier movimiento, el arma aumentó su peso y el joven granjero terminó cayendo al piso al ser incapaz de sujetarla.
-Pero que rayos... ¡Fi! ¿Por qué rayos aumentaste tu peso? ¡Vamos hazte ligera! -Entonces notó la mirada d fastidio y decepción que le dedicaba Din- ¡Vamos pedazo de fierro! ¡No me hagas quedar en vergüenza!
-Aaahh... No sé ni para qué lo intento -dijo la pelirroja dándose media vuelta.
Wind sintió que le ardían hasta las orejas de la vergüenza que sentía, nuevamente había sido despreciado por la gerudo, cada vez parecía menos probable que se ganara su respeto. Miró su arma con rabia y comenzó a tironear de ella con más fuerza tratando de levantarla.
-¡Maldita espada del demonio! ¡Ahora te vienen tus estúpidos arranques rebeldes! ¡Ya tienes milenios de edad y te comportas como una cría! ¡Muestra algo de madurez por favor!
-Wind... No creo que seas quien para exigirle madurez y responsabilidad a la espada -dijo Talma.
-¡Y tú de qué lado estaaaaah!
Justo mientras decía esas palabras, Fi modificó su peso de nuevo y se volvió ligera como una pluma, y Wind que en ese momento se encontraba tirando con mucha fuerza, la arrancó del suelo, pero el impulso fue tal que terminó cayendo de espaldas y soltando el arma que salió volando de sus manos. Fi se dirigía peligrosamente hacia Vaati, pero afortunadamente el brujo tenía reflejos suficientes para esquivarla, logró agacharse a tiempo evitando el filo que pasó rosando su cabeza, aterrizando detrás de él y enterrándose en un siniestro muñeco de madera y hojas que estaba detrás de él amenazándolo con un puñal.
Cuando Vaati se dio cuenta del peligro en el que estuvo lanzó un grito digno de una soprano.
-Que... Que... ¡Qué rayos! -Chilló el brujo asustado.
-¿Qué es eso? -Wind se acercó con cautela a recuperar su arma que estaba clavada en el pecho del muñeco, por fortuna no le costó arrancar la espada de la madera.
-¡Nos atacan! -Exclamó Din poniéndose en guardia con sus armas en alto.
En ese momento se escuchó un extraño murmullo, eran como cuentas de madera chocando unas con otras, a la vez que la tenue melodía de un flautín sonaba en las cercanías. El grupo se juntó buscando protegerse al tener más ojos observando los alrededores, cada quien estaba pendiente de cada hoja, crujido, sombra o señal que pudieran notar, hasta que fue Talma quien advirtió primero los siniestros ojos rojos que brillaban entre los árboles.
El dueño de aquellos orbes se aproximó lentamente, llenando el terreno de brotes verdes y flores a su paso.
-La primavera lo sigue -Exclamó el brujo-, debe ser el skull kid que buscamos.
La criatura que tenían al frente era curiosa, aunque quizás la palabra que la describiría mejor sería siniestra, su piel parecía tosca y era de un color azulado, delimitando un cuerpo flaco, cubierto parcialmente por ropas de colores vistosos, su cabeza era absolutamente redonda, como si se tratara de la de un muñeco, un par de ojos rojos brillaban en su faz y eran complementadas con una enorme boca sonriente plagada de dientes filosos que contribuían a su aspecto perturbador, ni siquiera el lindo sombrero colorido que llevaban ayudaban a hacerlo menos temible.
-Ah... Hoy ha venido mucha gente al bosque ¿Han venido a jugar conmigo? -Dijo la criatura con el tono de voz más inocente que pudo componer.
-No estamos para juegos -Din se irguió orgullosamente y apuntó una de sus dagas contra el skull kid-. Hemos venido por el cetro de las estaciones ¡Devuélvelo ahora!
La voz fuerte de Din exigía obediencia inmediata, pero no parecía surtir efecto en el duendecillo, este seguía sonriendo despreocupadamente, simplemente ladeó la cabeza haciendo chocar las cuentas de madera de su collar.
-¿Cetro de las estaciones? No sé de qué hablas.
-No finjas, la primavera te sigue, eso solo se puede lograr con el poder del artículo sagrado.
-Pero yo no sé de ningún cetro de las estaciones, y estamos en primavera ¿No es lo normal que esté todo florido?
-¡Deja de mentir si no quieres que acabe con tu vida!
-¡Espera Din! -Gritó Wind interponiéndose entre ella y el skull kid-. No lo ataques, creo que este chico ni siquiera se ha dado cuenta de que algo anda mal.
-¡Pero si las estaciones están locas!
-Pero a él lo sigue la primavera, y estamos en primavera, solo notar{a que algo anda mal cuando sea tiempo de verano y se de cuenta de que las estaciones no cambian, no hace falta ser violentos -Wind se dirigió hacia el skull kid y con tono amable le habló-. Eh... Hola... Mira... No quisiera molestar pero... No habrás visto por ahí un bastón eh...
-Blanco -lo ayudó Din- con los símbolos de las cuatro estaciones en la cabeza.
-¡Ah! ¿Se refieren a este? -El duendecillo sacó de entre sus ropas un cetro que calzaba exactamente con la descripción.
-¡Ese mismo! -Din estaba entusiasmada.
-Jeje, lo encontré hace algunos días en medio de un cumulo de caca de ciervo.
La cara de horror de Din al escuchar eso era indescriptible.
-¡Por qué los desechos corporales me persiguen hoy!
-¿Que problema tuviste con desechos corporales hoy? -Preguntó Wind curioso.
-¡No quiero hablar de eso hoy! -Sin perder tiempo dirigió su mirada furibunda hacia el skull kid- y tú, me entregarás el cetro de las estaciones ahora.
-... -Skull kid la miró con su gran sonrisa.
-¡Dije ahora!
-¿Y por qué haría eso? -Su sonrisa se ensanchó.
-¡Porque el mundo está en peligro! ¡Las estaciones están locas! No has visto acaso... No, es cierto, no puedes ver nada -Suspiró abrumada-. A ver... ¿Qué debemos hacer para que nos des el cetro?
-¿Oh? Si querían mi bastoncito mejor no hubieran puesto tantas excusas raras, jejejeje. Entonces quieren mi bastón, me pregunto qué podría pedir a cambio... -La sonrisa del skull kid se ensanchó aún mas si es que eso era posible- ¡Ya sé ya sé ya sé! -Comenzó a dar saltos juguetones alrededor de los muchachos- ¡Vamos a jugar!
-¿A jugar? ¡No tenemos tiempo para eso! ¿no hay algo más que quieras?
-Mejor ni intentes negociar con él -intervino Vaati-. Los skull kid no son seres codiciosos, no los podrías seducir con dinero u objetos raros, solo les interesa jugar y gastar bromas, así que mejor traten de terminar el juego rápido.
-Supongo que no queda de otra ¿A qué quieres jugar?
-¡A las atrapadas!
Y tras decir esto el duendecillo se alejó de un salto haciendo sonar su collar de madera. El grupo se alistaba a seguirlo cuando un grupo de muñecos del mismo tipo que Wind había apuñalado un rato antes se interpuso en su camino.
-¡Oye! ¡Eso es trampa! -Gritó Din viendo los siniestros títeres abrir los brazos para impedir que pasaran.
-No es trampa, es nivel de dificultad ¡Así es más divertido! Jejeje
La voz de Skull kid resonaban en los alrededores pareciendo brotar de cada árbol en las cercanías, no se sabía como creaba ese efecto de eco, pero dificultaba el saber dónde se encontraba.
-Supongo que habrá que deshacerse de los obstáculos -Wind mostrando más decisión de lo usual tenía su espada desenvainada y observaba a los muñecos seleccionando su primer objetivo.
En cuanto el rubio fijó su atención en uno de los más cercanos, comenzó a correr hacia él, los otros muñecos cuando vieron que se acercaba se hicieron hacia un lado y se dispersaron dejando el camino libre para que atacara, pero justo antes de que Wind lograra asestar un golpe, una daga oscura se clavó en el pecho del títere haciendo que cayera inerte. El granjero redujo su paso en la medida que se acercaba al objetivo y cuando estuvo junto a este se dio cuenta de que ya estaba derrotado y no era necesario atacarlo.
-Pero que...
-Muy lento amigo -dijo Din corriendo hacia el muñeco y sacando su arma de la madera para dirigirse hacia su siguiente víctima.
-¡Pero yo iba a pelear contra este muñeco!
Din se limitó a ignorarlo mientras le daba una paliza al resto de títeres que se interponían en su camino.
-Eh... Wind -Talma voló junto a su amigo- No sé si es mi idea pero... Creo que no le agradas mucho a Din.
-No me digas... Aich, bueno, tiene sus razones, pero preferiría que dejara los asuntos personales de lado en estas situaciones.
A pesar de su molestia Wind se dispuso a ayudar a la morena con la tarea que le competía, sin embargo a pesar de todos sus esfuerzos fue incapaz de derribar un solo muñeco, Din era demasiado rápida para él, muy precisa y letal, no perdía el tiempo en florituras ni en golpes innecesarios, siempre apuntaba al pecho que había notado era el área vulnerable de sus oponentes, un golpe bien dado en la zona aseguraba la inmovilidad del muñeco y ella aprovechaba este conocimiento al máximo.
De esta forma Din se las arregló para derrotar a todos los muñecos ella sola humillando a Wind en el proceso, pues no lo dejó demostrar su valía en ningún momento, aplastó cada intento que hizo por derrotar algún objetivo, en su mente creía estar haciendo algo bueno al poner en evidencia las falencias del supuesto héroe, entonces le dedicó una sonrisa a su querida amiga, pero solo encontró decepción en sus ojos.
-Vaya, eres buena ¿Fue divertido? -Dijo Skull Kid apareciendo frente a ellos una vez más.
-¡Devuélveme el cetro ahora!
-Jejeje, pero si todavía no terminamos, tienes que atraparme -El duendecillo comenzó a brincar y a bailar en su lugar alegremente.
-Maldito ¡Ya verás!
Esta vez la morena guardó sus armas y corrió hasta el chiquillo lista para atraparlo, pero él la esquivó haciéndose hacia un lado y saltando para tomar distancia. Esto solo sirvió para enfurecer a la gerudo que nuevamente hizo un intento por acercarse a su presa, pero las habilidades de skull kid para esquivarla la superaban por mucho, intentó una y otra vez, usando todas las tácticas posibles, alcanzarlo, sorprenderlo, empujarlo, pero todo fue inútil, ahora parecía que el duendecillo le devolvía la humillación que le había hecho pasar a Wind. Entonces rabiosa le gritó al granjero.
-¡Wind podrías mover tu trasero y venir a aquí a ayudarme!
Wind que había recogido algunas ramitas por ahí y se entretenía tratando de armar una casita con ellas le dedicó una mirada de fastidio.
-Oh claro, miren quien necesita ayuda, la todopoderosa Din que todo lo hace sola, no molestes ¿Quieres?
-¡Wind! Este no es momento para resentimientos -le gritó Talma- el destino del mundo depende de que recuperemos el cetro ¡Vamos!
-¿Oh? ¿En serio es tan grave? -Preguntó el Skull kid ya no tan alegre como siempre.
-¿Ahora nos tomas en serio? -dijo Din con rostro de incredulidad.
-Bueno... Cuando las hadas están preocupadas, siempre es por algo grave, normalmente suelen ser alegres y juguetonas, ver a una hada triste o angustiada es mala señal, así que si necesitan tanto el cetro, supongo que se los daré.
Todos suspiraron al darse cuenta de lo fácil que podría haberse solucionado todo si Talma hubiera pedido el cetro en primer lugar.
Skull kid sacó una vez más el artefacto de entre sus ropas y lo extendió para poder entregárselo a los chicos, Din que era la más cercana caminó hasta él para recogerlo, pero justo antes de que pudiera tomarlo, un extraño ruido de pasos comenzó a sonar cada vez más fuerte, ramas crujiendo denotaron la presencia de un ser pesado que se acercaba cada vez más rápido y un desagradable ruido metálico acompañó estas pisadas, entonces de entre los setos salió aquella extraña criatura negra con su cuerpo cubierto de escamas, Din palideció al verlo y retrocedió asqueada al recordar su orina.
El monstruo corrió hacia el skull kid y de un salto colosal agarró el cetro con su hocico aterrizando en medio del grupo.
-Oh bueno, parece que ahora tendrán que quitarle el cetro al perrito jejeje. Bueno, esto ya no es mi problema así que me voy ¡Buena suerte! -Y tras decir eso se alejó saltando.
-¿Eso es un perro? - Din lucía incrédula.
-¡Heraldo!
Vaati con expresión de alivio y la alegría reflejada en su rostro corrió hacia el monstruo y lo abrazó afectuosamente, la criatura correspondió su gesto agitando su pesada cola y emitiendo más de sus horrible chillidos metálicos.
Los chicos veían incrédulos el cambio radical de comportamiento de Vaati, de ser un tipo cínico y frío, ahora era cariñoso y efusivo. Heraldo se había tumbado en el piso con la panza arriba sin dejar de agitar su cola y Vaati había cubierto sus manos de magia oscura para frotarle la panza, la piel de Heraldo tenía tantas escamas filosas en su superficie, que rascarlo sin usar la protección adecuada podría dañar sus manos.
-¿Quien es el monstruo más lindo? ¿Quien es la bestia más linda?
Algunos de los espectadores se llevaron las manos al rostro ante semejante espectáculo vergonzoso, pero nadie se atrevía realmente a interrumpir el ameno encuentro amo-mascota, hasta que finalmente Din decidió que ya había sido suficiente y que era hora de recuperar el artefacto, así que caminando con decisión se acercó al brujo y extendió su mano en un gesto silencioso.
-Sí sí, ya sé, toma.
Vaati le arrebató el cetro a Heraldo quien no pareció demasiado molesto por esto, luego se lo entregó a su legítima dueña. Din finalmente con el artefacto en sus manos suspiró aliviada, luego de tanto esfuerzo ya podía respirar tranquila.
-Muy bien Din -dijo Farone con sincera alegría-. Ahora rápido, arregla el clima antes de que algo más pase.
Lamentablemente tal como Farone lo vaticinó, algo más pasó.
Una presencia sofocante inundó la zona causando angustia y miedo en el grupo, un crujido estridente contribuyó a aumentar el terror que comenzaba a asentarse en sus entrañas, algo maligno se acercaba con peligrosa velocidad y no sabían realmente de dónde venía.
-¡Corran! -Gritó la oráculo de los secretos presintiendo el horror que se acercaba.
Todos obedecieron, y Din fue la primera en huir, ella sabía que era el objetivo, pero su intento de escape fue infructuoso, un tentáculo apareció desde debajo de la tierra y la atrapó.
El tentáculo comenzó a romper la tierra trazando un camino hasta su dueño, que resultó ser nada menos que el brujo poseedor de la máscara de Majora.
Un escalofrío recorrió la espalda de Wind al reconocer a aquel individuo, los ojos siniestros, las púas del borde, los colores estridentes, todo causaba terror en él, luego de lo vivido en sus encuentros anteriores, sabía que se avecinaban problemas.
-La oráculo... El cetro... Ya lo tengo todo... Es su fin...
He estado pasando por algunos momentos malos y eso dificulta escribir, pero hice un gran esfuerzo por avanzar este fic, espero haber sacado un capítulo decente.
