-¡Din! -Gritó Farone desesperada al ver a su amiga en manos del brujo- ¡Vaati haz algo!
No tuvo que repetirlo dos veces, el joven tomó su forma de monstruo y se abalanzó contra el enmascarado, pero una barrera invisible impidió su avance dándole una ligera descarga de energía que luego lo repelió haciéndolo precipitarse contra el piso. El impacto y el dolor que provocó la caída y lo hicieron volver inmediatamente a su forma humana, dejándolo tan aturdido que con dificultad podía moverse.
-¡Maldito monstruo! -Chilló Din atrapada en los tentáculos del enmascarado.
La Gerudo a pesar de estar cautiva aún tenía un brazo libre con el cual se aferraba a la daga oscura de Vaati, siento esta la única arma que tenía a su disposición, procedió a apuñalar el tentáculo con desesperación, pero esta arma que parecía tan afilada y que cortó a los muñecos de madera sin dificultad alguna, era incapaz de atravesar sus ataduras.
-¿Oh? ¿Quieres herirme con eso? -dijo el enmascarado con burla- Muy afilado será ese cuchillo, pero está hecho de magia oscura, no puede dañar algo que esté protegido con este tipo de magia, a menos que fuera una magia mucho más poderosa, pero no es el caso, un mocoso de su edad no tiene tanto poder. Jajaja, pobrecilla, una daga de metal corriente te hubiera resultado mucho más útil.
La cautiva solo pudo apretar los dientes y maldecir su suerte, ser la damisela en peligro era lo peor, en particular porque dependía de esos dos tipos, no, el problema era que dependía de Wind, de un mocoso torpe y despistado que no podía tomarse nada en serio y que era tan insensible como para causar daño a su alrededor sin darse cuenta, un remedo de héroe que ni por asomo merecía ese título luego de...
-¡¿Ehh?! -El portador de la máscara lanzó un chillido que a todos les sacó un susto- ¿Está seguro maestro? ... ¿En serio? Yo no noté nada pero... Por supuesto, solo alguien de su intelecto podría tener una idea tan maravillosa... Sí sí sí, me parece bien usted siempre tiene razón, aunque podría confiar más en mis aptitudes., yo podría... ¡No! ¡No quise contradecirlo! ¡Por favor no! ¡Aaaaaaahhh! ¡Yo solo quería ayudar!
La morena sintió que se le iba el aire de los pulmones al ver a su carcelero convulsionar de forma descontrolada y gritar como si lo estuvieran torturando, aquello era un espectáculo terrible y aterrador, algo digno de una pesadilla, hasta que terminó cerrando los ojos para no ver más, tembló en su sitio y apretó los dientes mientras oía los gritos que se le hicieron eternos e insoportables, pero aquel horror que parecía no tener fin acabó de forma súbita.
Cuando Din ya no pudo escuchar más gritos se atrevió a abrir los ojos y notó al hombre de pie, con los hombros inclinados hacia adelante y con la cabeza colgando de un lado, como si no tuviera vida. Era una postura de lo más extraña, no creía que estuviera muerto, de lo contrario no estaría de pie, pero quizás estaba en algún estado de inconsciencia, por lo que comenzó a forcejear tratando de liberarse de los tentáculos, suponiendo que habrían perdido fuerza, pero justo cuando estos parecían ceder, apretaron con más fuerza. La oráculo volteó la vista hacia atrás y vio con horror como el hombre de forma lenta y siniestra levantaba la cabeza. Los ojos de la máscara resplandecían y aunque era imposible, casi podría decir que estaba sonriendo.
-Hay... Mucha oscuridad y resentimiento en tu interior... Qué delicia...
Y luego de decir estas palabras, un nuevo tentáculo apareció y atravesó el pecho de Din.
Restos de sangre oscura parecieron teñir las ropas de la muchacha y sus ojos se tornaron negros como la noche a la par que su piel cada vez lucía más azul. Del lugar donde estaba parada Din comenzaron a crecer incontables enredaderas y raíces plagadas de espinas, que la envolvieron hasta dejarla oculta de la vista, formando una enorme jaula vegetal impenetrable, pero eso no fue todo, las peligrosas ramas comenzaron a extenderse hacia los adolescentes amenazando con aplastarlos.
Vaati paralizado del terror vio como un cúmulo de espinas se dirigía a atravesarlo y sintió sobre su cuerpo el peso de Farone que se arrojó sobre él para hacer de escudo, el brujo casi quería llorar de la desesperación y cuando parecía que todo estaba perdido, un manchón verde atravesó su visión y en un instante las ramas fueron destrozadas y reducidas a astillas. Delante de ellos estaba, Wind con su porte erguido, con la espada en alto brillando orgullosa. El chico temblaba ligeramente y su voz sonaba algo agitada.
-Siento... Que hoy todos me ignoran o quieren hacer como que mi trabajo no vale para nada, si hasta prefirió atacarlos a ustedes antes que a mí y se supone que yo soy héroe aquí.
-Pues será porque no hiciste nada, que tengas la espada no te hace héroe automáticamente -El brujo ocultó su miedo con su mala actitud, aunque en el fondo quería darle las gracias.
-Sí... Lo sé... Me quedé pensando en qué hacer, no soy tan valiente como papá, pero lo intento, trato de que el miedo no me domine para actuar correctamente pero no es fácil ¿Saben?
En ese momento el chico los miró y ambos no supieron que decir cuando notaron sus ojos. Wind estaba mal, parecía al borde del llanto, estaba luchando con demasiados demonios internos en ese momento, el ver a Din en manos del enemigo le arañaba el corazón de forma dolorosa, no podía evitar pensar en el incidente con Nayru y sus nefastas consecuencias. Se sentía inseguro al recordar además el cómo la morena lo había humillado y el hecho de que el enemigo ni siquiera lo considerara un oponente digno como para ser atacado. Ahora dudaba de todo, dudaba de sus capacidades, de lo que era, de que Fi lo hubiera elegido.
Tragó profundo y se dio ánimos, ya había fallado una vez, no podía dejar que ocurriera de nuevo, sacó fuerzas desde el fondo de su alma y su espada resplandeció nutriéndose de sus pensamientos buenos y nobles, quizás no lo sabía pero aquella era su mayor fortaleza, entonces comenzó a caminar hacia la jaula de espinos.
-¡Espera! -Gritó Farone en un arranque espontáneo.
El granjero volteó a verla y ella guardó silencio, no sabía por qué había hecho eso y ahora no tenía idea de qué decir, llevaba más de un año sin dirigirle la palabra ¿Qué pensaría de ella? ¿Qué pensaría Vaati?
-Yo te acompañaré -dijo de pronto el brujo poniéndose de pie.
-¿Vaati? -La peliverde lucía confundida.
-Te ayudaré a atravesar esa maraña de verduras.
-No son verduras...
-Si intentas romper la jaula esa terminarás agotado -ignoró a propósito el comentario del granjero-. Y necesitas guardar fuerzas para lo que sea que hay ahí adentro.
-Vaati... Gracias.
El brujo no contestó, solo volvió a adquirir su aspecto de monstruo y tomó al muchacho con una de sus garras, entonces comenzó a volar hacia la oráculo que yacía cautiva en su fortaleza vegetal.
Talma se aferró con todas sus fuerzas a la ropa del rubio, pero se le hacía difícil mantenerse firme, la fuerza del viento en su contra la golpeaba de forma brutal y la enorme cantidad de giros y piruetas aleatorias la tenían mareada, a decir verdad mientras más se acercaban a la jaula de enredaderas espinosas, más difícil era no salir lastimado, la naturaleza estaba en su contra, ramas emergían de la tierra tratando de detenerlos, incluso algunas plantas arrojaban espinas en su intento por frenar su avance, Wind ya tenía algunos cortes superficiales en su piel y se cubría el rostro tratando de proteger sus ojos.
Vaati hacía lo posible por esquivar y hacer del viaje seguro para sus pasajeros, pero era una tarea prácticamente imposible, sin embargo logró mantener el daño al mínimo y finalmente alcanzó la pared de enredaderas espinosas. Entonces colocó a Wind hacia atrás y golpeó la jaula con su colosal cuerpo dejando que su peso destrozara las ramas. Contuvo un grito de dolor, pero se repitió una y otra vez que todo estaba bien, la magia que recubría su cuerpo impediría que su piel se arañara, siempre y cuando lograra mantenerla, ya comenzaba a sentirse agotado.
De pronto Wind gritó al notar una enredadera que se acercaba peligrosamente hacia ellos como un arpón listo para atravesar sus cuerpos. Lo que siguió fue sumamente rápido, una veloz sombra fue vista, un sonido grotesco y asqueroso rasgó el aire seguido luego de un chillido metálico horroroso.
Vaati que hasta ahora solo había mantenido la vista al frente se atrevió a mirar hacia atrás y perdió el aliento al ver aquella horrible escena, Heraldo estaba empalado por una rama cual quesito de cóctel y chorreaba un extraño líquido negro de la herida de su pecho, la bestia gritaba desesperada sobrepasada por el dolor y este dolor parecía afectar al mismo Vaati.
-¡HERALDO! -Gritó el muchacho horrorizado retomando su forma humana.
Cuando el ojo alado desapareció, un enorme agujero en medio de la jaula vegetal quedó a la vista, pero eso a Vaati no le importaba, él solo quería ir a ver a su mascota. Wind quedó en medio de todo aquel caos con su consciencia dividida, ver a Vaati llorando por su mascota en medio de la batalla era doloroso y quiso correr a ayudarlo, pero Talma lo detuvo.
-¡Wind! ¡Ahora no! ¡Debemos seguir adelante! La entrada se cierra -Y en efecto, el agujero creado por Vaati comenzaba a repararse.
-Pero Vaati...
-¿Y qué podrías hacer tú? No dejes que su sacrificio sea en vano, perderemos mucho más si no seguimos avanzando.
El rubio apretó los puños con frustración y tristeza, tragó saliva y se armó de valor entrando a la guarida donde Din estaba cautiva.
Decir que Wind no estaba asustado sería mentira, estaba francamente aterrorizado, pero curiosamente su raciocinio no estaba tan nublado como otras ocasiones anteriores, quizás a esto era a lo que se refería su padre cuando decía que uno se podía acostumbrar al miedo y dominarlo. Pero no por eso dejaba de ser difícil mantener la determinación de seguir adelante, cuando el agujero por el que entró se cerró todo quedó en penumbras salvo por Talma que emitía un tenue brillo reconfortante.
La oscuridad siempre es algo que provoca inseguridad, el tener un sentido cegado es horrible, por lo que deseó con todo su corazón una luz para iluminar su camino, entonces sintió un ligero palpitar en su espalda al tiempo que una calidez lo envolvía, sin saber porqué desenvainó la espada maestra y notó con alegría que esta estaba brillando, al menos lo suficiente como para iluminar sus alrededores inmediatos.
-¡Fi puede brillar! ¡Genial! ¡Gracias! -Gritó el muchacho.
-Las cualidades mágicas de Fi no dejan de sorprenderme.
-Sí, es bueno contar con su ayuda, aunque... Sigue estando bastante oscuro aquí.
-No es la falta de sol lo único que tiene este lugar sumido en las sombras chico -Una tétrica voz resonó en la estancia y el rubio se estremeció del miedo.
-Qui-¡Quien está ahí!
-Con esa actitud tímida e insegura nadie te tomará en serio "héroe"
Un par de ojos brillantes aparecieron repentinamente entre las sombras y Wind por instinto agitó la espada arrojando un haz de luz contra ellos, sin embargo el dueño de aquellos orbes al parecer esquivó el ataque, pues se desvaneció en las sombras antes de que la luz lo impactara. Su voz siguió sonando en el lugar por lo que se presumía no recibió daño alguno.
-Desde hace tiempo que eres un dolor de cabeza para mi maestro, siempre te las arreglas para hacer tiempo hasta que llegue ayuda, pero esta vez no será así, ahora estás atrapado en esta jaula de resentimiento, las sombras en el corazón de la oráculo te mantendrán cautivo y podremos acabarte tranquilamente.
-¿Este es el corazón de Din? -Wind se horrorizó al pensar en ello, no podía ser que hubiera tanto resentimiento dentro de Din.
-No realmente... No hay tanto odio en su interior, tuve que amplificar su oscuridad con magia y aportar algo de la mía, gran parte de lo que hay aquí es mi propio odio, pero no hubiera sido posible manifestarlo sin un ancla, y el resentimiento de esta chica era perfec... ¡Aaaaaahhh!
Las sombras impedían ver lo que estaba pasando, pero por la experiencia vivida recientemente, se podía deducir que la máscara de alguna manera le estaba causando dolor a su portador o directamente torturándolo.
-Lo siento maestro... Me dejé llevar... Extrañaba hablar con alguien... No volverá a pasar... -En ese momento los ojos se desvanecieron en el aire.
-¡Oye regresa aquí! -Gritó el rubio desesperado.
-No diré más, el maestro no quiere que revele planes y quiere que te mate rápido, así que muere.
En el estado de hiper alerta en el que se encontraba Wind cualquier sonido por más mínimo que fuera podía alterarlo, y un ligero chasquido en el aire lo hizo brincar lejos de donde estaba, esquivando una poderosa rama afilada que por poco lo empala.
-¡Talma! Po- podrías...
-¡Sí ya voy!
La hada comprendiendo los deseos de su amigo, voló hacia las ramas bordeando su superficie, revelando parcialmente la forma y la extensión de aquella mole vegetal, sin embargo cuando llegó al origen de la rama se encontró con algo semejante al tronco de un árbol y comenzó a rodearlo. La luz que producía fue suficiente para que Wind pudiera vislumbrar de qué se trataba aquello y descubrió con horror que era Din encerrada en una especie de cristal de savia y cautiva por una intrincada red de ramas y enredaderas
La oráculo parecía estar sumida en un profundo sueño, estaba suspendida en aquel líquido amarillento con las manos cruzadas sobre el pecho sujetando el cetro de las estaciones.
-¡Din! -Gritó Wind.
En cuanto la voz del chico resonó en el sitio, una serie de enredaderas acudieron a él con intensiones asesinas, el granjero brincó a un lado esquivando una de ellas, luego se agachó evitando otra y finalmente se agarró de una tercera que estaba cerca para impedir otro ataque furtivo, aunque no evitó que se le rasgara la túnica.
-A mamá no le va a gustar esto -se lamentó el chico.
-¡Hay más enredaderas! ¡Cuidado Wind! -Chilló el hada.
Esta vez en lugar de esquivar a su atacante, el muchacho optó por blandir su arma destrozando la madera con un sonoro crujido. Inmediatamente Talma dio cuenta del estado de Din, la muchacha aún en medio de su prisión fluida se encogió demostrando dolor, incluso se pudo apreciar el surgimiento de una herida en uno de sus brazos, que afortunadamente no tardó en cerrarse.
-Que... ¡Que pasó! -Gritó Wind evitando con dificultad una serie de espinas que salían del suelo.
-¡No sé!
En ese momento otra rama apareció desde arriba, Wind reaccionó instintivamente cortando la madera que amenazaba su vida, provocando que un trozo de esta se separara del trozo principal. En cuanto el vegetal fue cercenado un grito desgarrador se escuchó por la estancia, en medio de las sombras y con un aspecto tétrico debido a la escasa iluminación que proveía Talma, se pudo apreciar a Din retorciéndose de dolor, su rostro se contorsionaba en extrañas muecas grotescas que llenaban al muchacho de pavor. Pero de forma abrupta e inesperada, su rostro comenzó a calmarse y recuperó la serenidad que mostraba antes.
Ahora Wind lo tenía claro, cada vez que atacara las plantas, terminaría lastimando a Din, aunque por fortuna solo parecía producir dolor, no había señales físicas de daño permanente.
Ahora con este nefasto conocimiento sobre sus hombros, el muchacho se limitó a esquivar una y otra vez los interminables ataques que lo agobiaban y cada vez lo tenían más cerca de la muerte. En su empeño por no lastimar a la morena y alejarse cada vez más de las ramas, comenzó a verse rodeado, cada vez con menos posibilidades de escapar, a la vez que el agotamiento y el estrés nublaban su mente dificultando el buscar una salida.
-¡Wind! ¡Qué haces! -Talma llegó hasta donde se encontraba Wind buscando ayudarlo de alguna forma.
-¡Trato de mantenerme vivo!
-Pues no creo que estés haciendo un buen trabajo.
-No me digas. -Su tono de voz rebosaba de sarcasmo.
-Tienes que hacer algo.
-¿Que cosa? ¡No hay nada que pueda hacer! Estas plantas me están atacando como si me odiaran no puedo hacer nada.
-Como si te odiaran... -La hada se quedó en silencio pensando un momento exasperando a su compañero- ¡Hey! ¿Qué fue lo que dijo el tipo de la máscara hace un rato?
-¡No sé! ¡No me acuerdo!
-Dijo algo de que todo este despliegue de poder era su odio materializado.
-¿Y de qué sirve saber eso?.
-Pero que este odio estaba anclado al resentimiento de Din.
-Ah... -El muchacho ya casi no podía respirar.
-Si esfumamos al resentimiento de Din, entonces adiós a todo este monstruo.
-Estamos perdidos -Dijo Wind con la voz casi quebrada esquivando un nuevo ataque.
-¡¿Tan pronto te rindes?!
-Din no... -Bloqueó un ataque frontal y brincó hacia un lado- No dejará su resentimiento contra... Mí tan fácil. - Se arrojó al piso y rodó para evitar una enredadera que se arrojó sobre él.
-¡Al menos deberías intentarlo!
-Pero...
-¡Wind recuerda que el destino del mundo depende de esto! ¡No queremos que nuestra línea temporal sea borrada y haya que empezar otra vez!
Estas palabras clavaron hondo en el muchacho, aquella pena que cargaría hasta el fin de sus días le arañó el pecho causando clavadas de dolor y angustia, se había prometido que eso no ocurriría de nuevo, nadie volvería a sufrir por su ineptitud, era el momento de enfrentar aquel problema del que había estado huyendo tanto tiempo y ser sincero de una vez por todas.
Todos estos pensamientos transcurrieron en apenas un segundo, pero este breve lapso de tiempo fue suficiente para que la enredadera que lo había perseguido antes finalmente lograra capturarlo.
Las lianas y fibras vegetales lo atraparon restringiendo sus movimientos, aunque al menos el brazo de la espada logró quedar libre, sin embargo estaba dudoso sobre atacar a su captor, ya que todo daño causado a la planta madre dañaría a Din. Trató de usar todas sus fuerzas para liberarse de la enredadera que ya lo estaba asfixiando, era como una enorme boa constrictora que le exprimía el aire de los pulmones y lo acercaba a su fin. Talma intentaba por todos los medios ayudarlo jalando de las lianas, pero ni con su forma humana tenía fuerza suficiente.
-¡Wind! ¡Tienes que cortar todo esto!
-¡No puedo! ¡Dañaré a Din!
-¡Deja de ser tan llorón y pasivo de una vez por todas! ¡Te han estado aplastando todo el día! Te insultan, te humillan, ahora te apachurran hasta la muerte ¡Haz algo maldita sea!
-¡No quiero molestar ni causar daños! ¡Un héroe hace el bien! ¡Aaaaahh!
-¡Incluso los héroes causan daño! A veces es necesario, es imposible vivir pretendiendo no lastimar a nadie
-¡Tú no entiendes! ¡Eres... Solo... Un Hada...!
-Esto no es algo que me haya inventado yo, fue algo que dijo Ilia...
-¿Mamá?
-A veces hay que causar dolor o molestias para lograr algo mejor, como cuando hay que castigar a los hijos, regañar el mal comportamiento o criticar algo de alguien ¡Es necesario! Aunque duela...
Aún cuando sentía que su cuerpo se iba a reventar, que la respiración se le cortaba y la adrenalina corría por sus venas, tuvo la capacidad de pensar, de evaluar la verdad en las palabras de su amiga, de reconocer que tenía razón, tendría que dañar a Din.
Sin fuerzas para replicar nada más, levantó como pudo el brazo con el arma y lo enterró en las enredaderas, Fi parecía estar dando todo de su parte para ayudar a su compañero a liberarse, a pesar de las pocas fuerzas que tenía Wind, la espada se abrió paso entre las fibras vegetales quemándolas y matándolas. El muchacho miró de reojo hacia el cristal ámbar donde yacía la oráculo y no pudo reprimir un quejido de angustia al ver como se retorcía y se agarraba los brazos en un ademan de sufrimiento extremo, aunque no se oía ningún sonido era clara la mímica de un grito.
Wind cayó al suelo con la gracia de un costal de papas y con esfuerzo se puso de pie, tenía la vista nublada y se sentía mareado, de forma tambaleante se dirigió hacia la muchacha, por fortuna el corte que tanto dolor le causó a Din pareció aturdir momentáneamente a la planta madre, pues esta ya no se mostraba agresiva, solo algo desconcertada, como si la hubieran paralizado. Pero no fue mucho el tiempo que duró este estupor, pronto las plantas se recuperaron y comenzaron a buscar la presencia del muchacho, pero él ya había alcanzado el tronco donde estaba el cristal de ámbar conteniendo a la oráculo, la miró con algo de pena y dijo.
-Lo siento Din, me duele mucho tener que hacer esto pero si no lo hago no me escucharás.
Y acto seguido Wind clavó su espada profundo en la madera, Fi se enterró con una facilidad tremenda, aquella planta monstruosa estaba hecha de odio y oscuridad, para una espada que repelía el mal aquello era una tarea sencilla. Din gritó dentro de su prisión fluida, aunque su dolor no fue escuchado, entonces el granjero confiando en que sus palabras llegarían hasta ella, sin soltar la empuñadura de la espada maestra soltó todo aquello tenía dentro.
-¡Yo todavía quiero a Farone! ¡No la odio y quiero que volvamos a ser amigos!
La planta comenzó a estremecerse mostrando signos de debilitamiento.
-Yo... Yo... Yo fui un cobarde al no querer hablar con ella para arreglar lo que pasó, cuando ella me dijo eso... Me asusté y comencé a ignorarla, tenía miedo de enfrentar su dolor y empecé a fingir que no existía, ahora me arrepiento de eso. Ni siquiera cuando Vaati llegó y las cosas cambiaron me atreví a cruzar palabra con ella otra vez... Y entonces cuando ella comenzó a ignorarme a mí... Ya era muy tarde, preferí dejar las cosas como estaban sin un último intento por arreglarlo todo...
La planta nuevamente se crispó, espinas surgieron de su superficie y se agitó de forma desesperada buscando destruir al insecto que perturbaba su existencia, las palabras de Wind la habían afectado, como si desatara una furia guardada de mucho tiempo atrás, pero a pesar del movimiento, Wind continuó aferrado a la espada hablando.
-Yo no soy como mi padre, no soy un héroe valiente, ni tampoco quería serlo, pero si debo serlo entonces lo seré, cumpliré con mi responsabilidad y los salvaré a todos ¡Incluso a ti! Yo... Entiendo si me odias, le hice mucho daño a Farone, pero por favor te pido que me perdones, ella era mi amiga y nunca quise lastimarla. Todavía la quiero, quiero que seamos amigos, por eso siempre visto de verde... No es por parecerme al héroe de las leyendas, es porque ese color representa nuestra amistad y siempre me empeñé llevarlo... Para que ella supiera que no la he olvidado...
De alguna forma la planta comenzó a tranquilizarse, ante el discurso de Wind, incluso sus espinas parecían menos filosas y mantenerse sujeto del arma ahora era más sencillo.
-Pero de nada sirve decir que alguien me importa si no hago nada por ella... Por eso... Si me perdonas... Si salimos vivos de esto prometo que me armaré de valor y hablaré con ella, arreglaré de una vez y para siempre todo lo que pasó con nosotros. No te prometo que las cosas serán como antes... Pero al menos... Cerraremos todo este asunto.
La gran planta monstruosa finalmente se quedó quieta, las espinas de su superficie se recogieron y sus puntas comenzaron a marchitarse. Wind respiró aliviado notando como todo parecía comenzar a calmarse, de pronto, un ligero crujido cerca de él lo puso en alerta, clavó sus ojos en el cristal ámbar donde flotaba Din y vio con emoción como este comenzaba a resquebrajarse y a destilar líquido. La planta comenzó a secarse cada vez más rápido mientras las grietas del cristal cada vez eran más grandes, hasta que terminó por reventar expulsando al exterior un líquido ambarino, aunque no era fácilmente apreciable por la oscuridad imperante.
finalmente la oráculo cayó al suelo empapada en savia, pero respirando, entre sus brazos tenía firmemente aferrado el cetro de las estaciones, como si fuera aquella tabla que salvaría su vida en aquel mar de horror.
Wind liberó a Fi y corrió a ver como se encontraba, la colocó boca arriba y le tocó el rostro suavemente temiendo por su salud, pero la sonrisa surcó su rostro cuando vio a la morena abrir los ojos. Ella le devolvió el gesto y tras toser un poco y limpiarse el rostro con la mano dijo.
-Mas te vale que cumplas tu promesa, no puede ser que tengas más miedo de arreglar un problema con tu mejor amiga que de luchar contra un peligroso monstruo.
-Ambas cosas son peligrosas a su manera... Creo...
Din se incorporó lentamente pues aún se sentía algo aturdida por todo lo que había pasado y le disgustaba mucho la sensación húmeda y pegajosa que sentía en cada parte de su cuerpo. Entonces le dedicó a su salvador una sonrisa sincera y le revolvió el cabello.
-Oye, me vas a dejar el cabello pegoteado -Se quejó Wind.
-No puede ser que yo sea la única que tenga que sufrir con el cabello empapado en savia jajajaja.
-¡Wind cuidado!
En aquel instante de relajo donde se suponía ya nada malo ocurriría, cuando su única preocupación debería ser tranquilizarse y buscar la forma de salir de aquella prisión oscura, fueron atacados de forma imprevisible. El portador de la máscara se arrojó sobre Wind quien no logró evitar el ataque de forma efectiva, las garras del individuo imbuidas en oscuridad rasgaron el pantalón del chico y penetraron la carne, no fue un corte profundo, pero las sombras contaminaron la herida y se internaron en su cuerpo, aunque en su momento esto pasó desapercibido para todos y nadie fue capaz de prever las catastróficas consecuencias que esto tendría a futuro.
Y contaminar el cuerpo de Wind aparentemente era el único objetivo de la máscara, pues tan pronto el chico puso en alto la espada maestra y se puso de pie para luchar, huyó lejos, desvaneciéndose en las sombras.
-¡Talma! -Gritó Wind.
La hada se internó en la oscuridad buscando al individuo pero fue inútil, este se había esfumado.
-Lo siento Wind, lo perdí.
-Está bien... No importa, ya tuve suficiente, no quiero más guerra, ahora... Hay que salir de aquí.
-Bueno, quizás yo pueda hacer algo al respecto. -dijo Din con una sonrisa- Abriré una puerta en toda esta masa vegetal.
-¿Recuperaste tus poderes? -La observó de arriba hacia abajo con atención-. Sí... Ya no hay "nudos", la energía fluye libremente. -Observó el cuello de la morena- Ya no tienes el collar puesto tampoco.
-Sí, para poder aprovecharse de mis poderes tuvo que quitar el collar, pero eso nos ahorró bastantes problemas ¿Verdad?
Wind asintió silenciosamente y esperó pacientemente a que la oráculo actuara. Din comenzó a caminar en línea recta hasta llegar a alguna de las paredes de la prisión donde estaban encerrados, entonces con un suave movimiento de manos, la pared de enredaderas y madera se abrió ante ellos creando una salida.
El rubio loco de alegría corrió hasta la salida, tomó a Din de la mano y juntos tocaron la ansiada libertad.
Como era de esperarse, quedaron cegados por la luz del entorno y al inicio les costó un poco orientarse, pero en cuanto recuperaron la visión, lo que vieron les partió el corazón. Vaati estaba arrodillado junto a su "perro" del averno que agonizaba en sus brazos, el brujo sollozaba ya sin vergüenza de lo que pudieran pensar los demás, uno de sus grandes apoyos en la vida se iba y no podía hacer nada para evitarlo, su sangre negra regaba el piso y su respiración entrecortada denotaban su estado.
-Heraldo... No...
Farone por su parte le frotaba la espalda tratando de calmarlo, aunque sabía lo inútil que era, si Heraldo si iba, a Vaati solo le quedaba llorarlo hasta que sacara todo su dolor.
Ante aquella escena tan lastimera, el deseo de ayudar se encendió en el corazón de Talma y la noble criatura voló sobre la bestia lista para utilizar sus poderes curativos sobre ella. Pero un grito de Vaati interrumpió su labor.
-¡No!
-¿Qué? ¿Por qué? Solo quiero ayudar.
-Heraldo es de naturaleza oscura, tu magia solo lo dañará, la magia de luz no es apta para que un ser de sombras la soporte, acaso si fueras una hada oscura algo podrían servir tus poderes.
Esta declaración removió los engranajes de la mente de Wind llevándolo a una respuesta inesperada. Sin mediar palabra alguna se acercó a la bestia y sacó algo de entre sus ropas una botellita con un misterioso líquido negro que podía ser un veneno mortal para algunos, y la salvación para otros.
Cuando Vaati vio a Wind acercándose a su mascota con aquel líquido en la mano quiso usar su magia para expulsarlo lejos, pero la oportuna acción de talma que se estampó contra su cara y se quedó aferrada a ella impidió esto. Así Wind pudo verter las lágrimas de Nether sobre el cuerpo de Heraldo sanándolo instantáneamente incluso sin dejar cicatriz alguna.
Cuando el brujo logró sacarse la hada de encima, fue aplastado por el pesado cuerpo de Heraldo que feliz de estar sano se le tiró encima y comenzó a lamerle la cara, ahora Vaati lloraba de dolor porque su lengua era como una lija, pero estaba tan feliz que se aguantó como mejor pudo.
-¡Heraldo sal de encima que me lastimas! -La mascota bufó molesta para luego obedecer la orden y sentarse junto a su dueño. El brujo se sobó el rostro soltando quejidos de dolor, entonces miró a rubio intrigado- ¿Qué fue lo que le diste a Heraldo?
-Las lágrimas de Nether.
-¿Usaste algo tan valioso como las lágrimas de un hada en Heraldo? -Vaati estaba impresionado.
-Eh... Bueno, no exactamente, según Nether como ella es una hada corrupta por la oscuridad, sus lágrimas no tenían poderes curativos, eran más bien un veneno, pero como Heraldo está hecho de sombras supuse que le podría servir, de todos modos no es una gran pérdida ni nada...
El brujo guardó silencio y bajó la mirada sopesando las palabras del granjero. Había algo dentro de él que quería salir, pero no sabía como liberarlo, quería reír, llorar, gritar, pero en cambio mantuvo una actitud fría y estoica, dejando paso al enigma y la duda, pero Talma tenía muy claro lo que pasaba por su cabeza.
-Vaati quiere decir gracias pero le da vergüenza -Declaró Talma.
-Maldita hada del demonio ¿Por qué no te callas? -Le gritó el brujo rojo de la pena dando manotazos al aire.
-En serio no puedo entender por qué los humanos no son más honestos con sus sentimientos, en fin ¿Nos vamos?
Una vez solucionado todo aquel drama y aclaradas algunas dudas, se dividieron en dos, Wind y Din se fueron hacia la salida del bosque mientras que Vaati y Farone se dirigieron a la casa Ezero. No tuvieron una despedida muy amena o cálida, fue más bien silenciosa y tímida, nuevamente los problemas de comunicación entre ellos pesaban. Esto no pasó desapercibido para la morena, quien cuando estuvo a solas con el rubio lo increpó.
-Prometiste que arreglarías los problemas que tienes con Farone, yo no vi que hicieras nada.
-Yo... -Suspiró profundamente- Dame un poco de tiempo, necesito reunir valor, esto me cuesta.
-¿Y cuando hablarás con ella?
-Pues... Después del festival de primavera, sí. Luego de la fiesta hablaré con ella, está decidido.
La gerudo quedó conforme con esto y finalmente hubo paz entre ellos, esta aventura la ayudó a cambiar bastante la opinión que tenía sobre Wind y Vaati, a su manera se habían ganado su respeto y quizás a futuro, si era necesario contaría con su ayuda.
Luego de algunas horas, cuando ya estaba anocheciendo, Wind por fin llegó a su hogar, y una punzada de culpa golpeó su pecho cuando vio a su madre de pie en la puerta esperándolo. Sin pensarlo dos veces se bajó de su caballo y corrió a abrazarla.
La mujer lo rodeó con sus brazos mientras sentía que el alma le volvía a su cuerpo, odiaba tener que dejarlo partir a misiones peligrosas, pero se alegraba mucho cuando finalmente lo veía volver, cuanto no deseaba que todo acabara de una vez para no tener que extrañarlo más.
-Mamá... -Dijo Wind con su cabeza enterrada sobre su madre.
-¿Si hijo?
-Gracias -Soltó su abrazo y la miró a los ojos.
-¿Gracias por?
-Por todo... -Bajó la mirada algo avergonzado- Todo lo que me hiciste empacar fue útil, la ropa, la comida, el frasco... Sin ti no lo hubiera logrado. Gracias, te quiero.
Ilia sintió su corazón bailar de alegría, no había nada que le gustara más que saber que pudo ser de ayuda, siempre sufría por la frustración que le provocaba no poder apoyar a su hijo en nada mientras arriesgaba su vida.
-Me alegra mucho escuchar eso ¿Tienes hambre? -Wind asintió- ¿Por qué no entras y me cuentas como te fue mientras te preparo algo?
-¡Claro!
Y esa noche hubo paz en la granja Neburi.
AAAhhhhhh ¡Terminé el capítulo! Y me quedó demasiado largo pero ni modo, no siempre logro cumplir mi regla de las 5000 palabras.
Más de un año con este cochino arco y recién lo termino, en serio me molesta haber tardado tanto con esto, igual era una de las partes que tenía menos planeadas, con lo que sigue tengo muchos más detalles en la cabeza, así que debería demorar menos.
Hasta pronto!
