Antes de leer, debo aclarar que esta historia está basada en la trama de un OS que publiqué bajo el mismo nombre hace unos buenos años. De este OS, nació un fic que llevaba de igual manera el mismo nombre y que quedó en hiatus hace algunos años. Sin embargo, en esta ocasión será republicado para ver su final. Asimismo, aclaro que esta versión será un poco diferente a la original, además de que no solo contendrá KaZe sino también ZeKa. Hago la aclaración con respecto a esto ya que a algunas personas el ZeKa no les agrada, así que es mejor avisar desde el inicio antes de que se lleven una «sorpresa» que no sea muy de su agrado. Ya saben lo que dicen: «Guerra avisada no mata solado...»
Y por último y aligual que la última vez, hago acotación de que esta historia nació inspirada en el sensual tema Mouling Rouge de Kamijou watch?v=Aii0595JD6E
Resumen: La realización de un viaje de compromiso representaba sin lugar a dudas el paso previo a la celebración de una de las decisiones más importantes en la vida de Kiryū Zero. Sin embargo, lo que suponían serían unas maravillosas semanas junto a su prometida, terminaron convirtiéndose en el preludio de una especie de pesadilla, cuando su existencia se vea trastornada por la aparición de una impensable y tentadora criatura.
A partir de ese momento, Zero se verá arrastrado a una inevitable espiral de lujuria, culpas y secretos; que sin saberlo, podría estar relacionado con un pasado celosamente resguardado desde hace cientos de años.
Prefacio
La intensa música electrónica dentro de aquel club nocturno penetraba en sus oídos, aturdiéndole con tanta intensidad como el hombre quien tras de sí, le penetraba sin tregua alguna.
Oculto en uno de los pequeños cubículos del baño de aquel lugar, Zero jadeó quedamente intentando contener cualquier sonido que pudiese escapar de él, excitado y mortificado por partes iguales ante el hecho de estar siendo follado justo en un sitio al cual cualquiera podría entrar. Pero sobre todo, angustiado de saber que en las afueras, su prometida le esperaba.
Atormentado por el placer y la culpa, se mordió el labio acallando un jadeo cuando fue penetrado con mayor rudeza. Unas manos se afianzaron en sus caderas y con cada embestida que recibía, su cuerpo se rendía ante la sensación de la palpitante dureza que se abría paso en su interior, expandiéndole y castigándole con mucho más de lo que creía poder soportar. Cada golpe contra su punto de placer azotaba cada una de sus terminaciones nerviosas como una corriente eléctrica, haciendo trizas sus pensamientos y comenzando a desvanecer cualquier sentimiento anterior de culpa al saber que a pesar de que era un hombre comprometido ahora se encontraba allí; con los pantalones bajados, la camisa casi destrozada y con un aspecto desaliñado y lujurioso; dejándose follar por un hombre al que apenas había conocido hacía una semana durante el recorrido que había hecho junto a su prometida al museo de Louvre que estaban visitando, y con el cual apenas tomó un par de copas.
Sin embargo, todo era culpa de aquella maldita criatura puesto que él no era así. Él no era alguien que se dejase llevar por la lujuria, o que cediera de forma tan fácil ante cualquier hombre o mujer. Mas la oscura seducción de aquel ser parecía ejercer un extraño poder en él.
—Tu sangre se agita por mí. Tu ser se estremece por mí. Desde esa noche solo deseas ser mío, ¿no es cierto, Zero? —susurró aquel hombre con seductora malicia apretando con mayor firmeza sus caderas, con tal fuerza que Zero tenía la certeza de que mañana tendría marcas en su pálida piel. Marcas que no sabría cómo explicar y debería ocultar a su prometida—. ¿Sabes? Quiero hundir mis colmillos en ti. ¿Tú quieres que beba tu sangre? —inquirió rozando con sus colmillos su cuello, lamiendo con oscura gula la zona de su tatuaje a la vez que su mano se deslizaba hacia su necesitado miembro, estimulándole y ensañándose con el húmedo y sensible glande.
Zero se estremeció y sus piernas se tornaron trémulas. Su frente cubierta de sudorosos mechones plateados golpeó contra la puerta del cubículo, y se aferró a esta con ambas manos, ansiando y odiando al mismo tiempo todo aquello.
Tragó saliva incapaz de responder. En lugar de ello, presionó su cuello contra aquella boca, cerrando sus ojos y cediendo ante la tentación. Una tentación contra la cual no podía luchar, puesto que sin importar cuánto pugnara por finalizar aquella locura, en cada ocasión terminaba de la misma manera.
Ante su gesto, de inmediato percibió una sonrisa contra su piel y seguidamente, un par de colmillos atravesaron su carne.
El dolor le recorrió, convirtiéndose poco a poco en una corriente de éxtasis.
Era dolor.
Era placer.
Era sentirse invadido de forma abrumadora por colmillos y un caliente miembro que no dejaba de reclamar un lugar dentro de él.
El orgasmo le arrasó.
Dejó escapar un grito ahogado, y se tornó a punto de desfallecer. Y mientras era devastado por el placer, el vampiro continuó bebiendo su sangre con un apetito el cual parecía insaciable.
Zero permaneció atrapado por el cuerpo del vampiro quien le estrujó y le machacó sin compasión, dejándole reducido únicamente a sentir aquel cuerpo presionado contra él; la calidez de un aliento contra su oído, aquellas manos que le aferraban casi con desesperación; hasta que finalmente, aquella cálida humedad que le resultaba tan repulsiva le inundó como si fuese una prueba de la reclamación del vampiro.
Zero permaneció trémulo, respirando pesadamente mientras los colmillos del vampiro le abandonaban. Una lengua lamió largamente la herida de su cuello y unos labios rozaron su mejilla en un gesto casi afectuoso.
Aquello hizo que la cordura regresara a él y la bilis se le removiera.
La furia y la frustración se reflejaron en su rostro al ver la expresión casi arrepentida del contrario, quien ahora tenía su mejilla contra la suya, permitiéndole percibir aquel curioso aroma a rosas el cual este siempre emanaba.
Sin embargo, al ver aquellos ojos borgoña cargados de cierta pena en semejante situación se le hizo imposible el creer en el arrepentimiento del vampiro cuando este no era más que un demonio que le trastornaba hasta aquel punto. Más aún, ni siquiera sabía si podía creer en su propio arrepentimiento.
¿Cómo podía ser capaz de seguir enfrentando a Yûki?
Ella no se merecía esto. Pero Zero quería seguir aferrándose a la idea de que a pesar de todo, aquella locura tendría un fin, y que cuando su viaje terminase y regresara a Japón, todo acabaría. Y entonces el recuerdo de aquel vampiro solo sería parte de algo que nunca debió suceder.
—No tienes ni idea de cómo es el sabor de tu sangre o de cómo me siento cuando estoy dentro de ti. En verdad es imposible resistirme. Solo tu sangre; solo tú puedes saciar mi hambre —musitó Kaname contra su oído saliendo de él con cierta reticencia, para luego hundir un par de dedos en su húmedo interior el cual aún palpitaba pareciendo anhelante de la sensación de yacer completamente lleno, aferrándose alrededor del vampiro.
Y ante esto, un nudo se formó en su garganta y la rabia y la indignación estallaron en él.
—¿Solo yo puedo saciarte? —replicó con repentina ironía y una carcajada carente de diversión botó de él ahogando un gemido al sentir aquellos dedos estirarle aún más de lo que había sido abierto—. Eres una criatura que vive de sangre; como una sanguijuela maldita, así que cualquiera podría saciarte. Tú solo anhelas la sangre y disfrutas atormentarme —Apretó los dientes con odio hacia aquel vampiro, pero sobre todo, odiando su propia debilidad, intentando no mostrarse amilanado a pesar de yacer aún semidesnudo ante Kaname y con los dedos de este dentro de sí.
De repente, los dedos del vampiro salieron de él y su cuerpo fue volteado. Zero quedó frente a frente con Kaname y contempló la aparentemente triste sonrisa que ahora adornaba su rostro de tez sutilmente acanelada, y cómo aquellos ojos usualmente borgoña ahora refulgían en un intenso carmesí.
Una mirada sangrienta prueba de la naturaleza de aquel ser.
Eran los ojos de un vampiro. Aquellos ojos los cuales una vez se contemplaban era imposible el escapar de estos.
—¿Crees que podría anhelar cualquier sangre? —cuestionó el vampiro con una extraña expresión melancólica la cual no correspondía en lo absoluto a la situación—. No, Zero. No es así. Y algún día entenderás el verdadero anhelo y dolor de una criatura como yo. Sin embargo, a pesar de lo que digas, jamás voy a odiarte porque sé que más que despreciarme, lo que desprecias en realidad es tu propia debilidad ante mí. Pero no eres débil, Zero. Simplemente hay cosas que son inevitables; como nuestro encuentro o tu necesidad por mí. Y por eso, y aunque me desprecies, yo seguiré a tu lado; vigilando cada uno de tus pasos y velando por tu existencia hasta el final —afirmó con una vehemencia la cual aterró a Zero ante la terrible certeza de saber que quizá jamás habría de ser libre de aquella criatura.
El gris de sus ojos se tornó tormentoso y un agrio sentir estalló en su interior.
Él no quería la compañía de aquel ser hasta el final de sus días, mas ¿cómo podía escapar de un ser sobrenatural como aquel?
Cerró los ojos con amargura mientras la rabia, la frustración y la culpa le corroían.
Aunque, en el instante en el cual el vampiro reclamó su boca con algo parecido a la desesperación, su voluntad se resquebrajó nuevamente a la vez que un ápice de acritud le inundaba al saber así no quisiera aceptarlo, aquella criatura representaba una tentación que sin importar con cuánta fuerza lo detestase, no podía dejar de anhelar.
Y es que sin duda alguna, Kaname era una tentación de la cual sabía que debería escapar, antes de ser devorado por completo por la corrosiva oscuridad que aquella criatura representaba.
