El timbre fue el anuncio del fin de las clases. Al escucharlo, los estudiantes dentro de aquel salón reaccionaron cual perros de Pávlov, guardando sus cosas y saliendo presurosos del lugar. Todos a excepción de una jovencita quien con cierto temor, pero también con un dejo de determinación refulgiendo en sus ojos azules, se plantó frente al escritorio del profesor de arte Kiryū Zero.

Este miró a la jovencita con gesto inquisitivo y un tanto duro, intrigado acerca del porqué esta seguía allí cuando todos los demás alumnos hacía rato ya se habían perdido por los pasillos de la Academia Cross.

—¿Desea algo señorita, Tōga? —preguntó a la chica.

La jovencita tragó saliva para luego unir sus palmas en gesto de súplica.

—Yo… Yo quería hablar de mis notas en el último examen. ¡Permítame recuperar los puntos perdidos, por favor! ¡Déjeme hacer un trabajo de recuperación! ¡Se lo suplico, sensei! —suplicó de forma un tanto atropellada y sus ojos se tornaron como los de un cachorro.

Zero parpadeó para luego permanecer durante unos segundos incrédulo debido a la petición de la jovencita. Y tras unos instantes suspiró con cierto hastío.

Sabía cuán desesperada estaba aquella chica luego de los resultados de su último examen. En especial porque era un hecho que Tōga Chiyoko no era una mala estudiante; solo se trataba de una chica que había tenido problemas para recordar fechas en historia del arte. Después de todo, los números no eran el fuerte de todas las personas. Sin embargo, Chiyoko tenía otros talentos, como la realización de aquellos ensayos que eran impecables y estaban cargados de sentimiento. Y justo por ello, y al ver el sincero deseo de esforzarse de esta, él decidió darle otra oportunidad.

—De acuerdo, señorita Tōga, le daré una oportunidad. Pero será solo por esta vez —advirtió con suma seriedad alzando un dedo mientras la chica asentía esperanzada—. Hagamos esto: La próxima semana estaremos realizando una visita al Museo Nezu para ver el arte de los exponentes del arte japonés del siglo XVIII y su influencia en los artistas del siglo XIX. Así que quiero un informe de mínimo treinta páginas acerca de este tema, ¿está claro?

Ante su respuesta, Chiyoko dejó escapar un chillido de emoción y dando una sonora palmada.

—¡Sí! ¡Por supuesto que sí, Kiryū-sensei! ¡Gracias por la oportunidad! —agradeció con una sonrisa, aferrando contra su pecho su maletín y libros para luego abandonar el salón llena de felicidad.

Zero vio partir a la chica y negó ante el exceso de animosidad de la esta, aunque no pudo evitar que cierta satisfacción se reflejase en él. Y es que el ver estudiantes que se esforzaban como aquella chica, era algo que como profesor le satisfacía inmensamente.

Sin abandonar aquella expresión, Zero se dispuso a terminar de recoger sus cosas y tomando su maletín se encaminó por los pasillos de la Academia Cross.

A través de los altos ventanales se podían apreciar los tonos naranjas y rojizos del atardecer que comenzaba a acaecer. Y esto le recordó que debía apresurarse a dejar las notas de su última evaluación en la oficina de coordinación si quería llegar a tiempo para encontrarse con Yûki.

Le había prometido a su novia que llegaría temprano para la cena especial que esta estaba preparando. Y sabía que si no quería decepcionarla, debía cumplir con su palabra. Al menos ello era lo mínimo que podía hacer tras todo lo que él había hecho y que no se atrevía a admitir ante su prometida, ni ante nadie.

Sin embargo, mientras avanzaba; la perturbadora sensación de estar siendo observado se hizo presente. De forma inevitable apresuró el paso pugnando con aquel sentir, culpando a sus pesadillas del día anterior por su paranoia.

Y es que debía estar enloqueciendo. Sus pesadillas le estaban afectando puesto que allí nadie le observaría. Después de todo, se había alejado de Kaname y ahora estaba a salvo del acecho e influencia de aquellos malditos ojos carmesíes.

—¡Zero!

El repentino grito y la mano que le asió por un brazo le tensaron e hicieron que su corazón casi se detuviera. Y por inercia se giró, estando a punto de golpear a quien osaba tocarle mas, al reconocer la identidad de su supuesto atacante, su turbación y agresividad desapareció.

—Kaito —gruñó con molestia ante el toque del hombre de ojos avellanos.

Su ceño se frunció, aunque en el fondo de sí se sintió aliviado de que solo fuese su colega y amigo Takamiya Kaito; quien era el profesor de educación física en aquella academia. Pero aun así, que este hubiese aparecido de la nada asustándole de aquella manera no era algo que le resultara muy agradable.

—Wow… Pero qué agresivo. ¿Acaso me ibas a golpear? No me digas que te asuste —dijo Kaito enarcando una ceja ante la actitud de Zero y alzando las manos en son de paz al ver la exasperación de este.

—¿Quién mierda no se asustaría si sales de la nada como un jodido fantasma? —espetó.

—Pero qué palabras. ¿Así les hablas a tus alumnos? —cuestionó con sorna haciendo que Zero chasqueara la lengua—. Y yo no salí de la nada. Estuve llamándote durante un rato pero no me contestaste. ¿Realmente estás seguro que estás bien?

Kaito parecía estar un tanto extrañado por su comportamiento. Sin embargo, Zero no podía admitir las razones de su verdadera preocupación. Por ello su única opción era mentir. Y sintió un regusto amargo al darse cuenta que la mentira parecía estar haciéndose una constante en su vida.

—Sí, lo estoy —aseguró Zero e hizo un leve ademán desestimando la preocupación de Kaito—. Solo estaba distraído pensando en las próximas evaluaciones que debo realizar —mintió para luego mirar la hora en su reloj y mascullar una maldición—. Mierda es tarde, y aún no he entregado las notas de mi grupo.

—Vamos, que tú no tienes que preocuparte de nada. Después de todo, el Director Cross es tu padre, lo que hace que a diferencia de nosotros que somos simples mortales sin beneficios, no tengas que preocuparte tanto.

—Padre adoptivo —corrigió Zero rememorando al peculiar hombre que le había adoptado cuando era tan solo un chiquillo y que era el director de aquel instituto—. Además, que sea mi padre adoptivo no quiere decir que yo saque provecho de ello.

—Sí, sí, lo que digas. Porque eres el hombre más recto del mundo, ¿no? Pero entonces, hombre más recto del mundo, ¿qué dices de ir por un trago para celebrar que falta cada vez menos para tu boda? —dijo Kaito y el recordar lo poco que faltaba para su boda y asociarlo con la «rectitud» de la que hablaba este le causó una punzada de culpa con la cual pugnó.

—Lo siento. Yūki me está esperando —aseguró queriendo marcharse y dejar aquel tema que Kaito había mencionado atrás.

Y es que así considerara a Kaito su mejor amigo, Zero no estaba de humor para ello cuando se sentía tan perturbado.

Aunque Kaito no pareció darse cuenta de la perturbación de Zero puesto que su rostro se transformó en uno lleno de falso reproche.

—Ah, Yūki me arrebata a mi mejor amigo. Parece que es inevitable que los amigos pierdan ante las novias o las esposas —se quejó Kaito—. Qué cruel es la vida. Por eso cuando me confesaste que te querías casar creí que habías enloquecido. Aunque de hecho, aun lo sigo creyendo —aseguró con repentina seriedad.

Zero negó y una ínfima e inevitable sonrisa de diversión se formó en sus labios, aunque en el fondo de sí algo se agitó al pensar en que quizá Kaito sí tenía razón y él estaba enloqueciendo por seguir queriendo casarse. Mas no lo consideraba una locura no por ser tan joven como Kaito siempre le insistía, sino por querer hacerlo luego de la traición que había cometido en contra de Yūki. Sin embargó, apartó sentir y dirigió una mirada llena de sorna a Kaito con la cual enmascaró su inquietud.

—Ya que no puedo ir, ¿por qué mejor no le pides al profesor Kuran Rido que te acompañe? —cuestionó intentando desviar la conversación.

—¿Y por qué mierda me interesaría ir con él? —replicó Kaito, viéndose como si le hubiesen mencionado al mismísimo Diablo Y Zero supo que había acertado en el tema para librarse de Kaito.

—Porque aunque yo no pueda, creo que a él si le interesaría ir. ¿No es así, Kuran-sensei? —dijo al hombre de ojos bicolores que se hallaba tras Kaito y había escuchado toda la conversación.

Al escuchar aquello, Kaito se giró alarmado ante la repentina presencia del profesor de matemáticas.

—Por supuesto, Kiryū-san—asintió el hombre de ojos bicolores—. Y en realidad, creo que para el señor Takamiya, el hecho de que yo le acompañe también sería un placer —dijo con leve socarronería y malicia obteniendo un insulto por parte de Kaito.

—Pero qué vocabulario, señor Takamiya. Creo que yo debería corregirle, ¿no cree? —comentó malicioso mientras que Kaito se mostraba incipientemente furioso e inquieto.

Zero aprovechó aquella oportunidad para alejarse e hizo una mueca casi al mirar por última vez al par de hombres que dejaba atrás. Casi podía sentirse culpable por arrojar a las fauces del lobo a su amigo siendo consciente del capricho de Rido hacia Kaito. Mas en aquellos instantes no deseaba seguir escuchando sobre su futuro con Yūki cuando desde que había regresado de aquel viaje aquella maldita inquietud la cual no le abandonaba. Sin embargo, ya habría de disculparse con Kaito, siempre y cuando este sobreviviera la noche, intacto de las intenciones de Kuran.


Unos femeninos brazos le envolvieron y unos labios buscaron los suyos en un cálido beso. Aquel beso tenía un sabor dulce debido al labial frutal de su prometida, y ante esto y el aroma de jazmines y lilas que esta emanaba, se sintió reconfortado mientras correspondía a aquel beso con el que era recibido. Y cuando finalmente se separó de Yūki, contempló satisfecho el rostro arrebolado de esta y el deseo que refulgía en aquellos grandes y expresivos ojos castaños.

—Este sí que es un buen recibimiento —dijo curvando una de las esquinas de su boca en una sonrisa insinuante, y dejando el maletín a un lado cerca del recibidor de la entrada de su hogar para luego rodear la cintura de Yūki con un brazo.

Su prometida rio ante su comentario y apoyó las palmas en su pecho.

—Estaba impaciente porque llegaras. Hice reservación para las ocho en nuestro restaurante favorito y ya casi son las siete —comentó Yūki con un ligero mohín el cual el encontró encantador a pesar de que la noticia de cenar afuera le extrañó un poco.

—¿Restaurante? ¿No se suponía que cenaríamos en casa? ¿Qué sucedió? —inquirió percatándose del precioso vestido de flecos rojos que llevaba la mujer, y cómo los largos cabellos castaños de esta se hallaban ondulados de forma exquisita.

No se había dado cuenta al llegar pero su prometida se veía lista para salir.

—¿Realmente necesito responder a eso? —masculló la mujer como si no quisiese responder, con una mueca y cierta vergüenza.

Zero enarcó las cejas al escuchar aquello y comprender las verdaderas razones de Yūki para cenar fuera de su hogar. Y una expresión cargada de ligera sorna se reflejó en él.

—Quemaste de nuevo la cena, ¿no es así? —cuestionó un tanto divertido—. ¿No te dije que no intentaras hacer todo lo que veías en los programas de cocina? Lo que allí se ve sencillo, para ti representa una tarea de alto riesgo. Dime, ¿qué haré si un día llegó y resulta que has incendiado la casa? Recuerda que aún no hemos terminado de pagar el seguro.

—Oh, cállate —se quejó Yūki golpeándole con suave y falso reproche el hombro.

Zero rio contemplando con atención a su prometida, sin saber cómo sentirse realmente en aquellos momentos a pesar de la calidez que le causaba el estar junto a Yūki de aquella forma.

Hacía menos de un par de horas el recordar su boda con Yûki le inquietaba, mas ahora que estaba allí junto a la mujer la cual siempre había estado a su lado apoyándole desde sus años de adolescencia; la mujer que siempre le había dado su amistad desinteresada y que ahora le daba su amor; no podía evitar pensar que quizás a pesar de sus errores él tenía una nueva oportunidad. Y que no debería temer o dudar en absoluto sobre compartir su vida con Yūki; mientras que su culpa la expiaría dándole a su novia toda la felicidad que esta merecía.

Aquel pensamiento le hizo sentir el impulso de besar a Yūki y transmitirle parte de todo lo que sentía. Y lo hizo, solo que su beso fue depositado en la frente de esta en un gesto cálido.

Su prometida se sonrojó ligeramente ante la inesperada demostración de afecto, mas luego sonrió con satisfacción. Una sonrisa que Zero correspondió para acto seguido separarse de esta con la intención de no perder la reservación que Yūki había hecho.

—Vamos. Apurémonos entonces a irnos antes que perdamos la reservación. Además, es más seguro el restaurante que dejarte cocinando a ti—bromeó Zero asiendo a la fémina del brazo quien se quejó algo ofendida, mas enseguida rio, dejándose llevar por su novio hacia las afueras de la vivienda en busca de su auto.

Aunque, en el instante en el cual Zero posó un pie fuera de la puerta de su casa, un intenso y desagradable estremecimiento le golpeó.

Era una sensación similar a la que alguien podría tener cuando se sabía ante un peligro inminente.

Desconcertado, miró a su alrededor en búsqueda de la razón de su sentir. Pero no encontró nada. Solo se veían las luces encendidas de las otras viviendas y algunos árboles cuyas ramas se balanceaban por el viento. No había alguna razón para lo que acababa de sucederle.

Zero no podía entender qué estaba sucediendo. ¿Por qué de repente se sentía como si estuviese siendo observado; como si algo peligroso le acechara?

—Zero, ¿sucede algo? —inquirió Yūki extrañada por su comportamiento.

Zero parpadeó, sacudiendo la cabeza mientras se decía a sí mismo que definitivamente estaba enloqueciendo, o quizá solo eran los nervios causados por sus pesadillas.

—No, no es nada —dijo con una expresión tranquilizadora a pesar de que él no se sentía en absoluto calmado.

Y durante el resto de la noche, aquella sensación de que a cada paso que daba él estaba siendo vigilado; acechado por un oscuro y cruento peligro, no le abandonó en ningún instante.