Disclaimer: Esta historia es una Versión Alternativa de la Obra de Jane Austen. También es una adaptación libre de la novela de Lynne Graham (de mismo nombre). Por ultimo, el Sr. Darcy es mío.
Capítulo 19:
Fitzwilliam Darcy examinó la caja fuerte con el ceño fruncido, le parecía demasiado pequeña. Insertó la llave y la giró, un leve "clic" le indicó que ya estaba abierta. En su interior sólo había una carta, bastante desgastada, la levantó con cuidado y la desplegó.
"Querido Henry:
Primero debo darte las gracias por darle sepultura a mi bebé, eso era muy importante para mí y no podría haberle encargado esa triste misión a nadie más. Mi corazón aún sufre por la pérdida de mi pequeño bebé, pero ver la carita de la hermosa Georgiana es un bálsamo para mi alma. Estoy tan agradecida.
La Sra. Holmes, la vieja partera me ha prometido que guardará el secreto, dijo que no quiere verme infeliz, que debía olvidarme de todo lo que la sociedad murmura a mis espaldas. Pero es difícil, soy una mujer maldita, será mejor que dejé de intentar traer niños al mundo. Me conformaré con mi amado hijo Fitzwilliam y ahora mi pequeña niña.
Como me lo pediste, le puse el mismo nombre que su verdadera madre: "Georgiana." Y creo que ese nombre le encanta, siempre sonríe al escucharlo. Ella es muy risueña, mi esposo y mi hijo están fascinados con la pequeña. Debo reconocer que estuve muy nerviosa los primeros días, me preocupaba que mi esposo descubriera lo que habíamos hecho, ya que la niña es unas semanas mayor y aunque es pequeña, temía que se notara que no es una recién nacida. Gracias al cielo, no se ha enterado de nada y nadie se ha dado cuenta.
Querido hermano, te prometo que cuidaré y amaré a la pequeña Georgiana como si fuese mi verdadera hija. Quizá en otra situación no la hubiese podido aceptar, pues el hijo que perdí es y será por siempre irremplazable. Pero la terrible experiencia de la muerte me conectó con Georgiana. Yo perdí a mi hijo, quién nació muerto, después de vivir por ocho meses en mi vientre. Georgiana perdió a su madre, quien falleció al darla a luz. Además el saber que la niña tiene una parte de mi sangre hace que esto sea más fácil y llevadero.
Ya sé que fui muy dura contigo y me escandalicé al saber que tendrías un hijo con tu amante, pero al ver cómo han resultado las cosas, lamento todo lo que dije antes. Sé que aún sufres por la muerte de esa mujer, era tu primer amor y te aferraste a ella por tanto tiempo. Te pido perdón por juzgarte tan mal, ahora sólo rezo por su alma, espero que ella pueda descansar, le he prometido al cielo que cuidaré a tu hija. Soy su tía de sangre después de todo.
Al menos de este modo podremos integrar a Georgiana a la familia, quizá no será una Fitzwilliam, pero será una Darcy y no tendrá ningún estigma detrás de sí. No le faltará nada, tendrá una familia amorosa y podrás verla siempre que quieras. Sus hermanos ahora serán sus primos, tú serás su tío y yo seré su madre.
Esta será la única que vez que escribiré sobre esto. Jamás lo volveré a mencionar y espero que tú hagas lo mismo. Sólo me queda agradecer la hermosa bendición que me has entregado, nunca olvides lo agradecida que estoy.
Con mucho amor y gratitud.
Se despide de su Excelencia
Anne Darcy"
Darcy repasó la carta dos veces, efectivamente esa era la cuidada caligrafía de su madre, reconoció la carta que le había sido revelada hace tres años. Recordó cómo en ese entonces esa carta le había causado horror, ahora al volver a leerla sólo pudo sentir un enorme alivio. Por fin esa maldita carta estaba en su poder.
No podía recordar la cantidad de veces que había maldecido al conde de Matlock, por ser tan descuidado y dejar esa carta archivada entre sus documentos. Ahora, analizando la situación se daba cuenta que su tío había sido sentimental al respecto. Esa carta era una prueba que no le permitía olvidar que Georgiana era su hija. Él quería guardar ese recordatorio entre sus documentos importantes. Y no quería morir con el secreto, por eso había encargado en su testamento que debía ser Darcy quién hiciera la búsqueda de los documentos que guardaba el Sr. Brown.
El fideicomiso de los documentos había quedado en manos del Sr. Oliver Brown, abogado del Conde Matlock por más de treinta años. Pero el hombre ya viejo y cansado se había marchado a vivir al campo con su hermano menor, Edmund Brown. Fue ahí donde las cosas se habían torcido, Edmund Brown no había tenido la lealtad y el respeto que su hermano había guardado al Conde de Matlock, por lo que no había tenido reparos en fisgonear en los asuntos del conde para después ventilarlo con su mejor amigo el Sr. Bennet.
El Sr. Oliver Brown falleció sin llegar a enterarse que tres días antes el conde también había muerto. Por defecto, su hermano Edmund se hizo cargo del fideicomiso. Fue cosa de suerte que Thomas Bennet encontrara la carta entre los documentos de su amigo.
–Yo nunca me hubiese atrevido a hacer algo así –había admitido el Sr. Bennet cuando había invitado a Darcy, con el propósito de chantajearlo.
El viejo se había paseado indeciso por su pequeña biblioteca, mientras rebuscaba en uno de sus libros, hasta encontrar la carta.
–Pero usted se ha metido conmigo primero. –Anunció el hombre desplegando la carta frente la cara de Darcy.
– ¿Dónde ha conseguido eso? –preguntó Darcy descolocado.
–Por favor, léala con atención. –Le indicó el Sr. Bennet sin llegar a soltar la carta.
Cuando la cara de Darcy demostró el horror, Thomas Bennet se alejó un paso para volver a guardar la carta. Temía que Darcy en un rápido movimiento se la arrebatara, por lo que debía ser cuidadoso.
– ¿Qué pretende con esto? –Preguntó Darcy sin ocultar su desconcierto.
–Espero que después de esto, usted recuerde los modales y se haga cargo de sus responsabilidades. –Había respondido el Sr. Bennet volviendo a su asiento y guardando la carta bajo llave.
La cabeza de Darcy daba vueltas ¡no podía ser verdad! ¡Pero esa era la letra de su madre! ¡La firma de su madre! ¿Cómo había ocurrido esto? ¿Qué pretendía este viejo al mostrarle semejante información?
–Recuerde sus pecados Sr. Darcy… –Murmuró el Sr. Bennet ante el silencio de Darcy.
Entonces Darcy lo recordó, cuando no había podido resistirse a los apetecibles labios de la Señorita Elizabeth Bennet. Aunque se había dicho a sí mismo y le había dicho a ella que no la besaría, la tentación fue más fuerte y terminó cediendo. Y no era que no quisiera hacerse cargo, esperaba poder compensar a la joven por robar su primer beso. Pero, era obvio que el Sr. Bennet no se conformaría con una compensación económica. Aunque el matrimonio le parecía un precio exorbitante a pagar por un simple beso, sobre todo considerando lo inconveniente que era la joven en cuestión.
–Sé que mi comportamiento no ha sido el adecuado. –Dijo Darcy entre dientes.
Maldiciéndose por ser débil y maldiciendo a Elizabeth por hacerle esto.
–Usted ha manchado la reputación de mi hija. Mi favorita, debo agregar. Ninguna mujer es más inteligente que mi Lizzy, su belleza sólo podría ser superada por su hermana Jane, pero ella es mejor, es tan vital, ella era una muchacha tan prudente hasta que usted la corrompió. –Acusó el viejo con ira contenida. –No se imagina usted la vergüenza que pasé.
El Sr. Bennet se sirvió una copa de vino y se la bebió de un trago antes de continuar.
–Yo estaba mostrándole unos animales a Sir Williams Lucas, cuando al salir de los corrales en dirección a la casa, lo vimos a usted besando a mi hija. –El Sr. Bennet lo apuntó con un dedo regordete. –Estar a solas con mi hija ya era lo suficientemente malo y comprometedor, pero no. Usted tenía que manchar la reputación de Lizzy besándola al aire libre, frente al hombre más cotilla de la región.
Darcy comprendió la gravedad de su error.
–Me haré responsable. –Anunció furioso.
–Oh, se hará responsable. Claro que se hará responsable, pero he tenido que llegar a esto. –Dijo el Sr. Bennet golpeando su escritorio con la mano. –Han pasado muchos días, pero usted no manifestaba ninguna intención de conversar conmigo sobre Lizzy. No sabe lo preocupado que he estado, esperando escuchar en cualquier momento el chisme sobre usted y mi Lizzy. No seguiré esperando que los rumores destruyan la reputación de mi amada Lizzy. Tengo cinco hijas a las que proteger, no permitiré que Lizzy pase por la misma desdicha que su hermana Jane hace unos meses. –Finalizó gritando.
Dicho de esa forma, se daba a entender que Elizabeth sería desdichada si él no aceptaba casarse con ella. Desde ahí que él creyera que Elizabeth lo había elegido por amor. Pero la realidad era tan distinta.
–Por supuesto que entiendo su molestia. Y me disculpo por mis errores Sr. Bennet. –Dijo Darcy entre dientes.
–Sería terrible para su familia si se sabe la verdad. Su hermana probablemente sufriría mucho ¿No? –Preguntó Thomas Bennet con desdén.
–Usted entenderá que debo corroborar la veracidad de esa carta.
–Por supuesto, por favor hágalo. Y cuando confirme la verdad, espero que sepa cual es el valor de mi silencio. Ya sabe, tengo una casa, una esposa y tengo cinco hijas que sacar adelante. Y usted sólo se puede casar con una. –Murmuró el Sr. Bennet con total descaro.
–Esto es un chantaje ¿Verdad? –cuestionó Darcy, intentando pensar que él estaba entendiendo todo mal.
–Esa palabra es muy fea. Yo preferiría decir que es una transacción de intereses, mejor digamos que son negocios. ¿Le parece?
Darcy contuvo el aliento un momento, para evitar golpear a Thomas Bennet.
–Debo decir, que estoy muy conforme con la elección de Lizzy. Créame cuando le digo que ella es más inteligente que cualquier mujer que haya conocido. –Dijo el viejo guiñándole un ojo. –Nunca podrá acusar a mi Lizzy de ser aburrida, eso se lo aseguro.
Darcy sacudió su cabeza, intentando volver a la realidad y levantó la mirada de la carta.
Elizabeth seguía recostada sobre el marco de la ventana, mirando el amanecer. Trago en seco, ella era inigualable, admitió Darcy a regañadientes, observando cómo el sol hacía brillar su pelo largo y realzaba su perfecta piel, sus ojos brillantes y sus suaves labios. Le pareció surrealista, verla ahí, tan tranquila. Cómo si el mundo no se estuviese acabando en ese momento.
Él sabía lo que ella le diría ahora. Ya no habría más escusas, ella exigiría su libertad y a él ya no le quedarían motivos para seguir siendo su carcelero. Era el fin. ¿Y cómo amándola como la amaba podría negarle lo único que ella le pedía?
No obstante, se dijo que era un hombre muy práctico y estaba seguro de que en alguna parte, era posible que incluso en su querida Derbyshire, tenía que haber una mujer igual de bella y que lo atrajese tanto como Elizabeth. Tal vez aquella mujer imaginaria fuese incluso menos compleja que la que se había convertido en su esposa, y mucho más divertida. Pensó que ninguna mujer era irremplazable ni irresistible. Y que nunca había necesitado a una mujer para sentirse tranquilo. Se intentó convencer que no necesitaba a Elizabeth. Se prometió que él jamás permitiría otra vez, que ninguna mujer volviese a tener tanto poder sobre él.
Pero se estaba engañando, sabía que si Elizabeth lo dejaba, él iría dando tumbos por la vida. Siendo infeliz y desgraciado. Y desgraciando a todos a su alrededor. Porque eso era lo que mejor hacía.
–Quiero que veas esto –dijo Darcy extendiendo la carta ante ella. –Tienes derecho a ello, ¿no?
Era la carta. Ella no sabía si reír o llorar. La carta revelaba que Georgiana era hija del Conde de Matlock, significaba que en realidad Georgiana era prima de Darcy y su verdadero hermano era el Coronel Fitzwilliam.
–Dijiste que Lady Matlock lo sabía todo. –Añadió Elizabeth.
–Sí. Cuando se lo pregunté, me dijo que ya que el Conde era hombre casado, sería una vergüenza terrible que se descubriera que tenía una hija bastarda. En realidad, ella estaba encantada con lo ocurrido, se liberó de la obligación de aceptar a la hija ilegítima de su esposo. Me recordó también las ventajas que había tenido el que se mantuviera en secreto. La vida que hubiese tenido Georgiana de no haber permanecido dentro de la familia. También me dijeron que tenía el deber de mantenerme callado y no avergonzar a la familia, ni a Georgiana con la verdad –dijo él con severidad.
– ¡Qué cruel!
–Por eso no puedo perdonarla. Es una mujer fría y egoísta. Por muchos años la consideré mi tía favorita, creí en su amabilidad y el cariño que decía tener hacía mí. Pero todo era una farsa. Ahora la veo como verdaderamente es.
– ¿Le dirás la verdad a tu primo? –preguntó Elizabeth en voz baja.
–No lo sé… No lo he decidido aún. Supongo que lo sabré cuando hable con él. –Respondió Darcy encogiéndose de hombros.
–Me alegro de que se haya aclarado todo –murmuró Elizabeth. Sentía que el final estaba cerca, después de que su padre hubiese empezado la historia como una pesadilla.
Darcy no se atrevió a contestar nada, temía lo que ocurriría a partir de eso momento. Un tenso silencio se instaló entre ellos.
Después de un minuto Elizabeth carraspeó con incomodidad antes de hablar nuevamente.
–Hay algo más de lo que tenemos que hablar.
…
La calle Leadenhall estaba abarrotada por hombres de negocios, muchos comerciantes, algunos marineros y unos cuantos mendigos. Cuando Darcy abandonó el edificio de la Compañía Británica de las Indias Orientales, se encontró con su primo Richard Fitzwilliam, esperándolo junto al cochero.
Juntos abordaron el carruaje para volver a casa.
–Entonces ¿quedó todo resuelto? –Preguntó su primo.
–Sí –contestó Darcy perdido en sus pensamientos.
–Creo, que deberíamos decirle la verdad a Georgiana. –Soltó Richard de golpe.
– ¡¿Qué?! –Preguntó él sorprendido.
–Bueno… –Richard pareció meditar un momento antes de continuar. – ¿Has escuchado ese dicho que dice: La verdad los hará libre?
–Eso no es un dicho, es un pasaje bíblico. –Refunfuñó Darcy molesto.
–Lo que sea, creo que debemos decirle la verdad a Georgiana. Y debemos hacerlo nosotros que verdaderamente la amamos. – Aclaró Richard. –De lo contrario, siempre existirá el peligro de que ella lo descubra de alguna manera. Y entonces se sienta herida y traicionada.
Darcy rodó los ojos y lamentó, otra vez, haber sido sincero con su primo. Después de todo Richard Fitzwilliam era un cotilla, siempre lo había sido, debió saber que al decirle la verdad esto ocurriría. Por otro lado, pensó en que sus palabras tenían algo de razón. Pero no se sentía preparado para decirle eso a su hermana. Intuía que nunca estaría listo para decirle esa verdad a Georgiana.
–No lo sé Richard… Déjame pensarlo un poco más, por favor.
–Darcy, las cosas no tienen por qué cambiar. –Dijo con voz tranquila el Coronel Fitzwilliam
–Lo cambiará todo. –Gruñó él mirando por la ventanilla.
–No tiene por qué ser así. Yo ya amaba a Georgiana como a una hermana, incluso antes de saber que era mi hermana. Contigo será lo mismo, ella no dejará de amarte como a su hermano, tú siempre serás su hermano mayor, nadie podrá desplazarte jamás.
Considerando que Richard era el verdadero hermano mayor de Georgiana, esas eran unas palabras muy sentidas y bonitas. Pero Darcy aún sentía su estómago revolverse de sólo pensar en contarle la verdad a su hermana. Aunque su principal preocupación en ese momento no era Georgiana, sino su esposa.
Por raro que parezca, Elizabeth no exigió su libertad inmediata, incluso rechazó voluntariamente la ayuda que Charles Bingley le había ofrecido para abandonarlo. Su amigo había sido malvado y descarado, cuando en el desayuno frente a su cara le preguntó.
– ¿Entonces Elizabeth? ¿Va a aceptar mi propuesta?
– ¿Qué propuesta? –había preguntado él a la defensiva.
–Oh, si ya lo sabes Darcy. –Dijo Bingley dándole una mordida a un pastelillo. –Ahora Elizabeth es mi hermana, puede venir a vivir con nosotros si lo desea y si no quiere vivir aquí, puedo conseguirle residencia en cualquier lugar.
Darcy en ese momento estuvo a punto de levantarse a patear a Charles Bingley. Pero Elizabeth le tomó la mano y le dirigió una mirada significativa. Ok, él tampoco sabía lo qué significaba esa mirada, pero seguro era algo importante.
–Agradezco su ofrecimiento Sr. Bingley.
–Por favor, llámeme Charles –La interrumpió él mientras bebía un poco de té.
– ¡Demonios Bingley! ¿Quieres dejar de comer mientras hablas? –Gruñó Darcy.
–Tengo hambre. Estoy reponiendo mis fuerzas. –Respondió Bingley dándole otra mordida a su pastel, mientras le guiñaba un ojo coqueto a Jane.
–¡Charles! –Lo regañó Jane sonrojada. Mientras Elizabeth no pudo contener una risita.
–Bueno, como le decía Charles, por ahora no será necesario.
Darcy se sintió eufórico al escucharlo. Sabía que el «por ahora», era un condicional. Pero él que había estado seguro que su matrimonio se acababa esa mañana, no podía dejar de celebrar su buena suerte. Ella voluntariamente había viajado de vuelta a Londres con él. Y él se sentía tan desconcertado que no sabía que pensar al respecto.
Ya había pasado un mes desde que habían vuelto de su viaje a Hertfordshire. Elizabeth le había encargado que investigara sobre las inversiones que el Sr. Bennet tenía en la compañía británica de las indias orientales, pero eso no había resultado ser tan sencillo como él lo había imaginado al principio. Sólo ahora ya había resulto el entuerto provocado por el viejo Bennet y ahora iba camino a casa para consultarle a Elizabeth que prefería hacer con ese dinero. Que era bastante. El viejo había invertido cada penique que había recibido de parte de su yerno chantajeado.
Sabía que ese dinero sería como entregarle un arma a su esposa. Ella podría decidir abandonarlo una vez lo obtuviera. Pero debía hacerlo, se había prometido que jamás volvería a engañar a Elizabeth de ninguna manera. Sería honesto, incluso si eso significaba abrir la jaula en la que mantenía a su esposa prisionera. Porque nada había cambiado, Elizabeth no lo amaba. Aunque ahora sospechaba que tampoco lo odiaba, o al menos no lo odiaba tanto. Ella solía sonreírle, de vez en cuando. Ya no rehuía su presencia como antes. Parecía haber dejado de huir de él.
Aunque era un verdadero esfuerzo, Darcy se comportaba como un caballero, solo la tocaba en presencia de Georgiana o de cualquier invitado. Eran caricias suaves e inocentes, tomaba su mano, acariciaba su mejilla, reacomodaba su cabello, tomaba su cintura. Ligeros roces que no saciaban en absoluto la necesidad que tenía de ella, pero que de igual modo significaban mucho para Darcy. El que ella aceptara que él la tocara ya era mucho por lo cual agradecer.
No podía evitar sentirse emocionado, si conseguía hacerla reír, o si ella se sonrojaba cuando él la miraba. Intentaba coquetear sutilmente, y a veces ella inconscientemente correspondía, él sabía el momento en que ella se daba cuenta de lo que estaba haciendo, por que solía palidecer y quedarse callada.
–No puedes decirle nada a Georgiona aún. –Le advirtió Darcy a su primo en un gruñido cuando el cochero se detuvo frente a la casa.
–Está bien… –Respondió Richard con el ceño fruncido.
Darcy entró a la casa esperando ver a Elizabeth o Georgiana, pero todo parecía bastante tranquilo y no había nadie a la vista.
–La Sra. Darcy y la Señorita Georgiana salieron a caminar. –Le informó la Sra. Jones antes de que él alcanzara a preguntar.
Darcy asintió e invitó a Richard a beber unos tragos en el salón, de eso modo podría estar atento cuando ellas llegaran. Apenas había pasado un cuarto de hora, cuando apareció Georgiana totalmente agitada y llorando.
–Georgiana ¿Qué ocurre? –Preguntó Darcy levantándose de golpe de su asiento, preocupado al ver a Georgiana en ese estado.
–Oh, hermano… –Sollozó ella corriendo a sus brazos.
Darcy pensó que de alguna manera su hermana había descubierto la verdad de su adopción. Pensamientos y posibles explicaciones pasaron de forma frenética por su cabeza.
–Cariño, dime que pasó. ¿Dónde está Elizabeth? –preguntó al notar que su esposa no se encontraba junto a Georgiana.
–Ella no te merece, no te merece. –Lloró Georgiana. –Elizabeth no te ama, Darcy.
Había tantas cosas que podían haber provocado el llanto de su hermana, pero sólo le bastó mirarla a los ojos para entender lo que había ocurrido. Su cuerpo se tensó de forma automática y sintió a la bestia rugir en su interior incluso antes de que Georgiana se lo dijera.
–Ella se enredó con Wickham, los acabo de ver juntos. –Dijo Georgiana con rabia. Ella lloraba de rabia e indignación.
– ¿Dónde están? –Preguntó Darcy con voz ronca, soltándose del abrazo de su hermana, sintiendo que en cualquier momento iba a perder el control
El Coronel Fitzwilliam debió intuirlo, ya que le dio un tirón a Georgiana para abrazarla y apartarla del camino de Darcy. Recién en ese momento Georgiana se dio cuenta que su primo se encontraba ahí.
Pero antes de que alcanzara a decir nada, Elizabeth llegó, estaba agitada y su expresión llena de culpabilidad.
–Tú… –gruñó Darcy avanzando a grandes zancadas hacia ella.
–Te juro que no es lo que estás pensando. –Dijo Elizabeth mirándolo aterrada.
Ella automáticamente levanto su brazo en un gesto defensivo. Darcy se detuvo frente a ella, a un paso de distancia.
– ¿Crees que te pagaré? –Le preguntó con voz dura.
Elizabeth bajó su brazo, pero lo siguió mirando atemorizada. Darcy resopló molesto intentando calmarse. Miró a Georgiana que en ese momento fulminaba a Elizabeth con la mirada y Richard que tenía un gesto similar.
–Ustedes no tienen ningún derecho de ver a Elizabeth de esa forma. –Dijo Darcy mirando hacia ellos. –Lo que ha ocurrido es un mal entendido que mi esposa me va a explicar ahora –puntualizó volviendo hacía el rostro pálido de Elizabeth.
– ¡Yo los vi y lo escuché todo! –Gritó Georgiana.
– ¡Cállate! –gritó Darcy de vuelta. Exhaló con enfado, intentando recuperar el control. Esa orden había sonado como un látigo dirigido a la persona más inocente en esa habitación.
Georgiana lo miraba con los ojos abiertos como platos, nunca en toda su vida su hermano le había gritado. Ni siquiera cuando se involucró con Wickham, o cuando golpeó a Lady Catherine. Darcy ni siquiera había alzado un poco la voz en su presencia, o si lo había hecho, nunca había sido para ella. Sintió un dique derribarse en su interior y nuevas lagrimas empezaron a desbordar por sus ojos.
Darcy se acercó a pasos lentos.
–Georgiana, lo siento. No era mi intención lastimarte. Es mi culpa ¿Entiendes?
Su hermana negó con la cabeza mientras seguía llorando.
–Cariño, lo que seas que hayas escuchado entre mi esposa y ese perro de Wickham es mi culpa. Si quieres enfadarte con alguien, que sea conmigo, no con Elizabeth ¿de acuerdo?
Darcy no esperó que Georgiana contestara nada, se dio la vuelta y tomó la mano de Elizabeth y se la llevó al estudio. No iba a seguir en ascuas sin saber que estaba ocurriendo con su matrimonio. Elizabeth tendría que explicarse muy bien.
Ya no se conformaría con una relación platónica. Le entregaría la llave de la cárcel, él ya no podía vivir así.
Después saldría a matar a Wickham.
