Disclaimer: Serie de viñetas (lemon) pertenecientes a la historia principal:
Un Matrimonio Diferente
Viñeta 3/Capítulo 13
Eso no estaba sucediendo, dijo una vocecilla en el interior de la mente de Elizabeth. Darcy no la podía estar haciendo disfrutar así, desear eso... necesitarlo. Pero sí que podía. Podía besarla hasta dejarla sin respiración, hacerla desear cosas que nunca hubiera soñado que pudiera desear.
–Te gusta esto... Ya lo sabía- susurró Darcy.
Ella se estremeció y cerró los ojos, sintiendo su cuerpo tensarse como si él hubiera programado su respuesta. Ella se movió sin querer y se colocó debajo de él, deseando más contacto. Estaba en otro mundo, un mundo de sensualidad, muy consciente de su cuerpo como nunca antes lo había estado, consciente de su capacidad para el placer y seducida por la desesperada necesidad de que ese placer continuara. Las manos de él le recorrieron sus muslos y ella se quedó helada, pasando del placer al horror.
– ¡No! –exclamó apartándose de sus labios y levantándose de la cama.
– ¿Por qué luchas contigo misma? Me deseas. –Dijo Darcy con voz ronca, también levantándose de la cama. –Creo que me deseas más de lo que has deseado a alguna vez a Wickham. Por eso luchas contra mí. Te sientes amenazada...
El odio se apoderó de ella. Pensó que era cierto, nunca había deseado a Wickham, pero la fuerza de sus sentimientos hacia Darcy la aterró. Sabía que, a la menor oportunidad, Darcy la dominaría.
–Te odio –dijo ella intentando huir de él que se aproximaba a ella a grandes zancadas. – ¡No soy tu mujer!
Darcy la sujetó de los hombros, aprisionándola.
–Eres mi mujer, y cuanto antes aceptes ese hecho, más contenta estarás. –Darcy suspiró y luego sus ojos azules la traspasaron. –Algún día no necesitarás discutir más conmigo –declaró Darcy con calma, –y aprenderás a confiar en mí.
–No sólo eres ambicioso, sino también egocéntrico.
–Sencillamente no me gusta el fracaso.
Elizabeth tuvo miedo. ¿Qué más deseaba Darcy de ella? ¿Amor? Se estremeció, preguntándose cuál sería su venganza si ella no satisfacía esa ambición.
–No puedo convivir con el fracaso –repuso él, haciéndola acostarse en la cama.
A cada palabra que él pronunciaba, aumentaban los temores de Elizabeth. Le tomó una mano y acercó los labios al anillo que llevaba.
– ¿Te parece esto un grillete? –le preguntó Darcy.
–Un símbolo de posesión. Pero a cambio quieres todo lo que tengo para dar.
Darcy deslizó la punta de la lengua por el valle que se abría entre sus senos.
–Y eso es increíblemente generoso, ¿no? Teniendo en cuenta que yo podría tomar sin pedir.
– ¡Maldito! –exclamó ella, tratando de no sentir nada.
Darcy le acarició un seno, y ella cerró los ojos. Luego deslizó la otra mano por un muslo. Sonriendo, le quitó el pijama, inclinó la cabeza y dejó que sus labios vagaran por su sensible piel.
–Voy a hacerte perder el juicio –prometió él.
Darcy se quitó la ropa y acomodó a Elizabeth sobre la cama. La mirada de ella chocó con la de él, que parecía devorar su cuerpo. Ella respiraba agitada mientras lo contemplaba, notaba sus pechos hinchados y cuando Darcy le puso una mano en la espalda para acercarla más, sus endurecidos pezones entraron en contacto con el pecho velludo de él.
Darcy cerró los labios en torno a un pezón, y atormentó a Elizabeth con los dientes. Se colocó encima de ella y deslizó la lengua entre sus delicados labios. Elizabeth se estremeció, excitada. Sucedió tan deprisa, que no pudo controlarlo.
Las manos de Darcy se movían encima de ella con precisión. Elizabeth no podía permanecer quieta. Lenta e inexorablemente, él no dejaba ninguna parte de su cuerpo sin acariciar. Le mordisqueó un punto sensible del muslo y ella arqueó la espalda. Dejó un par de chupones en su pecho y muslo. Luego gimió, jadeante.
Entonces Darcy hizo algo que ella nunca antes había imaginado. Elizabeth abrió las piernas y él, acercando los labios al lugar más íntimo de su cuerpo, lo saboreó. Ella no podía controlar su cuerpo, él la estaba volviendo loca de placer, no podía creer lo que él estaba haciendo. Una avalancha de sensaciones frenéticas la hizo estremecerse en un clímax de pasión.
–Eres mía, absolutamente mía.
Sin saber si seguía consciente, lo miró con fijeza mientras él se arrodillaba y la observaba con expresión de triunfo. Tomándola de las caderas la atrajo hacia sí. Ella ya no ofreció resistencia alguna. Entró en ella con fuerza y profundidad, hasta que Elizabeth no supo dónde empezaba ella y dónde terminaba él.
Poco a poco los leves movimientos de Darcy se convirtieron en fuertes embestidas que resonaban por toda la habitación. Arrancando gemidos que Elizabeth no podía contener. Su cuerpo se convulsionaba de placer. Darcy sentía que no era suficiente, intentaba marcarla como suya en cada embestida. ¡Demonios! Él la amaba ¿Por qué eso no era suficiente? Cuando ambos alcanzaron el orgasmo, Darcy se dio cuenta que no era suficiente. No se podía conformar sólo con que su esposa lo deseara.
Elizabeth no quería que se moviera. Deseaba que se quedara para siempre donde estaba. Darcy se apartó y permaneció acostado durante varios minutos en silencio, satisfecho. Incauta, ella apoyó el mentón sobre una mano y lo miró. Se dio cuenta de que su actitud relajada era muy engañosa. Había tensión en sus rasgos.
De pronto, él se levantó de la cama, tomó su bata y se la puso rápidamente.
Elizabeth no podía creer que él fuera a salir de la habitación, después de lo que acababan de compartir. Sólo lo dejó llegar hasta la puerta.
–Lo siento, señor. ¿Lo he decepcionado?
–Esto no es nada divertido — repuso él, al volverse.
–No se suponía que lo fuera. Pero…
Darcy la interrumpió.
–Lo siento, nunca debí hacer esto. No volverá a ocurrir. Por favor, intenta perdonarme. –Dijo Darcy antes de marcharse.
