Disclaimer: Serie de viñetas (lemon) pertenecientes a la historia principal:

Un Matrimonio Diferente


Viñeta 5/ Epílogo y Final

Cuando la fiesta acabó, las niñeras de hicieron cargo de los niños y todos los invitados se retiraron a sus habitaciones. Elizabeth se unió a su esposo, que la esperaba al pie de las escaleras.

–Ahora sí. Cuéntame cómo te fue, no hemos podido hablar nada. –Murmuró ella tomando la mano de su esposo.

–Y esta noche tampoco vamos a hablar mucho–predijo Darcy con una arrebatadora sonrisa cargada de intención que cruzó su hermosa y testaruda boca al levantarla en brazos y subir por las escaleras.

– ¡Darcy! –le regañó Elizabeth preocupada de que alguien los hubiera visto.

–Tengo otros planes. –Murmuró él con voz ronca.

–Bastantes, espero –lo animó Lizzy con sus vivaces ojos clavados en el rostro de Darcy.

–Bastantes –prometió él antes de tenderla sobre la cama, quitarle los zapatos, girarla para bajarle la cremallera del vestido y ponerla de nuevo boca arriba para despojarla de su ropa y dejarla expuesta en su sensual corsé de encaje–. Estás increíble...

Elizabeth se movió incómoda, después de dar a luz dos niños, su cuerpo no era el mismo, sus pechos estaban más rellano y sus caderas también. Con ropa los cambios no eran perceptibles, pero sin ropa ella era plenamente consciente de sus imperfecciones.

–No, no es verdad... Estoy más rellena que antes...

–Estás increíble. Eres la mujer más hermosa para mí, todo tu cuerpo me enloquece. Y todo lo que digo, lo digo en serio –dictaminó Darcy, luego se quitó la camisa y soltó el botón de la cinturilla de sus pantalones. –Apenas he dormido estas semanas.

Elizabeth observó su cuerpo varonil a medida que las prendas iban cayendo.

Darcy tenía el corazón acelerado, estaba completamente excitado y preparado para la acción. Era un deseo que nunca podría saciar, su esposa lo provocaba de tal modo que nunca era suficiente. Ella se incorporó, se desabrochó el corsé y la enaguas con impaciencia. Él esbozó una sonrisa de satisfacción al verla dejar al descubierto sus suculentos pechos. Después, se arrodilló sobre la cama.

–Multiplica «increíble» por diez –le dijo rozando con la boca un terso pezón rosado.

–Estás muy necesitado por hacer el amor…

–Totalmente –le respondió sin ninguna vergüenza. –Pensaba en ti todo el tiempo, recordaba las cosas que hacíamos cuando compramos la casa de Londres, en cada rincón de esa casa tenía un recuerdo tuyo, cuando hacíamos el amor de manera desenfadada e indecente. Esos recuerdos me excitaban tanto, que era doloroso estar lejos de ti. –Ronroneó Darcy en su oído.

Recordaba cada cosa que habían hecho en su casa de Londres, se habían mudado a la exclusiva zona de Westminster. Y con Darcy se habían encargado de inaugurar su casa de la manera más indecente y escandalosa.

–Yo también te deseo siempre –le recordó ella acariciando la aterciopelada y descaradamente excitada largura de su miembro de un modo que le hizo a él dar un respingo y contener un gemido.

Darcy se recostó contra las almohadas y verlo fue como contemplar una imagen de elegante, oscura y sexy masculinidad. Con una mirada brillante de deseo, Elizabeth se agachó sobre él. Cuando un sedoso cabello castaño cubrió su abdomen y rozó sus esbeltos muslos cubiertos de vello, dejó escapar un gemido de placer.

¡La deseaba tanto!

–Ya basta –dijo con la voz entrecortada y tirando suavemente de un mechón de su pelo para contenerla–. No se puede describir con palabras el placer de lo que estás haciéndome, pero quiero estar dentro de ti.

El calor ya estaba palpitando entre los muslos de Elizabeth, que podía sentir la humedad que se iba acumulando ahí. Él la llevó hasta sus brazos y posó la boca sobre un jugoso pezón rosado, acariciando su prominente cúspide con la lengua y haciendo que Elizabeth arqueara la espalda y levantara la pelvis hacia su erección. Se situó a horcajadas sobre él e, instintivamente, comenzó a moverse hacia delante y hacia atrás.

– ¡Qué maravilla! –exclamó Darcy con tono apreciativo y sus ojos azules centelleando. – ¿Puedo permitirme pensar que a ti las noches también se te han hecho largas e insatisfactorias?

–Sí que puedes –le confesó estremeciéndose sobre él y ardiendo con tantas sensaciones distintas que se vio embriagada por ese contacto físico.

Con la mano enredada en su pelo para sujetarla, Darcy la besó hundiendo la lengua en ella con intensidad. Esa actitud tan dominante la excitó hasta un punto que se le hizo insoportable mientras con la otra mano él iba explorando todas las partes de su cuerpo. Inmediatamente Elizabeth se alzó un poco más sobre él rozando sus pechos contra el sólido muro de su torso y posó su encendida humedad sobre un esbelto y poderoso muslo para intentar desprenderse de esa dolorosa sensación de vacío que la estaba invadiendo.

–Ten paciencia... Tenemos toda la noche –le susurró Darcy con tono de insistencia.

– ¡Al infierno la paciencia! –respondió ella casi con un gemido y contra su exigente boca mientras hundía los dedos en la suavidad de sus anchos hombros.

Un desconcertante sonido de diversión salió de los labios de Darcy que la levantó y la situó sobre él para alinear sus cuerpos. Ladeó sus caderas antes de adentrarse en ella con una repentina precisión que le arrancó a Elizabeth un gemido de sorpresa y placer.

–No dirás que no capto las indirectas –bromeó con la respiración entrecortada antes de emitir un revelador sonido de frustración y tenderla sobre la cama. – ¿Mejor así?

Se adentraba en ella con fuerza y Elizabeth podía sentir cada centímetro de su piel y la deliciosa fricción del movimiento que lanzaba diminutos temblores por su cuerpo.

–Perfecto –le respondió apenas capaz de sacar voz.

Y lo era, era absolutamente perfecto en todos los sentidos. Con cada movimiento él desencadenaba una tormenta de placer sobre su ansioso cuerpo. Ella levantó las caderas para acompasarse con su insistente ritmo mientras el deleite iba en aumento y alcanzaba un deslumbrante nivel de pura excitación.

Podía oír su corazón palpitar con locura a la vez que se dejaba llevar por el salvaje placer hasta un clímax que la iluminó por dentro y la bañó de gozo y de un dulce alivio.

–Te amo Lizzy, te amo con todo mí ser, con todo mi cuerpo, con toda mi mente. Eres el amor de mi vida. –Susurró Darcy.

–Te amo Fitzwilliam Darcy. –Respondió ella con una sonrisa sensual.