Autor: Fickerlicious (antes Ficker, antes ExFicker, antes ExexFicker…)
Personajes: Mimi, Taichi, Yamato
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No hay dos sin tres
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Yamato mira a Taichi. Taichi mira a Mimi. Mimi mira su celular.
Están los tres sentados alrededor de una mesa ratona en una pequeña sala. De afuera, llega el ruido de autos ir y venir. Adentro, silencio.
Yamato niega con la cabeza. Taichi se cruza de brazos. Mimi sonríe.
—No —suelta el rubio, con el ceño fruncido, indignación en sus ojos.
Sobre la mesita hay tres vasos con líquido transparente, a medio tomar. La chica ríe con ganas, intentando contenerse, con una mano en su boca.
—Toca, toca —dice ella, con evidente diversión.
Taichi no parece estar en la sala. De hecho, no parece estar en ninguna parte. Está concentrado en la nada. Ausente, busca con su mano el vaso más cercano a él, llevándoselo a los labios. Su rostro hace una ligera mueca al ingerir.
—Que toque lo que toque, pero no —insiste Yamato, ahora ruborizándose tan siquiera un poco.
—Por el poder que me confiere la posición de novia, yo te entrego el permiso —bromea Mimi, socarrona, haciendo un gesto exagerado con el brazo. Se tambalea incluso estando sentada.
—Borracha.
—Como si pudieras acusar a alguien, Matty.
—¡No me llames así!
—¡No me cambies de tema!
—Hagámoslo.
Mimi y Yamato fijan sus ojos en Taichi, el último en hablar. Ella fascinada. Él, extrañado.
—¿En serio? —pregunta Yamato.
Taichi se arrastra desde su lugar, sentado, hasta acomodarse junto al rubio. Sus miradas están fijas en el otro. Mimi luce triunfante.
—Mimi dio su permiso —suelta el moreno, con su voz algo rasposa, algo adormilada. Y se acerca a su amigo. Más. Y más.
Se besan.
Mimi hace un gesto emocionado, mientras los chicos se entrelazan más y más.
Pasa un momento.
Se separan.
—Y, habiendo ganado este juego, me retiro.
Taichi se levanta de su posición, caminando hasta la puerta.
—No tienes por qué —interviene Mimi, levantándose con algo de dificultad, caminando hacia otra puerta, en la pared opuesta de la entrada. Yamato también se yergue, yendo tras su novia. Taichi se detiene a medio camino del picaporte.
—¿Ah no? —pregunta, dudoso.
—No —responde Yamato, sonriendo. Pasando junto a Mimi, abre la puerta. Hacia adentro se puede ver una cama—. Siempre hay espacio para un moreno molesto.
Taichi gira sobre sí, alcanzando a Mimi, que lo abraza por la cadera. Juntos, entran a la habitación, donde se ve a Yamato ya sentado en la cama, agazapado y expectante.
Mimi cierra la puerta.
Silencio.
