Árbol de Ciruelas.
Hitsugaya Toshiro siempre vivió en la pobreza toda su vida, era un mero campesino, pero la suerte le consiguió la oportunidad de educarse cuando una mujer bibliotecaria decidió acogerlo bajo su cuidado y le enseñó a leer y escribir.
Pero, a pesar de haber contado con ese privilegio tan extraño para alguien como él, después de que la mujer muriera por una enfermedad… su destino no fue el mejor.
Un reino extranjero invadió su pueblo, quemaron todo y a los sobrevivientes los vendieron como esclavos.
De este modo, Toshiro acabó bajo el mando de una familia noble, no obstante fue incapaz de resignarse a una vida tan baja e intentó escapar, lo que le valió que le dieran una paliza y lo encerraran en una celda donde se olvidaron de él por completo.
Su única fuente de comida y agua era un árbol de ciruelas que crecía bajo la rendija que daba al mundo exterior.
Era una bendición y una maldición cuando llovía, puesto que de ese modo podía aliviar su sed, ya que el jugo de las ciruelas nunca era suficiente para calmar ni el hambre ni la sed, pero el frío siempre lo hacía sufrir demasiado y peor cuando se inundaba toda la celda.
Apenas y sí sobrevivía. Llevaba varios meses allí e intentaba sobrevivir lo más posible administrando las ciruelas que podía comer al día sin agotar las todas. Pero sabía que todo su esfuerzo sería inútil apenas llegará el invierno y se quedara sin fuente de alimento.
Consideraba injusto que este fuera su fin luego de todos sus esfuerzos por llevar una vida digna.
No quería morir así, olvidado en una celda como si fuera menos que un ser humano, menos que la escoria más baja que podría existir.
Quería demostrar que era más que un esclavo abandonado para morir, así que rompió un trozo del suelo de piedra destrozando sus puños en el proceso y uso el pedazo más puntiagudo que encontró para comenzar a escribir en el tronco del árbol, queriendo dejar su huella, dejar una muestra de que existió, algo más que su esqueleto regado en el piso de esa sucia celda.
Escribió en el árbol su nombre y sus reflexiones con la mejor letra que era capaz de usar con un trozo de piedra en un tronco, también citando algunos de sus autores favoritos con la esperanza de que algún día alguien que supiera leer encontrará este mensaje y se inspirará para leerlos.
De este modo, tal vez su existencia haya servido para algo.
Un día, aunque todavía quedaban ciruelas en el árbol, no sintió la fuerza suficiente para alcanzarlas.
Se recostó contra el árbol y no pudo volver a levantarse.
Aún así, no murió de inmediato, ya que había algunas ciruelas caídas junto al árbol que no había notado antes.
Comió una al día y de alguna forma eso lo mantuvo vivo otro par de días, y hasta se sintió agradecido cuando una le cayó en la cabeza. Pero, un par de días después de eso, cuando apenas seguía con vida, algo distinto cayó sobre su cabeza, tan ligero que creyó que era una gota de agua y la lluvia finalmente había llegado a rematarlo.
Apenas tenía fuerza para levantar los brazos, así que simplemente ladeó la cabeza para que el objeto cayera y vio con curiosidad que este era un arete de oro con un rubí.
Curioso, levantó la cabeza lentamente, con cansancio, vislumbrando a través de las ramas del árbol a una chica inclinada sobre la rejilla.
Sus ojos turquesas se encontraron con unos ojos grises.
La chica se le quedó mirando por un minuto y entonces desapareció tan rápido que él casi podría haber jurado que ella era un mero producto de su imaginación.
Pero entonces, apenas una hora después, la pesada puerta de metal de su celda se abrió y esa misma chica entró al lugar acompañada de un par de guardias.
Y ella lo miró con tanta compasión que él sintió una pequeña luz de esperanza encenderse en su pecho.
¿Acaso podría salvarse de morir en ese lugar?
El nombre de la chica era Shiba Karin, y ella era la hija del futuro Cabecilla del clan.
Y no tolero dejarlo en esa celda.
Arregló que lo llevaran con un curandero que lo alimentó, baño y vistió, y en unos días pudo volver a caminar por su cuenta. Y lo primero que hizo fue pasearse por los jardines del palacio Shiba, sintiendo una extraña sensación de libertad que por un momento lo hizo volver a sentirse vivo y a sentir que amaba la vida… aunque en el fondo sabía que seguía siendo un simple esclavo que recibió algo de bondad.
Cuando se reunió con Kurosaki Karin, sin embargo, ella le dio una noticia que lo sorprendió.
-¿Me dará mi libertad?- no podía creerlo.
-Ya le pedí a mi abuelo que me regalara el esclavo que yo quisiera, accedió y ahora perteneces a mí. Y como me perteneces tengo derecho a darte tu libertad. Solo necesito declararlo frente a unos cuantos testigos.- sonrió suavemente. -Es lo menos que puedo hacer después de todo lo que has pasado…-
-¿Y cómo sabe lo que he pasado? Aún no le he dicho nada a nadie de cuánto tiempo estuve en… ese lugar.- apretó los puños, apartando la mirada.
-Lo sé porque lo leí.- él la miró confundido. -Escribiste mucho en tu árbol…- sonrió divertida.
-Oh…- claro, qué idiota.
-Me sorprendió mucho ver que alguien como tú acabará así… Diablos, creo que eres más elocuente que yo.-
Su sonrisa era contagiosa, pero Toshiro no sonreía desde que perdió a la mujer que lo crió y fue esclavizado.
-Tuve quien me enseñé.- fue todo lo que dijo.
-Sabes… Hace tiempo que he estado buscando alguien que pueda hacer una recopilación de las mejores obras del emperador decimoséptimo… Y te vi citarlo en tu árbol así que… ¿cuánto dinero querrías para hacerme ese trabajo?-
-¿Habla en serio?- no podía creerlo. ¿Acaso era un sueño?
-Por supuesto.- sonrió de forma radiante. -Solo acepta y ya.-
En toda respuesta, por primera vez en años… Toshiro sonrió.
Y Karin supo que él era mucho más de lo que cualquiera habría pensado jamás.
Fin.
Holaaaaaaaa :D
Aquí les traigo este fic rarito con la esperanza de que lo disfruten nwn
Creo que tampoco había escrito sobre esclavos antes xD Espero que les haya gustado uwu
Los personajes pertenecen a Tite Kubo!
COMENTEN! *o*
Me despido!
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
